HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor


CAPÍTULO III

 

CLASES DE VÍAS Y SUS TRAYECTORIAS

GEOGRÁFICAS

Un tratadista experimentado en la guerra contra los indios, divide los caminos de éstos en: “trochas, marcas, lomas, quebradas, ríos, caminos seguidos y sus atajos”. Las dos primeras son propiamente señales para definir una ruta dada, y no se pueden aprovechar dc ellas sino conocedores o baquianos. Por eso se les dará tratamiento en el capítulo dedicado a “Señales”. En las quebradas y ríos suelen quedar huellas del paso de personas, que un observador hábil puede detectar. Los verdaderos caminos son los de loma, por ser seguidos. “También usan atajos; estos no soy de parecer que los siga [el soldado], si no es viéndose abarrancado, porque son ásperos y trabajosos e inciertos, si no fuere llevando guía cierta” (VARGAS MACHUCA, 1892, 1,187-189).

Para los fines de la presente investigación, las rutas prehispánicas se pueden dividir en dos grandes tipos: 1— caminos comunes o senderos, y II— calzadas. Se desechan las trochas circunstanciales que no formaban un sistema o red vial.

1 — CAMINOS COMUNES O SENDEROS.

Se entiende por tales los que consistían en la simple brecha continua, sobre el suelo natural, sin afirmado ni obras complementarias.

Centroamérica.

Se ha sostenido que los indígenas tenían en Nicaragua senderos estrechos pero bien trazados, secos en todo tiempo y conservados en buen estado (GÁMEZ, 1889, 59). La penetración de españoles de Méjico al sur debió seguir las rutas prehispánicas con guías conocedores (MAC LEOD, 1973, 38). En algunas partes, los españoles tuvieron que hacer ensanches, porque no cabían los caballos (CHAPMAN, 1959, 43-44).

Durante la expedición de Vásquez Coronado a Quepos, se halló un camino seguido, cerca del fuerte de Cotú o Coto (FERNÁNDEZ, 1883, III, 41). Los mercaderes mejicanos hacían viajes regulares a Nicaragua, y aun llegaron hasta la frontera entre Nicaragua y Costa Rica. Los llamados sigua se quedaron entre Costa Rica y Panamá, al saber la caída de Tenochtitlán en poder de los españoles en 1521, lo que quiere decir que de alguna manera habían llegado hasta allí. El arqueólogo Lothrop sugiere la existencia de rutas terrestres desde Méjico hasta Panamá por la costa del Pacífico, la más seca, a lo largo de más de 3.000 kms., permitiendo el comercio del oro de Veraguas y joyas hacia el norte (L0THR0P, 1950, 87; CHAPMAN, 1959, 30, 65-66). Más sobre las probables relaciones de intercambio de América media con Panamá y Suramérica, se verá en el volumen VI de esta obra dedicado al comercio.

Tierra Firme.

1. En todos los países de habla española se celebra como un hecho de gran importancia histórica, el descubrimiento del Océano Pacifico por Vasco Núñez de Balboa en 1513. La República de Panamá ha acufiado su moneda nacional con el nombre de este conquistador y le tiene una estatua. Pero nadie parece acordarse de que Balboa no habría podido hacer el descubrimiento, si Panquiaco — cacique de Comogre — no le hubiera dado las primeras noticias sobre el llamado Mar del Sur, confirmadas después por el cacique Ponca de tierra adentro: “y entre las otras [cosas] le dijo [Ponca a Balboa] que ciertas jornadas de allí había otro pechry, que en aquella lengua [cueva] quiere decir mar” (OVIEDO Y VALDÉS 1959, III, 210-215, 212). El cacique Comogre vivía, al parecer, en la costa apuesta a Puturgandi o Isla de Pinos (LINNÉ, 1929,224).

Las tribus del Atlántico conocían la existencia del Pacífico por hablar la misma lengua cueva (LINNÉ 1929, 70). Guiado y acompañado por indios pasó Balboa de uno a otro lado del istmo. Se cree que, con pocas variaciones, es la misma ruta que siguieron en 1680-1681 bucaneros que dejaron escritas sus experiencias (WAFER, 1967, 193).

2.   Las tribus del golfo de Urabá comerciaban con las del interior, llevando dantas y puercos monteses vivos, sal y pescado, a cambio de oro y algodón (CIEZA, 1947, 361). Esto se hacía, en vez de por los ríos León y Sucio, por filos cordilleranos (PARSONS, 1967, 11), y aproximándose al Cauca quizá por donde sigue ahora la carretera MedellínTurbo. “Los caminos que los indios tenían, que atravesaban por estas bravas montañas [serranía de Abibe] (porque en muchas partes dellas hay poblado), eran tan malos y dificultosos, que los caballos no podían ni podrán andar por ellos” (CIEZA, op. cit., 363).

Bajando del filo de Abibe hacia la cuenca del Cauca, los indígenas tenían puentes de bejucos para pasar los ríos (ibid., 363-364), indicio de que había caminos. En estos dominios de Nutibara ya no se hallaba selva, sino sabana, “sierras peladas muy agras y encumbradas para andar, salvo que los indios tienen sus caminos por las lomas y laderas bien desechados” (ibid., 364).

Cuenca del Cauca.

“El camino que hay de Antiochia [la primitiva Santa Fe], a la villa de Ancerma son setenta leguas; es el camino muy fragoso, de muy grandes sierras peladas, de poca montaña. Todo ello o lo más está poblado de indios, y tienen las casas muy apartadas del camino” (ibid., 367). Pero en las siete leguas de Caramanta hacía el sur, los expedicionarios de Vadillo tuvieron que abrir trocha con grandes trabajos (ibid., 368), pues quizá abandonaron la ruta paralela al curso del Cauca y se remontaron por las estribaciones de los Farallones.

No describe Cieza cómo era el camino saliendo de Anserma al sur. Debieron de continuar los de Vadillo por la Cordillera Occidental, pues para llegar al Riofrío, “abájase por una loma que tiene más de tres leguas de camino”. Pasado ese río, se seguía a Cali por grandes llanuras (ibid., 379). Entre Lili [Cali o Calili] y la costa del Pacífico, no se habla de un verdadero camino continuado, sino de varias soluciones. Parece que los indígenas conocían los de las cuencas del Dagua y del Calima, y más al sur, el de Timba, pero los españoles usaron el del Anchicayá a partir de la entrada de Andagoya (para la ruta de Cali al sur, véase fin de este numeral 1).

 

3. En el Valle del Cauca propio, o sea, desde Popayán hasta la desembocadura del río La Vieja, la situación era la siguiente: En la planicie central al norte de Quilichao, el camino iba por el pie de monte de la Cordillera Central, como lo atestigua la primera exploración hecha por Francisco Cieza.

Los caminos de la región quimbaya han sido rastreados documentalmente (FRIEDE, 1963, Q., 31-33, gráfico Nº 2). En la segunda mitad del siglo XIX, los guaqueros hallaron en el Quindío en todas direcciones, relictos de caminos de tres metros de ancho (ARANGO C., 1924, 1,10,57-58). Varias rutas pasaban al otro lado de la Cordillera Central (ibid., II, 86) y habían existido en todas partes (ibid., 88-89; 158-159, 186).

De Riofrío había caminos hacia el Chocó, paralelos: “parecen chambas para atajar ganado” (ibid., 96). En la Cordillera Occidental, municipios de Calima y Restrepo, se hallan relictos de caminos de 8-16 metros de ancho, correspondientes al período Yotoco (HERRERA a al.: RCA, XXIV, 1984, 395- 396, 402). Antes se habían rastreado, en el sector bañado por el río Calima, caminos de hasta 10 ms. de ancho por 120-150 cms. de profundidad, uno de los cuales bajaba al Cauca entre Yotoco y Vijes (PINEDA GIRALDO: BA, 1945, 1, 498 y fig. pl. 5). En uno y otro caso hacen falta estudios más detallados sobre el terreno, pues en el siglo XVIII se hizo un camino entre Cali y Buenaventura por la ruta del Calima (véase capítulo VI).

Un reciente estudio arqueológico detalla algunas características de caminos prehispánicos en el filo cordillerano y flanco oriental de Bolívar, Valle (SALGADO, 1986, 65-79). Durante la expedición al San Juan, Melchor Velásquez halló caminos indígenas (SIMÓN 1981-1982, VI, 238).

Antioquía.

En la expedición que salió de Remedios en 1566 al mando de Bernardo de Loyola, al otro lado de la quebrada Guarquina, había “caminos anchos y seguidos porque hasta haber llegado a esta quebrada habían caminado por angostos y ciegos caminos” (AGUADO, 1956, II, 397). Durante la expedición de Andrés de Valdivia en el norte de Antioquia, en 1574 llegó al valle de Guarcama o de San Andrés:

Proceden adelante por caminos bien anchos y seguidos que les daban indicios de soberbias poblaciones (CASTELLAN0S, 1955, III, 635; SIMÓN, 1981-1982, VI, 55, 57). (Véase infra II- Calzadas).

4. Asimismo los pueblos costeños de Cartagena, o mejor, entre el Sinú y el Magdalena, conocían y usaban caminos que conducían a la cuenca del Cauca y sus tributarios inferiores, como el San Jorge. Así se deduce del relato de la entrada de Francisco Cesar hasta Guaca y las expediciones de Pedro de Heredia para despojar las sepulturas ricas en oro de la cuenca del Sinú (VADILL0: AHN).

Los pueblos de Carex y, en general, los de la costa, comerciaban con los del interior, llevándoles sal y camarones o lan gostas, a cambio de oro. No son claras las fuentes sobre las rutas seguidas. Heredia siguió por la margen occidental del Magdalena, sometiendo y destruyendo pueblos hasta cerca de Mompós. También por noticias de indígenas, los españoles conocieron la existencia de caminos en el interior de las provincias auríferas de Finzenú, Panzenú y Zenufana, con las cuales había contratación desde la costa a base de sal por oro (SIMÓN, 1981-1982, V, 97-98).

5. Varias tribus que moraban en los flancos norte y oeste de la Sierra Nevada de Santa Marta, tenían caminos de piedra muy pendientes que no servían para caballos, como lo experimentó Rodrigo Palomino en la región de Bonda (CASTELLANOS, 1955, II, 306). Cosa similar ocurría en la provincia del Carbón y valle de la Caldera. La salida desde Santa Marta hasta los llanos de Valledupar fue conocida tempranamente por los españoles (véase infra II- Calzadas). Pero, desde luego, también había otros caminos sin lajas de piedra.

El 14 de junio de 1514, cuando la gente de la expedición de Pedrarias en vía al Urabá recaló en la bahía de Santa Marta y desembarcaron algunos, al pie de la Sierra hallaron un “camino muy ancho y hermoso, orlado de muchos árboles a los lados, plantados para adornamiento suyo”, según un testigo (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, III, 230-231).

Guajira-Magdalena.

6. No son claras las fuentes sobre la ruta que siguió Ambrosio Alfinger, en 1532-1533, para venir desde Maracaibo a la Guajira y luego a Tamalameque, o sea, en la zona lagunana del confluente Cesar-Magdalena. Halló señales de anteriores expediciones españolas procedentes de Santa Marta (NECTARIO MARÍA 1959, 496). Las rutas probables seguidas se hallan en (FRIEDE, 1961, W., lám. VI).

7.  Por el lago de Maracaibo hacia el sur existe la depresión del río Catatumbo y sus afluentes, entre ellos, el  Zulia y el Táchira, que permiten un paso relativamente fácil hacia los Llanos (VILA, 1960, I, 415). Son confusas las noticias sobre la expedición de Perez de Tolosa en 1547, que dio como resultado el descubrimiento por los españoles de la Sierra Nevada de Mérida y del camino al Nuevo Reino, pues Pedro Alonso de las Hoyos y otros 29 soldados pidieron permiso a Tolosa en Zulia y faldearon la Cordillera hasta salir a Casanare, y por Cocuy a Chita, de donde resultó abrirse vía para la provisión de ganados con destino a Santa Fe y otras ciudades del Nuevo Reino (AGUADO, 1957, III, 230, 243).

8. Tampoco es claro — a pesar de los mapas de Friede (1961, W., láms. VII y VIII) — si el recorrido que siguieron Federman y los demás alemanes a partir de Coro hacia los Llanos, se hizo utilizando caminos prehispánicos, pues en ocasiones se trató sólo del vagabundeo para localizar bohíos donde hubiera provisiones y tal cual oro. Pero sí existían caminos por donde los caquetíos sacaban la madera para sus casas (FEDERMAN, 1958, 115; VALERY , 1978, 5-6).

9.  No hay noticias de Borburata al lago Tacarigua y los Llanos (véase, adelante, entrada de Lope de Aguirre). Aunque se ha sostenido que en todo Venezuela los caminos terrestres prehispánicos ocuparon un tercer lugar, después del mar y de los ríos (ARCILA FARÍAS, 1961,I, 87, 127), la importante concentración de población que existía dondequiera, según lo están revelando los datos arqueológicos, no pudo darse sin caminos, aunque fueran muy rudimentarios. Además, no todas las tribus eran navegantes en grado absoluto, como las del lago de Maracaibo, donde su sistema de canales no permitía otro medio de transporte. Pero sí es verdad que el desplazamiento terrestre es difícil en el sector ocupado por la cordillera de la costa (ARELLANo MORENO, 1964 , 135), y así, aun bien avanzado el período colonial, de Caracas (Caraballeda) a Margarita y Barlovento, sólo se andaba por la mar. Cerca de Carayaca se conocían caminos pre colombinos que conducían al Tuy, al igual que otros en este sector central, aun entre el bosque (MARCANO, 1971, 100-101; VILA, 1975, 121, 167).

10.   Desde Barcelona hacia el interior, por el carácter plano del territorio, la penetración no debió de presentar ,mayores obstáculos, aunque sí desde Cumaná por el carácter montañoso de su zona mediterránea. Pero, en 1579, Garci-González de Silva fue de Caracas a Cumanagoto por la vía de Orituco, siguiendo el camino indígena a través de los Llanos, a salir a Unare en su confluencia con el Güere (CIVRIEUX: C0PPEN5, 1980, 71). De Cumaná hacia el interior, las vías eran casi inexistentes (VALERY, 1978, 20, citando a ABBAD).

Llanos.

  11. Los chinatos de San Cristóbal tenían “caminos y trochas sendereados hasta nuestros mismos pueblos de estos Llanos”, en la época de las misiones jesuíticas en el siglo XVIII (RIVERO, 1956, 127). Debieron de existir mucho antes, como que por ese territorio, para salir al Cocuy y luego a la altiplanicie, se trajeron desde Tocuyo hasta la Nueva Granada partidas de ganado. Durante la expedición de Felipe de Huten a los Llanos, se recorrieron durante cinco días “muy anchos y seguidos caminos” (SIMÓN, 1963, II, 150). En la de Jiménez de Quesada al Dorado en 1570, al otro lado del río Papamene, la vanguardia halló un camino

recién hecho muy ancho, y en quebradas hechas puentes,
el cual duraba más de veinte leguas,
por todas partes bien aderezado

(CASTELLANOS, 1955, IV, 545), para despistar y llevar a los españoles por ruta equivocada. Esto indica la capacidad para abrir caminos por parte de los indígenas. Los barí o motilo nes mantienen limpios sus caminos rutinarios; pero hacen otras para despistar a extraños (AlCACER, 1964, 61). El cacique Riverón, de Anserma, desvió a los españoles de Vadillo en 1538 por caminos recién hechos, para evitar que llegaran a los asientos que se querían preservar de la presencia de extraños (SIMÓN, 1981-1982, V, 217). Las tribus llaneras tenían conocimiento de pueblos vestidos de algodón que moraban en las altiplanicies de la Cordillera Oriental, y así se patentizó por varios informantes en las primeras expediciones por el Orinoco arriba, y durante la de Jorge Spira (SIMÓN, 1981-1982, 1, 343).  

Guayana.

12. Cuando Antonio de Berrío exploró el bajo Orinoco, un destacamento penetró hacia el interior, saliendo de la margen derecha de uno de los primitivos asientos de San Tomé de Guayana. La actividad de los misioneros jesuítas, observantes y capuchinos en el siglo XVIII se adelantó utilizando caminos indígenas para ligar las distintas fundaciones que se establecieron en esa época.  

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