El bergantín del General Diego de Urbina (en que iba el Veedor) dio al través más adelante en el paraje de La Arboleda, pero por ser de noche y haber caminado con diligencia, salvó su gente de los indios y la entró en Cartagena, como también la del bajel de Antonio Díaz Cardoso, que con menor riesgo dio en el ancón de Zamba que habitaban indios pacíficos; y allí, junto en la punta de Icacos, encalló la embarcación don Luis de Manjarrés, con que sin peligro llegó a Cartagena. A los otros dos bergantines les aprovechó ser zorreros, que a veces hay males que vienen por bien, porque con su dilación se aplacó la tormenta del río, y cuando llegaron a su boca se anclaron en la bahía de su isla y navegaron hasta Malambo; y certificados del suceso de los otros, lo avisaron al Adelantado, que le llegó la nueva, y juntamente Ortún Velásquez de Velasco, Luis de Manjarrés y Antonio Díaz Cardoso con alguna de su gente, y Juan de Olmos, que padeció su naufragio en el bajel de Diego de Urbina y halló un amigo que le dio otro bergantín para irse al Perú, y se embarcó en él con cinco camaradas, volviéndose a Santa Marta, donde fue recebido con agradecimiento.

El resto de la gente perdida se fue al Perú con Diego de Urbina y don Diego de Cardona. El Gobernador hizo aparejar estas embarcaciones, y en ellas y otros dos barcos grandes despachó ducientos hombres a cargo del Licenciado Juan Gallegos, como General (que después murió en la batalla y ejército de Blasco Núñez de Vela) y por Capitanes de Albarracín y Antonio Díaz Cardoso, los cuales recogieron en su viaje un esquife con quince hombres escapados de una carabela de bastimentos que seguía la primera armada y en un bajo se había hecho pedazos; y éstos y los primeros navegantes se juntaron en Malambo y prosiguieron río arriba con trabajo, descomodidades y continua guerra con los indios; y en la provincia de Sompallón (que dista cien leguas de Santa Marta) se juntaron con los de tierra, que los españoles esperaban fatigados de la penalidad de los caminos y temporales por ser en el invierno) y faltos de salud y comidas. De este Pueblo de Sompallón arriba no había pasado ni descubierto español alguno hasta entonces; don Pedro Fernández de Lugo prometió a Quesada seguirle con más gente, y habiendo remitido la Segunda con Gallegos, envió con dinero a Luis de Manjarrés a la ciudad de Santo Domingo, que labrase una carabela y tres bergantines y se los trajese para seguir su propósito del viaje del río, pero recreciéronsele a Manjares pleitos que le detuvieron en la isla Española, y al Gobernador su muerte, que fue en este mismo año de 1537, y sabida por la Real Audiencia nombró en el interin del gobierno a Jerónimo Lebrón, con quien volvió a Santa Marta Luis Manjarrés.

En Sompallón dispuso el General Quesada una compañía, como de gastadores, dándole nombre de macheteros,  escogiendo los de más aliento y fuerzas; y por su caudillo y Capitán a Jerónimo de la Inza para que fuesen abriendo camino, que no era de las menores dificultades que impedían, por ser arcabucos espesos y cerrados que no se podían romper de otro modo que cortando árboles y monte bajo, y para hacer puentes a los ríos, con que fueron prosiguiendo éstos y los navegantes que descubrieron una población de indios, y sin llegar a ella dieron noticia al General, que se adelantó con su hermano Hernán Pérez de Quesada, Antonio de Lebrija, Baltasar Maldonado, Antonio de Olalla, Hernán Vengas, Domingo de Aguirre y Pedro de Velasco en tres barquetas y descubrieron el pueblo de La Tora, donde esperaron al ejército, que tardó en llegar seis días, por lo que la hambre y enfermedades imposibilitaba causas de haber rumor de inquietud y propuesta de dejar la jornada y volverse, porque tánta fuerza de trabajos y la incerteza de lo buscado a vista de la minoración con los que morían y prometerse lo mismo los que quedaban, se les escaseaba la espera y tolerancia; pero rechazando esta plática, el General envió a explorar la tierra al Capitán Juan de San Martín con doce soldados escogidos, en tres canoas que ellos mismos bogaban, y entrándose por el río de Carare, al quinto día dieron con una barqueta que bajaba con dos indios, que la desampararon, y aunque Bartolomé Camacho se echó a nado tras ellos, volvió solamente con la barqueta y en ella panes de sal y mantas, y prosiguiendo encontraron dos casas de contratación y en ellas más cantidad de sal, donde quedaron en guarda Antón Rodríguez  Cazalla, Diego Romero y un Juan Gordo, y continuaron los demás y a cuatro leguas dieron con caminos seguidos y por ellos anduvieron treinta leguas hasta llegar a poblaciones de indios, y volviéndose a avisar de lo descubierto, les dieron embestida, de que escaparon heridos, y Juan de San Martín cogió a manos un indio que nombró Pericón y sirvió después de guía y revolvieron a dar cuenta al General, que considerando que las recias corrientes y raudales del río impedían la navegación de los bajeles, resolvió que Juan Gallegos los volviese con los enfermos a Santa Marta, como se hizo, llegando a ella con solos veinte hombres y no menores sobresaltos, riesgos y embestidas de indios que a la subida.

Prosiguó el ejército y dio en tierra doblada y de serranía que salió Hernán Pérez de Quesada con escolta a buscar paso para los caballos, y después a descubrir y reconocer la tierra a Antón de Olalla con veinte soldados, estando a espaldas de Opón, y tuvo reencuentro con los indios en el valle, que quedó con el nombre del Alférez, por lo valeroso que anduvo, de que sacó heridas; y habiéndole venido de socorro Juan de Céspedes, Lázaro Fonte y otros, demarcaron la tierra y volvieron del valle de Opón con indios y bastimentos a encontrar el ejército que a su paso llegó al valle de las Turmas, donde pasó muestra el General y halló ciento y sesenta y seis hombres que habían quedado de más de mil que salieron en veces a esta facción (1).

Alojóse en la provincia de Chipatá, de donde pasaron a Ubaza, Sorocotá y Guachetá, cuyos indios guachetaes fueron los primeros que dieron la paz a los españoles; prosiguieron a Lenguazaque y a Suesca (donde el General hizo dar garrote a Juan Gordo por haberse desordenado) y de allí a Nemocón y Chía y Bogotá, al que llamó el pueblo de los Alcázares por sus vistosas casas que tenían remates a modo de gavias de navío, sin que en ninguna parte de las por donde iban dejasen de probar sus armas con los indios.

A la sazón reconocían los de la provincia de Bogotá por Superior y rey (aunque intruso) a uno llamado Thisquesuza, que murió en una de las primeras batallas de los españoles y le sucedió Sacresasicua, y los de la provincia de Tunja Quemuenchatocha, y ella tomó nombre de Unza por el primer señor que tuvo, llamado Unzahua, y el primer indio cristiano que murió en esta provincia de Bogotá fue el Cacique de Suba.

El General don Gonzalo Jiménez de Quesada envió a los Capitanes Juan de San Martín y Juan de Céspedes a la provincia de los panches y volvió con su campo a Nemocón y Turmequé y despachó a Pedro Fernández de Valenzuela a descubrir las minas de esmeraldas de Somondoco; y habiendo vuelto de los panches Juan de San Martín, le envió a los Llanos, y después fue en su compañía a lo de las esmeraldas y Hernán Venegas al valle de Vaganique, y por haberlo descubierto y pacificado se llamó el Valle de Venegas, y en él tuvo noticia del Tunja, con que fue el ejército o ya escuadra a su provincia y le prendieron, no siendo menor arresto del que tuvo el insigne don Hernán Cortés con Montezuma, porque había en defensa del Tunja innumerables indios y millares para cada español; pero andaba en su ayuda la mano de Dios para que fuese de su gremio parte de tánto gentío.

Pasó la gente española a Duitama y Sogamoso y su admirable templo, y venciendo al Duitama, partió a Tunja y hacia Bogotá, y desde Suesca se apartó el General con diez de a caballo y veinte infantes para ir a descubrir el valle de Neiva, dejando el gobierno de los que quedaban a su hermano Hernán Pérez de Quesada, con quien volvió a juntarse a breve tiempo, porque le enfermó la gente y no haber hallado lo que se prometía, y pasaron al pueblo de Bogotá, donde se hizo repartición de todo el pillaje que había habido, y cupo a cada soldado de a pie a quinientos veinte pesos de oro, y al de a caballo dos tantos, y cuatro tantos a los Capitanes; a don Pedro Fernández de Lugo, como cabeza, nueve partes y siete don Gonzalo Jiménez de Quesada, y a este respecto dividieron las esmeraldas, y de todo contribuyeron todos a Quesada con el pretexto de que iba a España a negociar para todos y después se hizo otra repartición de oro de veinte pesos y cantidad de esmeraldas; y a persuasión de fray Domingo de las Casas dio cada uno de su parte para fundar una capellanía por los vivos y difuntos de la jornada, juntándose casi tres mil pesos, que después la impuso en la iglesia Catedral de  Santafé don Gonzalo Jiménez de Quesada, el cual, determinado de poblar, envió a reconocer el mejor puesto, y conferido se resolvió fuese donde está la ciudad de Santafé en que había una como aldea llamada Teusaquillo, dependiente en sujeción al Cacique de Tuna, y edificándose doce casas y la iglesia tuvo principio esta ciudad.

 

El señor Mariscal
 
DON DIEGO DE ALMAGRO
 
Fundador de la ciudad de Santiago de Quito (primitiva Riobamba) y el que firmó en la misma ciudad el Acta de fundación de San Francisco de Quito.

 

En la ausencia y muerte de Ambrosio de Alfínger corrió con el gobierno de Venezuela Juan Alemán, que no hizo entrada y habiéndose dado a Jorge de Espira (que trajo por su teniente a Nicolás Federmann y quinientos hombres bien armados), salió a mediado mayo del año 1535 con su teniente Francisco de Velasco y trescientos infantes y cien caballos por la derrota que había seguido Ambrosio de Alfínger la vuelta del Sur, dejando orden a su principal, teniente Nico1ás de Federmann, que le siguiese con refuerzo de gente, habiendo hecho primero población en el cabo de la Vela para la pesquería de perlas, a que fue el Federmann; y aunque en Coquibacoa le llegaron dos navíos con lo necesario para poblar, no lo hizo y resolvió ir hacia el río grande de la Magdalena, saliendo en su demanda por el mes de junio del año mil quinientos y treinta y seis con ducientos hombres de a pie y de a caballo; y pasando la laguna de Maracaibo entró en el valle de Tocuyo, que corre Norte-Sur legua y media de largo y media de ancho, donde después pobló el Licenciado Carvajal; y prosiguiendo halló a Barquisimeto (en que se fundó adelante la Nueva Segovia).

Las conquistas del Perú se iban mejorando y el Marqués don Francisco Pizarro pobló a San Miguel de Piura, a veintinueve de septiembre de mil quinientos y treinta y dos, que fue la primera ciudad del Perú y la segunda del Cuzco, en donde dio despacho a don Sebastián de Belalcázar (que le había asistido a todo en puesto de Capitán) de Teniente de a Ciudad de San Miguel y para la conquista de la Provincia e Quito, a que entró con ochocientos hombres y fundó la Ciudad de San Francisco del Quito el año de 1534 (2), antes que el don Francisco Pizarro fundara la ciudad de los Reyes de Lima, que fue a 18 de enero de 1535 (3), y en este año mudó a Quito su fundador a otro sitio, en donde tuvo noticia de las Provincias de Pasto y Popayán, sujetas a dos caciques hermanos, Calambaz y Popayán, y con nuevo despacho que se le dio en Lima a 19 de noviembre del mismo año, el siguiente de 1536 salió con trescientos hombres a su descubrimiento y fundó la ciudad de Popayán (que tomó el nombre del cacique de su distrito) en dos grados y medio de la Equinoccial, al pie de la cordillera, junto al nacimiento del río de Cauca, entonces con nombre de villa, que el de ciudad se le concedió a 25 de junio de 1538, y el de 1547 le hizo obispal, y fue su primer Obispo don Juan de Valle, y segundo don fray Agustín de Coroña, agustiniano, llamado comúnmente el Obispo santo, como adelante se volverá a decir; y en esta ciudad de Popayán hizo asiento el don Sebastián de Belalcázar, de donde envió al Capitán Miguel Muñoz al valle de Cali, y a Pedro de Añasco, con cuarenta hombres de a caballo y cuarenta de a pie, a descubrir la Provincia del Nuevo de Granada con el nombre de El Dorado, y en su seguimiento con refuerzo de gente, a Juan de Ampudia, que pobló al año de 1536 la villa de Ampudia, despoblada luégo por orden de don Sebastián de Belalcázar, que los vino siguiendo con mayor carruaje y deseo de encontrar con la mar del Norte para irse a España, y de camino pobló la ciudad de Cali, treinta del mar del Sur y puerto de Buenavetura, que en el mismo año de 1537, a 25 de julio, mudó Miguel Muñoz al pie de la cordillera, donde permanece en un valle de quince leguas de ancho y cuarenta de largo, por donde pasa el río Cauca; y poco después fundó la ciudad de San Juan de Pasto y revolvió don Sebastián de Belalcázar a Popayán, y della a las provincias de Armas, Anserma y Timaná, y en ésta última hizo un pueblo nombrado como la Provincia, Timaná, dejando al Capitán Pedro de Añasco para que le gobernara, y prosiguió hasta el Nuevo Reino de Granada, donde concurrió con los Generales don Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás Federmann, que cada uno pretendió tocarle el sitio, y se convinieron conservando al que había poblado en él con calidad de que la gente de Venezuela y del Perú que quedase, fuesen reputados para el honor y para el provecho por conquistadores y partícipes de las conveniencias, como la de Santa Marta con que don Gonzalo Jiménez de Quesada, en presencia de todos los tres campos y los dos Generales, volvió a hacer nueva fundación de Santafé, con nombre de villa y solemnidad de posesión, y los otros actos jurídicos que se acostumbran en nuevas poblaciones en principio de abril del año de 1539, ampliando la repartición que tenía hecha de solares, cuadras y tierras; porque se había continuado en la primera población el gobierno militar que hasta allí le mudó a político y ciudadano, formando cabildo y nombrando alcaldes y regidores y conviniendo los tres Generales de irse a España, dispusieron el viaje y los bajeles para bajar el río, y bien acompañados partieron de Santafé, 12 de mayo, habiendo, a 8, dado despachos el Quesada a Gonzalo Suárez Rendón y Martín Galeano para poblar en Tunja y en Chipatá, y dejando el gobierno universal a Hernán Pérez de Quesada, que acabó la repartición de tierras y hizo la de las encomiendas de indios.

 

Escudo de Armas de San Francisco de Quito

 

Y don Sebastián de Belalcázar envió al Capitán Juan de Cabrera a poblar la villa de Neiva. Llegados los tres gobernadores a Cartagena se difundió en ella la fama de la riqueza del Nuevo Reino de Granada, y llegó a Santa Marta, donde gobernaba en interin Jerónimo Lebrón, que trató luégo de subir a lo nuevamente descubierto por comprendido en su jurisdicción, con ruidosas prevenciones que movieron a don Gonzalo Jiménez de Quesada a contradecírselo y enviarle a hacer requerimientos que no aprovecharon, pues no obstante subió, aunque no fue admitido.

Martín Galeano, ejecutando su comisión para poblar, fue al valle de Ubaza y fundó, en 3 de julio de 1539, la ciudad de Vélez, junto al río de Suárez; y en 14 de septiembre la trasladó al valle de Chopatá, donde permanece; y Gonzalo Suárez Rendón fundó la de Tunja, a 6 de agosto del mismo año   (4), Con que se pasa a describir los primeros descubridores, con quistadores y pobladores del Nuevo Reino de Granada, empezando por los del General don Gonzalo Jiménez de Quesada, que son los primitivos, por haber entrado el año de 1538, y prosiguiendo con los que se quedaron de los otros dos Generales, Nicolás de Federmán y don Sebastián de Belalcázar, que concurrieron el de 1539, y no se gradúan por sus calidades y méritos, sino por orden de abecedario, porque con menor prolijidad se halle el que se buscare, y de paso quedará advertido algunos de los que no dejaron sucesión.

 

(1)
 El 15 de junio de 1538, cincuenta y dos días antes de la fundación de Santafé, componían el Real de Nuestra Señora, en la sabana de Bogotá, ciento setenta y cuatro conquistadores.
Don Moisés de la Rosa, en su estudio ''Los conquistadores de los Chibchas," trabajo leído en la Academia Colombiana de Historia el día 1º de febrero de 1935, dice:
"De los siento ochenta expedicionarios que en el Valle de La Grita principiaron la campaña contra el imperio de los chibchas, al finalizar la misma habían muerto por distintas causas los siguientes:            Juan Gordo, un el pueblo de su nombre (Suesca); Andrés de Murcia, "cuando estaban ganadas algunas piedras y oro no sino poco," es decir, entre la llegada de la expedición a Gachetá y el saqueo de los tesoros del Zaque en Tunja; "Jiménez que murió habrá obra de un mes después de ganado el oro," es decir; unos treinta días posteriores al mencionado saqueo, y tres rodeleros: Martín, Bravo, Villalobos y Valle, perecidos los dos primeros en las jornadas contra los panches. Total seis expedicionarios que bajados de los ciento ochenta aludidos, dejan un número de ciento setenta y cuatro conquistadores que integraban el Real de Nuestra Señora de la Esperanza, en la sabana de Bogotá, el 15 de junio de 1538, cincuenta y dos  días antes de la fundación de Santafé."
(Moisés de la Rosa, "Los conquistadores de los Chibchas," 29 páginas, Bogotá, Imprenta Nacional, 1935).
(2)
 15 de agosto de 1534. (Véase José Rumazo y González, ''Libro primero de Cabildos de Quito,'' tomo I, páginas 25 y 45, Quito; Cándido Briz Sánchez, impresor, 1934).
(3)
 Véase Concejo provincial de Lima, ''Libros de Cabildos de Lima,'' libro primero (1534-1539), descifrados y anotados por Bertram T. Lee, páginas 13 y siguientes, Lima, Impresores Torres Aguirre, 1935.
(4)
 Enrique Ortega Ricaurte, ''Libro de Cabildos de la ciudad de Tunja. 1539-1542," páginas 3 a 12, Bogotá, Imprenta Municipal, 1941.
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