HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor

 

LIBRO TERCERO

VIAS Y TRANSPORTES ACUÁTICOS

CAPITULO XVI

 

OPERARIOS

 

1.   Bogas indígenas y mitas.

Se llama boga, en el área del presente estudio, al remero. Bogar, en el sentido de remar, navegar, también se emplea corrientemente (A-CA , 611.613). La capacidad de los indígenas para movilizarse por agua, casi no necesita comprobarse documentalmente. Algo se dijo cuando se trató de ello en el capítulo IV.

Magdalena.

La navegación en el Magdalena, a partir de los viajes iniciales de Quesada y los que le siguieron, se hizo utilizando bogas indios. Las consecuencias no se hicieron esperar, pues ellos empezaron a extinguirse. Se dictó cédula en 1552, para que empleasen sus canoas en su propio beneficio y no en el de los encomenderos (IBOT LEÓN, 1933, 27-28; 151-152). Hacia fines del siglo, diversos documentos hablan de que los indios quedaban mermados por esa causa. El oidor Guillén Chaparro, uno de los funcionarios más moderados en sus juicios, calculaba, en 1583, que de 40.000 indios magdaleneses en la conquista, no quedaban entonces más de 1.000 (ibid., 29-30, 192, 216; FRIEIDE, 1976, VIII, 155). Por supuesto que la mencionada cédula no se cumplió, y los encomenderos maniobraron de manera que continuaron utilizando el trabajo de los indígenas sin pagarles lo establecido. Tampoco tuvieron mejor fortuna las reglamentaciones que en distintas ocasiones, durante la segunda mitad del siglo XVI, dictaron algunos visitadores y funcionarios encargados para ello. (IBOT LEÓN, op. cit., 47-53). En 1560 figuraban en Mompós, principal centro de la industria de transportes fluviales, cuyo punto terminal era Honda, quince encomenderos con un total de 137 canoas. Según las ordenanzas dictadas ese año, las canoas. deberían llevar 10 o 12 bogas cada una, de acuerdo con su capacidad (ibid., 155). 0 sea, que deberían estar ocupados entre 1.370 y 1.644 indios (ibid., 154), con sus correspondientes reemplazos. Los encomenderos de Mompós, considerándose menoscabados con las ordenanzas que dictó en aquel entonces Juan del Junco, lo asaltaron en dicha ciudad, lo hirieron y, luego de ponerlo preso, lo remitieron a Cartagena (ibid., 54-55).

Tampoco fueron observadas las ordenanzas que el 31 de octubre del mismo 1560 hizo el oidor Melchor Pérez de Arteaga (ibid., 56-61). En 1576, el licenciado Diego de Narváez redactó nuevas ordenanzas, en las cuales se incorporaron algunas de las disposiciones de Juan del Junco; se estableció el límite a que los indios de cada sitio podrían llegar, para ser relevados a trechos (ibid., 68-71), y se fijaron precios para el transporte de botijas de vino, de pasajeros, de ropa, etc. (ibid., 72-74). En 1590 se fijó una nueva tarifa, y se trató de estimular el uso de negros para que fuesen sustituyendo a los indios (ibid., 86-87). Esto empezó a realizarse desde 1596, en que Martín Camacho dictó nuevas disposiciones, en las cuales se reconoce implícitamente que los indios sirvieron como maestros de los negros para la navegación fluvial (ibid., 101, 102, 215). Los encomenderos se resistieron a cumplir las providencias, pues los negros robaban y saqueaban la carga, especialmente si constaba de comestibles (ibid., 104, 232), cosa que no hacían los indios bogas. El mismo Martín Camacho estimuló el uso de barcos veleros, y dictó ordenanzas reglamentarias sobre el transporte (ibid., 112-118). Todas las vicisitudes anteriores están recogidas en una obra reciente (BORREGO PLA, 1983, 131-132, 141-142, 179-181, 190-198, 234-237, 244-245, 323).

A raíz del viaje de Alonso Luis de Lugo en 1543, se pensó en abrir el camino del Carare para aliviar algo el trabajo de los remeros, y en ello insistió después el presidente González (CASTELLANOS, 1955, IV, 435, 559-590). Esto no tuvo efecto práctico, como se vio en el capítulo dedicado a los caminos coloniales.

Pero, contra lo que sostiene Ibot León acerca de que al fin cesó en el siglo XVI la boga de los indios (ibid., 118), ello no ocurrió sino con la completa extinción de éstos, pues todavía en 1620 los indios bondas y guataquíes servían en ese menester (SIMÓN, 1953, II, 204); y en el resto del río los demás estaban prácticamente extinguidos (ibid., III, 195-196), aunque todavía quedaban algunos que viajaban junto con negros (ibid., IV, 335). En Honda había tres encomiendas de indios canoeros (CALDERÓN, 1911, 463), pero alternaban con negros (MERCADO, 1957, II, 199). A mediados del siglo XVIII, los indios Pintados de la margen derecha del Magdalena al sur del Cesar, se dedicaban a bogar y a sacar bálsamo (ROSA, 1945, 190). Los sindaguas del Magdalena eran hábiles remeros (FRIEDE, 1961, W, 203).

Cauca.

También eran indios los que bogaban por el bajo Cauca hasta las minas de Zaragoza (ARELLANO MORENO, 1950, 197; —,1964, 243). En el raudal de las Tres Mamas de Caramanta, por la ciudad que allí existió, había indios diestros en pasar sin dejar estrellar la canoa (RODRÍGUEZ, 1684, 175). A principios del siglo XVII, los indígenas gorrones que vivían en el confluente La Vieja-Cauca, cuando todavía Cartago no se había trasladado al actual asiento, debían pagar el tributo como bogas, haciendo viajes río Cauca arriba hasta El Pescado (FRIEDE, 1963, Q., 102-103).

Cuenca del lago Maracaibo.

Las tribus del lago de Maracaibo que vivían en palafitos en el siglo XVI, eran insignes navegantes puesto que el agua  era su hábitat, y la pesquería, su principal actividad. De tanto andar en canoa sentados sobre un pie, éste se les deformaba e hipertrofiaba. Hacia 1597 había 800 indios bogas en la laguna (ARELLANO MORENO , 1964, 243). Para el río Zulia se sugería utilizar los indios aliles aun no reducidos (ibid., loc. cit.).

Orinoco.

El coronel Miguel Marmión, en su informe sobre Nueva Andalucía y Guayana de 1788, al mencionar los raudales de Carichana, Atures y Maipures en el Orinoco, pondera la habilidad de los indígenas para la navegación a la sirga, “en cuya maniobra demuestran los indios su destreza y conocimiento práctico, arrojándose en sus piraguas y curiaras y sorteando la violencia de la corriente y peligro de las pesas, en que parece van a embestir y hacerse mil pedazos” (ARELLANO MORENO, 1964, 441).

De la pericia desplegada por los indios orinocenses pata pasar los raudales, habla un misionero conocedor (GILII, 1965, I, 41, 43, 80-81; II, 54). Los guaiqueríes eran bogas excelentes, pero, por el con­tacto con otros grupos, habían aprendido vicios y hurtaban el aguardiente y el vino, de que eran ávidos (RAMOS PÉREZ, 1946, 330).

Guayanas.

La habilidad de los indios como bogas era superior a la de los negros; solían remar duro contra el frío (SCHOMBURGK, 1922, I, 145). Al bajar los rápidos, cada mañana se echaban en los ojos ajíes estregados o jugo de limón, para mantener buena vista (im THURN, 1883 53, 368-369).

Amazonas.

Conocida es la célebre navegación de los indios brasiles que remontaron el Amazonas en 1549 (J. DE LA ESPADA, 1897, IV, CXXIX-CXXXIX; —, 1965, III, 235-241). En la expedición de Pará a Quito, Pedro de Teixeira llevaba 1.200 indios remeros; con mujeres y niños eran más de 2.000. Cada una de las cuarenta o más canoas que utilizó, tenía un promedio de veinte remeros. Esta expedición duró desde principios de agosto de 1637 hasta junio de 1638 (J. DE LA ESPADA, 1889, Teix., 32 y nota, 34, 114).

La habilidad de los indios altoamazónicos para meterse por atajos acuáticos durante las crecientes, con el fin de acortar las distancias, fue señalada por los misioneros (URIARTE , 1952, I, 57, 320; II, 19). En el Ucayali se ha destacado la habilidad remera de los cunibos y piros (URIARTE, 1982, 242, 251), y de los cocamas, cocamillas y yurimaguas (WILKENS DE MATTOS [1879], 1984, 19, 20, 85, 95).

La boga por indígenas ha sido la tónica predominante en el Amazonas hasta nuestros días. Eran carpinteros y náuticos por intuición (BATES, 1962, 45; WALLACE, 1939, 611; SPRUCE, 1908, I, 273; PRADO JUNIOR, 1970, 70).

2.   Bogas negros, mestizos y mulatos.

El indio fue maestro del africano en el arte de la navegación. Por la extinción de los primeros, gradualmente, un poco desde mediados del siglo XVI, pero más definitivamente a partir del XVII, los negros y mulatos se hicieron cargo del trabajo (PATÍO 1965-1966, 493-494). Los dueños de mercancías trataron de retardar ese proceso, por la fama, casi siempre merecida, de ladrones que los negros tenían, motivo por el que no querían confiarles sus pertenencias (IB0T LEÓN, 1933, 104, 232). Los de Mompós hacían el recorrido a la barranca de Mateo y a Honda (SIMÓN, 1953, VI, 91).

A fines del período colonial y durante gran parte del republicano, la disolución de costumbres y la irresponsabilidad de los bogas negros era proverbial (CUERVO, 1891, I, 81-83 nota; CALDERÓN, 1911, 470; HAMILTON, 1955, I, 36; MONTENEGRO VERGARA Y VELASCO, 1974, III, 1139; GOSSELMAN, 1981, 127-129; H0LTON, 1981, 87-88; BOUSSINGAULT, 1985, IV, 69-70). Pero al mismo tiempo, el boga ha inspirado piezas literarias del mérito desigual (MANUEL MARÍA MADIEDO, CANDELARIO OBESO, etc.).

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