XXXIII
Llamada de los jaguares.-La corriente del Tiati.-Sus chorros; sus caletas-Un personal abatido.-Cascadas del río-La ranchería del Hospital.
A poca distancia de la quebrada de la Despedida quedó establecido
nuestro campamento, admirablemente situado sobre una orilla elevada
en un recodo del río, fresco y límpido, á la sombra de los altos
espaves, de estos pintorescos gigantes de las selvas del Darien.
Gracias á las condiciones de aquel sitio y á la limpia corriente
que se desliza, podemos arrojarnos al agua y ahogar las garrapatas
que tanto tiempo hacía nos venían atormentando, sin que nos
hubiéramos podido ver libres de ellas, á pesar de los grandes
esfuerzos que habíamos tenido que hacer. Contra la opinion de las
gentes del país, nada hay más saludable que los baños, que
constituyen un excelente tónico y aminoran las fatigas.
Por la noche, nuestro cazador Nicolas que, dicho sea entre paréntesis, no ha matado pieza alguna despues de aquel famoso conejo, gracias al que ligeramente le dimos una reputacion, nos enseñó la manera de atraer los jaguares. Al efecto aplicó contra sus labios el reborde de una marmita de campaña é hizo sonar algunos hihi roncos y modulados, imitando el grito de la hembra del tigre. A lo lejos pudimos escuchar tres ó cuatro rugidos como contestando al llamamiento; pero ningun jaguar se acercó, contra lo afirmado por todos ellos.
El río, que mide por término medio veinte metros de anchura de orilla á orilla, llena con su corriente todo el cauce, mas por algunos sitios deja á un lado y otro alguna grava, sobre la que podemos caminar cómodamente. En todos los sitios en que los espolones que forman las rocas le hacen formar una curva violenta, se encuentran charcos, en los que con seguridad se albergan caimanes: pero al ensancharse el valle, el Tiati se divide en una porcion de caletas ó falsas corrientes, y el suelo pantanoso está cubierto por una hierba bastante apretada, que se eleva algunos piés.
El dia 14 de Enero, á las once de la mañana, encontramos la trocha que el año anterior comenzáramos, la cual tuvimos que abandonar á lo mejor por la proximidad de la estacion de las lluvias, y que ahora está completamente destrozada, pues muchas piedras rodadas que han arrastrado las corrientes obstruyen el paso, y han crecido muchas ramas de las que echáramos abajo y á las que se han vuelto á adherir las lianas, cerrando con sus laberínticas redes el camino que tantos sudores nos costara dejar practicable. La ranchería que en aquel lugar nos sirvió de albergue subsistía aún, y en ella colocamos los útiles é instrumentos, despues de haber arrojado de ella á una familia de mapanas que en ella habían formado sus nidos y que constituyen uno de los más temidos peligros del Darien, por ser las serpientes más venenosas que allí se encuentran. A medida que se avanza se observa con gran facilidad cómo el terreno se eleva más y más hasta el punto que de donde nos encontramos la elevacion del Tiati es de setenta y dos metros.
Inmediatamente, el río deja su aspecto tranquilo y las facilidades que ántes ha venido presentando se truecan en obstáculos que hacen temer el mal éxito para todo lo que se intente: la corriente se hace torrencial, cortada en su extension por rápidos frecuentes y violentos, encajada entre orillas de desnudas é irregulares rocas, cuyos salientes son amenazas constantes para nuestras piraguas y nuestros útiles.
Al mismo tiempo que el aumento de trabajo y de fatiga que nos imponen la naturaleza del terreno y los rigores del clima, tenemos que lamentar otras penalidades, cuales son las que nos irroga el mal estado de nuestro personal, más de lamentar entónces, que todos hacían suma falta. José está enfermo; Félix tiembla á causa del intenso frío que la fiebre le hace experimentar; Nicolas se queja continuamente y no deja de ponderar lo mucho que sufro; y como si todo esto no fuera bastante, para que siempre tuviéramos que ir añadiendo desgracia á desgracia, Pedro García ha roto un frasco de ácido fénico al cargar el botiquin, cayéndole el cáustico líquido en las piernas y por la espalda, con lo que se le han formado unas llagas que le hacen experimentar atroces sufrimientos; la menor rozadura, el menor golpe, le causa dolores vivísimos, y cada vez tememos más que sean funestas las consecuencias de este accidente. En cuanto á Manuel, que, como se recordará salió mal de Yaviza, y que á pesar de nuestras observaciones para que desistiera de su propósito se obstinó en acompañarnos, cada vez se encuentra peor. Mercedito y Pedro Soler marcharon acompañando á M. Wyse, que aún no ha tenido tiempo de enviarnos nuevo personal que pueda suplir al enfermo y ayudarnos, en tanto se reponen, á la continuacion de nuestras operaciones. Resumiendo, podemos decir que sólo nos restan seis hombres útiles, los cuales tienen que dividirse la carga y el trabajo de catorce, con lo que fácil es comprender que nuestras etapas no pueden en modo alguno ser muy largas, y que, de continuar así, pasará el tiempo sin haber adelantado lo que era de esperar.
Todos los que nos hallábamos interesados en esta empresa lamentábamos esto, mucho más cuando sabíamos que el mundo científico tenía fijas allí sus miradas y aguardaba con verdadera impaciencia el resultado de nuestros cálculos, sobre los que se aventuraban juicios formados en vista de operaciones anteriores; así es que poníamos de nuestra parte cuanto era posible; mas todo ello se estrellaba contra las casi insuperables dificultades que nos cerraban el paso.
