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Los empresarios
que adquirían baldíos mediante la compra de bonos nacionales, se valieron de abogados
inescrupulosos para despojar a colonos que de buena fe o por ignorancia de los trámites
legales, ocupaban tierras. Pero a veces otros tinterillos se daban sus mañas para
defenderlos (Le Grand, 1988, 100-101).
También como en
el pasado los terratenientes, cuando ya habían adquirido el máximo de tierras permitido
por las leyes, se valían de testaferros para asegurase superficies adicionales (ibíd.,
80).
Así mismo, en
el Ecuador el tinterillo o quishca ha sido el opresor del campesino (Peñaherrera de
Costales et al., 1971, IV, 24-25).
Agrimensores
En otra ocasión
se ha dicho algo sobre este tema y sobre las deficiencias de los fieles ejecutores y
medidores de estancias del período colonial (Patiño, 1991, III, 147). Pero no sólo la
impreparación y el alto costo de sus servicios hacía cargoso para el pequeño
propietario o el colono el enganche de agrimensores, sino que aquí también se presentó
el cohecho por los grandes mangoneadores de bienes raíces. Uno de los expedientes
consistía en alterar los nombres de quebradas y otros accidentes geográficos (Le Grand, op. cit., 80-81, 83). Pero qué mucho, si el
mismo Agustín Codazzi, a quien venezolanos y colombianos miramos con respeto por su
aporte a la Geografía, evaporó el río Chinchiná para favorecer los intereses de
Antioquía en materia de límites con el Cauca (Jaramillo, R. L.: Melo, 1991, 195-198).
Capítulo XXVII
CONSOLIDACIÓN
DE LA HACIENDA GANADERA
Y DE LAS PLANTACIONES
Las condiciones
económicas en la época colonial mantuvieron la ganadería dentro de límites modestos.
Primero, sólo se podían exportar animales vivos o sus productos y subproductos desde las
regiones costeras, porque en el interior el comercio era muy restringido, a causa de la
topografía, la práctica inexistencia de caminos y la errática provisión de sal. El
rendimiento y la precocidad de los animales estaban en niveles muy bajos, por causa de que
los pastos eran los naturales, que no se habían generado en un proceso coevolutivo con
animales herbívoros, como sí ocurrió en el Viejo Mundo.
Al consolidarse
la República, algunos de esos factores empezaron a cambiar. Se produjeron reformas
políticas, sociales y económicas en los países bolivarianos, como la abolición de la
esclavitud de los negros, y en Colombia con la cesación del monopolio oficial del tabaco,
coincidente con la regularización de la navegación del Magdalena con barcos de vapor,
que al principio tuvo tropiezos; el proceso de la colonización de las vertientes andinas
y los valles calientes. Empezó la era de los ferrocarriles y de los carreteables; del
telégrafo y de otros adelantados, si bien modestos.
Pero sobre todo, hubo una innovación fundamental
para la ganadería, que fue la introducción y cultivo intensivo de los pastos llamados
artificiales, gramíneas africanas, primero el pará y la guinea en los decenios 2º a 5º
del siglo
XIX; del faragua o puntero y del gordura o meloso en los dos primeros decenios del siglo
XX; luego el kikuyo hacia 1925, y después muchos otros introducidos a patir de la
fundación del CIAT en 1969. Proceso que ha sido objeto de trabajos anteriores (Patiño,
1969, IV, 429-453; Parsons (1972), 1992, 355-370).
Estos pastos
llamados artificiales, por cuanto deben reproducirse mediante cultivo intencional
aunque algunos se hayan vuelto invasores aceleraron el ritmo de destrucción
de bosques, a partir de mediados del siglo XIX. Disposiciones como la Ley 61 de 1874, la
resolución de 1º
de
mayo de 1895 y la resolución de 18 de enero de 1910, no reconocían derecho de propiedad
en baldíos a colonos que tuvieran dehesas de sólo pastos naturales, pero sí a los
terrenos cubiertos con pastos artificiales.
Desde entonces
el proceso se ha expandido a un ritmo cada vez más acelerado, con características
similares a las que tuvo durante la Colonia, o sea que el ganadero goza de mayor
predicamento social que el agricultor a todos los niveles, ya se trate de quien tiene
pocas cabezas de ganado en comparación con quien no las tiene, y con mayor razón del que
posee hatos inmensos con miles de cabezas.
Alambre
de púas
Esta invención,
que se produjo en los Estados Unidos en el quinquenio 1875-1880, tuvo una difusión
inmediata en los países hispanoamericanos (Patiño, 1965-1966, 322-323). Pero en
Venezuela en 1854 se liberó de derechos de importación por 5 años esta clase de alambre
(Gil Fortoul, 1954,III,46), luego ya se conocía.
Sirvió para
incrementar y consolidar el latifundio, por la economía en posteadura y la rapidez con
que puede instalase un cerco de este material. En las haciendas caucanas de Japio,
Quintero y La Bolsa se empezó a usar en 1880 como un instrumento para absorber las
pequeñas propiedades englobadas dentro de los presuntos linderos, porque las mejoras
encerradas dentro de otras propiedades no tenían precio. Después de la Guerra de los Mil
Días se intensificó el proceso de alambrar, con las consecuencias deteriorantes de la
pequeña propiedad (Mina, 1975, 79, 83; 87).
Plantaciones
Se entiende por
tal un centro especializado en la producción y quizá la primera etapa de procesamiento
de un rubro de agricultura comercial (Morner, 1967, 111).
Por este
carácter comercial, desconocido en la época prehispánica, se puede afirmar que en ella
no existieron plantaciones verdaderamente dichas. Este es un concepto que vino con los
europeos y es característico de la mentalidad colonial (Brockway, 1979, 46-51).
Son pocos los
ejemplos de esto en la América ecuatorial. No hubo aquí grande producción de azúcar
como en las Antillas, de lo cual existe una abundante información. A los ingenios mayores
en la cuenca del Cauca desde mediados del siglo XVI, en las márgenes del río Amaime, por
su escaso desarrollo tecnológico y la dificultad de exportar en grande escala, no se les
puede encasillar como plantaciones. Lo mismo parece ocurrir con los ingenios de la costa
peruana, porque no se trataba de empresas monopolísticas, sino de varios propietarios
medianos o pequeños que se dedicaban a lo mismo.
Tampoco merecen
ese nombre las siembras de tabaco y de añil, por su carácter disperso y la modestia de
los recursos de capital, aunque quizá sí a las de cacao en el área de Caracas, con una
clase dirigente ambiciosa que hasta logró tener su propia flota para llevar el producto a
Veracruz. Sabido es que el cacao de Guayaquil en cambio fue cultivo de medianos y
pequeños productores, y por eso tuvo más restricciones para el comercio internacional.
Ya bien entrado
el período republicano, especialmente en el último cuarto del siglo XIX esta vez
por iniciativa de norteamericanos, empezaron las plantaciones de banano en el área
del Caribe, y con diversas vicisitudes se han mantenido hasta el presente. Las tierras
involucradas fueron en general extensas, los suelos de excelente a buena calidad, la
agrotecnia adecuada para un producto de suyo delicado, y la infraestructura vial
(ferrocarriles) y portuaria, así como las flotas de cargueros con refrigeración,
conforman verdaderas plantaciones.
El café, que en
el Brasil es objeto de plantación, no lo es en los otros países ecuatoriales, donde
predominan el mediano y el pequeño productor.
Data de la
segunda mitad del siglo XX la expansión a nivel comercial en los países ecuatoriales de
cultivos nuevos como la palma africana de aceite, la soya y el sorgo, aunque en la
mayoría de los casos el productor no sea el mismo industrial.
Capítulo XXVIII
VÍAS DE
COMUNICACIÓN Y NAVEGACIÓN FLUVIAL
COMO FACTORES EN LA OCUPACIÓN Y
USO
DE TIERRAS
A partir de la disolución de
la Gran Colombia en 1830, se produjeron a nivel mundial avances tecnológicos que
tendrían enorme influencia en el cambio de costumbres y en acelerar el desarrollo de los
países.
En Europa los primeros
ferrocarriles se establecieron en el período 1832-1842. En Norteamérica en 1829
existían líneas de tracción de sangre de 4.534 kilómetros, mientras que ya en 1850
hubo 13.819 kilómetros a base de vapor (Klinckowstroem, 1980, 225,227). El buque de
vapor, con sus complementos la hélice y la construcción en hierro en vez de madera, se
desarrolló en las décadas 1820-1840 (ibíd., 239-247). El proceso de la implantación
del ferrocarril en los países grancolombianos se ha descrito aparte (Patiño, 1991,III,
112-133), así como el de la navegación al vapor (ibíd., 327-336), y de las carreteras
(ibíd., 134-138).
Ferrocarriles
Algunos duraron en
construirse largos años, por incumplimiento y sustitución de contratistas, falta de
fondos, rectificaciones del recorrido, guerras civiles que ocasionaban
suspensión de trabajos, y
otras causas. El de Antioquia entre Puerto Berrío y Medellín y el de Puerto Wilches a
Bucaramanga se construyeron ambos en 54 años, mientras el del Pacífico entre
Buenaventura y Cali gastó 36 años. Es claro que a medida que se abrían las trochas y se
tendían los rieles, a veces varios de los mismos obreros o empleados empezaban a ocupar
las tierras a lo largo de las rutas, o bien gentes venidas de otras partes, atraídas por
la posibilidad de ganancia hacían lo mismo.
Carreteras
Se alcanzaron a construir
tramos cortos en el último cuarto del siglo XIX, pero sólo en el XX con la introducción
de automóviles esta clase de vías empezó a producir efectos económicos a la comunidad.
La carretera permite mayor agilidad en los transportes que el ferrocarril, para cargas
pequeñas o medianas.
A la vera de las vías
carreteables se fueron estableciendo colonos, aunque en algunos sectores periféricos,
todavía se pueden ver restos de bosques poco intervenidos.
Navegación
Quedan más testimonios sobre
la ocupación de las tierras en las riberas del Magdalena, por haber sido ésta la
principal vía de penetración desde la costa hasta el interior en Colombia, en la época
en que todavía no existían ferrocarriles ni carreteras, o no habían revelado sus
posibilidades. Sin embargo, aun a fines del siglo XIX la mayor parte de la hoya estaba
vacía, y sólo en los sitios de leñateo se habían hecho abiertos para pequeñas fincas.
En la época colonial, especialmente en el siglo XVIII, hubo allí algunos cacaotales.
Durante el presente siglo se
ha consumado la destrucción de bosques orillanos del Magdalena y del Cauca, para instalar
potreros o cultivos.
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