Historia de la Cultura Material
en la America Equinoccial
(Tomo VI) Comercio

Victor Manuel Patiño
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CAPÍTULO XXVI

REFORMAS ECONÓMICAS DE MEDIADOS DEL SIGLO XIX

La estructura colonial española siguió operando por inercia durante por lo menos una generación, a partir de la cesación de hostilidades. Se mantuvo el régimen fiscal y económico, y las pocas reformas que se hicieron se orientaron más a aspectos políticos y sociales, como dar la ciudadanía a los indígenas, libertad de vientres, igualdad de las clases sociales, etc., mientras que lo relativo a gravámenes, comercio, administración pública y aspectos de esa laya, sólo recibieron retoques superficiales en cuanto a la legislación española.

Con la formación de nuevas fuerzas políticas en la década 1840-1850, se fueron clarificando los rasgos propiamente republicanos de la administración. La ascensión al gobierno de prohombres con mentalidad más abierta, como Tomás Cipriano de Mosquera y José Hilario López, o mejor, de sus consejeros, desencadenó una serie de reformas, demasiado audaces para la época y que sólo con mucho esfuerzo lograron aplicarse, y eso no en toda su plenitud, porque hubo después retrocesos.

Censos.

Como éstos afectaban al comercio sólo de manera directa, y, en cambio, muy de lleno a la tenencia y uso de la tierra, el asunto se estudiará en otra obra referente a este último aspecto.

Diezmos.

Las tímidas mejoras de 1821, cuando algunos productos que se querían fomentar, como el café y el añil, fueron eximidos del diezmo, mantuvieron en lo demás la renta decimal como en los tiempos coloniales. En 1847 se declaró la cesación de la intervención de la iglesia en la recaudación y administración de los diezmos, y el Estado asumió esas funciones (NIET0 ARTETA, 1942, 162-164).

En algunas comunidades rurales de los paises ecuatoriales, se sigue pagando el diezmo a la iglesia; pero la costumbre se va perdiendo cada vez más, paralelamente con la decadencia eclesiástica.

Los diezmos en su incidencia sobre el trabajo, se estudiaran en el volumen VIII de esta obra.

Manos muertas.

Se entiende por tal la entrega de propiedades raíces a la iglesia católica, para que con sus productos se presten servicios religiosos al donante (misas, oraciones, etc.), por tiempo limitado o indefinido (NIET0 ARTETA, 1942, 73).

Esta institución colonial facilitó grandemente que la iglesia se convirtiera — como se vio en el capítulo XVI, subtítulo Capital — en la entidad financista más importante en los dominios católicos (NIETO, 1839, 9).

Correspondió también a la revolución económica de 1850, la cesación de este gravamen, mediante la desamortización ejecutada por Mosquera.

En el Ecuador, sólo durante el periodo del presidente Plaza (1901-1905) se expropiaron los bienes de manos muertas (CISNEROS, CÉSAR, 1948, 62).

Las manos muertas y la laicización de los bienes de la iglesia en tiempos de Guzmán Blanco en Venezuela, no enriquecieron al país sino a los jefes y usufructuarios de la Federación (PICÓN SALAS, 1966, 96). Lo mismo ocurrió en la Nueva Granada, en este caso, a los burgueses, comerciantes y hacendados y no pocos militares.

Mayorazgos.

Por la costumbre de que sólo el hijo varón mayor heredaba los bienes raíces del difunto, se inmovilizaban muchas propiedades, pues los beneficiarios debían conservar la integridad del patrimonio recibido, para, a su vez, transmitirlo a sus descendientes.

Fueron suprimidos por ley del 10 de julio de 1824 (NIET0 ARTETA, 1942, 164-165).

Monopolios.

De los varios monopolios coloniales (tabaco, aguardiente, sal, naipes, etc.), los dos primeros sometidos a estanco, el del tabaco fue el más importante, puesto que ese producto era el más apreciado para el comercio de exportación, desde la Colonia.

En el periodo republicano, hacia 1833 empezaron las exportaciones (ARBOLEDA, 1918, I, 179).

Por leyes del 23 de mayo de 1848 y del 12 de junio de 1849, se extinguió — a partir del 1 de enero de 1850 —el monopolio del tabaco, entrándose a cobrar un impuesto de diez reales por cada mil matas que se sembraran (NIET0 ARTETA, 1942, 278).

Aunque la medida no tuvo efectos muy estimulantes en cuanto a la recaudación de impuesto — ese era el eje de las rentas nacionales —, si desencadenó, por lo menos durante dos décadas, un saludable proceso de mejoras, de las cuales, una de las más importantes fue el estimulo a la navegación del Magdalena con barcos de vapor (PATIÑO, 1991, III, 328-330).

Al fin, el conservadurismo tecnológico heredado de España no permitió que la Nueva Granada pudiera mejorar el cultivo del tabaco, y éste sucumbió en los mercados internacionales, a la competencia de naciones productoras mejor preparadas.

Manumisión.

En la Nueva Granada, la libertad de vientres fue consagrada en la ley del 21 de julio de 1821, reglamentada en disposiciones posteriores (POSADA y RESTREPO CANAL, 1933, 326-331). Por ley del 18 de febrero de 1825 se prohibió el tráfico de esclavos de y para el exterior (ibid., 343-346).

Mediante ley del 21 de mayo de 1851 se declaró perentoria la manumisión de los esclavos (NIET0 ARTETA, 1942, 168); pero pasaron varios años antes de que la medida se consumase. En 1852 se estimaba que se habían liberado unos 20.000 de los 26.000 que se calculaba existían en 1845 en la Nueva Granada (POSADA et al., 1933, 74, 86).

En Venezuela fue inducida por los propios terratenientes inspirados en razones económicas. La ley de abolición se dictó allá en 1854 (BRIT0 FIGUEROA, 1973, I, 244-255). Incluyendo manumisos, había el 23 de marzo de 1854 unos 40.000 esclavos (GIL FORTOUL, 1954, III, 41-53).

La cesación de la esclavitud en el Ecuador la decretó una ley del 27 de septiembre de 1852; pero todavía en 1858 existían esclavos en Esmeraldas (CISNEROS, C., 1948, 55-56).

Sistema métrico decimal.

De menor impacto en la economía que las anteriores medidas y de escasa importancia en el comercio, fue la adopción del sistema métrico decimal. En España sólo fue adoptado en 1858 (VIVES, 1959, I, 620-621).

Se debe a Tomás Cipriano de Mosquera este paso en la Nueva Granada (CAMACHO ROLDAN, 1923, 5-6; RIVAS, 1899, 150; RESTREPO EUSE, 1903, 166). El Congreso de Cúcuta había dado leyes sobre la materia (RESTREP0, J. M., 1945, V, 347), y lo mismo pasó en 1835 (ibid., 1952, I, 91) y en 1846 (ibid., 1963, II, 35; GALINDO, 1978, 163; ARBOLEDA, 1919, II, 259-260, 341). En 1847 se decretó que los derechos aduanales se computaran por número, peso y medida (RESTREPO, J. M., 1963, 11,61).

Por ley del 8 de junio de 1853 se adoptó el sistema decimal para efectos oficiales; pero, mediante decreto orgánico del 1 de julio de ese año, se hizo obligatorio para todos los casos (PAEZ COURVEL, 1940, 29, 263-300).

La presentación al Congreso la había hecho el 6 de marzo el secretario de Hacienda, José María Plata (ARBOLEDA, 1930, III, 309, 389). El 27 de agosto de 1855, el mismo funcionario envió a los gobernadores los patrones de metro, kilogramo y gramo (ibid., 1933, IV, 371).

La evolución de las pesas y medidas en la República, la presenta bien un visitante extranjero como cambiadas cuatro veces: las castellanas se usaron desde el 26 de junio de 1801 hasta el 12 de octubre de 1821; las colombianas, desde 1821 hasta el 26 de mayo de 1836; las medidas granadinas, desde 1836 hasta el 8 de junio de 1853; y las francesas, de allí en adelante (HOLTON, 1857, 258, 595).

En la Exposición Nacional de 1871, el pintor Francisco Grajales presentó un cuadro general muy didáctico de las pesas y medidas (MEDINA, 1978, 233).

El licenciado Miguel José Sanz, repúblico venezolano, hizo gestiones para arreglar las pesas y medidas de su país (BARALT y DIAZ, 1939, I, 455). En teoría se fijaron en 1857 por el sistema decimal (GIL FORTOUL, 1954, III, 60).

El consejo municipal de Guayaquil se anticipó a adoptar, el 5 de diciembre de 1852, el sistema métrico decimal (Guayaquil: Consejo, 1887, 9). A nivel nacional en el Ecuador, esto ocurrió el 5 de diciembre de 1856 (PAREDES BORJA, 1963, II, 196).

Desde el 28 de julio de 1869 se estableció en el Perú el sistema decimal (WILKENS DE MATOS, 1984, 74).

En el área rural de los países grancolombianos se siguen usando todavía, al finalizar el siglo XX, la mayor parte de las medidas coloniales (véase capítulo XV). En el mismo comercio predominan para las telas la vara o la yarda, esta última de origen inglés; en la aviación, los pies; en el comercio interno del café, las cargas; en los puestos y tiendas de víveres siguen predominando la libra y la onza, etc.

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