MESTIZAJE Y SEGREGACIÓN



 

 

1. Los comienzos del mestizaje


 

 

Prácticamente desde el momento en el que los españoles desembarcaron en territorio de las indias, uno de los primeros procesos que se desencadena es el de la conquista de las mujeres indígenas para satisfacer los deseos sexuales de los conquistadores. Esto es muy explicable si se piensa que los europeos habían pasado largos períodos de tiempo sin contacto alguno con personas de otro sexo. En las primeras expediciones, como es natural tratándose de aventuras militares en las que cada participante debe contribuir activamente a su éxito, no participan mujeres españolas; su incorporación habría sido un derroche de recursos, habitualmente bastante limitados. En las expediciones de Ojeda, Bastidas, Heredia, Belalcázar y Jiménez de Quesada prácticamente todo el personal era de varones; apenas en una ocasión, como cuando Ojeda fue al Darién, aparecen mujeres. En ese caso fueron dos, las que pueden descartarse para la discusión del tema a tratar. Las huestes estaban compuestas de centenares de soldados rudos, fácilmente excitables, dispuestos a la violencia, que estaban listos a aprovechar el dominio establecido rápidamente sobre los indígenas para utilizar sexualmente a las indias. Aunque las referencias a los contactos iniciales entre españoles e indios no son muy abundantes, bastan para establecer la existencia, desde la conquista del Darién, de un concubinato generalizado. Los españoles adquirían mujeres indígenas como esclavas y se rodeaban de indias de servicios hasta conformar muchas veces una sociedad abiertamente polígama. En Santa Marta, Fernández de Lugo encontró que los residentes se habían habituado a cohabitar con las nativas, y algo similar ocurrió en Cartagena, donde el obispo escribió que los colonos vivían "muchos de ellos amancebados y otros en logros y usuras. Otros conociendo indias carnalmente sin estar bautizadas, y éstos son muchos"1. Y Heredia, según algunos contemporáneos, "en la entrada tomaba muchas indias y las bautizaba para echarse con ellas, y después se iba por allí a los montes con el agua del Espíritu Santo"2. La misma precaución de cristianizar a las indias antes de acostarse con ellas, se advierte en la orden dada por el visitador Juan de Santacruz a una expedición que se preparaba en 1539 para partir hacia el interior desde Cartagena, de que "ningún cristiano se eche con india que no sea cristiana"3, lo que invita además a pensar que al menos entre los laicos se consideraba aceptable convivir con las indias siempre que hubieran sido bautizadas, y Aguado dice que en las Indias muchos se preciaban de tener "una o dos o tres mancebas indias o mestizas"4. Un ejemplo de captura masiva de mujeres, probablemente -aunque esto no se diga en la documentación- para saciar una tropa que llevaba ya casi un año marchando por entre las selvas, es atribuido a Quesada por uno de sus compañeros, quien afirma que tomó 300 mujeres y muchachos y "fue repartida esta presa por los capitanes y soldados, según al teniente (Jiménez de Quesada) pareció. Procuraron todos enseñar la lengua española a estas mujeres para poder entenderse con ellas, la cual tomaron en breve"5.

 Resulta curioso, en vista de lo anterior, que los hombres de Belalcázar hubieran podido utilizar las indias traídas del sur para obtener beneficios de parte de las autoridades de Santa Fe. Según Castellanos, Hernán Pérez de Quesada, "hombre vano, no poco sensual y derramado", se dejó influir de los "peruleros" por los obsequios de mujeres que éstos les hicieron para favorecerlos con encomiendas y otras granjerías. En la versión de Castellanos, los recién llegados

"usaban de lisonjas y del cebo
que tienen los lenones de costumbre
cuando buscan con mozas su ganancia
de que venían todos proveídos
pues había soldado que traía
cien y cincuenta piezas de servicio
entre machos y hembras amorosas
las cuales regalaban a sus amos
en cama y en los otros ministerios"6.

 Es posible que Castellanos hubiera generalizado a partir de casos aislados, algunos bien documentados: en 1543 Juan de Arévalo, uno de los hombres venidos del Perú, fue acusado de vender indios de ambos sexos y de haber dado a Pérez "una india suya para que el dicho Fernán Pérez se echase... y así era público que privaba con él, porque le servía con indias famosas..."7.

Aunque posiblemente una gran parte de las relaciones sexuales entre conquistadores e indígenas en estos años hayan estado acompañadas de violencia, no siempre ocurría así, y se tienen recuentos de algunas instancias en las que las indias se ofrecieron a los españoles, así como comentarios generales sobre las indias de alguna tribu que adquirían fama de darse fácilmente. Así, Castellanos nos habla del pueblo de Las Hermosas, cerca a Cartagena, donde "todas en común son generosas en dar lo que les dio natural uso"8 y Simón, hablando de las mujeres guanes, las que juzga de buen parecer, dice que eran "blancas y bien dispuestas y más amorosas de lo que es menester, en especial para los españoles"9. También Castellanos atribuye a las indias del grupo catío la tendencia a amar y querer a los españoles, y un testigo que a diferencia de los anteriores pudo tener  experiencia personal en lo relatado, Cieza de León, decía que las indias cercanas a San Sebastián eran "de lo hermosas y amorosas que yo he visto en la mayor parte de estas Indias"10. Por lo demás, no faltan tampoco incidentes en que las indias, después de convivir con un español, se sienten más vinculadas a éste y denuncian los planes de rebelión de los miembros de sus propios grupos o protegen al español de la venganza de los otros indios: los casos más conocidos son quizá el de Fulvia, la concubina de Vasco Núñez de Balboa y el de la amiga de Lázaro Fonte, que lo salvó cuando fue desterrado a Pasca.

 Por supuesto, estos testimonios, deben tomarse con bastante escepticismo y precaución, y si pueden por un lado apuntar a una situación real, en la que las nativas se sentían atraídas por seres a quienes podían llegar a considerar como superiores al haber vencido a sus propios hombres o en la que las relaciones personales de la india con el español podían hacerse más fuertes que toda lealtad con su gente, por el otro pueden incluir un buen elemento de vanidad de los españoles, que debían naturalmente preferir creer que seducían a las indias en vez de forzarlas.

 

2. La india y la esposa



 

En todo caso, fuera de la relación ocasional y posiblemente violenta de los españoles con las indias de los grupos que apenas acababan de conquistarse, pronto se establecían relaciones más estables entre cada conquistador y una o varias indígenas escogidas como concubinas, a veces bajo la imagen de simples "indias de servicio". Esta forma de relación no era muy extraña a la mentalidad española y quizás muchos conquistadores apenas la distinguían del matrimonio: sólo muy recientemente se había tratado en España de forzar a la población a formalizar todo matrimonio frente a un miembro del clero. Pero para las autoridades españolas y para la iglesia se trataba de una situación irregular, que debía corregirse sin demora. Violaba, por una parte, las ordenaciones eclesiásticas; por otra tenía el problema de producir como secuela una multitud de hijos ilegítimos, a lo que se añadía el problema adicional de ser mestizos. Una posible salida era por supuesto regularizar la situación mediante el matrimonio del español con una indígena, idea que fue ocasionalmente favorecida por la corona, sobre todo cuando se trataba de indias principales, a las que según se creía -a veces erróneamente, dada la peculiaridad de los sistemas hereditarios indígenas- podía corresponder en sucesión un cacicazgo, por ejemplo. Pero en general el español no parece haberse resignado fácilmente al matrimonio con las indígenas, aunque haya unos pocos casos documentados: el de Julián Gutiérrez en Urabá, al cual ya se ha aludido, y el de unos cuantos españoles de Tolú a los que se les ordenó casarse o perder las encomiendas, que no podían darse a solteros; cuatro o cinco se casaron con sus concubinas11. Pero lo habitual fue tratar de resolver la situación mediante el matrimonio con una española, en la medida en que éstas empezaron a aparecer en el territorio de las Indias.

Se ha hablado con frecuencia de que los españoles, a diferencia de colonos de otras nacionalidades, no tuvieron prejuicios raciales y aceptaron mezclarse fácilmente con los indígenas, pero es evidente que esta ausencia de prejuicios se limitaba comúnmente al uso de las indígenas como compañeras sexuales, en ausencia de mujeres blancas, tolerancia que han mostrado también los colonizadores de otras naciones cuando se han encontrado ante la necesidad de escoger entre cohabitar con mujeres de grupos étnicos diferentes o la abstinencia (u otras formas menos aceptables de satisfacción). Pero quizá los españoles, así como los portugueses, revelaron mayor disposición a continuar utilizando las indias como concubinas o compañeras ocasionales incluso después de contraer matrimonio con mujeres de su mismo grupo, virtud menos extendida entre los colonizadores provenientes de otras naciones europeas y que en forma mediata contribuyó a dar carácter relativamente suave al racismo hispanoamericano.

Inicialmente, como ya se dijo, el número de mujeres españolas era muy reducido. A Santa Marta llegaron algunas parejas casadas con la expedición de García de Lerma, y en los años siguientes algunas mujeres vinieron a la región, a veces con la esperanza de contraer matrimonio con conquistadores a los que suponían ricos y vigorosos. También a Cartagena llegaron mujeres rápidamente, y por las alusiones de Castellanos podemos suponer que muchas eran de costumbres más bien ligeras. A Santa Fe las primeras seis mujeres llegaron en 1540 con Jerónimo Lebrón; otras vinieron con Alonso Luis de Lugo y a una de éstas, Elvira Gutiérrez, casada luego con un conquistador, se atribuye tradicionalmente el haber sido la primera persona en hacer pan de trigo en el Nuevo Reino. Belalcázar llevó las primeras mujeres peninsulares a la provincia de Popayán en 1541. La política española, que trataba de que los encomenderos tuvieran su casa fundada en las Indias, obligó a muchos conquistadores, que estaban casados en España, a enviar por sus mujeres o incluso a viajar por ellas. Así se ordenó, por ejemplo, en 1544, pero es notable la multitud de exhortaciones y amenazas que se requirieron para que esta política tuviera algún resultado. Otros, solteros o viudos, intentaron hallar cónyuge entre las españolas solteras que llegaban a las Indias, a veces traídas por sus familiares, o atraídas por el renombre de las Indias, muchas veces con ayuda de los gobernadores interesados en ofrecer a sus hombres posibilidades matrimoniales, o en cierto modo desplazadas de España por el exceso de mujeres que allá había.

Desafortunadamente la información que tenemos sobre la comunidad española en los primeros años de la conquista es aún muy deficiente, y no es posible calcular ni siquiera aproximadamente la cantidad de mujeres españolas que llegaron al territorio colombiano o que habitaban en él en algún momento determinado, ni la proporción de mujeres y hombres dentro de la comunidad española. Entre los pasajeros registrados en Sevilla para viajar a América, se sabe que en el período de 1509 a 1539, alrededor del 6% fueron mujeres; en el período de 1540 a 1559 el porcentaje subió al 23%12. Es posible que la proporción de mujeres a hombres no fuera a mediados del siglo muy diferente de la del Perú, donde había una mujer por cada 7 u 8 españoles13. El único dato aproximado que tenemos para el Nuevo Reino es la afirmación de que hacia 1547 había ya unas 200 mujeres en esta región, cuando los varones llegaban a 800. En Santa Marta, en 1529, parece que había ya 14 o 15 mujeres casadas, mientras que en Popayán en 1556 sólo había unos 10 españoles con sus esposas14.

Por supuesto, la mayor longevidad de las mujeres, menos expuestas a los azares de la guerra, evidente por la frecuencia con la que una mujer se casa sucesivamente con varios encomenderos, disminuyó seguramente el desequilibrio entre ambos sexos, pero resultaba inevitable que durante estos primeros años de la conquista -las primeras dos o tres décadas, por lo menos- en cada región una buena proporción de los españoles se encontrara forzada a limitar sus contactos sexuales a las mujeres del grupo indígena.

 

3. Los mestizos


 

 

De este modo un sector de la población española generaba un nuevo grupo, que no encontraba fácil acomodo en la sociedad de la época: los mestizos. Por supuesto, y por elevada que supongamos la actividad sexual de los peninsulares, la proporción de mujeres indígenas cuyos hijos eran mestizos era necesariamente pequeña. Por el contrario, la proporción de españoles con hijos mestizos era muy alta: una revisión de 102 españoles que según Rivas vinieron con Quesada a Santa Fe, revela que al menos 20 tenían hijos mestizos conocidos y aceptados como tales15. Como la información es bastante incompleta, la proporción real debió ser mucho mayor. Es preciso tener en cuenta que el mestizaje que aquí interesa es social, definido en primer lugar por el simple hecho de ser considerado por indios o españoles como tal. Es posible que un buen número de hijos biológicos de los españoles se haya criado dentro de la comunidad indígena, sin diferencia alguna con los demás miembros del grupo. Este fue probablemente el caso de muchos que nacieron como resultado de uniones esporádicas, violaciones, etc. En todos estos casos, se trata de personas que social y culturalmente eran indios y que fueron considerados como tales en la época; los recuentos de indios, por supuesto, los incluyeron entre éstos.

Diferente es la situación del hijo de español e india criado entre españoles. Desde el comienzo, razones legales y religiosas lo separan de los demás españoles: se trata de un hijo ilegítimo (no siempre, es cierto)16, que tiene por lo tanto una serie de limitaciones en sus derechos legales: no puede ingresar a la carrera eclesiástica, le está prohibido portar armas, no tiene derecho a recibir encomiendas ni a desempeñar determinados empleos. La legitimación podía obviar en parte estas dificultades, y permitir a algunos de esos mestizos incorporarse completamente dentro del grupo español; otros podían lograr esta aceptación pese a su ilegitimidad, pero los casos son pocos, y en general se dan cuando el padre no ha tenido hijos con ninguna mujer española,  de modo que el mestizo no tropieza con los celos de la mujer legítima contra los hijos de otras uniones ni con los intereses de estos últimos en relación a derechos de herencia y posiciones sociales. Esta última posibilidad era por supuesto mayor en la primera generación de conquistadores, pues a partir de la segunda el desajuste numérico entre los sexos se corrige.

Varios ejemplos de las situaciones mencionadas antes pueden darse. Los hijos de Belalcázar heredaron encomiendas y ocuparon cargos elevados en la organización municipal de Popayán; pudo influir en esto el hecho de que la madre fuera considerada de la nobleza incaica. Juan de Ortega, uno de los compañeros de Quesada, trató de que su hijo Francisco heredara su encomienda, y tuvo éxito en este empeño. Diego García Zorro, mestizo hijo de Gonzalo García, fue regidor de Tunja; el padre se había casado con una española, pero no había tenido hijos con ella, de modo que legitimó dos de sus hijos mestizos; el otro fue ordenado clérigo. Este parece haber sido uno de los caminos favoritos de los mestizos de la primera generación para conseguir un lugar aceptable en la sociedad colonial: la ventaja que podía dar el dominio eventual del idioma indígena así como la escasez de clero dispuesto a adoctrinar indios se conjugaban para permitir cierta relajación temporal de las normas que prohibían a los ilegítimos entrar al sacerdocio: examinando los mismos 102 conquistadores mencionados por Rivas, vemos que de 34 varones mestizos al menos 6 fueron curas. De 12 mestizas mencionadas sabemos que la hija de Martín Galeano, el fundador de Vélez, contrajo matrimonio con un encomendero; otras se casaron también con españoles17.

 

Como puede advertirse, la información que se tiene se refiere en especial a aquellos mestizos que en cierto modo estaban dejando de serlo. Poco se sabe sobre el grupo, seguramente más numeroso, de quienes no fueron legítimos ni reconocidos, y no podían por lo tanto dedicarse a las actividades usuales de los españoles, con un status legal confuso e indefinido y con posibilidades económicas limitadas por las dificultades para adquirir tierra u obtener encomiendas. En estas condiciones, es posible que las actividades artesanales y las tareas de servicio en casas y haciendas de españoles hayan sido desempeñadas con frecuencia por mestizos, pero para estos años carecemos de información específica al respecto. En general tenemos sólo muy leves indicios acerca de la formación del grupo mestizo y sobre sus condiciones de vida durante estos años. Sin embargo, poco después de 1550 se anotaba en Popayán la gran cantidad de mestizos, y en 1549 se autorizó que fueran cargados los "mestizos ilegítimos" en un momento en que se trataba de prohibir el uso de los indios para el transporte. Pero para esta época la mayoría de los mestizos debían ser, al menos en Popayán y Santa Fe, niños, y sólo algunos de Cartagena o Santa Marta podían haber llegado a la edad adulta. El hijo mestizo de Martín Nieto que luchó contra los Yalcones en Timaná no podía haber nacido en la región, como tampoco la hija mestiza de Belalcázar, a la que su padre concedió, contra las leyes españolas, una encomienda en Popayán antes de 1550. Por lo tanto, la aparición activa de los mestizos en la sociedad colonial es posterior a la época estudiada en este volumen y su análisis encontrará lugar en otro sitio.

 

4. Los negros
 

 

 El mestizaje de españoles y negros, en contraste al que incluía a los indios, no puede haber tenido mucha importancia en estos años: el grupo negro tenía el mismo problema de los blancos, la ausencia de mujeres. No sabemos tampoco cuántos negros podía haber en un momento dado en el territorio colombiano, pero el número no debe haber sido muy alto. Aunque la corona dio diferentes licencias de importación de esclavos, no se ha establecido cuáles fueron utilizados efectivamente. Sabemos que Heredia trajo negros y los usó ampliamente en sus actividades de robo de sepulturas en la costa, y según Castellanos, Vadillo llevó 100 en su intento de entrar a Antioquia:

"Valioles mucho gente de Guinea
que para los trabajos eran buenos
pues en rigores tan intolerables
eran ellos los más insuperables"18.

Pedro Briceño afirmó que al menos 150 esclavos estaban trabajando en 1549 en las minas de oro de Sabandija, al occidente del Magdalena medio, y en Nuestra Señora de los Remedios (Riohacha) los vecinos se repartieron 100 licencias de importación en 154819. Es seguro que grupos pequeños de esclavos trabajaban en otras regiones, pero la cifra de Briceño es demasiado alta para ser verosímil. En todo caso, el número de esclavos en territorio colombiano no podía pasar de unos pocos centenares, y entre ellos la cantidad de mujeres debía ser muy baja, pese a que las licencias usualmente ordenaban a los importadores traer al menos un tercio de mujeres, y en 1527 el requisito había sido traer un 50% de mujeres para que los negros se casaran, pues se pensaba que esto "sería causa de mucho sosiego dellos"20. Pero aunque pocos ya creaban problemas. En 1530 unos esclavos huidos quemaron a Santa Marta, y en  1545 se informó que en la zona de Cartagena había algunos negros rebelados, desde hacía nueve años; habían sometido a su dominio un grupo de indios. Por otro lado, no parece que hubiera habido muchos casos de contacto sexual con los blancos. Existen más bien algunas instancias de relaciones entre negros e indias: en Cartagena se acusó a Pedro de Heredia de haber dado indias para entretener a sus esclavos y la imagen de que los negros se dejaban llevar por una "lujuria desenfrenada" con las indias dio apoyo a la política española de segregar rigurosamente indios y negros, lo que llevó a prohibir que los últimos vivieran entre aquéllos. La norma de mayo de 1526 de que los esclavos que se casaran con personas libres no obtendrían la emancipación como podía ocurrir en España, trataba de establecer una barrera a posibles matrimonios entre indias (legalmente libres) y esclavos21.

 

5. La política de segregación


 

En términos generales la corona española comenzaba a considerar conveniente mantener aislados a los indígenas de influencias que pudieran dañar su moralidad o la sumisión que apenas se empezaba a lograr. Un aspecto importante de esta política por supuesto era la enseñanza religiosa, a la que aludiremos en otro volumen, y para favorecer la cual se pensó desde muy temprano en la conveniencia de tener los indígenas viviendo en aldeas concentradas, aislados de otros grupos sociales. Las primeras prohibiciones en el Nuevo Reino se refirieron a los mismos encomenderos: en 1547 el visitador Díaz de Armendáriz prohibió a los encomenderos estar en los pueblos de indios más de dos meses al año y limitó el número de acompañantes que podía llevar a uno, lo que provocó una tesonera protesta de parte del cabildo. Dos años después se ordenó para el Nuevo Reino que ni encomenderos ni mulatos pudieran ser encomenderos y en 1551 se dio la orden de que los indios del Nuevo Reino se agruparan en pueblos, a tiempo que se prohibía a los negros estar en los pueblos de encomienda22. De este modo se fijaba en el Nuevo Reino la idea de mantener separadas las "dos repúblicas" el mundo de los indios y el de los españoles, comunicado únicamente por medio del encomendero (mediante el tributo), del doctrinero y del trabajo voluntario. Pero el mestizaje y la extensa convivencia de indios y blancos en las empresas económicas de estos últimos frustraban en buena parte los objetivos de las autoridades españolas.

El interés por el aislamiento de los indígenas -que se apoyaba también en el temor de que algunos encomenderos pudieran formar una base de poder político entre sus indios- llegó al punto de tratar  de aislar de sus comunidades a los indios "ladinos", o sea aquellos que habían aprendido el español y habían adquirido usualmente algunas de las costumbres de los invasores. Se temía de éstos que usaran el ascendiente que les daba el dominio del español para dirigir a los indios en posibles rebeliones. Así, un indio que llevó Quesada a España y volvió a las Indias en 1546 fue detenido en Cartagena y no se le permitió regresar a su tierra; finalmente la Corona ordenó que fuera remitido a España para no darle oportunidad de crear agitación entre sus compañeros23. Con alguna frecuencia los indios ladinos aparecen al frente de comunidades indígenas dispuestas a defenderse de los españoles y los cronistas tienden en general a atribuirles una buena habilidad para fingir y engañar a los españoles con el objeto de hacerlos caer en alguna trampa. Quizás el más notable de todos fue Andresillo, quien acaudilló la violenta y tenaz rebelión de los indios de Santa Marta en 1552 y fue capturado finalmente por Pedro de Orsúa.

 

6. Los españoles


 

Al mirar a los diversos grupos de la población neogranadina, hay que observar la composición interna del grupo español. Los papeles de la Casa de Contratación han permitido establecer algunos cálculos sobre el origen regional de los españoles que viajaban a América, pero no existe un estudio limitado a los españoles llegados al territorio de la actual Colombia. Los registros de Sevilla, que resultan bastante incompletos por la existencia de un amplio número de emigrantes ocultos, indican que el mayor grupo de viajeros a América provenía de Andalucía, y luego de Castilla y Extremadura24. El cuadro siguiente muestra la situación para la época en la que ha sido estudiado en detalle este fenómeno:

PROVENIENCIA DE LOS CONQUISTADORES

 AMERICANOS, 1509-153925

Andalucía                                          37.5% 

Castilla                                                 26.7  

Extremadura                                        14.7  

León                                                      7.6  

Otros                                                   13.5  


Sin embargo, entre 906 conquistadores identificados que llegaron al Nuevo Reino, Cartagena y Santa Marta entre 1520 y 1539 las proporciones varían algo en comparación con el cuadro anterior, aunque la mayoría de castellanos depende mucho de las expediciones a Cartagena en la década del 30, con alta presencia de madrileños. Un análisis de la proveniencia de 109 conquistadores llegados a Santa Fe en 1537 da también resultados ligeramente diferentes, entre los que vale la pena destacar, entre los 30 de regiones menores, la presencia de 9 portugueses, 1 francés, 1 griego y 1 italiano, o sea un 11% de extranjeros.

PROVENIENCIA DE CONQUISTADORES VENIDOS A TERRITORIO COLOMBIANO 1520-3926.

Origen de 906 llegados a                                                   Origen de 109 
Santa Marta, Cartagena y                                             llegados a Santa Fe
el Nuevo Reino -1520-39.                                                  en 1537.

                                  %                                 No.                          %

Andalucía                 18.0                         29                 26.6

Castilla                     34.3                         23                 21.1

Extremadura             12.7                         18                 15.5

León                          9.3                           9                   8.2

Otros                       25.7                         30                 27.6


El origen español resultaba importante por la tendencia de los conquistadores a realizar alianzas y grupos con base en ella y porque el aporte cultural específico depende de la localidad  de la península de la que provenga un grupo. Aunque no hay aún estudios concretos sobre estos temas, se sabe al menos que el idioma hablado en la América española está dominado por características andaluzas y extremeñas.

El territorio colombiano, por otra parte, vio aumentar durante estos años la proporción de españoles que venían a sus puertas: entre 1520 y 1539 el 7.3% de los viajeros a las Indias se dirigieron a puertos del territorio actual de Colombia, proporción que subió al 10% en el período 1540-1559. Esto revela quizás la atracción de la región chibcha, pero una idea mejor de la inmigración al territorio colombiano la da el cuadro siguiente, basado en las diversas declaraciones contemporáneas sobre el tamaño de las expediciones.

Estas cifras, que como siempre son más un índice de magnitudes que datos precisos, indican que al territorio colombiano llegó aproximadamente un número de 10.000 españoles en la primera mitad del siglo XVI. Los dos momentos de mayor inmigración fueron entre 1509 y 1515, con el interés por Castilla de Oro, y entre 1533 y 1536, cuando unos 5.000 españoles llegaron a Cartagena, Santa Marta (estos últimos para seguir en gran parte al Nuevo Reino) y Popayán. 

ESPAÑOLES PARTICIPANTES EN EXPEDICIONES
AL TERRITORIO COLOMBIANO 1509-5027.

1509-1520:                           2.000

1521-1530:                               760

1531-1540:                            5.600

1541-1550:                            1.000


Muchos de estos españoles, sin embargo, regresaron a España, continuaron hacia otras regiones en las Indias o murieron víctimas de los ataques indígenas, el hambre o las enfermedades. Esto explica que a mediados de siglo la población española, como se señala más adelante, no representa sino una mínima fracción de la cifra indicada para la inmigración en los párrafos anteriores.

Es importante señalar la presencia de un número notable de extranjeros entre los inmigrantes al Nuevo Reino, ya indicada con respecto a los compañeros de Quesada en 1536-37; Castellanos por su parte menciona continuamente portugueses, alemanes, italianos entre los conquistadores de Cartagena, Santa Marta y otras regiones. En este aspecto la política de la corona española fue muy vacilante, aunque estuvo dominada por el deseo de excluir a quienes no fueran castellanos o aragoneses del derecho a residir en las Indias. Ya desde 1501 se prohibió la venida de extranjeros a las Indias, pero no eran raras las dispensas y permisos. En 1526 los súbditos de Carlos V, incluyendo alemanes y genoveses, recibieron un permiso general, pero en diciembre de 1538 de nuevo se insistió en que sólo castellanos y aragoneses podían residir en América, aunque no se dejaron de dar permisos a algunos extranjeros, sobre todo por razones fiscales o comerciales; esta prohibición siguió en vigencia durante todo el periodo que consideramos28.

Otras prohibiciones trataron de excluir de las Indias a ciertos grupos españoles, sobre todo, aunque no siempre, por motivos religiosos: desde la primera década del siglo estuvo prohibida la venida de judíos, moros, conversos y, herejes; en el caso de los conversos podía venirse a América cuando la conversión al cristianismo de la familia era anterior al menor en 200 años; dada la extensión del fenómeno en España es poco probable que hubiera habido forma de excluir eficazmente a los descendientes de conversos del mundo americano y en muchos casos un simple juramento debe haber bastado para evadir la ley. Se prohibió también el paso de criminales, vagabundos, abogados y gitanos a las Indias, pero era difícil atajarlos, pues los viajes clandestinos eran frecuentes y a veces la Corona dio permisos especiales, como ocurrió con abogados y criminales29. En cuanto a judíos y conversos no se hicieron excepciones, pero es indudable que un buen número de ellos encontraron la forma de viajar a las Indias. El hecho de que en este caso su venida se hiciera de modo clandestino hace imposible calcular su número, pues no dejaron rastros en los registros de pasajeros. Es algo, que apenas puede evaluarse vagamente por quejas ocasionales sobre su presencia -por ejemplo en 1535, el obispo Toro de Cartagena dice que era "notable el número de judíos conversos" en su diócesis- y a partir de informaciones genealógicas, muchas veces poco dignas de confianza30.

Sobre la composición social y laboral de los conquistadores se han hecho varias hipótesis más o menos encontradas. Se sabe, por los estudios de Góngora, que entre los españoles llegados al Darién en la segunda década del siglo una elevada proporción estaba representada por artesanos y campesinos, que eran más del 80% de los pobladores conocidos31. No parece que hasta ahora se haya tratado de precisar el tipo de empleo desempeñado en España por los inmigrantes antes de venir a territorio de Colombia fuera del caso anterior; tampoco se ha estudiado sistemáticamente la documentación sobre la conquista para tratar de obtener la composición social. Pero los historiadores han insistido en general en la presencia, entre los conquistadores, de un amplio contingente de la nobleza menor y de la hidalguía urbana, a quienes se añadirían bastantes miembros de las clases medias urbanas: mercaderes, artesanos, etc. Los grupos sociales más bajos estarían representados sobre todo por soldados experimentados en Europa. Sin embargo, esta imagen no parece aceptable. Al examinar la documentación publicada, se tiene la sensación de que la gran mayoría de los conquistadores pertenecían a los grupos más bajos de la sociedad española: criados, jornaleros urbanos, vagabundos o miembros de familias artesanales pobres. Fuera del caso mencionado por Góngora, es difícil encontrar referencias a campesinos, aunque no puede excluirse del todo la posibilidad de que hubieran formado parte significativa de los grupos de conquistadores. La nobleza menor, por su parte, parece haber sido más bien escasa. Castellanos, por ejemplo, menciona dos conquistadores de Cartagena que tenían derecho a ser llamados "don"32, lo que constituye señal inequívoca de nobleza; entre los compañeros de Quesada llegados a la sabana (unos 180) se menciona un "don". El número de hidalgos es por supuesto mayor: por lo menos 25 de los conquistadores de los chibchas son aceptados como tales o al menos alegan ese status33. En estos casos, es posible que la ausencia de documentación sobre un buen número de hombres deje por fuera unos cuantos hidalgos, pero no es muy probable: la presencia de un amplio número de hidalgos no habría dejado de ser destacada por los cronistas, ni es esa una característica que se deje de mencionar al hablar de un conquistador, en un momento en que la preocupación por honra y nobleza era parte muy importante de la mentalidad de los peninsulares. Tampoco eran muchos los soldados en sentido estricto, aunque el término tendió, al menos en la Nueva Granada, a usarse para referirse a todos los participantes armados de una expedición o entrada: soldados con experiencia en las guerras europeas fueron apenas un puñado.

Las biografías de los fundadores de Santa Fe permiten formarse una idea de otros rasgos del grupo conquistador. En conjunto, y para este caso específico, se trataba de aventureros jóvenes, la mayoría de ellos recién llegados a las Indias. Sobre 51 expedicionarios cuya edad se conoce, apenas dos tenían más de 40 años al llegar a tierras chibchas; el promedio del conjunto era apenas de 26 años. Casi todos habían venido a Santa Marta con la expedición de Fernández de Lugo, entre ellos el teniente Jiménez de Quesada y varios capitanes. Sin embargo, algunos de los hombres más experimentados de Santa Marta, como Juan de San Martín, Antonio Lebrija y Antonio Díaz Cardoso, fueron hechos capitanes en la expedición: San Martín parece haber estado en Santa Marta desde 1526 y Lebrija y Cardoso por lo menos desde 1529. La educación de la mayoría parece haber sido muy rudimentaria, lo que no es de extrañar. Un indicio de esto está en el hecho de que en una petición firmada por 27 conquistadores, 14 no sabían firmar; posiblemente varios de los 13 restantes apenas sabían firmar, de modo que el número de alfabetas era bastante reducido. En el otro extremo, en la expedición había algunas personas con una educación formal muy elevada para la época: Jiménez de Quesada era licenciado, y al menos otro tenía título universitario. Otros, por supuesto, como era imprescindible en una sociedad como la española dada a exigir pruebas escritas, constancias, probanzas, etc., habían hecho del saber escribir su profesión; varios fueron los escribanos entre las gentes de Quesada34.

 

7. Magnitud de la población a mediados del Siglo XVI



 

Para concluir se presenta a continuación un cálculo de la población total del territorio colombiano hacia 1560. En la primera columna, aparecen las cifras propuestas por Angel Rosemblat para 157035; en la segunda las que el autor de esta obra considera mis verosímiles:

 

 

 

POBLACION COLOMBIANA EN 1560-70 

                                          1570 (Rosemblat)     1560

Blancos                                10.000                6-8000

Negros, mulatos y mestizos    15.000               5-7.000

Indios                                 800.000           1.260.000

Total                                   825.000           1.275.000

 

La segunda columna se basa esencialmente en las cifras de la Geografía de López de Velasco36. La población blanca estaba compuesta de unos 800 encomenderos y el total de vecinos pasaba de los 2.000; si a éstos se añaden los españoles no vecinos (recién llegados, criados, vagabundos, etc.), las mujeres y los menores de edad (que aún no podían ser muchos) se llega a la cifra propuesta.

 

VECINOS BLANCOS HACIA 1560 - 65

Santa Fe           600         Gobernación de Santa Marta,            150

Tunja                200         Gobernación de Cartagena                  300

Pamplona         100         Gobernación de Popayán                   500

Vélez                 100         Otras ciudades del Nuevo Reino       350

Total en territorio colombiano                                                   2.300

 

La población de esclavos africanos difícilmente podía haber alcanzado los 2.000 y la de mulatos debía ser casi cero. (El portero del cabildo de Santa Fe era mulato, posiblemente nacido en España, pero no parece que haya habido muchos más); la de mestizos es muy difícil de calcular, pero tampoco puede haber sido muy alta: recuérdese que el número total de varones adultos peninsulares debía estar entre unos 2.500 y unos 4.000 habitantes y que los mestizos puramente biológicos deben ser contados como indios. Por la información sobre los compañeros de Quesada parece razonable asumir, mientras estudios más detallados de los archivos permiten cálculos más precisos, un número máximo de mestizos igual al número de españoles adultos.

 

Cap.1

1. Para una exposición de conjunto pueden consultarse Cambridge Economic History, vols. I-III (Cambridge, 1952-66); Robert Boutruche, Seigneurie et Feodalité. 2 vols. (París, 1968-70); George Duby, Economía Rural y Vida Campesina en el Occidente Medieval (Barcelona, 1969) y C. E. Cipolla (ed.), The Fontana Economic History of Europe (Londres, 1971-74).
 
2. Ver las obras de Elliot, Vicens Vives, Domínguez Ortiz, De Silva y Lynch.
 
3. Vicens Vives, Historia Social y económica ... II, 417.
4. Pero que el orden político y jurídico no fuera en sentido estricto feudal no implica, como varios autores parecen deducir, que la estructura económica fuera capitalista. Sin entrar en un debate que requeriría una larga argumentación, no hay duda de que la estructura económica de España, en la medida en que se basaba en el señorío rural y en formas de trabajo y otras prestaciones gratuitas por parte de los campesinos, era "feudal", en el sentido que se da a este término cuando se habla de un "modo de producción feudal".
5. H. Kamen, The Inquisition in Spain, 13-25, 48, 111.
 

 

 

 

Cap. 2

1. La bibliografía sobre Colón es inmensa. Una introducción aceptable es la biografía de Samuel E. Morrison, pero debe completarse con las consideraciones de Carl Sauer en The Spanish Main, sobre todo en lo que se refiere a sus actuaciones en América.
 2. Citado por Las Casas, Historia de las Indias, II, 263.
3. Carta a los Reyes Católicos. Julio 7 de 1503. Reproducido en Fernández de Navarrete, Navegaciones, Vol. I.
 
4. Sauer, The Spanish Main, 65-69.
 
5. Buenas exposiciones sobre la experiencia antillana se encuentran en Vicens Vives, Historia Social y Económica... Vol. II; Konetzke, América Latina, y C. E. Haring, The Spanish Empire ...
 
6. Citado por Sauer, op. cit., 89.
7. El texto de la Cédula Real se encuentra en Konetzke, Colección ... I, 14-16.
 
8. Las leyes han sido publicadas por Antonio Muro Orejón, Ordenanzas Reales para el buen regimiento y tratamiento de los Yndios (Las Leyes de 1512-13) (Sevilla, 1559).
 
9. El mejor estudio sobre la organización estatal y administrativa en la primera mitad del siglo XVI es el de Mario Góngora, El estado en el derecho indiano...
 
10. Una magnífica discusión de estos temas se encuentra en L. Hanke, La lucha por la justicia ...
 


 

 

Cap. 3


1. La mejor síntesis sobre los pueblos indígenas es el libro de Reichel Dolmatoff, Colombia. Buena parte de lo que sigue proviene de este autor.
 
2. Sánchez Albornoz, The Demographic History ... 23.
 
3. El mejor estudio etnológico es el de Reichel, Datos ...
 
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