HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor


       (CONTINUACIÓN CAPÍTULO 24)

8.   Otros comerciantes.

Mindalaes, comerciantes o tratantes forasteros en el Chocó, había en el siglo xviii (CAMPO Y RIVAS, 1803, 39). Ya no una clase especial sino casi toda la población, tenía una vocación comercial definida en algunas regiones. Los españoles se admiraban del sentido comercial de los indios cartageneros, que aprendieron a no dejarse engañar con los precios de las cosas que vendían. Los chibchas eran por naturaleza comerciantes y tenían mercados establecidos. El licenciado Melchor Pérez de Arteaga, oidor en Santa Fe, en su relación de 1561 (debe ser de él aunque figura como anónima) cuenta el caso de un indio muisca que anduvo con un pan de sal a cuestas por varias poblaciones, hasta que halló quien se lo comprara con buena cuenta (RGNG, 64, 65). Un indio de Muequetá habría sido el que informó a Belalcázar, en Quito, sobre la existencia de El Dorado (SIMÓN, 1981-1982, III, 320, 321; PLAZA, 1850, 124).

La sal constituía un artículo de comercio importante en el Nuevo Reino y presentaba oportunidades para los viajes fuera del área chibcha. Los indios taromas de Manaus comerciaban con Cayena y los caripunas, de quienes obtenían armas (FRITZ, 1967, 73- 74); los manaves o manaos eran asimismo comerciantes a larga distancia (ibid., 62-63, 93).

9.          Comerciantes marítimos.

Los más profesionalizados quizá fueron los balseros de la costa ecuatoriana, que emprendían viajes por el sur no sólo a Túmbez, sino también a Piura, y por el norte no se sabe hasta dónde. Navegaban cerca de la costa y estaban en contacto con las tribus litoráneas probablemente tan al norte como el golfo de Panamá. Parece, sin embargo, que sus operaciones más importantes eran hacia el sur, para recibir en cambio de lo que llevaban — entre otras cosas, conchas y grana —, artículos como el estaño y el cobre del Alto Perú, que les permitían producir objetos de bronce. En cuanto a los contactos con Centro y Mesoamérica, sólo se pueden inferir arqueológicamente; pero no hay confirmación en otras fuentes.

10.   Otros contactos comerciales.

Como en todas partes, parece que en la América equinoccial el comercio era preferentemente de artículos de lujo o tenidos como tales (conchas y caracoles de mar, chaquira y piedras preciosas [esmeraldas] o semipreciosas [jade], oro en bruto o trabajado, pinturas corporales — la chica, por ejemplo, no se daba dondequiera— y no tanto de cosas de comer, porque en esto cada tribu era mas o menos autosuficiente, excepto para la sal.

No obstante, uno de los renglones objeto de comercio en nuestros días, entre los chocoes del medio Atrato (Arquía) y los cunas de Panamá, son semillas de plátano (o sea, colinos) (PRESTÁN SIMÓN, 1975, 58), quizá por tener fama de excelente el plátano del río Bojayá.

 

SISTEMAS DE COMUNICACIÓN POSTHISPÁNICO

Lo mismo que para la época anterior, los medios de comunicación después de la conquista se dividen en indirectos y directos, y, a su vez, se subdividen de acuerdo con los órganos de los sentidos utilizados para la transmisión y recepción de mensajes.

Algunas de estas señales (espejos, faros) eran conocidas y usadas desde la Antigüedad; otras, sólo desde el Renacimiento (telescopio); telégrafo y teléfono y boyas, en el siglo XVII, y otras, en nuestros días (radio, televisión, etc.).

A) INDIRECTOS

1.     Por la vista

Vigías (véase el tema en el capítulo XXI).

Espejos y heliógrafos.

Se enuncian juntos porque la luz solar es la fuente de energía para operarios. Los griegos usaron espejos ustorios esporádicamente, para fines militares (caso de Arquímedes), y aun quizá para señales comerciales, donde había buena radiación solar. El uso de los espejos comunes parece haber sido muy limitado (STEVENSON, 1959, 11-13). Los heliógrafos bien construidos, con incorporación de espejos, tienen un alcance de hasta cien millas; pero requieren buen sol (RANDELL, [1940], 21).

No hay constancia de que se hayan empleado en grande escala en América española durante la época colonial ni aun después, hasta donde alcanzan las referencias conocidas; pero algún amante viviendo en la vecindad de su amada, quizá utilizó el espejo para comunicarse.

Banderolas.

En la primera guerra con los holandeses (1652), el almirante inglés Robert Blake introdujo en su flota banderolas de colores para enviar mensajes; luego perfeccionó el sistema (RANDELL, op. cit., 11-12). El código de señales por este medio fue adoptado en todo el mundo hasta el presente (ibid., 12-15). Perfeccionado a fines del XVIII por el almirante Sir Home Popham, fue introducido oficialmente en la marina británica en 1800 (Dupuy & Dupuy, 1977, 743).

Las señales con banderas se han usado en todos los barcos, para distinguir nacionalidades o indicar situaciones. A veces se cambiaban para engañar al enemigo. En esto fueron hábiles los piratas. La flota inglesa desde 1837 anclada en la bahía de Cartagena, el 2 de febrero dio orden por semáforo para suspender el bloqueo que había puesto (LEMAITRE, 1983, IV, 102). En 1857 había semáforo de banderas en el Cerro de la Popa (ibid., IV, 163).

Telégrafo óptico.

El telégrafo de señales movibles de los hermanos Chappe, franceses, fue ensayado con éxito, el 30 de noviembre de 1794, entre París y Lille (LANGEVIN, 1952, 8-11). En 1844 había una red de este sistema con 534 estaciones y 5.000 kms., sin contar el uso en otros países (ibid., 13). En ese año se clausuró ese telégrafo óptico, para ser sustituido por el eléctrico de aguja imantada (FERNÁNDEZ MACHADO, 1955, 29).

El cuerpo de señales del ejército de los Estados Unidos, fue organizado desde la guerra civil por la cuestión de la esclavitud. Fue transferido, en 1890, al Weather Bureau del Departamento de Agricultura, para fines meteorológicos (SQUIER, 1933, 124-155). También en España se usó el telégrafo óptico (CARRERAS y CANDI, 1935, 502-527). No hay constancia de haberse usado en la América equinoccial.

Semáforos.

El semáforo de señales fue inventado en 1767 por el inglés Richard Lowell Edgeworth (RANDELL, op. cit., 16). Lo usó Napoleón Bonaparte (ROGERS and BEARD, 1951, 189-194). Samuel Morse desalentó al Secretario del Tesoro de Estados Unidos de adoptar este sistema, que no operaba de noche (HARLOW, 1936, 13-14, 33).

La situación cambió con el uso regular de la electricidad, y el semáforo funciona actualmente en todo el mundo, especialmente para guiar el tráfico urbano.

Faros y radiofaros.

Los faros fueron utilizados por los egipcios en la Antigüedad, y luego en varios países europeos. El que estaba cerca de Alejandría (en 280 a.C.), se considera como una de las maravillas del mundo. Primero eran hogueras suspendidas en canastos; el combustible fue variando desde leña o carbón, cuerdas o trapos empapados en alquitrán, hasta la linterna colgante de veinticuatro velas, y luego aceite, kerosén y gas (ROGERS and BEARD, op. cit., 173). El alcance de la luz en estas condiciones, es de unas veinte millas (ibid., 174; STEVENSON, 1959, 271-274).

La palabra faro se ha convertido, por lo menos en el lenguaje literario, en símbolo de seguridad, el operativo por excelencia para orientar y guiar. En La Coruña había una torre de señales antes de 1600 (STEVENSON, op. cit., 19-20), cuyo origen es algo confuso (MARIANA, 1950, I, 11). Fue reparada a instancia de comerciantes ingleses y alemanes, empezando a trabajar en 1797 (ibid., 64). En 1785, al establecerse el Real Consulado de Galicia, se acometió la reparación, que duró cuatro años y costó 40.000 duros; los trabajos se hicieron bajo la dirección del ingeniero naval Eustaquio Giannini. En 1847 se estableció el servicio regular que dura hasta el presente. En 1904 se le instaló luz incandescente con destellos cada tres minutos. La altura de la luz sobre el mar es de 103.91 ms., y la del faro, de 48.97 ms. (TETTAMANCY GASTÓN, 1920, 143-144, 153-154). Otro autor le atribuye cuarenta metros de altura (PÉREZ BUSTAMANTE, 1974, 85). El primer faro de Boston se instaló en 1716 (STEVENSON, op. cit., 173-176).

En 1818 funcionó por algún tiempo, en El Morro de La Habana, un reflector que se descontinuó por la dificultad de obtener gas (ibid., 84). Derechos de faro se cobraban a la Compañía concesionaria desde 1827 (RODRÍGUEZ MACÍAS, 1958, 50). También se habló de un reflector de luz en Veracruz hacia 1815 (STEVENSON, fig.). Los franceses que empezaron la construcción del canal de Panamá, montaron en el Atlántico un faro, cuyo fanal se halla ahora en el Museo del Hombre Panameño.

A partir de 1872 se colocaron varios faros en la costa ecuatoriana: en Punta Mandinga y en Esmeraldas, el 9 de octubre y el 30 de diciembre, respectivamente; en 1873, los de Punta Arenas (5 de julio); boyas en los bajos de Mala (5, 12 y 18 de septiembre), y lo mismo en los bajos de Atacames (8 de noviembre) (ROLAND, 1930, 37, 38, 39). El faro de la isla Plata se inauguró el 20 de septiembre de 1888 (ibid., 60). Se terminó el edificio para Cabo Pasao, el 11 de marzo de 1891 (ibid., 63). El faro de Jambelí se inauguró el 4 de mayo de 1900 (ROLANDO, 1958, 69). El presidente Rafael Reyes hizo instalar varios faros y boyas (LEMAITRE, 1981, 340) . El radiofaro es invento de la segunda mitad del siglo XX (RANDELL, [19401, 188-191).

Telescopio.

Perfeccionado por Galileo Galilei a principios del siglo XVII, su uso quedó restringido por el costo de la construcción y la alta tecnología que involucra.

Mauricio de Nassau y Gustavo Adolfo de Suecia usaban en sus campañas telescopios portátiles (DUPUY & DUPUY, op. cit., 528). Al área de este estudio trajo el telescopio astronómico la Comisión franco-española de medición del arco del meridiano, a mediados del siglo XVIII. Humboldt y Bonpland trajeron consigo telescopios en su célebre expedición (1799-1805), e hicieron innumerables lecturas.

En Bogotá se montó uno a principios del siglo siguiente, en el recién construído Observatorio Astronómico de Mutis. Éste regaló cuatro anteojos acromáticos, tres telescopios de reflexión y un reloj astronómico de Graham (BOUSSINGAULT, 1985, III, 64). Francisco José de Caldas manejó el Observatorio desde 1805 hasta su afiliación a la causa de la Independencia. Había obtenido prestado un telescopio acromático en Cali (PÉREZ ARBELÁEZ, 1967, 161). En el viaje que hicieron al Meta en 1824, los miembros (le la Comisión Científica Francesa en la Nueva Granada llevaron un telescopio de espejo metálico (BOUSSINGAULT, 1983, II, 40; IV, 7).

Anteojos de larga vista.

Se puede decir que la gestación de este invento ocurrió en la última década del siglo XVI, en Holanda; y en 1608 tuvo su primera demostración eficaz en La Haya (VAN HELDEN, 1977, 25-26; ZUMTHOR, s. f., 149-150; VERNET GINÉS, 1975, 116-118). En las costas se usó algo para atisbar la llegada de barcos, como en el litoral africano lo hacía el negrero español Pedro Blanco para otear barcos ingleses, después de la prohibición de la trata (SAMHABER, 1964, 312).

Durante el sitio de Cartagena en 1815, Pablo Morillo se apostó en la ensenada de Guayepo y desde allí habría revisado con catalejo las operaciones militares (LEMAITRE, 1983, III, 127). Las fuentes documentales sobre esto son escasas. Más bien se sabe que se empleó el catalejo en las guerras civiles.

Boyas y balizas.

Las primeras boyas se conocían en la isla de Zelandia, en el siglo XVI (OVIEDO Y VALDÉS, 1983, I, 177). Se empezaron a utilizar en los Estados Unidos desde principios del siglo XVIII. La primera se puso en Little Brewster, isla de Boston, en 1716, y la primera dotada de luz se colocó en el estuario del Támesis, en 1880. Antes de 1882 no había homogeneidad en las señales, sino que cada país tenía las suyas. En 1937, la Liga de las Naciones propició un acuerdo internacional para unificar los sistemas cardinal y lateral. En 1846 se puso una bauza en la costa de Mosquitia (ARBOLEDA, 1919, II, 281-282). Ahora son comunes en todos los puertos del mundo y en sitios especialmente peligrosos.

Fotografía.

Algunos viajeros extranjeros en América hicieron uso de este arte, inventado a mediados del siglo XIX (APPUN, 1961, 355). En 1856 funcionaba en Bogotá la fotografía de Jerónimo Martínez (ARBOLEDA, 1933, IV, 509). Luciano Rivera y Garrido fue uno de los pioneros en esta actividad, así como el pintor Luis García Evia (GIRALDO JARAMILLO, 1980, 53-54, 61-62). En la Exposición Nacional de 1871 se exhibieron fotografías de Antioquia tomadas por Luis García Evia, Daniel Ayala y Pastor Restrepo (MEDINA, 1978, 238).

Brújula.

Francisco García del Tobar fue de los conquistadores de Popayán llegados con Pedro de Alvarado; en su entrada al valle interandino ecuatoriano, se orientó con “reloj” (brújula) (JIJÓN Y CAAMAÑO, 1936, I, 64).

Televisión.

Por este medio, el mensaje llega simultáneamente por la vista y por el oído (véase capítulo XXIX).

2)   Por el oído.

Golpeteo.

Este sistema lo usan algunas tribus de África. Sobre el suelo duro se producen golpes rítmicos que son percibidos a distancia por oídos entrenados. También lo utilizaron los indios norteamericanos (RANDELL, [1940], 10; ROGERS and BEARD, 1951, 250-252) . No hay constancia documental del uso en la América equinoccial, como no sean los tambores de patear sobre un hoyo o en el suelo — tambores de pies —, de algunas tribus amazónicas (ABADÍA, 1977, 262).

Campanas.

Los católicos las tomaron de los romanos, que las tocaban para señalar la hora de dejar el juego de pelota y pasar al baño, según afirma Marcial (CARO, 1978, II, 36-37; CASCALES: OCHOA, 1965, II, 527-528; MORRIS, 1951, 2-3).

En Europa comenzaron a usarse en el siglo XIII; en Asia, su empleo es más antiguo. En el primer caso no se limitaron a la función religiosa de llamar a los fieles católicos, sino que servían para dar alarma ante el peligro (SANTA MARINA, 1949, 2ª Serie, 112-113). Se acostumbraba tañerlas y hacer disparos contra los nublados, entre las modalidades supersticiosas de los españoles (CIRUELO, 1977, 155; DWORAKOWSKA, 1938, 9, 5-17). Almanzor (940-1002) hizo llevar a hombros de cristianos las campanas del templo de Santiago de Compostela, para fabricar con ellas lámparas en la mezquita de Córdoba (DOZY, 1982, I, 19; 1984, III, 190). En el movimiento de péndulo que siguió con la recuperación católica, en 1238 el rey San Fernando hizo devolver lo que quedaba, de Córdoba a Santiago (SIMONET, 1983, IV, 778; MARIANA, 1950, I, 236, 367-368).

Fueron introducidas por los españoles al Nuevo Mundo, aunque algunos pueblos indígenas americanos (costa ecuatoriana) tenían unas campanillas de cobre con badajo suelto, de muy poco efecto como productoras de señales, y que quizá eran juguetes, pero que en el área maya constituían moneda (LOTHROP, 1937, I, 71, 106-107), y los indios las traían con frecuencia en las manos (FUENTES Y GUZMÁN, 1972, II, 82). También se hicieron campanillas en Honduras y en Panamá (LOTHROP, 1937, 1, 71, 107-108). Campanas llegaron a fundirse en el Perú, en el siglo XVIII (CAPPA, 1892, VIII, 166-174) y aun antes (CALVO, 1964, 89). Se solían fundir en el mismo sitio, por la dificultad del transporte (BENAVIDES, 1961, 258-259). Cuando no las había, se suplantaban (y todavía se hace con un trozo de riel), con barras de hierro de distintos diámetros, para producir una gama de sonidos (PALACIOS DE LA VEGA, 1955, 28). Ellas anunciaron también movimientos de independencia (CASANOVA DE PÁRRAGA, 1969). En 1811, el canónigo Uscátegui de Mérida fundió campanas para hacer cañones a los patriotas (PARRA PÉREZ, 1964, 265).

Gong.

Palabra onomatopéyica, originaria del javanés y el malayo. Sobre su uso en América, véase Nordenskiold, 1930, 8: 229-233.

Matracas.

Término proveniente del árabe (G-MA, 884). Eran preferidas a las campanas por los mahometanos en sus ceremonias religiosas (SIMONET, 1983, I, 86), aunque los católicos las adoptaron para ciertos ritos.

Atabal o timbal. Caja o tambor.

En la batalla de Guadalete (711 d.C.) los godos hacían señales con trompetas, y los moros, con atabales de metal (MARIANA, 1950, I, 182). En 1632 se tocó la caja de guerra en San Cristóbal de Cumanagoto, para anunciar la llegada de Juan de Urpí (VILA, 1975, 164).

REGRESAR AL ÍNDICE

SEGUIR AL SIGUIENTE CAPÍTULO (continuación)

 

 

Comentarios (0) | Comente | Comparta