APÉNDICE
Muy poco tiempo había pasado desde que se descubrieran las ricas y
extensas regiones de América por aquel genoves ilustre que amparo
hallara en nuestra corte despues de su larga peregrinacion por
otras de Europa en busca de auxilios para realizar la idea que
bullía en su mente, y que, hecha práctica, engrandecería el mundo,
cuando ya se comprendió la inmediata necesidad de un medio
cualquiera que pusiera en comunicacion los dos mares, el Océano y
el Pacífico. Lo difícil que, dadas las condiciones del terreno, era
llegar de una parte á otra, preocupó desde el principio, y no se
hacía necesario detenerse en arduas consideraciones para comprender
las ventajas que resultarían á la industria y el comercio de la
rotura del istmo que los separa. De aquí el que desde tiempos muy
remotos se vengan haciendo más ó ménos concienzudos estudios con el
fin de conseguirlo; de que aquel terreno haya sido recorrido en
todas direcciones y atentamente examinado para llegar al logro de
un deseo que tantos y tan poderosos justificativos tiene. Como
continuacion del viaje que terminamos, nos proponemos hacer una
breve reseña de los proyectos anteriores al ya aprobado, que no ha
de pasar mucho tiempo sin que veamos poner en práctica, gracias al
incesante trabajo y continuos desvelos del que inmortalizara su
nombre en la gigantesca obra del canal de Suez. Europa, que
descubrió las Américas y que en ellas tal vez mira á su más
legítima heredera, no podía permanecer en el quietismo, viendo las
grandes utilidades que pueden conseguirse con la apertura de un
canal en aquel punto; y si bien es cierto que algunas potencias
americanas han realizado esfuerzos por llevar á cabo la citada
obra, no lo es ménos que pasaba el tiempo sin que nada práctico se
hiciera, y que con motivo de los proyectos sometidos, una de
aquellas ha manifestado grande antipatía hacia los pueblos á
quienes deben la civilizacion y la cultura.
Cuando las obras que pueden ser realizadas por los hombres tienen por objeto el bien general, cualquiera que las intente debe ser ayudado y favorecido; mas en la ocasion presente echóse en olvido tal máxima, y la voz de Monroe levantóse en los Estados norte-americanos, clamando en contra de los europeos que se aprestaban á favorecerlos, y grabando en su bandera el lema de América para los americanos. Por dicha, tal teoría tuvo pocos partidarios; tal vez la conveniencia acalló las voces, el mutuo interes sosegó los ánimos, y una compañía europea se apresta á realizar los trabajos que de tan antiguo vienen preocupándola.
Pocos años despues de que Colon clavara en aquellas remotas playas el estandarte de Castilla, Vasco Nuñez de Balboa descubrió, el 25 de Septiembre de 1513, el mar Pacífico, desde las cumbres elevadas del Queragua. Tan sumamente corta les pareció á los exploradores la distancia á que se hallaban del Atlántico, que desde luégo comenzaron á buscar el punto por donde naturalmente pudieran comunicarse aquellos dos mares, siquiera fuese por alguna estrecha depresion en la que, ya que no buques de gran porte, pudieran navegar pequeñas embarcaciones; mas todo fué inútil, y conocido por fin que, aunque de poco espesor, existía una muralla que vedaba la confusion de unas aguas con otras, comenzaron á estudiar el ménos costoso y breve medio que podría ser empleado para lograr artificialmente lo que por la Naturaleza creían hecho: para ello fijáronse en el istmo de Panamá, que, á ruego de machos insignes varones, mandara explorar el emperador Cárlos V, lo que se efectuó, aprovechando para ello la parte navegable del río de los Caimanes, que hoy, si no por los naturales, es por los más llamado el Chagres. Emprendidos los trabajos de que venimos haciendo mencion en 1526, un año despues se había explorado hasta Santes; pero á consecuencia de las continuas revueltas que allí ocurrían, y la poca confianza con que podían emprenderse trabajos de paz, cuando aún la posesion no estaba asegurada, hizo que se interrumpieran las tareas, quedando paralizados los trabajos en absoluto, sin que nada volviera á decirse hasta que en 1551 Lopez de Guevara propuso que se llevara á cabo la reunion de los dos mares por medio de canales que se abrieran en los tres puntos siguientes: Chagres, Nicaragua y Tehuantepec. Esto no pasó de idea aventurada, y las cosas quedaron en tal estado, sin que nada se hiciera en pro de una obra cuya utilidad estaba generalmente reconocida.
No obstante, era necesario que de cualquier manera se allanaran las muchas dificultades que aquella travesía presentaba, y á este fin, Francisco Pizarro mandó abrir un cómodo camino desde Santes, punto al que habían llegado las exploraciones ordenadas por el emperador, hasta Panamá, cuya extension era de 25 á 30 kilómetros, y que ponía en comunicacion esta última plaza con PortoBello, para lo que se utilizaba toda la parte alta del Chagres, en la que cómodamente podían navegar piraguas.
Con sobrada razon se nos ha acusado en repetidas ocasiones del grande y punible abandono que tuvimos con todo lo que á nuestras colonias se refería; tres siglos duró nuestra casi absoluta dominacion en América, y hoy apénas quedan restos de las vías que se arbitraran por nuestros soldados como medios de comunicacion de unos puntos con otros. En la última parte del relato que de su excursion ha hecho M. Reclus, sólo incidentalmente menciona la posibilidad de que en anteriores épocas debieron existir algunos caminos; pero sumamente difícil sería hacer la prueba sobre el terreno, á pesar de la exacta comprobacion que tal aserto tiene en presencia de los importantes trabajos geográficos que han llegado hasta nuestros días, y que han servido mucho para los emprendidos en nuestro siglo. Justo es que de ellos hagamos mencion y reconquistemos la parte de gloria que en ellos nos toca, por lo que, aunque muy sumariamente, los analizaremos.
El primer punto que más facilidades presentaba para el acceso fué el istmo de Tehuantepec, descubierto por Hernan Cortés, y que desde luégo fué señalado para el paso de los cañones de grueso calibre, y el pesado material de guerra que, fundidos y fabricados en Manila, se destinaban á fortificar y defender á Veracruz. Por más que tan larga vuelta pudiera hacer indicar ignorancia ó poco acierto, necesario es tener presente que era en aquella época lo más cómodo, dado que el camino desde Acapulco a Méjico era de todo punto impracticable, y que para obviar los no pocos inconvenientes con que por necesidad habían de tropezarse, se aprovechaban los ríos de Chimalapa y el Guazacoalco, que desembocan en los mejores puntos del golfo de Campeche. Siguiéronse practicando estudios, y casi á fines del pasado siglo, cuando el gobierno de aquella region estaba confiado al virey conde de Revillagigedo, que diera su nombre á tres de las pequeñas islas de aquellos mares, llegó á determinarse que para conseguir la union del Pacífico con el Atlántico bastaba un canal de 25 kilómetros próximamente, si bien hay que advertir que entónces se trataba sólo de facilitar el paso á pequeñas embarcaciones y piraguas. Más tarde, en 1814, las Cortes españolas que sancionaran nuestra primera Constitucion politica, de un decreto en el que se disponía comenzaran las obras para la apertura del canal; pero la fatalidad, que parecía venía persiguiéndolas, fué representada en esta ocasion por la independencia de la actual república mejicana, causa que nuevamente las dejó en suspenso, y si bien, algo despues, el Gobierno que allí se constituyera amparó con calor la idea, tuvo que prescindir de ella en una de las cláusulas de la capitulacion de paz firmada despues de la guerra que sostuviera con los Estados Unidos.
