CAPITULO X
 

La negociaciones del Canal.-La Ley Spooner en el Congreso americano.-El Tratado Herrán-Hay.-Opinión istmeña acerca del Tratado.-Segunda administración de Mutis Durán.-El Convenio del Canal en el Congreso colombiano.-José Domingo de Obaldía, Gobernador de Panamá.-Resurgimiento de las ideas separatistas. Labor de los conspiradores.-Llegada de los Generales Tobar y Amaya al Istmo.-El movimiento separatista en Panamá.-Actuación de los separatistas en Colón.
 

Las negociaciones del Canal.-En la imposibilidad la Compañía del Canal de obtener el capital necesario para llevar á término la obra, trató por diversos medios de inducir al Gobierno americano á que se decidiera por la vía de Panamá, próximo como estaba el vencimiento de la segunda prórroga. Por su parte el Gobierno colombiano, siempre generoso con la Compañía, entró en negociaciones con ella, para lo cual el doctor Nicolás Esguerra se trasladó á París en 1899. La ímproba labor del comisionado para vencer la resistencia de la Directiva del Canal en reconocerle 30,000.000 de francos á Colombia como valor de una nueva concesión, fue tácitamente desautorizada por el Gobierno Nacional que celebró directamente con un representante de la Compañía en Bogotá el contrato sobre concesión de otra prórroga para concluir el Canal, vencible en 1910, por la sexta parte de lo que exigía Esguerra, esto es  por 5.000,000 de francos, los que se dedicaron en debelar la revolución, lo mismo que los 200,000 dólares obtenidos por considerar el. Gobierno cumplido, de parte de la Compañía del Ferrocarril de Panamá, el compromiso de llevar la línea férrea hasta aguas profundas en la bahía de ese nombre, con la construcción del muelle de La Boca.

Los liberales en armas protestaron contra la concesión de la tercera prórroga, cuya é importancia requerían el beneplácito del Congreso.

La Ley Spooner en el Congreso americano.-Convencido el Gobierno del señor Marroquín de la impotencia de la Compañía francesa para excavar el Canal, y atento á la parcialidad de la prensa americana por la vía de Nicaragua envió á Washington al doctor Carlos Martínez Silva cuyos esfuerzos como diplomático se encaminaron á exponer las buenas disposiciones de su Gobierno para que se adoptara la vía de Panamá mediante autorización á la Compañía francesa de traspasar sus derechos y propiedades al Gobierno americano. En atención á esto el Congreso de los Estados Unidos expidió la Ley Spooner por la cual se facultaba al presidente de la Unión para negociar con Colombia un tratado sobre Canal, adquiriendo á perpetuidad una faja de tierra de diez millas de ancho para hacer por ella el corte de la obra, y con derecho á establecer allí jurisdicción propia. Disponía la ley, además, que si dentro de un término prudencial no era posible conseguir esas concesiones, se gestionara con los Gobiernos de Nicaragua y Costa Rica lo conducente á construir el Canal por su territorio.

El tratado Herrán-Hay.-La opinión pública se pronunció en Colombia contra la cláusula de la ley Spooner afectante de la soberanía en el Istmo; y no pudiendo Martínez Silva salvar ese escollo, fue reemplazado en la Legación por el doctor José Vicente Concha, quien por la misma causa se separó de ella á fines de 1902, quedando encargado de la negociación don Tomás Herrán. Este firmó, (22 de Enero de 1903) cumpliendo órdenes de su Gobierno, con Mr. John Hay, Secretario de Estado americano, el tratado conocido con el nombre de ambos. Por él se autorizaba á la Compañía francesa para vender y traspasar sus derechos, y propiedades al Gobierno americano; se le concedía á éste la facultad exclusiva, durante cien años prorrogables, de excavar, dirigir y proteger el Canal; se le cedía una zona de cinco kilómetros de latitud á medir desde el eje de aquél, exceptuándose las ciudades de Panamá Colón. Respecto de las jurisdicciones judicial y administrativa dentro de la zona cedida, Colombia establecería tribunales con derecho á conocer de las controversias entre sus nacionales y las entre éstos y los de otros países que no fueran los Estados Unidos, los que á su vez administrarían justicia por medio de funcionarios americanos en los casos en que las contiendas ocurrieran entre ciudadanos de los Estados Unidos, ó bien entre aquéllos y extranjeros. Como compensación por el uso de la zona y por la pérdida de la anualidad de $250.000 oro que Colombia percibía del Ferrocarril, recibiría de contado al ser canjeadas las ratificaciones del tratado, $10.000.000 oro, así como $250,000 oro por todo el tiempo de la duración del convenio á partir del noveno año de su ratificación.

El tratado debía ser ratificado por el Congreso de Colombia en un plazo no mayor de ocho meses.

La opinión istmeña acerca del Tratado.-Aun para nada se tuvieron en cuenta en el tratado sobre Canal los intereses, particulares de Panamá, parte considerable de sus habitantes fue partidaria de él. Para ello se alegaban dos razones: el problema económico, complicado gravemente por tres años de guerra y los nefandos propósitos, nada nuevos en Colombia de vender el Istmo, lo que hacía optar por el menor de dos males, cual era la no pérdida total de la soberanía colombiana en el Istmo. Parte se mostraba contraria á varias cláusulas de la convención, considerando especialmente lesiva para él decoro nacional el establecimiento de autoridades extrañas en la futura zona del Canal, y peligroso su funcionamiento por las frecuentes dificultades que surgirían entre las autoridades americanas y las colombianas en el mismo territorio. El comercio y el elemento extranjero en general eran decididos partidarios del Tratado.

Segunda administración de Mutis Durán.-En reemplazo del General Salazar se nombró por segunda vez Gobernador al Dr. Facundo Mutis Durán, cargo del cual se posesiono en Enero 3 de 1903.

 

Doctor Facundo Mutis Durán

Nada más natural que con la terminación de la guerra se confiara el mando del Istmo á un hombre esencialmente civil y de espíritu conciliador como el nombrado, para garantizar mejor la efectividad del tratado de paz é inspirar confianza entre los liberales; pero el elemento militar, preponderante aún, no podía avenirse con un magistrado tolerante y respetuoso de las leyes. Tres hechos, atroz el uno y escandalosos los otros,. confirmaron esto: el fusilamiento (15 de Mayo) de Victoriano Lorenzo, cuya vida protegía un solemne tratado celebrado bajo la garantía del pabellón americano; el empastelamiento de la imprenta de El Lápiz y la agresión á su Director y empleados por militares varios y ensoberbecidos, y el atentado del 25 de Julio, en que la autoridad civil fue materialmente perseguida por el militarismo, que pretendió suplantarla. De la sangre cruentamente derramada, fue responsable directo Pedro Sicard Briceño; de la tentativa de golpe de cuartel José Vásquez Cobo, ambos Generales. El último pretextaba reivindicar los derechos nacionales, vulnerados -decía- por Mutis, simplemente porque éste defendía el Tesoro Departamental confiado á su integridad contra los asaltos de la Comandancia Militar.

Estando el país en estas condiciones de inseguridad, nada á propósito para garantizar la efectividad del sufragio, los liberales istmeños, así como los de toda la República, se abstuvieron de tomar parte en las elecciones para miembros del Congreso, con lo cual quedó eludida la responsabilidad del Partido en los posteriores sucesos derivados de la improbación del tratado Herrán-Hay.

El Convenio del Canal en el Congreso colombiano.-Apartándose de la opinión istmeña, partidaria del tratado, la casi totalidad de la representación de Panamá se plegó á la mayoría del Congreso contraria al pase del Convenio, que fué discutido extensamente en ambas Cámaras. De los debates resultó que en concepto de varios Senadores y Representantes su ratificación era imposible sin antes reformar la Constitución, que no permitía lesión en ninguna forma, del territorio nacional, imponiéndose así una enmienda el texto del tratado para salvar aquel escollo legal. El Ministro americano en Bogotá, Mr. Beaupré, declaró que su Gobierno consideraría como rechazado el Convenio si se le hacía alguna reforma, por lo que el Senado lo improbó unánimemente en la memorable sesión del 12 de agosto, no obstante la pública advertencia del Representante panameño Dr. Luis de Roux, respecto del peligro á que se exponía la integridad territorial de Colombia, conocidas como eran las tendencias separatistas de los istmeños y la necesidad que los Estados Unidos tenían de un canal, no ya con miras meramente mercantiles, sino estratégicas, de acuerdo con las exigencias del desarrollo y poderío de esa nación.

José Domingo de Obaldía, Gobernador de Panamá.-En medio del desaliento causado en Panamá con motivo del rechazó del tratado sobre canal, fué recibida la noticia del nombramiento de Gobernador del Departamento, recaído en el señor José Domingo de Obaldía, quien acababa de desempeñar en el Congreso el puesto de Senador. Tal anuncio fue recibido con beneplácito, pues el nombrada aunque militante en el partido Conservador era conceptuado por los liberales como persona caballerosa y culta, y en la generalidad satisfacía la escogencia de un conterráneo para regir los destinos del Istmo, considerando que desde 1885 sólo un panameño, el señor Árango, había ocupado el alto puesto de mandatario del Departamento. El 20 de Septiembre tomó posesión el señor Obaldía, nombrando Secretarios de los Despachos á miembros del partido conservador; pero conforme con el espíritu de concordia que había expresado en su discurso inaugural, llamó á varios liberales al desempeño de algunos puestos en su administración.

Resurgimiento de las ideas separatistas.-Conocida la opinión colombiana respecto del tratado de canal y su seguro rechazo por el Congreso, había hecho resurgir las ideas separatistas, siempre latentes, en el espíritu de los istmeños, avivadas desde 1898 por algunos órganos de la prensa nacional que trataban al Istmo como artículo venal negociable para la empresa de importantes obras en la República y para emancipar á ésta de su depreciado sistema fiduciario.

 

D. José Domingo de Obaldía

De aquellos propósitos protestaron los istmeños por la prensa y en manifestaciones populares que dieron oportunidad al doctor Francisco Ardila para decir "que antes de consentir en que se les vendiera, los istmeños se regalarían á quien los apreciara mejor que los colombianos;" y para que el joven poeta León Soto se expresara en los términos patrióticos que, considerados punibles por un militar soez, le valieron los ultrajes infamantes que originaron su muerte. Poco después los anhelos de vida independiente tuvieron vibración en El Istmeño, donde Rodolfo Aguilera los sustentó en artículos que le aparejaron el proceso que le instauró el Gobierno Departamental del Dr. Mutis Durán. Este estado moral y la amenaza de la mayor ruina del país con la cesación de los trabajos del canal, predispuso suficientemente los ánimos en la capital para concurrir llegado el caso, á la idea de la separación de Panamá, que ya iba tomando forma en el cerebro de algunos distinguidos hijos.

Labor de los conspiradores.-José Agustín Arango echó sobre sus hombros la responsabilidad de efectuar el movimiento separatista, y secundado por Ricardo y Tomás Arias, Manuel Espinosa B., Federico Boyd, Carlos Constantino Arosemena y Nicanor A. de Obarrio. formó una Junta que comisionó al doctor Manuel Amador Guerrero, para que marchara á los Estados Unidos á pulsar la opinión de personas influyente respecto de la actitud del Gobierno americano, caso de que el Istmo se declarara independiente, en la inteligencia de que el nuevo Estado aprobaría un tratado para la excavación del Canal sobre las mismas bases que el llamado Herrán-Hay.

Mientras Amador Guerrero cumplía su misión, Arango obtenía para el plan revolucionario la cooperación de los prohombres liberales, y á fin de preparar opinión favorable al proyecto, enviaba un comisionado al interior del Departamento.

 

General Esteban Huertas

Al regresar Amador de su viaje á los Estados Unidos, asumió la dirección del movimiento, poniéndose luego en contacto con personas que estaban en mejores aptitudes para concurrir eficazmente á su realización. Fué entonces cuando ganó el movimiento al partidario más importante para su buen éxito al General Esteban Huertas, militar de larga residencia en el Istmo, casado con hija del país, por el cual sentía asimismo un vivo afecto como correspondencia a las consideraciones de los conservadores, sus copartidarios, y  respeto y estimación de sus adversarios políticos, reconocedores de su valor. Con una hoja de servicios brillante como defensor del Gobierno en la última campaña, Huertas fué comnovido por profundo resentimiento al saber las disposiciones de la Secretaría de Guerra, relativas al retiro del batallón "Colombia" de la guarnición de la plaza de Panamá, lo que determinó su renuncia de la jefatura del cuerpo, en cuyo personal cansó también hondo disgusto aquella disposición, por el afecto que había tomado al Istmo durante su largo acantonamiento en él.

Inválido el General á consecuencia de una herida en la toma de Tumaco, y con la perspectiva de un porvenir incierto, se decidió por la causa del Istmo, ofreciendo su espada y el contingente de un cuerpo militar selecto, aguerrido y adicto á su persona, como lo era el batallón "Colombia."

Asegurado así el éxito del movimiento local y sabida la favorable actitud del Gobierno americano en el conflicto que había de surgir con Colombia, se fijó el día 4 de Noviembre para dar el golpe, pero un suceso inesperado precipitó los acontecimientos.

Llegada de los Genérales Tovar y Amaya al Istmo.-Al amanecer del 3 de Noviembre aparecieron en la rada dé Colón el crucero "Cartagena" y un vapor mercante, conduciendo, con los generales Juan B. Tovar y Ramón G. Amaya, el batallón "Tiradores," fuerte de 500 plazas, al mando del Coronel Eliseo Torres, lo que hizo comprender á los conspiradores que el Gobierno colombiano, en auto de sus labores, no sólo enviaba esas fuerzas para reemplazar las que guarnecían el Istmo, sino que traían sus jefes instrucciones para hacer abortar los planes separatistas, adoptando las medidas que creyeran convenientes ó apelando á las represivas que las circunstancias exigieran.

 

Colón: El batallón Tiradores en la Calle del Frente

Tovar y Amaya cometieron el error de dejar en Colón al "Tiradores" y trasladarse solos, en tren expreso, á la capital, donde los recibió el "Colombia" con los honores debidos á la alta gerarquía militar que investían. Ya en Panamá en vez de obrar pronta .y enérgicamente para enfrenar el movimiento; perdieron momentos preciosos en asuntos de interés secundario, en tanto que los conspiradores activaban todos los preparativos concurrentes al buen éxito del plan, cuyo retardo equivalía á la pérdida, con su vida quizás, de la causa á la cual se habían consagrado.

El movimiento separatista en Panamá.-La llegada de las tropas á Colón y los supuestos propósitos que traían sus jefes, hizo decaer en muchos comprometidos el entusiasmo y la decisión que los animaba en favor de la independencia; pero el temple de carácter de Amador Guerrero que dominó con su serenidad la situación; el civismo de Carlos A. Mendoza; la ente reza de Domingo y Pedro A. Díaz, la actitud resuelta de la juventud, del cuerpo de bomberos y del pueblo en general, salvaron de un fracaso el provecto de emancipación.

A las 5 de la tarde una muchedumbre reunida en la plaza de Santa Ana, conducida por Domingo Díaz, Carlos Clement y otros jefes liberales, se movió por vías convergentes á la plaza de Chiriquí, sin más armas que algunos bastones y revólveres. Con el avance del pueblo coincidió un suceso trascendental, en el cuartel del "Colombia," donde los Generales Tovar y Amaya, que habían concurrido allí con propósitos de reducir á Huertas á la impotencia y dictar medidas para rechazar cualquier agresión popular, eran reducidos á prisión, de orden de este jefe, por el Capitán Marco A. Salazar, suerte que corrieron también el General Francisco de Paula Castro, Comandante de la plaza y otros militares desafectos al movimiento.

 

Panamá: Cuartel del Batallón Colombia

El pueblo invadió luego el recinto del cuartel, fraternizando con los soldados del "Colombia" y armándose inmediatamente con los elementos depositados en el parque del batallón. El Gobernador Obaldía fue reducido á prisión cuando se dirigía al cuartel de policía, cuerpo que se plegó sin dificultad al movimiento.

A las 7 de la noche la ciudadanía panameña, armada, era capaz de sofocar victoriosamente toda reacción ó propósito en contra del orden de cosas nacido de los sucesos de la tarde. De la flotilla de guerra, surta en el puerto, logró escapar el crucero "Bogotá," que se despidió de las aguas panameñas con varios disparos de artillería sobre la ciudad.

Actuación de los separatistas en Colón.- Preparábase el Coronel Torres para trasladarse con el "Tiradores" á la capital en la tarde del 3, cuando fué advertido por el Prefecto, General Pedro A. Cuadros, de que por inconvenientes de última hora el viaje no se efectuaría sino, en la mañana siguiente, pero llegó el día 4, y como no estuviera listo el tren, Torres lo solicitó al Coronel Shaler, Superintendente del Ferrocarril, quien le contestó que para ello era preciso el aviso previo del Gobernador del Departamento que, como bien se comprende, equivalía á una negativa. Shaler, amigo de la separación, ayudaba de modo tan eficaz al éxito del movimiento en Panamá.

 

O. L. Martínez, C. Climent, J. A. Henríquez, P. Meléndez, Agentes del movimiento separatista  en Colón

La Junta revolucionaria comisionó el día 4 al General H. O. Jeffries, al Coronel Carlos Clément y á tres ciudadanos más, para que informaran al agente separatista en Colón, señor Porfirio Meléndez, dé los sucesos de la capital, y para que en unión de ésta, de Juan A. Henríquez y de otros comprometidos en el movimiento, contrarrestaran cualquier intento de Torres contra Panamá.

La situación de Colón asumió en esas circunstancias al aspecto con la actitud que el jefe del "Tiradores" tomó al saber las ocurrencias de la capital, que el Comandante del buque de guerra americano "Nash ville" hízo desembarcar una fuerza de marina y algunas piezas de artillería para proteger la salida del tren para Panamá y los intereses y vidas de los extranjeros en aquella localidad.

Las gestiones hábilmente conducidas por los agentes de la revolución, obtuvieron finalmente, que el jefe colombiano se abstuviera de toda agresión local y de todo propósito contra la capital, después de intentar, aunque inútilmente, que el General Pompilio Gutiérréz se hiciera cargo de la tropa y salvara la situación en aquellos momentos difíciles. El día 5 se embarcó en el vapor Orinoco con rumbo á Cartagena la última tropa armada que batió, corno símbolo de soberanía, los colores del pabellón colombiano en el Istmo de Panamá.

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