La tierra en la América Equinoccial
Víctor Manuel Patiño
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Nombres indígenas

No obstante la adopción de nombres hispanos para muchas localidades, quedan varios millares de nombres indígenas, conservados especialmente en las actas de visitas de la época colonial, para el efecto de la imposición de tributos.

Que los nombres indígenas no sirvan solamente para identificar hoteles (Nutibara, Pipatón, Tamanaco), sino para recuperarlos en lugares y regiones. Un autor argentino, hablando de las estaciones del ferrocarril indefensas ante el cambio de nombres en su país, arguye: “Por evocar los hombres, de hoy o de ayer, que sirvieron a la patria, desdeñamos la tierra que es la patria misma. Olvidamos al indio, a quien arrebatamos su suelo, civilizándolo a la fuerza. Ese indígena, el primero que en humanos sonidos moduló el nombre de nuestros ríos, nuestras selvas, nuestros cerros, nuestra flora, nuestra fauna” (Coni, 1941, 73-75).

Un país favorecido con la pervivencia de nombres indígenas es Venezuela. Un historiógrafo nativo de allí es convincente sobre el particular: “Parece a primera vista que poca trascendencia han de tener los nombres territoriales en la vida de los pueblos, pero si reflexionamos un poco sobre los serios inconvenientes que ofrece a la larga el mudarlos con la frecuencia que se hace entre nosotros, hallaremos que efectivamente de su estabilidad y fijeza deriva mucho bien la geografía y la historia general del país, pues no se escribe ésta para que quede como propiedad nacional, encerrada dentro de las fronteras de la República ni para ser leída por una sola generación; no, la historia es la pregonera de la verdad y habla con el mundo entero” (Febres Cordero, 1931,II, 283-284). Y trae de su país 111 nombres empezados por cha, che, chi, cho, chu, y 253 que empiezan o terminan con la partícula gua (ibíd., 1930, I, 44-45), fuera de varios más de Colombia, Ecuador, Bolivia y otros países americanos.

He aquí otros nombres españoles o incorporados a ese idioma que llevan ciudades o pueblos de Colombia:  

Alcalá Castilla  Medellín  Sopetrán
Algeciras Concordia    Mérida   Tenerife
Almaguer Copacabana   Miranda   Teruel
Alpujarra Córdoba Monserrate   Toledo
Andalucía  Florida  Ocaña  Toro
Aranzazu 1 Galicia    Onzaga  Ulloa
Arjona Granada  Pamplona   Unión
Balboa   Guadalupe Roncesvalles Valdivia
Berruecos Leiva   Sahagún  Vélez
Cáceres   Lérida Santafé   Vergara
Candelaria  Linares     Santander  Victoria
Carmen Madrid   Segovia  Zaragoza
Cartagena Málaga  Sevilla  

En países vecinos de Colombia son conocidos varios nombres españoles: Archidona, Baeza, Logroño, Loja, Zamora (Ecuador); Barcelona, Maturín, Mérida —Tatuy era su nombre timote: Jahn, 1927, 327—, Trujillo, Valencia, Zamora (Venezuela); Cañete, Jaén (Perú).

Nombres portugueses como Belem, Egas, Obidos y Santarem, reemplazaron a vocablos indígenas amazónicos.

Recuperación de los nombres indígenas

Al cumplirse los primeros 500 años de la presencia europea en América, habría que hacer un balance de los aportes hechos a la humanidad con el encuentro de culturas; aceptar de parte y parte lo que se considere positivo, pero en el caso del Nuevo Continente, recuperar algunos rasgos de la herencia indígena que pese a tantas presiones se resiste a desaparecer. Entre ellos figuran los topónimos, algunos de los cuales fueron sustituidos con vocablos foráneos, con poco respeto por la herencia cultural de las gentes que habían ya creado un ecúmene. La mayoría de ellos son entre otras cosas más eufónicos que los sustitutos. En algunos casos la reutilización no será posible, por no haberse conservado en los anales históricos las denominaciones autóctonas, o por haberse perdido con los pueblos en época muy temprana.

Es pertinente y deseable que se discuta la posibilidad de restituir a regiones, departamentos, áreas, poblaciones y lugares, los nombres prístinos, hasta donde sea posible. Es verdad que algunas localidades han sido conformadas en el período republicano, en virtud del proceso de colonización en grande escala que se verificó durante la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del XX, en áreas sin habitantes nativos que hubieran podido aportar topónimos locales. Se impusieron entonces en Colombia nombres exóticos como Armenia, Berlín, Cartago, Circasia, Corinto, Génova, Jericó, Palermo, Támesis, Tarso, Tesalia, Venecia y muchos más. Varias localidades tienen nombres de próceres de la independencia o de benefactores o fundadores.

Así mismo, se ha hecho en Venezuela una lista de 24 localidades correspondientes a ciudades o accidentes geográficos españoles (Febres Cordero, 1930, I, 31-32).

Pero un criterio sano sería hacer una categorización de denominaciones, prefiriendo en primer término las indígenas conocidas y conservadas en anales, y luego las del período nacional. Las grandes divisiones como los departamentos, regiones o provincias podrían conservar sus nombres indígenas si los hay,como Antioquia, Boyacá, Casanare, Cesar, Cundinamarca, Guajira, Huila, Meta, Tolima, Urabá, etc., o los nacionales como Bolívar, Caldas, Córdoba, Nariño, Sucre, Santander (que debería ser lógicamente el actual Norte de Santander, pues fue allí donde nació el prócer, y cambiar por nombres como los de Galán, García Rovira, Guane, Guanentá, Agatá u otros a Santander del Sur).

Los nombres en lo posible deberían ser de una sola palabra y mientras más breves mejor, eliminando muchos repetitivos, especialmente de santos católicos.

 

 

Capítulo VI

LA TIERRA COMO SOPORTE

 

Se ha visto en los capítulos anteriores cómo está conformada la Tierra, incluyendo en ella el aire y el agua. Esta, desde el punto de vista del uso, se estudiará en el libro octavo. Pero el hombre es preferentemente un animal terrestre. En efecto, se puede navegar en el mar y en los ríos, pero nunca en forma indefinida: en algún momento se impone la necesidad de atracar en un puerto, de pisar tierra. El hombre ha logrado en el siglo XX volar en aparatos más pesados que el aire; pero todos cuantos lo hacen, experimentan al regresar a tierra una sensación de seguridad. El hombre es Anteo, y el contacto con la tierra le da confianza y satisfacción.

La Tierra es también el apoyo o sostén de todo lo que tiene que ver con la vida humana.

Yacimientos minerales

Alberga todos los minerales que el hombre ha sabido aprovechar a través de su evolución. Los historiadores y antropólogos dividen las etapas vividas por él en edades de la piedra tallada, la piedra pulida y de los metales, bronce, cobre, hierro. O sea, que se asocia la evolución de la vida humana con el descubrimiento y uso de esos recursos minerales. Lo mismo puede decirse de otros como la roca, el barro, la cal, la arena, materiales de construcción. Las gemas y objetos preciosos para el adorno corporal y ofrenda a sus dioses los alberga la tierra. Ella es el venero de donde se saca el mármol para reproducirlas carnes de las diosas; de la humilde piedra que rueda arrastrada por los ríos y de las que sirven para el hogar con que el hombre se calienta y prepara sus alimentos.

La tierra alberga las aguas líquidas que circulan por grutas, geodas y anfractuosidades en su seno, así como las que circulan o se depositan en su superficie, y soporta los heleros y nevados providentes en las grandes alturas. También alberga y circunscribe los mares, aunque éstos sean en superficie varias veces más grandes que ella, porque no hay mar sin orillas.

 

Las plantas

Desde el alga que se prende a la roca y la corroe, hasta la orquídea que se apoya en las ramas “en la región más transparente del aire”,toda la vida vegetal está irrevocablemente ligada a la tierra. El vilano que gira en el aire acaba por caer a la superficie. Las epifitas en último término pueden vivir porque el árbol en que se apoyan tiene los pies en el suelo. Desde la humilde yerba o la amatojada caulurrósula paramera, hasta las gigantescas sequoias y los enhiestos eucaliptos, todos se apoyan en el suelo. Este manto vegetal está posado sobre la tierra como en un hombro descomunal.

 

Vida animal

Así mismo, hasta las aves y los insectos dependen de la tierra, porque ni unos ni otros pueden volar indefinidamente. Por fuerza tienen que posarse en algún momento en la superficie terrestre, en algún árbol, en alguna yerba o en la tierra desnuda como la de los desiertos, o en el agua a la que la tierra le sirve de continente. Esto, para no hablar de los animales cuyo contacto con la superficie terrestre es obligado, desde la lombriz y la chisa, hasta el elefante y la jirafa, pasando por la perdiz y el lagarto.

La tierra es el soporte por excelencia de los animales, incluyendo el hombre.

 

Vida humana

Desde el troglodita primitivo hasta el que vive en el rasca cielo contemporáneo, el hombre ha erigido su morada sobre la superficie del suelo. Aun los que han vivido en palafitos o en árboles, se apoyaron en la tierra. Ni siquiera las pocas comunidades que pasan la mayor parte del tiempo en embarcaciones (Iquitos, Belem do Pará, Hong Kong, etc.), pueden prescindir de subir a tierra en procura de parte de sus alimentos.

Y las grandes migraciones históricas se han hecho recorriendo países o continentes palmo a palmo. Así ocurrió (por lo menos mientras no haya nuevas comprobaciones arqueológicas) con los cazadores errantes que a lo largo de siglos deambularon desde Alaska hasta la Patagonia y más allá. Así las de los hunos y los vándalos que hicieron retumbar con los cascos de sus caballos la superficie terrestre, repitiendo lo que había ocurrido antes en la época clásica:

Quadrupedante putrem sonitu quatit 
Ungula campum...
1
O como lo dijo García Lorca:
“El jinete se acercaba tocando el tambor del llano”

  

Y los caminos, esos hilos serpenteantes para ir de un punto a otro, surcan en todas direcciones la piel de la tierra, como tatuajes de una novia bárbara. La tierra es el sustrato.

 

INDICE       

LIBRO SEGUNDO

 

1 En España esdrújulo.  (regresar1)

1. Cito de memoria.  (regresar1)


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