Historia dela Cultura Material en la América Equinoccial
(Tomo 2)
Vivienda y Menaje
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservadosde Autor

CAPÍTULO VI
VIVIENDA ARQUEOLÓGICA
  

 

Son pocas las evidencias arqueológicas sobre construcciones en el área del presente estudio. No hay un trabajo que agrupe lo relativo a la vivienda, pues todos los relictos o monumentos se tratan conjuntamente por la mayor parte de los arqueólogos, cuando no concentran en sola la cerámica la descripción de hallazgos. Excepciones son los trabajos de Schávelzon (1981,1982) y los de Duque Gómez y Reichel­Dolmatoff. 

En principio, las evidencias conocidas se pueden agrupar en tres órdenes: a) Señales de movimientos de tierra para la construcción de viviendas de uso diario o centros ceremoniales; b) relictos de construcciones propiamente tales o de parte de las mismas y c) representaciones de viviendas en cerámica, lítica u orfebrería.

 

A)     MOVIMIENTOS DE TIERRA; ATERRAZAMIENTOS:

En primer término se pueden mencionar los aterrazamientos o plataformas y los montículos artificiales, que involucran remoción de tierras y su transporte en parihuelas, canastos, mantas u otras vasijas, puesto que la rueda no se utilizó por los pueblos americanos, mucho menos para artefactos similares a carretillas.

El aterrazamiento implica cortes o taludes en forma vertical u oblicua, para dejar una superficie plana u horizontal sobre la que se levanta la estructura deseada. En este caso, los arqueólogos colombianos — utilizando terminología heredada de los guaqueros — han estado usando para estos sitios el nombre de "tambos”, palabra quechua que tenía significado, no del aterrazamiento como tal, sino de la estructura arquitectónica que eventualmente sobre él se construía, con el objeto de servir de refugio a los caminantes. El quechua tampu, en efecto, quiere decir venta, mesón, posada, campamento, hostalaje (GONZÁLEZ HOLGUÍN, 1952, 337, XXXVI; CUSIHUAMÁN G., 1976, 143). En el occidente colombiano, donde la palabra llegó con los yanaconas traídos en 1536-1538 por los tenientes de Sebastián de Belalcázar y por este mismo, ha continuado con su acepción primitiva de “rancho en que se albergan los viajeros en los caminos despoblados” (TASCÓN, L., 1961, 453). También en ANTONIO ALCEDO (1967, IV, 362). En el tomo de esta obra dedicado a vías, transportes y comunicaciones, se dirá más sobre ello.

En regiones montañosas como la Sierra Nevada de Santa Marta, el aterrazamiento para viviendas comprendía por lo general cortes de hasta 3 m. de altura en la parte superior de la pendiente y relleno y compactación de la tierra en la porción inferior, para formar terrazas semilunares u ovaladas (REICHEL-DOLMATOFF, RCA, 1954, II, (2), 166-167).

Otra modalidad es la de acumular artificialmente tierra para formar montículos o plataformas levantadas sobre el nivel general del terreno. A restos de basamentos de piedra para viviendas o templos, por lo general sobre montículos de tierra, se les llama por los arqueólogos ecuatorianos corral” (SCHÁVELSON, 1981, 16; SAVILLE, 1910, 241), término tan ambiguo como el de “támbo”. A cualquier montículo, sea natural o artificial, y sean cuales fueren su procedencia y uso, se les llama en Ecuador “tolas” (Ibíd., op. cit.), término igualmente poco preciso.

Terrazamientos riparios en serie para levantar construcciones, se conocen en áreas inundables, como el bajo San Jorge (PLÁZAS Y FALCHETTI, 1981, 29-30).

Hace falta un estudio sistemático sobre las estructuras a modo de montículos dispersos en el área del presente estudio, llamados en Venezuela “cerritos” (MARCANO, 1971, 3944), y que un autor de allá considera similares o iguales a los túmulos o mamblas de España, las terramaras italianas, los tertres franceses y los barrows ingleses, atribuyéndoles a todos usos funerarios (ALVARADO, 1945, 270-272). En realidad no es así, porque unas de ellas son estructuras funerarias y las otras, asentamientos de viviendas. La mambla no tiene ninguna asociación con uno u otro uso, por su forma, un montecillo en forma de teta, que no se presta para fines utilitarios (COROMINAS. L-RE, 212; Encicl. Espasa, Vol. XXXII, 622). El tertre, una simple plataforma o montículo, sí parece haber tenido usos funerarios. En cambio las terramaras, que llegaron a alcanzar hasta 4 metros de altura, algunas con palafitos asociados, tenían aparte la necrópolis, utilizando sus ocupantes la norma latina de in urbe hominem mortuum neve sepelito neve urito (Enclicl. Ital. XXXIII, 1950, I, 628-632). Son mejor conocidas las del valle del Po (HOCART, 1933, 72).

El crannog de las islas británicas era asimismo una instalación para vivienda, asentada sobre material vegetal, levantada sobre islas o en aguas poco profundas, pero sin los postes o pilotes características del palafito (The New Encicl. Brit., III, 1943-1973, 221). En cambio, son estructuras funerarias de esas islas los barrows, llamados cairn en Escocia y equivalentes a los mounds norteamericanos (Ibíd., I, 838). Estos últimos alcanzan a veces los 20 metros de altura (MARQUINA, 1951, 484, 494).

También en Méjico central los edificios monumentales se hicieron sobre montículos (tlateles), trabajosamente construidos, aun en sitios — como Monte Albán — donde no había peligro de inundaciones (KUBLER, 1962, 30-31). Se les dan en esa nación los nombres de cúes, teteles, moctezumas, yácatas, y uno de los mortuorios más importantes, sitio cerca a la ciudad de Guatemala, recibió en maya el nombre de Kaminaljuyú (MARQUINA, 1951, 11, 252; 663). 

 

B)  HUELLAS DE CONSTRUCCIONES:

Las huellas de construcciones derruidas o incompletas, adoptan las modalidades de 1) anillos o montones circulares de piedra acomodados para sostener la armazón de madera de una vivienda; 2) los restos dejados por postes de madera y 3) otros.

1) Los anillos de piedra se han hallado en varias partes del mundo y corresponden algunos a épocas remotísimas (CAMPBELL, 1982, 284, 433). También los hay en Colombia (DUQUE GÓMEZ, véase adelante).

2) Los restos de postes revisten gran importancia en América, supuesto que la inmensa mayoría de las viviendas se hacían de madera. En algunos casos, por condiciones especiales del clima y del suelo, se han preservado fragmentos del leño, que permitirían la identificación de las especies de madera utilizadas, si se intentara trabajar en ello en laboratorios especializados. En otros, perdura por lo menos la huella de la madera descompuesta, casi siempre de color distinto al de la tierra circundante, huella que permite calcular el diámetro del poste y las dimensiones de la casa que soportaban. Es deseable un examen más cuidadoso de estos relictos para estudios de paleoecología.

Como a veces los postes de madera estaban puestos sobre bases de piedra, se tratará conjuntamente de los relictos de piedra y de madera en secuencia geográfica.

Sierra Nevada de Santa Marta.

Pese a las modificaciones sufridas por influencias culturales diversas, se mantiene la estructura básica de vivienda hecha con postes de madera y cubierta de paja, pero asentada sobre lajas dispuestas en forma circular, como se evidencia en las ilustraciones de las culturas Tairona, Betoma y del Carbón, por los flancos septentrional y occidental de la Sierra (REICHIEL-DOLMATOFF: RCA, 1953, I, 37-41; 114-115; lám. 112-113; II(2), 1954, 166-179; lám. I-VII-A; RCA, Vol., III, 1954, 142, 147-148; 152; 156, 164, lám. 1; Vol. IV, 1955, 191-192; 199; 204-205; 213; 217; 220-221; 224-225; 228; 231-232; 236-237; 238, 240).

Costa atlántica al oeste del Magdalena.

En el Valle de Santiago, que se halla enmarcado entre las serranías de Piojó y del Caballo, con vista al mar, entre los departamentos de Atlántico y Bolívar, cerca a la localidad de Tocahagua, se ha excavado un sitio que muestra la disposición de piedras toscas colocadas en forma elíptica, correspondiente al parecer a una casa comunal (ANGULO VALDÉs, 1983-1984, 31-37, Fig. 4a y 4b; 33).

Bajo San Jorge.

En una excelente monografía sobre el sistema de agricultura en camellones del bajo San Jorge, se reveló la disposición lineal de las viviendas, asentadas sobre plataformas artificiales como defensa contra la humedad y las inundaciones cíclicas (PLAZAS Y FALCHETTI, 1981, 29-30, 35, 38-41). En cuanto al diseño de las viviendas, parece similar al que ha perdurado en la región (Ibíd., 39).

Alto Magdalena. — San Agustín. 

En el enclave de la Estación (meteorológica) se excavo un sitio que parece corresponder a una casa ceremonial o de algún alto personaje. Se trata de construcción sobre 70 postes de madera colocados muy juntos en círculo (DUQUE GÓMEZ y CUBILLOS, 1981, 25-29, láms. 23, 33, 35, 42). Otra casa más pequeña fue hallada a 8 metros de la anterior (ibid., 36, 42, 43). Una tercera se halló en la proximidad de las dos anteriores, con 28 señales (Ibíd., 51-52, 56-57,58-59). Asimismo una cuarta con 28 señales de postes y un conjunto de viviendas con caracteres similares a las anteriores (Ibíd., 61-63; 62-65). El complejo parece corresponder a la primera mitad del siglo XVI (Ibíd., 107, 153-155).

En el alto de Quinchana, de la misma región de San Agustín, se halló también una terraza con sitios de vivienda en forma circular y huellas de postes, y asimismo con muros de piedras sin desbastar (LLANOS y DURÁN DE GOMEZ, 1983, 4144, Fig. 4,5 (34,35); 6,7 (42,43); láminas 9-10 (51); Fig. 10 (53); Fig. 11(55); Fig. 12 (56); lám. 11(61) (1).  

Callejón interandino. — El morro de Tulcán (Popayán). 

Aunque se documenta aun en las fotografías el uso de adobe y se indica que el sitio es prehispánico, no hay datación que respalde esa afirmación. Las frentes históricas sobre el área, que aparecen citadas en otro lugar, sólo mencionan casas y aun templos de madera. La palabra “adobe” aplicada a bloques o cespedones cortados enteros en vez de ser moldeados a base de barro blando, parece equívoca (CUBILLOS: RACC, 1959, Vol. VIII, 215-241; 350-351; 355, lám, II a XIV). La palabra adecuada sería tepe: “pedazo de tierra mui trabado con las raíces de la grama, que se corta en forma de cuña, y sirve para hacer murallas, acomodándolos unos sobre otros”, según el Diccionario de Autoridades (COROMINAS, RI-Z, 663, 634). Ninguna de las conclusiones contradice lo que aquí se afirma

Costa occidental.

De norte a sur a partir de la frontera colombiana con el Ecuador hubo culturas que en muchos aspectos son similares a las de Tumaco. 

a) Fase La Tolita (500 a.C. - 500 d.C.).

Isla Tolita, boca del río Santiago. La influencia cultural va del río Iscuandé al Esmeraldas (PORRAS, 1980, 169-170). 
Dos modelos de casas: una con poyos que descansan sobre pozos circulares, sin paredes; otra, "casa cuadrada con vigas que se cruzan sobre el techo recto y cuatro aleros, cada uno levantándose desde el suelo (?)". Un modelo proveniente de la misma Tolita muestra una hilera de gradas que conducen a la puerta principal, mientras que los otros lados caen en forma vertical; un modelo reproduce las plataformas de tierra descritas por Jacinto Jijón y Caamaño y halladas por él en Manta. 

b)  Fase Jama-Coaque (500 a.C. - 500 d.C.). 

Entre Cabo San Francisco al norte y Bahía de Caráqucz al Sur.
“..... frontis abierto y una cumbrera ligeramente cóncava, cruzada por dos cortas vigas al igual que los modelos de la Fase Bahía”. En varias vasijas aparecen techos de cuatro aguas y estructuras piramidiformes (PORRAS, 1980, 155-156).

   c) Bahía de Caráquez (500 a.C. - 500 d.C.).

Desde isla de La Plata hasta Bahía de Caráquez.

Construcciones con “curvatura de perfil de la cumbrera, en el frontis y los aleros proyectándose a una altura doble de la que media entre el suelo y el centro de la parte superior del tejado”. Algunas casas presentan doble tejado con un espacio intermedio libre. Paredes verticales. Una entrada al frente, a veces otras por la parte de atrás. En algunos casos un poste central sirve de apoyo a la cumbrera. Paredes a veces pintadas de rojo, verde, amarillo y negro (Ibíd., 147-148).

d)  Fase manteño (500 d.C. - 1.500 d.C.).

Del norte de Bahía de Caráquez hasta la isla de Puná y hacia el interior por el territorio de los Huancavilcas (Jocay, Jaramijó, Cameloa, Camma): “Existen los restos de cientos de casas y montículos y por todos lados innumerables tiestos sobre el terreno. Estas habitaciones muchas veces son de un solo cuarto, pero hay muchas de dos o más y hasta siete cuartos en un mismo edificio. Poco queda de las paredes cuyas bases eran de piedras enterradas de canto. El promedio de ancho de las paredes es de 0.91 m. y 1.22 m. Algunos edificios fueron enormes. Uno de ellos tenía 59.9 m. de largo y 19 m. de ancho. El grosor de los muros laterales era de 1.37 m. Estaba sobre una plataforma con una rampa de 10.7 m. de largo. La orientación del edificio en general era del norte a sur. Regadas por doquier hay muchas tolas. Numerosas ruinas de casas y de templos se encuentran en el Cerro Bravo y el Cerro de las Hojas; en Salango, Puerto López, Puerto de Cayo, lo que indica una población numerosa durante este período en esta parte de la costa” (PORRAS, op. cit., 236, citando a SAVILLE, 1910).

    e) Fase Guangala (500 a.C. - 500 d.C.).

Desde la isla de La Plata hasta el norte del golfo de Guayaquil y por el interior hasta las montañas de Chongón, Colonche y Paján. “Impresiones de cuerdas retorcidas y estacas en la orilla indican que se usaba el sistema de bahareque para las paredes” (PORRAS, op. cit., 39).

f) Fase Guayaquil (300 a.C. —200 a.C.).

Sector de San Pedro en el casco urbano. Quizá habitaciones de caña y paja sobre estacas o palafitos (PORRAS, op. cit., 161).

g)  Fase Jambeli (500 a.C. - 500 d.C.).

Desembocadura del Guayas; isla Puná, costa de El Oro y archipiélago hasta la costa norte del Perú-Túmbez.

Quizá como las actuales cabañas de pescadores de caña, con bahareque y techo de paja (PORRAS, op. Cit., 165).

En cuanto a la sierra, en el callejón interandino, continuación de la meseta nariñense, los datos conocidos sobre la vivienda en el sector norte son los siguientes:

Los pastos tenían bohíos redondos (MARTÍNEZ, 1977, 27-40 y Fig.). Eran de tierra pisada (URIBE M., VICTORIA: RCA, XXI, 1977-78, 165, Lám. 184). Algunos aparecen esquematizados en platos y otros objetos de la cerámica tuza (Ibíd., Fig. 53, interior derecho; 165, 184). [Fig. 2-a, 2-b y 14, plegable].  

 

Fig. 2-a. Representaciones cerámicas arqueológicas de los bohíos de los indios pastos, región fronteriza de Colombia (Nariño) y Ecuador (Carchi). (De Martínez, 1977, Pág. 28).   Fig. 2-b. Plano de la disposición de los bohíos redondos en la provincia ecuatoriana del Carchi (De Martínez, 1977, Pág. 33).  

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(1) Un año después de que se entregaron para publicación los originales de esta obra, apareció el trabajo cuya ficha bibliográfica es la siguiente: CHAVES MENDOZA, ÁLVARO MAURICIO PUERTA RESTREPO Vivienda precolombina e indígena actual en Tierradentro. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Banco de la Republica. Bogotá, S.p.i. 1988, 283 Págs. e ilustrs. 22 x 16 cm. (Regresar a 1)


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