Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial (Tomo V)
Victor Manuel Patiño
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CAPÍTULO IX

AMANSAMIENTO, PROTODOMESTICACIÓN Y MANEJO DE ANIMALES

En los capítulos III, IV y V se han examinado los procedimientos para captura de animales con el fin manifiesto de consumirlos. El período entre el inicio de la operación de captura y el destino final de las presas en la olla o en el asador, es de pocas horas, o cuando más, de pocos días, mientras se consume lo cazado.

Pero ahora se va a considerar el proceso de capturar, amansar y alimentar convenientemente animales, para que permanezcan en la casa como compañeros y amigos, o para fines utilitarios, como el de servir de centinelas y alertas ante la aproximación de enemigos, o para la utilización de las plumas en el caso de aves, o como mascotas, o simplemente por diversión y solaz. Casi ninguna tribu tropical americana ha criado animales con el exclusivo fin de comerlos, sino en casos excepcionales de penuria. Por el contrario, a ejemplo de los barasanos del sur del río Piraparaná, que no comen el ecagú — como llaman el animal al que alimentan ex profeso (SMITH et al., I. L. V., 1973, I, 154; MÉTRAUX, 1928a, 94-95)—, el espécimen amansado se respeta, así como los católicos ortodoxos no comen paloma, por ser símbolo religioso (ISAAC, 1970, 112).

El proceso tiene varias etapas: la captura por procedimientos especiales para no lesionar al cautivo; el período de vencimiento de la resistencia inicial a dejarse manipular; el amansamiento propiamente dicho, y el régimen alimentario para asegurar la supervivencia en condiciones adecuadas.

a) Lo más usado fue capturar animales recién nacidos o pequeños. Para esto se aprovechaban las excursiones de caza, y mientras el varón perseguía y mataba a los animales adultos, las mujeres y los niños se ocupaban en tomar los hijuelos que pudiera haber. Los bribrís del Atlántico en Costa Rica, se apoderaban así de juveniles cerdos de monte y aves (BOZZOLLI DE WILLE, 1986, 41); los orinóquicos, de las dantas (BUENO, 1933, 14); los tunebos, de varios animales (MARQUEZ V., 1981, 23); los quijos (OBEREM, 1970, 1, 163-166); los maynas (J. DE LA ESPADA, 1897, IV, CXLVIII), y los campas (DENEVAN: LYON, 1974, 105). Debió de ser el procedimiento seguido por la mayor parte de las tribus, aunque no de todas haya datos particularizados. A veces se buscaban ex profeso, por ejemplo en árboles que había que escalar. Estas capturas tenían lugar no sólo en el bosque, sino en los cultivos (ZEUNER, 1963, 43).

Aves adultas que eran apreciadas por la pluma, y que había que capturar para tenerlas bajo control y estarlas desplumando de tiempo en tiempo, se cazaban por medios más convencionales; por ejemplo con cerbatanas, dotadas de flechas especiales para atontar el animal y no herirlo, como lo hacían los mencionados maynas (J. DE LA ESPADA, loc.cit.), y los maquiritares, que sí usaban flechas contra el gallo de roca, pero tan pronto caía le echaban sal al pico, y si revivía, lo amansaban (WICKHAM, 1872, 103). Para amansarlos, los indios amazónicos tumbaban con curare diluído los monos Bracliyurus calvus, y luego los hacían revivir dándoles sal (BATES, 1962, 393-395).

Otro medio es el de tomar los huevos de los nidos y hacerlos empollar por alguna ave doméstica, como acostumbraban los mayas:

A todas las grandes [aves] matan los indios, en los árboles, con las flechas, y a todas les hurtan los huevos y los [empollan] sus gallinas, y se crían muy domésticas (LANDA, 1938, 249).

Lo mismo ocurre con los chiriguanos, que los huevos del paujil, ave difícil de criar cuando adulta, los ponían a empollar con las gallinas que tenían de compañeras, pues no las comen (N0RDENSKIOLD, 1922, 5:12). Es claro que en la época prehispánica, cuando todavía no había gallinas, se usaría alguna otra ave doméstica o amansada (tinamúes).

b) Para que no se escapen los mamíferos, hay que inmovilizarlos en principio, mientras se habitúan al nuevo medio. A veces los dejan varios días ayunando, hasta que se dobleguen y admitan la cautividad.

Algunos los confinan en cercos especiales, como los chocoes, que tenían unas cestas o jaulas para recluir animales silvestres (REICHEL-DOLMATOFF, 1962, 176).

A las aves, por lo general les cortaban parte de las plumas de las alas, impidiéndoles volar.

c) Los indígenas conocen muy bien de qué se alimentan los animales, y por eso se ingenian para suministrarles lo adecuado. Dice un misionero jesuíta a este propósito:

Les he visto criar y amansar con paciencia. Es cosa rara: apenas trajeron del monte un pájaro grande, le cortaron un poco las alas, y dándole un plátano maduro, yuca etc., ya está manso en menos de una semana; a los tiernos, metiéndoles el pico en sus bocas, les dan como sus padres a sus horas, su ración, y ya están mansos; a los animales atan a una estaca, y pasado un mes ya están caseros como un perrillo; y aun después les siguen al monte, y vuelven con su amo. Muchos he visto de éstos con todos; pero más con estos indios iquitos (URIARTE, 1952, 1, 168).

Los warraos del delta orinóquico solían amansar distintos animales, entre ellos al Gulo vittatus que hay que tener amarrado porque persigue a las gallinas; lo alimentaban con carne; pescado, frutas crudas y ñames cocidos (SHOMBURGK, 1923, II, 357). Ésta es la comadreja de agua, identificada actualmente como Galicás vittata (BORRERO, 1967, 54 y lám. 22).

Los indios noanamás capturan en trampas insectos para alimentar a los pájaros que crían (R0BINSON et al., 1966-1969, 187).

A los ñandús o avestruces suramericanos, que son fáciles de amansar, se suele atraerlos poniéndoles cerca carne que se llene de moscas (D’ORBIGNY, 1945, 1, 78; II, 791).

De la misma región sureña se conoce, desde la época de la conquista, la cría en confinamiento de la gran culebra de agua o sucurí Eunectes notaeus Cope 1862, entre los indios orejones de la cuenca alta del Paraguay. Las mantenían dentro de fuertes empalizadas y las nutrían con cautivos de guerra (SUSNIK, 1978, 15, 33).

Con los mamíferos recién nacidos la práctica universalmente seguida es el amamantamiento (SIMOONS et al., 1982), hábito que registran numerosos autores en América intertropical (URIARTE, 1952, II, 61, 85; RÚIZ BLANCO, 1892, 57; SCHOMBURGK, 1922, 1, 128-129, 149; 1923, II, 196, 229-250; LANDA, 1938, 136, 253; ZAWADSKY, 1947, 202; BATES, 1962, 57-59, 152-153., 255-256, 262, 404-408; HARNER, 1978, 60; etc.).

Esto ha dado origen a la creencia — que algunos antropólogos juzgan tienen los indígenas — en la institución del "hermano de leche", que aseguraría al animal criado a los mismos pechos que el hombre, no ser sacrificado para comer, y mediante la cual se establecería entre ambos una relación en cierto modo totémica (SIMOONS etl al., op. cit., 429430, 437; CIVRIEUX, 1980, 181).

El panorama de la zootecnia indígena se ha tratado antes en otra obra (PATIÑO, 1965-1966, 162-200). Los datos aquí presentados se refieren sólo al aspecto tecnológico.

Uno de los más notables es la coloración de plumas en aves vivas, que se vio en la obra mencionada. Se volvió a tomar cuando se habló del arte plumaria (pág. 91).

MELIPONICULTURA.

Es la cría artificial de abejas de la familia Meliponinae, típicas del intertrópico americano, caracterizadas por carecer de aguijón. En el término se incluye la cría de otros órdenes de insectos melíferos, como diversas avispas y abejorros.

Esta actividad alcanzó gran predicamento entre los mayas. En el área ecuatorial, sólo se registró con seguridad documental entre los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, y con duda, en alguna parte del occidente de Venezuela que la fuente no circunscribe. Los documentos se transcribieron aparte (PATIÑ0, 1965-1966.171-175; —, 1984,1,78-79).

Al parecer, en Santa Marta había varias especies bajo cría, pues unas abejas estaban "de dentro de la casa do vivía [el bárbaro]", y las otras de casta diferente, en árboles (CASTELLANOS, 1955, II, 282-284). En el primer caso, la vasija para criar era de barro (ollas grandes o múcuras) (SlMÖN, 1953, VIII, 115-116). Lo que se echaba en calabazos para su distribución era la miel.

Las fuentes mencionadas no dan idea de los procedimientos seguidos en la cría; pero que la actividad era importante se deduce de que en el solo Valle de Caldera, parte occidental de la Sierra, se calculaban unas 80.000 colmenas, a razón de diez por cada casa.

La miel era de guamos, lo que induce a pensar que este árbol, si no se plantaba intencionalmente, por lo menos era protegido y se incitaba su propagación (PATIÑO, 1963, I, 235-240).

Los huitotos guardan los panales en troncos colgados en sus casas (MINOR, 1973, I, 30).

Axín.

Cochinilla tintórea que tuvo una distribución restringida en el área del presente estudio, entre los pueblos guaymíes del territorio occidental de Panamá y oriental de Costa Rica, y en varios países centroamericanos (FERNANDEZ, 1881, 1, 25-26; MARTÍNEZ CORTÉS, 1974, 129-132).

La técnica para la cría se halla descrita en una publicación monográfica (GORDON, 1957).

Como se dijo al principio, los animales criados ex profeso casi nunca se sacrifican para comer. Pero existen excepciones, como los campas, que se comen a sus mascotas en casos de apremio (DENEVAN: LYON, 1974, 105), y parece que algunas tribus del Marañón criaban guanganas (Tayassu) "tal vez para comerlas a su tiempo" (MAGNIN, op. cit., 180); de igual forma las tribus del Urabá amansaban estos mismos animales para llevarlos a vender al interior. El procedimiento seguido en el beneficio es el mismo que se describió al final del capítulo V para los animales cazados.

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