La tierra en la América Equinoccial
Víctor Manuel Patiño
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Los empresarios que adquirían baldíos mediante la compra de bonos nacionales, se valieron de abogados inescrupulosos para despojar a colonos que de buena fe o por ignorancia de los trámites legales, ocupaban tierras. Pero a veces otros tinterillos se daban sus mañas para defenderlos (Le Grand, 1988, 100-101).

También como en el pasado los terratenientes, cuando ya habían adquirido el máximo de tierras permitido por las leyes, se valían de testaferros para asegurase superficies adicionales (ibíd., 80).

Así mismo, en el Ecuador el tinterillo o quishca ha sido el opresor del campesino (Peñaherrera de Costales et al., 1971, IV, 24-25).

 

Agrimensores 

En otra ocasión se ha dicho algo sobre este tema y sobre las deficiencias de los fieles ejecutores y medidores de estancias del período colonial (Patiño, 1991, III, 147). Pero no sólo la impreparación y el alto costo de sus servicios hacía cargoso para el pequeño propietario o el colono el enganche de agrimensores, sino que aquí también se presentó el cohecho por los grandes mangoneadores de bienes raíces. Uno de los expedientes consistía en alterar los nombres de quebradas y otros accidentes geográficos (Le Grand, op. cit., 80-81, 83). Pero qué mucho, si el mismo Agustín Codazzi, a quien venezolanos y colombianos miramos con respeto por su aporte a la Geografía, evaporó el río Chinchiná para favorecer los intereses de Antioquía en materia de límites con el Cauca (Jaramillo, R. L.: Melo, 1991, 195-198).

 

Capítulo XXVII

CONSOLIDACIÓN DE LA HACIENDA GANADERA

Y DE LAS PLANTACIONES

 

Las condiciones económicas en la época colonial mantuvieron la ganadería dentro de límites modestos. Primero, sólo se podían exportar animales vivos o sus productos y subproductos desde las regiones costeras, porque en el interior el comercio era muy restringido, a causa de la topografía, la práctica inexistencia de caminos y la errática provisión de sal. El rendimiento y la precocidad de los animales estaban en niveles muy bajos, por causa de que los pastos eran los naturales, que no se habían generado en un proceso coevolutivo con animales herbívoros, como sí ocurrió en el Viejo Mundo.

Al consolidarse la República, algunos de esos factores empezaron a cambiar. Se produjeron reformas políticas, sociales y económicas en los países bolivarianos, como la abolición de la esclavitud de los negros, y en Colombia con la cesación del monopolio oficial del tabaco, coincidente con la regularización de la navegación del Magdalena con barcos de vapor, que al principio tuvo tropiezos; el proceso de la colonización de las vertientes andinas y los valles calientes. Empezó la era de los ferrocarriles y de los carreteables; del telégrafo y de otros adelantados, si bien modestos.

Pero sobre todo, hubo una innovación fundamental para la ganadería, que fue la introducción y cultivo intensivo de los pastos llamados artificiales, gramíneas africanas, primero el pará y la guinea en los decenios 2º a 5º del siglo XIX; del faragua o puntero y del gordura o meloso en los dos primeros decenios del siglo XX; luego el kikuyo hacia 1925, y después muchos otros introducidos a patir de la fundación del CIAT en 1969. Proceso que ha sido objeto de trabajos anteriores (Patiño, 1969, IV, 429-453; Parsons (1972), 1992, 355-370).

Estos pastos llamados artificiales, por cuanto deben reproducirse mediante cultivo intencional —aunque algunos se hayan vuelto invasores— aceleraron el ritmo de destrucción de bosques, a partir de mediados del siglo XIX. Disposiciones como la Ley 61 de 1874, la resolución de 1º de mayo de 1895 y la resolución de 18 de enero de 1910, no reconocían derecho de propiedad en baldíos a colonos que tuvieran dehesas de sólo pastos naturales, pero sí a los terrenos cubiertos con pastos artificiales.

Desde entonces el proceso se ha expandido a un ritmo cada vez más acelerado, con características similares a las que tuvo durante la Colonia, o sea que el ganadero goza de mayor predicamento social que el agricultor a todos los niveles, ya se trate de quien tiene pocas cabezas de ganado en comparación con quien no las tiene, y con mayor razón del que posee hatos inmensos con miles de cabezas.

 

Alambre de púas  

Esta invención, que se produjo en los Estados Unidos en el quinquenio 1875-1880, tuvo una difusión inmediata en los países hispanoamericanos (Patiño, 1965-1966, 322-323). Pero en Venezuela en 1854 se liberó de derechos de importación por 5 años esta clase de alambre (Gil Fortoul, 1954,III,46), luego ya se conocía.

Sirvió para incrementar y consolidar el latifundio, por la economía en posteadura y la rapidez con que puede instalase un cerco de este material. En las haciendas caucanas de Japio, Quintero y La Bolsa se empezó a usar en 1880 como un instrumento para absorber las pequeñas propiedades englobadas dentro de los presuntos linderos, porque las mejoras encerradas dentro de otras propiedades no tenían precio. Después de la Guerra de los Mil Días se intensificó el proceso de alambrar, con las consecuencias deteriorantes de la pequeña propiedad (Mina, 1975, 79, 83; 87).    

Plantaciones  

Se entiende por tal un centro especializado en la producción y quizá la primera etapa de procesamiento de un rubro de agricultura comercial (Morner, 1967, 111).

Por este carácter comercial, desconocido en la época prehispánica, se puede afirmar que en ella no existieron plantaciones verdaderamente dichas. Este es un concepto que vino con los europeos y es característico de la mentalidad colonial (Brockway, 1979, 46-51).

Son pocos los ejemplos de esto en la América ecuatorial. No hubo aquí grande producción de azúcar como en las Antillas, de lo cual existe una abundante información. A los ingenios mayores en la cuenca del Cauca desde mediados del siglo XVI, en las márgenes del río Amaime, por su escaso desarrollo tecnológico y la dificultad de exportar en grande escala, no se les puede encasillar como plantaciones. Lo mismo parece ocurrir con los ingenios de la costa peruana, porque no se trataba de empresas monopolísticas, sino de varios propietarios medianos o pequeños que se dedicaban a lo mismo.

Tampoco merecen ese nombre las siembras de tabaco y de añil, por su carácter disperso y la modestia de los recursos de capital, aunque quizá sí a las de cacao en el área de Caracas, con una clase dirigente ambiciosa que hasta logró tener su propia flota para llevar el producto a Veracruz. Sabido es que el cacao de Guayaquil en cambio fue cultivo de medianos y pequeños productores, y por eso tuvo más restricciones para el comercio internacional.

Ya bien entrado el período republicano, especialmente en el último cuarto del siglo XIX —esta vez por iniciativa de norteamericanos—, empezaron las plantaciones de banano en el área del Caribe, y con diversas vicisitudes se han mantenido hasta el presente. Las tierras involucradas fueron en general extensas, los suelos de excelente a buena calidad, la agrotecnia adecuada para un producto de suyo delicado, y la infraestructura vial (ferrocarriles) y portuaria, así como las flotas de cargueros con refrigeración, conforman verdaderas plantaciones.

El café, que en el Brasil es objeto de plantación, no lo es en los otros países ecuatoriales, donde predominan el mediano y el pequeño productor.

Data de la segunda mitad del siglo XX la expansión a nivel comercial en los países ecuatoriales de cultivos nuevos como la palma africana de aceite, la soya y el sorgo, aunque en la mayoría de los casos el productor no sea el mismo industrial.

 

 

Capítulo XXVIII

VÍAS DE COMUNICACIÓN Y NAVEGACIÓN FLUVIAL

COMO FACTORES EN LA OCUPACIÓN Y USO

DE TIERRAS

 

A partir de la disolución de la Gran Colombia en 1830, se produjeron a nivel mundial avances tecnológicos que tendrían enorme influencia en el cambio de costumbres y en acelerar el desarrollo de los países.

En Europa los primeros ferrocarriles se establecieron en el período 1832-1842. En Norteamérica en 1829 existían líneas de tracción de sangre de 4.534 kilómetros, mientras que ya en 1850 hubo 13.819 kilómetros a base de vapor (Klinckowstroem, 1980, 225,227). El buque de vapor, con sus complementos la hélice y la construcción en hierro en vez de madera, se desarrolló en las décadas 1820-1840 (ibíd., 239-247). El proceso de la implantación del ferrocarril en los países grancolombianos se ha descrito aparte (Patiño, 1991,III, 112-133), así como el de la navegación al vapor (ibíd., 327-336), y de las carreteras (ibíd., 134-138).

 

Ferrocarriles  

Algunos duraron en construirse largos años, por incumplimiento y sustitución de contratistas, falta de fondos, rectificaciones del recorrido, guerras civiles que ocasionaban

suspensión de trabajos, y otras causas. El de Antioquia entre Puerto Berrío y Medellín y el de Puerto Wilches a Bucaramanga se construyeron ambos en 54 años, mientras el del Pacífico entre Buenaventura y Cali gastó 36 años. Es claro que a medida que se abrían las trochas y se tendían los rieles, a veces varios de los mismos obreros o empleados empezaban a ocupar las tierras a lo largo de las rutas, o bien gentes venidas de otras partes, atraídas por la posibilidad de ganancia hacían lo mismo.

 

Carreteras  

Se alcanzaron a construir tramos cortos en el último cuarto del siglo XIX, pero sólo en el XX con la introducción de automóviles esta clase de vías empezó a producir efectos económicos a la comunidad. La carretera permite mayor agilidad en los transportes que el ferrocarril, para cargas pequeñas o medianas.

A la vera de las vías carreteables se fueron estableciendo colonos, aunque en algunos sectores periféricos, todavía se pueden ver restos de bosques poco intervenidos.

 

Navegación  

Quedan más testimonios sobre la ocupación de las tierras en las riberas del Magdalena, por haber sido ésta la principal vía de penetración desde la costa hasta el interior en Colombia, en la época en que todavía no existían ferrocarriles ni carreteras, o no habían revelado sus posibilidades. Sin embargo, aun a fines del siglo XIX la mayor parte de la hoya estaba vacía, y sólo en los sitios de leñateo se habían hecho abiertos para pequeñas fincas. En la época colonial, especialmente en el siglo XVIII, hubo allí algunos cacaotales.

Durante el presente siglo se ha consumado la destrucción de bosques orillanos del Magdalena y del Cauca, para instalar potreros o cultivos.

 

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