HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
© Derechos Reservados de Autor

CAPITULO IV

 

CRUCE DE CURSOS FLUVIALES

Cualquier camino terrestre atraviesa afluentes acuáticos (ríos, quebradas, esteros, arroyos, etc.), que deben ser cruzados en alguna forma. Varias se detallan a continuación.

a)   Vados.

Son sitios donde el viajero puede pasar una corriente de agua con relativa facilidad, a veces pisando sobre piedras, sin necesidad de mojarse. Acerca de esto, véase el acápite “Pasos y paseros”, en el capítulo XX.

b)   A nado.

El procedimiento más sencillo que para atravesar los ríos, aun los más caudalosos, podían emplear los indios, fue a nado. De los pijaos del Magdalena se dijo que eran habilísimos para pasar ese río con suma facilidad. Asimismo de los ecuatorianos andinos, que no necesitaban puentes, fueran con carga o sin ella (LÓPEZ, PERO, 1970, 65).

Aun se conoció el caso de viajes regulares río abajo. “El correo que náda” era uno que bajaba el río Chamayá o Guancabamba al sur del Ecuador en la Cordillera. Gastaba dos días en el recorrido flotando hasta Tomependa; si se cansaba, se apoyaba en un tronco flotante de Bombax o de balsa; las cartas y el cuchillo los llevaba en la cabeza en una especie de turbante, sin que se mojaran. Para regresar, lo hacía a pie por el Páramo del Paredón o por el camino de San Felipe y de Sagiqué. Lo afirma quien lo vio echarse al agua en 1802 (HUMBOLDT, 1816-1824, 1, 165-167), y también consta de referencias antiguas (J. DE LA ESPADA, 1897, IV, XLVII).

Fig.1. CORREO A NADO. Fines del periodo colonial. Río Huancabamba, sur del Ecuador. (Reproducido por Humboldt, 1816-1824, I, 165-167).

c)           Ayudas con palos flotantes.

1. El siguiente paso consistió en aprovechar un madero liviano (balso o yarumo), cañas huecas o gruesas (guaduas), para apoyarse o cabalgar en ellos, facilitando la flotación y el avance, sobre todo si se transportaba algo más que la propia persona (véase párrafo anterior). Cuando, en otra obra, se estudió lo relativo a la guadua se formularon las dudas pertinentes sobre el sistema que — según Castellanos y sus seguidores — utilizaban las mujeres de las tribus que ocupaban las márgenes del Cauca a la altura de Cali, de movilizarse montadas a horcajadas sobre una guadua que a manera de timón llevaba una múcura llena de chicha; la navegante (pues la referencia confina a las mujeres este medio de movilización) impulsaba todo con los pies, y de aldehala, iba hilando mientras hacía su recorrido (CASTELLANOS, 1955, III, 357; PATIÑO, 1975-1976, 134-135).

En Cañaribamba (Cuenca) pasaban varias personas, asi­das de un palo largo, el río Tanmalanecha (Tamalaycha), llamado por los españoles Jubones (J. DE LA ESPADA, 1897, III, 186; 1965, II, 283-284). En el sentido de la corriente del Cauca, en 1825 los indios de la vega de Supía navegaban esporádicamente montados en troncos (B0USSINGAULT, 1903, IV, 95), y también para pasar frente a Santa Fe de Antioquia (SAFFRAY, 1948, 151). Tallos de papayo para flotadores individuales, ya asegurándolos bajo los sobacos o montando encima, usaban los indígenas — aun niños — en el Río Balsas, de Cajamarca, en 1615 (VÁZQUEZ DE ESPINOSA, 1948, 376).

2. La siguiente etapa de utilizar varios palos en forma de triángulo o tijera, está documentada en la relación de Quito de 1573, atribuida a Juan de Salinas Loyola, en la cual, a propósito de las comunicaciones en toda la porción de América al occidente del río Magdalena, trae el siguiente dato:

“El Río Grande de la Magdalena se pasa tres leguas de la villa de Timaná por el camino de la ciudad de San Sebastián de La Plata, en dos palos tan gordos como una pierna y tan largos como estado y medio de hombre, atados de esta manera y el que pasa el río va metido en el agua entre los palos en la parte donde está la raya y se abraza a ellos llevando cada uno debajo del sobaco; van nadando dos o tres indios y con las manos empujando las cabezas de los palos hasta haber pasado. Échanse al río comúnmente trescientos pasos mas arriba de donde van a salir, por ser la corriente grande y el peligro mayor, porque si yerran el puerto para la salida, medio tiro de piedra más bajo está un raudal donde se han ahogado y ahogan cada día hombres; porque demás de ser la corriente grande, pasado el puerto la barranca es alta. Tendrá por este paso cien pies de ancho” (J.DE LA ESPADA 1897, III, 66). Siguen datos sobre otros pasos de varios ríos y la manera como se atraviesan, unos en puentes, otros en balsas, otros en canoas (ibid., 66-67).

Procedimiento similar había empleado en el Cauca uno de los capitanes de Jorge Robledo, Álvaro de Mendoza, en cuyo escudo de armas pidió se pusiera la hazaña, debida en realidad a los indios y negros de servicio que le acompañaban. “E las personas que no sabían nadar tomaban dos cañas tan gruesas como un muslo, e atábanlas por una punta una con otra, y metíanse allí en medio tres o cuatro españoles e las personas que habían de pasar, e tornaban a atarlos por las otras puntas; y ellos metidos allí en medio, un nadador delante y otro atrás, los pasaban...” (ROBLEDO: CUERVO, 1892, II, 413; ROBLEDO, E., 1955, 151).

Fig..2. SISTEMA DE CRUCE DE CURSOS FLUVIALES CON LA AYUDA DE PALOS FLOTANTES. Dibujo de Harold Rodriguez V.

d) Puentes.

Los nativos del Valle del Combeyma usaban puentes, pero los destruían para impedir el paso a los españoles ( AGUA DO, 1956, I, 488). No se dan detalles de la construcción. Pero las modalidades fueron las siguientes:

1.     ÁRBOLES CAÍDOS O TUMBADOS

Los puentes más sencillos usados por los indígenas fueron árboles orilleros de un curso de agua, derribados espontáneamente o con hachas o por el fuego, de manera que al caer se apoyaran en la banda opuesta. Durante la navegación aguas abajo del Santo Domingo.Apure, en febrero de 1647, a una de las dos fuerzas de la expedición de Miguel de Ochogavia la detuvo una ceiba “caída de una orilla a otra y la canoa mas grande no pudo pasar”. Casos similares se presentaron después (CARVAJAL, J., 1956, 107-108).

En el río Cutí, a una legua de la que fue Santa María la Antigua del Darién, había uno de estos palos sirviendo de puente (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, III, 333-334). Este es el sistema más primitivo y se encuentra en todos los pueblos del mundo. La magnitud del árbol utilizado de­pendería de la anchura del paso a franquear y de las condiciones del sitio: podían ser simples varas suficientes para soportar el peso de un hombre, o árboles corpulentos.

La ceiba que, según el cronista del viaje de Jorge Robledo por las provincias de Antioquia, constituía la mitad del puente mixto que encontraron los expedicionarios del capitán Vallejo hacia la provincia de Nutabe, era palo “más grueso que cuatro hombres por el cuerpo y de más de ochenta pies de largo ... antes más que menos” (SARDELA: CUERVO, 1892, II, 409). Desde luego, para cruzar ríos en que no se pudiera utilizar este sistema, se idearon otros. Un puente indígena de madera que no se describe, había en la provincia de Páez cuando pasó por allí Belalcázar en 1538; costó mucha lucha a los españoles ganarlo (CASTELLA­NOS, 1955, III, 469-471).

2.     PUENTES DE CUERDAS O BEJUCOS

Más elaborados eran los puentes de cuerdas, de los cuales los indígenas habían ideado varios tipos, de acuerdo con las condiciones y recursos de cada lugar. En Jegua y Tagua, cerca de donde se fundó después Mompós, halló la gente de Pedro de Heredia puentes de bejucos de más de 150 brazas, “por donde pasan infinitos indios” (FRIEDE, 1960, VI, 217). En el sector del Magdalena entre las poblaciones de Victoria y Remedios, los ríos son ahocinados y los indios los pasaban en puentes de bejucos (AGUADO, 1956, II, 80). El río Nare cerca del Valle de Corpus Christi, después de la fundación de Remedios, lo pasaron en la misma forma en 1561 las fuerzas de Francisco de Ospina (ibid., 380). Abajo de Nengupá (Lengupá), cuando la expedición de Juan de San Martín hacia los Llanos (1538), se pasó

una puente tendida de bejucos,
pendiente de los árboles más altos,
invención que ninguno dellos vido
en peregrinaciones atrasadas
.

(CASTELLANOS, 1955, IV, 219).

También parte de la gente de Jorge Spira en territorio de los choques, se vio precisada a atravesar un río por “unas puentes de bejucos bien peligrosos y de gran riesgo” (AGUA­DO, 1957, III, 148). En Zaruma había varios, “uno que pone admiración” (J. DE LA ESPADA, 1897, III, 244-245; —, 1965, II, 321).

a)   De una sola cuerda.

El puente de cuerda más sencillo sería de un bejuco o varios retorcidos, o una trenza de fibras que variaban en cada lugar; el viajante pasaba colgando, asiéndose con las manos, a manera de gimnasta. (Fig.).

b)   De cuerda doble.

Una modalidad más avanzada consistiría en colgar, debajo de la cuerda original, otra donde descansaba el cuerpo del viandante, que podía pasar caminando, asido con las manos de la cuerda superior.

Fig.3.a) IDEALIZACIÓN DEL SISTEMA MÁS SENCILLO DE CRUZAR CURSOS DE AGUA mediante una cuerda tendida de lado a lado. Dibujo de Harold Rodriguez V.

 

Fig.3.b) SISTEMA DE PASO CON DOBLE CUERDA.Dibujo de Harold Rodriguez V.

 

Fig.3.c) REEMPLAZO DE LA CUERDA INFERIOR POR UN ARO O CANASTILLA, o sea, el principio de la tarabita.  Dibujo de Harold Rodriguez V.

c )   De aro.

La siguiente etapa consistiría en sustituir la cuerda inferior por un aro colgado, donde se sentaba el viajero. (Fig. 3).

d)   El aro sustituido por una canastilla o asiento .

A umentaba la comodidad del pasante. A éstos los llamaban en Guatemala tramoya o zurrón, durante la dominación española (CORTÉS Y LARRAZ, 1958, I, 177, 202); en la América equinoccial, tarabita, cabuya o cuerda (TORRE MIRANDA, 1794, 4), y en el Perú, oroya o huaro (URIARTE, 1982, 195). Un autor de la época de la conquista dice haber pasado por una de estas urgías en Huanco (Huánuco), Perú, a mediados del siglo XVI (LÓPEZ, PERO, 1970, 75).

El río Amoyá fue atravesado en tarabita por las fuerzas expedicionarias del presidente Juan de Borja, en 1608, durante la fase final de la campaña contra los pijaos, cuando apenas quedaban pocos indios (SIMÓN, 1953, IX, 106). El río Juanambú se cruzaba, en el último cuarto del siglo XVIII, por tarabita, pagando un real de plata cada persona y lo mismo caballerías, fardos, cofre, petaca, etc. (ALCEDO, 1786, 1, 289; SAÑUDO, 1940, III, 27, 70). El Sogamoso-Chicamocha se pasaba en tarabita para ir de Tunja a Pamplona, a principios del siglo XVII (RGNG, 340; TORRE MIRANDA, 1890, 132). Ésta la mandaron cortar las autoridades en 1767, para que no se conociera en Santa Fe anticipadamente la noticia de la expulsión de los jesuítas, ya sabida en Maracaibo (PACHECO, 1986, 3: 36).

La eficacia de este sistema era tal, que más de un siglo después de la conquista española, en el Perú (y también en otras partes) “pone gran cuidado el gobierno en que los mismos indios que solían hacerlo en tiempo de los Incas, acudan ahora a reparallas [las puentes] y conservallas, porque si faltasen, no se podría caminar por la mayor parte deste reino” (COBO, 1895, IV, 212). La necesidad de este servicio se podrá cuantificar sabiendo que en el camino de los incas había cerca de mil puentes, entre ellos el de Apurímac, famoso en la historia (LÓPEZ, PERO, 1970, 76; VON HAGEN, 1976, 75-80).

Durante la época colonial y aun en la republicana, se siguieron usando las tarabitas en toda el área del presente estudio. Abajo de Lita, un punto en el río Mira dentro de territorio ecuatoriano, a principios dcl siglo XIX existía un puente de bejucos, que dibujaba nuestro Caldas (CALDAS, Viajes, 1932, 541-544). En el río Hábita, afluente del Tamaná, había uno usado por los cargueros que llevaban cosas de Cartago a Nóvita, a fines de la guerra magna (B0USSINGAULT, 1903, IV, 232), y el río Páez en La Plata se pasaba en tarabita (MOLLIEN, 1944, 254-255 y fig.). Durante esa guerra, el general Serviez cortó la cabuya de Rionegro para impedir el paso a las tropas españolas que lo perseguían (GROOT, 1891, III, 383).   En 1851, los miembros de la Comisión Corográfica cruzaron el río de Contino o Minero de Muzo, en puente de bejucos construido por los indios aripíes supervivientes (ANCÍZAR, 1956, 53-54, 59, 63). Lo mismo ocurría en la “cabuya” o tarabita para pasar el Sarabita de Socorro a Simacota, y en Sube (ibid., 141-143, 349, 467). En Antioquia, hacia 1860 había varias tarabitas establecidas por cuenta del gobierno, con empleados permanentes, uno a cada lado para tirar la canasta (SAFFRAY, 1948, 194). A fines del mismo siglo, continuaba usándose la tarabita de Simacota, de veinticuatro rejos retorcidos tendidos en arco entre dos morrones o sostenes laterales (VERGARA Y VELASCO , 1974, II, 685).

En Venezuela, a principios del presente siglo seguían en uso (JAHN, 1927, 324). Actualmente, en Colombia el paso por tarabitas es utilizado en vahos lugares donde las comunicaciones son difíciles, con la diferencia de que un cable de acero ha reemplazado a los de fibra de la época prehispánica y a los de tiras de cuero del período colonial. Las cuatro modalidades anteriores implican que el pasajero vaya por la parte inferior de la cuerda sustentadora tendida entre ambas orillas.

e)  Para ir caminando por encima .

   Se necesitaba una técnica de construcción más compleja. En vez de ser una sola cuerda, eran varias colocadas una junto a la otra, para tender sobre ellas una a manera de red o inclusive algo parecido a un tablado. Éstas son las que los españoles llamaron “puentes de crisnejas”. Las cuerdas eran hiladas y torcidas y de un diámetro a veces considerable, equiparable al cuerpo de un muchacho; se usaban en el Perú tres cuerdas para el piso, y dos para sostenes laterales (COBO, 1895, IV, 213-214). Cuando el arco que formaban las cuerdas era muy pronunciado, para no resbalarse se colocaban travesaños, como ocurría en el puente de Penipe (HUMBOLDT, 1816-1824, I, 186-190). (Fig. 4.). Desde el siglo XVI se registró esta práctica en las provincias marañonas de Yaguarzongo y Bracamoros (J. DE LA ESPADA, 1897, IV, 23-25, 40).

Fig. 4. PUENTE O HAMACA DEL RÍO PENIPE, en la cuenca del Marañón, fines período colonial. (Reproducido de Humboldt, 1816-4824, 1, 186-190).

De un tipo semejante a éste era la segunda sección del puente mencionado arriba a propósito de Jorge Robledo. Porque como la ceiba iba de una orilla a una piedra grande yacente en medio del río, desde allí hasta la orilla opuesta había “unos bejucos tejidos, que son como mimbres de España, tejidos de tres palmos de anchos, con unas barandillas de lo mismo, en que llevan las manos asidas” (ROBLEDO: CUERVO, 1892, II, 409; SIMÓN, 1953, V, 292; VII, 28, 211). A esto lo llamaban hamacas en Costa Rica, en 1577 y 1638 (FERNÁNDEZ, 1882, II, 281, 282, 284, 285, 286; —, 1883, III, 258). El mismo nombre de hamacas se daba a las que prestaban servicio en los ríos orientales Labranzagrande y Paya, en el siglo XVIII (TORRE MIRANDA, 1890, 81.82, 83). Un resumen documentado sobre estos puentes de cuerdas, a los que atribuye como región de origen el noroeste de Suramérica, hizo un gran etnólogo (NORDENSKIOLD, 1930, 8: 48, 49, 219-228; —,1931, 9: 73).

3.     PUENTES DE MADERA Y CUERDAS (MIXTOS)

Al occidente del río Magdalena se usaron puentes de guadua de construcción especial, que todavía se pueden ver en el tima, se estudiarán mejor en un capítulo especial dedicado a las embarcaciones (capítulo XVII). Las verdaderas barcas sólo aparecieron a fines del período colonial, casi siempre bajo la forma de grandes canoas. Las barcas cautivas a un cable de acero son del período republicano.

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