HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor

 

CAPÍTULO XIII

 

TRANSPORTE CON ANIMALES

   2.   ARRIAS.

AERIA, ARRIERO, del onomatopéyico “arre”, usado para hacer andar a las cabalgaduras (A-CA,349-350). En América se han preferido a RECUA, RECUERO, que son equivalentes.

HATO, HATAJO, o mejor, ATAJO, del latín vulgar lateare, “cortar”, “rajar” (RI-x, 381-382).

CARAVANA, del persa, quizá al través del francés, por “recua de caballerías” (A-CA, 855).

PIARA = rebaño de cualquier animal; PIARIEG0, el que tiene piara de yeguas y mulas, de origen incierto (ME-RE, 515-518).

CARAVANA, CONVOYAR, del francés convoi, a su vez del latín con mare (CE-F, 185).

RECUA, del árabe; RECUERO, RECUAJE (ME-RE, 827-829).

ALMOCREBE, del árabe “arriero de mulos” (MAYANS, 1980, II, 241). Perdura en Portugal con el sentido de “arriero , recuero” y similares (A-CA, 197; OLIVEIRA MARQUES, 1978, 125; VÁZQUEZ CUESTA el al., 1971, Y, 290). En América, sólo en el Brasil (GOULART, 1961, 108, 115). No es usado en América española.

ACÚMILA, ACEMILERO, del árabe (A-CA, 32; DE LA 1954, 369-372).

Algo se dijo sobre el tema de las recuas en otra obra (PATIÑO , 1970-1971, V, 190-194).

En España, el transporte terrestre se hizo, en un 90%, en animales de carga, por la deficiencia de las vías (RINGROSE, 1972, 20). Se llamaban caballerías mayores los caballos, que cargaban entre 136-82 kgs. y menores, los asnos, machos, mulas, burros, borrico, pollino, yegua y roán, con capacidad de carga entre 91-46 kgs. (ibid., 60-61). Los bueyes eran la bestia de tiro por excelencia (ibid., 64-65). Hacia 1750 había unos 50.000 transportadores, con 142.000 bestias y 14.000 carros que ocupaban unos 55.000 animales (ibid., 144). Los transportistas estaban organizados en gremio, que les representaba ciertos privilegios (ibid., 21, 50); entre ellos figuraban los célebres arrieros maragatos de León (ibid., 75-77, 122-123).

 

OJEADA GE O GRÁFICA.  

América ístmica.

La primera región de América equinoccial donde se usó el transporte regular en bestias, fue el istmo de Panamá. Cuando se estudió lo relativo a los caminos, quedó asentado que el de Nombre de Dios a Panamá empezó a transitarse — aunque con grandes dificultades — en el quinquenio 1520-1525. Las bestias eran todavía muy escasas en esa parte de América, y sólo a raíz del descubrimiento y conquista del Perú se intensificó el tráfico, y con las grandes cantidades de oro que llegaron, se importaron mulas de Jamaica y de otras Antillas, así como de Nicaragua, para atender a la creciente demanda de artículos por los españoles enriquecidos con los despojos del Incario. En 1527, a pesar de los lodos y fragosidad del camino, ya había algún movimiento de bestias (ÁLVAREZ RUMANO, 1944, 186, 579).

Durante la década 1540-1550, con motivo de las alteraciones políticas en el Perú, se intensificó el transporte por el Istmo. En 1545 existían grandes recuas allí (CIEZA, 1909, 110). Peto no se había abandonado del todo el carguío con indígenas. En aquel mismo tiempo, el cronista italiano Benzoni viajó en mula desde Ada, casi abandonada entonces — pues sólo habitaban allí ocho personas—, hasta Panamá (BENZONI, 1572, 77v., 79). A mediados del siglo era intenso el movimiento; los negros cimarrones que empezaron por ese tiempo a constituirse en una amenaza para las comunicaciones, asaltaban las arrias y se robaban las mercancías (AGUADO, 1919, II, 183-184).

En su descripción de la Audiencia de Panamá hecha en 1575, el oidor Alonso Criado de Castilla dice: Tienen también por hacienda los vecinos de Panamá recuas de mulas y barcos con sus esclavos que las administran (...) Las recuas, que son muchas y de mucho precio, sirven de traer así mesmo las mercaderías y pasajeros desde la ciudad del Nombre de Dios, y desde la dicha casa de Cruces a Panamá (PERALTA , 1883, 530, 531). Estas recuas estaban entonces al cuidado de 401 negros (ibid., 535). En dicha época, las arrias constaban de 500 a 600 mulas (LÓPEZ DE VELASCO, 1894, 342). Durante la expedición realizada en 1586 para apoderarse de Panamá, por Francisco Drake, éste trabó amistad con los negros cimarrones:

Cerca del cual [Nombre de Dios], con negros que los guían
por tierra de montañas y aspereza,
saltearon las recuas que venían
de Panamá, cargadas de riqueza,
quitándoles aquellos que traían,
que fue caudal de próspera grandeza;
y volvieron por vías ya sabidas,
do dejaron las lanchas escondidas.
(CASTELLANOS , 1955, IV, 10).  

En 1594, el camino mixto por el Chagres y luego de Cruces a Panamá en recua era incomodísimo (CARLETTI, 1701, I, 48-49, 52; 1983, 34-40). La relación de Panamá de 1607 suministra datos precisos sobre las recuas: había 33 vecinos propietarios de ellas con los respectivos esclavos arrieros; el total de animales ese año era de 850. Las recuas constaban de 75, 55, 40, 30, 25 mulas, y de ahí abajo; la menor era de cinco animales (SERRANO Y SANZ, 1908, 171-172). Los dueños de recuas de Portobelo eran ricos y poderosos (VÁZQUEZ DE ESPINOSA, 1948, 286).

La habilidad de las mulas en los malos pasos era proverbial (SERRANO Y SANZ, 1908, 78). Un viajero contó en Portobelo en un día (1636), 208 mulas procedentes de Panamá cargadas con plata, que se dejaba en las calles (GAGE, 1946, 295). Varias relaciones de viaje desde fines del siglo XVII hasta mediados del XIX, describen el cruce del Istmo (JUAN Y ULLOA , libro III, cap. 1).

Este tráfico desapareció con la terminación del ferrocarril, en 1855. Además del transporte transístmico, hubo otro hacia el occidente, partiendo de Panamá, con la provincia de Natá y las poblaciones de Los Santos, Alanje y otras. Por este camino, que se prolongaba costeando el Pacifico, llegaban anualmente tropas de mulas de varios millares de cabezas, desde Nicaragua, para ser utilizadas en el paso transístmico (VAZQUEZ DE ESPINOSA, op. cit., 244, 289). Pero no hay constancia de que estas arrias, que a veces sumaban 5.000 mulas al año, trajeran géneros, sino apenas el matalotaje de los muleros, pues el objeto era la venta de los propios animales (PATIÑO, 1970-1971, V, 191-192; GAGE, 1946, 284-285; SERRANO Y SANZ, 1908, 151).

Ecuador.

El camino de recuas de Guayaquil a Quito empezaba en el Desembarcadero de Babahoyo (J. DE LA ESPADA , 1965, I, 127-129). En 1583 se utilizaban 1.500 caballos y mulas para conducción de géneros en el camino entre esas dos ciudades (ORTIGUERA, 1909, 327). En el primer cuarto del siglo XVII hubo predilección a montar en machos y mulas, en vez de caballos. Cuando el pirata Jacobo Eremita Clark se presentó ante Guayaquil en 1624, bajaron de Quito los vecinos a defender la plaza: “hizo en esta ocasión mucho daño al reino la falta grande de caballos que había, porque todos los vecinos andaban a mula y en machos de recua con guarniciones muy costosas, y que se olvidaban totalmente de caballos” (MONTESINOS: CAPPA, 1890, V, 375-376). Este empleo de bestias no excluyó el de cargueros indios para la ocasión (PAREDES BORJA, 1963, I, 292-293). En una relación de Villardonpardo (Riobamba) de 1605, se mencionan las recuas de Ambato (T. DE MENDOZA, 1868, IX, 497-499). Más tarde, en el camino de Cuenca a Guayaquil morían muchos arieros, al punto de que en 1774, de 4.000 quedaban sólo cuatro (REQUENA, 1984, 42).

OCCIDENTE DE NUEVA GRANADA.

 

Cuencas Paría-Cauca.

Durante muchas décadas, aun abierto el camino de Buenaventura, el comercio del valle interandino se hizo por el camino que empezaba en el Embarcadero de Guayaquil y, pasando por Quito, iba a Pasto, de aquí a Almaguer, y luego a Popayán, Cali, Buga, Cartago y Anserma (ESCOBAR: JIJÓN CAAMAÑO, 1938, II, 150, 151, 168; R G NG, 296). Al terminar la guerra de Independencia, todavía el vino que se bebía en Popayán se traía en recuas desde Guayaquil (HAMILTON, 1955, II, 23).

De Popayán a Cali no hay dificultades de orden topográfico que impidan el transporte con bestias. Por consiguiente, el empleo de arrias empezó tan pronto hubo animales suficientes, probablemente en la década 1550-1560. Para el último cuarto del siglo XVI, las recuas de caballos y mulas eran comunes entre ambas ciudades (LÓPEZ DE VELASCO, 1894, 241). El transporte de Cali a Buga, una vez que esta ciudad fue trasladada a la plana del Valle en 1561, también fue establecido, aunque por su facilidad y baratura, para los viajes de bajada se utilizaban, de preferencia, las balsas por el Cauca. Parece que el comercio entre ambas ciudades era reducido. En 1569-1570, durante su visita a la gobernación de Popayán, el oidor de la Audiencia de Quito, Pedro de Hinojosa, ordenó la apertura de un camino (debió de ser para recuas) entre Buga y Cali (Padilla Altamirano et al, 1977, 34).

Una información de 1628 habla de que en el camino entre Popayán y Cali había muchos animales de carga (ARBOLEDA, 1928, 89); esta actividad debía de ser remuneradora, pues hasta algunos curas tenían arrias (ibid., 97). La primera ruta seguida fue la que, saliendo de Cali y pasando por Jamundí, atravesaba el Cauca por el paso de La Balsa; pero, en 1746, se dio al servicio el paso de La Bolsa (actual Villarrica), con el cual se acortó el camino (ARBOLEDA, 1928, 350).  

Por la banda derecha del Cauca hubo también transporte para Popayán, vía Cartago-Buga-Caloto. En 1627 se hizo un contrato para llevar miel desde el ingenio de Malibú hasta Popayán (ARBOLEDA, 1928, 102), y otra vez en 1650 (TASCÓN , T.E., 1939, 24-25). Esto sólo desapareció al terminarse la construcción del Ferrocarril Cali-Popayán, en 1926 (véase ferrocarriles).

A fines del siglo XVI, las recuas que partían de Cali iban también hasta cinco leguas por la Cordillera occidental, vía a Buenaventura; allí eran sustituidas por cargueros (LÓPEZ DE VELASCO , 1894, 242). Pero después de reiterados esfuerzos y tentativas, se logró hacer ya a mediados del siglo XVII un camino de herradura, transitado hasta Anchicayá en 1678 (ARBOLEDA, 1928, 157-160). Esto no duró, sin embargo, pues al cambiarse la ruta del Anchicayá por la del Dagua, hubo siempre soluciones de continuidad en el servicio de recuas. Cuando, en 1819, el comerciante francés Julián Mellet utilizó esta ruta para viajar entre Buenaventura y Cali, había recuas de Naranjo a Papagayeros (MELLET, 1823, 233). Pocos aflos después se hacía en mula la etapa de Hacienda Dagua a Juntas (MOLLIEN, 1944, 293). El transporte mediante recuas sólo terminó por esta vía, con la llegada a Cali del Ferrocarril del Pacífico, en 1915.

En cuanto a la prolongación del transporte con arrias desde Anserma hacia el norte, hasta Santa Fe de Antioquia, hay discrepancia entre los autores. Guillén Chaparro dice que Antioquia y Buriticá se sustentaban con recuas para llevar las provisiones (GUILLÉN CHAPARRO: AIP, 1889, XV, 149). Pero había un despoblado entre Anserma y Antioquia, y algunos autores dicen que era altamente peligroso el transporte en balsas, por lo rápido del curso del Cauca. Entre Caramanta y Anserma, en el último cuarto del siglo XV;, el servicio de carga se hacia a lomo de indio (LÓPEZ DE VELASCO, 1894, 415). Malos caminos había de Arma a Anserma y a Cartago (ibid., 416). Del paso de Velásquez, cerca de Supía a Antioquia, en 1825 no se podía navegar ni aun en balsas, por la rapidez de la corriente (BOUSSINGAULT, 1903, IV, 95). Pero él mismo viajó en una balsa desde la boca de la quebrada Amagá hasta el paso real de Antioquia (ibid., 109-110). La unión por recuas desde el Cauca con el vale de Medellín fue mucho más tardía, supuesto que esta villa sólo fue fundada en la segunda mitad del siglo XVII.

En 1584 se hizo una derrama en Pasto entre los dueños de recuas que transportaban harina y menestras a las minas de Almaguer, para el arreglo de puentes del Guáitara, Buesaco y Juanambú (SAÑUDO, 1938, I, 85-86). En 1784, 48 muleros que había en la Provincia de Pasto debieron contribuir para el aderezo de los caminos entre el Guáitara y el Mayo (SAÑUDO, 1940, III, 69). La historia caminera republicana de Túquerres a Barbacoas y Tumaco y otras de la costa sur, puede leerse en GUTIÉRREZ, 1920, I,192-198.  

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