La tierra en la América Equinoccial
Víctor Manuel Patiño
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Capítulo XXXVI

CONFLICTOS POR EL AGUA  

 

Epoca prehispánica :  

No conocemos la actitud que hacia el agua como recurso para conservar tuviera la mayoría de las tribus ecuatoriales. Sólo se han conservado unos pocos ejemplos.

Los muiscas del área cundiboyacense respetaban bosques y lagunas con carácter sacro, “donde no dejan cortar un árbol ni tomar una poca de agua por todo el mundo”. Les hacían sacrificios de oro y esmeraldas, que se perdían para consternación de los españoles (Cuervo, 1892, II, 215; Friede, /1960/, NR, 269). La cascada Tequendama figura en la mitología muisca.

Los peruanos, con mayor razón en una región con lluvias escasas como los Andes occidentales y la costa, tenían el culto del agua y sacrificaban mullu, o sea, fragmentos de conchas marinas a las fuentes y manantiales (Monja, 1946, 172). Adoraban a Mamacocha, que es el mar, los puquios o manantiales, los ríos y las sierras nevadas, haciéndoles ofrendas como está dicho (Arriaga, 1968, 201; 218).

Por esta connotación de idolatría dichas prácticas fueron disuadidas, vedadas y combatidas por los españoles, en la confesión (ibíd., 249-250) y mediante el castigo de hacer ofrendas a dichas deidades naturales. El sínodo de Quito de 1570 mandó poner cruces en juntas de caminos, camongas —que son cuentas de leguas—, entradas y salidas de páramos, nacimientos de fuentes, lagunas, cerros altos, “porque generalmente en estos lugares son guacas y adoratorios de indios” (Vargas, J.M., 1957, 283).

Por esta identificación del indígena con las fuentes hídricas, se puede suponer que así como hubo contestaciones y disputas por las tierras (véase capítulo XIII), también las habría por las aguas. Pero la documentación consultada no aporta información al respecto, excepto que las áreas de pesquerías que naturalmente involucran el elemento agua, se respetaban por todos y si no se hacían respetar por quienes se consideraban sus usuarios.  

Epoca poshispánica  

Las aguas en la dominación española, así como los montes, pastos y campos, eran de realengo, o sea, que el dominio eminente sobre ellas estaba adscrito a la corona (Solórzano Pereyra, 1972, V, 37-41). Pero su uso era libre para todos y en esto no se podían poner cortapisas, so pena de sanciones (Apéndice II).

A los adelantados y a algunos conquistadores a quienes se les otorgó la autorización para repartir tierras, se les incluyó la de hacerlo también con las aguas, como ocurrió con Rodrigo de Bastidas (Cuervo, 1894, IV, 106; Restrepo Tirado, 1929, I, 27). En la mayoría de los casos, sin embargo, las aguas debieron quedar solamente implícitas en la donación de tierras.

Pero se presentaron, no sólo tentativas de usurpación, sino usurpación real de ese elemento por parte de algunos individuos o comunidades. Para garantizar los derechos a quien los tuviera, desde 1563 Felipe II recomendó la fundación de jueces de aguas, medida que fue reiterada en 1631 y 1636 por Felipe IV (Recopilación, 1973,II, 10). La petición de agua debía hacerse a los cabildos y éstos conceptuarían ante los virreyes o gobernadores (ibíd., 103).

La política general adoptada desde el principio, consistió en respetar la tradición de los indígenas y asesorarse con ellos cuando quiera que se presentaran litigios sobre el uso de aguas y tierras.

Esto está consignado en una cédula real de 10 de noviembre de 1536 dirigida a Francisco Pizarro sobre población (DC, 1930, 17).  

Pleitos entre indios  

Pudieron existir, pero no se ha hallado documentación sobre este aspecto.  

Usurpación por españoles a aguas de indios  

Fueron los casos más comunes y desde luego dieron lugar a los pleitos respectivos. En Venezuela en el período colonial se presentaron casos de usurpación de aguas de riego de los indios, como dos que llegaron a conocimiento del gobernador Porras y Toledo en 1660 (Arcila Fañas, 1966, 298-299).  

Pleitos de españoles entre ellos  

Esto se dio con relativa frecuencia, sobre todo en regiones donde el agua superficial era escasa. Aun no siéndolo, como en el Chocó, se presentaron muchas disputas entre mineros por apropiarse de pajas de agua para el laboreo del oro (Aprile­Gniset, 1993, 38, 54).  

Período republicano  

En la región de Puerto Tejada, en el Cauca (pueblo fundado a principios del siglo XX), los campesinos, predominantemente negros, cultivaban arroz hasta 1941, cuando hubo una sequía y los hacendados ricos acapararon el agua de riego; el cultivo cambió de manos (Mina, 1975, 108).

El 15 de agosto de 1962 los salazacas, comunidad de Pelileo en Tungurahua, Ecuador, se rebelaron al verse privados de agua por parte de terratenientes; cuando intervino la fuerza pública a favor de los propietarios, murieron unos 50 campesinos indios (Goncharov, 1979, 36-37).

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