El dia 15 emprendimos la marcha muy de mañana, sin detenernos siquiera á desayunarnos, cosa que por otra parte tiene una más satisfactoria explicacion: los víveres que llevamos no son muy abundantes, pues algunos de aquellos señores, tal vez porque tanto peso les incomodaba, han encontrado fácil y cómodo, para verse libres de la carga, arrojar los alimentos que hallaban más pesados, y esta suerte le ha tocado á la grasa. Fatigados á consecuencia de la larga y penosa jornada del día anterior, ántes de partir sostuvieron agria disputa, querellándose sobre el peso que cada uno había de llevar: me ví precisado á intervenir, y por mí mismo tuve que hacer la reparticion, arreglándome de modo que pude lograr que José y García fueran los conductores de los víveres más estimables y del material de cocina. Eugenio, Pedro Espinosa y Juanillo tuvieron, que seguirnos á la fuerza, pues buen cuidado tuve de advertirles que siéndome absolutamente necesario estar en Panamá ántes del 25 de Febrero, que era el día indicado por M. Wyse para emprender su viaje á Buenaventura, seguiría adelante sin detenerme á esperar á los que se retrasaran: si uno de ellos no puede seguirnos por cualquier causa, se le dejará un camarada á fin de que mutuamente se puedan auxiliar; pero no se les enviará á buscar sino despues que hayamos llegado á Yaviza, sin que esto pueda implicar el que tengan que quedarse sin provisiones, dado que sobre el camino que recorremos quedan hechos algunos depósitos. Esta amenaza produjo instantáneamente su efecto, hasta tal punto, que Juanillo, que momentos ántes se quejaba, jurando y perjurando de que no podía dar un paso más, se halló curado completamente.

A las once de aquel mismo día llegamos á la ranchería del 5 de Febrero, donde almorzamos opíparamente, gracias á un pavo que José pudo matar, y á las cinco de la tarde llegamos á la ranchería del 1.o de Febrero. La senda que nosotros abrimos está obstruida por una porcion de florecillas papilonáceas blancas, caídas de un árbol que ninguno de los hombres que me acompañan conoce. Aquella nieve delicada, rodeada con ramos de un verde sombrío, presenta un golpe de vista encantador, pues poéticamente hablando, podríamos decir que era una plástica representacion del invierno en medio del estío.

Una enorme serpiente negra, muy escueta en sus formas, blanca por debajo del cuello y salpicada con manchas de color amarillo naranja, pesca en la quebrada el pez que los naturales llaman sardinita (chalanopsis): durante más de un cuarto de hora me miró tranquilamente, sin hacer el menor movimiento; pero espantada luégo por algunos ruídos, se internó entre las hierbas con una presteza y una gracia incomparables.

La trocha, mucho más difícil en la cordillera que la pica, se hace cada vez más pesada y difícil, y para que nuestra desesperacion sea completa, las garrapatas no nos permiten descansar en toda la noche, dando lugar á que á la mañana siguiente los hombres, que se encuentran de un humor endemoniado, disputen de nuevo sobre el peso que cada uno ha de llevar. Para igualar las cargas emplean un sencillo medio y una balanza muy poco costosa: suspenden los objetos en los extremos de un palo largo que un hombre tiene sobre el hombro, y así logran equipararlas.

Con objeto de estimularlos y darles la mayor prisa, yo marcho siempre delante: en el momento en que daba la vuelta á una rápida curva que el río forma, ví con sorpresa incalculable que un animal de grandes dimensiones se levantaba repentinamente de un sitio muy próximo al en que yo me encontraba, y que sin manifestar gran precipitacion huyó hacia la colina, deteniéndose á unos treinta metros de distancia: era un magnífico jaguar; pero me encontraba falto de armas de fuego, y confieso que me quedé un poco suspenso, sin saber qué partido tomar; pero esta clase de animales no atacan jamas de frente, y su reputacion de cobardía data de hace mucho tiempo. Sus pelos, erizados por la sorpresa, hacían tomar á su pintada piel un aspecto semejante al del terciopelo; pero abultándole demasiado, lo hacía bastante grueso, y sus formas perdían mucho de la elegancia que le es propia. Despues de haber permanecido inmóvil un buen espacio de tiempo, se internó en la selva, hollando con su paso elástico y ligero los arbustos, las ramas y las hojas secas que con tanta abundancia tapizan el suelo, sin hacer el menor ruido; parecía que apénas tocaba la superficie, y durante un momento me detuve á contemplar su marcha. Un rato despues, habiéndome vuelto por casualidad, lo ví de nuevo, á distancia de unos veinte metros, pues habiendo dado la vuelta penetró en la quebrada, que recorría con mayor tranquilidad. Por ver si lograba conseguir alguna cosa, llamé á grandes voces á los hombres que me acompañaban, que á mis gritos apresuraron su paso, reuniéndose conmigo unos instantes despues; pero el animal, al vernos reunidos, de un salto pasó el Tiati y de otro, cruzando por entre las raíces, se internó en el bosque, desapareciendo inmediatamente. Cuando esto sucedía, yo tenía preparado mi fusil; pero por más que hicimos todo fué inútil; batimos el bosque en todas direcciones, mas la fiera no volvió á parecer. Segun supimos más tarde, en el mismo día nuestra vanguardia había visto tambien á uno de estas fieras, que tal vez fuera la misma, pues por más que mucho en contrario se haya dicho, estos animales no abundan en aquella region.

Conversacion con el gran cacique.

Continuamos nuestro camino, tomando, á partir de aquel punto, por un trocha abierta anteriormente por nuestros conductores, que en ciertos trechos se confunde con el río y nos evita muchos malos pasos, aunque algunas veces tengamos que sumergirnos en su cauce.

En toda la selva abunda con profusion el sub-bosque, presentando á nuestra marcha considerables obstáculos que nos retardan: es muy de notar que todas las ramas que vegetan bajo aquellos copudos árboles existen en los terrenos primitivos; pero desaparecen en esquistos arcillosos de más moderna formacion; en los bordes de la quebrada crecen las lianas, tapizándolos con su verde oscuro. La parte más desagradable del camino, y en la que más fatigas, sufrimos, fué en la trocha que conduce al puerto Tiati, que databa de los primeros días de la exploracion, y en la que por consiguiente las hierbas habían crecido, extendiendo sobre ellas las ramas que al abrirla cortáramos: ademas, en ella bullían las garrapatas, y mis acompañantes no dejaron de llamarme la atencion sobre el ruido que en las hojas secas formaban al marchar aquellas legiones, compuestas de millares de animales.

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