HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
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CAPÍTULO XXV

CORREOS

El tratamiento del tema del correo en América, se puede dividir en cuatro grandes períodos: 1) El servicio tradicional con los chaskis (esta palabra fue adoptada por los españoles) o indios mensajeros, dentro de una organización laxa o informal, o sin ella. 2) El de monopolio particular desde 1514, cuando apenas empezaba la colonización propiamente dicha, con la llegada de la expedición de Pedrarias. 3) El servicio oficial, iniciado teóricamente en 1707, aunque se siguiera arrendando por un tiempo a particulares. 4) El correo durante el período republicano.

Todas estas etapas se superponen o imbrican. Aun ahora hay casos en que el sistema primitivo de enviar cartas por intermedio de amigos, es más efectivo que el de las agencias oficiales.

1er. período, indios chaskis.

En las Leyes de Indias, lib. III, tít. XVI, leyes XXI y XXII (Recopil., 1943, 653-660), se dispuso que se relevara a los indios chaskis de cualquier otro trabajo o actividad, y que se les pagaran cumplidamente sus emolumentos (PÉREZ, R., 1947, 264). No obstante esto, se cometieron con ellos abusos que están debidamente documentados (ibid., 266-267). (Véase chaskis, en el capítulo XXIV). Durante las campañas de conquista realizadas por Andrés de Valdivia en Antioquia, en la segunda mitad del siglo
XVI, los capitanes de ese gobernador usaban indios yanaconas en calidad de mensajeros. Algunos de ellos con cartas, cayeron en poder de los indios rebeldes (SIMÓN, 1953, VII, 95).

La primera reglamentación en la dominación hispánica se hizo en tiempos del virrey Enríquez (1581-1583) (REGAL, 1936, 17; HANKE, 1978, I, 176-178), y otras, en las administraciones del conde de Villardonpardo (1585-1590) (ibid., 1, 225-226); Luis de Velasco (1596-1604) (ibid., II, 56, 107-108); príncipe de Esquilache (1615-1621) (ibid., II, 176-236). El marqués de Guadalcázar (1622-1629) arregló el correo y les hizo pagar a los chaskis lo que se les debía de muchos aíios (ibid., II, 254-255). Su sucesor, el conde de Chinchón (1629-1639), reglamentó también este servicio (ibid., III, 55). El marqués de Mancera (1639-1648) quitó de chaskis a los indios, para reemplazarlos por mestizos, mulatos y negros (ibid., III, 159-160, 263-264, 281, 283). En el período del duque de La Palata se organizó el correo de manera que llegara a Lima tres veces al mes (ibid., 1980, VI, 66).

Es entendido que los indios chaskis anduvieron siempre a pie, inclusive ya bien avanzado el período colonial, cuando la cría de caballos y mulas había sido estabilizada. Aun en la primera mitad del siglo XVIII, al establecerse en la Audiencia de Quito el servicio de postillones blancos o mestizos a caballo, las bestias que debían conducir las encomiendas postales se cargaban con efectos comerciales del postillón, y los indios mitayos tenían que llevar a sus espaldas el correo (PÉREZ, R., op. cit., 267-268), por lo menos en un sector del Ecuador interandino.

Es verdad que desde 1642 el servicio de chaskis fue sustituido por el de postas a caballo, durante la administración del virrey peruano marqués de Mancera (REGAL, op. cit., 17); pero eso debió de ser para lugares andaderos. De todos modos los indios siguieron en el oficio, como se deduce de documentos posteriores (BOSE, 1951, 11). Las audiencias, cabildos y otras entidades pagaban a los chaskis la conducción de pliegos o cartas; pero los particulares se valían por lo general, de comerciantes, viajeros o amigos para el envío de la correspondencia.

He aquí lo que había que pagar a los indios carteros que iniciaban sus recorridos en la ciudad de Mérida: un real por día; a Santa Fe 20 pesos de ida, estada y vuelta respectivamente; a Pamplona, Grita, Barinas, Pedraza, Gibraltar y Trujillo ... y deteniéndose en Santa Fe o Pamplona o Trujillo y más de ocho días, se le ha de pagar por cada día de los que así se detuviere esperando su despacho, un real de plata (GUTIÉRREZ DE ARCE, 1946, 130, 1178; ARGILA FARÍAS, 1957, 264).

2° período. Monopolio particular.

Con el nombramiento del jurisconsulto Dr. Lorenzo Galíndez de Carvajal, el 14 de mayo de 1514, como “Correo Mayor de las Indias”, nombramiento confirmado por Carlos V el 27 de octubre de 1525, se puede decir que empezó un esbozo de organización del correo ultramarino, aunque la labor del nombrado se limitaba a enviar los correos y mensajeros necesarios para virreyes, gobernadores, jueces y oficiales, o sea, que se creó un virtual monopolio para el servicio, en primer término, de las esferas oficiales (ALCÁZAR, 1920, 50-51; LORENZO SANZ, 1979, 1, 25-27, 20 nota, 29, 37). Los descendientes de Galíndez heredaron el cargo.

3 ° período. Servicio oficial-colonial.

Poco a poco el Estado fue asumiendo el control de las comunicaciones. A medida que aumentaba el volumen de las cartas y encomiendas, los arbitristas fiscales de la Corona se percataron de que, tomando por cuenta de la administración ese servicio y reglamentándolo, se podían obtener ingresos adicionales para las cajas reales, siempre en bancarrota.

En 1707, Felipe V incorporó el correo a la Corona, aunque, por incapacidad oficial, se siguió arrendando a particulares, por períodos fijos (ALCÁZAR, op. cit., 50-51, 83-90). El 23 de abril de 1720 (las cosas andaban despacio entonces) se expidió un primer reglamento (ibid., 80-87).

En la Nueva Granada, el presidente Antonio de la Pedrosa cambió, en 1718, el sistema antiguo, centralizándolo, y el virrey Baltasar Jorge de Villalonga (1719-1724) prolongó el servicio hasta Quito y Lima y reforzó las medidas reglamentarias (ORTIZ, S. E., 1970, IV, I: 317-319; Apéndice V, 340-342; BECKER y RivAs, 1921, 94-95). Un paso adelante en la estatización lo dio Fernando VI cuando nombró, el 17 de junio de 1743, a José de Carvajal y Lancaster como “Superintendente General de Postas y Correos”; pero fue Carlos III quien acabó con los privilegios (ALCÁZAR, 1920, 88-90; CARRERA STAMPA, 1970, 9).

Uno de los herederos del concesionario Galíndez, la condesa de Castillejo, Catalina de Carvajal y Vargas, reclamó el cumplimiento del pacto, y por cédula del Buen Retiro, del 30 de septiembre de 1754, se dispuso que se le entregara el servicio en el Virreinato de la Nueva Granada, con la condición de que reembolsara a la Corona lo gastado hasta entonces en el mejoramiento del correo (ALCÁZAR, op. cit., 61-62, 141-142).

De todas maneras, incumbía a las autoridades reglamentar toda actividad y controlar la prestación del servicio. Eso había hecho el virrey Marqués del Villar, José Alfonso Pizarro (1749-1753), en unas ordenanzas expedidas el 10 de junio de 1750, con disposiciones detalladas sobre el correo por el río Magdalena. Limitaba el porte franco a cosas oficiales, por lo cual, el Tribunal de la Inquisición de Cartagena se sintió afectado y reclamó que se le siguiera otorgando la franquicia (ibid., 78-79, 190-200). Parece que no logró la revocación de la medida. En todo caso, se debe a este virrey, quien halló el servicio postrado, algunas mejoras como las indicadas (ORTIZ, vol. cit., 319).

El primer correo entre Maracaibo y Santa Fe funcionó a partir de 1751. Cada 32 días, dos chaskis debían salir respectivamente de Maracaibo y de Santa Fe y encontrarse en Pamplona, para intercambiar sus valijas. Las otras administraciones autorizadas estarían en Tunja, Tequia, San Cristóbal, La Grita y Mérida. Las valijas eran de vaqueta o cordobán con dos candados de llaves iguales, y tenían la forma de carteras, hechas según la medida oficial para poder llevar el peso de doce libras de papel. La correspondencia se registraba en la factura correspondiente, llamada entonces cartacuenta. La distancia fue calculada en quince jornadas de Bogotá a Pamplona, y quince de ésta a Maracaibo, debiendo el chaski permanecer en esta un día (Porte). El Correo iba por Gibraltar, donde las autoridades debían suministrar inmediatamente la embarcación que debía llevar las valijas a Maracaibo (BESSON, 1943, I, 435-437, 614-620).

El 30 de enero de 1762 se habían dictado unas ordenanzas de correos; pero la organización del servicio sobre las nuevas bases sólo empezó a efectuarse bajo la dirección de José Antonio Pando, comisionado por el rey para hacer esto en los virreinatos del Perú y de la Nueva Granada. Partió hacia La Habana en 1769 y luego fue a Cartagena, Bogotá, Quito y Lima, adonde llegó en mayo de 1772, para hacerse cargo de la renta como Administrador General (BOSE, 1951, 18). En las ordenanzas formuladas por Pando en Bogotá el 15 de diciembre de 1770, se establece la prohibición de que personas no autorizadas presten el servicio, y que a los denunciantes de esta transgresión se les pague la mitad del valor de la multa que se aplica a los “arrieros ordinarios, patronos o pilotos de las canoas, trajinantes, mercaderes, peones caminantes a pie o a caballo y otros cualesquiera particulares” (BESSON, 1943, I, 614-620).

En 1764, Carlos III estableció el correo marítimo (HENRI, 1807, I, XII; ALCÉZAR, op. cit., 99; LORENZO SANZ, 1980, II, 312, 315; CAMPOMANES, 1975, 321 y nota). Una línea iba de Coruña a La Habana con escala en Puerto Rico, y desde Cuba hasta La Guayra y Cartagena (COLÓN, D., 1930, 71) En realidad, la organización del correo marítimo comprendía (en el área de este estudio) la carrera de Cartagena y Provicia de Venezuela y Tierra Firme (gran parte del Perú hasta Lima para los que quisieran escribir por esta vía) a mediados de cada dos meses, empezando desde enero. Había cajas en Puerto Rico (RODRÍGUEZ MACÍAS, 1958, 8, etc.), La Guaira, Caracas, Cartagena, Quito y Lima (HENRI, 1807, I, XII, XIX). Los pueblos beneficiados pasaban de 12.000, y su lista (hay numerosas duplicaciones y sitios fantasmas) se elaboró al terminar el período colonial (ibid., VIII, XX). Muchas cartas atrasadas o sobrantes se archivaban por esa causa (ibid., IX).

Pando partió de Bogotá hacia Quito en 1771; desde Popayán escribió al cabildo de Cali, con fecha 14 de septiembre, instándolo a que se encargara de la administración, mientras se encontraba en esa ciudad una persona a propósito; organizó el servicio en todo el occidente, para que cada quince días saliesen correos hacia Santa Fe, Cartagena y España; y fuera de eso, otro servicio enlazaría a Popayán con Cartago, Anserma, Toro y puntos intermedios.

El correo partiría de Popayán el 4 de cada mes a la media noche; una vez dejadas las valijas correspondientes a los lugares del tránsito y recibidas las que en ellos se le confiaran, llegaría a Cali el 9 y se detendría aquí hasta la noche del 10, en que se despacharía para Buga adonde arribaría el 12 a medio día. De Cartago saldría el conductor, de regreso, el 18 por la noche, entraría a Buga el 21 a medio día, en esa ciudad se detendría hasta la misma hora del 22; tocaría en Cali el 23, de noche, y continuaría su marcha veinticuatro horas más tarde; pasaría por Quilichao u otro punto en donde dejaría las cartas para esa villa y Caloto y estaría de retorno en Popayán el 29. A cada administración de las que se establecieran en el Valle se le entregaría una llave de la valija, para que el encargado, al paso del correo, sacara el paquete correspondiente a su localidad e introdujera el que debía despachar. El señor Pando nombró el 72 [1772] administrador de correos de Cali a don Damián Díez de la Fuente y suplente del mismo, a don José Fernández de Córdoba. Ambos eran mercaderes de esta carrera y hacían su tráfico con géneros desde Cartagena (ARBOLEDA, 1928, 462-464).

Posteriormente, en 1776, se nombró a un señor Yanguas y se reglamentaron los distintivos y exenciones de que gozaría, como los demás empleados (ARBOLEDA, 1956, II, 380). Esto ocurrió durante el segundo gobierno popayanés del señor José Ignacio Ortega (OLANO, 1910, 122). En Pasto comenzó a funcionar el correo en tiempos del gobernador de Popayán, Marcos Antonio Rivera y Guzmán (1719-1722).

En 1750 se reorganizaron las jornadas de correos en Pasto y se dispuso que se pagara lo mismo que en el Perú, o sea: a los chaskis, medio real por legua, y al dueño de mulas y guía, ocho medios reales cada uno (SAÑUDO, 1940, III, 20 y nota 52).

Una oficina regular se abrió en Pasto en octubre de 1771, y lo mismo en los distintos puntos de las etapas (SAÑUDO, 1940, III, 52 y nota). Un chaski de Antioquia a Popayán en 20-30 jornadas, debía recibir 70 patacones (RESTREPO SÁENZ, 1944, I, 252-253). De los virreyes de la Nueva Granada, Solís extendió el correo de Bogotá a Antioquía, Guayaquil, Chocó y Caracas (ORTIZ, S. E., 1970, IV, 2: 63); Messía de la Cerda hizo nueva reglamentación, incorporando el correo como renta (ibid., 151); Guirior y Flórez también se interesaron por la mejora del servicio (ibid., 191, 202). El mismo Pando organizó en la Audiencia de Quito el correo (PÉREZ, R., 1947, 264-269).

En Venezuela, el movimiento de correos desde la Penín­sula se regularizó con la Cía. Guipozcoana, entre 1728-1778 (VÉLEZ-SALAS, 1949, 30). Por auto del 6 de octubre de 1795, el capitán general Pedro Carbonell reformó el servicio de correos, creando una organización que perduró (ibid., 30).

A principios del siglo actual, el correo procedente de Colombia se entregaba en Venezuela en El Guayabo, Encontrados (Zulia); pero, por utilización de automóviles y ferrocarril de Cúcuta, se convino en que el punto de enlace fuera la estación Táchira (5. Juan de Colón), en febrero de 1922 (ibid., 292). En Puerto Rico, en su nueva etapa sólo empezó a funcionar el 4 de septiembre de 1813 (RODRÍGUEZ MACÍAS, op. cit., 40). La historia del correo en el Perú se puede hallar en las siguientes obras: GERBI, 1944?, 43-49; El correo en el Perú, 1935; COBO, 1892, III, 267-269.

El servicio de correos y la expedición de la vacuna pueden contarse entre las realizaciones del gobierno español que fueron bien planeadas y organizadas, y de las que se obtuvieron ventajas incuestionables para las posesiones americanas. A fines del período colonial se elaboró un diccionario de las localidades indianas servidas por el correo marítimo de La Coruña, con unas 12.000, teniendo en cuenta que hay bastantes nombres duplicados. Allí figuran más de mil lugares de la Nueva Granada, aunque algunos se encuentran ahora en los países limítrofes (HENRI, 1807).

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