4.- AGRICULTURA Y SISTEMAS DE CULTIVO


El maíz se cultivó en casi toda América mediante agricultura extensiva. Existe probablemente una gran interrelación entre la generalización de dicha agricultura a partir del año 1.200 a.C. y la expansión de nuestra planta alimenticia. El sistema de cultivo era naturalmente la roza ( cortar el monte48 , dejarlo secar, quemar el ramaje, sembrar49 , esperar las lluvias, y cosechar), que producía un empobrecimiento del suelo y la necesidad de dejar barbechar durante cinco o diez años el terreno que se había cultivado cuatro años consecutivos. Esto obligaba a rodear cada vivienda de un gran número de parcelas (unas en producción y otras en barbecho), lo que impedía la concentración demográfica y favorecía la vivienda dispersa. El Padre Las Casas se sorprendió de este fenómeno, como buen andaluz, y anotó que los indios vivían como los vascos, es decir, con pequeños núcleos habitacionales inmersos en las tierras de cultivo. A la agricultura extensiva, relacionada íntimamente con el maíz, como hemos dicho, debemos posíblemente que el régimen urbano se localizara en muy pocas zonas, Mesoamérica y la Región Centroandina, donde la agricultura intensiva permitió la acumulación de excedentes alimenticios suficientes para la creación de ciudades y la división del trabajo. Incluso en estas dos zonas privilegiadas se empleó también el cultivo de roza50 .

4.1.- LA ROZA MAYA

El sistema de roza empleado por los mayas es el mismo que se ha seguido utilizando en la zona donde vivieron estos naturales desde hace mas de tres mil años, según ha indicado Morley.Se conoce como agricultura de milpa, por la palabra azteca milpa, que significa maízal. En realidad la palabra maya para designar el campo dedicado a sembradío de maíz es col y el sistema sería propiamente agricultura de col. Tiene 10 etapas bien diferenciadas, que son las siguientes:
1.- Localización del campo
2.- Derribo de bosque y maleza
3.- Quema de monte (roza)
4.- Siembra
5.- Deshierbe
6.- Doblamiento de las cañas
7.- Cosecha
8.- Almacenamiento
9.- Desgrane
10.-Conducción del maíz al pueblo51
La localización del terreno adecuado era fundamental y se realizaba buscando la fertilidad del suelo y su proximidad al agua. El suelo se dividía luego en macates, que eran espacios cuadrangulares de unos 20 metros de lado cuyas esquinas se amojonaban con piedras. El derribo del monte era el trabajo más duro y se efectuaba comúnmente en el mes de agosto, época lluviosa en la cual las plantas y los árboles eran más fáciles de cortar. Se hacía con un hacha de piedra llamada baat. Primero se cortaban los arbustos y la maleza; luego los árboles más altos. El material vegetal se reunía con objeto de facilitar su quema. Los campos que habían sido cultivados anteriormente no se talaban hasta pocas semanas antes de la roza. En cuanto a la quema del monte se efectuaba en los meses de marzo o abril, cuando el sol había secado la maleza por completo. Se prendía fuego a los materiales vegetales un día de viento52  , utilizando una tea hecha de una rama con la punta raspada del árbol llamado catzim. Se hacían varios fuegos a la vez, a favor del viento e invocando a los los dioses del viento mientras se silbaba.
La siembra era la labor más importante. Se realizaba entre los meses de abril y julio, como dijimos, y principalmente en mayo53  . Se necesitan dos días para desgranar el maíz suficiente para sembrar cuatro o cinco hectáreas de maíz, y unos 12 días para las tareas. Usualmente se empleaban unos 11 kilos de semilla por hectárea. El maya sembraba sirviéndose de un palo puntiagudo cuya punta estaba endurecida al fuego, que se llamaba xul. Con este útil hacía unos hoyos de 9 a 13 cm. de profundidad en línea recta y dejando una distancia de 1'25 m. entre una y otra. En cada hoyo se echaban de 3 a 6 granos54 , que originaban 2 o 3 plantas. El agujero se tapaba con el pie55 o con el mismo palo, como anota Landa: "siembran trayendo un taleguillo a cuestas y con un palo puntiagudo hacen un agujero en la tierra y ponen en él cinco o seis granos, que cubren con el mismo palo"56   . El mismo cronista añade que "los indios tienen la buena costumbre de ayudarse unos a otros en todos sus trabajos"57.
El deshierbe varíaba en función de la antigüedad de la col y del lugar donde estaba asentada. Si se trataba de una siembra nueva, situada en monte alto, no se hacía mas que un solo deshierbe; cuando el maíz alcanzaba entre 50 y 75 cm. Si el terreno había sido utilizado sucesivamente durante varios años, había que deshierbarlo hasta dos y tres veces. La labor se hacía cuidadosamente sacando bien las raíces de las plantas malas. De esto dependía la vida de la parcela para ulteriores cultivos58 . Un buen deshierbe permitía cultivar el mismo terreno hasta cinco años consecutivos, pero uno malo obligaba a ponerlo en barbecho a los dos o máximo tres años59 . En cuanto al doblamiento de las cañas era una costumbre propia de los naturales mesoamericanos. Se practicaba cuando estaba a punto de terminar el período de madurez de las mazorcas; hacia septiembre u octubre. Las cañas se doblaban cerca y abajo de las mazorcas, y se dejaban así éstas para que completasen su maduración. La cosecha se realizaba en noviembre; un mes después de doblar las cañas. Podía recogerse el maíz a un ritmo de una hectárea de cultivo cada siete u ocho días, pero lo usual era no cosecharlo de una sola vez, sino en consonancia con las necesidades. Se cosechaba por ello en los meses de diciembre, enero, febrero y hasta marzo y abril. Para deshojar la mazorca se usaba una punta de madera, de hueso o de cuerno de venado y sólo se separaba la parte exterior60 .
Cuando el maíz se recogía de una sola vez se almacenaba en unos graneros altos y rectangulares, que se construían con palos y techo de palma en las proximidades a los sembradíos. Allí se colocaban las mazorcas en posición vertical y lo más juntas que era posible. En el norte y centro de Yucatán se usaba en cambio desgranar el maíz en la col y almacenarlo en las casas en unos cajones cilíndricos forrados con hoja de palma. El desgrane se hacía de varias maneras. Lo más frecuente era sacar uno a uno los granos de la mazorca con enorme paciencia, pero también podía hacerse colocando las mazorcas en una hamaca y golpeando ésta con un palo para que fueran cayendo al suelo los granos a través de las cabelleras de la hamaca. Otro método era colocar las mazorcas sobre un bastidor de palos y varearlo. El grano se embolsaba entonces en sacos de henequén, que se transportaban a la espalda hasta el poblado. El maya llevaba usualmente una carga, peso equivalente a unos 43 kilos y tres cuartos61 .
El sistema de roza empleado por los mayas no parece el mas apropiado para una acumulación de excedentes que permitiera el desarrollo de una alta cultura. Cuando estudiemos el aspecto de los rendimientos del maíz veremos alguna sugestiva hipótesis sobre este problema que tanto ha preocupado a los prehistoriadores. Las investigaciones recientes han replanteado todo el problema pues en primer lugar se ha retrotraido el asentamiento de grupos agrícolas en el territorio maya al año 2.500 a.C. y la formación de una civilización al período Formativo, y en segundo lugar se han encontrado evidencias de agricultura intensiva durante el período clásico. Norman Hammond ha escrito: "De algún tiempo a esta parte se sabe que durante el período Clásico las técnicas de tala y quema coexistieron con formas de cultivo mas intensivas que implicaban la modificación del paisaje. Así, en las laderas de las colinas se labraron terrazas. Estas evitaban la erosión al retener la tierra de aluvión y permitían la explotación de tierras que de otro modo serían incultivables. Grandes áreas fueron desbrozadas y aterrazadas simultáneamente, lo que sugiere que el trabajo estaba dirigido desde un único centro de poder. Una vez dividida la tierra en campos aterrazados, pudo haberse asignado a individuos para que la cultivaran... En las tierras húmedas de los valles de los ríos y en las cuencas de drenaje lento, tales como el Bajo de Morocoy, en Yucatán, o el pantano de Pulltrouser, en el norte de Belize, se abrieron canales para si tener campos bien drenados, transformando las márgenes inundadas en tierra que podía ser cultivada estacionalmente o incluso a lo largo de todo el año" 62

4.2.- LA MILPA AZTECA

También los aztecas utilizaron el sistema de roza en sus cultivos de maíz, pero combinada con una agricultura intensiva, que practicaron en tres zonas principales:
a) En las márgenes de los ríos y en tierras de inundación periódica. Los rendimientos eran óptimos.
b) En las orillas del río de las Balsas y de los grandes lagos del Valle de México, donde emplearon el riego artificial. Los rendimientos eran buenos, aunque no óptimos.
c) En las chinampas de los lagos 63 .
El cultivo en chinampas es sin duda el mas interesante, dada su originalidad. Las chinampa nos la define Vaillant como "una pequeña isla artificial hecha acumulando lodo de los bordes pantanosos del lago, sosteniéndolo primero por un revestimiento de juncos y después por árboles cuyas raíces unían fuertemente la tierra"64  . Se trata en efecto de una especie de balsas de bejucos, en las que echaban el lodo extraído del fondo de los lagos. La parcela flotante se iba rellenando con tierra a medida que se hundía y se abonaba convenientemente. Las cosechas obtenidas en las chinampas eran excelentes, pues aunque el agua de los lagos era salobre, se eliminaba la sal del sembradío regándolo con agua dulce por medio de grandes palas de madera.
Aparte de las chinampas, los aztecas sembraban el maíz en las milpas. Ya dijimos que esta palabra significa precísamente sembradío de maíz. Milpa era la parcela de suelo cultibable que el calpulli o clan azteca entregaba a sus miembros para que pudieran vivir de su usufructo. Clavijero nos describe minuciosamente como se trabajaba en ella: " Hace el sembrador un pequeño agujero en la tierra con la punta de un bastón endurecida al fuego, y echa en él uno o dos granos de maíz de una espuerta que le cuelga al hombro y lo cubre con un poco de tierra, sirviéndose de sus pies para esta operación. Pasa adelante y a cierta distancia, que varía según el terreno, abre otro agujero, y así continúa en línea recta hasta el término del campo, y de allí vuelve formando otra línea paralela a la primera. Estas líneas son tan derechas como si se hubieran hecho a cuerda y la distancia de una a otra planta tan igual, como si se hubiera empleado un compás o medida. Este modo de sembrar, apenas usado en el día por algunos indios, aunque lento, es muy ventajoso, porque proporciona con exactitud la cantidad de grano a las fuerzas del terreno, y no ocasiona además el menor desperdicio de semilla. En efecto, los campos cultivados de aquel modo dan cosechas abundantes. Cuando la planta llega a cierta elevación, la cubren el pie con un montón de tierra, para que tenga mas jugos y pueda resistir al viento"65  . Torquemada nos ofrece una relación muy parecida de este aspecto, pero añadiendo que el hombre hacía los agujeros en el terreno y la mujer sembraba: " Llegada la buena estación, el hombre, después de aflojar la tierra, hacía con la coa agujeros en línea recta de un linde al otro, repitiendo la operación por líneas paralelas hasta llenar la superficie; la mujer depositaba los granos de maíz en el agujero, tapándolo y apretando con el pie la tierra. Crecida un poco la planta, le amontonaban tierra al pié; cuidaban de arrancar la zizaña, y cogida la cosecha, en común se quitaban las hojas y desgranaban las mazorcas; depositaban los productos en trojes o graneros, ya de madera, ya redondos de piedra y lodo, con una abertura en la parte superior"66 . El azteca removía la tierra con una especie de pala llamada tzoquimáitl y hacía los agujeros para la siembra con un palo de punta endurecida al fuego, el huictli o coa, similar al de los mayas. Abonaba luego el terreno con excremento humano y de murciélago, plantas acuáticas en descomposición y limo del lago.

4.3.-LOS ANDENES INCAS

Aunque el maíz llegó a la costa peruana entre el 900 y el 700 a.C.67 constituyó un cultivo de propagación difícil hasta que fue protegido por el estado incaico. El problema estribaba en las dificultades para encontrar terrenos apropiados de cultivo en las vertientes andinas y la irrigación de las sementeras. La sequedad ambiental puede alcanzar fácilmente hasta los 1.500 metros de altura, y aún los 2.400 a lo largo del Apurimac. Tampoco puede darse el choclo más arriba de los 2.700 metros en el norte y de los 3.500 en el sur. La ubicación de sementeras en zonas muy altas, para buscar ambientes más húmedos, tenía la contrapartida de posibles heladas. Las sementeras de maíz serranas se instalaban por ello en zonas abrigadas y siempre por debajo de la puna. Los lugares mejores eran los llamados pukios o terrenos hundidos que tenían aguas subterráneas68  .
La preocupación del estado inca por fomentar el cultivo del maíz respondió indudablemente a una necesidad funcional; cubrir la demanda de este producto motivada por el avituallamiento del ejército y el sostenimiento de la burocracia. El maíz se conservaba mejor que el chuñu (papa deshidratada) y los soldados y mitayos apreciaban mucho más una ración de mazamorra y una totuma de chicha, que un buen plato de papas. De aquí que el estado inca considerara al maíz como el cultivo civilizador de los Andes, lo que hizo que desplazara otros cultivos autóctonos. Murra sostiene que el maíz es un cultivo reciente "que corresponde esencialmente a climas templados, protegido en las zonas mas bajas y que necesita regadío, andenes y abono para sobrevivir en circunstancias andinas. Es posible que los miembros del ayllu lo hayan conocido, pero su cultivo en gran escala se hizo factible sólo cuando el estado se encargó de él"69 . Con el maíz se alimentaba a los dioses y a las momias de los incas difuntos, y hasta se ha afirmado que las poblaciones de la puna tenían derecho a unas chacras de maíz en la costa, donde esta planta era trabajada por unos colonos del estado, cosa que resulta poco creíble, dado el sistema redistributivo del estado incaico, que le permitiría suministrar los excedentes de maíz a los poblados que lo necesitaran, sin necesidad de establecer semejante método.

 

48
Resulta interesante el dato experimental que nos ofrece Fernández de Oviedo de que la quema de monte debía comprender árboles, aparte de maleza, pues como dice "Y cuando los quieren sembrar (los granos de maíz), talan el monte o cañaveral (porque la tierra donde nasce sólamente hierba, no es habida por fértil en estas partes, como la de los cañaverales y arboledas), y después que se ha fecho aquella tala o roza, quémanla, y queda aquella ceniza de lo talado, dando tal temple a la tierra, como si fuera estercolada". Fernández de Oviedo, Gonzalo: opus cit., t. I, p. 226.
49
Fernández de Oviedo nos informa que los indios caribeños acostumbraban a poner en remojo la semilla de maíz antes de sembrarla: "Y porque el maíz de si es muy seco e recio, para que más presto nazca, un dia o dos antes échanlo en remojo, e siémbranlo el tercero". Fernández de Oviedo, Gonzalo: opus cit., t. I, p. 227.
50
Armillas, Pedro: "Notas relativas al sistema de cultivo en Meso América". En Anales del Instituto de Antropología e Historia, México, 1948.
51
Morley señala en realidad 11 etapas pues añade una de cercado del campo para evitar la irrupción de los animales en el sembradío, pero no surgió hasta la época colonial, siendo inexistente en la América precolombina.
52
Fernández de Oviedo señaló que en el Caribe se prendía fuego a la maleza un día que no hiciera viento, es decir, todo lo contrario de lo que hacían los mayas, pues según él "débenle quemar en tiempo que el viento no lleve la ceniza", lo que nos parece bastante lógico. Fernández de Oviedo: opus cit., t. I, p. 227.
53
Los indios ecuatorianos mantienen una serie de supersticiones sobre sembrar en determinadas fases lunares, que segúramente fueron muy generales en América precolombina. Siembran desde la luna llena hasta el cuarto menguante; nunca en la luna nueva. Cotachi, María Mercedes et alter: opus cit., p. 29.
54
En el Caribe parece que se acostumbraba a poner previamente los granos en remojo: "Y porque el maíz de si es muy seco e recio, para que más presto nazca, un día o dos antes échanlo en remojo, y siembránlo el tercero". Fernández de Oviedo, Gonzalo: opus cit., t. I, p. 227.
55
Morley, Sylvanus G.: opus cit., p. 149-
56
Landa, Fray Diego de: Relación de las cosas de Yucatán, México, 1938, p. 106.
57
Parece que la siembra del maíz recaba usualmente el esfuerzo de varios campesinos. Incluso en la región circuncaribe, donde el individualismo era patente, se recurría a "contratar" ayuda para dicha labor. Fernández de Oviedo se refiere a este particular al hacernos una excelente descripción de la forma en que se sembraba el maíz:"E cuando han de poner en efecto el esparcir de la simiente, quedando la tierra rasa, pónense cinco o seis indios (e mas e menos, según la posibilidad del labrador), uno desviado del otro un paso, y allá puestos y con sendos palos o macanas en las manos, y dan un golpe en tierra con aquel palo de punta, e menéanle, porque abra algo más la tierra, y sácanle luego, y en aquel agujero que hizo, echan con la otra mano siniestra cuatro o cinco granos de maíz, que saca de una taleguilla que lleva ceñida, o colgada al cuello de través, como tahelí, e con el pie, cierra luego el hoyo con los granos, porque los papagayos y otras aves no los coman. E luego dan otro paso adelante, e hacen lo mesmo". Fernández de Oviedo, Gonzalo: opus cit., t. I, p. 227.
58
Los indios de Ecuador mantienen una serie de supersticiones de raíz probablemente precolombina sobre deshierbar en determinadas fases de la luna. Consideran que se esta labor se hace con luna llena aparecerá en el maizal el cuscuncú o carbón o tizón del maíz (hongos). Cotachi, María Mercedes et alter: opus cit., p. 34.
59
Morley, Sylvanus G.: opus cit., p. 150.
60
Morley, Sylvanus G.: opus cit., p. 151.
61
Morley, Sylvanus G.: opus cit., p. 151-152.
62
Hammond, Norman:El nacimiento de la civilización maya. En Investigación y Ciencia, núm. 121, Barcelona, 1986, p. 94.
63
Katz, Friedrich: opus cit., p. 463.
64
Vaillant, George C.: La civilización azteca, México, 1960, p. 114.
65
Clavijero, Francisco Javier: Historia Antigua de México, México, 1917, p. 380-381.
66
Torquemada, libro II, cap. LXXXIX, citado en De Teotihuacan a los Aztecas, edic. cit, p. 308.
67
Murra, John V.: opus cit., p. 35.
68
Murra, John V.: opus cit., p. 35.
69
Murra, John V.: opus cit., p. 45.
Comentarios (0) | Comente | Comparta c