|
|
Seis años más tarde, en 1854, el señor José María Plata en su "Memoria de Hacienda" al Congreso de ese año, anoto la circunstancia del alto interés, y el señor Rafael Núñez en la suya al Congreso de 1856, como Secretario de Hacienda el Vicepresidente Mallarino, dice: "El alto precio que tiene entre nosotros el dinero no permite contratar empréstitos por cuenta del Tesoro, a menos de 18 por 100 anual, siempre que se trate de cantidades d alguna consideración". Tan graves debieron ser los perjuicios ocasionados por la usura, que el señor Manuel Murillo como diputado en Estado de Cundinamarca propuso al Cuerpo Legislativo e unión de los señores José María Vergara y Vergara y José Joaquín Borda, entre otros, un proyecto de ley reformatoria del código civil cundinamarqués en el cual el señor Chiari su redactor, mantenía el régimen de libertad establecido por la ley de 26 de mayo de 1835. El proyecto de Murillo Toro decía así: "Los contratantes pueden estipular por vía de interés d capital la cuota que a bien tengan; pero no producirá obligación legal que haya de hacerse efectiva por los trámites establecidos en las leyes y por las autoridades del Estado, cuota que exceda del 5 por 100 anual, sea cual fuere la naturaleza del contrato". Con motivo de la discusión de este proyecto (que no llego a ser ley), el señor Aníbal Galindo dirigió al señor Murillo desde las columnas de "El Comercio", una carta con fecha de noviembre de 1859, en la cual abogaba por la libertad del interés, carta que Murillo contestó con una exposición publicada en el número 258 de "El Tiempo", correspondiente martes 6 de diciembre del mismo año citado. En tal escrito tuvo Murillo Toro el mérito de desligarse de sus maestros, de su escuela, y aún de la ideología de su partido, todo lo cual habla muy alto de su probidad intelectual, de la lealtad con que amó a su país y de su indiscutible valor civil. Manuel Murillo, el gran conductor del liberalismo colombiano, rompe en aquella exposición el molde de la vieja escuela económica liberal para hacer declaraciones y aducir conceptos francamente socialistas. La mencionada carta dice así: "Señor doctor Aníbal Galindo: "Mil gracias, mi distinguido amigo, por su atenta como científica carta inserta en "El Comercio" del 22 del mes último, provocándome a discutir la doctrina formulada en el proyecto de ley presentado a la legislatura de este Estado, retirando la protección legal al interés del dinero cuando exceda del 5 por 100 anual. Le agradezco la provocación, no porque me prometa el triunfo, sino porque me abre campo para hablar al público de una de las más interesantes cuestiones que tiene que resolver para su bienestar y en la cual lo creo supeditado por un sofisma que penetró en nuestra sociedad al favor de la autoridad de Bentham y Say, que han sido las lumbreras de la juventud desde 1826 hasta hoy; y se lo agradezco tanto más, cuanto que con usted no hay riesgo de que el debate degenere en ataques personales, sino que se puede contar con que no saldrá del terreno de la indagación científica en pos de la solución más conveniente del problema. Bien sabía yo cuando redacté el proyecto, que toda la escuela economista se me vendría encima haciéndome, por lo menos, el cargo de desertor, puesto que me ha hecho el honor de contarme en sus filas. Yo estudié legislación por Bentham, y aunque por mucho tiempo fué mi oráculo, ya no lo es. El doctor Ezequiel Rojas, jefe venerable de la escuela, con Juan Bautista Say en la mano, me abrió el santuario de las principales verdades de la Economía, y si bien es cierto que conservo el mayor respeto por las nociones que entonces adquirí, Y todavía mi catedrático y el texto tienen sobre mi espíritu mucha autoridad, me he independizado en algunos puntos, especialmente en aquellos que no pueden resolverse exclusivamente por los principios que ha sentado la Economía Política, tal como el que nos ocupa". "Usted quiere que yo comience por declarar en qué terreno quiero situar la cuestión, si en el de la economía, el de la legislación o el de la moral, y le contesto que en el de la libertad y la justicia, a donde convergen aquéllos". "Teniendo que combatir una opinión que ha echado tan hondas raíces en nuestra más culta sociedad y al amparo de dos publicistas tan justamente acreditados, especialmente Say, me es forzoso, querido amigo, comenzar por el ABC de la Economía y fijar algunas definiciones que si para usted son impertinentes, no lo son para la generalidad de los lectores a cuyo juicio apelamos". "Y desde luego debo rechazar la pretensión de encaminar y juzgar una cuestión bajo un punto de vista aislado, económico, por ejemplo; porque si eso es bueno como análisis, no puede ser bueno cuando se ha llegado al caso de formular una ley, que debe ser la expresión sintética del estudio en los diferentes ramos del saber. Tengo para mi que lo que más revela el atraso de la civilización son las semiverdades de que está plagado el mundo moral, soluciones dadas aisladamente por cada rama del saber. Hay economistas que enamorados de ciertos datos de la ciencia se dejan llevar por ellos solos a la solución de los problemas sociales, sin tener en cuenta la cooperación que ofrecen las otras ramas. Mientras no generalicemos, mientras no lleguemos a soluciones sintéticas a las que contribuyan todas las secciones del laboratorio científico, no llegaremos a comprender bien las leyes que presiden el desenvolvimiento social en vía de perfección. La división del trabajo en las ciencias Morales, haciendo economistas, juristas, criminalistas, diplomáticos, no ha dejarlo hacer legisladores, los cuales han de ser espíritus generalizadores, que reuniendo los datos que aquéllos suministren, den la fórmula precisa de la justicia. Se hace preciso establecer, para una discusión como ésta, la homogeneidad del saber, difícil, sin duda, por la acumulación de materiales suministrados por las secciones, y de los cuales la mayor parte quizá son inútiles cuando no perjudiciales". "Yo pues, no sitúo la cuestión en ningún terreno especial, pues que cabalmente a la tendencia (le no ver la cuestión sino de un sólo lado, el económico, atribuyo el que usted no haya comprendido desde la lectura del proyecto la justicia que en la economía, en cuyo nombre me habla usted, no nos enseña sino cómo se produce, se distribuye y consume la riqueza, con la circunstancia de que si bien ha recorrido mucho en cuanto a señalar las leyes de la producción, sea por cobardía o falta de tiempo se ha quedado muy atrás en cuanto a las de la distribución aceptando en eso los sofismas que le han querido echar encima los que habían ya tomado un puesto ventajoso para la apropiación; y desentendiéndose enteramente de las leyes eternas de la moral, que deben, sin embargo, constituir el principio y el fin de la labor humana". "Estos sofismas, o sea sólo estas medias-verdades propinadas a grandes tomas a la sociedad actual por los economistas que Mr. Louis Blanc ha apellidado de la bourgeoisie, están matando la industria en el mundo, llenándolo de mendigos, de delincuentes, por ser la miseria la causa más poderosa de la desmoralización, y deteniendo el progreso de la civilización que pudiera ya estar en su apogeo y apenas se levanta, dando vacilante algunos pasos y ofreciendo por todas partes poblaciones inmensas muriendo de hambre, una corrupción desenfrenada que ya toca al grado que alcanzó la del Imperio Romano y que al fin producirá un cataclismo espantoso, si en la América, al menos, no se le buscan mejores corrientes. Esa escuela económica que habla de libertad cuando ya los puestos están tomados por sus parroquianos favorecidos, y pide ley, es decir, restricción de libertad, únicamente para sus pretendidos derechos, ha reemplazado el feudalismo nobiliario con el feudalismo monetario, los barones con los banqueros, las vinculaciones con las sociedades anónimas, acumulando las riquezas en unas pocas manos y mirando despiadadamente a las grandes masas condenadas al suplicio de Tántalo, pues que ven a los menos gozar hasta el hastío y desperdicio, mientras ellas no tienen lo necesario para vivir". "Pero ningún sofisma más funesto, señaladamente en nuestro país, que el de la libertad de usura, con la circunstancia de que la fuerza social obligue al que la sufre a hacerla efectiva, por inicua que sea. Nuestro país es muy desgraciado en cuanto a condiciones industriales; el calor abrasador de las costas y de los valles u hoyas de los grandes ríos, la insalubridad de los climas, los varios ramales de los Andes que interceptan las comunicaciones, haciendo extremadamente difícil la construcción de caminos, oponen dificultades inmensas al progreso, a lo cual ha venido a unirse fatalmente la usura, que fomentada por el Gobierno por no haber puesto orden en sus gastos en virtud de preocupaciones inveteradas de fuerza y de representación, lo obligó al fin, como para cubrir su propia deshonra, a dar carta blanca a la explotación de la industria por el capital, sin tasa ninguna, y autorizando las mayores infamias" (11). "¡ Todo, en nombre de la libertad! Por eso se nota de unos años a esta parte una tendencia irresistible a la concentración del capital en pocas manos, al monopolio de los pocos ramos de industria que el país tiene, un aniquilamiento general de los pequeños capitales, y un alza considerable en las cosas necesarias a la vida, hecho que está desesperando a las gentes. Hay también ya grandes capitales ociosos, porque como la usura ha arruinado a muchos y causado algunas pérdidas a los mismos usureros, éstos no encuentran seguridad en ninguna parte, y llenos de desconfianza, o se van con sus capitales a Europa o los guardan con cien cerrojos, y prefieren la esterilidad o la pérdida. ¿Cómo van a tener confianza cuando hasta la respetabilísima casa de Montoya, Sáenz y Co; de tánta aptitud, de tánta laboriosidad, economía y probidad, ha sucumbido bajo la garra inexorable de la usura, como han sucumbido, sucumben y sucumbirán todos los que se aventuren en especulaciones de alguna extensión y por algunos años, con capitales que ganan más del 6 por 100 anual?". "Es observando estos hechos, es viendo crecer el mal de año en año, es palpando las iniquidades que se ejecutan en los campos por los gamonales avarientos que concluyen por engullirse los pueblos enteros, convirtiéndolos en feudos, que yo me detuve a repasar mis nociones sobre los servicios del capital, sobre la tasa elevada con que se paga, y sobre lo que cumple a la ley hacer, y me dije: la necesidad más premiosa de este país es hacer bajar el interés del dinero, pues que mientras se mantenga a la altura que está, la industria, lejos de avanzar, tiene que decaer; los pequeños capitales, que son los más prolíficos, van desapareciendo; el trabajo está a amilanado; los mismos grandes capitales están condenados a la ociosidad porque con la usura cada día tienen menos seguridad, y la vida en general no puede menos de encarecer; Y aún sin pasar a otras consideraciones de orden más elevado y que se ligan a este primer hecho, concluí: Es forzoso trabajar por todos los medios posibles en conseguir esta baja". "Mas, ¿cómo realizarla? La dificultad es grande, sin duda, pero no invencible; no superior a los esfuerzos de una voluntad bien decidida, contando con el apoyo de todos los buenos patriotas cuyas preocupaciones sea posible conmover con la evidencia de los hechos, aunque yo mismo no dejo de temer equivocarme en los medios". "El Gobierno ha influído de dos modos en la subida del interés del dinero: primero, por su desarreglo fiscal que tenía a su vez por origen las preocupaciones o manías de fuerza y representación". "No queriendo o no pudiendo comprender la República, y obstinado en remedar a los gobiernos de Europa, ha querido tener ejércitos, legaciones y otras cosas por el estilo, y sin recursos, porque no sabe administrar los ramos de ingresos, ni ha querido comprender que este es uno de los pueblos más pobres de la tierra; con empréstitos, a enormes intereses y con contratos ruinosos, ha venido de año en año viviendo difícilmente y agravando el mal, hasta que a los gritos que la opinión levantó detuvo un poco la corriente que por desgracia ya quiere volver a hacer estragos. Los capitales acudían entonces al tesoro público, sin conformarse, eso sí, con ganar menos del 3 por 100 mensual, y la industria se vió abandonada del capital y porsupuesto llena de embarazos para marchar y robustecerse. Fué preciso, pues, combatir el ejército que era la principal lupia, y al mismo tiempo muchos otros egresos que no representaban servicios reales a la sociedad; y aun cuando en esto no se haya conseguido todo y estemos en vía de volver a las andadas, algo se ha logrado". "El otro modo fué el de reconocerle legitimidad o justicia a todo interés por subido que fuese, con desprecio absoluto de la equidad y desconociendo la misión primordial de la ley". "¿Qué cosa es la ley en el sentido abstracto o filosófico, o qué debe ser la ley? La expresión de la justicia en las relaciones naturales, políticas y civiles de los hombres entre sí. La ley sustantiva no puede ser otra cosa que la fórmula de la justicia en las relaciones de los hombres. Estos no están en sociedad sino para perfeccionarse según la noción de la justicia, y el Poder de la ley no puede emplearse sino en hacer efectivo lo que es justo, es decir, lo que mantiene la armonía, el equilibrio de las fuerzas sociales". "Esto sentado, -y no tengo duda en la propiedad de la definición y el objeto de la ley- la segunda cuestión que, queda por examinar es, si en el caso del interés del dinero hay o no justicia para prestar o no la fuerza social a la efectividad de la obligación contraída. Yo no vacilo en decir a usted que reconozco la justicia del interés, que es el pago de uso del capital; pero que debiendo conservar la ley su honestidad, si usted me permite esta expresión, debe limitarse a d sanción a aquel interés que por el estudio de los fenómenos económicos que se producen en la sociedad halle que es el que consulta la justicia, es decir, la relación equitativa entre capital y el trabajo asociados para la producción, y abstener de prestar su fuerza para la efectividad de otro más alto interés, dejando en libertad a los ciudadanos para estipularlo y pagarlo por propia conveniencia, como pagan lo que pierden en el juego o en cualquier otra operación que la ley n considera legítima". "¿Y por qué no referirse, me dirá usted, en cuanto a la justicia de la estipulación, al juicio individual, al juicio de aquel que va a sufrir las consecuencias? Porque viniendo de tiempo atrás, por los vicios de la constitución económica de la sociedad feudal, desniveladas completamente las fuerzas productivas, el capital viene dando la ley al trabajo de manera que es necesario estar cegado y muy cegado por preocupaciones de la escuela, para no reconocer el hecho que casi en todos los casos la asociación del capital con el trabajo es la viva representación de la asociación del león con cordero. Basta saber que el capitalista puede aguardar y aún renunciar completamente a la especulación, mientras que trabajador no puede aguardar más que tres días, so pena morir de hambre. Lo que sabemos que está actualmente sucediendo en Inglaterra entre los simples obreros y los contratistas de fabricación de casas, puede servirnos de ejemplo. Los fabricantes ganan grandes sumas en la fabricación, mientras que los obreros apenas pueden ganar lo suficiente para comer y seguir trabajando, y aunque apercibidos de esta injusticia en la distribución del valor creado, se han propuesto rehusar sus servicios y sin el generoso apoyo de algunos hermanos a los tres días habrían tenido que suscribir, aun peores condiciones de aquellas a que los sujetaban antes, y es probable que así suceda al fin, porque los contratistas pueden esperar; su existencia material ni la de sus familias no está comprometida; pueden, pues, dar la ley. Entretanto el Gobierno cruza los brazos indolentemente, como si se tratara de ver un león comiéndose un cordero, y nosotros los liberales le aplaudimos su indolencia porque siquiera no pasa de ahí, como pasaría en el gobierno de Cundinamarca, que para hacer el juego de los fabricantes habría declarado vagos a los obreros y habría suscrito por ellos el concierto". "Y lo que sucede allí sucede en todas partes. El hecho de la apropiación indefinida e innegable de la tierra, el de los monopolios, y el sistema fiscal de los gobiernos que han pesa do y pesan aún sobre la sociedad produjeron el desequilibrio de las fuerzas económicas, y desde que el capital tomó ventajas, siguió un movimiento progresivo quebrantando las otras fuerzas o haciéndolas girar únicamente en su órbita, hasta que llegue, como está llegando, a enervarse por sus propios usos, por esa ley inexorable que castiga y condena toda violación de las leyes armónicas de la naturaleza, pero no sin causar antes daños sin cuento a la sociedad. Así como la opresión política produce reacciones como las de Inglaterra en el siglo XVII y la de Francia en el siglo XVIII, llevándose por delante hasta la cabeza de los reyes, así la violación de las leyes económicas que consisten en la ponderación o equilibrio de las fuerzas productoras, acarrea necesariamente conflictos de que no participan menos los unos que los otros. Pero esa sanción natural es tardía y la ciencia social debe prevenirla buscando de algún modo cómo restablecer el equilibrio perdido". "Siendo como es un hecho incuestionable que el capital tiene grandes ventajas sobre el trabajador, cosa que no puede negarse y que no necesita demostración, porque tiene en el orden económico la misma evidencia que la existencia del sol en el orden físico, ¿dónde está la libertad que se invoca Para dar sanción a las estipulaciones? Y es en esto donde tiene su asiento el sofisma de los economistas al servicio de los banqueros. Invocan la libertad para ellos y la ley para sus víctimas; pero la ley que sabe que no ha habido más libertad en esto muchas veces que la que tiene un viandante a quien un salteador pone al pecho un puñal y obliga a suscribir un pagare, no puede de ninguna manera prestar su fuerza para efectiva esa estipulación desde el momento en que descubre el abuso de la posición o de la fuerza y ese abuso se reconoce desde que el interés estipulado excede del que en el curso regular de la producción cabe abonar equitativamente al capital, y que ninguno mejor puede estimar que el legislador, representante o eco de la colectividad". "La ley, sobre todo, debe cuidar como cuida el hombre honrado su propia dignidad, de no servir de instrumento de opresión, y de que no se le tome por ejemplo o autoridad para legitimar iniquidades como las que se han realizado en la Nueva Granada en los últimos 22 años, dejando en la más completa miseria familias laboriosas y haciendo desaparecer todos los pequeños capitales prolíficos y formar los grandes, condenados a la ociosidad. Las leyes son las bases sobre que se forman las costumbres de los pueblos, son para la mayor parte el faro que guía su conciencia en el laberinto social; así es que si la ley reconoce como legítimo el juego, la usura, la embriaguez, etc., no será extraño que la generalidad se entregue al juego, a la usura y a la beodez, pues que, dando por sentado que el legislador ha estudiado bien las cuestiones de moral social, se dirá: "la ley no lo prohíbe, sino que antes bien lo reconoce como un negocio legítimo, luego nada debo temer". Una de las condiciones de la ley, y talvez la más importante, es la de servir a la enseñanza y a la formación de costumbres justas; pero las leyes que no contentas con no castigar los abusos, los legitiman y prestan la fuerza social para hacer efectivas las iniquidades más grandes, son leyes viciosas y corruptoras que ningún pueblo civilizado, debe consentir". "El vicio radical de nuestra legislación en este punto consiste en haber privado a la opinión de una medida para apreciar la moralidad de las transacciones, de modo que muchos capitalistas que respetan la ley y que gustan de tener una buena reputación, han sido arrastrados a la usura por la enseñanza que les daba la ley, penetrando en su alma la idea de que es negocio legítimo vivir del trabajo de otros y arrastrar (por razón de intereses de 18, 24, 30 y más por 100 anual) con todos los bienes del infeliz que recibió el dinero, Y esto muchas veces, aun con los propios deudos, sin escrúpulo ninguno de conciencia, puesto que la ley, expresión de la justicia, ha dicho que eso es legítimo! Los capitalistas se han desmoralizado en este sentido y han quedado sin dique alguno en la vía de extorsionar el trabajo, y sin que la compasión pudiera aparecer en su corazón, pues que ésta callaba delante del terrible "la ley me autoriza para ello, y cuando el legislador lo permite, bien seguro estará de que es justo". "Si usted doctor Galindo, se despreocupa un poco, reconocerá que es a este punto al cual especialmente se ha dirigido el proyecto presentado a la legislatura, y que es de una conveniencia incontestable. La usura, que es la adehala que se paga sobre el valor equitativo del uso del capital, es un robo, facilitado por la posición que la ley, lejos de legitimar, debe anatematizar. Yo sé muy bien que un límite se eludirá en ochenta caos sobre ciento; así que todo lo que se me diga de medios de eludir el limite y sorprender a la autoridad, no significa para mí nada, porque lo que me preocupa es depurar la ley, exonerarla, de responsabilidad en estas transacciones infames, en la ruina lenta pero segura a que camina la industria por la destrucción de los pequeños capitales consagrados a la producción y a la esterilidad de los grandes encerrados en los cofres o invertidos en objetos de puro capricho, de vanidad u ostentación. Mi deseo es retirar la sanción legal a una especulación ruinosa, y entregarla sin máscara a los fallos de la opinión, de la misma manera que debe entregarse el juego, la crápula y tantas otras cosas contrarias a la sociedad. Pero no convengo tampoco en que la ley sea ineficaz enteramente, aunque lo sea en el mayor número de casos. Los establecimientos públicos, y en general, todos los que deban colocar fondos a nombre de otros, no la eludirán, y tampoco la eludirán. aquellos sujetos que ocupando una posición social algo elevada quieran conservar una reputación de probidad o siquiera de dignidad, y basta que sobre unos pocos de los prestamistas ella influya, para que la competencia obligue a los otros a moderar sus exigencias". "No es cierto, pues, que sea del todo ineficaz la determinación del límite hasta donde puede reclamarse la sanción legal; esto influye sobre unos pocos al principio, y poco a Poco va pasando sobre los otros y cercenándoles las ventajas. Y aun dando por sentada la ineficacia absoluta, se salva siquiera el honor de la ley, se evita el escándalo de que las autoridades presten brazo fuerte a esas expoliaciones que se han hecho tan frecuentes en nuestras poblaciones pequeñas, sin dejar de producirse en las grandes. Así, para mí, esta es más bien cuestión moral que económica, aunque sea porque la usura es violatoria de las leyes económicas, que es inmoral". "¿ Por qué me dice usted, no aplicar las mismas doctrinas al capital representado en casas, tierras, útiles de labranza, mercancías, etc.? Es muy fácil comprender que esas cosas no se encuentran en el mismo caso que el capital en dinero, aunque tengan muchas analogías; en el capital en dinero no se paga sino la circulación y se devuelve siempre la misma cosa exactamente sin detrimento alguno, mientras que en las cosas fungibles hay que tener en cuenta el deterioro y es mucho más fácil que las transacciones se verifiquen con equidad, además de que la necesidad de avaluar haría enteramente inútil la determinación del interés". "Dice usted: "La ciencia había enseñado hasta hoy que los gobiernos no debían hacer leyes para la subsistencia, para la abundancia ni para la igualdad, pero que sí debían asegurarle a cada uno el fruto de su trabajo, porque esto sólo basta, etc.". Le cojo a usted la palabra, supuesto que yo no quiero hacer ley para la subsistencia ni para la igualdad; lo que quiero es deshacer, hacer que desaparezca la ley en la transacción y se regle ésta por sí misma, como lo quiere la libertad. Es usted el que quiere ley y no yo; lo que yo quiero es la libertad absoluta, ausencia de ley. Y usted quiere la ley del embudo, ancha para el capital ya demasiado favorecido por los puestos que ha tomado, y angosta para el obrero, que no tiene libertad. La libertad de los trabajadores para estipular el interés del capital es la misma, o mucho menor, que la de ciudadanos proletarios que tienen sus chozas en tierras ajenas, para sufragar en oposición a los deseos del dueño de tierras; es como la libertad de los indios de doctrina para votar en presencia de su cura. ¡Cómo nos han matado los sofismas de libertad, o la libertad vista sólo de perfil! Pero el sufragio universal descansa sobre el derecho, mientras que la doctrina de la usura no descansa sino sobre la expoliación triunfante". "¿Y cree usted de buena f e que el que vive del interés del capital vive de su trabajo? Yo no lo creo: el capital es el fruto del trabajo y de la economía, es decir, que la formación del capital es la indemnización del trabajo; pero este mismo capital dado a interés, no es trabajo, es una cesión mediante un alquiler; y supuesto que usted dice que la ley debe asegurar el fruto del trabajo, debe poner a cubierto de toda expoliación al que realmente trabaja. Usted invierte la aplicación del principio que sienta, porque quiere que se asegure al que no trabaja y se sacrifique al que trabaja". "¿ Por qué se ha figurado usted que al fin los reintegros habían de quedar privados de la sanción legal? ¿En qué se parece el reintegro al alto interés del uso?". "Me pregunta usted si creo en el poder de la libertad, y le contesto que creo a puño cerrado. Entonces me replica usted, ¿con qué derecho pretendo dejar sin seguridad unas estipulaciones debatidas libremente y aceptadas por el deudor como el término más ventajoso a que ha podido obligarse? Y repito que pretendo dejarlas sin seguridad legal, precisamente porque está violada a priori la libertad, porque no ha habido debate libre; porque en eso consiste el sofisma de ustedes, que habiendo llegado los primeros a la sala del banquete se apoderaron de la vajilla y los manjares y dijeron después sarcásticamente: "aquí hay para todos", pero salvando el derecho de imponer condiciones a aquellos que, so pena de morir, necesitan las sobras". "Ya lo he dicho: de mucho tiempo atrás, la ponderación de las fuerzas económicas, que es la base de la armonía social y la condición indispensable del progreso y del bienestar general, se perturbó tomando el capital una preponderancia marcada de absorción, de manera que ya no fué posible la equidad en las relaciones del capitalista y el trabajador, y consecuentemente que el valor creado por la asociación de ellos se repartiese en proporción a los servicios o esfuerzos concurrentes. Y por más esfuerzos que se han hecho para restablecer el equilibrio, destruyendo las vinculaciones y los mayorazgos, ordenando la repartición de las herencias, etc., y por más prodigios hechos por el genio industrial, el capital, ayudado por los economistas -grandes argumentadores- ha hecho frente fundando otras especies de vinculaciones y predicando libertad de transacciones cuando estaba seguro de dar la ley. En este sentido Juan B. Say, que tántos servicios por otra parte ha prestado a la ciencia, nos ha causado aquí males de trascendencia: a él debemos con la desaparición de los terrenos ejidos, y la garantía legal dada a la usura, el hecho de que haya desaparecido, si no del todo, en más de dos terceras partes, la extrema división de la propiedad, y con ella los pequeños capitales destinados a la producción, la abundancia de los artículos alimenticios o su menor precio, y el mayor poder que ha adquirido el partido conservador bajo el régimen del sufragio universal". "Yo quiero que usted, que es joven honrado e inteligente se fije bien en esto. De 20 años a esta parte, por lo menos, se advierte una tendencia marcada a la concentración de las riquezas en pocas manos, tendencia ya irresistible: los pequeños capitales van desapareciendo a toda prisa, absorbidos por los grandes; ya no se ven en los campos casas modestas con 1 branzas, la vaca, el caballo, etc.; no se ven sino chozas miserables y grandes dehesas, y muchas veces inmensos eriales que el propietario ni cultiva ni deja cultivar; cundiendo 1a miseria en las clases inferiores en un 90 por 100 de la población, mientras la riqueza se aglomera, esterilizándose, en lo diez restantes. Y se ve también que el crédito es menor cada día y que el capital circulante se reduce, porque por beneficio de las costumbres que ha creado la usura no hay crédito sino para el que no lo necesita, es decir para el que tiene valores, riquezas; el que no los tiene no encuentra dinero a ningún interés, por inteligente, honrado y laborioso que sea. El capital pide seguridades, pero como por el alto interés ha ido arruinando a los que lo tomaban, absorbiendo los pequeños capitales, ya que, como el manzanillo, ha matado todo lo que estaba bajo su sombra, no tiene qué lo alimente, y está reducid a la esterilidad. Su trabajo de absorción y los vicios que le encarna, concluyen por reducirlo a la impotencia. Así, la formación de capitales viene a ser imposible con la usura. Los capitales pequeños constituían la seguridad que reclamaban loa grandes, de manera que desapareciendo aquéllos, éstos tienen que encerrarse, porque ni saben trabajar por sí mismos, ni tienen garantías". "Dígame usted si este cuadro que acabo de trazar y que no presumo que usted contradiga, no nos revela que hay en alguna parte un vicio económico que es preciso corregir, Y no lo dude usted, ese vicio está en las relaciones del trabajó con el capital, en la perturbación que la usura ha producido en la ponderación de las fuerzas económicas. Por ese des equilibrio en que el trabajo es sacrificado, estamos viendo que "él no renueva la energía ni hace ascender constantemente de las clases inferiores a las superiores nuevos elementos de fortitud y de vida", como usted dice; por el contrario, estamos corriendo aceleradamente al reverso de la medalla; y los sofismas con que se ha oscurecido el camino de perdición que llevamos van cayendo delante de la inminencia de la catástrofe". "Ahora, permítame usted que me sonría al oir decir a usted: "por lo que hace a la cuestión moral, todos estamos de acuerdo en condenar la usura como un robo y al usurero como un infame", al mismo tiempo que pide usted que la ley, aun en el caso de ese robo, preste su fuerza al infame para llevar adelante su infamia! Es que aquí estamos como en Esparta, dando legitimidad al robo con tal que se haga con habilidad? Yo había pensado que así era, pero no había pensado que progresáramos tanto que se proclamara a voz en cuello como un principio. Ya no habrá que extrañar que los códigos de Cundinamarca hayan incorporado a las industrias honradas el juego y la usura, y más tarde la prostitución, pues estamos en el camino; los 3 millones de inocentes y católicos granadinos por qué se han de admirar de esto, cuando, según Mr. Edmond About, los 139 millones de católicos esparcidos en la tierra no chistan palabra, y antes dicen amén, confiados en la infalibilidad del Papa, cuando oyen a éste su Santísimo Soberano espiritual, aplaudir los progresos del vicio, pues que su Cardenal Secretario de Hacienda informa que los productos de la lotería pontifical van en aumento!". "Si usted, que no tiene la hipocresía de ciertas gentes, quiere que la opinión califique de infame al que abusa de su posición de capitalista para arruinar a otros, viviendo de sus trabajos, pida por lo menos conmigo que la ley se calle, y las transacciones sigan su curso natural únicamente. ¿Cómo llamar infame a quien la ley llama hombre honrado, laborioso?". "No es posible dar más extensión a esta carta, que concluyo, rogándole se fije un poco más de lo que me parece que lo ha hecho hasta ahora, en el movimiento económico de la sociedad y el punto a que nos lleva; y además en inquirir por cálculos que comprendan períodos de diez o al menos de cinco años, cuál puede ser equitativamente la parte del capital en la Producción de ese período, porque yo tengo para mí que esa Darte no pasa en el movimiento general del 5 por 100, y considero del mayor interés para continuar con provecho esta discusión, que nos pongamos de acuerdo en esos dos puntos, o, al menos, que cada uno tenga una base fija para su razonamiento". Quedo de usted su sincero apreciador, "EL TIEMPO" Poco después de presentado el proyecto de Murillo Toro estalló la guerra de 1860, una de nuestras más funestas con; tiendas civiles que necesariamente agravó mucho la situación económica, sobre todo en el campo de la usura. Tan cierto es esto, que el señor Salvador Camacho Roldán, con aquella integridad de pensamiento que lo caracterizaba, decía lo siguiente en su "Memoria de Hacienda" de 1871: "Por consecuencia de esta escasez de capitales la situación de la agricultura es una de las más tristes que pueden presentarse, en lo que hace relación a los préstamos". "El interés agrícola que en las ciudades no baja de 10 15 por 100 anual, sube en las pequeñas poblaciones al 24, 36 y al 100 por 100 anual". "La usura devora lentamente a los pequeños propietarios". "En cada distrito rural hay un prestador, una especie de señor feudal de quien, más o menos, todos son deudores; de quien dependen, no sólo en las relaciones industriales, sino en las políticas". "Este prestador va adquiriendo todos los días nuevas tierras, que en su mano se esterilizan o se convierten, de campos de labor, en simples dehesas de pastos naturales". "La propiedad territorial que la naturaleza tiende a dividir todos los días por medio de las herencias, vuelve centralizarse en pocas manos por medio de la acción absorbente de la usura". "El número de los propietarios empresarios disminuye, y el de los simples jornaleros aumenta, y con ello baja la tasa de los salarios". "La desigualdad social, origen de los vicios, de los odio y de los crímenes, aumenta exhibiendo por una parte el esplendor de los grandes propietarios, y por otra la miseria y los vicios de las clases proletarias". Y todavía, catorce años después, el señor Felipe Angulo decía en su "Memoria de Hacienda" de 1885 que "los capitales están destinados exclusivamente a la usura", y el señor Manuel Esguerra en la suya al Congreso de 1898 habló también del alto interés del dinero. Fenómeno muy digno de tenerse en cuenta es el de que todas nuestras guerras civiles fueron siempre precedidas de un recrudecimiento en la usura. Hemos visto atrás las palabras del señor Mariano Calvo escritas en plena guerra de 1840, pero que se refieren a una situación ya creada; mencioné igualmente las del señor José María Plata, escritas a principios de 1854, poco antes de la revolución de Melo; también hice presente la actitud de Murillo Toro, en vísperas de la conflagración general de 1860. Debo ahora recordar que antes de estallar la guerra de 1876, el Secretario de Hacienda de entonces, señor Nicolás Esguerra, temía una grave crisis por causa de la escasez de numerario (situación la más propicia para la usura), al mismo tiempo que su colega, el señor José María Villamizar Gallardo, Secretario del Tesoro, decía al Congreso de 1876 que esa crisis se había iniciado en 1874 y recrudecido en 1875, y que sus consecuencias, que entonces se estaban sufriendo, eran el alza del cambio y el alto tipo del interés. Como antecedentes de la guerra de 1885, basta recordar la descripción que se hace de la deplorable situación económica y fiscal por el Secretario del Tesoro de aquel año, señor Vicente Restrepo, y la afirmación que sobre la usura hizo el señor Felipe Angulo al Congreso de ese año, que atrás he citado. Por último, antes de la guerra de 1899, el señor Manuel Esguerra, Ministro de Hacienda del Presidente Caro, se refirió en su "Memoria" de 1898 al alto interés del dinero, como anteriormente lo dije. Huelga, pues, extenderme demasiado acerca de las ruinosas consecuencias que para la economía nacional tuvo el régimen del alto interés del dinero a que la República estuvo sometida durante todo el siglo pasado. Las consideraciones hechas en los documentos que he citado, por los señores Calvo, González Plata, Núñez, Murillo Toro, Camacho Roldán, Angulo Nicolás y Manuel Esguerra, Villamizar Gallardo y Restrepo, Parécenrne suficientes. La verdad, en todo caso, es que el alto interés del dinero fue uno de los factores determinantes de la grave crisis que para 1886 culminó en el establecimiento del papel moneda.
LA ESCASEZ DE NUMERARIOMis investigaciones y estudios relativos a nuestra amonedación de oro y de plata, al funcionamiento de la circulación monetaria y a las actuaciones de nuestros hombres de gobierno, hánme formado la convicción de que, salvo la época de las grandes emisiones de papel moneda o sea en los años: comprendidos entre 1899 y 1903 y en la posterior a la fundación del Banco de la República hasta el presente, todo el resto' de nuestra vida económica estuvo sometido a una permanente escasez de numerario. Quiero decir con esto que el país no tenía la moneda necesaria para sus cambios internos y para su desarrollo económico, y de ahí, por una parte, el alto interés del dinero y los estragos de la usura, y por otra, el escaso progreso económico nacional en el siglo XIX y la debilidad; de la nación para resistir y defenderse de las bajas en los precios de sus productos de exportación. Sobre datos contenidos en informes oficiales de los ad ministradores de nuestras Casas de Moneda (12) y en las "Memorias" de los Ministros de Hacienda, he logrado hacer dos; cuadros demostrativos de nuestra amonedación de oro y de plata desde 1753 hasta 1886, año éste en que nuestra más grave crisis monetaria hizo inevitable el establecimiento del papel moneda, como consecuencia de la casi total desaparición del numerario metálico nacional. Si se prescinde de las piezas que existan en el llamado Museo Nacional y de las que figuren en alguna colección numismática de propiedad privada, puede aseverarse con seguridad que hoy no tenemos ni una sola moneda de las que fueron acuñadas en el país entre 1753 y 1885, o sea en el curso de los 132 años a que se refieren los cuadros siguientes:
AMONEDACION DE ORO
AMONEDACION DE PLATA
Los cuadros anteriores demuestran que desde 1753 hasta 1885 se habían acuñado en Colombia $ 165.140.967 en monedas de oro y $ 14.249.456 en monedas de plata, lo cual arroja un total de amonedación por valor de $179.390.423. Esta masa de numerario, si bien parece escasa al promediarla en el decurso de 132 años a que ella se refiere ($ 1.359.018 por año), resulta muy apreciable si se considera que en 1886 esto es en el año en que hubo de implantarse el régimen del papel moneda, prácticamente casi toda ella había desaparecido de nuestra circulación. En cuanto a la aseveración que he hecho de que la nación vivió dentro de una permanente escasez de numerario todo el largo período comprendido desde la época colonial hasta el establecimiento del curso forzoso en 1886, ella aparece reforzada por los conceptos que en seguida transcribo y que grande interés adquieren hoy al extraerlos de nuestros viejos documentos de Estado: "Este acabamiento de los indios que no se queda en recelo sino que ya se siente experimentado en otros, tiene una perjudicialísima consecuencia, y es que como en estas partes no hay hombres que se alquilen para el servicio de la cultura de los campos, y que desde el descubrimiento se introdujo que los indios sean los que aran, siembran, siegan y guardan los ganados, faltando como faltan, no tienen los labradores aquel útil que produjeran si cultivasen las grandes haciendas que algunos tienen. Y siendo los labradores en la mejor política los que deben ser fomentados por considerarse la gente más útil de la República, si a éstos no se les dan para este ministerio los indicios que necesitan, se atrasan, se encarecen los mantenimientos, y los campos están desiertos Y pobrísimos los dueños de las haciendas y estancias; de suerte que así como considero que fuera bueno relevar a los indios del servicio de las lajas, tengo conveniente que a los labradores se diesen para estos ministerios todos los que necesiten, pagándoles justamente su trabajo, el cual no es tan pesado que exceda de aquel a que fueron condenados los hombres por el pecado; antes bien es muy útil para los mismos que sirven, porque como en los indios no reina el deseo de tener, si los dejasen en libertad de no trabajar ninguno lo haría voluntariamente, aunque no tuviera con qué pagar tributos ni estipendios a los curas que los doctrinan, y así no se podrían mantener pueblos y todo sería una pura ociosidad, perjudicialísima a los dueños de haciendas, a los mismos indios, a la República y al servicio de V. M. y sus rentas reales". "Seguiríase de esto otra grande utilidad, y es que sacándose en abundancia la plata, se labraría moneda de ella, que es lo que queda en la Provincia, porque como los patacones y reales sean de mucho peso, voluminosos de cargar, no los apetecen para sacar fuéra ni llevar a emplear, como hacen con los doblones; y así esta moneda de plata es lo que se manosea y trajina; pero como es poca la que se saca, la más se lleva fuéra del Reino en piñas y barras, de suerte que en el lugar apenas se ve esta pasta; porque el Tesorero de la casa de moneda cada dos o tres años hace una laborcita de dos- cientos a trescientos marcos, porque los útiles de la labor de la plata son pocos para él, y así no solicita labrarla, con que anda escasísima la moneda usual; y este es uno de los principios y origen de la pobreza del lugar". (Antonio Manso Maldonado. "Relación de Mando". 1727). "Aquí parece se debía tratar de las minas, habiéndose en todo favorecido y auxiliado las de oro y facilitado la introducción de negros tan útiles a todos y a la agricultura. En las célebres de plata de Mariquita, aunque se ha ponderado su valor no se ha adelantado cosa al modo con que, con mucho desprecio, cogen poco o nada; porque no habiendo como no hay, inteligentes ni caudales, que es lo que requieren las este metal, toda diligencia es frustrada". (José de Solis Folch de Cardona. " Relación de Mando". 1760). "En consecución de las regalías de la dignidad, como que su objeto se dirige a todo lo que concierne al beneficio público del Reino, merece primer lugar en este trabajo, la labor de las minas, particularmente de oro por ser éstas las que sostienen y nutren el cuerpo político del Virreinato de Santafé, que careciendo de frutos comerciales, no porque deje de abundar muy estimables, sino por falta de extracción comercio, se reduce toda su sustancia al oro que sale de sus minas anualmente y se reduce a la casa de moneda; de modo que si cesasen por pocos años los mineros en su ejercicio faltarían rentas y comercio, arruinándose del todo esta maquina". (Pedro Messía de la Zerda. "Relación de Mando". 1772). "En este principio estriba la decadencia del reino: no dando frutos en cambio de lo que recibe para su consumo es preciso que el poco oro que se extrae de sus minas jamás permanezca en el Virreinato para darle vigor, sino que brevemente, y casi sin la menor circulación, salga a la costa a pagar los efectos y géneros de Europa, que entran en mayor proporción de la que permiten sus facultades, ocasionándose dos perjuicios: uno al comercio de Cádiz y particulares, que no pudiendo expender lo mucho que traen, se ven precisados a darlo con pérdida o al fiado, quebrando después por no poder cobrar; y otro, al común, que no sólo por lo barato suele comprar lo que no necesita, introduciéndose un lujo perjudicial, sino que cada registro es una red barredera que deja exhausto de dinero al Reino, sin fuerzas para promover la menor empresa, e impotentes a los particulares para adelantar en sus haciendas o negociaciones". (Manuel Guirior. "Relación de Mando". 1776). "El palo brasilete, de que se compone la mayor parte de los montes de Santa Marta, Riohacha y Valledupar, no se extraía sino por cuatro o seis comerciantes, quienes lo pagaban a los cosecheros a viles precios, en ropas y géneros demasiado recargados, con que la utilidad toda estaba reconcentrada en estos particulares, sin que sirviese de alivio alguno a los infelices cortadores. Pero verificado el estanco por cuenta del Rey, no sólo se han conseguido crecidísimas ganancias, capaces de ocurrir a los inmensos gastos de víveres, herramientas Y pertrechos de marina, sino que se ha proporcionado la circulación del numerario que no conocían aquellas provincias, con que se han fomentado la agricultura y comercio y el aumento de las rentas reales ...........". "Finalmente, para la prosperidad de todas las rentas nada convendría más que una visita general de ellas... ; que si esta operación se hace como se debe, resultarán notables ahorros y aumentos, como se ha verificado en la visita general de Antioquia que encargué al Oidor don Juan Antonio Mon, en que no sólo ha arreglado la policía y administración de justicia, facilitado los caminos, fundado nuevas Poblaciones, introducido el numerario, por cuya falta era sumamente embarazoso el comercio, fomentado las minas y agricultura, sino descubierto muchos fraudes en las oficinas de Real Hacienda (16). ... "Este renglón (la extracción de frutos) debe suponerse aún en la cuna, vista la maravillosa fecundidad del Reino, en todo género de producciones, el añil, la cochinilla, la ipecacuana, la zarzaparrilla, el excelente cacao del Magdalena, a que sólo hace preferencia el de Soconusco, e infinitos otros frutos que no se cuentan entre los extraídos, o han sido en muy cortas porciones, por lo cual debería el comercio, por su propia utilidad, solicitar estos objetos de las provincias donde se producen con más abundancia, y no estar atenido a los oros que se acuñan en las casas de moneda de donde salen los doblones por lo común en derechura a registrarse en la aduana, sin pasar una vez siquiera por mano de los labradores, que tarde o temprano vendrían a entregarles en las manos frutos y dinero. En el fomento, pues, de la agricultura y del comercio interior consiste la prosperidad del exterior. El comercio interior, a excepción de algunos géneros bastos de algodón que sólo alcanzan para vestirse los pobres en las provincias interiores, no tiene otro objeto que la internación de estos mismos géneros, la conducción de algunos frutos exportables, y el de los víveres, que es lo que únicamente promueve la circulación del numerario entre las provincias". (Antonio Caballero y Góngora. "Relación de Mando".1789). "El país (las provincias de Quito) es pobre en medio de sus abundantes frutos, porque no pueden extraerlos, y a excepción de la quina y el cacao, que sufren los costos de la exportación por Guayaquil, los demás productos de las haciendas no tienen otro consumo que el del mismo distrito en que se cosechan. De aquí dimana la escasez de numerario que allí se padece". (José Ezpeleta. "Relación de Mando". 1796). "La mayor parte de los géneros y efectos de Europa que entran a este Reino por la costa del norte, se pagan con el oro de las minas y con algunos pocos frutos, como algodón, añil, palo brasil, alguna quina, cacao y otras producciones menos considerables; la principal es sin duda el algodón, aunque también se extraen por Maracaibo para Veracruz los cacaos de la jurisdicción de Cúcuta, cuyo valor se retorna en pesos fuertes, que al fin hace suyos el comercio de España. ... "Al tiempo de dar fin a este capítulo me ha ocurrido a la memoria el antiguo pensamiento de erección de un consulado de comercio en esta capital... ; el Conde de Ezpeleta a solicitud de este comercio lo propuso a S.M....; he visto el expediente de erección y lo juzgo utilísimo, pues se formará un cuerpo de comerciantes y hacendados, que reunidos mirarán por el fomento de uno y otro ramo con todo el interés y conocimiento que les son propios. Es cosa rara ver que estas dos apreciables profesiones casi se desconocen aquí mutuamente; que el comerciante sólo busca por lo común el oro y la plata; que el hacendado, ya sea criador o agricultor, no tiene otro recurso cuando trata de adelantar sus crías o cosechas, que el de solicitar de las manos muertas un capital con que queda gravado para siempre y que, si no todas, la mayor parte de las negociaciones de una y otra profesión se hacen por sus respectivos principales, punto menos que exclusivamente. Así es que se resienten de una pequeñez y lentitud asombrosas, que no pueden prosperar por falta de recursos, no habiendo reunión de intereses que se los facilite y que el oro y la plata pagan todos los consumos de fuéra con absoluta ruina de la agricultura". (Pedro Mendinueta. "Relación de Mando". 1803). "La exportación de oro y plata que se hace en cambio ,el os efectos que se introducen es bastante considerable...; la extracción de frutos no merece referirse; la cantidad de ellos salidos por nuestros puertos sólo sirve para probar el vergonzoso atraso de todos los ramos de agricultura e industrias de este Reino". (Francisco de Montalvo. "Relación de Mando". 1818). "El Gobierno tiene el sentimiento de informar al Congreso que durante la actual administración la agricultura y las artes han recibido muy poco fomento. La guerra, las contribuciones, las reclutas y la falta de capitales son motivos más que suficientes para anular el buen efecto que pudieran haber producido las leyes del Congreso general, que eximieron de derechos a varias producciones de nuestra agricultura y de nuestra industria". (José Manuel Restrepo. "Memoria de lo Interior". 1823). "Finalmente, han contribuido mucho dos motivos para hacerla improductiva (la contribución directa) ; el primero, la falta de censos y descripción de bienes; y el segundo, la escasez de numerario. ... "Todas las naciones en sus apuros negocian empréstitos con qué ocurrir a sus necesidades; y la república, en igual caso debe adoptar la misma medida. Un empréstito es absolutamente necesario, y por eso lo ha propuesto el Gobierno' por el Ministerio de Relaciones Exteriores... No se pide para consumirlo improductivamente, sino para hacerlo producir, vivificando la agricultura, la minería, y las demás fuentes de nuestra riqueza. Con él habrá fondos para el fomento de las rentas públicas, y capitales, que puestos en giro, harán la riqueza nacional". (José María del Castillo. "Memoria de Hacienda". 1823). "Uno de los mayores obstáculos que hasta ahora han retardado los progresos de la agricultura de Colombia ha sido la falta de fondos para las empresas rurales. . .". "En la última sesión se ha incorporado al Banco de Venezuela. Iguales establecimientos en otros puntos de la república tendrían una influencia poderosa, para disminuir el; interés del dinero y para facilitar su consecución; por lo común es muy difícil a los agricultores el conseguirle aun con las mejores hipotecas, y su falta retarda el progreso de nuestra naciente agricultura". (José Manuel Restrepo. "Memoria de lo Interior". 1826). "Los agentes de la producción son las tierras, la industria y los capitales. Tierras extensísimas hay en Colombia, tierras que convidan al cultivo porque su feracidad brinda inmensos beneficios; pero la industria no puede ejercitarse si no hay capitales que la promuevan. Faltan capitales en Colombia; falta por consiguiente la industria, y debe quedar anulado el primer agente si no se procuran capitales efectivos ... Este fué el fundamento con que en la anterior sesión de la Legislatura apoyé la aceptación del empréstito ofrecido hasta de veinte millones de pesos, y con el cual lo sostendré siempre, porque, preciso es repetirlo, faltan capitales efectivos en Colombia, y no hay otro medio de atraerlos. Es necesario que seamos ciegos para no ver el movimiento que ha dado a los negocios el dinero que se ha derramado del empréstito del año 14 y los capitales introducidos por los extranjeros para sus empresas. Esta experiencia debiera abrir los ojos y persuadir que la afluencia de capitales promovería la industria, y haciendo concurrir los tres agentes de la producción, haría crecer la riqueza pública hasta un punto que puede concebirse mas no explicarse". (José María del Castillo. "Memoria de Hacienda". 1826). "Merece detener la consideración del Congreso la pobreza que por todas partes se echa de ver en los departamentos del este. Los caudales que se habían introducido en años anteriores y que habían dado movimiento a la industria, desaparecieron en el último, y de ellos no quedó otra cosa en circulación que los vales o libretas de comisaría, a cuya multiplicación habían contribuido facilitando la compra, y que multiplicándose, no enriquecían el comprador, sino a costa del Estado. Parece, pues, que lo que más urje al presente sea atraer capitales de fuéra de la República. . . ". (J. R. Revenga. "Memoria al Congreso Colombiano sobre los Departamentos de Venezuela". 1827). "Esta latitud que se ha dado a la libertad de comercio ha producido otro efecto no menos pernicioso: la disminución del capital moneda. No pudiendo nuestros frutos exportables nivelarse con los que se importan del extranjero, debemos cubrir el saldo con dinero sonante, y habiendo sido tan considerable este saldo en los años pasados, no han sido bastantes los rendimientos de nuestras minas para llenarlo. Así es que ha salido toda la moneda que se había estado acumulando en tiempos anteriores, cuando faltando el comercio libre y el gusto que desgraciadamente se ha introducido por un lujo que no es el resultado del aumento de riquezas, no había tántos objetos en qué consumir; se ha vuelto a exportar todo el producto del empréstito extranjero y hasta los metales que estaban en vajillas y otros muebles, se han amonedado. Hoy se nota una falta de numerario casi increíble y se paga hasta un 6 por 100 de interés mensual. Por dondequiera se ven las especulaciones paralizadas, porque falta el valor moneda que tánto facilita la circulación de los otros valores. Hay quienes crean que la escasez de numerario proviene de que la inseguridad y desconfianza ha hecho que algunos saquen su dinero de la circulación. Puede haber sucedido esto respecto de muy pocos individuos, pero la mayor parte ha visto desaparecer la moneda, y se encuentra solamente con valores que no puede realizar, y que le es difícil o casi imposible cambiar por otros que necesita. ¿Producirán nuestras minas anualmente tantos metales cuantos equivalen a las importaciones que ha habido? ¿ Y no es cierto que casi en su totalidad hemos comprado las mercancías importadas únicamente con nuestros metales?". (José Ignacio de Márquez. "Memoria de Hacienda". 1831). "Si se desea pues hacer a la generación presente algún bien, reanimar su tráfico interior, aumentar el capital circulante y fomentar la industria de los granadinos en todos sus ramos, aún es tiempo de que se efectúen tan favorables resultados adoptándose la medida propuesta (emisión de obligaciones granadinas para cambiar por deuda colombiana) ". (Francisco Soto. "Memoria de Hacienda". 1837). "Ya provenga la disminución (de la renta de diezmos), como lo piensan las juntas que han informado, de la exención del derecho a varias plantaciones y del fraude a que esta gracia dé ocasión, ya de los requisitos dispendiosos para la seguridad de los remates, o de la severidad de las juntas subalternas en la calificación de las finanzas, o bien, como el Gobierno lo cree, de los inconvenientes que siempre se tocan en tira variación cualquiera en el manejo de las rentas, o de la escasez y carestía de numerario que hizo decaer en su precio comparativo los productos de la agricultura: la verdad es que la baja en la de diezmos no ha provenido de que aquellos hayan sido menores. . . ". (J. de D. Aranzazu. "Memoria de Hacienda". 1840). "Somos poseedores de una tierra de considerable extensión, rica y fecunda, en donde crecen con vigor y lozanía las producciones de todas las zonas y cuyo cultivo es libre como nosotros lo somos; y a pesar de esto ni tiene demanda ni es de esperarse que la tenga mientras no se aumenten los brazos y los capitales. . . ". (J. de D. Aranzazu. "Memoria de Hacienda". 1838). "Por ahora tendrá (el Gobierno) que hacer la mayor parte de estos provechos a los contratistas (para la siembra de tabaco), porque esto es lo que naturalmente exige el comercio cuando se acomete una empresa nueva, o cuyos inconvenientes o ventajas no son muy conocidos; y porque siendo poco abundantes los capitales en el país y habiendo penetrado tan poco en nuestro comercio el espíritu de asociación y de cálculo, la competencia será casi ninguna por muchos años". (Jorge J. Hoyos. "Memoria de Hacienda". 1842). "Debiendo ser las contribuciones una parte de las rentas de los particulares, si los capitales son escasos y la industria muy reducida y pasiva, como entre nosotros sucede, no es fácil aumentar como se quiere las contribuciones. . . ". (Mariano Ospina. "Memoria de lo Interior y de Relaciones Exteriores". 1842).
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
