Páez

XXXVIII. La ciudad de San Vicente de Páez fundó, Domingo Lozano el año de 1563, a 13 de enero, en confines de la Provincia de Popayán, donde estaba el pueblo de indios de Abirama, sesenta leguas de San Juan de los Llanos; destruyéronla los indios pijaos el de 1572. Hay en su distrito minas de oro. 

Angeles

XXXIX. La ciudad de Los Angeles, fundada por el mismo Domingo Lozano, veintidós leguas de Tocaima y nueve de Neiva; despoblóse. 

Buga

XL. La ciudad de Guadalajara de Buga pobló Alonso Fuenmayor en el paraje donde había poblado la de Jerez Giraldo Gil de Estupiñán, y la consumieron los indios de guerra quince leguas de Popayán, al Nordeste; permanece la otra con corta vecindad (1)

Alta Gracia

XLI. La ciudad de Nuestra Señora de Alta Gracia, de sumapaz, fundó en la provincia de los sutagaos Juan Lopez de Herrera, de que ha quedado más que el nombre y justicias que elige para aquel territorio y valle el Cabildo de Santafé. 

Jesús

XLII. La ciudad del Nombre de Jesús del Valle, de Upar y por otro nombre el Pueblo Nuevo, fundó el Capitán  Ruiz de Tapia, pertenece al gobierno de Santa Marta y tiene convento de la religión de San Francisco; es de poca vecindad. 

San Juan de Rodas

XLIII. La ciudad de San Juan de Rodas fundó el Gobernador Gaspar de Rodas a 10 de septiembre del año de 1570 en la Provincia del Paramillo, dos leguas del río de Cauca, que es en la Gobernación de Antioquia; fueron sus primeros Alcaldes Juan Velasco y Alonso Hernández Molano; Alguacil mayor, Juan Alonso de Santa Ana, y seis Regidores; reedificóla el año de 1582 Juan de Rodas Carvajal, y por último la mudó, y de sus despojos principió la ciudad de San Jerónimo del Monte, año de 1584, dos días de camino del río de Cauca, a la parte del Oeste; tierra de grandes minerales de oro, y se entra a ella por el río de San Jorge; está a cuatro jornadas de la ciudad de Cáceres, que median el río de Cauca; fueron sus primeros pobladores el General Juan de Rodas Carvajal, el Capitán Juan Alonso de Santa Ana, Bartolomé Díaz, Francisco Sánchez, Martín de Ocampo, Juan Gallegos, Juan Mateos Corzo, Pedro Pablo Sarmiento, Juan Pérez Vítores, el Capitán Diego de Avila, Alonso de Rodas Carvajal, Juan Ramírez y otros. 

Ecija

XLIV. La ciudad de Ecija fundó en la Provincia de Santa Marta Francisco de Castro el año de 1571 y se despobló luego.

Villa de Leiva

XLV. La Villa de Nuestra Señora de Leiva, fundada en 12 de junio y 15 de diciembre del año 1572 por Francisco Jiménez Villalobos y Juan de Otálora, Corregidores de la Provincia de Tunja, a cuya ciudad está sujeta, y le pone Alcaldes Y Regidores, como se ha dicho; tiene conventos de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, y de monjas carmelitas descalzas, y hospital a cargo de los religiosos de San Juan de Dios; es de suave y benigno temple, buenas aguas, excelente pan, con abundancia en todo su valle y de muchas frutas de Castilla y de la tierra, con minas de plata, que no se labran por no habérseles reconocido bastante riqueza, y ser más la aplicación de los vecinos a la cultura del campo.

Ocaña

XLVI. La ciudad de Ocaña (que es la última hacia Nuevo Reino de Granada del gobierno de Santa Marta) fundó Francisco Hernández, día de Santa Ana, y con este nombre a 26 de julio del año de 1572, y en el de 1576 se mudó al de Ocaña; está en la provincia de los indios carates, de temple fresco y de hermoso mujeriego y admirable trigo y azúcares; tiene convento de San Francisco, San Agustín y principios de otro de Santo Domingo, y es camino por tierra para el Nuevo Reino de las Provincias de la Costa de Santa Marta y  Cartagena. 

Ubeda

XLVII. La ciudad de Ubeda fundó Andrés de Valdivia en el valle de Moava, día de la Natividad de San Juan Bautista, año de 1574; mudada al sitio de las Pesquerías y reedificada después y despoblada, cuyos sitios son en la Gobernación de Antioquia. 

Sant-Angel

XLVIII. La ciudad de Sant-Angel, en la Provincia de Chimila del gobierno de Santa Marta, empezada a poblar por Lorenzo Jiménez y proseguida por Antonio Cordero, año de 1575, y después despoblada. 

Santa Agueda

XLIX. La ciudad de Santa Agueda fundó el año de 1574 don Gonzalo Jiménez de Quesada, siete leguas de la de la mariquita, y años después se despobló. 

La Grita

L. La ciudad del Espíritu Santo de La Grita fundó el Gobernador Francisco de Cáceres el año de 1576 en el valle que los primeros españoles conquistadores le pusieron de La Grita por la que los indios les daban, que ordinariamente en sus guerras hacen las embestidas voceando; quedó por cabeza de gobierno, pero ya sus gobernadores continúan sus asistencias en Mérida; hay en su distrito minas de cobres con mucha abundancia y mina de azul para pintores; tiene un convento de religiosos de San Francisco. 

Barinas

 

Armas de Barinas
 
Figura 64.

 

LI. La ciudad de Barinas fundó en el año de 1576 Juan Andrés Varela; está dieciséis leguas de Mérida, a la parte del Leste, y es muy nombrada por el tabaco que se coge en su distrito, tenido por el mejor que hay; tiene convento de San Agustín (2).

Cáceres

LII. La ciudad de Cáceres, entre los dos ríos (que son el de Cauca y el de la Magdalena), del gobierno de Antioquia, fundada por Gaspar de Rodas cerca de la Matanza de Valdivia el año de 1576 y mudada a otros dos sitios y reedificada en el que permanece por Francisco Redondo el año de 1588, en setenta y un grados y quince minutos de longitud del meridiano de Toledo, y cinco grados y treinta minutos de latitud a la banda del Norte; está en una loma alta, una legua del río de Cauca, a mano derecha de su corriente; tierra riquísima de oro, en el gobierno de Antioquia.

 

(1)
 Bibliografía. Tulio Enrique Tascón, ''Historia de la conquista de Buga", segunda edición, V-279 páginas, Bogota, Editorial Minerva, S. A.
(2)
 Doscientos catorce años después de fundada esta ciudad, el monarca español, por Real Cédula fechada en Madrid el 19 de febrero de 1790, le concedió el título de ''muy noble y leal,'' facultándola para usar escudo de armas. Dicha providencia está concebida en los siguientes términos:
''Don Carlos, etc. Por cuanto por parte de la Justicia, Regimiento y vecinos de la ciudad de Barinas, se me ha representado ser una de las más principales y capital de aquella nueva provincia establecida con el mencionado nombre, y tener ansímismo la satisfacción de haber dado en todos tiempos las mayores pruebas de su lealtad y amor a sus soberanos, principalmente en el año de 1781 con motivo de haber intentado seducirlos y llevarlos a su partido de rebelión los sublevados del Reino de Santafé, respecto de que vencida lograban tener paso franco hasta la d Caracas, por cuyas pretensiones y amenazas, que habían despreciado con valor constante, levantaron en breve tiempo un ejército de sus naturales, que fue bastante para impedir sus perversos designios, como lo habían informado a mi augusto padre (que sea en gloría) el Gobernador de aquella provincia, el Capitán General de la de Caracas y otros ministros reales, según constaba del expediente formado para la averiguación de las cabezas o motores de las sublevaciones, y se advertía (le que con reconocimiento a resultarse de él la constante fidelidad c acredité esa ciudad, la de Trujillo y la de Maracaibo, y que la resistencia y positiva resolución de las dos primeras, como inmediatas a la sublevación, había impedido pasase a la Provincia de Caracas, como lo habían intentado los malcontentos de Santafé, había comunicado real orden al mencionado Capitán General con fecha de 10 de agosto del año de 1783, previniéndole que, en su real nombre, diese gracia a las tres expresadas ciudades, manifestándoles lo grato que le había sido el constante ejemplo de fidelidad con que tan dignamente se habían distinguido, y que lo tendría presente en todas las ocasiones para premiarlas como merecían, cuya noticia había sido a sus vecinos de la mayor satisfacción, deseando se perpetuase en sus sucesores la memoria de tan buen ejemplo de fidelidad y amor al soberano por medio de alguna gracia que se recordase y estimulase para proceder del mismo modo en iguales casos; añadía que siendo cabecera de muchos pueblos sujetos a su jurisdicción y capital de la nueva provincia, donde reside el gobierno, adornada asímismo de Cabildo, bastante número de sujetos de distinción por sus familias y ejemplos y asistida de los referidos méritos, concluía suplicando se sirviese en premio de los suyos condecorarlas con los honrosos títulos de muy noble y leal, y el escudo de armas de que usa en estos Reinos la ciudad de Zaragoza, para que se colocase en las casas de Cabildo y en los edificios públicos donde se tuviese por conveniente, cuyo nombre se la dio en su primera fundación, o el que se señalase corresponderla por uno de los reyes de armas, según fuese de mi soberano agrado, para usar de él en la referida conformidad. Visto lo referido en mi Consejo de Cámara de las Indias con otra posterior instancia de la nominada ciudad y vecinos, en que reproduciendo a lo anterior lo determinado por la nominada real orden, presentaron tres testimonios haciendo constase en el uno haberse dado a la iglesia de aquella ciudad en su creación y demarcación verificada en el año de 1567 el nombre de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, y tomándola para que la defendiese y guardase de sus enemigos, y que la de Zaragoza en estos tenía por divisa en sus anuas un león rampante coronado en campo de gules; en otro las operaciones del mencionado Cabildo para contener las indicadas sublevaciones, y de haber tenido pronto a este efecto hasta quinientos caballos para atacarlos en caso que se determinasen a embestida; y el último de la referida real orden suplicando me dignase dispensarla las indicadas gracias, con lo que con inteligencia de todo excusé mi Fiscal, y consultándome sobre ello en 30 de marzo del año próximo pasado, atendiendo a los méritos del referido Cabildo secular y vecinos de aquella ciudad, apoyados en la citada real orden-oferta, he resuelto concederla la gracia de titularse muy noble y leal, y asímismo la de que por timbre de su fidelidad sean sus armas conocidas un escudo, la mitad de él con el león de oro coronado en campo de gules, y en las otras olas de alar (Fig. 64), con alusión a la situación ultramar en dicha ciudad, y a las demás circunstancias que en ella concurren para que las pueda usar en sus sellos, banderas y demás partes que quisiere y acostumbran poner las de otras ciudades del Reino, a quienes se haya concedido igual distinción, etc.
Madrid, 19 de febrero de 1790."
(Santiago Montoto, ''Nobiliario de reinos, ciudades y villas de la América Española,'' páginas 45 a 47, Madrid, Compañía Iberoamericana de Publicaciones S. A., 1928).
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