HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor

 

LIBRO QUINTO

COMUNICACIONES

CAPITULO XXIV

SISTEMAS DE COMUNICACIÓN

 

Vocabulario.

ADVERTENCIA, de verter; ADVERTIR =“dirigir hacia, flotar, advertir”; CONVERSAR;  TRAVIESA; TRAVESÍA (distancia de un lugar a otro); ATRAVESAR (RI-X, 791-794).

DESPACHO, DESPACHAR, DESPACHADOR, de “empachar”, francés empècher (CE-F, 568-570).

DIFUSIÓN, DIFUNDIR, de fundir, del latín fundere, “derramar, desparramar, derretir, fundir” (CE-F, 976-978).

ENTERAR, de entero (CE-F, 642-643).

INFORMAR, INFORME, INFORMACIÓN, INFORMANTE, de forma, latino (CE-F, 932-933).

IMPONER, de poner (ME-RE, 607-609).

NOTICIA, NOTICIERO, NOTIFICACIÓN, de conocer (CE-F, 176-177).

NOTAR, de flota (ME-RE, 240).

COMUNICACIÓN, COMUNICAR y derivados, de común, latín communis (CE-F,163-164).

NUNCIO= Emisario, anunciador, del latín nuntius; ANUNCIAR, ANUNCIO (ME-RE, 251-252).

AVISAR, AVISO, del francés (A-CA, 424).

MENSAJE, MENSAJERO. Derivado de meter, del latín mittere, “enviar”, “soltar”, “arrojar”, “lanzar” y sus derivados TRANSMITIR, TRANSMISOR, EMISIÓN, EMITIR, REMITIR, MISIVA, COMISIÓN (ME-RE, 60-61)

ADALID. Del árabe, “guía” (A-CA, 50).

BAQUIANO, de BAQUÍA, palabra americana de origen incierto (A-CA, 493-494), pero de temprano uso en América por “antiguo, conocedor, experimentado, práctico en el  terreno

BASTONERO= Ayudante del alcalde; encargado de mantener el orden en bailes (CASARES, 1981, 102).

ESTAFETA. Del italiano staffeta, “estribo”; “correo especial que viaja a caballo” (CE-F, 766-767).

FARAUTE, HERALDO. Del francés héraut; rey de armas, embajador, corredor (G-MA, 343).

INTÉRPRETE. Del latín interpresètis, “mediador", intérprete (G-MA, 460).

GUÍA =“El que escolta a alguno garantizando su seguridad”, quizá del gótico (G-MA, 258-262).

LADINO. De latinus, latín, con referencia a la lengua culta respecto a las tenidas por bárbaras; sagaz (G-MA, 553-554).

LENGUA. Del latín ling ua. Información, noticia. LENGUARAZ = el que habla varios idiomas, intérprete (G-MA, 629-630).

LOCUTOR. De LOCUAZ, del latín, derivado de loqui, hablar

PREGONERO. Del latín praeco-onis (ME-RE, 634).

REY DE ARMAS= Heraldo, de rey, latín rex, regis (ME-RE, 900-902).

SAYÓN. De un vocablo gótico, “ministro de justicia”, que pasó después a significar “verdugo”; “el que notifica o intima” (RI-X, 182-184).

TROTERO =Mensajero, de trotar, de un vocablo alemán (RI-X, 666-667).

POSTILLÓN. Del italiano postiglione, y éste, a su vez, del latín ponere (ME-RE, 607-609).

FECIAL= En la antigua Roma, el que intimaba la paz o la guerra (CASARES, 1981, 386).

Se descuenta el fenómeno de la vaguedad en la interpretación de mensajes, que conduce a equivocaciones y, en ocasiones, a que las comunidades humanas o los individuos no puedan entenderse (LA BARRE, 1960, 171).

Prehispánicos.

Como en todas las latitudes, la manera de comunicarse los amerindios asumió dos formas principales: indirecta y directa. Se entiende por indirecta la que se hace mediante señales a larga distancia, sin contacto personal entre quien envía el mensaje y quien lo recibe; y por directa, la que se verifica — de viva voz, por gestos, ademanes o por cualquiera otro medio — entre personas o grupos de ellas a corta distancia. Las señales indirectas mas notables son las humadas y los sonidos fuertes. Las directas asumieron la forma de contactos personales, casi siempre al través de mensajeros envia­dos ex profeso para buscar informaciones, concertar alianzas o hacer desafíos; o por comerciantes que se desplazaban de una región a otra para el intercambio, generalmente — pero no siempre — pacífico, de productos. Esta última se relaciona más con la historia del comercio, mientras que los mensajeros constituían parte de la organización política o militar estatal, no sólo de los grandes imperios mejicano y peruano, sino también entre confederaciones, cacicazgos o agrupaciones más pequeñas.

I. COMUNICACIÓN INDIRECTA

Según el órgano que servía para transmitir o recibir el mensaje se puede distinguir entre señales visuales y señales sonoras. Todos los tratadistas conceden al hombre un olfato poco desarrollado en relación con los animales; pero algunos casos pueden señalarse en el área de la presente investigación, en que participó este último sentido.

A)          SEÑALES DETECTADAS POR LA VISTA.

a)          Humadas.

Esta palabra se aplica a las emanaciones de humo manipuladas con fines intencionales, para distinguirlas de “humaredas”, que no necesariamente tienen ese carácter. En el español antiguo existía el término, tomado del árabe, almenara = señal de fuego con esparto (MAYANS, 1980, II, 241).

Los correos mayas encendían hogueras de humo negro o humo blanco, a modo de un telégrafo rústico, para que aquellos a quienes debían dar sus mensajes, calcularan la distancia (BUSTILLOS CARRILLO, 1964, 103). Para fines militares, se usaba el cibixiclabal o ahumadero en Totonicapa y Huehuetenango (FUENTES Y GUZMLN, 1972, III, 12).

Los indígenas ecuatoriales sabían comunicarse entre sí por este medio, utilizado también por los pueblos euroasiáticos. En el siglo XVI, los cumanagotos costeros de Venezuela avisaban mediante humadas la llegada de barcos españoles con captores de esclavos o expediciones punitivas, para que sus congéneres del interior se pusieran a cubierto (CIVRIEUX: COPPENS, 1980, 173). Los chocoes se guiaban por humos de día para localizar a los catíos, y de noche los atacaban (TORRES DE ARAUZ, [1966?], 167).

Durante la expedici6n de Miguel de Ochogavia por el Apure, en 1647, vieron los españoles en varias ocasiones grandes fuegos, “con que los indios se dan avisos ciertos de las novedades que tienen” (CARVAJAL, J., 1956, 127, 148, 161) . En Iquira, actual Huila, durante las guerras indígenas se encendían humaredas para convocarse al ataque por las tribus aliadas, cuya última arremetida fracasó en 1656 (GARCÍA BORRERO, 1939, 27). Los pijaos usaban este medio de comunicación (LUCENA SALMORAL, 1963, 378). La humada no es ostensible sino durante el día, en tiempo más o menos despejado.

b)          Candeladas.

De noche opera mejor la hoguera o candelada; pero no hay constancia documental de que este medio se usara por los indígenas, supuesto que no guerreaban de noche sino en casos excepcionales. Hasta los caribes, aunque acechaban de noche los caseríos enemigos, no atacaban sino a la madrugada (BIET, 1896,63-64).

Los únicos de que se tienen noticias eran los chocoes contra los cunas (Spanish Manuscript: TORRES DE ARAUZ, [1966?], 167); pero la alta humedad y el bosque cerrado hacen casi imposible encender candeladas.

Al contrario, los pueblos del Viejo Mundo sí utilizaron ampliamente este sistema de alarma. Por ejemplo, los ingleses, cuando se aproximaba a las costas de la Gran Bretaña la Armada Invencible de Felipe II (ROGERS and BEARD, 1951, 171). El Virrey del Perú, conde Castellar (1674-1678), ante el anuncio de la presencia de piratas ingleses en la costa sur, dispuso que se establecieran centinelas, para avisar con candeladas y ahumadas (HANKE, 1979, V, 119).

c)          Atisbo.

Los indígenas del golfo de Panamá, islas de Las Perlas, tenían unas torres — en la Argentina, mangrullos — para avizorar en el horizonte la aproximación de personas o grupos amistosos u hostiles (LINNÉ, 1929, 68-69). Desde el punto de vista de la construcción, se habló de ellas en el segundo tomo de esta obra (PATIÑO, 1990, II, 141-143). Los incas tenían atalayadores disfrazados de mercaderes (MURRA, 1983, 211). Lo relativo a vigías durante la dominación española, se puede ver en el capítulo XXI. En área maya en Cozumel había atisbaderos en los edificios más altos (SABLOFF: BENSON, 1977, 81-82). Observatorios astronómicos allí mismo, se mencionan con reservas (SCHÁVELZON, 1982, 251).

d)          Señales.

Para guiarse en senderos o caminos, ha sido costumbre de todos los pueblos del mundo — y los amerindios no fueron excepción — marcar la ruta en cortezas de árboles, o bien tronchando ramas en determinada forma (VARGAS MACHUCA, 1599, 63; SIMÓN, 1981-1982, VI, 404), en muchos casos, mediante un código sólo inteligible por el viajero o por la comunidad a que pertenecía. Así lo hacían los mayas (CARDOS DE MÉNDEZ, 1978, 30) y en el sector ecuatorial (GUMILLA, 1955, 172; FABO, 1911, 43; URIARTE, 1982, 153). En el volcán de Cumbal, para no perderse en el recorrido, los indios ponían a trechos hojas de frailejón, que se distinguen por su color plateado (BOUSSINGAULT, 1985, V, 76, 79).

En cuanto a la orientación, los cunas se guiaban por el sol o por los árboles según la dirección en que los dobla el viento; o hacían muescas en la corteza de éstos para ver el lado más grueso, que siempre quedaba hacia el sur, e indicaban con nudos el tiempo necesario para viajar de un lugar a otro (WAFER, 1967, 104-105). Los caribes de Cayena se orientaban por el sol y las estrellas; podían reconocer la Osa Mayor y las Pléyades (xerik), y se guiaban por ellas como signo calendario. También consideraban el sur como el punto cardinal hacia donde los árboles suelen ladearse. En sitios desconocidos hacían señales en los troncos y quebraban ramas. Caminaban velozmente, eludiendo las palizadas, y casi no dejaban huellas visibles (BARRARE, 1743, 179-181).

e)           Piedras.

La costumbre de depositar piedras en determinados lugares, como ofrenda religiosa para propiciar la buena suerte en el camino (la apachita o apacheta de los peruanos), fue conocida en los Andes. Como los sitios donde se colocaban las piedras eran sumidades, pasos cordilleranos o cruces de caminos, en forma indirecta esto podía servir de orientación (ARRIAGA, 1968, 218; ATIENZA, 1931, 115; VON HAGEN, 1976, 73-74, figs. 6; MERISALDE Y SANTIESTEBAN, 1894, 64-65). No se han hallado hasta ahora a alturas menores de 4.200 ms. (HYSLOP, 1984, 30, 309-312).

Si pasan de tierra templada a caliente, a donde les parece batallan los dos temples, hacen un montón de piedras, palos, ramos y yerba de ofrecimientos, que no pasa ninguno que no lo haga, que es ceremonia que hacen para no morirse, y aunque sea en presencia de los españoles lo hacen, y si se lo deshacen o pegan fuego, es para ellos gran enojo (VARGAS MACHUCA, 1599, 135v.-136; —, 1892, II, 87).

Los mayas reverenciaban las piedras grandes que hallaban en los caminos (FUENTES Y GUZMÁN, 1972, III, 273). Estas señales fueron suplantadas por signos católicos durante la dominación hispánica. En el páramo del Almorzadero en la Cordillera Oriental, había cruces de madera (BOUSSINGAULT, 1985, II, 99).

f)    Otras señales visuales.

El vuelo concéntrico de los zamuros es indicativo de res u otro animal muertos, e indirectamente, de tribus cazadoras (CARVAJAL, J., 1956, 146-147). El cadáver del Zipa de Bogotá fue localizado por este medio (SERRANO Y SANZ, 1916, 126).

Rocas pintadas.

Los estudios adelantados sobre este tema son meramente descriptivos de las pictografías o los petroglifos (SIMÓN, 1981- 1982, III, 173; PÉREZ DE BARRADAS, 1941; SPRUCE, 1908, I, 260- 261; II, 478-488; SCHOMBURGK, 1923, II, 176-177; WALLACE, 1939, 666-670; RIVERO, 1956, 282; PERA, 1892, 26; ARCILA VELEZ, 1956), pero no profundizan sobre el significado de las figuras, aunque alguno las relaciona con la caza (BOSCH GIMPERA, 1964, 278).

Mensajes dibujados o con otros signos.

Los aztecas y los mayas tenían escritura jeroglífica y podían comunicarse por este medio. Hernán Cortés, cuando preparaba su expedición a Honduras, recibió de los indígenas un mapa pintado en tela de algodón, en el cual estaban señalados las rutas y los nombres de los poblados que tenía que pasar (CARDOS DE MÚNDEZ, 1978, 31). Mejicanos y mayas manufacturaban rutinariamente papel — bajo los respectivos nombres de amatl y huum — de las fibras corticales de varios árboles, especialmente Ficus (MILLARES CARLO y MANTECÓN, 1955, I, 85-86 ), pero también de fibras de maguey (FUENTES Y GUZMÁN, 1969, I, 218), aunque algunos tratadistas pongan esto en duda. Parece que la interpretación de las figuras estaba reservada a los sacerdotes

(XIMÉNEZ, 1929, 1, 4, 5, 53, 65; LANDA, 1938, 75, 79, 207, 372; LÓPEZ MEDEL, 1982, 320-321; VON HAGEN, 1977). Con relación a Guatemala, un autor colonial dice, al referirse a los manuscritos indígenas, “que no hay cabeza de partido sin ellos” (FUENTES Y GUZMÁN, 1972, II, 125). Todavía perduran algunos de los códices mejicanos, pese a la destrucción sistemática de que fueron objeto.

También los nicaragüenses tenían escritura jeroglífica, libros y archivos, la mayor parte de los cuales fueron quemados, en 1524, por el padre Bobadilla en la plaza de Managua (GÁMEZ 1889, 38, 60; STONE, 1946, 122). Asimismo usaban pergaminos de venado (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, IV, 364; GÁ­MEZ, op. cit., 38; STONE, loc. cit.). Por su parte, los peruanos tenían el sistema de los quipus o cuerdas anudadas (ROMÁN Y ZAMORA, 1897, II, 64-69), que podían ser llevadas sin trabajo por los chasquis, debido a su poco peso, y los chocoes (TORREZ DE ARAUZ, [1966?], 137).

Los caribes de Cayena se transmitían mensajes por medio de cuerdas anudadas; si resolvían hacer guerra, lo anotaban del mismo modo (BIET, 1896, 47-48, 53, 54). Esto se llamaba careta o kexy (BARRÈRE 1743, 183). Los guanacas usaban quipus de cabuya (OTERO, 1952, 179-180). Este tema de los quipus, por relacionarse más bien con las pesas y medidas, se tratará en el volumen VI de esta serie, dedicado al comercio.

Marcas corporales.

Para hacerse conocer y evitar ser atacados, algunos mensajeros indígenas acostumbrarían marcas pintadas en el cuerpo, con dibujos que tendrían significado especial. El tema de la pintura corporal corresponde al volumen IV, sobre vestidos y adornos. En él se podrán hallar los datos pertinentes.

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