VII

 

Los alrededores de Panamá: el antiguo Panamá; la ascension al cerro de Ancon: el Chorrillo; los cementerios: los peligros de la hamaca.


Todos los alrededores de Panamá se hallan ocupados por extensas y hermosas haciendas, en las que sus propietarios y colonos pasan los fuertes calores de la estacion estival, por lo que todo el país se ve surcado de senderos y buenos caminos, por algunos de los cuales pueden pasar carruajes cómodamente.

Para llegar al antiguo Panamá se sigue el camino de la sabana hasta llegar á una senda que penetra en las forestas de la ribera, é inmediatamente se encuentran los pantanos del río-Algarrobo, por los que los restos de un antiguo camino permiten pasar sin encharcarse demasiado, cosa que de otro modo no podría evitarse, por ser mucha la humedad que producen los frecuentes derrames del cauce, y hallarse á cada paso extensos charcos, disimulados por el verde que en ellos crece. El río se atraviesa por cima de un curioso puente de un solo arco, bastante elevado sobre el terreno en que se apoya, y enteramente tapizado y cubierto de epifitos sarmentosos de diversas especies, pero en tal abundancia, que apénas si por algunos claros llegan á descubrirse las musgosas piedras del antiguo monumento. Dos grandes higuerones se levantan sobre aquella masa de cuerdas vegetales, algunas raíces brotan de sus troncos buscando el suelo y sávia que los alimente, por no hallar más que el vacío, y estos árboles se sustentan por algunas fibras que han logrado ingerirse entre las lianas, parásitos que viven á expensas de otros parásitos.

La catedral de Panamá.

La naturaleza muestra allí una vida y un vigor extraordinarios; apénas si más que viéndolo se comprende tan abundante y variada vegetacion, que no cuenta para su desarrollo sinó con las grietas que abriera el tiempo, y en las que el aire ha depositado las semillas; por todas partes crecen matas que se entretejen con otras de distintas especies, formando todo un caprichoso laberinto, que imposibilitaría el paso á poco que se abandonara, y que concluirá, ántes de breve tiempo, por derribar aquel puente que ha resistido durante muchos años los embates del río y los rigores del, tiempo, y que parece hoy un extraño y raro huerto suspendido sobre las aguas que por debajo corren.

Poco despues de haber atravesado el río, y sin ninguna dificultad que vencer, se encuentra el recinto que la poblacion antigua ocupaba. La selva virgen ha reconquistado sus dominios, y de la antigua y poderosa ciudad que un día fuera la residencia de los soberbios vireyes que el Gobierno de España enviara á sus dominios, no quedan más que la iglesia de las monjas y un largo y alto edificio que hoy llaman la torre del Guardia, y que debió ser un día el campanario de un convento que ha desaparecido; sólo dos ó tres montones de escombros, cubiertos ya por las hierbas, indican el sitio en que se elevaba la antigua catedral, y del camino embaldosado que conducía al Atlántico sólo se encuentran aún restos hasta el Chagres, pues en adelante, ni un solo vestigio existe que pudiera acreditar haber existido una obra de tanta importancia; las lianas han levantado las piedras, y sus raíces las han separado considerablemente; hasta tal punto, que desde el valle alto de dicho río hasta Porto-Bello, serían necesarios los machetes y los picos para abrirse paso.

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