CAPÍTULO IV



DIEZMOS, PRIMICIAS Y OTROS IMPUESTOS ECLESIÁSTICOS.



1. LA primera ley que conocemos, de la antigua monarquía española, sobre primicias es la 1.ª, título 19, partida 1.ª, que se expresa así:


Primicia tanto quiere dezir, como primera parte, o la primera cosa que los omes midieren o contaren de los frutos que cogieren de la tierra, o de los ganados que criaren para darla a Dios. E por esto es llamada primicia. E mandola dar primeramente nuestro Señor Dios a Moysen en la vieja ley.


La ley 5 de los mismos título y partida, hablando de este asunto se expresa así:


A los Clerigos de las Eglesias Parrochiales deuen ser dadas las primicias, donde resciben los Sacramentos de Santa Eglesia los que las dan: e son en poder de los Obispos, de mandar, como las partan. E si alguno non las quisiere dar tambien los pueden descomulgar, como por los diezmos.


Se ve claramente que las leyes de la monarquía reconocían el origen divino de las primicias, en lo cual estaban de acuerdo con la tradición constante de la Iglesia, y con el tenor mismo de la ley eclesiástica; y aunque no se establecían apremios civiles para hacer que fuesen pagados, sí se reconocía claramente á la Iglesia el derecho de usar para el efecto los apremios espirituales, aun el de la excomunión.
 

El origen y la naturaleza del diezmo están detallados en el proemio y en la ley 1.ª del título 20 de la partida 1.ª:


Abraham ... conosciendo que era poco aquello que dauan los omes que fueron ante que el a Dios, segun los bienes que del resciben, començo a dar el diezmo demas de las primicias e de las ofrendas, que ellos dauan ...
Ley 1.ª - Diezmo es la decima parte de todos los bienes que los omes ganan derechamente: e esta mando Santa Eglesia, que sea dada a Dios, porque el nos da todos los bienes, con que vinimos en este mundo. E este diezmo es en dos maneras. La vna es aquella que llaman en latin, predial, que es de los frutos que cogen de la tierra, e de los arboles. La otra es llamada personal, e es aquella que los omes dan por razon de sus personas, cada vno segund aquello, que ganan por su servicio, o por su menester.


Como se ve, desde esos remotos tiempos se reconocía la obligación de pagar el diezmo no sólo los que labraban la tierra, sino también los que ejercían algún oficio ó industria.

También consta en esas antiguas leyes que sólo el Padre Santo tenía derecho de eximir á los particulares del pago del diezmo. Hé aquí las palabras que se leen en la ley 23, título 20, partida 1.ª, hablando de esta materia:


Soltar puede el Apostolico por su previllejo a los legos, si les quisiere fazer gracia, que non den diezmo de sus heredades.


No hay en tan remotos tiempos nada que indique que el poder civil tuviese participación alguna en los productos de estas rentas eclesiásticas.


2. Fué San Fernando el primero que por especial gracia apostólica, tuvo alguna participación en dichas rentas. Se hace mérito de ello, aunque incidentalmente, en la bula de 16 de Octubre de 1302, expedida por el Papa Bonifacio VIII á favor de Fernando IV, Rey de Castilla y de León, por la cual le concedió el derecho de percibir por un trienio la tercera parte de los frutos, réditos, rentas y obvenciones de los bienes eclesiásticos, que antes se destinaba para las fábricas de las Iglesias.1

El mismo Rey Fernando I ocurrió á la Santa Sede, y le suplicó se dignase de proveerle de algunos socorros para reparar los castillos y tierras del reino de Castilla, que en otro tiempo habían ocupado los sarracenos; y para atender á la defensa de dichas tierras.

Atento á eso, el Papa Clemente V expidió el breve de 2 de Noviembre de 1313, dirigido á los Arzobispos de Toledo, Sevilla y Santiago, por el cual concedió por un trienio dos partes de la tercera porción de los diezmos de las Iglesias de sus dominios, en los que esta porción se pagaba á sus fábricas.2

Era, pues, una cosa perfectamente bien establecida en esos tiempos, que la autoridad civil no podía tomar participación alguna en las rentas eclesiásticas sin especial y expresa concesión de la Santa Sede. Eso es, por otra parte, acorde con lo que dictan el simple sentido común y la razón natural; porque tan irregular y extraño sería que la potestad civil interviniese en lo relativo á las rentas de la Iglesia, por su propia autoridad, como que la autoridad eclesiástica interviniese en la administración fiscal laica, sin arreglo previo ni concesión alguna del poder civil.

Cuidado especial de los Reyes en esos tiempos fué el establecer clara y perfectamente bien el límite de las dos jurisdicciones, civil y eclesiástica, y conservar entre ellas la más perfecta armonía. Entre los muchos que se ocuparon en el asunto puede citarse á D. Alonso en Burgos, año de 1355; D. Juan I en Córdoba, año de 1372; D. Fernando y Doña Isabel en Medina del Campo, año de 1480, y después en Granada, año de 1501, D Carlos y Doña Juana en Madrid, año de 1534, y en Valladolid, año de 1537. El resumen de esas disposiciones consta en la ley 2.ª, título 5.º, libro l.º de la Recopilación Castellana, correspondiente á la ley 2.ª, titulo 6.º, libro 1.º, de la Novísima Recopilación. Dicha ley principia con estas palabras:


Porque nuestro Señor en señal de Universal Señorio retuvo en sí el diezmo, y no quiso que ninguno se pueda excusar de lo dar ...


Establece enseguida, como una consecuencia de esa premisa, la obligación en que todos están de pagarlo, el perfecto derecho que tiene la Iglesia de usar apremios espirituales para el efecto, aun el de la excomunión, y la obligación de las autoridades temporales de respetar tales apremios; sobre lo cual dice lo siguiente:


Y queremos que tales sentencias de excomunion sean bien guardada, por Nos y por ellos, de manera que el poder temporal y espiritual, que viendo todo de Dios, se guarden y acuerden en uno.


No obstante, quizá hubo de parte de los Reyes un abuso en lo relativo á la parte de diezmos que les concedió la Santa Sede; pues esa concesión fué sólo por tres años, y ellos la prorrogaron, probablemente como por vía de Costumbre tolerada por la Santa Sede. Al menos, eso es lo que puede deducirse de las leyes y documentos pontificios de que tenemos conocimiento; pues en ellos hay constancia de la percepción y no del derecho que para ello hubiera concedido Su Santidad.

Hay, por otra parte, un documento legal del cual se deduce que no faltaron contradicciones al Rey en la percepción de la parte de diezmos á que pretendía derecho. Es la ley 4.ª, título 5.º, libro 6.º del Ordenamiento Real, expedida por D. Juan II el año de 1438, por la cual prohibió que nadie arrendase ni tomase, ni llevase parte alguna de sus tercios de diezmos Tal vez esas contradicciones y dificultades nacerían de la falta de una concesión expresa de la Santa Sede.3

Pero sea de eso lo que fuere, el hecho es que Cuando se preparaban los Reyes de España á la conquista dé Granada, ocurrieron á Su Santidad, suplicándole que les concediese una parte de los diezmos para atender á los cuantioso gastos de tal empresa. El Padre Santo con vino en ello; pero, sea que la concesión hubiese sido temporal ó que se presentasen algunos inconvenientes para hacerla efectiva, los Reyes volvieron á acurrir á la Santa Sede, le recordaron las anteriores concesiones, y le suplicaron que las confirmase y ampliase. En efecto, el Pontífice reinante, que era Alejandro VI, expidió un breve en Roma, con fecha 13 de Febrero de 1494, en el cual aprobó, confirmó y perpetué las referidas concesiones, y las extendió al reino de Granada; para que dichos Reyes católicos y sus sucesores pudiesen percibir en él los referidos tercios perpetuamente en los tiempos futuros, como hasta entonces los habían percibido en los reinos de Castilla y de León.4

Quizá ni aun eso bastó para cortan toda dificultad, porque. el Rey D. Felipe II dió una pragmática el 30 de Marzo de 1565, en la cual reiteró lo ordenado por D. Juan II un siglo antes, sobre que nadie se apoderase en ningún caso de sus tercios de diezmos. Esa pragmática fué después la ley 1.ª, título 21, libro 9.º de la Recopilación Castellana y últimamente la ley 1.ª, título 7.º, libro 1.º de la Novísima Recopilación.

Á fines del siglo XVIII, y probablemente con motivo de gestiones hechas por el Gobierno español, dió el Padre Santo el breve de 8 de Enero de 1796, en el cual revocó las exenciones relativas á diezmos. Ese breve fué mandado cumplir por cédula expedida en Aranjuez el 8 de Junio del mismo año por el Rey D. Carlos IV, y es la ley 14, título 6°, libro 1.º, Novísima Recopilación. En él se lee lo siguiente:


... Por las presentes letras que han de valer á perpetuidad, y por nuestra autoridad Apostólica revocamos, casamos, abolimos, quitamos y anulamos todas las exenciones de pagar diezmos, concedidas por privilegio general ó especial, y que provengan de costumbre inmemorial por los Pontífices Romanos ó por otros en su nombre, y con su autoridad corroboradas con cualquier fórmula ó Letras apostólicas, aunque esten incluidas en el cuerpo de Derecho ...


3. Tales son las leyes relativas á la monarquía española, tomada de un modo general. En cuanto á las colonias de las Indias, son varias é importantes las leyes especiales dictadas respecto de ellas en el asunto de que tratamos. Conviene que echemos sobre ellas siquiera una rápida ojeada.

Es la más antigua, la que expidió el Emperador D. Carlos V de Alemania y I de España, en Victoria, año de 1522, y que confirmó en Valladolid el año siguiente de 1523. Es la ley 16, título 16, libro 1.° de la Recopilación de Indias, y se expresa así:


Es nuestra voluntad, y mandamos, que de todas las haciendas y granjerias, que en las Indias tenemos, y por tiempo tuvieremos, los Oficiales de ellas hagan pagar y paguen el diezmo, segun y de la forma que lo pagan los demas vecinos.


Resulta de allí claramente que los Reyes de España querían que en América se pagase puntualmente el diezmo, no sólo de los bienes de los particulares, sino también de los dominios ó fundos de la Corona. Cuáles de los Gobiernos republicanos de América habrán hecho lo mismo? Probablemente ninguno; y al decir esto no creemos irrogarles ofensa alguna, sino sólo hacer notar un hecho de incontestable evidencia, debido al espíritu que ha prevalecido por lo común en nuestras repúblicas americanas.

El mismo Emperador en el año de 1530, y el Cardenal Gobernador en 1541 dispusieron que en las Indias no se pagaran diezmos personales.5 En efecto creemos que en pocas partes se pagan en la actualidad; y eso á virtud de recientes disposiciones de las autoridades de la Iglesia.

De la recaudación é inversión de los diezmos trataron varios Reyes. Primeramente el Emperador Carlos en Pamplona, año de 1523; luégo Felipe II en Madrid, año de 1572; y finalmente Felipe IV en la ley 1.ª, título 16, libro 1° de la Recopilación de Indias, que dice así:


Por cuanto pertenescen á Nos los diezmos eclesiásticos de las Indias, por concesiones apostólicas de los Sumos Pontífices. Mandamos á los oficiales de nuestra real Hacienda de aquellas provincias, que hagan cobrar y cobren todos los diezmos que son debidos y hubieren de pagar los vecinos de sus labranzas y crianzas de las especies, y de la forma que esta en costumbre pagarse, y de ellos se provean las Iglesias de personas de buena vida, é idoneas, que las sirvan, y de todos los ornamentos y cosas necesarias para el servicio del culto Divino, de forma que esten muy bien servidas y proveidas, y se me haga saber luego como esta proveido esto, por ser del servicio de Dios N. Señor, lo cual guardaran donde lo contrario no estuviere mandado por Nos ú ordenado por las erecciones de las Iglesias.


Tal vez parecerá raro á algunos que siendo los diezmos pertenecientes al Rey; por concesión apostólica, como se expresa en esta ley, se ordenase, como vimos hace poco, que se pagara diezmo de los fundos ó finca de la Corona. ¿ Cómo puede ser uno deudor de sí mismo, y qué objeto puede tener el pagarse á sí mismo lo que se debe? Eso se explica satisfactoriamente, si se tiene en cuenta que la mayor parte del diezmo estaba destinado al sostenimiento del culto y sus ministros; pues el Rey no se reservaba sino una pequeña parte, y frecuentemente aun esa parte la cedía para efectos piadosos. Así aparece de las leyes que pasamos á enumerar.

Sea la primera la ley 1.ª, título 24, libro 8.º de la Recopilación de Indias, dictada en Madrid por el Emperador Carlos el 3 de Septiembre de 1539, y ratificada por Felipe II el 21 de Junio de 1562, y el 17 de Julio de 1572, en la cual se dispuso que se cobrasen dos novenos de los diezmos, aunque estuviesen cedidos á alguna iglesia ú obra pía; y que una vez cobrados se les diese la debida inversión.

Sea la segunda, la ley 34, título 7.º, libro 1.º de la Recopilación de Indias, expedida desde el año de 1540 por el Emperador Carlos, y ratificada en el de 1638, por D. Felipe I en Madrid. En ella se ordenó que se averiguara lo que les correspondiese á los Obispos de Indias, islas y demás países ultramarinos, por razón de diezmos; y que á todos aquellos que no alcanzasen á recibir 500,000 maravedís, se les ajustase esa suma de la Real Hacienda.6

La tercera es la ley 22, título 16, libro 1.º de la misma Recopilación, dictada por el Emperador y el Cardenal Gobernador en Talavera, año de 1540. Se dispuso en ella que de los diezmos de cada Obispado se sacaran las casas excusadas, es decir lo que producía la segunda casa más rica de cada parroquia, lo cual se destinaba para la fábrica de la catedral; y del resto se sacara la cuarta parte del Obispo, para saber si faltaba algo para los 500,000 maravedís que le garantizaba la real Hacienda.

En cuarto lugar, la ley 23, título 16, libro 1.º de la Recopilación de Indias, expedida por los citados Emperador y Cardenal en Talavera, año de 1541, y ratificada por D. Felipe IV en 1681. En ella se dispuso lo siguiente:


Ordenamos y mandamos que de los diezmos de cada Iglesia catedral se saquen las dos partes de cuatro para el Prelado y Cabildo, como cada ereccion lo dispone, y de las otras dos se hagan nueve partes, las dos novenas de ellas sean para Nos, y de las otras siete, las tres sean para la fábrica de la Iglesia catedral y hospital, y las otras cuatro novenas partes, pagado el salario de los curas que la ereccion mandare, lo restante de ellas se de al mayordomo del Cabildo, para que se haga de ello lo que la ereccion dispusiere, y se junte con la otra cuarta parte de los diezmos que pertenecen á la Mesa capitular, de todo lo cual, que al dicho Cabildo perteneciere, se paguen las dotaciones y salarios de las Dignidades, Canonjias y Raciones, y Medias Raciones, y otros oficios, que por la ereccion estuvieren erigidos y criados para servicio de la Iglesia Catedral ...


Dispone, además, esa ley que donde los diezmos no alcancen para atender á los gastos que están destinados, se cobren por los recaudadores civiles, y se atienda de preferencia al sostenimiento del Prelado y del culto; pero que donde sí alcancen, se administren por la autoridad eclesiástica, previa licencia real, y los recaudadores reales sólo perciban los dos novenos de la Corona. Dispone también que en las parroquias que se hicieren, se dividan los diezmos de la misma manera; pero los 4/9 se apliquen para sostener los clérigos y ministros que en ellas administren los sacramentos.

Otras leyes relativas al asunto, serán examinadas luégo.


4. Hacia este mismo tiempo se dicté la providencia más antigua que conocemos relativamente á los espolios y vacantes en las Indias.7 La expidió D. Carlos en Madrid, año de 1543, y fué ratificada por Felipe II en la Ordenanza de Audiencias, año de 1563; en el Escorial, año de 1581; y en Toledo, año de 1596. Fu después la ley 4.ª, título 9.º, libro 1.º de la Recopilación, de Indias, qué principia así:


Despues que los Sumos Pontífice á suplicacion de los católicos Reyes nuestros antecesores erigieron é instituyeron Obispados y Arzobispados en nuestras Indias, no se han pedido ni mandado tomar para la Cámara Apostólica los espolios de los Prelados de ellas que han fallecido, ni las sedes vacantes, por guardarse en esto el derecho canónico ...


Ordena luégo que, si se expiden bulas sobre recaudación de dichos impuestos, no se cumplan; y se envíen al Consejo, para suplicar á Su Santidad que las revoque. Esta es una confesión paladina de que á esas rentas no tenía derecho alguno el poder civil, y que si las había percibido, era sólo por mera tolerancia. de la Santa Sede.

Las leyes 20 y 21, título 13, libro 1°. de la Recopilación de Indias, expedidas por D. Felipe II en Madrid, año de 1566 la primera, y en Córdoba, año de 1570 la segunda, y confirmadas por el mismo Rey en Burgos, año de 1592, dispusieron que á los curas se les diese la parte que les correspondía en los diezmos; y que si no alcanzaba á cubrir 50,000 maravedís para cada uno, y 25,000 para el sacristán, se les completasen esas sumas respectivamente.

El Rey D. Felipe III dispuso en Lisboa, años de 1619 y 1620, que no se procediese á ocupar las temporalidades8 de los empleados eclesiásticos, sino en los casos extremos, y después de pasadas inútilmente cuatro notas, con el fin de remediar el mal existente. Tales órdenes forman la ley 143, titulo 15, libro 2°. de la Recopilación de Indias.

Vimos hace poco lo que sobre espolios y vacantes dispuso el Rey D. Felipe II desde 1543. Probablemente lo que entonces se dispuso no surtió plenamente sus efectos; pues el Rey D. Felipe IV volvió á legislar sobre el asunto en los años de 1626, 1627 y 1648, y dispuso que se tuviese mucho cuidado en la recaudación de esos ramos. Esas medidas dieron lugar á la ley 37, título 7.º, libro 1.º de la Recopilación de Indias, que principia con estas palabras:


De los diezmos que á Nos pertenecen, por concesiones apostólicas, hemos dotado todas las Iglesias de nuestras Indias, Arzobispados y Obispados de ellas supliendo de nuestra Real Hacienda lo necesario para su dotacion, alimentos y congrua sustentacion.


Parece que por ese tiempo se pretendió exigir á los miembros del clero el impuesto que se denominaba media annata, y que consistía en la renta ó sueldo correspondiente á la mitad de un año; pero el Rey D. Felipe IV, en una ley expedida en 1631 y ratificada en 1649, que fué después la 4.ª, título 19, libro 8.º de la Recopilación de Indias, declaró que las mercedes y títulos eclesiásticos no estaban sujetos á tal impuesto.

Como ha podido observarse por la mayor parte de las disposiciones que hemos examinado, los Reyes de España eran verdaderos patronos de las iglesias de América; pues desempeñaban para con ellas oficio de padres. No obstante, á veces las esquilmaban; pero aun entonces casi siempre ocurrían á la Santa Sede para legitimar sus procedimientos. Eso sucedió, por ejemplo, con el impuesto llamado mesada eclesiástica, que consistía en una contribución impuesta á los beneficiados igual á la renta del beneficio en un mes, según lo que había producido, por término medio, en los últimos cinco años. Tal impuesto fué mandado recaudar por Felipe IV desde 1629, en conformidad con una bula de Urbano VIII. En esos tiempos la concesión pontificia duraba cinco años solamente; pero al terminar un período, se prorrogaba por otro, hasta que Carlos III la obtuvo por su vida, y luégo Carlos IV.

Volvióse á hublar de la renta de vacantes en la ley 41, título 7, libro 1.° de la Recopilación de Indias, expedida por Felipe IV desde 1631, y ratificada en 1648; ley que principia con estas palabras:


A los Señores Reyes nuestros progenitores y á Nos pertenecen los diezmos eclesiásticos de nuestras Indias occidentales por concesion apostólica, mediante la qual se incorporaron en nuestra Real Corona como bienes libres y temporales, con cargo de dar congrua sustentacion y alimentos á los Prelados y ministros eclesiásticos, y lo hemos hecho y mandamos hacer larga y copiosamente.

Declara luégo que la renta de vacantes pertenece á la real Hacienda, y dispone que la tercera parte de ella, destinada á obras pías, se envíe al Tesorero del Consejo de Indias.

Nuestros lectores habrán podido notar que muchas de las leyes dadas por el Gobierno español no hacen otra cosa que mandar observar las disposiciones de la Iglesia en lo relativo á determinados asuntos. Un ejemplo más de ello podemos presentar en la ley 43, título 7.º, libro 1.º de la Recopilación de Indias, expedida en 1642 por Felipe IV, en Zaragoza. Dispone dicha ley que se observe el Concilio de Trento en lo relativo á los aranceles, para el cobro de derechos eclesiásticos.

Vimos hace poco una ley de 1631 en la cual se da por cierto que los diezmos se incorporaron en la real Corona, como bienes libres y temporales. Debemos ahora advertir que en la real cédula de 13 de Abril de 1777 se declaró que aunque dichos diezmos no eran rigurosamente de la Real Hacienda, sin embargo, por la protección y patronato que ejercía el Rey, podía intervenir en el asunto. Dispuso en consecuencia que los Virreyes y Gobernadores asistieran con el Juez hacedor al arrendamiento de los diezmos, é interviniesen en su recaudación y en las cuentas de fábrica.

Por último, en otra cédula de 26 de Diciembre de 1804 se dispuso que en cada Obispado se dedujera un noveno, aun antes de la casa excusada y demás divisiones, y se remitiese su importe á la Caja de Consolidación, para atender á las urgencias del crédito público.


5. Creemos que el rápido bosquejo que precede convencerá á todo lector imparcial de la exactitud de las siguientes conclusiones:

1.ª El Gobierno español no pretendió nunca tener derecho á los diezmos, ni en España ni en América, sino única y exclusivamente en virtud de concesiones especiales y expresas de la Santa Sede.

2.ª Esas concesiones se hicieron á los Reyes de España respecto de América en atención al decidido interés que tomaban por la difusión de la luz del Evangelio entre las diversas tribus que poblaban estos países, y al empeño que tenían en la construcción y dotación de iglesias, y en el sostenimiento del culto con el debido esplendor.

3.ª Esas mismas circunstancias contribuyeron á que la Santa Sede no hiciera reclamación alguna por el hecho de haberse apoderado el Rey de algunos impuestos que pertenecían á la Santa Sede, como el ramo de espolios y el de vacantes.

4.ª La distribución de los diezmos debía hacerse de la manera siguiente: En primer lugar se tomaba la novena parte de la mitad del total, para enviar á la Caja de Consolidación. En segundo lugar, se tomaban las casas excusadas, para la fábrica de la Catedral. De lo restante, se tomaba la mitad y se distribuía entre el Obispo y el Cabildo, por iguales partes. El resto se dividía en novenas partes, así: dos para el fisco, tres para la fábrica de la Catedral, y las cuatro restantes para pagar los curas que la erección mandase, y el sobrante se acumulaba á la cuarta del Cabildo. Esto era en las Diócesis donde los diezmos alcanzaban á cubrir todas las necesidades del culto y sus ministros; porque en las otras el Gobierno recaudaba por su cuenta los diezmos y sortenía á sus expensas el culto y sus ministros.

5.ª Se ve, pues, pue el Gobierno sólo percibía de la renta de diezmos un poco menos de tres dieziochoavas partes del total; pero si se tiene en cuenta que muchas veces dos de esas partes las cedía para objetos piadosos ó de beneficencia, y que completaba siempre la congrua donde el diezmo no alcanzaba para ello, se comprenderá que en realidad era de poca importancia el beneficio líquido que reportaba la Corona de la cesión de los diezmos hecha por la Santa Sede.

Ya que hemos visto las disposiciones que debían observarse en la distribución de los diezmos, en la época de la colonia, veamos la manera como se distribuían realmente, según los datos que nos suministra el historiador de Colombia Dr. José Manuel Restrepo, que desempeñó en la época de la trasformación política destinos de grande importancia, en los cuales pudo informarse muy bien de la manera como pasaban las cosas, que acaso no era acorde con los preceptos legales vigentes. En la introducción de su Historia de Colombia, página XXVII se lee lo siguiente:


El clero secular y el culto se sostenían con el producto de los diezmos que el Papa Alejandro VI concedió á los Reyes católicos de España desde los primeros días del descubrimiento de América. Correspondían á la Real Hacienda tres novenos, y el resto se distribuía entre el clero, las iglesias y los hospitales. Administrábanse los diezmos por una jurisdicción mixta, civil y eclesiástica.


Más extensamente vuelve á tratar el asunto en la nota 24, página 593 del tomo 1.º, donde dice lo siguiente:


Los diezmos de América que Alejandro VI concedió á los Reyes de España se invirtieron al principio, que eran pequeños, en construir y mantener las iglesias, y en pagar los ministros del culto. Poco tiempo después el Emperador Carlos V dispuso en 3 de Febrero de 1541 que los productos de los diezmos se dividieran en cuatro partes, de las cuales la una se aplicaba al Obispo, la otra al Cabildo eclesiástico, y de las dos restantes se deducirían dos novenas partes para la Real Hacienda, tres para la fábrica de las iglesias y para los hospitales, y las cuatro restantes se repartirían entre los curas y los sacristanes. Esta disposición se observó hasta principios del presente siglo en que por concesiones del Papa se mandó sacar un noveno extraordinario de la masa total de los diezmos, aplicado al fisco, sin perjuicio de los otros dos que continuó exigiendo. Estas mismas disposiciones en cuanto á diezmos regían en Venezuela respecto de los Obispados de Caracas y Mérida; pero en el de Guayana la Real Hacienda percibía todos los diezmos y abonaba al Obispo un sueldo anual de 4,000 pesos. Hasta 1803 se aplicaban al Obispo de Caracas como 60,000 pesos de renta anual; pero desde aquella época se reservó el Rey una tercera parte. Cerca de 20,000 tocaban al Obispo de Mérida en las distribuciones de diezmos.
 

1
Véase la nota 1.ª á la ley 1.ª, título 7.º, libro 1.° de la Novísima Recopilación, edición de 1805.
2
Véase la nota 2.ª á la ley 1.ª, título 7.º, libro 1.º, Novísima Recopilación, edición de 1805.
3
Véanse la ley 1.ª, título 7.º, libro 1.º, Novísima Recopilación y la nota 4.ª de la edición de 1805.
4
Véase la nota 3.ª á la ley 1.ª, título 7.º, libro 1.º, Novísima Recopilación, edición de 1805.
5
Ley 20, título 16, libro 1.º, Recopilación de Indias, años de 1530 y 1541.
6
Creemos haber visto una ley de Indias en la que se dice que el peso ensayado tenía 450 maravedís; y á juzgar por el sentido en que se toma la voz peso en algunas fundaciones de capellanías, conjeturamos que la expresión peso ensayado significaba lo mismo que castellano de oro de veinte quilates. Aceptando esos datos como ciertos, el mínimo de la renta de los Obispos en las Diócesis pobres sería 1111 castellanos de oro de 20 quilates, sin que á los de las Diócesis ricas se les dedujera cosa alguna de su asignación ordinaria en beneficio de la real Hacienda. Este dato no lo garantizamos porque desconfiamos mucho de nuestra memoria.
7
Se daba el nombre de espolios al aumento de capital del Obispo durante el tiempo de su administración, y vacantes á la parte de renta del Obispo devengada durante la vacante. Según las leyes eclesiásticas, esas rentas pertenecían la Santa Sede desde el tiempo en que fueron establecidas para atender á las necesidades de la Silla Apostólica.
8
Según la ley 145, título 15, libro 2.º de la Recopilación de Indias, dictada desde 1563 por Felipe II, las temporalidades comprendían los frutos y rentas episcopales.
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