HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
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      (CONTINUACIÓN CAPÍTULO 11)

 

c) Caminos y puentes.

En la Nueva Granada, el ingeniero Josa Diguja Villagómez, en tiempos del virrey Pizarro (1749-1753), rectificó el camino de Santa Fe a Honda y empezó el puente de mampostería sobre el río Gualí, en esta última ciudad (Ortiz, S. E., 1970, IV, 1: 317). Eugenio de Alvarado, miembro de la Comisión de Límites con el Brasil, trazó, en tiempos de Solís (1753-1761), el camino de Santa Fe a Apiay por Cáqueza y dirigió, su construcción (ibid., IV, 2: 60, 62, 66). Es bueno recordar que Alvarado era oriundo de Barbacoas en la Nueva Granada, donde había nacido el 6 de febrero de 1715 (RAMOS PÉREZ, 1946, 36).

Juan Jiménez Donozo hizo un viaje de Cartagena al Atrato y sugirió la apertura de varias rutas terrestres (véase tamemes). Antonio de la Torre Miranda hizo, a fines del XVIII, un viaje exploratorio para interconectar los ríos Sinú y Atrato, vía Rioverde, afluente del primero. El ingeniero Antonio Arévalo y Porras tuvo una sobresaliente actuación en la costa caribe y en la ciudad y puerto de Cartagena, desde 1751 hasta 1798 (CAPEL et al., 1983, 42.47). Francisco Requena, muy vinculado al área amazónica, realizó también plano y una memoria geográfico-estratégica (ibid., 391-393; ORTIZ, S. E., 1970, IV, 2: 154-155). Deben mencionarse también Domingo Esquiaquí (CAPEL et al., op. cit., 163; ORTIZ, op. cit., 371-372, 387-388) y Fr. Domingo de Petrés, constructor, en 1802-1803, del Observatorio Astronómico de Bogotá (ORTIZ, op. cit., 408-409). En Panamá, el ingeniero capitán Nicolás Rodríguez (CAPEL et al., op. cit., 405), hizo en 1735 un estudio sobre los caminos de Cruces y Gorgona en el istmo de Panamá, y el informe correspondiente del 14 de abril de ese año (AGI, 250 Panamá).

En Venezuela estuvieron Juan Gayangos Lascan, que construyó la cárcel de La Guayra en 1736; Gabriel Clavero, constructor del fortín de San Felipe; Nicolás de Castro, Agus tín Crame, Francisco Jacot, éste de sobresaliente actuación en obras viales en las postrimerías del período colonial; Juan Lartigue, Patricio Ronán, Casimiro Isaba, Matías Díaz Berrío, José Nicolás Luna, José Mires, fundador, en 1808, de la Escuela de Ingeniería Militar, maestro de José Antonio de Sucre, y Juan Pires y Correa, que fundó la Escuela de Ingeniería de Cumaná (ARCILA FARÍAS, 1961, I, 235-256). Diguja, el mismo que se mencionó del Nuevo Reino, estuvo de gobernador de Cumaná y prestó ayuda a los integrantes de la Comisión de Límites de 1750-1760(?) (CAPEL et al., 1983, 130-132, 148, 205-206, 238, 239, 254, 375).

El primer cartógrafo ecuatoriano de amplia resonancia en la historia de las ciencias y de las comunicaciones, fue el autodidacta Pedro Vicente Maldonado (1709-1748), quien trazó el camino de Ibarra a Esmeraldas y acompañó a La Condamine en su viaje por el Amazonas. Alguna actividad en el ramo vial adelantaron los oficiales navales españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Aquí corresponde resaltar la actividad en ese sentido del autodidacta neogranadino Francisco José de Caldas.

3. En el período republicano, cuando todavía no había ingenieros nacionales, por el desvío gubernamental hacia los estudios científicos y el predominio del escolasticismo en universidades y colegios, que en vano trató Santander de sustituír, hubo que echar mano de extranjeros. La ley del 2 de mayo de 1845 sobre caminos dio atribuciones para la traída de ingenieros del exterior. En 1846 se autorizó al ejecutivo para enganchar obreros expertos en la construcción de caminos, lo que ocurrió al año siguiente (ARBOLEDA, 1919, II, 212, 253, 332 y nota). En 1845 llegaron los ingenieros Estanislao Zawadzky y Antonio Poncet, para los caminos de Buenaventura y Honda, respectivamente, con 12 trabajadores prácticos (RESTREPO, J. M., 1963, II, 25). Superior en capacidad y en realizaciones fue el ilustre Codazzi; meritorio en grado sumo el cubano Cisneros, y no menos digna de recordación es la pléyade de figuras europeas y norteamericanas que trazaron y dirigieron el Canal de Panamá, algunos de los cuales dejaron relatos importantes de índole geográfica, como Armando Reclus, Trantwine y otros (JAÉN SUÁREZ, 1985, XXXII-XXXXVII).

Los norteamericanos hermanos John y Archer Harman están vinculados a la terminación del ferrocarril Guayaquil-Quito, ya en este siglo (CRESPO ORDOÑEZ, 1933,6,123,134,146). García Moreno trajo ingenieros al Ecuador cuando empezó varias obras.   En Venezuela, primero que en Colombia, el propio Codazzi, y más tarde Alfredo Jahn, Adolfo Ernst, Augusto Permachán, Gabor Napeghi y Alberto Lutowsky; este último construyó gran parte de la carretera Caracas-Aragua. Cuando Codazzi fue gobernador de Barinas, hablaba en sus informes de gobierno sobre la necesidad de un ingeniero para las obras públicas; el 1 de febrero de 1845 nombró para ese cargo a Eduardo Espelosín (CODAZZI, 1960, II, 197, 271-272).

4.   En Venezuela, el Colegio de Ingenieros fue fundado en 1860 (ARCILA FARÍAS, 1961, I, 326-327, 331-348). La Sociedad Colombiana de Ingenieros se fundó en 1897 (BATEMAN, 1972, 61-81).

5. Pero los empíricos jugaron un papel importante en el desarrollo vial y en otras obras. No es de creer que los contratistas o concesionarios de caminos en la época colonial, como los del Quindío, de Guanacas, del Carare y otros, tuvieran preparación especializada. Eran hombres de sentido práctico, que hicieron obras acomodadas a las necesidades del momento con los recursos disponibles y que se ajustaron a lo que las circunstancias demandaban. El virrey del Perú, duque de La Palata (1681-1689), refiriéndose a la fortificación de la plaza chilena de Valdivia, pedía el envío de un especialista, “porque cada gobernador se hace gran ingeniero, y uno reprueba lo que hizo el otro, y tira líneas por su capricho como si fuera un Euclides” (HANKE, 1980, VII, 57). En esta época debió de originarse el axioma de que en las condiciones del área andina, los ingenieros jefes de los caminos son los ríos (BOUSSINGAULT, 1985, IV, 81).

d) Canales.

Canales para minería y para riego fueron construidos por gente del pueblo, que sólo tenía la sensibilidad o instinto de la nivelación, lo que le permitió hacer obras funcionales donde quizá gentes más preparadas hubieran fracasado. Una de las obras más ambiciosas de la dominación española, el Canal del Dique, fue dirigida por el ingeniero Juan de Somovilla y el guardián del convento de San Francisco en Cartagena, fray Francisco de Rada, “muy entendido en estas cosas” (HERRÁEZ, 1946). (Véase cap. XIX).

El caso de los acequieros de Cerrito en el Valle del Cauca (“pericia milagrosa”), que despertó la admiración de un viajero de mediados del siglo XIX (HOLTON, 1981, 535), no es el único. Los paeces, en terreno mucho más lomoso que el del Valle, trazan acequias que parecen verdaderas obras de ingeniería, para llevar el agua cerca de sus casas (BERNAL VILLA, 1954, 334).Los acequieros que trabajaban en las minas de Antioquia eran mas confiables que la nivelación geométrica (SAFFRAY , 1948, 142).

6.   Claro que en todo tiempo hubo chambones; pero el chamboneo es una institución colombiana que ha hallado eco hasta en presidentes de la República. En esto nadie puede tirar la primera piedra. El propio Alejandro Graham Bell, inventor del teléfono, fue acusado en su momento de no ser electricista.

Mano de obra.

A fines del siglo XVIII, el gobernador de la Guayana, Manuel Centurión, se quejaba de la escasez de maestros de obra (GONZÁLEZ DEL CAMPO, 1984, 268-269). El gobernador de Maracaibo en 1845, manifestaba en su memoria de ese año que la calzada de la plaza principal no se había podido ejecutar “por falta de obreros inteligentes en esta clase de trabajo” (ARELLANO MORENO, 1973, 227). Consigna un viajero francés en la Nueva Granada, al terminar la guerra de Independencia, que no había obreros adiestrados en la construcción en Bogotá (M0LLIEN, 1944, 382). En la Escuela de Artes y Oficios propuesta para Bogotá en 1872, se incluía la corta de piedra entre las materias del pénsum (GALINDO, 1978, 186). Esto no culminó por entonces. En 1904, el presidente Rafael Reyes organizó la Escuela Profesional de Artes Decorativas e Industriales que incluía cursos de talla de piedra (MEDINA, 1978, 78). Ya se dijo que hasta picapedreros extranjeros se trajeron en 1872.

Después de 1957, el SENA ha ejercido una saludable influencia en el adiestramiento de mano de obra calificada.

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  Juan Neponiuceno Solano y otros colegas suyos (FÁLS BORDA 1957, 61-62, 100). Véase bibliografía adicional (V.B.A.).  

 

 

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