CAPITULO IX
 

La revolución de los tres años.-La revolución liberal en el Itsmo.-Actitud del Gobierno; triunfos de la revolución.-Combate de Calidonia.-Gobierno de Albán.-Continuaciones de la guerra.-Campaña del General Benjamín Herrera.-Gobierno de Salazar.-Fin de la guerra.-El doctor Javier Junguito en la Diócesis del Istmo.
 

La Revolución de los tres años.-Como resultado de la conmoción de 1895, se avivó más el espíritu de antagonismo en Colombia de modo que la proscripción del liberalismo fue más absoluta y menos efectivo el reconocimiento de sus derechos por el partido imperante.

Cerrados á la colectividad todos los medios legales para recuperar la parte de predominio que le correspondía en la administración pública, optó por la guerra aun cuando con ella no estuvieron de acuerdo todos los jefes liberales.

En efecto, en Octubre de 1899 se inició en Santander el movimiento revolucionario que, fruto de un plan concertado, se vio correspondido en todos los Departamentos. En Panamá se alzaron don Francisco Filós en Natá; y un grupo de jóvenes, salido de Panamá, al mando de don Temístocles Díaz, invadió el Distrito de Arraiján; pero uno y otro movimiento fueron fácilmente debelados.

En breve se hizo general la guerra civil, la más larga y sangrienta de las muchas que han azotado á Colombia. Contribuyó no poco á ello el apoyo exterior que se prestó á los revolucionarios, así como el triunfo de Peralonso y la toma de Tumaco, en los comienzos de la lucha. Los mayores ejércitos que hubiera conocido el país se reunieron en la campaña, durante la cual hubo carnicerías humanas como la de Palonegro, campañas como la del Tolima, que se caracterizó por sus escenas de salvajismo, y sitios como los de San José de Cúcuta y Aguadulce. La guerra sembró sus horrores en todo el país; ambos bandos hicieron derroche de valor, constancia y sufrimiento, dignos de mejor causa.

La revolución liberal en el Istmo.-A fines de Marzo de 1900 arribé á las playas panameñas de la Provincia de Chiriquí la expedición liberal organizada en Centro América por el doctor Belisario Porras, á efecto de concurrir al plan general de derrocar el gobierno nacionalista en la República.

 

Dr.  Belisario Porras

El 29 de ese mes se proclamó en Burica Jefe Civil y Militar del Departamento el doctor Porras, quien nombró Secretarios de Gobierno y de Hacienda respectivamente á los doctores Carlos A. Mendoza Eusebio A. Morales y jefe de operaciones del ejército al General Emiliano J. Herrera. El 4 de Abril siguiente cayó en poder de la revolución la ciudad de David, después de un reñido combate en el cual tomaron parte voluntarios chiricanos que comenzaban á incorporarse al movimiento. El arribo del doctor Porras al Istmo levantó en alto grado el espíritu del partido liberal panameño, que reconocía en él uno de sus jefes más visibles y prestigiosos;, de modo que un anhelo general invadió, especialmente, el ánimo de la juventud, deseosa de combatir bajo el mando de aquel caudillo, por el triunfo de sus ideas políticas. Así, e la noche del 23 de Abril una veintena de jóvenes encabezados por José Agustín Arango J., burlando la vigilancia del gobierno, se apoderó en La Boca, de la CISTERNA, vapor de la Compañía del Canal, y marchó como primer contingente de la capital á engrosar las filas revolucionarias.

Actitud del Gobierno; triunfos de la revolución.- El gobierno departamental organizó á todo costo una lucida división que salió por mar á combatir á los revolucionarios, y aun cuando sus jefes supieron en Soná que Herrera con el grueso del ejército enemigo se encontraba en Tolé, ordenaron proseguir á David, plaza abandonada ya por aquéllos.

 

General Emiliano J. Herrera

 Herrera invadió sin dificultad la Provincia de Veraguas, y en Aguadulce uniose con las fuerzas que previamente había levantado en Los Santos el doctor Porras. La revolución, que pudo ser provocada á combate decisivo en su cruce por la Provincia de Coclé, tomó posiciones en Bejuco, cuando la expedición del Gobierno regresaba, sin resultado ninguno, á la capital.

Puestas las operaciones de la guerra bajo la dirección del General Belisario Lozada., éste marchó sobre el enemigo con los batallones Colombia, 5o. de Cali y Ulloa, constantes de 800 plazas, atacando al amanecer del 8 de Junio las posiciones enemigas defendidas por 420 revolucionarios. El combate, de variante éxito, duró todo el día, hasta las 5 de la tarde en que los atacantes abandonaron el campo. La caballería revolucionaria, aniquilada durante la acción, no pudo hostilizar en su retirada á los gobiernistas, que días después entraban desalentados en la capital.

La revolución obtuvo un triunfo más en Corozal (21 de Julio) sobre las aguerridas huestes gobiernistas, poniéndolas en situación tan desesperada, que jefes de alta graduación y regeneradores de nota se asilaron en nave extranjera de guerra anclada en la bahía. Las tropas del gobierno las mandaba el General Carlos Albán, hombre extraordinario que estando de tránsito en la capital había sido nombrado Secretario de Gobierno por Campo Serrano, quien en interés de su causa se había separado de sus funciones civiles y militares que llenaba temporalmente aquél.

Combate de Calidonia.-Desde Corozal el General Herrera ofreció generosa capitulación á Albán, que éste no aceptó, contando resistir con la fuerza de que disponía, la cual estableció su línea de batalla desde la playa del Trujillo y el puente de Calidonia, hasta el ramal del ferrocarril á La Boca, protegida toda ella por fuertes atrincheramientos. El ejército liberal, de más de 1,000 hombres, con su Estado Mayor en Perry`s Hill, inició el combate en la mañana del 24 de Julio con ímpetu arrollador, empujando á las fuerzas gobiernistas dentro de sus atrincheramientos, desde los cuales causaron á su vez, una gran mortandad en los revolucionarios que peleaban gallardamente á pecho descubierto. Uno tras otros entraban los batallones á la siega imperturbable de la muerte, en todo el día que se sostuvo, con el coraje de los combatientes, el fuego de las armas. La revolución había fracasado en su intento de tomar la capital; y aun cuando el doctor Porras tomó el 25 las disposiciones para un nuevo ataque, por la mediación de los cónsules se llegó á un armisticio y finalmente los jefes liberales aceptaron el 26 una capitulación, influyendo especialmente en esto la llegada del General Campo Serrano á Colón con 1,000 hombres de refuerzo, procedentes de Barranquilla; el estado del ejército después de la jornada del 24, y la situación de la guerra en la República después de la batalla de Palonegro, que le dió golpe de muerte.

Las bajas de los revolucionarios en el combate de Calidonia pasaron de 400, tanto más dolorosas cuanto que cayeron bajo el plomo homicida Temístocles Díaz, Juan Antonió Mendoza, Joaquín Arosemena, Fabio Tejada y tantos otro hijos del país, harto conocidos y estimados. De parte de los gobiernistas ascendieron las pérdidas á 98, entre ellas Rolando Linares, uno de los pocos panameños que sostuvo al Gobierno con las armas.

Gobierno de Albán. Continuación de la Guerra.- El 31 de Julio ocurrió en Bogotá un movimiento en el seno del partido conservador, que derrocó el gobierno nacionalista de Sanclemente y elevó al historicismo con el Vicepresidente Marroquín, quien nombró al General Albán jefe Civil y Militar de Panamá.

Pasada la expectativa de rumbo distinto en la política del nuevo gobierno, se reanudaron las escenas de sangre en el Istmo, con la diferencia de que á la guerra regular la sucedió el sistema de guerrillas, tan á propósito para mantener el desasosiego público y para causar la ruina en las comarcas que les servían de teatro. Desde el Darién hasta Bocas del Toro, y particularmente en el interior, donde los indígenas fueron armados y capitaneados por Victoriano Lorenzo, tuvo el Gobierno que mantener constantemente tropas para devolver la paz  á esos pueblos, víctimas de las demasías de los contendores.

En los primeros diez meses de 1901 hubo en el Istmo una serie de combates de los que los principales fueron el de Tres Picachos (13 de Mayo) cerca de Olá, el de Santafé (29 de Julio), que terminó con la retira da de los gobiernistas, y el del Gago (10 de Octubre), en el distrito de Penonomé, para rechazar el ataque de los revolucionarios.

 

General Domingo Díaz

A mediados de Septiembre arribó á San Carlos el Momotombo, vapor de guerra nicaragüense, con la expedición conducida por don Domingo Díaz, uno de los jefes más distinguidos del liberalismo istmeño. Aumentada esta fuerza con varios contingentes, cayó en Noviembre sobre las poblaciones de la línea del ferrocarril. Unos 160 hombres comandados por los señores Manuel Patiño y Federico Barrera sorprendieron audazmente á Colón el 19 de ese mes. Albán había salido para Chame en busca del enemigo, pero como no lo hallara regresó á toda prisa á la capital, y en seguida abrió campaña contra las fuerzas de Díaz, á las que derrotó en los sangrientos combates de Emperador, San Pablo y Buenavista, no llegando las tropas gobiernistas sino hasta Gatún, por cuanto se hizo innecesaria su marcha á Colón, euros ocupantes capitularon el 28 de Noviembre.

Campaña del General Benjamín Herrera.-A fines de 1901 desembarcó en el Istmo la más formidable de las invasiones liberales, compuesta de 1,300 hombres procedentes de Tumaco, al mando del General Benjamín Herrera. Vencida la guarnición de Tonosí, la expedición siguió á Antón donde se le incorporó el ejército de Panamá, mandado por el doctor Porras. La revolución había adquirido un vapor que armó en guerra, el Almirante Padilla, con el cual pudo en pocos días enseñorearse de las costas istmeñas del Pacífico, por lo cual decidió Albán salir á combatirlo tomando y artillando el vapor Lautaro, perteneciente á la Compañía Sudamericana.

El Lautaro, que debió haber partido el 19 de Enero, se vió imposibilitado para hacerlo por descomposición en la maquinaria y permaneció en su fondeadero, frente á la isla de  Naos, donde la mañana siguiente fue sorprendido por el Padilla, que llegó á acercársele á distancia de 400 metros. Corto combate se empeño entre estos dos buques y el remolcador del Gobierno, Chucuito, retirándose el Padilla con averías después que su artillería hizo seguro blanco en el Lautaro, á cuyo bordo se declaró un incendio; la nave se hundió poco á poco hasta quedar afuera solo el extremo superior de los mástiles. Las bajas de los revolucionarios fueron considerables, pero las de los gobiernistas mucho más sensibles, como que el mismo Albán, que se encontraba en el Lautaro, fue destrozado por la metra a enemiga.

 

General Carlos Albán

Al conocerse la muerte de Albán, asumió el mando civil y militar el Secretario de Gobierno, don Aristides Arjona.

Las armas del Gobierno sufrieron un descalabro en San Pablo, Provincia de Chiriquí, y Aguadulce, don de había una fuerte guarnición, cayó después de reñido combate; de modo que la revolución dominaba por completo en el interior y llegó hasta tomar á Bocas del Toro.

Gobierno de Salazar. Fin de la Guerra.- Al General Víctor M. Salazar, le tocó suceder á Albán en la Jefatura Civil y Militar de Panamá, de la que se en cargó en Marzo 3 de 1902. Este gobernante llegó á disponer de numerosas fuerzas y acometió la empresa de atacar á la revolución, más poderosa que nunca, y dueña de las costas interioranas. Con tal designió envió en Junio al General Luis Morales Berti con 2,000 hombres á batir á los revolucionarios, en cuyo propósito ocupó la plaza dé Aguadulce.

En el mes siguiente se rendía la Boyacá al Padilla, hecho por el cual quedaron aisladas las tropas de Morales Berti en Aguadulce, que fue sitiado por las fuerzas, de Herrera procedentes de Chiriquí, viéndose al fin sus defensores obligados á capitular al cabo de un mes.

 

General Víctor M. Salazar

La revolución colombiana que sólo en los primeros meses adquirió auge, había venido perdiendo terreno, hasta quedar casi reducida al Istmo, donde aun se alzaba arrogante, pero sin esperanzas de dominio absoluto por la intervención del Gobierno americano, pedida por el Ministro de Colombia en Washington, para que la revolución no atacara la ciudad de Panamá. Así es que comprendiendo Herrera la esterilidad de sus esfuerzos, entabló negociaciones de paz qué, después de varias alternativas, culminaron en el tratado firmado á bordo del Wisconsin, (navío de guerra americano) el 21 de Noviembre de 1902 tras laboriosas discusiones por los comisionados Generales Victor M. Salazar y Alfredo Vásquez Cobos en representación del Gobierno y por los doctores. Lucas Caballero y Eusebio A. Morales, como representantes de la Revolución. El General Nicolás Perdomo, en su carácter de Ministro de Gobierno en comisión, y el General Víctor M. Salazar Benjamín Herrera, como Directo de la guerra en el Cauca y Panamá, impartieron su aprobación al convenio, que disponía entre otras cosas: elecciones puras para miembros del Congreso, las reformas presentadas en 1908 por Marroquín á las Cámaras, y la amortización del papel moneda con el dinero que se obtuviera por los contratos sobre el Canal.

El doctor Javier Junguito en la diócesis del Istmo.-La iglesia panameña, sufragánea en sus primeros años de la de Sevilla y luego de la de Lima, pasó á serlo del Arzobispado de Bogotá por Bula del Papa Gregorio XVI, del 27 de Abril de 1836, aprobada por el Congreso granadino dos años después. Hoy está subordinada al Arzobispado de Cartagena de Indias. En los pasados años al Obispo de Panamá se le llamaba PRIMADO DE TIERRA FIRME, en atención á haber sido la iglesia de Santa María del Darién la primera que en el Continente americano se erigió en Catedral; por esta razón el prelado diocesano llevaba cruz arzobispal. Desde la erección del Obispado del Darién, en 1513, la dignidad de jefe de la iglesia istmeña ha recaído en cincuenta y tres personas, algunas de las cuales no llegaron á ocupar la silla. Vacante ésta en 1.899 por la muerte (8 de Julio) del Dr. José Alejandro Peralta, fue llenada por el doctor Javier Junguito, jesuita natural de Bogotá, harto conocido y estimado de la feligresía por su larga residencia en el país. Consagrado en Cartagena el 14 de Julio de 1901, tomó posesión del Gobierno eclesiástico del Istmo el 11 de Agosto del mismo año.

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