La tierra en la América Equinoccial
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservados de Autor


PARTE SEGUNDA 

LA TIERRA COMO OBJETO DE POSESIÓN 

     

LIBRO TERCERO   

PROPIEDAD, TENENCIA Y USO  

EN LA EPOCA PREHISPÁNICA

 

CAPITULO XII

LA SITUACIÓN DE LA TIERRA

EN LA EPOCA PREHISPÁNICA

 

 

Producción comunitaria

Característica de las tribus americanas en su gran mayoría, consistía en el uso comunitario del suelo y de los productos en él obtenidos. Así ocurría con los guajiros en el siglo XVII (Dampier, 1927, 39), y entre varias tribus venezolanas (Brito Figueroa, 1966,I, 38; , 1973, I, 38-39; Jiménez G., 1986, 65-66). En los resguardos de la Cordillera Central de Colombia esto fue también el esquema permanente, hasta nuestros días (Friede, 1944, 26-28).

Aunque los documentos poco elaboren sobre esto, se puede pensar que habría dos tipos de producción comunitaria: uno en el cual las operaciones se hacían en forma colectiva en un globo de terreno determinado, y los productores recibían una parte de la cosecha, quizá por algún jefe repartidor nombrado al efecto; y otro en el cual cada individuo cultivaba la parcela que le había sido asignada dentro de las tierras comunales y cosechaba individualmente los frutos obtenidos en ella. Este último caso parece haber sido el más frecuente. Todavía existió la modalidad incaica que se explicará adelante.

Propiedad individual y modalidades 

En algunos casos pareció existir propiedad individual, si no de las tierras, por lo menos de los productos. Conocida es la costumbre de muchas tribus ecuatoriales que se abstienen de disponer de cosechas o frutales dejados por personas difuntas, lo mismo que la vivienda, la cual se solía abandonar (Patiño, 1990, II, 50-51). En estos casos parece haber operado el temor de las represalias que de los abusadores pudiera tomar el muerto, pues se pensaba que su espíritu sobrevivía y podía castigar la profanación.

De allí que no existiera la herencia propiamente dicha, porque nadie disponía de los bienes del difunto, quizá con excepción de algunas prendas (canoas, armas) (Hernández Rodríguez, 1975, 66-68).

Se ha hablado de una especie de propiedad individual, como en el caso de los Caribes que sembraban hayo o coca bajo riego en el oriente de Venezuela, y delimitaban las parcelas con una cuerda tendida a la altura de la cintura, “y tienen por sacrilegio el que alguno pise la posesión de su vecino” (Anglería, 1944, 598; Gómara: Vedia, 1946,I,206); pero también en este caso como en el anterior, el carácter mágico de la coca sería lo de respetar, y no propiamente la posesión del suelo. Las mujeres de los Llanos orientales así mismo, cultivaban sus propias parcelas y las cercaban con estacas y varias señales para distinguirlas de las pertenecientes a otras mujeres del mismo varón, dentro de la costumbre de la poliginia (Rivero, 1956, 111). Los otavaleños marcaban con piedras los linderos (Larraín Barros, —1980—, 83); pero no se sabe si esa costumbre era prehispánica.

La posesión de árboles frutales o productos agrícolas relictos de parcelas en barbecho, es respetada en muchas comunidades indígenas. Los Cunas piden permiso al dueño de frutales o esculentas para coger parte del producto, dentro de una gradación condicionada por la especie vegetal, pues unas se pueden tomar sin autorización del propietario, mientras que para disfrutar otras se necesita permiso expreso [Scherzer, 1971 (1972), 501-502].

Se intentará —pese a las referencias deficientes— estudiar la posesión de la tierra, por lo menos en las etnias que tuvieron sistema de gobierno definidamente jerárquico en esta parte de América.

 

Muiscas  

En un diccionario Chibcha de quizás mediados del siglo XVII figuran las siguientes palabras: “Tierra elemento, Hicha -Tierra poluo, Fusque - Tierra suelo,Iegui - Tierra, patria, región,Quyca” y suelo es Hischa /o/ iegui (González de Pérez, 1987, 326, 321).

Al ocque, jeque o sacerdote, “su sementera y labranza se la hacían de comunidad”. Sólo heredaban las haciendas los sobrinos de los caciques, porque el cacicazgo era por línea fraternal hembra. Fueron siempre grandes labradores y defendían de los enemigos sus parcelas a punta de lanza. Tenían sus bosques y pesquerías (Simón, 1981-1982, III, 384, 389; 401; 406).

 

América ecuatorial  

En el Ecuador interandino una relación de Quito de 1573 da a entender que hubo propiedad individual: “Las tierras entre los naturales están conoscidas cúyas son y suceden en ellas sus herederos; y el principio que tuvieron para apreender propiedad y posesión, fue señalarlas el cacique y descir: ‘estas tierras sean de fulano’; y otras veces entrarse el que quería en ellas y rompellas y cultivallas, como en estas partes —España— se ha hecho en tierras llecas’; y averiguado esta posesión y que otro no las había antes rompido y cultivado, son amparados en ellas y las pueden vender i enajenar” (Espada, 1965, II, 228). Los pleitos sobre la posesión de tierras eran comunes ya en la época colonial y se resolvían sumariamente (ibíd., 229). 

 

Perú  

En el idioma incaico se distinguía entre la tierra física y palpable, jallpa, y la tierra como planeta o mundo animado, pacha (Guardia Mayorga, 1980, 104-105).

Varios autores sobre cosas peruanas dicen que las tierras eran de los indios y de los pueblos, o sea de la comunidad, y que no hubo propiedad individual (Acosta, 1954, 195; Ondegardo, 1916, I,56-60; 69-71; Santillán, 1968, 117-118). Lo que variaba era la destinación de los productos que se obtenían mediante el trabajo colectivo. Dichos autores no especifican si ese esquema correspondía a la época incaica o a la preincaica, aunque lo primero es lo más probable.

Porque lo que hallaron los españoles fue que, aunque los Incas respetaban muchas costumbres locales de pueblos sometidos, impusieron por lo alto las suyas, que consistían en dividir las tierras laborales en tres grandes categorías: las del sol, las del Inca y las de la comunidad. El área de cada una no era fija, sino que variaba con las localidades, teniendo en mira que la población quedara bien abastecida, de acuerdo con su número. El laboreo era comunitario. La tierra era propiedad del Inca como señor de señores; pero a veces éste asignaba parcelas particulares a algunos de sus subalternos, por servicios distinguidos; el que las recibía no las podía enajenar (Cobo, 1956,II,120-122). En cuanto a los montes y reservas de animales silvestres, eran realengos; pero la gente los usufructuaba mediante permiso del soberano y de acuerdo con una reglamentación que tendía a la conservación de los recursos (ibíd., 123).

 

Otros  

De los timoto-cuicas de Trujillo en Venezuela se dijo en 1579: “Cada uno hace su casa sobre su labranza, en donde encuentra la tierra apropiada y para vigilarla, porque son grandes ladrones y se hurtan las comidas” (Arellano Moreno,1964, 165).

Entre los embera del Chocó no hay derecho de propiedad, sino de uso de la tierra (Isaacson: Friedemann, 1976, 36).

Los Guahibos actuales, que han sido seminómadas, reclaman la tierra al través del uso (Morey: Friedemann, 1976, 50).

 

 

CAPITULO XIII

USOS DE LA TIERRA POR LOS INDÍGENAS

 

 

Agricultura  

Un factor que se debe tener en cuenta es que en gran parte de la América intertropical predominó el sistema agrícola de tumba y quema, según el cual un lote de terreno sólo era usado durante dos, tres o pocas más cosechas, no sólo por el agotamiento de los suelos, sino por el creciente predominio de las malezas, cuya erradicación y control eran penosos con los recursos tecnológicos disponibles, macanas y coas de madera. En tales condiciones, se imponía cambiar de lote, dejando el primitivo quieto por varios años para permitir que se reconstruyeran y la vegetación secundaria, hasta un estado favorable a la reiniciación del proceso (Patiño, 1965-1966, 60-69). Mientras más lotes disponibles hubiera para un individuo, mejores eran los rendimientos, porque el suelo solo se ocuparía una, dos o cuando más tres cosechas, antes de dejarlo en barbecho.

En el sistema de tapado sólo se suele extraer una cosecha, de manera que exige también disponer de lotes alternativos.

Este cambio de terrenos igualmente debió ocurrir en otro sistema agrícola, llamado siembra en montones, en que se removía el suelo para sembrar tubérculos; estuvo confinado a la porción oriental de Suramérica y a las Antillas (ibíd., 1965-1966, 69-74). En la costa central de Venezuela (lago de Valencia) esta cultura está fechada en 700-800 d. C. (Sanoja y Vargas, 1974, 58). Así mismo, se conoció en la parte occidental de la cuenca del lago Maracaibo (ibíd., 61).

 

Cotos  

Los pueblos americanos (excepto en los Andes australes) no dispusieron de animales domésticos, de manera que para aprovisionarse de carne dependieron de la caza. La comunidad debía tener a su disposición un territorio dónde realizar esa actividad, y aun se conocieron casos en que algunos caciques, ya más avanzada la organización política, reivindicaban verdaderos cotos o territorios reservados para su uso (Patiño, 1992, V, 75).

 

Areas de pesquerías  

Igual cosas puede decirse de la pesca. Al parecer se respetaban las áreas en que un determinado grupo solía ejercer esa actividad, y se presentaban disputas y hostilidades cuando tales reservas eran invadidas por extraños (Patiño, 1990,I, 134-135).

 

Cría de auquénidos  

El único caso en el área del presente estudio en que la tierra se usó por pueblos prehispánicos para fines pecuarios, en gran escala, fue el de la cría y pastoreo de llamas en el altiplano andino en el hemisferio sur, y en época más reciente hasta uno o dos grados al norte de la línea equinoccial, en el período de unos 50 años efectivos de la ocupación incaica antes de la llegada de los españoles, aunque algunos autores sostienen que aquí fue más antigua.

En otra oportunidad se ha dicho algo de las llamas y su cría (Patiño, 1965-1966, 189-200). Aquí sólo se llamará la atención sobre el hecho de que a fuer de animal herbívoro —quizá coevolutivo con los pastos altoandinos nada tiernos, especialmente el ichu (Stipa icchu)—, los grandes rebaños de este animal que hallaron y despilfarraron los españoles, fueron un elemento efectivo de ocupar el espacio, a alturas que no fácilmente se prestan para otros usos.

No hay constancia en los anales de que los rebaños de llamas fueran incompatibles con los cultivos altoandinos de tubérculos y raíces como las papas amargas, el ulluco, la oca y otros, ni de granos como la quinoa y la cañahua. La sempiterna presencia de los pastores de llamas con los rebaños, impediría el acceso de los animales a las parcelas.

He aquí otros aspectos del impacto del hombre prehispánico sobre la tierra y los recursos naturales:

 

A. Uso del fuego para cazar  

Al parecer no hubo tribu exclusivamente agrícola, sino que cual más, cual menos, todas dependían de la caza para el suministro de proteína animal. Inclusive los pueblos alto andinos del sur, con rebaños de llamas domésticas, pues allá de tiempo en tiempo se hacían los chacos o cazas colectivas, que daban ocasión al consumo en grande de carne, ya que en general el pueblo bajo tenía interdicción de consumir llamas domésticas, así como los soberanos Chibchas no permitían a todos ni en todo tiempo el consumo de venados. Lo mismo puede decirse de la pesca.

Aunque al parecer ambas actividades no traumatizaron el ambiente, especialmente en la parte vegetal, no por eso pueden considerarse inocuas de modo absoluto. Porque uno de los procedimientos de caza consistía en prender fuego a pajonales y rastrojos, para acorralar los animales en sectores de terreno propicios para la hecatombe, con evidente daño no sólo en la vida vegetal, sino en la animal que no era objeto de persecución en el momento, pero que de todos modos perecía chamuscada (insectos, gusanos, polluelos, huevos de aves y reptiles). Así en el istmo de Panamá y en los Llanos orientales, para citar sólo los casos más conocidos. 

Continuar  

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