HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor

(CONTINUACIÓN CAPÍTULO 17)

 

PLANTAS PARA USOS NÁUTICOS.

Maderas.

Las maderas utilizadas de preferencia para construír embarcaciones, variaron de lugar a lugar, de acuerdo con la disponibilidad. Pero hay ciertas constantes que conviene señalar.

En primer lugar figura el cedro Cedrela. Así en las Antillas, Méjico y en el Atrato (ORTEGA RICAURTE, 1954, 223); en el Magdalena: “hazenlas todas de cedro, tan grandes son los que en esta parte se hallan, por que la común medida que para cortar vn palo de canoa se tiene es que tenga tres brazas de grueso, porque de menos no se pueden hazer tan grandes” (LATORRE, 1919, 27; RGNG, 190). De los dos bergantines que hizo Orellana en el Amazonas, todos los autores dicen que se uitilizó madera de cedro (ORTIGUERA, 1909, 344, 345, 353, 356; VÁZQUEZ, 1945, 63):

Y en aquellas comarcas y confines,
de manera [sic por madera] de cedros escogidos
hicieron dos muy buenos bergantines,
dejando los demás allí perdidos.

(CASTELLANOS, 1955, I, 642).

En la expedición de regreso de Pedro de Teixeira, en que se embarcó el jesuíta Acuiia, se habla de cuatro palos buenos para embarcaciones, y del uso del cedro para las canoas de los indios (bajaban de la Cordillera arrastrados por la corriente) (ACUÑA, 1942, 100-101, 108), en el Amazonas (ALMESTO, 1986, 144; ORTIGUERA, 1909, 344, 356; TEIXEIRA, 1889, 88-89; J. DE LA ESPADA, 1897, IV, CXLVII; LAUREANO DE LA CRUZ, 1942, 54; LATHRAP, 1970, 32). Así ocurría también entre los mayas (MILLER: BENSON, 1977, 99; CARDOS DE MÉNDEZ, 1978, 27).

En el Amazonas también se llama “cedro” al Cedrelinga y se usa para lo mismo que su homónimo (MARONI, 1889, 109). Otra Meliácea, el caobo, aguano o mo Swietenia, se consideraba muy bueno en el área del Caribe (SÁNCHEZ VALVERDE, 1947, 102; CARDOS DE MÉNDEZ, loc. cit.,) y en el alto Amazonas (URIARTE, 1952, I, 348; OBEREM, 1970, I, 141).

La ceiba (aunque ese nombre se da a varias Bombacáceas) se usó mucho para embarcaciones grandes, de poca durabilidad. En la isla Gorgona labraron “Los trece de la fama” una canoa de ceiba para pescar (CIEZA, 1960, II, 184). En Santa Marta, los heridores de Rodrigo de Bastidas hicieron una para escapar, pero fueron alcanzados (CASTELLANOS, 1955, II, 310). Esto tuvo amplia difusión (ACOSTA, 1954, 124). Con el nombre de sumaúma era la usada en el Amazonas en el siglo pasado, para las cuchas o embarcaciones a modo de tanques en que se transportaba el aceite de tortuga (SPRUCE, 1908, I, 185-187). También en Bluefields en tiempos de los piratas (DAMPIER, 1927, 66), y en Darién (WAFER, 1888, 31).

En el sector flotable del río Chama de Venezuela se usaba el jabillo (Hura) (JAHN, 1927, 324-325). El árbol de orejas o conocaste (Enterolobium cyclocarpum) lo usaban los mayas (MILLER: BENSON, 1977, 99). En algunas partes había donde escoger: en la Boca de Dragos, golfo de Paria, se conocían cedros (no Cedrela), pardillos, algarrobos, carapos, caraños (CAULIN, 1966, I, 44, 182; Ruiz BLANCO, 1892, 20). En Santa Marta se preferían cedro, nogales, biomata, naranjillo o amarillo, caoba, para los barcos, y para la arboladura, el guacamayo de tronco liso (JULIÁN, 1787, 239, 240).

En el Orinoco, cedro, sasafrás, viz o marío (GILII, 1965,I, 80) y el quechua o Chlorophora (CIVRIEUX: COPPENS, 1980, 140). A principios del siglo XVII, los indios tibitibes de la parte baja del río, labraban canoas de palo vice o vagasa, capaces para sesenta personas; empleaban un año en manufacturar una, y la vendían por ocho hachas (VÁZQUEZ DE ESPINOSA, 1948, 62).

En el golfo de Panamá había buenas maderas para navíos (ANDAGOYA: CUERVO, 1892, II, 87; SERRANO Y SANZ, 1908, 197). En 1547, Pedro de la Gasca mandó al catalán Vandrel a la isla de Las Perlas, a construír una galera de veintidós remos, por haber buena madera (FERNÁNDEZ PALENTINO, 1963, I, 173).

Innominadas las que mandó a buscar el adelantado Espinosa en Usagaña, costa sur de Panamá, para hacer las embarcaciones de su viaje al occidente (CUERVO, 1892, II, 474). En Nuestra Señora de los Remedios, mar del Sur, “toda es [la madera para barcos] cedro bueno trabado, roble, guachapelí y otras muchas suertes della” (Ruiz DE CAMPOS: CUERVO, 1892, II, 46).

En el siglo pasado, en Chocó se preferían para canoas el canalete o comino de Antioquia, tarabe, chachaje, bosay, sive, iguanero, jiribe, guayacán, acijado, guanábano, chumbero (BRISSON, 1895, 78).

En la Guayana inglesa se usaban el mal llamado cedro gigante Icica altissima y la ceiba (SCHOMBURGK, 1922, I, 111-112). El primero, por lo amargo se creía que era repelente para los insectos, paran guai en macusi y camiorí en wapisiana (ibid., 1923, II, 288). Los guaraúnos o warraus (wa canoa; arao pueblo) prefieren el cachicamo Calo phyllum luctdum Benth. (WILBERT: BENSON, 1977, 23).

Sobre las maderas usadas en el Amazonas para este fin en las postrimerías del siglo XVIII, hay una contribución monográfica que recoge más de dos docenas de especies (FERREIRA, 1971, 2: 225-228). En el siglo pasado, la itauba Acrodiclidium era la mejor, aunque no tan buena como el laurel amarillo del Orinoco (Ocotea cymbarum), más liviano para canoas (SPRUCE, 1908, I, 161). También en el Marañon se usó el almendro Caryocar (URIARTE, 1952, I, 309), que es el mismo pequí del Bajo Amazonas (HERIARTE, 1874, 9). Una lista reciente de maderas para embarcaciones incluye Beilschmiedia brasiliensis; Buchenavia huberi, Calo pliyllum angularc, C. pacliypliyllum; Caryocar glabrum, Cedrelinga catanacformis; Ocotea cuneata, O. esmeraldana (ACERO DUARTE, 1982, 62, 63, 64, 73).

Algunos, excelentes para otros fines, se consideraban muy pesados o difíciles de trabajar. El algarrobo Hymenaca es tan pesado, que se hunde (Boso: VALDIZÁN Y MALDONADO, 1922, III, 355-356). El marimari (Cassia grandis) de Puerto Cabello se consideraba muy duro para obras náuticas (OLAVARRIAGA, 1965, 318). El green-heart (Ocotea rodiaei) dura hasta 80 años (SWAN, 1957, 186, 187).

Por curiosos troncos de hasta 60 pies de largo para hacer una nueva cañonera en Guayaquil, se dictaron órdenes reales en 1798, para enviar desde Lima a los botánicos Tafalla y Manzanilla a verlos (STEELE, 1982, 242-246). No se dan detalles sobre identidad botánica.

Canoas de emergencia se pueden hacer —donde ella existe — de la parte ensanchada de la palma Iriartca (Socratea) ventricosa (WALLACE, 1939, 38). Para las tablas que se ponían al costado de las canoas monóxilas en la Guayana francesa, con el fin de ampliarlas, se usaba la palma bache (Mauritia?), de cuyas hojas también se hacían las velas (BARRIERE, 1743, 133-135).

En el Chocó se prefieren palancas de guanabanillo (Guatteria) o de algunas palmas delgadas, y en el Amazonas, de massaranduba [Manilkara huberi (Ducke) Standl.] (Spruce, 1908, I, 51-52).

En el Napo-Pastaza, los canaletes se hacen preferentemente de la remocaspi o madera de remo, Styrax acuminatum o Coussapoa grandiceps, y las palancas, de guadua o uama (OBEREM, 1970, I, 141). La madera de campano (Samanea) se ha empleado para costillas de barcos y canoas (SCHENCK, 1953, 13).

Cortezas. Las famosas canoas de corteza no se hacían de cualquier palo. La corteza debía mantener su flexibilidad para no rajarse. Los maopitangs de la Guayana inglesa, de un solo tronco de yaru-yaru o mararen, Copaifera, construían hasta dos canoas de corteza (SCHOMBURGK, 1923,11,378). En la Guayana venezolana se hacían de tacamahaca [Protium guíanense Aubl.] o curucai [Copaifera] (CODAZZI: ALVARADO, 1945, 62; —, 1956, 62). Pero también se usaba el algarrobo Hymenaea (PITTIER, 1926, 103).

Para rodar canoas encima de troncos caídos sobre el agua que imposibilitaban la navegación en quebradas estrechas, conocieron los misioneros jesuítas de Maynas una corteza babosa (ZÁR.ATE: FIGUEROA, 1904, 386; URIARTE, 1982, 34). Un viajero de este siglo dice que era del árbol cetico, o sea, un yarumo (HARDENBURG, 1913?, 89). De Cecropia virgusa se echa mano en la costa del Pacífico, con este objeto (observación personal). En la Guayana inglesa, los indios hacían pasar sus canoas sobre empalizadas, poniendo cortezas de Inga con la parte interna hacia arriba (SCHOMBURGK, 1923, II, 348).

Calafateo.

Sobre los otros elementos para usos náuticos, procedentes del reino vegetal, conviene señalar: Brea, trementina y jarcia se traían al Perú desde Realejo en Nicaragua (DAMPIER, 1927, 157; LUSSAN, 1693, 116), donde las había en abundancia (FUENTES Y GUZMÁN, 1972, III, 198). A mediados del siglo XVII se pensaba que la brea de esa procedencia no era tan buena como la española (COBO, 1891, II, 12); pero autores del siglo XVIII no la despreciaban, pues la brea y el alquitrán de la Nueva España se mezclaban con el copé o asfalto de la punta de Santa Elena, cerca de Guayaquil, y la de Amotape en Piura, y la amalgama funcionaba bien (JUAN y ULLOA, 1983, 1, 62; II, 570; REQUENA, 1984, 69, 107-108). De Honduras y Nicaragua, por Realejo y Fonseca iba brea al Perú para fines náuticos y también para impermeabilizar las botijas peruleras de vino; se exportaban entre 22.000 y 23.000 quintales al año, y a veces 30.000, todos sacados con indios (MACLEOD, 1973, 276-279; VÁZQUEZ DE ESPINOZA, 1948, 451, 464; SERRANO Y SANZ, 1908, 197). En Puerto Rico se calafateaba, a fines del XVII, con aceite del árbol tabonuco (COREAL, PAItís, 1722, I, 19).

La brea de la abeja del Chocó y costa del Pacífico Ptilotrigona lurida occiclentalis la usan para impermeabilizar canoas los waunanás del San Juan y los cayapas de Esmeraldas (EDWARDS, 1965,40,45). En el área amazónica se conocen distintas clases de brea para el calafateo (SPRUCE, 1908, I, 52-53).

Fibras para calafateo se conocen varias. Los guaharibos del Orinoco-Rionegro apreciaban la corteza del tururí (SPRUCE, 1908, I, 261); se da este nombre a árboles de las familias Sterculiáceas, Moráceas y Lecythidáceas. Pero otra fuente indica que en el Vaupés se prefería la cáscara interior de la Bertholetia joven (WALLACE, 1939, 567). En el astillero de Guayaquil se calafateaba con estopa de coco (REQUENA, op.cit., 107).

Jarcia.

El cáñamo para jarcia se traía de España inicíalmente, caro y malo (Cartas de indias, 1974, I, 294-295; HANKE y RODRÍGUEZ, 1978, V, 213). Después se echó mano del cultivado en Chile (COBO, 1956, I, 410; JUAN y ULLOA, 1983, I, 62, 64, 90-92). Las tentativas de producir cáñamo en Méjico no dieron el resultado esperado (SERRERA CONTRERAS, 1974). La nativa cabuya (Furcraea spp.) se empleó también para confeccionar jarcia. Los datos pertinentes se han dado en otro lugar (PATIIÑO, 1967-1968, III, 49). La pita (Aechmea magdalenae) tuvo uso más esporádico (PERALTA, 1883, 643).

Otro sustituto americano para el cáñamo, por lo menos en la costa occidental ecuatorial, lo constituyó la cosedora o burriadá, fibra sacada de la corteza de un yarumo, Cecropia burriada (PATIÑO, 1975-1976, 228, 229; —, 1956, 38-39). Entre los cumanagotos, para calafatear se usaron las cortezas del quechue o charaguaray (Chlorophora tinctoria) y la del paramai o peramán Symphonia globulifera (CIVRIEUX: COPPENS, 1980, 140).

Achicada.

Para achicar las canoas, los indígenas de las Antillas mayores usaban vasijas de güiro o totumo (Crescentia cujete), que cargaban en las embarcaciones (COLÓN, H., 1947, 106).

Los españoles introdujeron bombas de achicar. En esto sí recibieron la aprobación de los piratas ingleses, que menospreciaban la capacidad náutica española (DAMPIER, 1927, 299). Algunos españoles que, en los principios de la expedición Almagro-Pizarro en la costa del Chocó, vinieron a las Islas de las Perlas a recoger vituallas para los que quedaban en Puerto Hambre, hambrientos ellos también, al salir se comieron cocido el cuero de vaca curtido que llevaban para zurrones de la bomba de su navío (XEREZ, 1891, 25).

El cosmógrafo luso-español Diego de Ribero fabrico una bomba de hierro para achicar, que en 1533 sufrió su primera prueba en un viaje a Santo Domingo; como resultado se le reconocieron a Ribero las cantidades acordadas, aunque él murió en ese año (NAVARRETE, 1954, I, 89; 1955, II, 328, 409-411). Posteriormente, hacia 1545 (?), Vicente Barrozo fue el primero que hizo bombas de madera, más baratas que las de Ribero (ibid., II, 329).

Velas.

Las canoas perleras de Cubagua llevaban velas de anjeo y vitre (OTTE, 1977, 47), ambas telas (la primera lienzo) de fabricación francesa, llamadas así por las ciudades de origen: Anjou y Vitré (A-CA, 275; RI-X, 832).

Velas se hicieron de algodón de Cajamarca y Chachapoyas (JUAN y ULLOA, 1983, I, 64, 89-90); pero en varias panes, sobre todo para embarcaciones indígenas, se utilizaban hojas de diversas palmas: cachihuango (cachibanco) de hoja de palma, en Amazonas (URIARTE, 1952, I, 309); palma bache, en Cayena (BARRARE, 1743, 134-135).

Industria náutica.

Paralela a la decadencia de España en otros órdenes, se presentó en la industria náutica. En 1674 se tuvo noticia en Lima de que en Londres se preparaban tres navíos emplomados para Enrique Morgan (HANKE, 1979, V, 23-31). El problema de la madera para usos náuticos cesó el 9 de marzo de 1862, en la batalla de Hagston Roads, durante la guerra civil norteamericana, cuando se demostró la superioridad de los barcos forrados en hierro (DARBY: THOMAS, 1956, 201-202). Otros datos se verán en el capítulo XXI, Navegación marítima a vela.  

REGRESAR AL ÍNDICE

SEGUIR AL SIGUIENTE CAPÍTULO

 

 

 

Comentarios (0) | Comente | Comparta