I
El istmo americano.-El Congreso internacional de Ciencias geográficas de París en 1875.-M. L. N. B. Wyse y sus compañeros.-Los que no volverán: Olivier Bixio y Guido Musso.
El considerable desenvolvimiento del mayor número de las comarcas de la América que bañan las aguas del grande Océano Pacífico; la tan deseada apertura, que tras tantas gestiones se consiguiera, de los puertos de la China y del Japon al comercio del mundo, y el rápido desarrollo de las fuentes de riqueza de la Australia, hacía ya años estaban exigiendo la apertura de un canal marítimo que pusiera en comunicacion el Océano Atlántico con el Pacífico, destruyendo la estrecha barrera que en la América Central los separa. Mucho tiempo hacía ya que de la necesidad de esta importante obra nadie dudaba; pero distintos proyectos, que sucesivamente se habían ido presentando, adolecían de defectos, los cuales dieron lugar á que uno tras otro fueran desechados, porque ninguno daba al comercio del mundo un paso ancho y suficiente, cual lo necesita, un Bósforo libre, extenso y de gran fondo, en el que los buques de más alto bordo pudieran aventurarse á cualquier hora, sin riesgo á las altas y bajas de la marea, y en el que no fueran de temer interrupciones, ni detenciones por cualquier causa. Todos los proyectos presentados tenían por objetivo el canal de presa, que era en lo que hasta entónces se había pensado; pero es claro y manifiesto que no podía emprenderse la construccion de un canal de esta naturaleza, pues á todos se alcanzan los gravísimos inconvenientes que desde luégo presentan y que universalmente están reconocidos, sinó después de haberse convencido perfectamente de que era imposible la apertura de un canal á nivel, que son los únicos que pueden satisfacer las necesidades que lleva al comercio á emprender obras de tanta cuantía.
De toda la considerable superficie que en la América Central forma el istmo, en el año 1875 sólo quedaba una sola region que no hubiera sido estudiada completamente á conciencia por la expedicion americana, organizada con este objeto bajo la dirección del comandante Selfridge, y ésta era el Darien meridional. Por distintas referencias, unas dignas de más crédito y otras de ménos, y más que por nada por la exploracion del extenso valle del Paya, que en 1866 hiciera M. de Lacharme, podía llegarse á creer en aquel punto una brusca interrupcion de la cordillera. Por esta brecha pensábase que sería de gran facilidad, y relativamente mucho ménos costoso, abrir un canal que llegara á tocar con uno de sus extremos á la magnífica bahía de Uraba, y por el otro con el espléndido fondeadero de San Miguel, utilizando la poderosa corriente del gran río Atrato y el del hermoso río Tuyra.
Por lo demas, todos los que habían hecho investigaciones anteriores á las de M. L. N. B. Wyse, buscando un mejor punto para facilitar el tan deseado paso, juzgaban, sin que se sepa qué causa para ello tenían, que un corte practicado á nivel no era factible, y, por tanto, todos los trabajos técnicos que habían realizado tenían por único fin la apertura de un canal de presas.
La carencia absoluta de estudios de proyectos de canal á nivel, y los insuficientes datos contenidos en las referencias sobre la elevacion del cuello de Paya, cuya altura, segun M. de Lacharme, era de cincuenta y ocho metros sobre el Pacífico, hacían esperar que sin grandes esfuerzos podría conseguirse un canal sin presas, cosa muy deseada y que se echaba de ménos en todos los concienzudos trabajos de la comision americana, y este vacío urgía cada vez más llenarlo, por los grandes intereses que así lo requerían.
M. Wyse estudiaba la cuestion; hacía mucho tiempo que, soñando en la apertura de un canal interoceánico, ocho años ántes, habia llevado á cabo serias y detenidas exploraciones sobre el río Bayano, hasta bastante más allá de la aldea de Pirrea, enclavada en el territorio de los indios salvajes; esto es, hasta un punto en donde ántes que él ningun blanco se había atrevido á llegar, tanto por haber retrocedido ante los grandes obstáculos con que habían tropezado, por las enfermedades que son allí tan frecuentes y que les habían hecho volver atras, como por el natural feroz y sanguinario de los habitantes de aquellas regiones.
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Muelles de Colon. |
El Congreso internacional de Ciencias geográficas que se reuniera en Paris el año 1875 presentaba una ocasion favorable, y todo el interes de los hombres ilustrados que lo componían fijóse en la cuestion del istmo americano, discutiéndose muy detenidamente la eleccion del punto que más convenía para la apertura del paso. Nombróse un jurado, bajo la presidencia de M. de Lesseps, el famoso creador del istmo de Suez, al que se le dió el encargo de indicar el mejor y más conveniente trazado, así como tambien de presentar los proyectos de presupuestos.
Muchos hombres, que participaban de la opinion de M. Wyse, se reunieron en comité, pidiendo, por mediacion de su presidente el general Türr, que se sirvieran ordenar la suspension de las reuniones del gran jurado hasta despues que se hubiera explorado perfectamente la línea Paya-Caquirri; peticion que no podía ménos de ser favorablemente acogida.
Inmediatamente que se hubo comunicado el asentimiento, fueron emprendidos los trabajos, desplegándose gran actividad en los preparativos que la empresa requería; en ménos de un año quedó constituída una sociedad, se reunió el capital que necesario se creía, y se obtuvo una concesion para las obras de los Estados-Unidos de Colombia, así como tambien quedó reunido el suficiente personal de exploradores. Los grandes conocimientos y la experiencia que M. Wyse había adquirido de las regiones que necesariamente había que recorrer, le permitieron reunir, en mucho ménos tiempo que otro cualquiera hubiera necesitado, instrumentos, armas, objetos propios y precisos para campamento, víveres y cuantas cosas había de necesitar un número considerable de personas que por espacio de seis meses había de quedar á la ventura en extensas y vírgenes selvas, de las que ninguna referencia tenían, y en las que tal vez á cada paso habrían de encontrar un obstáculo que vencer. Gracias á su reconocido espíritu organizador y á la rapidez de su concepcion y de ejecucion, apénas si medió un mes entre, el día en qué el plan fué tomado en consideracion y en el que los exploradores manifestaron tenerlo todo preparado y estar dispuestos á partir, á los cuales pude unirme en calidad de voluntario, gracias á la antigua y grande amistad que con el jefe me unía.
Como era muy necesario tenerlo todo en cuenta, la prisa referida reconocía por causa principal lo conveniente que era el que la comision llegase á Darien á principios de la estacíon seca, que es la única en que el europeo no aclimatado puede soportar las fatigas, miserias y penalidades que son seguras de una permanencia en la selva ó en los pantanos. Con tal rapidez se había hecho todo, que en la comida con que el comité nos obsequiara para darnos el adios, apénas nos conocíamos unos á otros, pues la mayor parte de los futuros exploradores nos veíamos por primera vez.
Entre todos; ingenieros, oficiales de marina, etc., éramos veinte, bajo el mando de M. Wyse; el cuidado de los trabajos facultativos fué confiado á M. Celler, acreditado ingeniero de puentes y calzadas, y entre los restantes se contaban O. Bixio, G. Musso y el doctor C. Viguier. Los dos primeros no habían devolver á la patria; murieron víctimas de su entusiasmo por la ciencia.
Olivier Bixio, hijo del secretario del Gobierno provisional de 1848, y sobrino del célebre Nino Bixio, jefe del estado mayor de Garibaldi en la campaña de los Mil, era un hombre notabilísimo, en toda la fuerza de su edad y de su desarrollo; apenas si contaba treinta y cinco años, y ya había realizado tales y tan nobles hechos, que digno era de la admiracion de todos. Héroe de las encarnizadas luchas que por su independencia se vió obligada á realizar Italia, había abandonado el servicio con el grado de capitan y el título de oficial de órdenes de Víctor Manuel, para entrar á formar parte de las tropas federales cuando la guerra de secesion, en la que muchas veces logró distinguirse en la caballería del general Mac Clellan. Cuando la invasion alemana, llevado de su amor por la patria, se había enganchado como voluntario, teniendo la desgracia de ser herido y hecho prisionero en uno de los encuentros; apénas cerrada su herida, y cuando aún no era completo su restablecimiento, logró escaparse de Stettin, y volvió á luchar, mandando esta segunda vez un batallen de Guardia móvil. De naturaleza recta, franca, leal, su clara inteligencia y su cordialidad lo hacían querer de todos los que tenían la felicidad de conocerlo y tratarlo.
Su compañero y amigo Guijo Musso, jóven ingeniero italiano, pertenecía á una de las más distinguidas familias de aquella península; desde la primera vez que se le veía, se hacía altamente simpático por su elegancia, su amabilidad, tan exquisita como poco afectada, su servicialidad y la distincion de su fisonomía. Lo mismo que Bixio, la amistad que á M. Vyse le unía, había sido causa de que se le ofreciera como expedicionario voluntario, y tambien en esta decision influiría el deseo de adquirir derecho para poder decir que había tomado parte en una obra grandiosa. Deseando ardientemente no perder su juventud sin hacer nada, y siéndole odioso pasar su vida en la ociosidad, quería hacerse útil á toda costa. Pocos hombres llevan el sentimiento del deber á tal punto. ¡Murieron! Data fata secuti.

