CAPITULO X

Mejoras internas acometidas.-La carretera de occidente-La comisión corográfica.

 

La secretaría de mejoras internas inició por este tiempo una que, aunque combatida también por los periódicos oposicionistas, merece un recuerdo de gratitud especial: la construcción de la primera carretera, a la Mac-Adams, en la sabana de Bogotá, entre esta ciudad y el término de la explanada hacia el occidente, en una extensión de nueve leguas: era también la primera en la república.

Aunque esta línea es toda horizontal, el suelo es flojo y anegadizo, como que era el fondo de un antiguo lago, no enteramente desecado en el día, a causa de los derrames del río Bogotá en los inviernos. El camino era, pues, un profundo lodazal durante las lluvias, y una sabana cubierta de polvo en verano, de tan difícil tránsito, que, durante el invierno, se empleaban hasta tres días en recorrer las ocho leguas que median entre Facatativá y Bogotá. El precio de los víveres subía y bajaba con frecuencia de una manera increíble; el tráfico se hacía todo a espalda de mulas; no había un solo coche; apenas se arriesgaba uno que otro carro en los veranos; y las tierras de mejor calidad no valían a más de $ 100 la fanegada, y quizá no llegaba a $ 20la de terrenos inferiores en los lugares retirados del camino principal.

La agricultura de la sabana era, pues, muy incómoda y difícil para los habitantes de la ciudad, por cuyo motivo éstos tenían muy poca disposición a fundar allí establecimientos mejor servidos; mas apenas se vieron nuevas facilidades de locomoción, los carros se multiplicaron rápidamente coches cómodos empezaron a parecer; los pueblos situados a lo largo de la vía experimentaron transformación notable de un caserío e bahareque y paja con calles sucias y estrechas a cómodas habitaciones de teja de dos pisos, principalmente en Serrezuela (hoy Madrid) y Facatativá. Empezó la mejora de las razas de ganado con la introducción de re productores ingleses de Durham y Hertford; la de mejores semillas de papas y trigo con otras traídas de Túquerres y Europa, y aun la calidad de los pastos mejoró con la propagación del carretón, del triguillo y algunas otras variedades traídas del extranjero. En el término occidental de la sabana fue fundado un hotel cómodo y bien servido (el de los Manzanos); y un servicio de ómnibus dio allí un descanso confortable a los pasajeros procedentes del Magdalena; ambas mejoras, debidas al progresista espíritu del señor Guillermo París. El ejemplo cundió en todas direcciones. Zipaquirá quiso comunicarse con Bogotá por otro camino igual; Soacha y Bosá no quisieron quedarse atrás, y a la vuelta de diez y seis años Bogotá contaba conmás de treinta leguas de caminos carreteros a la Mac-Adams a su rededor, que hubieran podido ser más del doble si las perturbaciones del orden en y 1854 no hubieran opuesto obstáculo para ellos.

El camino de occidente fue contratado al precio de $ 4 vara, de suerte que las nueve leguas de su extensión ocasionaron un desembolso de cerca de $ 300.000, gasto que fue censurado por los escritores de oposición como un derroche imponderable. Es sin embargo una de las obras que han subsistido, desarrollado un gran progreso e iniciado los trabajos de vías de comunicación cómodas en toda la república. El nombre del señor Victoriano de D. Paredes, secretario de mejoras internas, a cuya tenacidad se debe esa iniciación, que dará unido al recuerdo de ese beneficio duradero. Tampoco deberá olvidarse que esos trabajos fueron inteligente y activamente dirigidos por los señores Alejo, Eústacio y principalmente Evaristo de Latorre. Ellos emplearon constantemente cosa de mil obreros, a quienes, pagando un salario superior al mezquino que era corriente en la sabana, determinaron un alza de jornales 1 que mejoró algo la suerte de los proletarios en la antigua provincia de Bogotá. Como al propio tiempo empezaban a las orillas del Magdalena las siembras libres de tabaco y las de pastos de para y de guinea para el engorde de los ganados, el alza de los jornales se extendió pronto a toda la república; resultado enorme y punto de partida de transformación social.

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El mismo secretario, señor Paredes, contrató también, en diciembre de 1849, con el entonces coronel Agustín Codazzi y el doctor Manuel Ancízar, la exploración del país y el levantamiento de cartas corográficasde las provincias y de toda la república. El señor Ancízar debía además escribir un viaje descriptivo del estado de civilización, riqueza, producciones, costumbres e ideas dominantes en los diversos pueblos que recorriera; trabajos de utilidad suma que, principiados en enero de 1850 y continuados hasta 1853, parece que han quedado paralizados. Hasta 1854, año en que motín militar de Melo interrumpió las exploraciones del general Codazzi, los trabajos de la comisión eorográfica habían tenido por teatro el norte de la repúblicaa, en las provincias de Bogotá, Tunja, Tundama, Vélez, Socorro, Pamplona, García Rovira, Santander (Cúcuta) y Ocaña. El doctor Ancízar, llamado a tareas diplomáticas en 1852, alcanzó a escribir un volumen que, con el nombre de Peregrinación de Alpha, publicó la imprenta de Echeverría Hermanos; precioso libro ya agotado, en el que se encuentran descripciones de estado social y costumbres utilísimas para el hombre de Estado. El jefe de la expedición corográfica, ocupado en 1854 en servicio militar, como jefe de estado mayor del ejército del norte, en la campaña que el general Mosquera dirigió desde Ocaña hasta Bogotá, continuó sus trabajos en los Estados del sur y de la costa, y cuando se ocupaba del Estado del Magdaléna, en 1860, la muerte le sorprendió casi solo y sin recursos en el pueblo del Valle, perteneciente al cantón de Valledupar. Con la misma suerte que sucompatriota Colón, a quien un colaborador oscuro arrebató el derecho de dar su nombre al continente recién descubierto, sus trabajos geográficos y estadísticos salieron a luz con el nombre de otras personas que no tuvieron en ellos más intervención sino la de lle­varlos a Europa para publicarlos allí.

Esos utilísimos trabajos hubieran, debido ser proseguidos con constancia antes de lanzarse en la construcción de caminos de hierro por líneas no exploradas, en las que, después de gastos enormes para nuestros recursos, se obtuvo el resultado de no ser a propósito para el objeto, como la del famoso ferrocarril del Carare. El general Codazzi estaba dotado de una perspicacia singular para descubrir las relaciones de las diversas cuchillas de nuestras cordilleras aun a través de bosques espesos. A él se debe, entre otros, el descubrimiento del eslabón que une, por medio de la meseta de El Trigo, la cordillera secundaria de Quipile con la del Sargento, eslabón que permitió trazar la trocha carretera del Aserradero a Cambao sobre el Magdalena, que luego sirvió para el transporte de los materiales del ferrocarril de la sabana de Bogotá y del de Zipaquirá, y redimió de la incomunicación en que estaban las poblaciones de Vianí y San Juan de Río Seco con Facatativá, su mercado natural. La actividad, resistencia física y valor a toda prueba de que dio muestra en las exploraciones de Venezuela y en las de este país, no tienen igual. Muy grande fue la pérdida que la temprana muerte del general Codazzi ocasionó a nuestra patria. Después de Humboldt ningún viajero ha hecho descubrimientos tan notables como él.

 

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