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Viaje en wagon desde Colon á Panamá.-Vista generalde Panamá.
Al salir de la amplia calle cuyo ancho en su totalidad está ocupado
por las cuatro vías del ferrocarril, la línea se halla establecida
sobre un terraplen de más de un kilómetro; á la derecha duermen las
verdes aguas del golfo de Limon, á la izquierda se extienden los
miasmáticos pantanos, que constituyen el riesgo más de temer de
aquellas regiones. Despues, y por un viaducto de más de doscientos
metros, se atraviesa el brazo de mar que pone en comunicacion la
gran bahía con la ensenada de Puerto Escondido, que en toda su
superficie se halla sembrada de islotes planos, o por mejor decir,
de bajos fondos, en los que crecen mangles enanos, sin que pueda
recordar en este momento el nombre del autor español que,
sirviéndose de términos demasiado poéticos, las ha comparado con
esmeraldas puestas sobre un espejo. Las primeras tierras están
anegadas y cubiertas de baliceros, cuyas abundantes raíces á flor
de tierra, enrolladas las unas á las otras, forman tan intrincada y
espesa red, que sería imposible penetrar en el bosque. En ellas
abunda una multitud de pájaros de todas clases, y más que nada
verdaderas legiones de cangrejos rojos con patas blancas,
salpicados de puntos azules y brillantes, que corren con asombrosa
rapidez sobre los fangosos troncos, llevando en la parte posterior
su recta pinza, casi tan gruesa como el resto del cuerpo: la
derecha está atrofiada, y no alcanza sinó las proporciones de las
otras patas.
Al cabo de un kilómetro próximamente se atraviesa por medio de rojizas colinas, escuetas y casi estériles, cosa sumamente rara en aquellos climas. En sus ribazos la vegetacion es tan grandiosa, tan rica y tan intrincada como la de la selva. Una de ellas ha sido escogida para establecer el cementerio de Colon, donde reposa el desventurado Straine, distinguido oficial de la marina norte-americana. Encargado por el Gobierno de su nacion de llevará cabo la comprobacion de lo dicho por Cullen y por el ingeniero Gisborne, partió de la bahía de Caledonia, situada en el Bajo Darien, sobre la costa del Atlántico, é intentó atravesar el istmo con una veintena de hombres; pero tal fué su desgracia, que habiéndose perdido en el bosque, la mayor de ellos murieron de hambre y de miseria, despues de haber experimentado horribles contrariedades; sólo chico ó seis pudieron llegar á Yaviza, pero en tal estado de postracion, tan extenuados, que todos los recursos de la ciencia fueron inútiles, y ni uno solo pudo salvarse.
Despues de haber atravesado la Loma del Mono; contrafuerte de la sierra Quebrancha, se entra en los pantanos de Mindi, casi en su totalidad cubiertos de verdes musáceas y papyrus; de vez en cuando seguimos el camino á lo largo del río, que no es más que una pequeña cala de aguas estancadas. Poco á poco el paisaje va cambiando, la vegetacion adquiere in mayores proporciones, los mangles llegan á una altura considerable, y las palmeras se ven en más abundancia, ostentando sobre su penacho de hojas racimos de brillantes flores; al rededor de los troncos forman graciosas guirnaldas los helechos, enlazados con los restos de los pedículos que dejaran las hojas caídas; las lianas comienzan á adornar los árboles, dando lugar á un encantador primer golpe de vista, que despues se hace monotono. Algunos extensos espacios están materialmente cubiertos de heliconias, con enormes flores rojas y hojas cuya longitud es muchas veces de más de un metro, plantas á las que allí dan el nombre de platanillo ó banana silvestre, sin que sepa á qué atribuir tal cosa, porque no se parece absolutamente en nada á la higuera del paraíso. Frecuentemente se hallan algunas tierras labradas, la selva deja lugar á ciertos prados artificiales, donde pastan ganados de bastante buena apariencia; acá y allá se destacan algunas chozas formadas con cañas, en las que los naturales explotan de mejor ó peor manera las muy distintas clases de palmeros y cañas que se crían en aquellas regiones, y entre los que pueden contarse el coroso, cuyos grandes racimos de frutos rojos dan el aceite, la palmera tagua, cuyas almendras son tan fuertes y duras, que tienen gran aplicacion en la fabricacion de botones, y cuyo jugo produce el vino de palma, bebida poco agradable, bastante embriagadora para que guste á los negros. El palmero sagon, así como tambien el palmero real, son muy poco comunes: el repollo de por aquí (el corazon, ó mejor si se quiere, la aglomeracion de las hojas tiernas) es una legumbre de muy excelente gusto, que hace recordar la avellana fresca. Otras muchas especies sirven para cubrir techos con su enorme hojarasca, que frecuentemente, trasforman en artesones, y muchas veces de sus largas fibras forman sacos y tejidos, aunque muy ordinarios.
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Una calle de Chagres. |
A dos ó tres leguas de Colon, la línea se eleva dos ó tres metros sobre algunas colinas abruptas, y una abertura á traves del bosque deja ver por la primera vez el Chagres extenso y apacible. Dicho río forma en esta parte un laberinto, que rodea la aldea de Gatum, formada por chozas de paja, construida sobre un terreno plano, donde descuellan algunos arbustos.
La inmensa floresta reviste á lo largo los lados con uno de los bordes de su verde manto. Las sabanas no se ven más que en llanos ó en los bajos mamelones, y áun así están interrumpidas por bosques de palmeras, los que á lo ménos no nutren en su al rededor esas legiones de epiplutos y escaramujos que constituye la verdadera maldicion de la América Central y de la América del Sur. Más que el sol tórrido, más aún que las fiebres engendradas por la tibia humedad hija del clima, las lianas constituyen el gran obstáculo con que tropieza el hombre para hacer efectiva su dominacion en el trópico.

