SOBRE LA VIDA Y OBRA DE ALPHONS STÜBEL Y WILHELM REISS

 

MICHAELA STÜTTGEN (*)

 

Las biografías de los investigadores alemanes Alphons Stübel y Wilhelm Reiss, quienes entre los años de 1868 y 1876 recorrieron e investigaron conjuntamente Suramérica, presentan muchos paralelos. La ciencia y el "impulso hacia la verdad" (Meyer) determinaron sus vidas. Con todo, el trabajo de escritorio no podía satisfacer sus afanes investigativos, de manera que se decidieron desde muy temprano por la arriesgada actividad de los viajes de investigación científica. Dicha decisión está en ambos casos en estrecha relación con su inestable estado de salud, que, ya en sus primeros años, los obligó a realizar viajes de reposo por los países del sur de Europa, y que despertaron en ellos una pasión por viajar. Stübel v Reiss provenían de familias acaudaladas, lo que les posibilitó financiar la expedición con recursos exclusivamente propios, durante largos años en Suramérica.

Por la ciencia y el impulso hacia la verdad hicieron los sacrificios más grandes y soportaron privaciones, arriesgaron la vida y arruinaron su salud. Sus empresas investigativas, entre las que se cuentan el ascenso a muchos volcanes de Ecuador y Colombia, revelan una tenacidad y empecinamiento que lindan con la obsesión. Sin embargo, sin esa obsesión no se hubiera obtenido una colección tan completa y significativa de objetos de Suramérica, de cuyo número y complejidad se ofrece en esta exposición tan solo una impresión relativamente limitada.

Resulta paradójico que la ciencia que unió originariamente a estos investigadores también los haya separado. De las observaciones y análisis de los resultados de sus investigaciones vulcanológicas conjuntas, sacaron ellos diferentes conclusiones teóricas, que no sólo científica, sino personalmente los condujeron a un distanciamiento. Hacia finales de los años noventa rompieron finalmente su amistad.

 

WILHELM REISS

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2. Wilhelm Reiss

A Wilhelm Reiss, nacido el 13 de junio de 1838 en Mannheim, hijo del industrial y alcalde de la ciudad, Friedrich Reiss, se le había previsto una vida completamente diferente. Como primogénito debía seguir las huellas del padre y asumir la dirección de la empresa familiar. En consecuencia, el padre envió a su hijo de 17 años a la Escuela de Negocios de Amberes. Pero Wilhelm Reiss vio rápidamente que "las teorías mercantiles eran atrozmente aburridas" (Meyer, 1910: 48). Una dolencia ocular, que trató de curar en un viaje a Italia, fue quizá la circunstancia que le permitió encontrar la nueva dirección que tomaría su carrera profesional. En Italia descubrió su interés por la geología y de regreso a su patria decidió ingresar a la Academia de Minas en Friburgo. Pero ello tampoco pareció ser lo más conveniente para él, ya que rápidamente se cambió a la Universidad de Berlín y después a Bonn para estudiar Ciencias Naturales. Las dudas que anidaba sobre su talento científico y un precario estado de salud lo llevaron a interrumpir sus estudios por un viaje que se prolongó durante dos años. Éste lo condujo en un principio a Madeira, donde se ocupó de actividades geológicas y descubrió un campo de fósiles. El hallazgo le proporcionó prestigia en el mundo científico y le dio un reconocimiento que lo motivó a continuar las investigaciones geológicas y vulcanológicas en las islas Azores y en las Canarias. En 1860 continuó Reiss sus estudios en las universidades de Heidelberg, Karlsruhe, GieBen y nuevamente Heidelberg. Allí se doctoró en 1864 en geología, química y física. No serían, con todo, las aulas universitarias el ámbito de su futuro profesional.

En 1865 Wilhelm Reiss conoció a Alphons Stübel, con quien proyectó hacer un viaje de exploración a Hawai e investigar sus volcanes. El proyecto se aplazó como consecuencia de las intempestivas erupciones de los volcanes Santori en el archipiélago griego. En compañía del geólogo Karl von Fritsch observó este fenómeno natural, publicando sus resultados en una serie de escritos. De esta manera se pone la primera piedra de los futuros trabajos científicos conjuntos de Stübel y Reiss.

 

ALPHONS STÜBEL

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3. Alphons Stübel, 1871

La vida de Alphons Stübel transcurre comparativamente más lineal y consecuente con sus objetivos. Nacido el 26 de julio de 1835 en Dresde, hijo del concejal Moritz Stübel, creció a partir de los catorce años en la familia de su tío Julius, después de la muerte de sus padres. En 1854 inició los estudios de Ciencias Naturales en Leipzig y se doctoró en 1860 en Heidelberg en las áreas de mineralogía, química y física. Después trabajó algunos meses con el renombrado minerólogo Breithaupt en Friburgo y concluyó sus estudios en Berlín.

Al igual que Reiss también Stübel tuvo que interrumpir sus estudios por motivos de salud. Emprendió un largo viaje de reposo por Egipto que empleó, de todas formas, para desarrollar también sus intereses científicos. El regreso lo hizo por Italia, donde se ocupó por primera vez de los fenómenos vulcanológicos. Éste sería el primero de los muchos viajes que habría de emprender en su vida.

Después de sus estudios, entre 1862 y 1865, Stübel estuvo casi permanentemente en el exterior. Visitó Escocia, las islas Orkney y Shetland, Madeira, Cabo Verde, Portugal, las Canarias, Marruecos y la península española. Una especial atención científica le consagró a la isla Madeira, donde permaneció casi dos años y de la que levantó un considerable mapa en relieve. El refinamiento de sus métodos de exposición y representación topográficos le serían sumamente útiles en su futura expedición a Suramérica. Mientras se ocupaba en la reelaboración del material coleccionado durante sus viajes, también lo sorprendió la erupción volcánica de Santori en 1865. Se apresuró a ir allí, y se encontró en el camino con Wilhelm Reiss, a quien había conocido hacía poco. Así se iniciaría un intenso trabajo conjunto que se prolongaría por más de treinta años.

A principios de 1868, Wilhelm Reiss y Alphons Stübel dan comienzo al largo y bien planeado viaje con destino a Hawai, que preveía una escala en Suramérica. Pero una vez llegados a Colombia, la fascinación de los Andes los hizo olvidar de inmediato su destino originario. Ocho años duró la expedición conjunta por Suramérica, que los condujo por Colombia, Ecuador, Perú y Brasil. Cuando Reiss, física y anímicamente agotado, regresa a Alemania desde Rio de Janeiro, Stübel prosigue su viaje solo, pues no quiere "concluir los esfuerzos de largos años de trabajo con el sentimiento de un desertor" (carta del 4 de febrero de 1876). Viaja por Uruguay, Argentina, Chile y Bolivia regresando luego a Perú. De allí no emprende su regreso directamente a Alemania, sino que cruza primero los Estados Unidos. En agosto de 1877 está nuevamente en su patria.

 

ALPHONS STÜBEL Y WILHELM REISS EN SURAMÉRICA

Siguiendo las huellas de Alexander von Humboldt, quien se les presentaba al comienzo como un gran modelo, Stübel y Reiss desearon explorar los Andes. Pero entre mejor conocían los Andes, tanto menos apreciaban los resultados científicos de Humboldt: "Las descripciones de Humboldt de esta región y su conformación son tan absurdas, falsas y miserables, que deben releerse para convencerse uno de que el famoso personaje realmente las escribió" (carta de Stübel del 31 de agosto de 1870). Esta observación acerca de Humboldt muestra cuán extraños se les habían convertido tanto los métodos y objetivos de investigación del científico berlinés, como su concepción humanista y filosófica, formulados casi setenta años atrás. Stübel y Reiss aspiraban, conforme a las exigencias de su tiempo, a la exactitud, imparcialidad y objetividad, libres de cualquier especulación. Ellos no eran pensadores universales como el barón de Humboldt, sino especialistas y empíricos.

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4. "La chicha", columna de piedra arenisca roja, reducida aproximadamente a una vigésima parte de su tamaño natural; isquierda: gobernador militar de Tiahuanaco; centro: Monsieur Ber, un destructor de antiguedades bajo el prejuicio de la investigación científica; derecha: cura de Tiahuanaco (Bolivia, 1877)."

Si bien su interés predominante era la vulcanología, también se dedicaron a realizar mediciones astronómicas y meteorológicas, y reunieron colecciones zoológicas, etnográficas y arqueológicas. Digna de observar es su colección de más de 2.000 fotografías que fueron acumulando poco a poco a través de su viaje. Como arqueólogos realizaron la excavación de Ancón, que dio origen a la obra en tres volúmenes Das Todtenfeld von Ancón in Perú (El cementerio de Ancón en Perú). En Bolivia, Stübel se dedicó al estudio de las ruinas prehispánicas de Tiahuanaco, cuyas mediciones y esbozos realizados por él, pasarían a conformar su libro Die Ruinenstätte von Tiahuanaco im Hochlande des alten Perú (Las ruinas de Tiahuanaco en el altiplano del viejo Perú). Reiss también mostró interés por la arqueología y la historia cultural. En su carta al presidente de Ecuador aboga en favor de la conservación de las antiguas construcciones de la época incaica: "Las ruinas de las construcciones incaicas son muy interesantes, pero es muy, penoso ver cómo se destruyen estos últimos vestigios de una cultura del pasado.[...] Las ruinas no son de hecho de propiedad del dueño de la hacienda, sino que pertenecen a todo el país, desde cuya larga historia conservan vivas las épocas famosas; incluso ellas pertenecen a todo el mundo civilizado. Sería sumamente importante rescatar lo poco que aún se conserva. [...] No hay otra salvación para estas interesantes ruinas, salvo que el gobierno asuma su protección" (Reiss, 1921: 164).

Las cartas de viaje que Reiss y Stübel escribieron a su patria, son, en múltiples sentidos, documentos altamente instructivos. Ellas describen con exactitud el recorrido de su viaje y contienen una buena cantidad de observaciones sobre el paisaje: "La belleza del escenario natural no es posible describirla con palabras" (Reiss, 1921: 61), afirma Reiss con fascinación y lo vuelve a intentar: "La vista de este paisaje aún no pisado por el hombre es impresionante" (Reiss, 1921: 70).

Pero el epistolario informa también sobre las experiencias personales y las condiciones adversas con las que tuvieron que luchar. Llenas de riesgos y peligros fueron en todo caso sus empresas científicas: fueron asaltados y robados y "[ ...] arrestados por pierolistas en fuga (revolucionarios o verdaderos asaltantes de caminos), con los que las autoridades bolivianas hacen trabajos en conjunto [...] y después de 24 horas (logran) evadirse" (carta de Stübel del 6 de febrero de 1877). Durante una revolución en Pasto (Colombia) su residencia fue utilizada por los revolucionarios como puesto de guardia: "Me quedé tranquilamente viviendo allí, pues era imposible encontrar otra residencia pronto, si bien se convirtió la habitación -separada sólo por una cortina- en un depósito de pólvora y todas las noches se preparan para un asalto de los indios Laguna" (carta de Stübel de 15 de abril de 1870). Pese a este aspecto romántico de Far West, ellos ven con asombro "la seguridad con la que se puede viajar por estas tierras" (carta de Stübel del 25 de marzo de 1868). A menudo tienen que luchar con los obstáculos de la naturaleza y poner en riesgo la vida. Una vez casi perecen bajo la nieve, y otra estuvieron a punto de morir de hambre. "En esa ocasión -observa con cierto humor Stübel-, conocí el fino sabor de los rejos cocidos" (carta del 3 de marzo de 1873).

Estas cartas contienen no sólo descripciones de viajes, informes sobre el adelanto de sus trabajos científicos y espectaculares experiencias vividas. Ellas también discuten críticamente con las condiciones sociales, económicas y políticas en Suramérica: "García Moreno -escribe Reiss el 17 de junio de 1870-, como casi todos los presidentes que llegan al poder a través de una revolución de cuartel, gobierna por segunda vez el país. Indiscutiblemente es para Suramérica una personalidad sobresaliente; no acumula dinero, pero sí un poder ilimitado. [...] Actividades arbitrarias, asesinatos, embellecidos por un aparente proceso judicial, están a la orden del día. Sólo la voluntad del presidente es ley; quien se atreva a contradecirlo encuentra la muerte" (Reiss, 1921: 101). Pese a estas fuertes críticas, Reiss y Stübel están empeñados en ganarse la voluntad del presidente, pues en ocasiones sólo obtienen los cargadores y el alojamiento necesarios para sus expediciones con la ayuda de las cartas de recomendación u órdenes del presidente.

Su opinión sobre la población está caracterizada, sin embargo, por una reprobación despiadada. Ya antes de haber pisado suelo suramericano, estaban cargados de fuertes prejuicios que se revelan con una arrogancia fuera de lo común. Así se puede expresar Stübel en alta mar sobre los otros pasajeros: "Hay a bordo algunos charlatanes insoportables de esos que produce la France de la mejor calidad, al lado de los fina y ridículamente ataviados suramericanos que se caracterizan por la circunstancia de que, tanto éstos como los otros, escupen por todas partes, pero aún con mayor virtuosismo" (carta del 20 de enero de 1868).

Después de largos años de permanencia en Suramérica ellos no pusieron en cuestión sus prejuicios. Por el contrario, el desprecio y la aversión de Stübel son descargados en una carta del 17 de mayo de 1871 a su tío desde Quito. Nada es más inconcebible"[...] que la muy curiosa institución de una República suramericana, es decir, un Estado, en el que todos mienten cuando abren la boca, tanto los blancos como los indios; donde la formación de las personas se encuentra en el grado más bajo; donde se puede pensar que no hay familia; donde no se conoce ninguna clase de respeto ni por la persona ni por las cosas; donde ninguna persona tiene la intención de administrar su negocio o su puesto público con honestidad, donde incluso no ven necesario siquiera el guardar las apariencias; donde el clero posee un poder ilimitado y por lo demás, un clero que delata la más baja formación; un país donde la desconfianza, la envidia, la falsedad, la pereza, la suciedad, la estupidez congénita y aprendida, la avaricia y el más alto grado de cobardía conforman los atributos nacionales': Estas son palabras duras donde hablan la amargura y la intolerancia.

Reiss parece ser algo más moderado y suave en su opinión frente a los habitantes del país. Pero aquí parece indicado señalar que las cartas de Reiss, en la edición de Karl Heinrich Dietzel de 1921, sufrieron fuertes recortes, omisiones y correcciones, como se deja ver en el prólogo. Expresiones cono las citadas antes de Stübel fueron seguramente pasadas por las tijeras de la "censura" : Las cartas de Stübel se conservan casi en su totalidad, por lo que una comparación entre ambas correspondencias podría crear, probablemente, una falsa imagen de ellas.

El respeto que demanda especialmente Stübel de los otros, parece no exigírselo él mismo. El trato con peones y servidores no fue de ninguna manera cortés. La insubordinación era castigada con una buena dosis de azotes o con un confinamiento de tres días. Los medios de castigo están siempre a la mano: "[ ...] en todas las mesas y sillas hay permanentemente látigos y varas de todas las forma" (Stübel, carta del 17 de mayo de 1871). Con el revólver se ganaba el necesario respeto, pues "[ ...] el revólver es lo mejor para mantener a la gente en jaque. El miedo frente a este instrumento, en enanos del extranjero, es completamente ridículo" (Stübel, carta del 15 de mayo de 1870). Con cierta satisfacción informa Reiss a su padre cómo rompió la resistencia de su gente, temerosa de cruzar una altura peligrosa: "Sólo cuando tumbé al guía con un violento golpe de mi mazo y dejé al arbitrio de los peones el seguir marchando conmigo, de buena voluntad o bajo la amenaza de mi revólver, cruzaron la espantosa altura a paso de carga..." (Reiss, 1921: 142).

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5. Carta de viaje de Alphons Stübel a su tio del 17 de mayo de 1871, Quito

No obstante, se puede percibir un cierto desarrollo -hacia una imagen más diferenciada- en sus opiniones sobre la población suramericana. Si al principio caracterizaban a toda la población -"igual si eran cholos, blancos, negros, arrieros u obispos" (Stübel, carta del 15 de abril de 1871)-, como "miserable lumpen" más tarde, con el paso del tiempo, desarrollaron un sentimiento de justicia, que reconoce la desamparada condición en que viven los indígenas: "La mayoría de los indios son concertados, es decir, esclavos de algún hacendado, y por cierto esclavos en el sentido más triste de la palabra. El hacendado deja libre al indio cuando éste se quiere ir, pero sólo bajo la condición de que no le deba nada al `amo: Pero como el indio tiene que comprar todo al señor, éste sabe disponer las cosas de manera que el indio se encuentre permanentemente con deudas impagables. Los indígenas se dejan maltratar de la manera más lastimosa, y aceptan pacientemente cuando el señor les ordena pesar los alimentos en una balanza que se encuentra inclinada por lo menos en un tercio en desventaja para el indio. Esta es una costumbre común. Si el concertado tiene hijos, el hacendado los casa lo más jóvenes posible, así no estén todavía aptos para el matrimonio, pues de esta manera contraen deudas más rápidamente y quedan atados a la hacienda" (Stübel, carta del 13 de enero de 1871).

Condenan el trato que los indígenas reciben de parte de los blancos y por ello toman en cierta forma partido por los nativos. Pero esto sucede también de una manera radical que resulta típica de Stübel y Reiss. Así por ejemplo Reiss desea "[...] que catástrofes como la de 1868 [el terremoto en Ecuador, la autora] pusiera en manos de los indios los medios para limpiar la tierra de la alimaña que para desgracia de Dios lleva la piel blanca y se dice descendiente de Europa" (Reiss, 1921: 100). Stübel no se queda atrás de esta perspectiva extremista: "En Riobamba hubo hace poco una revuelta indígena que se proponía asesinar a todos los blancos. Lamentablemente fracasó y sólo unos seis fueron mutilados" (carta del 2o de enero de 1872).

En vida Stübel y Reiss se opusieron a una publicación de sus cartas de viaje. Estando todavía en Suramérica, el padre de Reiss le propuso a su hijo publicar extractos de su correspondencia en revistas especializadas. No sólo en círculos de especialistas el interés era grande; y no menos la significación científica que el ánimo de aventura que expresan las cartas, con su actualidad y autenticidad, las hacía tan atractivas. Precisamente contra ésto se resistían Stübel y Reiss. Ellos no deseaban despertar la atención como aventureros, sino ante todo como científicos. En este sentido, Reiss responde a su padre sobre la propuesta de publicación: "No podríais estar orgulloso de esta obra. Escrita en los apuros e inquietudes de un viaje y llevadas al papel fugazmente la mayoría de las impresiones, ellas no me parecen de ninguna manera apropiadas para transmitir al público una idea clara de las facultades de tu hijo" (Reiss, 1921: 16). Stübel se espanta con sólo pensar de "exhibirlas" públicamente. Él mismo ve sus resultados muy críticamente y más bien con modestia: "Si nosotros hemos hecho algo científicamente, hasta ahora nadie lo puede juzgar, y no estimo de gran honor el ser publicados sólo en razón al rendimiento de un trabajo de carreteros -pues no otra cosa es el ascenso a una montaña elevada Para mí es desagradable considerar que esas personas puedan pensar que yo pretendía ese complacencia" (carta del 26 de abril de 1874).

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6. Gabriel García Moreno, Presidente de Ecuador

En la actualidad estos epistolarios son testimonios históricos que ofrecen imágenes interesantes de la vida, el pensamiento y el trabajo de la personalidad científica de ambos viajeros. Las cartas de Reiss fueron publicadas trece años después de su muerte por Karl Heinrich Dietzel, en una edición trabajada fina y cuidadosamente. La publicación de las n0 menos interesantes cartas de Stübel, está aún por hacerse.

 

DESPUÉS DE SU VIAJE POR SURAMÉRICA

Después de su regreso (Stübel arribó de vuelta a su patria un año y medio después que Reiss) los dos investigadores se vieron desamparados frente a la inmensa variedad del material acumulado, que durante una estancia de casi diez años en Suramérica habían venido enviando por barco a Alemania. A ello se agregaba la ingente cantidad de observaciones escritas y apenas esbozadas, frente a las que Stübel se lamentaba frecuentemente como lo informa su biógrafo y amigo Hans Meyer, de que "de todos los trabajos y esfuerzos crecientes éste es mucho mayor que el viaje mismo" (Meyer, 1905: 70). La reelaboración de tal cantidad de material que comprende aspectos muy, amplios de varias disciplinas científicas, exigió la ayuda de una buena cantidad de colegas. Además de que la fatiga de los pesados viajes se les escondía todavía en el cuerpo, y una y otra vez los problemas de salud les inhibía su capacidad de trabajo.

En 1879 se dieron a la tarea de reelaborar los hallazgos etnográficos del cementerio de Ancón, posiblemente porque se trataba de un campo bastante comprensible del conjunto del material acumulado. La publicación de los tres volúmenes de la obra Das Todtenfeld van Ancón in Perú. Ein Beitrag zur Kenntnis der Kultur and Industrie des Inca-Reiches fue financiada por el Museo Real de Etnología de Berlín. Como contraprestación, los científicos donaron la colección completa de Ancón a la institución. La obra comprende 141 litografías a color, ejecutadas por pintores académicos sobre las piezas de la colección. Las láminas originales iluminadas, que tienen tanto un valor arqueológico, vale decir, etnográfico, como artístico, se conservan casi en su totalidad en el Institut für Lánderkunde de Leipzig, y son exhibidas al público latinoamericano por primera vez en esta ocasión.

Sólo en 1887 se concluyó la publicación de esta obra. Tres años más tarde fue completada con la edición en dos volúmenes de la obra Kultur und Industrie südamerikanischer Völker, realizada por Max Uhle, quien se basó en las colecciones de Alphons Stübel, Wilhelm Reiss y Benedikt Koppel. Estas colecciones ya habían sido compradas en 1887 por el Museo de Etnología de Leipzig. A causa de las destrucciones sufridas durante las guerras, la colección quedó diezmada. Algunas de las piezas salvadas se pueden ver en esta exposición. Como complemento a la mencionada publicación, se añade la obra publicada en conjunto por Alphons Stübel y Max Uhle en 1891-1892, Die Ruinenstätten von Tiahuanaco im Hochlande des alten Peru.

Entre tanto, Wilhelm Reiss se había radicado en Berlín y casado en 1883. Entre 1879 y 1888 desempeñó varios cargos como la dirección de la Gesellschaft für Erdkunde de Berlín, de la Gesellschaft für Anthropologie, Ethnologie and Urgeschichte y del Internationale Amerikanisten-Kongress, también en Berlín. Después de estos años de labores, regresó al castillo Kónitz, cerca de Saalfeld, en 1892, donde deseaba dedicarse finalmente a la reelaboración de los resultados de su viaje. Pero sus fuerzas creativas l0 abandonaban, hasta que finalmente capituló ante la ingente masa de material acumulado, en l0 que su amigo y biógrafo Hans Meyer ve como "la tragedia de una vida científica" (Meyer, 1910: 82). El 29 de septiembre de 1908 murió en el castillo de Kónitz durante una cacería de grajos. Se le encontró muerto en el jardín al lado de su escopeta.

Después de su regreso de Suramérica, Stübel emprendió constantes viajes a la Auvergne, a Siria, Sicilia, Egipto y al Vesubio, para confirmar sus teorías vulcanológicas. Reiss había hecho fuertes críticas a las teorías de Stübel. Estas diferencias científicas los llevaron, sumadas a las discusiones personales, al distanciamiento y finalmente a la ruptura total de su amistad. Después de 1898 n0 hubo más contacto entre los dos, y n0 se daría a la luz ninguna otra publicación conjunta. Stübel estuvo obsesionado durante sus últimos años de su vicia con la idea de construir un museo para su rica colección suramericana. En el Museo de Etnología de Leipzig se dispuso de un espacio para sus mapas, óleos, fotografías, panoramas y minerales en roca en la sección de geografía comparada, actualmente en el Institut für Lánderkunde. Alphons Stübel murió el 10 de noviembre de 1904 y fue cremado. Su urna funeraria se conservaba, al lado de su legado, hasta finales de los años setentas en dicho museo. Después se decidió, en forma no burocrática -con el producto de la venta de una escopeta no inventariada- trasladar la urna de Stübel a la tumba de su familia, para que gozara del último descanso.

 

(*)
Licenciada Michaela Stüttgen
Colaboradora científica del Centro Latinoamericano, Universidad de Münster.

 

Bibliografia

 

Hans Meyer, "Alphons Stübel", Mitteilungen des Vercins fin- Erdkunde zu Leipzig für 1904, 1905, pigs. 57-78.

Wilhelm Reiss, "Wilhelm Reiss", Mitteilungen der Gesellschaft fiir Erdkunde zu Leipzig, 1910, págs. 46-96.

Wilhelm Reiss, Reisebriefe aus Südamerika 1868-1876, München/Leipzig, Duncker & Humblot, 1921 (editadas y revisadas por Karl Heinrich Dietzel)

Alphons Stübel, Cartas no publicadas de Surarnérica,    . legado en el Institut für Länderkunde, Archivo de Geografía, Inv.-No. 6625-6721, K. 122.Leipzig, 1868-1877.

Paul Wagner, "Alphons Stiibel", Naturwissenschaftliche Gesellschaft der Isis Dresden,1904, págs. V-XIV.

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