CAPITULO XXI
 

Arboles frutales, que cultivan los Indios. Yerbas y raices medicinales, que brota aquel terreno.
 

Y a vimos en la primera Parte la multitud de frutas silvestres, y saludables de que abundan los bosques, y vegas del Orinoco, Apúre, Meta, y otros rios: tanto, que los Padres Misioneros no temen engolfarse por aquellos desiertos en busca de almas, por falta de comida para sí, y para los Indios compañeros, y los necesarios para aquellos viages. Se observa, qué frutas comen los monos; huyen éstos al llegar la gente, y á todo seguro se pueden comer todas aquellas frutas de qué los monos se sustentan: si en los tales frutales no hay monos por entónces, se observa si las hormigas se aplican á morder de dichas frutas; y si ellas comen, es señal cierta de que son saludables, y sin riesgo usan de ellas.

No son menos apreciables los frutales, que siembran aquellos Indios, fuera de los plátanos y piñas, de cuya bondad y abundancia hablé ya; despues de las quales, en tercer lugar deben entrar los papáyos, á qué son grandemente inclinados los indios, de manera que por lo mismo no tienen número los que se siembran, á mas de que sin sembrarlos, en qualquier parte donde alguno come una papáya, de las semillas que caen, nacen innumerables: es árbol de tronco hueco y poco sólido, pero con el tiempo se consolida, y sube á grande magnitud: echa, no flores, sino ramilletes de flores por todo el tronco, ramas, y hasta junto al mismo cogollo, y es una hermosura ver la abundancia de fruta que da: la hechura, y tamaño de las papáyas bien cultivadas, y de buen terreno, es la misma que tienen acá nuestros melones, con sus tajadas señaladas en la corteza, que es sutil; y son nada menos olorosas, y sabrosas, que nuestros melones buenos, pero mas sanas.

Hay entre las Naciones Achagua, Saliva, y otras del Ayrico, y tambien en las Costas de Coro, y Maracayo, una especie de palma, muy singular en su figura, y utilidad. Los Europeos, que usan mucho de su fruto la llaman cachipae, y los Indios jijirri: su tronco no es muy grueso, pero es muy liso, y muy derecho, y sube á mucha altura: cada palma de estas echa dos ó tres racimos de dátiles, de la misma hechura y color de nuestras camuesas; y cada racimo, en buen terreno, llega á tener unos cien dátiles, entre los quales apénas se hallarán ocho, que tengan pepita para sembrar: las pocas pepitas que se hallan, son del tamaño de una nuez, y de la dureza de los cocos, y muy parecida á la de éstos, la carne, que dichas pepitas tienen adentro; y sembradas rara de ellas dexa de nacer.

No es fruta ésta que se pueda comer, aun que esté madura, sin pasar por el fuego; por que morderla, es lo mismo que morder un membrillo á medio madurar, áspero, é insípido; pero con un hervor, que reciban al fuego, se ablandan, y tienen el mismo gusto, que el de las camuesas hervidas en la olla: no es esto lo principal, sino la gran substancia, que tienen los jijirris; tanta que el sugeto de buen estómago, á lo mas podrá comer seis de ellos, con el seguro de que aunque los haya comido por la mañana, no tendrá gana de comer en todo aquel dia.

Las mugeres blancas de la Costa dicha, despues de hervidos los cachipaes, los muelen, amasan, y forman pan; pero sale mas substancial de lo que es menester: por lo que se debe tomar en corta cantidad, para evitar embarazo, y empacho en el estómago.

Esta fruta tan útil y substancial, es á mi ver, la que tanto celebran algunos Diaristas, que la estancan en las Islas Marianas, y en algunas de las Filipinas (a). Pero por lo dicho se ve, como la benigna providencia del Criador envia este gran socorro á otras pobres Gentes del Occidente.

A mas de que en las Islas Orientales de Ternate, que comunmente se llaman Molucas, se halla con abundancia otro árbol de pan, á quien los naturales llaman sagóe, de cuya fruta usan aquellos Isleños, en lugar de pan, como afirma Mr. Salmon (b); y es de creer, que así estos, como aquellos árboles, sean de la misma especie de los cachipaes, ó jijirris, de que hablé arriba.

Las mismas Naciones dichas cultivan otra especie de palma pequeña, que con serlo, en la hermosura y en el gusto de sus dátiles, sobresale, y se lleva la hermosura y gallardía de todas las demás especies de palmas: trece hojas tan pobladas de cogollos arroja esta palma que se llama camuirro, que forman una maceta tan proporcionada y hermosa, que arrebata la vista: al pié de dichas hojas arroja sus racimos de dátiles, tales, que mejor se podrian llamar uvas mollares, así por la forma, como por el color y sabor; y sin duda compite ésta con las mejores frutas.

No es de omitir la palma llamada vesirri, que es como las que se crian en Alicante, y son sus racimos de dátiles muy semejantes á los de éstas; pero es muy notable la singularidad, de que á excepcion de los que comen los Indios de Meta, Moco, Bichada y otras Naciones, ponen los dichos dátiles á hervir al fuego, y saca de ellos gran cantidad de aceyte purísimo, de que usan los Indios para sus unturas, y para la comida, por ser de muy buen gusto.

Abunda tambien en estos parages la fruta llamada cunáma, que los Indios llaman abay, de la qual sacan aceyte, ni mas ni ménos, que el de las olivas, en el color y sabor; y sirve á los Indios para sus unturas, y á los Españoles para la comida, y para el alumbrado.

Omito otros árboles frutales, y concluyo con el anoto ó achote, árbol el mas estimado de todas aquellas Naciones, porque se visten de él á su modo la planta es muy coposa, y produce en cada cogollo un hermoso ramillete de flores, medio blancas, medio encarnadas; y de cada ramillete resultan muchos racimos de frutas encarnadas, cuya cáscara es áspera y espinosa, como la primera que tienen las castañas; y así como dentro de la cáscara de las castañas maduran dos ó tres de ellas, así dentro de cada cáscara del achote maduran un sin número de granitos encarnados, como los que acá tienen las grana das silvestres. Puestas en infusion grandes cantidades de estos granos de achote, despues de bien lavados y estregados con las manos, queda el agua colorada, y al otro dia se halla al fondo toda la tintura, y el agua otra vez con su nativa claridad: derrámase el agua con tiento, y se dexa al Sol el achote ó color, que se quedó en el fondo, del qual, á medio secar, forman los Indios pelotas, que guardan para moler con aceyte, y untarse diariamente, como ya dixe.

Sabiendo yo la qualidad fresca de este unto, y quan poderosa y eficazmente se defienden con él los Indios de los violentos rayos del Sol, en aquellos Paises del Equinoccio, descubrí casualmente en él un eficacísimo remedio contra todas las quemaduras y pringues, ya de aceyte, ya de grasa, ya de agua ó caldo caliente; y fué así: habiéndose pringado gravemente un doméstico mio, eché polvos de achote en aceyte de oliva, y hecho el ungüento, lo mismo fué aplicarle á la parte dolorida y lastimada, que faltar repentinamente el dolor: quedé admirado de tan pronta operacion, y despues, con el curso de largos años, se ofreciéron muchas ocasiones, en que otros Padres Misioneros, á quienes comuniqué la casualidad, y yo tambien, hemos repetido el remedio dicho, y experimentado la misma actividad y eficacia.

El tutúmo, árbol cultivado, y que tambien de suyo nace en las vegas, aunque no da comida, es planta muy útil; porque de sus tutúmas forman los Indios escudillas, platos, vasijas para beber y cargar agua, y para guardarla en casa. Las tutúmas en el color y figura, son muy parecidas á las sandías, y de casco tan fuerte, que resiste á repetidos golpes: su carne, quando la tutúma es tierna, tomada algunas veces en la cantidad de tres onzas, es específico experimentado, para que la sangre molida ó extrave nada por caidas, palos ó porrazos, no pase á formar apostemas en lo interior del cuerpo.

Apartemos la vista de la hermosura de las plantas y arboledas, y fixémosla un rato en el suelo de estos dilatados campos, pues en sus yerbas y raices apénas hallarémos alguna que sea despreciable. La primera que ocurre á los piés y á la vista en aquellos terrenos, por vulgar, la vergonzosa, en la qual no se ha conocido virtud alguna; pero ¿qué mas virtud que la leccion práctica, que da, del modo con que se deben portar las mugeres, y especialmente las doncellas? que aun por eso en muchos de aquellos Paises la llaman la doncella. Bien pueden los Físicos prevenir sus admiraciones para lo que voy á decir. Es la vergonzosa una mata, que empieza á echar ramas desde su raiz, que sobresale algo del suelo; sube la guia repartiendo ramas por todas partes, hasta la altura de una vara en alto, tan coposa, que con la multitud de las hojas que arroja por todas partes de dos en dos, no da lugar á que se vea ni el pié, ni rama alguna, por mínima que sea: su figura á modo de media naranja, y su verde claro, forman un objeto tan apacible, que arrebata la vista y la atencion: al bello verde que ostenta, corresponde en el reves de las hojas un color blanco, que descaece en pardo. Esta es la bella perspectiva de la vergonzosa; y aquí entra lo raro de ella: tóquenle con la punta del baston, ó de otra cosa, aquel poco de tronco, que apénas descubre; tocarla, y marchitarse en un cerrar y abrir de ojos toda su fresca hermosura y lozanía, todo es uno: dobla en un momento todas sus hojas unas contra otras, oculta su verdor hermoso, y se reviste, ó solo muestra en el revés de sus hojas aquel color blanco, que descaece en pardo, como si mostrára su pena, y se vistiera de luto. No pára aquí su mutacion instantánea, porque en el mismo instante en que siente el ageno contacto, y dobla sus hojas, retira su influxo de toda la multitud de cogollos que la hermoseaban, los quales desmaya dos y sin vigor, se inclinan torcidos hácia el suelo; de manera, que no se parece ya á sí misma en cosa alguna. Prodigio de la naturaleza me pareció siempre, y no me cansaba de ir tocando el pié de aquellas matas para admirar mas y mas, tal y tan instantánea mutacion.

Verdad es, que á mas tardar, dentro de una hora, vuelve en sí y se recobra; endereza sus cogollos, y reverdece toda su hermosura y lozanía. Hace mencion de esta yerba el Padre Rodriguez (c) en su Historia del Marañón; es vulgar en Mompóx, y en muchas partes del rio grande de la Magdalena; y raro es el sitio de tierra caliente en la América Meridional, donde no se halle esta bella mata, aunque con diferentes nombres, acomodados á su propiedad. En unas partes, como dixe, se llama doncella; en otras, mírame y no me toques; y en otras se le aplican á propósito y acertadamente otros nombres semejantes, que explican su encogimiento y muestras de rubor. Gran leccion para el recato, en todas las mugeres, especialmente para las tiernas plantas. Mírense en el espejo de esta vergonzosa yerba, que al menor contacto ageno, se llena de luto, se amortigua, desfallece y parece que ya no es ella, sino muy otra. Mirad (d), atended á los lilios del campo, y tomad enseñanza de su hermosura y de su candor, dixo Christo nuestro Señor, no sin grande énfasis de celestial doctrina; y á la verdad, para cumplir con su estrecha obligacion tambien las madres de familias y las maestras, pueden y deben exórtar sus hijas y discípulas, cuyo cuidado está á su cargo, y cuyo bien deben por todos medios procurar, diciéndolas: venid, observad, atended y aprended de esta yerba vergonzosa; reparad, que en quanto la tocan, se da por muerta, desfallece, se desmaya y se marchita.

Esta misma yerba, en las Islas Filipinas, se llama la mata vírgen, á causa de la armonía que causa á los Filipinos su recato y encogimiento; y Mr. Salmon, diligente Historiador (e), citando á otros, añade: que en los escollos, que sobre salen de entre las aguas en dichas Islas, nace otra yerba, no ménos reparable que la referida; porque asegura, que luego que alguno toca aquella mata, dobla sus cogollos, y los esconde en el agua, como si se corriera y avergonzára, no solo de sentir el ageno contacto, sino aun de ser mirada con cuidado; y por eso abate y esconde lo mas gallardo de sus cogollos en el agua. Oh y qué enseñanza para las tiernas bellezas, que salen á ser vistas, y se complacen en que las miren y remiren! La yerba Filipina busca el agua para su resguardo, y estas otras buscan el fuego para su peligro.

La causa y raiz fisica de esta instantánea mutacion, discurro que consiste, en que aquel con tacto extrínseco, con los efluvios que introduce, inmuta el fluxo natural de los sucos, que la raiz remite hasta los últimos cogollos, y hace retroceder el curso corriente de los fluidos, con que se mantiene la lozanía de la mata; y tomando su retirada hácia las raices, el desmayo de los cogollos, y el encogimiento de las hojas, es un efecto que necesariamente se sigue á la substraccion del necesario pábulo: como se ve en el desmayo, que la falta de alimentos causa en los vivientes sensitivos.

Pero no es menester ir al Perú, ni á Fillpinas, para que nos arrebate la atencion, y nos llene de admiracion otra planta mas recatada, mucho mas modesta y escrupulosa, que la vergonzosa de Tierra Firme, y la que llaman vírgen en Filipinas: entremos en los jardines del Rey Christianísimo con el Padre Regnault (f), y pongamos los ojos en la mata llamada sensitiva; pero nadie alargue la mano para tocarla, porque ántes de sentir el contacto, se retira, desmayan y descaecen sus hojas y cogollos, toda se amortigua, corrida y espantada de solos los efluvios, que la mano curiosa despide ántes de tocarla. No puede llegar á mas su delicadeza, circunspeccion y natural recato; y así, con mucha razon le han púesto el nombre de sensitiva. Ni es razon, que al recato, que en tantas cosas insensibles nos predica el Criador, nos hagamos nosotros sordos, é insensibles.

Pero volvamos á nuestro Orinoco. Abunda entre el heno de aquellos campos, una macolla, formada de diez, ó doce hojas, á las quales por su figura les han puesto los Padres Misioneros el nombre de espadilla, ó espadin, porque aquellas hojas son remedo de éstas, en su forma, aun que no exceden lo largo de un geme: los Indios las llaman issocá que quiere decir amargura, por que realmente las tales hojas son tan amargas, que parecen ser la misma amargura alambicada: su eficacia contra el dolor de costado, sea propio, ó sea bastardo, es vivísima: seis ú ocho hojas de aquellas medio machacadas, y hervidas en cantidad competente, dan una tintura excesivamente amarga, la que bebe el doliente; y aquellas mismas hojas se aplican á la parte de las punzadas; y á la segunda, y quando mas á la tercera repeticion de este específico, cesa el dolor de costado: experiencia, que todos los dias se toca con las manos, ya en una, ya en otra de nuestras Misiones, en las quales no hay otros Enfermeros, que los mismos Misioneros. Dudó un gran Médico que vivia en Santa Fe de Bogotá: pidióme, y le remití cantidad de dichas hojas; y como llegasen secas por la gran distancia, dobló la cantidad, y despues de suficiente infusion, hizo el cocimiento, y surtia en aquel temperamento frio el mismo buen efecto, que en el cálido, qual es el de nuestras Misiones.

Abunda en las márgenes de todos aquellos rios y arroyos, la caña, que los Indios llaman títicaná, la qual tiene alguna semejanza á la caña dulce; pero su xugo es agrio, poco ménos intenso, que el del limon, por lo que los Padres Misioneros la llaman caña agria; y viendo que los Indios Gentiles, en sintiéndose asoleados, y con calentura, mascaban la dicha caña, y sentian alivio, se hizo prueba, dándoles á los que padecian calentura el xugo de dicha caña, hervido con proporcionada cantidad de azúcar, y se reconoció, que luego prorrumpian en copioso sudor, y despues de él minoraba notablemente la calentura; y repetido el remedio, quedaban sanos; por lo que es éste el mas usado en los Partidos de nuestras Misiones.

La verbena, yerba admirable, nace por allá entre la maleza: á cada hoja le corresponde una florecita, entre morada y blanca: es específico muy eficáz para las calenturas efimeras, que se encienden con mucha freqüencia, ocasionadas del riguroso calor de la Eclíptica: tambien quita las tercianas y quartanas: tomado su cocimiento, que es en gran manera amargo, hace sin falta uno de dos efectos, ó hace sudar copiosamente, ó excita repetidos vómitos; y de qualquier modo es siempre cierta la mejoría del doliente, y á pocos dias de repéticion, la salud.

Para supurar las llagas, en que allá de ordinario sigue cáncer, á causa del sumo calor, hay muchas yerbas á mano, de las quales se hace un emplasto, que aplicado á la llaga, á la segunda ó tercera vez, la pone limpia y libre de toda putrefaccion. La mas usual es la yerba de Santa María, muy amarga, y bien semejante á nuestra yerba-buena en la hoja; solo que la de aquella es mas ancha, y echa flor encarnada. El espino, que nace en llanos húmedos, tiene sus hojas de hechura de lanceta, y al pié de cada hoja una espina: tiene la misma virtud que la yerba antecedente. La misma eficacia tiene el mastranzo, que se parece á la yerba de Santa María; y solo se diferencia en que sus hojas son vellosas, y no amargan.

Mucho mas activo es para lo dicho el carbón del vástago del boró, que nace junto á los rios y lagunas: este vástago es mas grueso que el de nuestras coles, y sus hojas parecidas, pero mucho mayores que las de las coles: hecho polvos el carbon de dicho vástago, y puestos en la haga mas encancerada, á la segunda cura se halla limpia, y la carne viva. Las virtudes de las dichas yerbas las tengo largamente experimentadas; siendo muy digno de notar, el que, como en aquellos dilatados Paises hay tan pocas, y tan cor tas Poblaciones de Españoles, no hay ni Boticas, ni Boticarios; pero el próvido Autor de la Naturaleza ha prevenido, no solo las muchas yerbas, cortezas raices, frutas, aceytes y resinas medicinales, que en varias partes de esta Historia llevo apuntadas; sino tambien abundancia de purgantes, muy proporcionados para aquellos climas; y que en otros creo mantendrán tambien su eficacia.

Los piñones, que de tres en tres maduran dentro de unas frutas, bien parecidas á los higos verdes; y las hojas de los arbolicos que las producen, tambien se parecen algo á las de las higueras; son de tal eficacia, que solos cinco ó seis piñones de aquellos conmueven los humores, y causan una grande operacion; la que suele ser mayor de lo que conviene, si se toman en mayor número. Son sabrosos, y parecidos á los de España; y es cosa singular, que si se tomáron con vino, cesa la operacion, bebiendo agua fresca; y al contrario, si se tomáron con agua, cesa la conmocion tomando Pino: pero si se los comió el enfermo, en tal caso cesa la operacion, tomando vino, ó agua.

En todos aquellos arroyos y nos que tienen vega y arboleda, nace la raíz guajiva, que es como una batata, y tiene las mismas propiedades de la famosa batata, llamada mechoacán, por la Provincia en que nace. Lo especial de la, guajiva es, que quatro ó cinco hojas verdes de su vástago, hervidas en agua clara, tomada ésta, hace el mismo efecto purgante, que su raiz.

No quisiera que esto causase novedad, y en tal caso, para quitarla, traeré por testigos á los habitadores de la Habana, que en las hojas de un sarmiento, que llaman el fraylecillo, tienen el mas raro purgante del Mundo. De estas hojas forman una ensalada muy propicia al gusto, de cuya comida resulta que quantas hojas se comieren, tantas evacuaciones se han de hacer; y se ha de tener particular cuidado en el modo de arrancarlas (aquí llamo otra vez la atencion de los Físicos,) pues si se arrancan tirándolas hácia abaxo, cada hoja causa una evacuacion; y si se arrancan tirándolas hácia arriba, causan vómitos; y si se arrancan unas hácia arriba, y otras hácia abaxo, concurre uno y otro efecto: lo que es notorio en la Isla nobilísima de la Habana. ¿Quién compre. henderá los secretos de la Naturaleza?

(a)
Salomon tom. 2. part. 2. cap. 2. pag. mihi. 176.
(b)
Idem tom. 2. part. 2. pag. 272. y 275
(c)
Lib. 6. cap. 3. pag. 376.
(d)
Matth. cap. 6. vers. 26. Considerate lilia agriquomodo crescunt &c.
(e)
Tom. 2. cap. 9. pag.229.
(f)
Tom. 3. pag. 326. La Sensitive du Jardin Royal a quelque chose de plus piquant encore pour moi. ¿Ne diriez vous pas que cette plante a du sentiment, et qu'elle meríte le nom qu'elle porte? Des que le doigt paroit sur le point de la toucher, ses feuilles se rapprochent; elles se couchent sur leurs branches, et les branches sur la tige: la plante se resserre, et vainement on essayeroit de 1' etendre ou de lui rendre, en la touchant, se premire figure; elle se laisseroit plutot déchirer.
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