Capítulo V

EL PERIODO DE LOS GRANDES SISTEMAS FUNDAMENTALES

A. RENE DESCARTES (1596-1650)

Su obra más importante -el Discours de la méthode- se publico en el año de 1637. En ella, formuló el célebre y discutido principio de la duda metódica. Partiendo de una posición en que se abstiene de afirmar ninguna existencia y de formular afirmaciones a priori -vale decir, de una actitud intelectual antidogmática- observa Descartes que en esa misma actitud de duda algo subsiste: la duda misma y, por lo tanto, la existencia de alguien que duda, o sea de un yo, de un ente pensante. Esa duda, por consiguiente, revela al hombre su propia existencia: -Jepense, donc je suis (Cogito, ergo sum). De este principio deduce Descartes que todo aquello que se pueda formular en forma tan clara, será verdadero. Así, los principios matemáticos.

Descartes aportó a la filosofía un argumentó antropológico -o psicológico- sobre la existencia de Dios, partiendo de una triple clasificación de nuestras representaciones mentales: ideas innatas, ideas adventicias -nuestras percepciones sensibles- e ideas que surgen de la fantasía. Las primeras están fundadas en la esencia misma de nuestro espíritu; las segundas provienen de las cosas exteriores y las últimas son creaciones arbitrarias y puramente imaginativas. Pero entre las de la primera especie hay una que puede proceder de una fuerza desconocida que obra en nuestro intelecto: la idea de Dios.

El mundo corporal y el espiritual son reales, pero absolutamente distintos. De aquí el sistema dualista de Descartes: cuerpo y espíritu y Dios y el mundo son las categorías irreductibles de este dualismo sistemático: El otro aporté cartesiano a la filosofía moderna, más importante que el dualismo, es el principio de la explicación puramente mecanicista del mundo, que excluye toda intervención de entidades sobrenaturales en el orden de la existencia física. Esto, porque según Descartes, sólo Dios es sustancia y se encuentra no en el mundo sino fuera de él. Consecuencia de lo anterior es su afirmación de que los cuerpos vivos son máquinas y que los procesos de la vida son mecánicos y como tales hay que explicarlos.

Duda metódica, dualismo y mecanicismo son, en definitiva, los principales aportes del gran matemático y pensador francés a la filosofía moderna. Sus teorías, ásperamente combatidas por los jesuítas, fueron adoptadas por los jansenistas en su famoso enclave monástico de Port Royal.55

B. THOMAS HOBBES (1588-1679)

Este pensador inglés formuló lo que se ha llamado teoría empírico- nominalista del conocimiento. Todo saber se basa en la experiencia y tiene como finalidad proporcionar enseñanzas prácticas y útiles al hombre. Así, mediante el estudio de la historia podemos conocer los móviles de la conducta humana, a fin de aprender a tratar os hombres y a gobernarlos. El desarrollo político de esta ideología se encuentra en la más célebre de sus obras -el Leviathan- que se examina en la parte que en e presente curso se consagra a la Filo de la Historia.

Hobbes es un empirista. Cabría preguntar, entonces, cómo puede conciliarse esa posición con el método matemático, es decir, con la afirmación de que todos los conocimientos pueden ser deducidos a partir de definiciones y axiomas básicos. Esta cuestión lleva a Hobbes a la afirmación de que los "axiomas" científicos no son conocimientos innatos, ni evidentes por sí mismos, sino hipótesis o aserciones que necesitan comprobarse. ¿Cómo pueden comprobarse? Por el hecho de que las consecuencias que de ellos se deriven coincidan con la experiencia y sean útiles para los fines intelectuales que se persiguen. Este principio, empirista y utilitarista a un mismo tiempo, a la vez que muy típico de la mentalidad anglosajona, ha sido fecundo en el campo de las ciencias.56

C. BARUCH SPINOZA (1632-1677)

Este gran pensador holandés, judío de estirpe española, es por excelencia "el clásico del racionalismo y del dogmatismo", como escribe Ludwig Busse. En su concepto, el método geométrico es el modelo que debe seguir la filosofía. De aquí que su obra fundamental se titule Ethica ordine geometrico demonstrata.57

El dogmatismo filosófico de este gran pensador consiste en aseverar que as como todas las cosas se derivan lógicamente de las causas o fundamentos últimos de la realidad, así también deriva la mente humana, por un proceso rigurosamente lógico, del concepto de un ser universal la noción de las cosas a las que en su conjunto llamamos "realidad".

Según esto, en la cima del sistema surge una causa que es causa de sí misma, o sea un ser independiente, cualidad que es propia de la substancia, según el criterio cartesiano. Así, el concepto de causa sui llega a coincidir con el de substancia, que es cosa distinta del modo y del atributo: el modo es algo que existe en "otra" substancia; atributo es una determinación o connotación esencial de la substancia, sin la cual esta dejaría de ser lo que es. Ahora bien: Dios es la única substancia, puesto que su infinito número de atributos excluye toda otra substancia. De donde se deduce que Dios es idéntico al mundo o naturaleza: el mundo, como un infinito que comprende todo lo particular, es Dios.

Así, del dualismo cartesiano pasa Spinoza al panteísmo, cuya formulación rebasa los límites de este estudio propedéutico. En todo caso, en cuanto razón suprema del mundo, o sea de sí mismo, Dios es natura naturans y en cuanto totalidad de todo lo existente es natura naturata. De la substancia divina proceden los modos infinitos y de estos se siguen los modos finitos: los primeros (extensión y pensamiento, entendimiento y voluntad, movimiento y reposo) se identifican con los atributos de la divinidad; los segundos son las cosas materiales y espirituales que en su conjunto componen el mundo. De estos modos finitos, Dios es causa y también esencia y en cada uno de ellos cabe distinguir un aspecto material y otro espiritual. El hombre es un modo de la substancia divina, en el que también cabe distinguir una doble entidad: la material y la espiritual. Este dualismo paralelo explica, en último análisis, la posibilidad del conocimiento.

D. GOTTFRIED WILHELM LEIBNIZ (1646-1716)

Fué, en realidad, el primero de los grandes filósofos alemanes, a más de eminente jurista y matemático, y coincidió con Newton en la formulación del cálculo infinitesimal. Sus obras fundamentales son la Teodicea y la Monadología. Oponiéndose a la idea de substancia corporal, puesto que ésta es un compuesto divisible, observa Leibniz que la materia tiene como atributo la extensión -divisible por esencia- y que es inerte, en tanto que la substancia es actuante. De donde las cosas en sí, es decir, las substancias, tienen que ser incorporales y por ende concebidas como entidades del orden espiritual.58

Surgen aquí, a cambio de los átomos físicos, los "étomos psíquicos", las mónadas. Toda realidad es espiritual; todas las cosas son unidades anímicas y todas son mónadas. Cada mónada es única y distinta, pero es -al propio tiempo- un espejo del universo. Y se encuentra ordenada dentro de una escala infinita, que comienza con las m limitadas o imperfectas y termina con la más perfecta e ilimitada por esencia, es decir, Dios. El hombre es también una mónada: una "mónada espiritual".

En cuanto a la teoría del conocimiento, Leibniz distingue verdades de razón y verdades de hecho. La mónada, al respecto, todo lo deriva de sí misma en cuanto es un "espejo del universo" y porque procede independientemente de las demás, pero opera dentro de una armonía preestablecida. Esto no obsta para que el filósofo admita que, en relación con el entendimiento humano, existen verdades fundadas en la razón y verdades derivadas de la experiencia. Entre las primeras figuran las concepciones metafísicas, al igual que los conocimientos lógicos y matemáticos. Entre las segundas, se encuentran los postulados de las "ciencias inductivas", como la Física, que no son eternas ni generales en absoluto y en que pueden presentarse variaciones.

Racionalismo y empirismo no resultan totalmente conciliados dentro del sistema filosófico de Leibniz. Sin embargo, su mérito principal consiste, como anota Messer, en que frente a la tendencia monista de Spinoza, asume una posición propia, un "pluralismo metafísico", en cuanto lo esencial del mundo no es su unidad, sino su multiplicidad: -"Así como para la metafísica de Spinoza sirve de modelo la geometría, para la de Leibniz lo es la aritmética".59

55
-"Descontento de la ciencia escolástica, que no le parecía contener garantía alguna de verdad, Descartes se esforzó, independientemente de ella, por obtener conocimientos ciertos y absolutamente verdaderos. El estudio de la geometría le indicó la dirección en que hay que buscar tales conocimientos. De la misma manera que, en ella, el pensamiento descubre otras verdades partiendo de algunas proposiciones verdaderas y ciertas por sí mismas, la filosofía tiene que demostrar sus verdades deductivamente, partiendo de algunas proposiciones de indudable certeza". Ludwig Busse: Obra cit., página 24.
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-"La filosofía de Hobbes es fundamentalmente racionalista. Dotado de una sólida cultura científica, considera la política como una ciencia que ha de fundarse en justas nociones y rigurosas definiciones. Su filosofía y su política son igualmente anti-aristotélicas. Niega la existencia de ideas innatas e insiste en la importancia de las definiciones, los signos y el lenguaje: 'Sin el lenguaje, no hubiera habido entre los hombres ni Estado, ni Sociedad, ni Contrato de Paz, como tampoco existen entre los leones, los osos y los lobos'. Hobbes rechaza el recurso a lo sobrenatural. Toda su obra es una lucha contra los fantasmas, un esfuerzo por reducir a las potencias invisibles (...) constituye una brillante manifestación de ateísmo político". Jean Touchard: Historia de las ideas políticas. Trad. española. Editorial Tecnos, S.A. Madrid, 1961. Páginas 259-260.
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La primera parte de la Ética de Spinoza trata del concepto de Dios; la segunda, de la naturaleza y del origen del alma; la tercera, del origen y de la índole de "las afecciones"; la cuarta, de la servidumbre del hombre, y la quinta de su libertad. El gran pensador comienza enunciando ocho definiciones y seis axiomas fundamentales: sobre estas bases conceptuales construye, mediante sucesivas deducciones consecuenciales, su sistema filosófico, en cuyas páginas finales el filósofo cede el campo al místico sincero y profundo.
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Aportes fundamentales de Leibniz son su monadología y la muy ingeniosa hipótesis de la armonía preestablecida. Sobre esta teoría escribe Ernst von Aster: -"Dios ha creado a los hombres con el destino que tendrán, con las disposiciones que se desarrollarán en ese destino, pero de manera que las representaciones de las diferentes almas se adapten de tal modo, entre sí, que representen un mundo de los cuerpos en diferente concentración, es decir, en una 'armonía preestablecida' (...). Los mundos de representaciones de diferentes almas son como 'limitaciones' del alma divina y, por lo mismo, están espacial y temporalmente ordenados, porque al 'espacio' y al 'tiempo' pertenecen el 'aquí' y el 'ahora' como puntos de relación". Ernst von Aster: Obra cit., página 299.
59
Augusto Messer: Historia de la Filosofía (Volumen II: "La Filosofía moderna: Del Renacimiento a Kant"). Revista de Occidente. Madrid, 1933. Página 200.
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