HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor

 

CAPÍTULO XXVI

 

TELÉGRAFOS

 

Antec e d e n t e s.

El primer mensaje telegráfico a larga distancia se envió el 24 de mayo de 1844, entre Baltimore y la Corte Suprema en el Capitolio de Washington (HARLOW, 1936, 98-99), después de muchas pruebas y dificultades (ibid., 35-76; STILL, 1946, 83). Casi inmediatamente empezó a usarse la telegrafía para noticias periodísticas (HARLOW, op. cit., 100-101). En los primeros años hubo depredaciones y daños en las cuerdas y aisladores de cristal; participaban en este sabotaje los niños y los cow-boys: aquéllos, con piedras, y los segundos, con disparos para refinar la puntería (ibid., 13, 340-341). En 1848 se puso aviso de recompensa para quien informara sobre los daños (ibid., 146; ROGERS and BEARDS, 1951, 94-107).

Colombia.

En 1851 se otorgó privilegio para la primera línea telegráfica por el sistema de Bari o de Morse, en Panamá (ARBOLEDA, 1930, III, 215). La instalación se terminó el 12 de agosto de 1855 (ibid., 1933, IV, 264). En 1864 había en Panamá diecisiete leguas de líneas telegráficas (CAMACHO ROLDÁN, 1893, II, 188).

En octubre de 1896, el gobierno de Colombia, a solicitud del de Panamá, tomó a su cargo los 675 kms. construidos por ese Estado y pagó por ellos 55.854 pesos (BERTHOLD, [1921], 22). Por ley del 28 de mayo de 1864, además de establecerse por primera vez un a modo de plan vial nacional, se fomentó la construcción de telégrafos eléctricos y cables submarinos, para la comunicación del istmo de Panamá con el resto de la república. “En virtud de esta ley, sancionada por el Presidente doctor Manuel Murillo Toro, cuenta hoy el país con una red de alambre que une todos los centros poblados del territorio nacional y que mide actualmente 18.164 kilómetros”. (Informe del Director de Correos y Telégrafos, 1912, [ORTEGA DÍAZ 1920, I, 19-20]). El mismo Murillo Toro, en su segunda presidencia, sancionó la ley 52 de 1872, sobre fomento de caminos de herradura y otras vías de comunicación, y también sobre posición de líneas telegráficas (ibid., 1920, I, 22).

En cuanto al territorio continental, la primera línea fue planeada en Nueva York el 1 de noviembre de 1864; el 27 de mayo de 1865, E. Párraga, cónsul general de Colombia, y la firma Henry J. Davison, William Lee Stiles y William W. Wolsey (DAVISON, STILES and WOLSEY) firmaron contrato para formar la asociación “Compañía Anónima Colombiana de Telégrafos”, con capital de $ 50.000.oo, al cual el gobierno aportaría el 50%; los contratistas, el 25%, y el 25% restante se suscribiría por particulares colombianos. Se construiría al costo de $ 45.000.oo la línea Bogotá-Ambalema. La colocación de acciones entre particulares no dio resultado, pues sólo se suscribieron sesenta y tres acciones de $ 100.oo (BERTHOLD, [1921], 5-6). En enero 9 de 1866 se firmo un contrato adicional para tender la línea Nare-Medellín (ibid., 6). De Cuatro Esquinas, en la línea de Ambalema, el contratista Stiles envió el 15 de noviembre de 1865, el primer mensaje telegráfico al presidente Murillo Toro (ibid., 7; VERGARA Y VELASCO, 1974, III, 869, 872-873; RECLUS, A., 1958, nota 300).

El establecimiento de la primera línea telegráfica no se hizo sin la oposición de elementos retrógrados. Con fecha 27 de noviembre de 1866, José María Baraya, del gobierno ejecutivo de Cundinamarca, expidió una circular en que decía que la gente dañaba el telégrafo eléctrico de Bogotá a Honda y pedía colaboración para evitarlo (Circular, 3 págs.). Lo mismo que había ocurrido en los Estados Unidos veinte años antes. Flavio Pinzón, Director General de Telégrafos, se quejaba en 1877 de la destrucción de equipos y líneas por combatientes en la guerra de 1876-1877. Durante la revolución que empezó en 1895, más de 1.100 kms. de cable, oficinas, aparatos y registros quedaron destruidos (BERTHOLD, [1921], 3-4).

No fueron muy felices los principios del telégrafo en Colombia. En la memoria del secretario de Hacienda y Obras Públicas de 1868, Jorge Gutiérrez de Lara, decía que el de Ambalema no funcionaba. Los alambres se utilizaban para fabricar cercas y los postes para estacas, mientras que los aisladores servían como vasos para ingerir licor en las tiendas del camino (BERTHOLD, op . cit., 10-11).

En junio de 1882 había 10.000 kms. de línea ligando doscientos setenta y tres lugares (ibid., 18). La oficina telegráfica de Buenaventura fue inaugurada en 1874 (GUTIÉRREZ, 1921, II, 157). El equipo telegráfico para el Cauca se movilizó por Ibagué, en vez de Buenaventura, en 1884 (KASTOS, 1972, 397). El telégrafo llegó a Pasto en 1888 (HERRERA, L., 1893,68). Pese a todas las dificultades, en 1896 decía Miguel Samper: El telégrafo comunica hoy casi todas las poblaciones de la República entre sí, y a ésta con todos los países de Europa y América por medio del cable submarino. El gobierno presta atención esmerada a este servicio, mediante módica retribución, si se exceptúa la correspondiente a los despachos por cable. Las relaciones sociales y las de comercio reciben de este servicio vigoroso impulso, y aun el orden público encuentra en el medio de defensa (SAMPER, M., 1925, I, 153).

En 1898 había en Colombia unas tres mil leguas dc alambre telegráfico y quinientas veinte estaciones (VERGARA Y VELASCO, 1974, III, 872). Pero la expansión de las líneas telegráficas continuó sujeta al sabotaje de los que erróneamente creían amenazados sus intereses. Dice Rufino Gutiérrez, refiriéndose a Cartago:

El servicio telegráfico se estableció en 1872, siendo constructor de la línea Julio Torrente, y contratista, si no estoy mal informado, Demetrio Paredes, y el primer telegrafista fue Ezequiel Vélez. En ese mismo año se siguió de aquí hacia Buenaventura la construcción de la Línea Con Manizales prestaba la línea un servicio tan imperfecto a causa de que los negociantes en cacao la cortaban dizque para que no los perjudicaran en sus operaciones, que cuando el 19 de agosto de aquel año fue nombrado telegrafista Heliodoro Peña, se le dijo en nota de nombramiento que no tomara posesión si la línea con aquella ciudad no estaba corriente. Siguió tan descuidada y perseguida por aquellos negociantes, que en 1884 hubo que recoger todo el alambre, y no se la reconstruyó hasta 1887. En este último año se la llevó hasta Roldanillo, y en 1914 se la prolongó por las poblaciones de la banda occidental del Cauca hasta Cali. Hoy [1917] entran a la oficina de Cartago dos líneas que vienen por el Quindío, dos del Valle, dos de Antioquia y Caldas y la de la banda occidental (GUTIÉRREZ, 1921, II, 70; SCHENCK, 1953, 41). A la acción de los saboteadores se sumó la de la natura­leza. Por la frecuencia con que los rayos destruían las líneas telegráficas en el trayecto Cali-Popayán, se debía poner una docena de postes de reserva al pie de cada uno de los que sostenían el alambre (PEREIRA GAMBA, 1919, 216). Por decreto núm. 1249 de octubre de 1907, se promulgó el Código Postal y Telegráfico (BERTHOLD, op. cit., 26).

Ecuador.

En el Ecuador se instaló telégrafo, en 1874, a lo largo de la vía ferroviaria de Yaguachi-Milagro (ROLANDO, 1930, 40).

En Guayaquil se organizó, en 1882, la Cía. Telegráfica de Centro y Sur América, cuya primera línea se inauguró el 19 de julio de 1884 (Guayaquil, Conc. Mun. 1887, 12, 13), entre Guayaquil y Quito (ROLANDO, 1930, 52). La línea Alusí-Cuenca se terminó el 22 de agosto de 1885 (ibid., 53). En Otavalo se inauguró el telégrafo el 10 de agosto de 1886; en Ibarra, el 24 del mismo mes; y en Tulcán, el 9 de octubre de dicho año (ibid., 54). El servicio Guayaquil-Loja se estableció el 13 de enero de 1888, y la línea en el puente internacional de Rumichaca, el 15 de febrero de 1888 (ibid., 56).

Venezuela.

Con el súbdito español Manuel de Montúfar se contrató la instalación del servicio telegráfico entre La Guaira y Caracas, que fue inaugurado el 29 de mayo de 1856; en las estaciones terminales había telegrafistas norteamericanos, por no tener el país gente adiestrada (GARCÍA A., 1956, 24; FERNÁNDEZ MACHADO, 1955, 24, 34, 37). Ese mismo contratista llevó la línea a La Victoria, donde el 10 de diciembre de 1857 se instaló el servicio, y en Valencia, el 4 de julio de 1858 (GARCÍA A., op. cit., 25, 26).

Las redes se extendieron hasta Puerto Cabello; pero, debido a diferencias con el gobierno por los daños causados durante la revolución que sobrevino entonces, Montúfar traspasó su contrato y viajó a los Estados Unidos (FERNÁNDEZ MACHADO, op . ci t ., 45-46). En 1864 había en Venezuela veinte leguas de líneas telegráficas (CAMACHO ROLDÁN, 1893, II, 188).

TELÉGRAFO INALÁMBRICO

Colombia.

El 14 de abril de 1912, en Boston, en un aparato inalámbrico recién instalado y que era entonces una novedad, se captó y difundió el naufragio del buque “Titanic” (AULT, 1960, 62-63).

Después de algunas indecisiones por parte de los altos empleados del telégrafo, en 1911 el gobierno colombiano hizo una concesión a la United Fruit Company para operar un telégrafo inalámbrico en Santa Marta, con el compromiso de cursar gratuitamente los mensajes oficiales (BERTHOLD, [1921], 37). En mayo de 1912, el gobierno contrató con Gesellschaft für Drahtlose Telegraphie (Compañía de Telegrafía Inalámbrica) las instalaciones del inalámbrico de Cartagena, con treinta años de garantía. La estación fue cerrada poco después del estallido de la primera guerra mundial, y se reabrió en 1920. En enero de 1913, el gobierno contrató con la misma compañía alemana la erección de la torre inalámbrica en la isla de San Andrés, trabajo que quedó terminado en febrero de 1914 (ibid., 37).

En septiembre de 1913 se contrató con Marconi Wireless Telegraph Company, la instalación de las plantas en Buenaventura, Medellín y Bogotá, mediante concesión por treinta años (ibid., 38).

Ecuador.

Durante la administración del presidente Leonidas Plaza Gutiérrez (1912-1916), en abril de 1913 se terminó la instalación de la estación inalámbrica del puerto de Guayaquil (ROLANDO, 1930, 121-122). Esta unidad empezó a operar en el cerro de Santa Ana, el 11 de septiembre de 1914 (ibid., 126). En Quito se colocó la primera piedra para la estación respectiva, el 24 de abril de 1916 (ibid., 130).

La línea entre Guayaquil y Quito se inauguró el 16 de abril de 1920 (ibid., 145-146). El inalámbrico en Esmeraldas se inauguró el 1 de enero de 1921 (ibid., 151) .

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