XX

 

Paya.-Los indios Cunas.-Tipos y costumbres.-Un cuatriunvirato.-El cacique.-El lelé.-El Camotura, el Urunia.-Un proceso.


A medida que el río Tuyra disminuye de volúmen va convirtiéndose en una sucesion de remolinos cada vez más violentos; uno de ellos, mayor que ninguno, y coronándose por un monte de espuma, nos detiene, y pienso que tal vez nos sea imposible atravesarlo. Ya me disponía á dar la órden para acampar y ver de pasar la noche de la mejor manera posible, cuando vimos descender por el río unas pequeñas balsas cargadas de cautchouc, seguidas á corto trecho por una canoa, cuyos intrépidos tripulantes llevaban tres días enteros sin comer: compadecidos del miserable estado en que aquellos infelices se encontraban, les dimos arroz y algunos otros alimentos, pagándonos ellos con un señalado favor que más valía, cual fué la indicacion que nos hicieron del punto en que se encontraba la entrada del río Paya, por lo que, siguiendo nuestro camino, llegamos á ella al caer la noche.

A la mañana siguiente, despues de haber tomado algun descanso, que tanta falta nos hacía, despues de las mil peripecias y contratiempos que veníamos sufriendo, remontamos el río hasta el sitio en que habían establecido su campo los ingenieros. Estrecho y profundo en su punto de confluencia, se ensancha bastante más arriba, pero nunca lo suficiente para que las ramas de los árboles que en una y otra orilla crecen, dejen de enlazarse unas con otras, formando así una espesa bóveda que apenas puede ser atravesada por los rayos del sol. El Paya, cada vez más estrecho, se halla entrecortado por pasos rápidos y violentos, que levantan blanca espuma sobre un lecho de guijarros y piedras pequeñas que saltan al fondo desde los bordes del cauce. A cada instante troncos enormes, caídos en la corriente, han formado puentes naturales, muchos de los que parecen colocados por la mano del hombre.

Despues de una noche en que nuestro sueño no dejó de ser turbado ni un momento siquiera por el graznido de las ranas y los gritos de los monos chillones, llegamos á la mision, que aún estaba aterrada por la muerte del desgraciado Bixio. Aquella misma tarde, el Dr. Viguier, que no se hallaba del todo repuesto de la larga enfermedad que por tanto tiempo le había afectado, y que aún no tenía del todo cicatrizada la incision de la pierna, se unió tambien á la cómision. Tal vez si nuestro sabio médico no hubiera estado ausente de nosotros en aquellos momentos, el pobre Bixio estaría á nuestro lado tambien; pero la fatalidad lo tenía dispuesto de aquel modo, y siempre lamentábamos el que nuestro infortunado amigo hubiera carecido de los recursos de la ciencia.

Paya está situada en una península, sobre un Islote casi rodeado por el río, y es un pueblo formado por chozas construidas sin órden ni concierto alguno. Los indios las han fijado donde mejor les ha parecido, de modo que sería un empeño vano buscar calles de ninguna forma; amontonadas acá y allá, han levantado sus viviendas en el sitio que les ofrecía mayor número de comodidades, sin que en el trascurso del tiempo se haya cuidado nadie de modificar tales costumbres. Estas casas, mayores y mucho más limpias, por regla general, que las que ocupan los negros del Bajo Darien, regularmente constan de un piso; pero la pared que forma la fachada principal no se prolonga hasta arriba. En las habitaciones que forman los bajos de aquellas viviendas es donde tienen instalados los almacenes y tiendas, así como tambien las cocinas; pues de día y de noche el lugar donde permanece es en las habitaciones del cuarto superior. El suelo, formado por gruesas y resistentes planchas de bambú, se eleva de la tierra unos ocho ó diez piés; del techo penden una infinidad de gris-gris ó amuletos religiosos, gracias á cuya virtud se creen preservados de considerable número de males, y tantas cabezas de tucanes como individuos de la familia han muerto desde que se construyó la cabaña. Ese aspecto de una casa puede desde luégo dar claros indicios de los hábitos de las personas que la habitan, indicar sus gustos y sus aficiones, así como tambien poner de manifiesto las ideas que en ellos dominan. Visitada una casa de Paya, puede decirse que se han visitado todas; en ninguna se echa de ménos la limpieza que tanto falta entre los negros, y en ninguna faltan los amuletos que revelan el fanatismo de aquellos infelices, así como tampoco el especial cuidado que tienen en conservar la memoria de los muertos, por más que pueda parecer extraño y raro el medio de conservarla. Casi todos los hombres visten un pantalon y una camiseta de algodon, manufactura americana, que es lo que allí circula más; el que visitando aquellas regiones supusiera que podía encontrar, siquiera fuera sólo en los más apegados á las costumbres de sus descendientes, algo de los vistosos y ricos trajes formados con las plumas de los pájaros que allí se crían, con que fueron encontrados en la época del descubrimiento de las Américas, sufriría un completo desencanto de aquellas galas con que tan extraños aparecían á nuestros ojos; los indios de hoy conservan sólo una diadema formada con fibras de las lianas, en las que entretejen plumas de oropéndolas y aras, y áun este resto del antiguo vestuario lo guardan cuidadosamente para ostentarlo sólo en los días de gran fiesta, ó, lo que es sinónimo, en los días destinados á la embriaguez. De ordinario llevan no más que una pequeña banda tejida en tres colores, que llama la liga, y gastan la cabellera enrollada al rededor de la cabeza, y sujeta su extremidad con un peine.

Las lianas.

Las mujeres gastan, por todo traje, una miserable camisa, mal cortada y mal hecha, de color azul, que apenas llega á cubrirlas las rodillas, y que, segun la posicion social, bordan de rojo ó amarillo. Al rededor del cuello gastan unos gruesos collares de abalorios, y lo mismo en los brazos y en las piernas, mostrando tan gran predileccion por este adorno, que lo cargan y recargan hasta constituir peso de consideracion, que cualquiera, en vez de creerlos propios del tocado, podía suponer eran instrumentos de cilicio por alguna penitencia ofrecida. El cabello lo dejan completamente suelto y flotante, cuidando sólo de cortar el que cae sobre los ojos.

Al volver á Francia, he encontrado esta costumbre muy admitida entre nuestras bellas compatriotas, y tal vez la hayan aceptado todas las demas mujeres de las naciones europeas, reputándola una novedad: sin duda ignoran que hace muchos siglos en aquellas apartadas regiones usan la referida moda las indias Ti.

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