INTRODUCCION

Con la publicación de esta obra —y con la de algunas otras que se encuentran en preparación— el Banco de la República desea asociar su nombre al de las entidades, oficiales y privadas, que en Colombia se aprestan a conmemorar el sesquicentenario de la independencia.

La evocación de los sucesos ocurridos en Santa Fe nunca deja de suscitar, en todo ánimo patriota, el más elevado sentimiento de admiración y gratitud hacia los recios varones que, arrostrando todos los peligros, y con sólo el ideal de independencia, pugnaron por el imperio en estos dominios de un régimen político autónomo, capaz de garantizar al pueblo el ejercicio de su soberanía y al ciudadano el pleno goce y disfrute de sus derechos.

La magna empresa, forjadora de la nacionalidad, se vio desde el primer momento asistida y noblemente impulsada por ideólogos de la categoría de Camilo Torres, cuyo Memorial de Agravios, aún si se repasa hoy a la luz de las modernas concepciones de la filosofía del Estado y de los más avanzados criterios en materia social y económica, sorprende por la precisión o claridad de los conceptos, por la alteza de miras y por el juicioso y objetivo enfoque de los complejos e innumerables problemas que afectaban al país en todos los órdenes. Es una pieza de sólido contenido y sin guiar eficacia dialéctica, en la que vinieron a resumirse, y a manifestarse en expresiva forma, las angustias, vejaciones y esperanzas que en secular proceso de sedimentación templaron para la heroicidad el alma del pueblo. Pese a los reconocidos esfuerzos con que la metrópoli, mediante sana y con frecuencia sabia legislación, buscaba preservar de todo daño moral o físico a los habitantes de estos reinos, la mano del conquistador y del encomendero, y aún la de las propias autoridades, cayó no pocas veces sobre los colonos y nativos con injusto rigor. De ahí que los acontecimientos del 20 de julio, significativos como exteriorización de un estado latente de rebeldía, cobran excepcional trascendencia. y fuerza moral cuando se advierte que no obedecieron a la determinación inmediata de nadie, sino que su origen se localiza atrás en el tiempo y que sus causas fueron fraguándose con insospechada regularidad a todo lo largo de la dominación española.

Acaso sea excesivo hacer arrancar los infortunios de esas gentes, desde los mismos umbrales de la Colonia. La intención que se tuvo al iniciar esta serie con el escrito del Bachiller Luis Sánchez al Presidente Espinosa no fue, ciertamente, la de ubicar en él los antecedentes remotos del 20 de julio, sino la de mostrar cómo, en este y en los restantes documentos, campea un decidido e idéntico ánimo de predominio.

Las piezas se acogen en su texto completo, sin comentarios ni aclaraciones, no obstante saber que respecto de varias de ellas la crítica histórica ha fijado ya con precisión su sentido cabal y su alcance verdadero. Al reunirlas en volumen, el Banco de la República solo aspira a ofrecer a los colombianos, en oportunidad de la conmemoración que se avecina, un criterio des carnado acerca de lo que en diversos períodos de su existencia constituyó la vida de estos reinos y de sus habitantes.

Bien hubiera podido hacerse una selección más amplia de documentos; pero la necesidad de contraer el ámbito de la obra a los puntos tenidos como fundamentales en el proceso histórico del 20 de julio —y que aquí se revelan en toda su fuerza—, limitó obviamente el empeño.

Identificado con el país en su admiración y gratitud a los próceres, el Banco de la República renueva en esta ocasión sus sentimientos de inquebrantable esperanza en los destinos de la Patria.

IGNASIO COPETE LIZARRALDE


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