Muy presente tuvo esto Diego de Ortega para cumplir esta obligación, dejando fundada en Santafé obra pía para dar estado a doncellas, con patronazgo y administración al Cabildo, Justicia y Regimiento, y para los nombramientos, señalando al Alcalde ordinario más antiguo y a un Regidor de elección del Cabildo, y al Prior de Santo Domingo y Guardián de San Francisco, y finca las casas en la plaza, al lado de la iglesia mayor, y otras a la vuelta de la calle enfrente de la Compañía de Jesús, sobre que pusieron pleito los herederos de Alonso de Olaya Herrera, cuyas habían sido todas, y se compuso el Cabildo dándoles algunas, conque se minoró la renta que ha quedado en buena cantidad al año.

En un informe al Rey de la Real Audiencia en el año de 1579 se dice haber servido Diego de Ortega en recobrar, por rescate, un navío apresado de corsarios franceses en Santa Marta, y estorbándole que saqueasen y quemasen aquella ciudad, y que era rico y buen republicano y había sido Alcalde y Regidor; y parece que asímismo fue Alcalde el año siguiente de 1580; tuvo dos hijas naturales en Catalina Rodríguez, a Catalina de Ortega, mujer de Diego de León Pernia, sin sucesión, y Francisca de Ortega, que murió año de 1646 sin haber sido casada ni tenido hijos, aunque fue muy celebrada por su buena cara y conocida con el nombre de la Orteguita y no se sabe si destas fue hermano Pedro de Ortega, que el año de 1619 casó con Ursula de Peralta, hija natural de Pedro Ortiz de Peralta. Y el Diego de Ortega tuvo por hermano a Juan de Ortega, que entró en la provincia de Santa Marta en tiempo del Gobernador García de Lerma, y se ocupó en la pacificación de aquella tierra hasta que con el General don Gonzalo Jiménez de Quesada subió al descubrimiento y conquista del Nuevo Reino de Granada, continuando en todo lo que se obró en aquel tiempo, y en remuneración se le dio en la primera repartación de encomiendas, la de Gotaica y Zipaquirá, Suátiva y Tenemenquirá; y el Gobernador Miguel Díaz de Armendáriz le proveyó la de Nocaima en los panches; fue mayordomo de la ciudad de Santafé el año de 1547, y su Alcalde ordinariro los de 1557, 1570, 1573 y 1576, y por no haber casado le sucedió en las encomiendas hijo natural mestizo Francisco de Ortega.

Otra obra pía de capellanías y para casar parientes fue la que dejó Luis López Ortiz, fundador del convento de monjas de La Concepción, como escribiendo dél queda dicho.

Muy estimable es la memoria de capellanías que instituyó Santos Gil, natural de la Villa de Pesquera de Duero, junto a Peñafiel, hijo legítimo de Francisco Gil y de María Sánz, que había sido y dejádolo algunos años antes de su muerte procurador de pleitos en la Real Chancillería de la ciudad de Santafé, donde murió a 3 de octubre del año de 1639, debajo de testamento cerrado que otorgó en 30 de julio del mismo año ante Pedro de Bustamante, escribano real, y se abrió ante Clemente Garzón, escribano público y del número, en el cual se mandó enterrar a la entrada de la iglesia del convento de La Concepción, desnudo de la cintura arriba y con soga a la garganta y a la cintura y sin ataúd y está sepultado, no guardando estas circunstancias, en la peaña del altar de San Jerónimo, que es contiguo a la puerta principal de aquella iglesia. Nombró por primer patrón al maestro Gregorio Barbosa, presbítero, y que faltando, o los sucesores por muerte, ausencia del Reino u otro suceso, lo fuese uno de los capellanes, guardando en su elección el juntarse en la reja del coro bajo del mismo convento con abadesa, que tiene voto, y votando por dos, los de más letras, edad, autoridad y más a propósito para gobernar y cumplir el patronazgo y atender a la permanencia de las fincas; y el capellán de los dos electos que saliere en suerte sea patrón, el cual goce de una casa principal que está frontera del propio convento con dos tiendas en lo bajo y otra en la esquina de arriba de la misma cuadra, por el cuidado de su oficio y para que acuda con vino, cera y incienso del gasto de capellanes y sepoltura y a cuidar de que se digan las misas y que las casas estén reparadas para su permanencia, y que vivan ajustadamente y con buen ejemplo; y de lo contrario, remueva la capellanía, nombrando en ella clérigo pobre y virtuoso, y de las que vacaren, así en propiedad como en ínterin, y que los que lo fuesen entren por propietarios, conque para capellanes hayan de ser vecinos y asistentes en Santafé y vaquen, ausentándose, si no fuere con urgente causa y consulta del patrón y dejando sostituto que ejerza; y que quien con la carga de misas no quisiere su finca la deje, y el patrón la dé a otro con las mismas; y para capellanes excluya a los que tuvieren raza de indio o mulato anulando el nombramiento, y que lo pueda contradecir cualquier capellán, y les encarga la conciencia; y que todos los capellanes propietarios y en ínterin, aunque sean niños, se junten en corro y altar para las misas cantadas, que han de ser con responso en las festividades de la Virgen y de los apóstoles; y el día de Todos los Santos, en que se diga vigilia, y el que faltare le multe el patrón en dos patacones para las monjas y esté la sepoltura con tumba, seis velas y cuatro hachas o por lo menos dos, y se den velas a los capellanes, que las vuelvan acabada la acción, siendo todas las misas cantadas y rezadas en el mismo convento, y las de canto oficien las monjas; y dejó para las músicas renta de sesenta patacones al año, como también la que resultó de su remanente que se distribuye entre todas las religiosas; y según lo presente cabe a cada una de las de velo negro a cuatro patacones y a dos a las de velo blanco; también donó un escritorio salamanquino a las abadesas para archivo, con cargo de una misa cantada al año, Y las capellanías, capellanes, casas, misas y aplicación, es como se sigue:

1. El maestro Gregorio Barbosa, con una casa y tienda en la Calle Real y más otra casa junto a la de Coronado, de que gozase hasta que Juana, niña huérfana, que había criado una moza de la casa del fundador, fuese de edad de tomar estado, y si muriese antes, quedase en capellanía con obligación por ambas fincas de ochenta misas rezadas y una cantada, y diez menos faltando la segunda casa, aplicadas por su ánima y las de sus padres.

2. El doctor don Fernando Fernández de Valenzuela, y en su ausencia su hermano el bachiller don Pedro de Valenzuela, que tiene otra casa y tienda donde vivía el Padre Gaspar de Aguilar, con carga de misa cantada y setenta rezadas por las ánimas de sus hermanos.

3. Martín Guerrero, la casa que ocupó Antonio Nieto con dos tiendas y las mismas misas que el antecedente, por las ánimas del Purgatorio.

4. Bachiller Juan Ignacio Pedroso, la casa alta y tienda que habitaba Felipe de Santiago en la esquina del convento de Santo Domingo, con sesenta misas, y otra cantada por la paz y concordia entre los príncipes cristianos.

5. Don Cristóbal Gutiérrez de Carvajal una tienda en la casa del maestro Barbosa y otra en la de Martín Guerrero con veinticinco misas rezadas y otra cantada por las ánimas de sus esclavos.

6. El bachiller José Martín Tomé una casa y tienda en la Calle Real, enfrente de la torre de Santo Domingo, con misa cantada y setenta rezadas por las ánimas del Purgatorio.
7. El maestro Francisco Sotelo una casa baja con dos tiendas en que estaba Pedro Ramírez, con sesenta misas rezadas y otra cantada por las ánimas de personas a quien fuese cargo de alguna cosa o tuviese obligación.

8. Jerónimo Leal la casa de la esquina de Alonso Martín, con su tienda frontera de Clara de Castro, con sesenta misas rezadas y otra cantada por las ánimas que padecen mayores penas en el Purgatorio.

9. El bachiller Bernardo Gavilán la casa contigua a la en que murió el fundador, calle abajo de la portería de Santa Clara, con misas cantadas y cincuenta rezadas por las ánimas de los que en vida fueron sus bienhechores.

10. Tomás de Merlo la casa lindera siguiente, con misa cantada y cincuenta y cinco rezadas por los que están en pecado mortal.

11. El maestro fray Gabriel López la casa contigua que hace esquina, con misa cantada y cincuenta y cinco rezadas por los agonizantes deste Reino, que Dios los favorezca en su última hora.

12. Gaspar de Aguilar, casa alta y tienda en la esquina de Ontiveros, con misa cantada y sesenta rezadas por los encarcelados sin culpa.

13. El maestro Jerónimo de Berrío (en que entró don Pedro de Ormaza) la casa que habitó doña María de Tapia y otra en que estaban los Arroyos y un solar en la parroquia de Las Nieves, con setenta misas rezadas y otra cantada, y por la salud de los Presidentes y Oidores de Santafé, para que despachen los pleitos de los encarcelados.

14. El maestro don Gregorio Osorio Nieto de Paz la casa enfrente de la de Ana de Aconcha, que está en la cuadra de Santa Inés, con misa cantada y con cincuenta y cinco rezadas por la salud de los Arzobispos, dignidades y jueces eclesiásticos, para que despachen los pobres.

15. Gregorio de Peñaranda la casa inmediata linde con la alta de Jerónimo de Colmenares, con otras tantas misas por la salud de sacerdotes, religiosos y religiosas deste Reino que acudan a su obligación.

16. Juan de Carvallo la casa baja contigua a las de los patrones, hacia la plaza, en ínterin de Pedro, niño que crió la moza Oruña, con otras tantas misas como cada uno de los dos antecedentes, por las ánimas más próximas a salir del Purgatorio.

17. Doctor don Diego de Santibáñez la de más arriba, que hace esquina, ínterin de otro niño Diego que crió Agustina de Angulo, con las mismas, por navegantes y caminantes que Dios los favorezca.

18. Pedro Rodríguez de Santisteban la casa frontera de la del Licenciado Antonio de Agudelo, con misa cantada y treinta rezadas por la salud de jueces seglares.

La casa de su morada dejó a su criada Agustina de Angulo, mestiza, con otras muchas cosas; y por lo primero cargo de seis misas rezadas, y a falta de sucesores, capellanía. Son todas las misas de cada año un mil y cuarenta y seis rezadas y diecinueve cantadas, que sale casi a tres misas cada día con comodidad de diez y ocho sujetos y el socorro de religiosas, sin otras buenas obras que hizo por su testamento y en vida, dejando ilustrado el convento de La Concepción con sus dieciocho capellanes demás de los cuatro que tenía de su fundador Luis López Ortiz.

Simón de Sosa Soroa dejó su hacienda en capellanía de los prebendados y capilla de Santa Catalina, y aunque se pervirtió mucho quedó en ochenta mil patacones.
Diego Calderón Agüero dejó trescientos y cuarenta pesos de renta de juros en la Real Caja para que se diesen cada año a una doncella para su estado.
Don Cristóbal de Villa y Arellano, que murió Deán de Santafé, dejó a trescientos pesos para dotes de monjas legas, como se escribió en el parágrafo de prebendados.
Lo que ilustra más esta tierra son las reliquias y milagrosas imágenes que tiene, y aunque no podré describirlas todas daré razón de algunas, porque no falte su noticia, y en esta forma asímismo de personas ejemplares por lo que se recrea el piadoso ánimo con semejantes asuntos.

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