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LIBRO QUINTO
USO DE LA TIERRA EN LA EPOCA COLONIAL
CAPITULO
XXI
FACTORES CONDICIONANTES
DEL USO
1.Calidad del suelo y localización geográfica
Ya se vio que en el repartimiento de tierras a españoles
se cuidaba o por lo menos se recomendaba que la donación comprendiera tierras buenas,
medianas y menos buenas, dentro de un pie de igualdad, para que nadie se sintiera
agraviado.
La ocupación de la tierra estaba, pues, en función de su
calidad. No hay datos sobre el criterio que los españoles de las primeras décadas
pudieran tener sobre la fertilidad de un suelo determinado en América, teniendo en cuenta
los parámetros peninsulares tan diferentes (Villar, 1937). En esto los maestros debieron
ser en primer lugar los indios conocedores de su medio, y después los baquianos que por
su experiencia adquirida mediante prueba y error, desarrollaban los conocimientos básicos
necesarios para hacer una buena elección.
Se suele creer sin mucho análisis que los mejores suelos
se dedicaran a cultivos y los no tales a la ganadería en sus distintas modalidades. Pero
si se considera que era más fácil transportar desde el otro lado del océano semillas
que animales, los pocos de estos últimos que se consiguieron en un principio, debieron
ser objeto de cuidados especiales para lograr su supervivencia y reproducción. Hay que
tener en cuenta también la tradición pastoril española que predominaba sobre la
actividad agraria.
Otra circunstancia que debe ponderarse es que por lo
general la cabida de los terrenos inicialmente adjudicados (véase el acápite de medidas
agrarias), permitía hacer una rotación y reservar áreas de monte y rastrojo como fuente
de leña y de caza.
La vocación de las tierras
se iría conociendo poco a poco, y así se procedería en consecuencia. Se han conservado
escasos datos sobre el proceso de adaptación de las cosas introducidas, animales y
plantas; pero sí se sabe que hubo interés oficial por saber los resultados, porque en
ellos estaban cifradas muchas esperanzas.
En lo que respecta a la
localización de los predios, desde luego se preferirían los más cercanos a las
concentraciones urbanas, a los puertos y a las fortalezas en las zonas de frontera.
Varios de los ingenios de azúcar que se establecieron en
las Antillas estaban a orillas de ríos (Nigua, Nizao, Yaman, Haina, Itabo, Ocoa,
Cepicepi, Bía, Sanate, Quiabón, en la isla de Santo Domingo).
Pero como estas condiciones no eran ilimitadas, muchos
estancieros debieron localizarse en regiones interioranas o más alejadas, y llevar una
vida en cierto modo aislada, aunque a pesar de la obligación de residir en el predio, el
fenómeno del ausentismo hizo su aparición muy temprano.
2.
Vías
Los caminos terrestres fueron uniformemente deficientes
durante toda la dominación española. El temor a incursiones de piratas y al contrabando
condicionó la política peninsular en este particular. Se prefería tener dificultades de
movilización de personas y productos, que abrir la puerta a acometidas de extraños. Esto
se ha estudiado en otra obra (Patiño, 1991, III, 62-65).
La consecuencia es que la movilización de productos se
convirtió en un factor limitante, por lo menos para aquellos que a diferencia de
los animales que se pueden desplazar por sus propios pies eran abultados o
incómodos.
3.
Transportes
Las malas vías condicionan los transportes
deficientes. Es verdad que en pocas décadas los animales introducidos se multiplicaron en
forma admirable, hasta el punto de volverse cimarrones. Esto no quiere decir que se
facilitara el transporte de productos a base de fuerza animal. Por una perversión
funcional, el español prefirió el carguero humano, indio o negro, al acarreo de géneros
en animales de carga o en carretas.
4.
Fuerza
laboral
En todas partes el indio fue el primero y principal
elemento de trabajo. Las diversas formas en que se aprovechó y dilapidó se han estudiado
en otra oportunidad (Patiño, 1993, VIII, 87-146). Luego vino el negro, en algunas partes
como en las Antillas desde principios del siglo XVI, y en las regiones mineras como la
cuenca del Cauca hacia mediados del mismo.
La mayor o menor facilidad para obtener mano de obra fue
factor importante en la intensidad del uso del suelo y del subsuelo, ya se tratara de la
extracción de recursos espontáneos, ya de empresas agropecuarias e industriales, ya de
la construcción de viviendas, ya de obras públicas como caminos, puentes, servicios
urbanos; ya de explotaciones mineras, etc., todos elementos de infraestructura que
repercuten para bien o para mal en el uso del suelo.
5.
Herramientas,
equipo e intendencia
La intensidad y la eficacia con que la tierra haya
sido utilizada estuvieron supeditadas a elementos propios de la cultura española, como el
equipo de trabajo a base de hierro, elemento no conocido ni utilizado por los pueblos
americanos. Este es el rasgo distintivo con los animales domésticos de la
cultura euroasiática que se trajo al Nuevo Mundo, y que mejoró enormemente el
rendimiento del trabajo. Baste recordar porque ya se ha tratado de esto en otra
Oportunidad (Patiño, 1965-1966, 225-279) el ansia con que las tribus indígenas
querían adquirir cuchillos, machetes y hachas principalmente, porque estos útiles les
permitían ejecutar más eficientemente sus tareas. No se diga de las herramientas
utilizadas en minería, como barras, porras, martillos, almocafres y otras.
Esto es lo que se debía esperar. Pero lo que
ocurrió es que en toda América las herramientas se convirtieron en artículos de lujo,
caras e inalcanzables, por el poco interés de la metrópoli en enviarlas en cantidades
suficientes, debido a la preferencia por otras cosas, pues ni siquiera para extraer
metales preciosos hubo siempre lo necesario en el momento oportuno.
6.
Capital
Los primeros capitales en América fueron obtenidos de los
indígenas, bajo la forma de las joyas de oro que lucían en sus cuernos y que les fueron
arrebatadas; de perlas que los indios extraían del fondo del mar; de maderas de tinte o
preciosas que también ellos eran los encargados de sacar, y de las mismas personas de los
nativos, que fueron aprehendidas para venderlas como esclavos.
Cuando se generalizó el trabajo indígena bajo la forma de
servicio personal y la encomienda, ambos sirvieron a los españoles para crear riqueza.
No se puede menos que sonreír al leer las relaciones de
méritos y servicios de los conquistadores y pobladores, cuando dicen que gastaron en sus
expediciones tantos miles de pesos de oro, si se sabe que los más llegaron a América con
una mano adelante y otra atrás. Eso que dan por bien habido había sido arrebatado a los
indios.
En cuanto a otros aspectos del capital, se han estudiado
aparte (Patiño, 1993, VI, 93-96).
La escasez de moneda en las colonias americanas llegó en
ciertos períodos a niveles críticos. Sino había la suficiente para las magras
transacciones que demandaba un sistema de vida tan modesto como era el de esas sociedades,
mucho menos para emprender actividades que exigían fuertes inversiones.
7.
Consumo
La escasa densidad de los pueblos hispanoamericanos en sus
principios hizo que el consumo de géneros agropecuarios fuera muy limitado. Casi todos
los estancieros eran autárcicos en los suministros de los alimentos básicos, maíz,
cazabe, carne. El comercio debió ser poco activo, excepto cuando venían barcos o cuando
se equipaban expediciones. Por consiguiente, la producción debía mantenerse en un plano
modesto, porque las oportunidades de disponer de sobrantes no abundaban.
En cuanto a productos de caza y pesca, los indios desde el
principio quedaron encargados de atender estas actividades, para abastecer las necesidades
de la población.
8.
Competencia
Hubo la tendencia a concentrar la actividad productora en
ciertos géneros de amplia demanda, como el cazabe, el maíz, el azúcar en climas
calientes, y el trigo y la cebada en los fríos, y en ambos la carne seca o tasajo.
Durante varias décadas en las Antillas Mayores hubo una producción importante de
jengibre y de cañafístola. El algodón tuvo categoría destacada para la confección de
prendas de vestir y como signo monetario, sobre todo en regiones donde no había minas,
como Jamaica y Venezuela.
Hay que categorizar, porque los productos que se enviaban a
Europa como el azúcar, los cueros, y extractivos como los palos de tinte y los
medicinales (guayaco), serían objeto de atención preferente.
9.
Exportación
Pasaron varias décadas en que la presencia española en
las Indias se concentró en el área circuncaribe, de clima tropical y con producciones
semejantes y por ende competitivas. La única diferencia fue cronológica, pues las islas,
La Española, Cuba, Jamaica, Puerto Rico, las primeras ocupadas y explotadas, se
convirtieron en exportadoras hacia el continente. Andando el tiempo, las producciones se
nivelaron. Cuando se verificó la penetración hacia el interior, primero a los valles
altos de Méjico y Guatemala y después a las montañas y mesetas andinas, el intercambio
se enriqueció con productos como la harina de trigo, que nunca se pudo producir en la
costa, y ciertos granos y menestras, así como la lana de ovejas.
10.
Productos
perecederos y transformación
Si se tienen en cuenta los factores limitantes que se han
enumerado, se concluirá que no estaban dadas las condiciones para la producción en
grande y la distribución de géneros perecederos si ésa es apenas una conquista del
presente siglo con el empleo de la refrigeración y los transportes rápidos. Debido a la
lentitud de la navegación, por ejemplo, piñas no podían exportarse sino en las matas
vivas sembradas en barriles. La leche era para uso local, y cuando se trataba de envío a
sitios distantes, tenía que ser indefectiblemente bajo la forma de queso. Carne y pescado
frescos eran cosa del día, pues para enviar fuera tenían que ser salados y secados
durante varias semanas.
El trigo podía transportarse en grano; pero como no
existían molinos fuera de las áreas de producción, por fuerza había que reducirlo a
harina, también perecedera; pero mejor elaborado bajo la forma de bizcocho.
Los españoles no innovaron en
lo relativo al cazabe de yuca, cuya confección enseñaron los indios, porque el
tubérculo fresco sólo se sostiene durante pocos días. Igual cosa ocurrió en el Perú
con el chuño y la moraya de la papa, que se convirtieron en productos de intenso comercio
para abastecer los centros mineros como Potosí y Huancavelica, donde la fuerza laboral
estaba constituida por indígenas, consumidores habituales de esos géneros.
Manejo
Varios españoles, sobre todo en los primeros tiempos
después de la conquista, atendieron personalmente sus propiedades para hacerlas rendir,
pero simultáneamente aparecen el administrador y el mayordomo, reclutados entre los poco
afortunados en el reparto de indios o de tierras.
En Panamá fueron comunes los llamados recogedores de
indios que recibían recompensas de sus patrones, cuando todavía era frecuente la
venta de nativos (Góngora, 1962, 30-33, 38).
En otra ocasión se han presentado las distintas
actividades que ejercieron los españoles y criollos en el manejo de las tierras (Patiño,
1993, VIII, 257-272).
Capítulo
XXII
IMPACTO DEL USO DE LA
TIERRA SOBRE
LOS RECURSOS NATURALES
También en este aspecto deben tenerse en cuenta factores
condicionantes, y sin vacilar el más importante es el ritmo de crecimiento de la
población. El segundo es la orografía y su consecuencia la topografía. El tercero es el
clima. El cuarto, los aportes socioeconómicos. Los tres primeros se estudiarán en este
capitulo; el cuarto, en el capítulo siguiente.
1.
Crecimiento
de la población
El animal humano es el principal elemento de degradación y
disminución de recursos naturales. Esto dimana de la capacidad del hombre para intervenir
intencionalmente en el ambiente, modificando las condiciones naturales en función del
beneficio o utilidad que puede derivar de ello. Por ejemplo, la destrucción de madera
causada por los castores para construir sus diques y refugios, está localizada en un
área geográfica del hemisferio norte, lo que automáticamente restringe el daño que por
aquel motivo se puede causar. El hombre, al contrario, no sólo caza al castor para
utilizar su piel, y por consiguiente, limita la población de este roedor, sino que
habiendo desarrollado la capacidad de habitar en todos los climas del mundo por su
habilidad para dotarse de vestidos y viviendas adecuadas lleva donde vaya la
capacidad de destrucción de madera para los múltiples usos que le ha hallado (material
de construcción, combustible, embarcaciones, muelles, ademes, pulpa de papel, etc.).
También es el hombre el animal que al través de la historia, ha ido aumentando su
población y restringido la de otras especies, por ejemplo las de caza y pesca, en un
grado que causa alarma a los espíritus precavidos.
Ahora bien. En la época
prehispánica la población americana, tanto como puede estimarse por los contradictorios
testimonios de los primeros descubridores y los que se pueden extraer de algunos relictos
arqueológicos, la han cuantificado de modo diverso los autores que han tratado sobre
esto, como se vio en el capítulo IX.
No hay constancia en los anales o tradiciones indígenas,
de que se hubieran presentado procesos depletivos de los recursos naturales, ni de los
abióticos como el agua, ni de los mixtos como el suelo, ni de los bióticos como los
bosques, o animales apreciados para caza y pesca. Se podría aducir que en el caso de los
amerindios el volumen de la población no tuvo tanta influencia en este particular por sí
solo, pues estaba contrapesado por unas prácticas conservacionistas, características de
pueblos que viven en estrecha vinculación con el ambiente. Cuando más en las mesetas
alto andinas, y más al norte que al sur del Ecuador, cerca de las concentraciones urbanas
como Bacatá y Tunja, la leña ya escaseaba.
Esta diferencia en el manejo y preservación de los
recursos se comprueba con la conducta seguida por los españoles, que aunque representaban
una minoría insignificante respecto a la población indígena que sojuzgaron, traían una
mentalidad que había permitido la aniquilación de los bosques del Mediterráneo (Hughes,
1982). Al llegar a América, en pocas décadas después de la conquista, el puñado de
españoles que se estableció en las Antillas Mayores, barrió con todos los animales
nativos que existían. Los que fueron a los Andes ecuatoriales en la sola década
1535-1545 aniquilaron los rebaños de llamas que había en el reino de Quito y
comprometieron seriamente los del Perú, especialmente en el Collao.
La población indígena, también como consecuencia de la
ocupación española, sufrió un dramático bajón durante el siglo XVI y primera mitad
del XVII, cuando el conjunto poblacional empezó a rehabilitarse, merced al proceso de
miscegenación que al fusionar genes de blancos, indios y negros, produjo un tipo humano
más resistente a las enfermedades introducidas, y más adaptado al ambiente, que los
blancos y que los negros puros.
La característica de la civilización española de ser
predominantemente urbana, sembró la América de varios millares de núcleos poblados,
separados entre sí a veces a largas distancias, con lo cual el impacto sobre el
territorio y los recursos se concentró en ciertos enclaves, dejando prácticamente sin
interferencias grandes sectores. Aunque se presentó disminución en la calidad de la
vida, en líneas generales no hubo trastornos protuberantes o acusados de los recursos
naturales durante la dominación española, ni aun durante el primer siglo de vida
republicano, y el crecimiento de la población se mantuvo dentro de límites modestos o
tolerables.
Pero en las primeras décadas del siglo XX nuevos factores,
tanto tecnológicos como culturales, desencadenaron una explosión poblacional, que
continúa a fines del siglo y tiende a agravarse cada vez mas.
Se trata de mejoras en las vías, transportes y
comunicaciones (Patiño, 1991,III), y sobre todo, en el progreso de la medicina y la
salubridad, que ha permitido disminuir el índice de mortalidad humana y en consecuencia
propiciar el aumento de población. Así, los bosques que habían resistido más de 100
siglos el impacto humano sin ser destruidos, han desaparecido en América Latina en menos
de uno. Las aguas, antes puras y abundantes, sobre todo en la zona ecuatorial favorecida
por un régimen adecuado de lluvias, han ido mermando en volumen de tal manera que muchos
pueblos experimentan dificultades para proveerse de ellas en cantidad suficiente. El
ejemplo del racionamiento eléctrico de 1992 en Colombia, mientras esto se escribe, es la
lógica culminación del absurdo despilfarro de recursos naturales. Los suelos están
degradados en gran parte de estos países, por causa del mal manejo y no solamente por
condiciones topográficas, pues los situados en planicies han sufrido también deterioro e
intoxicación, a causa de las prácticas de explotación exagerada que caracterizan a los
grandes cultivos industriales. La naturaleza gasta un siglo para formar una pulgada de
suelo y el hombre la destruye en un par de años (Heckadon Moreno et al., 1985, 56).
2.
Orografía
Sabido es que los países
andinos se caracterizan por un relieve atormentado, que deja pocos sectores planos, y más
bien predomina una red inextricable de pendientes y contrapendientes, sinclinales y
anticlinales, especialmente concentrados en la porción occidental, la más favorable para
la vida humana.
La tendencia del amerindio de vivir en forma desperdigada,
de preferencia en sitios altos y descollantes, desde donde pudiera prevenir y rechazar
ataques de enemigos, aunque en forma limitada, inició el proceso de deforestación y sus
consecuencias inmediatas y remotas. Menos mal que sus caminos eran meros senderos o
trochas que no ocasionaban mayores daños al suelo. Al llegar los españoles, algunos de
estos caminos fueron ensanchados para permitir el tránsito de bestias de carga y
transporte, con el consiguiente aumento de la erosión y los deslizamientos.
Con la construcción de ferrocarriles y carreteras, ya en
el período republicano, se ha incrementado el ritmo de la erosión de los suelos, y
especialmente las últimas sobre todo las que cruzan o flanquean cordones
cordilleranos son su principal causa.
A esto se agrega que por las condiciones de habitabilidad
más favorable para el animal humano de los sitios localizados a alturas mayores de 1.000
metros, alli se ha concentrado la población de los países ecuatoriales, aumentando el
impacto sobre los recursos naturales, por estar situados en esos pisos superiores los
nacimientos de aguas.
Continuar
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