CAPITULO QUINTO
 

 

 

I.

 

Una de las demostraciones con que el Libertador distinguiera al
jeneral Páez, fué regalarle públicamente la rica espada que el Perú
le habia dado como una muestra de gratitud. Dominado siempre por la
idea de que el odio del jeneral Santander contra él, que cada dia
se manifestaba mas a las claras, le obligaba a atraerse los jefes i
oficiales comprometidos en los movimientos de Venezuela, no se
contento con los halagos que hiciera al jeneral Páez, sino que
dando ascensos i empleos a los hombres civiles i militares que mas
decididamente habian tomado parte en aquellos movimientos, lastimó
con ello a los que se habian mantenido fieles al Gobierno
constitucional. Este error fatal debia, como todos los errores,
producir sus consecuencias: sin ganarse a los unos resfrió a los
otros ; i de esto resultó una confusión más entre los partidos que
dividian a Colombia. De semejante conducta dedu­cian sus
apasionados adversarios, que el Libertador insistia en su pro­yecto
de echar por tierra la Constitucion, i suplantaría de una manera
irregular con la que babia dado a Bolivia ; i sin examinar los
verdade­ros motivos, o negándolos, tomaban de ello pretexto para
herirle mas gravemente.

La Gaceta de Colombia tenia una gran parte "no oficial," i los
artículos mas importantes que en ella aparecian eran escritos por
el jeneral Santander. Un periódico titulado " El Conductor,"
cuyo prin­cipal redactor era el doctor Vicente Azuero, i otras
hojas sueltas junto con la Gaceta, atacaban agriamente todas las
medidas del Libertador; i su conducta en Venezuela con el jeneral
Páez i sus cómplices, era censurada, no ya con algunos miramientos,
sino con enconada exajeracion.

 

Cansado el Libertador con tantas contrariedades, i creyendo que
la reunion del Congreso tendria lugar en los primeros dias de
enero, le dirijió una renuncia expresiva i sincera. Despues de
hablar de su viaje a Carácas i de los importantes decretos
expedidos hasta entónces, re­cordaba que desde el Perú se babia
denegado a admitir la primera ma­jistratura de Colombia; que en la
actualidad no existia peligro nin­guno exterior, ida paz doméstica
reinaba en toda la República; así que rodeándole por todas partes
las sospechas de una usurpacion tiránica, i no sabiendo los celosos
republicanos considerarle sin un secreto espan­to, era llegado el
caso de admitirle su dimision. "Yo jimo (añadia) entre las agonías
de mis compatriotas i los fallos que me esperan de la. posteridad.
Yo mismo no me siento inocente de ambicion, i por tanto me quiero
arrancar de las garras de esta furia para librar a mis
conciudadanos de inquietudes, i para asegurarme despues de mi
muerte una memoria que merezca de la Libertad. Con tales
sentimientos renucio una i mil millones de veces la presidencia de
la República. El Congreso i el pueblo deben ver esta renuncia como
irrevocable. Nada será capaz de obligarme a contiunar en el
servicio público, despues de haber empleado en él mi vida entera. 1
ya que el triunfo de la libertad ha puesto a todos en uso de tan
sublime derecho ¿solo yo estaré privado de esta prerogativa? No !
el Congreso i el pueblo colombiano son justos: no querrán
condenarme a la ignominia de la desercion. Pocos dias me restan ya:
mas de dos tercios de mi vida han pasado; que se me permitia, pues,
esperar una muerte oscura en el silencio del hogar paterno. Mi
espada i mi corazon siempre serán sinembargo de Colombia, i mis
últimos suspiros pedirán al cielo su felicidad. Yo im­ploro del
Congreso i del pueblo la gracia de siempre ser ciudadano.

 

 

II.
 

 

La oposicion que el jeneral Santander en la parte no
oficial de la Gaceta, i los papeles que se publicaban,
principalmente "El Conductor," hacian al Libertador, no era ya
puramente personal, ni a las ideas emitidas en la Constitucion
boliviana ni sosteniendo la Constitucion de 1821 i la integriaad lo
la República: era al contrario, una guerra abier­ta a les
principios conservador-es de esta Constitucion; ya se
proponia o la maldecida federacion, o que del todo se separase la
Nueva Granada de Venezuela i del Ecuador; idea que cundia halagando
como halagaba las aspiraciones de las mediocridades ambiciosas.
Cualquiera de las dos proposiciones aseguraba el mando, sin
competencia posible, al jeneral Santander en la Nueva Granaada; así
era que de sus parciales, unos se manifestaban ardientes
partidarios de la disolucion que se prponia, i los mas moderados,
de la federacion, Para que la propaganda fuera mas eficaz, se
suscribió el jeneral Santander al ''Conductor'' por 150 ejempla­res
por cuenta del Gobierno, pagados de los fondos nacionales, para
circularlos semi-oficialmente por toda la República, acompañándolos
a la gaceta oficial; siendo este el único ejemplo de semejante
abuso que en Colombia i Nueva Granada se hubiera dado, hasta
estos vergonzosos  tiempos en que el jeneral Mosquera paga un
periódico de las rentas públicas, ''El Colombiano," solo para que
le adule, i propague las doctrinas antisociales, i antirelijiosas
que en su rebelion ha proclamado i plantea con violencia nunca
vista entre nosotros. ¹ Los constitucionales, acérrimos
sestenedores de la integridad nacional, bajo el réjimen
conservador central de la Constitucion, rechazando tanto la
federecion como la separacion absoluta, quedamos ya en minoría i en
una posicion en extre­mo difícil, como sucede i sucederá siempre,
en épocas de exaltacion de los partidos extremos, a los que se
coloquen en el terreno de la fria, razon, sin apasionarse ni
dejarse arrastrar por afecto u odio a determinadas personas. El
partido santanderista empezaba a mirarnos como sospe­chosos de
bolivianismo, i el partido boliviano como sospechosos de
san­tanderismo. Para el partido santanderista exaltado, ser uno
constitu­cional era ya un pecado: para el boliviano, ser imparcial
i no blasfemar contra el jeneral Santander era ser faccioso.

1 Téngase presente que esto se escribia en 1863.

 

 

Desde aquella época em­pecé yo a sufrir por no haberme nunca
dejado arrastrar ciegamente por la pasion política a la
exajeracion.

 

 

 

III.
 

 

La renuncia del Libertador tan decidida produjo dos efectos
con­trarios: los santanderistas la calificaban de hipocresía para
encubrir me­jor los proyectos que se le atribuian; decian a voz en
cuello, que en el tirano, como ya lo llamaban, no habia sinceridad
en nada. Sus amigos por el contrario, sabian que su resolucion de
separarse de los negocios públicos era indudablemente decidida, i
el mismo Libertador se lo re­petia en sus cartas particulares; i
temblaban temiendo quedar expues­tos a la venganza del jeneral
Santander i de sus frenéticos amigos, reclamando por consiguiente
del Libertador aquel abandono que hacia de ellos. En esta situacion
de expectativa, miéntras el Libertador permanecia en Venezuela,
procurando calmniar las pasiones que los movimientos apénas
terminados, habian escandecido; dictando decretos para reorga­nizar
los ramos de la administracion pública que la revolucion habia
des­arreglado; esforzándose en disipar las impresiones que sus
antiguas ideas de cambiar la Constitucion por la Beliviana habian
producido i tanto le perjudicaban; un suceso imprevisto i de la mas
grande trascen­dencia vino a complicar las dificultades de la
situacion, i a precipitar los acontecimientos que al fin
produjeron la guerra civil i la disolucion de la República. La 3.ª
division del ejército colombiano auxiliar del Perú estacionada en
Lima, fuerte de 2.700 hombres, se insurreccionó, reduciendo a
prision a los jefes i oficiales de los cuerpos i a algunos
ofi­ciales venezolanos, i poniéndolos presos a bordo de un buque en
el Ca­llao, los mandaron para Colombia. El jefe del E. M. de la
division, coronel graduado José Bustamante (socorrano), i los
oficiales granadinos, que lo eran casi todos los capitanes i
subalternos, fueron los cabecillas del moviento (26 de enero de
1827). El mismo dia el coronel Bustamante i 86 oficiales granadinos
firmaron una acta en la que decian "que se habian reunido para
declarar que permanecian enteramente sumisos a la Constitucion i
leyes de Colombia; que profesarian el mayor respeto al Lihertador
presidente; pero que nunca alterarian de manera alguna su propósito
de sostener a todo trance la Constitucion, contra los infaustos i
violentos ataques que le hacian en diferentes lugares de la
República; ni consistirian en que se nombrara un dictador, o que se
adoptara un código estraño; que hacian esta declaracion para dar a
conocer sus sentimientos al Gobierno colombiano, el que podria
disponer de sus servicios para sostenerse contra las pretensiones
de los innova­dores, a cuyo efecto se le daria cuenta remitiéndole
copia del acta por medio de su nuevo comandante."

Indudablemente, por mas que se haya pretendido negarlo, aquel
motin subversivo de toda disciplina i subordinacion militar, fué
protejido por el Gobierno peruano que presidia el gran mariscal don
José Santacruz; pues que inmediatamente convocó el Congreso
constituyente para que decidiese cuál era la constitucion que habia
de rejir, i nombrara los altos majistrados de aquella república;
declarándose en un tumulto popular, en Lima, que habia sido
ilejítima la eleccion del Libertador para presidente, i nula la
sancion de las leyes fundamentales por haber sido obra de la
coaccion; conducta alevosa, cuando para salir de los colom­bianos
 que eran mal vistos, porque ya no eran necesarios, i
constituirse el Perú como quisiera, no era menester dar aquel
escándalo ni denigrar al hombre ausente que poco ántes incensaban,
estando el jeneral Santacruz autorizado pára ello, i excitado por
la nota que el Libertador le pasó de Popayán.

Tres dias despues de comunicado el hecho de que trato, salieron
del Callao, con pliegos del coronel Bustamante i del jeneral
Santacruz, el capitan granadino José Ramon Bravo, i el teniente
peruano Lezzun­di, custodiando al mismo tiempo a los jenerales,
jefes i oficiales presos, que desembarcaron en el puerto de la
Buenaventura, i dejándolos allí si­guieron para esta capital, a
donde llegaron el 9 de ,marzo. Tan luego como fué conocida su
comision, sin mas exámen, algunos jefes i oficiales sacaron música
por las calles, se repicaron las campanas, se quemaron cohetes, i
yo fui de los primeros en unirme a los celebrantes, i no fuí de los
que ménos victorearon el suceso que llamábamos fausto. En aquella
imprudente algazara fraternizaudos completamente los santanderistas
federalistas o separatistas, con los centralistas constitucionales
puros. Los primeros gritaban: " Viva la libertad !" los
segundos gritábamos "Viva la Constitucion!"

El jeneral Santander se nos unió en la calle, i nos acompañó un
gran rato, mostrando en su semblante, en sus arengas i en sus vivas
a la libertad, el intenso placer que le dominaba, aunque alguna que
otra vez no dejara de notársele una inquietud que se esforzaba en
disimular. Yo, incauto, no solo no me detuve en el error cometido,
sino que come­tí otro mayor: escribí por el correo inmediato a los
oficiales de Tirado­res, mis antiguos compañeros, a Cartajena,
comunicándoles con el ma­yor entusiasmo la noticia que habíamos
celebrado; i el único oficial Venezolano a quien lo hice, presentó
mi carta al jeneral Montilla, la que se consideró subversiva, e
hizo sospechosos a los oficiales que no presenta­ron las suyas.
¹

1 En cartajena el jeneral Mariano Montilla, comandante
jeneral del departamen­to, informó al Libertador, a su regreso de
Venezuela, de este incidente que lo predis­puso contra mí, i no me
olvidó esa llegada a esta capital, ordenando el jeneral Souble­tte
que me destituyese. El jeneral Soublette, que me estimaba, me
aconsejo que renunciase, lo que hice. El Libertador pensó tambien
en que se me siguiera causa, conside­rando mi imprudencia como un
delito de sedicion militar; pero el jeneral Soublette me evitó este
sufrimiento, informándole favorablemente sobre mí. Admitida mi
renuncia, me nombró el director del crédito público, jefe de
seccion en su oficina, en la que el Poder ejecutivo no tenia
intervencion, dependiendo exclusivamente del congreso.

Antes que el Libertador llegase, habia pedido yo mi retito del
servicio militar, porque vela acercarse la éra indefinida de las
guerras civiles, a las que siempre he tenido horror; pero dos años
despues, el jeneral Urdaneta (Rafael) me habló instándome para que
volviera al servicio: hube de ceder, i fui nombrado gobernador  i
comandante de armas de la provincia de Mariquita. Era yo teniente
coronel entónces. Al regreso del Libertador de los departamentos
del Sur en 1830, volví a estar en relaciones con él, en mi calidad
de diputado al congreso de aquel año; me convidó varias veces a su
mesa, le merecí alguna confianza i jamas me hizo la menor
indicacion sobre el incidente de que he hablado. Era claro que toda
prevencion que tuviera contra mí se habla disi­pado, i yo conocia
por su modo de tratarme, que procuraba destruir cualquiera
aprension que yo pudiera tener. Bolívar no guardaba rencor, se
olvidaba de los agravios i nunca de los servicios; poseyendo en
alto grado el don de conocer a los hombres, bien pronto sabia
calificar sus acciones i distinguir lo que procedia de mala índole
o de lijereza e irrefiexion. Por otra parte se lisonjeaba i
complacia en desarmar a los que creia sus enemigos procurando
convencerlos de la rectitud de sus intenciones.

 

 

 

El jeneral Santander aprobó explícitamente aquella revolucion
militar que destruyó la moralidad del ejército i sirvió de modelo a
las que se han sucedido. En el oficio redactado por él mismo, i
firmado por el Secretario de guerra, decia que siendo prohibido a
la fuerza amada deliberar, deberia improbar la separacion de sus
destinos i la prision de los jefes de la 3.ª division; pero que
atendiendo a las circunstancias, se disminuia la gravedad de
aquellos hechos, i añadia: "El Gobierno considera detenidamente
estas circunstancias i halla en su conciencia que el honor de un
oficial ligado con juramento solemne a las leyes de la Patria i
penetrado del fuego tanto de la libertad, el temor de ver perdida
para la República en esta época de disturbios una fuerza tan
preciosa, i la distancia que la separaba del Gobierno colombiano,
eran estímulos mui poderosos para emitir sus opiniones i dar un dia
de consuelo a esta misma Patria, afijida en estremo por los sucesos
que han lamentado, junto con el Gobierno, todos los buenos
patriotas."

Usando de este lenguaje aparentemente ambiguo i de
jeneralida­des en aquel largo oficio, lo cierto es que se elojiaba
el hecho de la ma­nera mas expresiva, diciendo tambien en él que
los autores del movimiento merecian una corona cívica.

En la nota del mariscal Santacruz, pedia un oficial jeneral que
marchase inmediatamente a encargarse de aquella tropa, i en tal
virtud fué destinado el coronel Antonio Obando, ascendiéndole a
jeneral, quien llevaba el despacho de coronel efectivo para el
graduado Bustamante, i autorizacion para conceder el ascenso
inmediato a los demas jefes i oficiales. No podia aprobarse mas
terminantemente el hecho por el jeneral Santander.

 

IV.
 

 

Estas noticias terribles para Bolívar se le comunicaron
oficialmente, i cuando hubo concluido la lectura de las notas que
circunstanciada­mente las expresaban, no manifestó alteracion
ninguna. "Empero lo que no pudo sufrir Bolívar sin la indignacion
mas profunda fué la fiesta hecha en Bogotá con motivo de los
sucesos de Lima de 25 de enero, i Ia concurrencia en ella del
Vicepresidente de la República. A tan justo sentimiento se añadió
el asombro, al recibir la contestacion a Bustamante arriba
mencionada. No podia concebir cómo el jefe del Gobierno se dejara
arrastrar a tal exceso por sus pasiones, que santificara la mas
escandalosa violacion de la disciplina militar, sin la cual jamas
puede haber órden ni tranquilidad en los Estados." ¹

Bajo estas impresiones fué la respuesta del Secretario jeneral
del Libertador al Secretario de guerra, enérjicamente sentida, i
lójicamente razonada. Toda esperanza, pues, de reconciliacion
desapareció: el rompimiento entre ámbos majistrádos, absoluto,
irreconciliable, estalló sin miramientos. "Es cierto que el
primero, Bolívar, despues de dar el mencionado ataque oficial, no
lo volvió a repetir. El alma grande i fran­ca del Libertador se
desdeñaba de ocuparse en escribir artículos de pe­riódicos, que era
el elemento del jeneral Santander." ²

A qué extremo, pues, de exacerbacion llegaria la efervescencia
de los partidos, ya enteramente personales, fácil es
calcularlo.

El motin de la 3.ª division fué el acontecimiento mas funesto de
cuantos tuvieron lugar en aquella época deplorable. Sin él,
restablecido el órden, bien o mal, en los departamentos del norte
de la República; aproximándose la reunion del Congreso; habiendo el
Libertador, como en efecto habia, desistido, de llevar a cima

 

1       Restrepo. Historia de Colombia.

 

2       Restrepo. Historia de Colombia.

 

 

 

sus ideas de gobierno en Colombia, por mas que sus enemigos
encarnizados lo hayan negado i lo nieguen todavía; admitida su
renuncia por el Congreso, lo que hubiera producido la admision de
la que hizo el jeneral Santander i el encargarse el presidente del
Senado del Poder ejecutivo; las pasiones habrian calmado
completamente; la República habria continuado su marcha tranquila
convaleciendo de los pasados quebrantos; una eleccion en hombres
civiles, habria apagado las rivalidades militares; el prin­cipio
constitucional se habria salvado, sin lo que nada podrá nunca
estatuirse duradero i respetable; i la palabra ominosa
"Federacion" que el infierno inventó para la ruina de
Hispano-América, quizá se habria olvidado. Veamos los resultados
que produjo aquel motin que tan irreflexiva e inocentemente
aplaudimos los constitucionales.

Apénas la 3.ª division hubo consumado su defeccion, la prensa
peruana se desató de la manera mas virulenta contra el Libertador i
con­tra los colombianos, i ya no se pensó sino en salir de los que
se ha­bian pronunciado, sirviéndose al mismo tiempo de ellos. Al
efecto, todo indica que se ganaron al coronel Bustamante i a otros
jefes para que en­traran a su patria hostilmente, sin aguardar las
órdenes del Gobiernos a quien habian ocurrido, ni al oficial
jeneral pedido para que tomase el mando de aquellas tropas.

A fin de que esta medida de tanta trascendencia no se supiesen
los departamentos del sur de Colombia, se cerró el puerto del
Callao, para que ni nuestro ajente en Lima, ni ningun jefe o
ciudadano pudie­ran avisarlo, hasta que la noche de la víspera de
zarpar la division, a fuerza de reclamaciones i protestas enérjicas
de nuestro ajente, se per­mitió (el 18 de marzo) la salida dc un
buque conduciendo un oficial con pliegos para las autoridades de
Guayaquil i para el Gobierno. I esto se permitió porque se calculó
que el intermedio entre la llegada de aquel buque i los que
conducian las tropas seria tan corto, que no po­drian tomarse
medidas defensivas eficaces.

Hai datos suficientes i vehementes probabilidades para
conjeturar, casi para asegurar, que el coronel Bustamante i otros
jefes hicieron traicion vendiéndose al Gobierno del Perú, para
emplear las armas que la patria les habia confiado, en
desmembrarla, separando de Colombia los departamentos del Sur i la
provincia de Pasto para unirlos al Perú, o cuando este no se
pudiera, a lo ménos realizarlo con el departamento de Guayaquil.
Sobre aquel departamento tuvo siempre el Perú sus pretensiones, i
en Guayaquil no faltó nunca un partido que las apoyase.

Para obtener el éxito de tamaño atentado, debia Bustamante
d­eponer a todas las autoridades, nombrar otras, hacer salir del
pais a los jefes, oficiales i empleados que hicieran oposicion a
aquellos actos; i luego convocar un Congreso que los
lejitimase, como se dice siempre, i declarase la union al
Perú.

Lo particular es que todo aquello debia hacerse bajo el pretexto
de sostener la Constitucion colombiana i las libertades públicas,
lo que no debe olvidarse por la analojía que tiene con otros
atentados posteriores, i porque demuestra que no de ahora sino de
mucho tiempo atras, se ha proclamado i se proclama la defensa de la
Constitucion para viola­rla, para despedazarla, para hacerla
trizas.

Los subalternos i la tropa no tenian la menor idea de estas
negociaciones: se los habia dicho que el pronunciamiento no tenia
mas objeto que el de regresar a su patria a sostener el réjimen
legal, alterado por las actas de dictadura promovidas por el
coronel Mosquera en los departamentos del Sur: así fué que ántes de
marchar prestaron, con el mayor entusiasmo, ante el ajente de
Colombia, el juramento de sostener la Constitucion i someterse a su
Gobierno. Es indudable que si hubieran tenido noticia de los
manejos de sus jefes, la contrarevolucion habria tenido lugar en el
Perú mismo.

 

 

V.
 

 

Por fin salió la division del Callao el 19 de marzo con una
fuerza 1,800 hombres, teniendo por consiguiente 900 hombres ménos
que el dia del pronunciamiento, bajas que provenian. de haber
tenido el coronel Bustamante que devolver algunos peruanos, que
conforme a los tratados se habian dado de reemplazo, i tambien de
los enfermos en hospital i de las numerosas deserciones que la
dosmoralizacion produce siempre en las tropas.

El Gobierno peruano franqueó los transportes necesarios a su
costa, convoyados por dos buques de guerra de su marina; pagó una
parte haber que se debia a las tropas, en lo que se intervinieron
mas de 200,000 pesos; las menicionó superabundantemente, como para
hacer una campaña, i tenian ya diez dias de navegacion cuando se
supo en. Guayaquil su salida i la amenaza que con ellas venia.

El alarma consiguiente fué extraordinario: en ninguno de los
tres departamentos del Sur habia fuerzas que oponer a aquellos
veteranos vencedores en Junin i Ayacucho. En Guayaquil apénas habia
350 hombres de artillería, caballería e infantería, la primera sin
piezas montadas, la segunda sin caballos. Los buques de guerra con
poca tripulacion no habia lanchas cañoneras, que son las que
constituyen la verdadera defensa de aquella ria; en fin, todo
estaba como están siempre nuestras cosas.

Existian en la ciudad el jefe superior de los tres
departamentos, a quien estaban subordinadas sus autoridades, varios
jenerales, i jefes i oficiales sueltos, i el intendente gobernador
coronel Tomas C. Mosquera, el jefe superior declaró los
departamentos en asamblea i dictó otras medidas del momento, i el
intendente Mosquera como primera autoridad civil local, tomó otras
varias providencias de su resorte, para procurar repeler la fuerza
con la fuerza, si era posible, esmerándose en armar lanchas, en
tripular los buques, en aumentar los cuerpos i armar las milicias;
pero los invasores habian desembarcado ya en dos columnas, una
sobre el departamento de Azuay i otra sobre el de Guayaquil, i no
habia tiempo para preparar una defensa seria.

En consecuencia acordóse que el general de brigada Juan José
Flóres, que estaba en Guayaquil, siguiera a Quito a levantar
fuerzas, como lo hizo, en el departamento del Ecuador; i esta
medida fue la que salvó aquellos departamentos de la guerra civil
mas desastrosa, i allanó muchas dificultades terribles en toda la
República.

En el entretanto la revolucion avanzaba contagiando a Guayaquil:
en la noche del 15 al 16 de abril, los cuerpos de la guarnicion se
revolucionaron, i el intendente Mosquera hubo de trasladarse
inmediatamente el primero, a los buques de guerra (dos bergantines
i una goleta), i logró mantenerlos en su obediencia: a ellos, pues,
pudieron acogerse el jefe superior i otros jefes i oficiales,
salvándose así por el primer momento, que en semejantes caos es el
mas peligroso.

Mucho se censuró entonces a Mosquera este paso, que se miró como
un abandono cobarde de su puesto: yo no me atrevo a calificarlo por
que las circunstancias eran realmente difíciles, i para él
personalmente, terribles como el mas comprometido, habiendo sido el
primero que proclamado la dictadura, rompió la Constitución en la
Nueva Granada.

 

VI.
 

 

En la mañana del 16 se reunió en la municipalidad, que convocó
para el mismo dia una asamblea del pueblo, a estilo democrático, en
la cual se acordó, que habiendo las autoridades abandonando la
ciudad dejándola acéfala, era indispensable que la corporación
procediese a nombrar un jefe de la administración que reuniendo el
poder civil i militar, proveyese a la conservación del órden
público. Por lo pronto la junta popular concedió algunos ascensos,
hasta los de coronel i general para los que, como ántes he dicho,
se necesitaba el consentimiento previo del Senado. Es demasiado
sabido, que uno de los grandes resultados de las
revoluciones americanas, es aumentar el número de jenerales i
coroneles; lo que es natural, pues algun objeto han de tener, i
este, entre otros de mas deshonra i provecho, no es el que ménos
halaga; por consiguiente no debe estrañarse que en Guayaquil se
hiciera esto.

La elección popular de jefe civil i militar recayó en el general
don José de Lamar, colombiano de nacimiento, pero gran mariscal del
Perú, diputado al Congreso i pocos dias después elegido presidente
de dicha República. Este es un indicio más del verdadero objeto de
aquellos movimientos, apoyados en las tropas colombianas que del
Perú venian; i sin embargo, todo se hacia, como se habia convenido,
en nombre de la Constitución que se violaba. Mas, para salvar las
apariencias, se ponian notas de reconocimiento al Gobierno de
Bogotá (el general Santander), que las aceptaba porque los
invasores decian que venian a obligar al Libertador a que como
simple ciudadano se presentase al congreso a dar cuenta de su
conducta en el Perú; i el general Santander aceptaba, i
aplaudia cuanto contra bolivar, se hiciese, sabiendo que la caida
de las cabezas mas altas hace ver las mas bajas.

El coronel Mosquera estando ya a bordo del bergantín de guerra
"Colombia," recibidó oficio del coronel Francisco Elizalde,
guayaquileño, comandante de una de las dos columnas invasoras, en
la que protestaba que los cuerpos que mandaba, guardian la mas
ciega obediencia a la Constitución i a las leyes i que su conducta
no seria la de una facción como se queria figurar. ¡Siempre, ántes
i ahora el mismo lenguaje! No parece sino que los revolucionarios
de todas las épocas tienen un catecismo que aprenden de
memoria!

Seguro ya el coronel Mosquera a bordo, se puso a escribir varias
notas de que quiero ocuparme, pidiendo al lector séria atención. Al
coronel Bustamante le pasó una mui expresiva i enérgica, que por
demasiado larga no inserto aquí íntegra, en la que, en su lenguaje,
establecia la doctrinas mas conservadoras, de los principios
mas conservadores de la sociedad. Entre otras cosas le
decia: "Los jefes de armas en la aptitud de defensa que se hallan
no permitirán que usted falte a los deberes de ciudadano. Usted
responderá a la posteridad de las terribles consecuencias que
puedan seguirse a su obtinacion. Nosotros no dispararemos el primer
tiro en esta guerra civil, pero de nungun modo dejaremos hollar la
Constitución i las leyes, ni vejar la autoridad con que estamos
investidos los jefes de este
departamento".................................. "¿Cómo es posible
que los que tantas veces combatiendo por la patria, hemos escapado
del cuchillo español, vayamos ahora a derramar fraticidamente (así
está) la sangre republicana que no debe rociar los campos sino para
afirmar el pabellón dichoso que ha sido testigo de nuestro triunfo
i de nuestra gloria?" * En esta nota resaltan dos cosas: primera,
que tanto los que invadian como los invalidos decian que obraban
por no dejar hollar la Constitucion i las leyes; i segunda, que el
coronel Mosquera profesaba en su juventud la doctrina de que la
sangre republicana no debia derramarse fraticidamente."

"Al juez de hacienda le dijo de oficio: "Después que he sido
destituido tumultuariamente por la facción del coronel
Elizande, usía es la autoridad llamada por la lei para tomar el
mando del departamento." I le prevenia que en caso de seguirse
infringiendo las leyes, protestase i suspendiese el ejercicio de su
ministerio.

Al tesorero de hacienda le dijo: "Usted sabe que no hai mas
autoridad que la que ejerce funciones por la lei;" i le
prevenia que todas las órdenes de pago que cubriese, sin
protestar contra la fuerza serian de su cargo.

Al jefe político de Guayaquil le dijo: "usted debe insistir en
el cumplimiento de las leyes. El Gobierno que hoi
existe (en Guayaquil) es un gobierno revolucionario i de hecho,
al que ustedes no pueden obedecer sin violar las leyes...
Proteste usted, i si su autoridad ni la del juez de
hacienda se reconocen, han cesado sus funciones por las reglas del
derecho." ¹

Estos párrafos me parecen bastante interesantes para que yo me
detenga un poco en analizarlos. Se ve que el coronel Mosquera llama
faccion al movimiento subversivo de la Constitucion i de las
leyes, aun­que les revolucionarios protestasen, como frecuentemente
lo hacen los revolucionarios, que obraban en su defensa; í por
consiguiente debe entenderse que a juicio del coronel Mosquera sea
facciosos todos los que en cualquiera época obran de la mima
manera, porque la diferen­cia de tiempos, no cambia la naturaleza
de las cosas. Se ve que el coro­nel Mosquera profesaba el
principio, conservador, de que "no hai mas autoridad que la
que ejerce funciones por la lei," lo que quiere decir
terminantemente

1 Rociar no. Empapar, inundar eso sí puede.

 

 

que cualquiera que ejerza autoridad que la lei no le ha
conferido, o se alce con ella, es un usurpador criminal,
merecedor de severo castigo.

Se ve "que a un gobierno revolucionario i de hecho no puede
obedecerse sin violar las leyes: "es decir, el derecho escrito, la
moral, el deber, el honor. Sé ve, en fin, que mandaba a todos que
protestasen  contra la violencia: la protesta significa la reserva
del derecho para mejores dias; la resistencia moral, la resistencia
inerme, a la fuerza material; i supone, por tanto, que en la
obediencia voluntaria a los gobiernos revolucionarios de hecho, o
mas claro a los facciosos afortunados, se acepta la complicidad en
el delito i supone en fin terminantemente, que contra tales
gobiernos de hecho, enjendrados siempre por rebelio­nes criminales,
se conserva derecho perfecto de oponer la resistencia armada,
cuando se pueda; aunque con cabildos, comicios populares,
asambleas, congresos, convenciones, actas, etc, de oríjen
revolucionario, es decir nulos, se pretenda el absurdo de que se
puedan revindicar las leyes violadas, la moral ultrajada, en fin
hacer lejítimo lo que es ilejítimo. Tales son las deducciones
lójicas que se desprenden de las notas del coronel Mosquera de
aquellos tiempos.

 

 

VII.
 

 

Los tres buques de guerra fondeados en la ria, hubieran debido
hacerse a la mar sin que pudieran impedírselo, i no se sabe por qué
se entró en relaciones con los revolucionarios de Guayaquil, i se
les entregaron dichos buques, en cambio de que pusieran en
libertad a les jefes i oficiales que tuvieran presos en la ciudad.
En consecuencia se fué el jefe superior para Quito, i el coronel
Mosquera vine a Bogotá a dar cuenta de todo al Gobierno.

En el término de la distancia llegó el jeneral Antonio Obando a
Guayaquil, despues de haberse avistado con el jeneral Flórez en el
Asuí i de haber sido reconocido por él; i tambien fué reconocido
como jefe ­de las tropas de aquella ciudad, en virtud del
nombramiento que en él habia hecho el Gobierno (el jeneral
Santader); pero nadie en el fondo hacia caso de él, ni se le
obedecia.

En pasar notas, i contranotas, en reconocer al jeneral Lamar, i
desconocer la autoridad del jefe superior, en dar uno tras otro
insignificantes partes al Gobierno, únicas funciones que se le
dejaban, empleó dicho jeneral algunos meses hasta que los
acontecimientos, complicán­dose, le obligaron a volverse al fin,
sin haber hecho nada que mereciera la pena. El jeneral Antonio
Obando era un mulitar valiente i honrado, pero nada mas, i llevó
instrucciones directas del jeneral Santander.

Llegado el coronel Mosquera a Bogotá, dió cuenta circunstanciada
de todos aquellos sucesos i mereció del Gobierno (jeneral
Santander) la aprobacion de su conducta, previniéndosele regresara
a continuar ejerciendo las funciones de intendente gobernador de
Guayaquil. Esta apro­bacion era la improbacion de los hechos
contrarios, por el mismo que­ los habia aprobado i aplaudido.

Al regreso del capitan Bravo i del teniente Lerzundi, de esta
capi­tal para Guayaquil, el jeneral Flórez, con quien hubieron de
tocar, se atrajo al capitan Bravo instruyéndole de las verdaderas
miras de les nuevos jefes de la division, probándoselas con la
relacion i análisis de los hechos, i con documentos informativos de
lo que pasó en Lima para en­viar clandestinamente la division,
despues de la salida de Lima de dicho oficial.

Bravo, sorprendido, ofreció al jeneral Flórez su cooperacion,
prometiéndole someterle los cuerpos que estaban eni Cuenca, luego
que se hu­biese convencido de la verdad de lo que el jeneral le
informaba; i en efecto lo cumplió, haciendo se contrapronunciara el
batallon Rifles, al que siguieron los demas cuerpos, reduciendo a
prision al coronel Bustamante i a los jefes i oficiales
sospechosos, que entregó al jeneral Flórez.

Encontróse, pues, esto jeneral con tropas suficientes para
mantener  la tranquilidad de los departamentos de Asuai i Ecuador,
i para obrar sobre el de Guayaquil. Antes de hacerlo por medio de
la fuerza, probó a lograrlo ganándose al coronel Bustamante, como
lo había hecho con el capitan Bravo. Bustamante convino en todo,
fué puesto en libertad, marchó para Guayaquil, i no cumplió nada de
lo que ofreció. Por el contrario, habiendo el jeneral Lamar
entregándole el mando de las tropas restantes de la tercera
division, opuso con ellas, hasta el fin, una resistencia tenaz a
todo sentimiento pacífico. Este dice mas de lo que yo pudiera,
sobre su lealtad.

 

VIII.
 

 

El pronunciamiento de la tercera division en Lima, su salida
para Colombia, las armas, ya públicas, que traia, las intrigas del
Consejo de gobierno peruano para insurreccionar las tropas
colombianas en Bolivia, todo esto ponia al gran Mariscal de
Ayacucho en una situacion penosa i arriesgada. El jeneral
Sucre habia sido elejido presidente vitalicio de Bolivia por
casi la unanimidad de los colejios electorales de la nueva
república; pero, hombre en extremo modesto, de talento i recto
juicio, conocia mui bien que la presidencia vitalicia, chocando con
las ideas que los Estados Unidos anglo-americanos habian
jeneralizado en Sur América, no podia ser una institucion duradera;
i tanto por estas razones, como porque deseaba volverse a Colombia
i fijar su residencia en Quito, se negó resuelta e irrevocablemente
a aceptar el honor que se le hacia, solo admitió la
presidencia hasta la reunion del primer Congreso,
ma­nifestando que debia elejirse un presidente boliviano de
nacimiento. Ni las excitaciones de los pueblos, de las
corporaciones públicas, i del mismo Libertador pudieron hacerle
variar de resolucion; cuyo desprendimiento por un lado, i por el
otro el amor i respeto que los pueblos le profesaban lo mantuvieron
firme, entre tanta ajitacion, i pudo por algun tiem­po conservar el
órden en aquella república.

Sinembargo, no pudo impedir que la desmoralizacion cundiese en
las tropas colombianas. Un escuadron de cerca de 200 hombres del
reji­miento de granaderos montados, seducido por un simple teniente
vene­zolano, de apellido Matute, se sublevó, i se pasó a la
provincia de Salta, en la república Arjentina, i allí, a la manera
de los condottieri de Italia en el siglo XV, fue prestando
mano fuerte, ya a un partido, ya a otro, hasta que habiendo caido
prisionero fué fusilado, i casi toda la tropa se extinguió,
muriendo los mas en las acciones de guerra o en el banquillo, y
algunos de enfermedades contraidas en tan penosa vida.

La 2.ª division colombiana al mando del jeneral José María
Córdova (antioqueño), se insurreccionó contra su jeneral, a quien
calificaban, no sin razon, de déspota insufrible; i aunque el motin
fué sufocado sin grandes consecuencias, se hizo preciso que el
jeneral Córdova se separase del mando. ¹

 

IX
 

 

Habiendo marchado el jeneral Flórez para Guayaquil con 1,300
hombres, perdido que hubo la esperanza de que Bustamante
correspondiera a su confianza, ni llegar al pueblo de Babahoyo,
propuso al jeneral Lamar que se restableciese el órden
constitucional, reconociéndose las autoridades nombradas por el
Poder ejecutivo (el jeneral Santander) que habian sido reemplazadas
por otras intrusas; que se pusiese al jene­ral Antonio Obando, que
aún permanecia en la ciudad, en posesion del mando militar del
departamento que el jefe superior del Sur le habia conferido; que
admitiese de guarnicion en la plaza la tropa que él (Flórez)
llevaba, i que la que existia en la ciudad se mandase a Panamá i a
Pasto, miéntras el Poder ejecutivo (el jeneral Santander) dis-

1 El jeneral córdova ántes de marchar a la campaña de
nuestros departamentos del Sur i del Perú, mató en Popayan con su
propia mano de una estocada aun jóven sarjento, no en funcion de
armas, no en ningun acto del servicio...Se le abrió en consecuencia
causa criminal, la que se paralizó por su ausencia.

Con este motivo pidió al jeneral Sucre su separacion de la
division para venir a esta capital a responder al juicio a que
habia sido llamado. Vino en efecto, i. fué ab­suelto por la Corte
suprema marcial; pero el doctor Félix Restrepo, su paisano,
minis­tro de otra corte le condenó. Los que conocieron al doctor
Félix Restrepo sabrán apreciar el inmenso valor de esto voto; los
que no le conocieron ni tienen noticia de él podrán juzgarlo que
era aquel varon eminente, sabiendo que era nuestro canciller
L'Hopital. Es seguro que este nombre sí les será conocido, porque
en nuestro pais se sabe mas lo que ha pasado en Francia
desde la creacion del mundo, que lo que ha sucedido entre nosotros
de medio siglo acá.

 

 

 

ponia lo con­veniente. Todo fué negado; pero lo particular es
que el jeneral Antonio Obando fuese el mas acaloradamente opuesto a
que el jeneral Flórez ocupara la ciudad; lo que dice mucho,
sabiéndose que el jeneral Obando era ciego partidario del jeneral
Santander; i sus principales argumentos eran que en la ciudad i en
el departamento rejia la Constitucion, i que el jeneral Lamar,
nombrado por las municipalidades, teniq mas derecho a mandar que
él, habiendo él sido nombrado para el mando militar local por el
Jefe superior, pues el Gobierno solo le habia conferido el de la
tercera division. Todo esto es triste ciertamente; pero lo es mas
que el jeneral Santander lo aprobara; lo que significa que admitia
otra i otra vez la validez de las actas i pronunciamientos
inconstitucionales que en otro sentido rechazare como nulos i
subversivos. Esto ha sucedido siempre: las doctrinas de los hombres
de partido varían segun varían los intereses de su partido; i en el
que en Nueva Granada se llama libe­ral, es esta una práctica
ya establecida.

Cuando ménos lo esperaba, recibió el jeneral Flórez órden del
Gobierno (Santander) para no ocupar a Guayaquil por la fuerza, i
para que regresara al departamento del Ecuador con las tropas de su
mando; í pocos dias despues declaró el mismo Gobierno debian cesar
en los de­partamentos del sur las facultades extraordinarias, con
lo que quedaba suprimida la jefatra superior. Se deduce, pues, de
esto que el jeneral Santander queria que triunfara aquella
revoluicion.

Antes de regresar el jeneral Flórez, pasó solo a la ciudad, en
la que el aciago clamor de "Reformas, Convencion, Federacion" habia
tenido eco, i se repetia con furor; pero con la circunstancia
agravante de que los tres departamentos constituidos separadamente,
bajo la for­ma federal, debian formar unidos un Estado
independiente. La prensa de Guayaquil denunció al jeneral
Flórez como aceptante de aquella idea, que daba un golpe mortal a
la Constitucion i a la integridad de la Re­púbica, i la noticia de
semejante proyecto, divulgada por todas partes, produjo una
confusion más en los partidos: los bolivianos se indignaron los
santanderistas aplaudieron, tomando cuerpo el proyecto, en embrion,
de

independizar la Nueva Granada; los federalistas colom­bianos se
desconcertaron, pues las cosas tomaban un rumbo que ellos no
querian seguir; i los constitucionales nos contristamos,, perdiendo
Ia esperanza de que se conservase intacta la Constitucion, cuya
inviolabilidad fué el clamor de todos al principio.

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