CAPITULO VI
 

Los bucaneros ó filibusteros en América.-Tentativas del pirata Mansvelt contra Natá.-Aparición del célebre Enrique Morgan.-Toma de Portobelo.-Preparativos y movimientos bélicos.-Toma del castillo de San Lorenzo.-El avance.-Batalla de Matasnillos.-Toma é incendio de Panamá.-El reinado del terror.
 

Los bucaneros ó filibusteros en América.-En el primer tercio del siglo XVII surgió para el poderío colonial de España una amenaza que el tiempo y la impunidad hicieron formidable: la aparición de los piratas en América. Por el año de 1630 comenzaron á reunirse en la parte norte de Santo Domingo vagabundos sin Dios ni ley procedentes de Inglaterra, Francia y Holanda, especialmente, los cuales se dedicaron á la caza de toros salvajes, jabalíes otros animales abundantes en los bosques de la isla. Muertos los animales y despojados de la piel, salaban, ahumaban y secaban las carnes, operación que de signaban con el nombre de boucaner, por lo cual se les aplicó el de bucaneros con que aparecen en la historia. También se les llamó filibusteros, descomposición de las voces inglesas fly-boat, bote-moscas por el uso que hacían de embarcaciones pequeñas y sutiles, propias para navegar en mares de poco fondo y para escapar á la persecución de navíos de algún calado. Entre sí se llamaron Hermanos de la Costa, cuando aumentado el número y organizados convenientemente, se apoderaron de la isla de Tortuga para hacer de ella la base de sus operaciones, que iniciaron ejerciendo la piratería en los barcos indefensos del tráfico y asaltando los pueblos insignificantes de las costas.

 

Bucanero ahumando carne

Mandados más tarde por capitanes tan arrojados como crueles, se aventuraron en empresas de mayor importancia, constituyendo por mucho tiempo el espanto de los pobladores y contribuyendo á la ruina de muchas ciudades principales de la América hispana. Eran hombres tan desalmados y feroces, que bien se les aplicaba, para retratarlos, la frase de Voltaire: "Imaginaos unos tigres dotados de razón y tendréis á los piratas". Tal terror inspiraban en el ánimo medroso de los colonos, que éstos se los imaginaban tan horribles como los monos ó los diablos, de modo que una mujer al verlos por primera vez en la toma de Panamá no pudo dejar de exclamar: "Jesús! ¡Dios mío! Si estos ladrones son iguales á los españoles!"

Tentativa del pirata Mansvelt contra Natá.-De 1650 en adelante subió de punto la audacia de los piratas, bien organizados como estaban ya bajo la jefatura de intrépidos y feroces capitanes, entre los cuales Francisco L'Olonnais sobresale por las refinadas crueldades que marcaron su paso por la Habana, costas de Venezuela y de Guatemala. Pretendió ejecutar sus depredaciones en el Istmo; pero sorprendido por los salvajes del Darién, éstos despedazaron su cuerpo y lo hicieron consumir por el fuego. Otro pirata no menos atrevido, el viejo Mansvelt, concibió en 1665 el proyecto de apoderarse de Natá haciendo un cruce desde las playas del Mar del Norte. Con 600 hombres y 14 naves salió de Jamaica y tomó de paso la isla de Santa Catalina, fortaleza y presidió adonde las autoridades de Tierra Firme mandaban á los malhechores; pero encontrando que el Presidente de Panamá Don Juan Pérez de Guzmán había hecho grandes preparativos para defender á Natá, cambió de plan y fue á ejercer sus hazañas en Cartago, capital entonces de Costa Rica.

Pérez de Guzmán organizó en seguida una expedición que, al mando de Sancho de Jiménez, recuperó á Santa Catalina en Agosto del mismo año; más apesar del éxito de la campaña, aquel fue destituído y mandado procesar por el Conde de Lemos, cuando con la investidura de Virrey del Perú pasaba en 1667 por Panamá en viaje para Lima.

Aparición del célebre Enrique Morgan.-Héchose cargo del gobierno de Panamá (1667) Don Agustín de Bracamonte, lo ejerció entre las zozobras y ansiedades en que mantenía al vecindario y á las autoridades la audacia creciente de los piratas, pues á raíz de la toma y arrasamiento de la población de Veraguas, en la costa del Norte, por los franceses Pedro el Picardo y Moisés Vanclein, aparece como la más dura, calamidad para las poblaciones del Istmo que tuvieron que sufrir el rigor de sus crueldades, la figura siniestra de Enrique Morgan, pirata inglés, á quien luego de varias aventuras que tuvieron comienzo en el abandono furtivo del hogar paterno, su venta como esclavo y su ingreso en las filas de los bucaneros, se le encuentra en 1666, por la muerte de Mansvelt, al frente de la caterva de foragidos que entonces merodeaba en el Mar de las Antillas ocupada en una serie de ataques sobre las poblaciones ribereñas. Después de atacar Morgan la Habana y de saquear á Puerto Príncipe, formó el plan de apoderarse de Portobelo, plaza de primer orden guarnecida por 300 soldados á quienes podían prestar ayuda 400 vecinos capaces de empuñar las armas.

 

El pirata inglés Enrique Morgan

Toma de Portobelo.-Con una flotilla de 9 buques y una fuerza de 460 hombres salió Morgan para Portobelo, á la cual atacó por tierra (fines de Junio de 1668) tomando por sorpresa y al favor de las sombras de la noche el castillo de Santiago de la Gloria que hizo volar en seguida. Dueños los piratas de la ciudad, la guarnición española se encerró en el castillo de San Jerónimo, donde presentó una desesperada resistencia que Morgan logró vencer, haciendo, por fuerza, que los frailes y monjas que había tomado prisioneros arrimaran escalas sobre los muros para asaltar de ese modo la fortaleza, en cuyo recinto se siguió luego una lucha cuerpo á cuerpo que terminó con la muerte del heróico Gobernador de la Plaza, que no quiso rendirse.

 

Portobelo: Una calle de la ciudad

Don Agustín de Bracamonte reunió una fuerza para recuperar á Portobelo, empresa que no tuvo éxito por la misma irresolución del gobernante español, quien se limitó á intimar al pirata la desocupación de la ciudad. Morgan le contestó que lo haría tan pronto le entregaran $ 100.000.00; pues de lo contrario saquearía todas las casas y prendería fuego á la población. Con ese mensaje devolvió al emisario, portador además de una pistola para el Gobernador, y el recado de que con ella había tomado á Portobelo y que presto volvería para recuperarla en Panamá. La respuesta de Bracamonte consistió en remitirle una sortija enriquecida con una esmeralda y suplicarle á la vez alguna compasión para los infelices portobeleños, víctimas de inauditos atentados. Reunida la suma para el rescate de la ciudad, los piratas se retiraron, llevándose, sólo en efectivo, la suma de $ 250.000.00.

Preparativos y movimientos bélicos.-Absuelto de los cargos que se le hicieron, Juan Pérez de Guzmán reasumió el mando de Tierra Firme en 1670, cuando los piratas se preparaban para ejecutar una empresa superior sobre Veracruz, Cartagena ó Panamá. Con esta noticia se dictaron las necesarias órdenes para reforzar el Castillo de San Lorenzo de Chagres, la plaza de Portobeló y la venta de Cruces, en tanto que se llamaba á la capital la gente hábil de la Provincia de Veraguas y de otras poblaciones del territorio.

En efecto, en Diciembre hallábanse reunidas á la altura del Cabe Tiburón 37 naves á cuyo bordo se encontraban 2000 hombres bajo el mando de Enrique Morgan, habiendose resuelto en Consejo de Jefes y Comandantes la toma de Panamá, no obstante haberse firmado en tiempo un tratado entre Inglaterra y España para poner término á la piratería. Mientras que Morgan marchaba á la isla de Santa Catalina con el grueso de la escuadra, el Capitán. José Broddley, con cinco buques y 400 hombres escogidos, recibió la orden de apoderarse del castillo de San Lorenzo, para asegurar con ella el libre acceso del río Chagres al ejército expedicionario sobre Panamá.

Toma del Castillo de San Lorenzo.-Brodley desembarcó su gente en una caleta distante del puerto de Chagres, y burlando la vigilancia de las partidas avanzadas de los españoles, se presentó á la vista del castillo de San Lorenzo sobre el cual rompió los fuegos el 6 de Enero de 1671. La guarnición, compuesta de más de 300 hombres al mando de Pedro de Elizalde y Ulloa, sostuvo con brío el ataque, rechazando tres veces los impetuosos asaltos de los enemigos, en cuyas filas se introducía ya el desaliento. Brodley concentró entonces todo su empeño en prender fuego á las casas pajizas existentes en el recinto del fuerte por medio de flechas  envueltas en paños inflamados, operación que tuvo éxito. Los españoles, ocupados en extinguir las llamas del incendio, descuidaron la defensa de uno de los flancos por el cual se introdujeron los atacantes, siguiéndose una lucha obstinada y sangrienta dentro del castillo,  sostenida por 70 sobrevivientes, hasta que cayó sin vida el castellano de San Lorenzo.

 

Glorieta del Castillo de San Lorenzo

Los piratas perdieron 175 hombres entre muerto y heridos; el mismo José Brodley no sobrevivió muchas horas al triunfo; pero cuando Morgan con la escuadra apareció frente a la boca del río, encontró expedita la navegación de éste y pudo saludar alborozado el pabellón inglés que flotaba vencedor sobre los ennegrecidos muros de la fortaleza.

El avance.-El 18 de Enero emprendieron los piratas, en número de 1200, la marcha sobre Panamá, remontando el río Chagres en 37 bongos y canoas. La expedición sufrió todos los horrores del hambre en siete días que duró la navegación hasta Cruces, pueblo que encontraron reducido á cenizas por los españoles. Continuada por tierra la marcha, que interrumpían en ocasiones algunas emboscadas, los piratas alcanzaron, al noveno día de su salida de Chagres, la cima de una eminencia que se llamó el "Cerro de los Bucaneros" desde donde contemplaron las aguas del Pacífico y las torres de las iglesias de Panamá, en las inmediaciones de cuya ciudad pernoctaron. A las prime ras claridades del siguiente día -miércoles 28 de Enero de 1671- los piratas reanudaron la marcha; pero avisado Morgan de que los españoles habían construído trincheras y emplazado artillería en varios puntos del camino real, varió de ruta y atravesando el bosque por los altos de Toledo, apareció en las sabanas de Matasnillos y tomó posiciones favorables en el cerro del Avance que las domina, destruyendo así todo el plan defensivo de los españoles.

El ejército de éstos, compuesto de 1500 combatientes y muy heterogéneo en su conjunto, estaba dividido en tres regimientos de infantería mandados respectivamente por Juan Portuondo Borgueño, Gobernador de Veraguas, Alonso de Alcaudete, Jefe de la plaza de Portobelo y Antonio Rojas Jiménez, Mayor de la de Panamá; un cuerpo de caballería, cinco ó seis piezas de artillería y dos piaras de toros cimarrones, todo bajo la dirección superior del Presidente y Capitán General Don Juan Pérez de Guzmán.

Batalla de Matasnillos.-Morgan dividió su ejército, asimismo, en tres fracciones, y confiando la vanguardia á 200 de los más afamados de sus tiradores aguardó la agresión de los españoles, la que no se hizo esperar, pues el a la izquierda precipitó la acción lanzándose sin concierto sobre el enemigo. La caballería siguió el ejemplo á los gritos de ¡Viva el Rey!; pero moviéndose con dificultad en un terreno desigual y pantanoso fué casi aniquilada por los certeros disparos de los bucaneros. Reorganizada la infantería después del primer rechazo, intentó otro asalto sobre el enemigo que se mantenía expectante en sus posiciones. El Capitán General recorría las filas animando á sus soldados con esta sencilla arenga; "Ea, hijos míos, á ellos, que no queda otro remedio: ó morir ó vencer". Al mismo tiempo se empujaba el ganado para agredir al adversario por uno de los flancos á efecto de introducir la confusión en sus líneas; pero los piratas recibieron á los infantes con fijo y nutrido fuego; en cuanto á los toros no llenaron en la batalla las esperanzas que se tenían fincadas en ellos. La lucha se había generalizado en todos los puntos y los combatientes de un y otro bando se disputaban con todo empeño el triunfo; pero aniquilados los españoles al cabo de tres horas de brega abandonaron el campo, dejando en él 600 muertos y heridos al escarnio y crueldad de los adversarios.

Toma é incendio de Panamá.-Morgan concedió un descanso de dos horas á sus tropas; después de revistarlas y anotar en ellas una pérdida de 200 hombres, ordenó la marcha sobre la ciudad, defendida por una escasa guarnición y número regular de panameños armados. Una tras otra fue tornada cada calle, venciendo los invasores la obstinada resistencia que se hacía desde las esquinas, ventanas y claraboyas de las casas; pero nada era suficiente á contener el coraje impetuoso de los piratas, quienes arrollaban todos los obstáculos que se oponían á su marcha destructora. A las tres de la tarde la ciudad estaba absolutamente en su poder.

 

Puente del Matadero en la Antigua Panamá

Apenas habían tenido tiempo los piratas para e coger cuarteles y tomar las necesarias medidas de seguridad, cuando las llamas precursoras de un incendio formidable aparecieron sobre la ciudad, propagándose rápidamente. Ayudados por algunos prisioneros, aquéllos hicieron todo esfuerzo para contener el avance del fuego, derribando varios edificios y volando otros con pólvora, pero en vano: las casas, casi todas de madera, fueron presto consumidas por el voraz elemento; e el término de una hora toda una calle había desaparecido, y á la media noche un sencillo convento, algunos edificios públicos y las barracas miserables de los negros muleteros, en el suburbio, era lo que quedaba de la ciudad de Panamá. La causa del incendio, atribuída generalmente á Morgan y á sus secuaces, lo fue la contaminación de las llamas producida por la voladura de los depósitos de la pólvora, ordenada, después de la derrota, por Don Juan Pérez de Guzmán.

El reinado del terror.-Al combate que ocasionó la toma de Panamá, siguió el desenfreno y el saqueo; pero á excepción de algunos géneros y otros artículos del comercio corriente, nada de valor encontraron los piratas en la conquistada ciudad, pues la mayoría de los moradores había huído llevándose cuanto dinero y joyas poseía asimismo las alhajas y ornamentos de las iglesias habíanse remitido al Perú en el mismo buque que condujo á los frailes y monjas que abandonaron la ciudad á la aproximación del enemigo. El fuego interrumpió, además, á los piratas en su obra de pillaje; de modo que para resarcirse del poco despojo obtenido, emplearon los medios más violentos recorriendo en partidas las vecindades é islas cercanas para aprisionar en ellas á los fugitivos y obligarlos á pagar, entre torturas y humillaciones, el precio de su libertad. Reunieron así un cuantioso botín de oro, plata y pedrería para juzgar del cual basta decir que se necesitaron en transportarlo 195 mulas. El 24 de Febrero abandonaron los piratas las ruinas de Panamá., llevándose muchos prisioneros á fin de constreñirlos á pagar su rescate, y no pocos negros esclavos. La expedición estuvo de regreso en Chagres el 10 de Marzo, y después de embarcar Morgan lo más valioso del botín en su buque almirante, se marchó sigilosamente para Jamaica, burlando de ese modo á sus compañeros, in conformas con una empresa de la cual tocaron á cada soldado 16 libras esterlinas!...............

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