CAPITULO XIV
 

De las culebras venenosas de aquellos Paises.
 

§. II.

Reflexion sobre el Párrafo antecedente, y confirmacion de lo que él contiene.
 

Tres clases de personas reconozco, y hallo movidas, á vista de las fatales armas y Venenoso atractivo, que acabo de referir del culebron llamado buío: unos se admiran tímidos; otros vacilan dudosos; y los restantes dificultan advertidos: todos, empero, creo que han de quedar satisfechos. Y por lo que mira al temor de los primeros, pueden facilmente deponerle, con el seguro de que entre aquellos monstruosos buíos y la Europa, media todo un dilatado Occeano.

Las personas que dudando vacilan, han de quedar, ó convencidas, ó sujetas y obligadas á no creer sino los Libros Sagrados y canónicos; por que todo el resto de los Libros Históricos no tienen otro apoyo, sino el de la fe humana, fortalecida con las señales de credibilidad, que alegan los Autores, y con las circunstancias que concurren en la persona, estado y ocupaciones del que escribe.

En esta buena fe, y estribando en la Sentencia de Christo nuestro Señor, quando dixo: Que en la uniforme declaracion de dos ó de tres testigos, se funda un juicio prudente (a); habiendo citado á favor de la existencia del buío la Historia del Ilustrísimo Señor Obispo de Piedrahita, y á un Padre Misionero de Meta y Orinoco, como á testigo de vista; y en prueba de que en España hay tambien buíos, al P. Procurador General de la Provincia de Aragon, que hoy reside en esta Corte; me pareció ocioso añadir mas pruebas y testigos, para una moral y prudente certidumbre; y así, ni aun quise insinuar las muchas y repetidas veces, en que en veinte y dos años de continuos viages por los Paises infestados de esta plaga, me encontré repentinamente con los buíos, siempre con sobre salto y horror.

Sin embargo me ocurre la especie de que caminando en el año 1724 con el Padre Provincial Diego de Tapia y sus Compañeros, en la visita, que por su oficio hace de aquellas Misiones, á fin de aliviar el fastidio del camino, iba yo refiriendo al P. Secretario Cárlos de Anison, la figura, vaho venenoso y daños de los buíos, pero aquel no daba asenso, y por mas que el Padre Provincial, que tambien habia sido Misionero, y práctico del terreno, tiraba á convencerle, se mostró incrédulo, hasta que poco despues vió por sus ojos en una laguna un buío feróz, que acababa de atraer á sí una garza, y se la comenzaba á engullir, teniendo ésta las alas abiertas al uno y otro lado de la boca del culebron; de que se inferia, que al pasar bo1ando, la atraxo, siendo los piés los que primero llegáron á la fatal boca. Aquí fué donde aturdido exclamó el Padre Anison, diciendo: ¡Oh monstruo! ¡Oh bestia! ¡Oh, y qué horror! Y yo entretanto consideraba quan bellamente cantó el Profano, diciendo (b):

Segnius irritant animos demissa per aurem, Quam que sunt oculis subjecta fidelibus.

y de ahí infiero, que si allá mismo, donde se crian y abundan los buíos, hay personas de toda forma, que niegan su existencia, hasta que en trándoles el espanto por los ojos al corazon, se desengañan; no será de extrañar que lo duden los que tienen de por medio un Mundo de distancia; pero contra esta duda, fuera de lo que acabo de referir, traygo aquí los testigos: uno de las Indias Orientales, otro de las Occidentales, y otros de nuestra España.

Sea el primero Mr. Salmon (c) quien afirma que en Mindanao y en las Filipinas se crian unas serpientes muy grandes, llamadas ibitin, y otras, llamadas bole, de hasta treinta palmos de largo; que se atraen y tragan un ciervo, un oso, un jabali y un hombre: con la circunstancia de que aquellas gentes creen, que para librarse de aquel gravísimo peligro, no hay remedio mejor, ni mas eficaz, que romper el ayre intermedio, que hay entre el hombre y la serpiente.

Coteje el curioso la noticia de estos culebrones, con la que doy del buío, y no hallará otra diversidad, que la de los nombres, por la diferencia de los lenguages; y hasta el remedio para escapar, que es romper el ayre intermedio é inficionado, es uno mismo, aunque en tan distantes partes del Mundo. De otros monstruos semejantes á estos, hace mencion el mismo Autor (d), tratando de las Islas de Neyra-Lentor y Poelo-Ay; aun que no individúa el modo con que atraen y tragan, ya los animales, ya los hombres.

Oygamos al segundo testigo, que para mí es de mucho mayor peso, que el primero; y es el P. Procurador General de la Provincia de Nueva España, de la Compañía de Jesus (e), que actualmente rige, y es bien notoria su autoridad en esta Corte: el qual en un público concurso, confirmando mi noticia, dixo: que en cierta jornada en la Nueva le mostráron los Indios compañeros una liebre ó conejo, que estaba aturdido é inmoble á la orilla del camino; y preguntándoles ¿quál seria la causa? le mostráron al otro lado del camino una culebra mas que mediana, que con la boca abierta atosigaba al desventurado animal: apedreáron los Indios á la culebra; y luego que huyó ésta, quedó libre, y tomó su carrera el animal, hasta entónces aprisionado con aquellas cadenas invisibles. Basta ya: y si alguno, por via de curiosidad, quisiere mas testigos, lea la Historia de rio Marañón y Amazonas, que escribió el P. Manuel Rodriguez; y registre el Memorial, que el P. Acuña presentó al Rey nuestro Señor acerca del mismo rio.

Dixe tambien en el Párrafo primero, que en nuestra España hay buíos, aunque no tan grandes, porque el gentío no les da lugar á que crezcan tanto como en los desiertos de la América. Esta noticia confirmé con el testigo de vista, que allí ale y hoy vive en esta Corte, donde tambien esta actualmente otro Jesuita destinado para las Misiones de Filipinas (f), quien me ha certificado, que en distintos Lugares de Cataluña vió en tres ocasiones con sus Compañeros dichas culebras, que erguido el cuello, y abierta hácia las avecillas la boca , las atosigaban y atraian contra toda su inclinacion natural.

Ni puedo, ni debo omitir dos testigos bien ilustres y conocidos en España. Cosa de año y medio ántes del Sitio de Barcelona, el Conde de la Lipa, Mariscal de Campo, paseándose con otros muchos Oficiales á la frente del Campo de Amposta, orilla del Ebro, vió una serpiente, que seria gruesa como el brazo, que se atraxo un conejo, distante tres o quatro toesas, al qual agarró de la cabeza, y se detuvo un gran rato en engullirle, moviendo el conejo los piés de detrás.

Sucedió muchas veces al dicho Conde, estando a caza, matar algunas de dichas serpientes, abrirlas, y hallar dentro de ellas conejos hechos como unas cuerdas, y cuyos huesos parecian limados.

El Marqués de Robén, Brigadier de los Reales Exércitos, mató en Cienpozuelos un serpentón, en cuyo estómago se halláron catorce gazapos con el pellejo entero, pero ya muy chupados, cuyos huesos estaban molidos: de que se infiere, que no hay tan pocos buíos en España, como parece.

Pero ya es hora que indaguemos la causa de la atraccion del buío.

(a)
Matth, cap. 18. vers. 16.
(b)
 De Arte Poetica vers. 180.
(c)
Tom. 2. Cap. 9 pag. 222. In queste Isole si vedono serpenti di smisurata grandezza, una specie de quali, che chiamano ibitin ::: tira e inghiotisce un cervo, un orso, un cinghiale, e un huomo. Credono quei Popoli, che per liberarsi da tal pericolo, non vi sia miglior rimedio, quanto rompere l'aria, che si frammezza tra l'huomo, l'serpente. Il piu grande fra i serpenti, si chiama bole, ch'e lungo venti, e trenta palmi.
(d)
Tom. 2. cap. 2. pag. 289. ln queste Isole non vi sono rane; ben si serpenti, tanto grandi, che dirsi posono.
(e)
P. Bernardo Lozano y Velez, Procurador General.
(f)
Hermano Miguél Ferrer.

 

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