Los trabajos subterráneos de Marmato son los más extensos en el distrito de La Vega de Supía y no se sabe en qué época fueron comenzados, pero no es inverosímil que varios de ellos sean anteriores a la Conquista. Es muy seguro que los españoles hicieran trabajar en las minas a los “repartimientos” que les habían tocado en suerte; pero allí, como en el resto de la Nueva Granada, los indígenas sucumbieron por el excesivo trabajo y es a partir de la introducción de los negros de África, cuando las minas fueron explotadas con cierta actividad. El sitio de Marmato, porque ni siquiera era un pueblo, consistía en una serie de tristes cabañas levantadas a diversas alturas, pues habría sido imposible encontrar un terreno plano suficiente para construir 2 o 3 habitaciones por lo pendiente de la montaña.

Me alojé en la casa vacía del difunto marido de la señora Moreno, a quien el acróbata había seducido. La única abertura era la puerta, no había muebles, no había nada y el suelo era la roca porfídica. Una noche dormía profundamente en mi hamaca cuando fui despertado de repente por la caída de un ser que se enrolló como una serpiente en mi brazo que de inmediato comencé a agitar fuertemente para sacar el animal por la tangente: resultó ser una enorme rata con una desarrolladísima cola. El negro que me acompañaba me aseguró que la casa estaba llena de estos animales y prendió una vela que colocó en el suelo en una bola de arcilla, diciéndome: “ya no vendrán más”. Iba a dormirme cuando vi otra rata que se aproximaba a la luminaria, la mordía y se la llevaba; toda la noche la gasté, sin éxito, en la cacería de esos repugnantes animales y por la mañana, cuando recogimos agua para hacer el chocolate, descubrimos que una rata se había ahogado en la tinaja. ¡Y yo rodaba en oro!.

Era un curioso espectáculo el del cerro de Marmato con las pobres chozas como suspendidas a la entrada de cada excavación y sus habitantes negros ocupados en la molienda y lavado de la pirita.

El oro que se extrae tiene un tinte pálido porque contiene una notable proporción de plata. Al subir por encima de la casa Moreno, llegué a uno de los puntos más elevados de la loma de Marmato, el alto de la Candelaria (altitud 2.210 metros) cerca de 1.500 metros sobre el nivel del Cauca, en el paso de Bufú. A una altitud de 1.757 metros encontré la acequia del Obispo, canal que suministra olgadamente el agua necesaria e indispensable a los trabajadores, porque la que sale de las galerías, cargada de sulfato de hierro, no puede servir sino para el lavado de las menas. La larga trinchera hecha para llevar las aguas de la quebrada del Obispo a las minas, permite formarse una idea de la relación del pórfido y del esquisto micáceo en los terrenos auríferos.

Esta asociación de la roca porfídica y de la roca esquistosa se encuentra por todas partes en las cordilleras Central y Oriental, pero en la acequia se podía ver mejor que en la selva, en donde la tierra vegetal cubre el suelo en un gran espesor.  

En La Vega, la sienita está mucho más desarrollada que el esquisto, sin embargo el esquisto micáceo no es estéril y allí se explotaba antiguamente la mina de La Candelaria. En una larga galería abierta en la quebrada de la Cascabela, en la parte baja del alto de la Boca del Monte, el filón iba encajado entre el esquisto y el pórfido; este corte no es suficiente para establecer el orden de sucesión de las rocas; sin embargo es posible que el esquisto haya sido levantado por el pórfido; esto resulta especialmente de observaciones recogidas en varias localidades de la Cordillera Central.

Una vez terminado el reconocimiento del terreno, procedí a visitar los trabajos subterráneos, pertenecientes a los registros de la señora Moreno. Hacia la parte baja del cerro se encontraban las minas del Salto y un poco por encima y más al norte, las minas del Candado. Entré a 10 galerías superpuestas que atacaban un filón vertical “la veta de Cruzada”, cuya dirección y contenido están indicados por la dirección y anchura de las galerías que tienen alrededor de 2 metros de altura.    

No. Nombre Largo Ancho Orientación Observaciones
1 La Caparrosa 40 1 EO  
2 El Principal 233 1 a 2  
 200 1 a 1,50 " Inclinación al norte
4 De abajo 43 " "  
 100  1 a 2   
6  20 "  Potencialidad con-
7    200  "  siderable, punto
8  135  " " de intersección
9 Poco avanzada   " " de varias vetas
10              "  "  Inclinación al sur.

  Había 6 galerías abiertas en la mina del Candado.

No. Largo  Dirección Observaciones 
1 Poca extensión SO Inclinación al Norte
2 50 metros  EO Filón vertical
3 60 metros "    "           "
4 70 metros  "    "           "
5 40 metros "    "           "
6 40 metros "    "           "

Al visitar las galerías descubrí la “marmatita”, combinación de protosulfuro de hierro y de zinc. La extensión de los trabajos hechos en el filón aurífero de Marmato ha sido:

         Por el Salto              971 metros
         Por el Candado         260 metros
         Total                    1.231 metros

El Salto y El Candado fueron las minas compradas a la señora Moreno; pero todavía existen otros yacimientos minerales como en Marmato: la mina de Cumba con trabajos muy desarrollados, suministra una mena aurífera perteneciente a un convento de Popayán que la hacía explotar por esclavos. La mina de plata de Sacafruto, en el camino de La Vega, explotada a pérdida durante muchos años. La mina de plata del Pantano, en el cerro de Loaiza y al fin, abajo de Marmato, sobre las riberas del Cauca, cerca del paso de Bufú, una tropa de esclavos explotaba un aluvión aurífero también para el convento de Popayán.

He aquí los productos auríferos que produjo el distrito de La Vega de Supía durante el quinquenio de 1805 a 1809; éste es un documento oficial, emanado de la tesorería:  

   Oro colorado del Valle de Supía     108.043 pesos fuertes
   Oro de Marmato                            163.979 pesos fuertes 
                                                  
                                                         272.022

Este producido no es considerable, pero hay que tener en cuenta que fue obtenido por unas pocas cuadrillas de esclavos.

La compañía inglesa pagó: 
                                                                     Piastras

I.  A varios por las minas de Quiebralomo         9.357
II. A los herederos de la señora Moreno:
      1.   Por las minas de Oro del Salto
              del Candado y del Valle

       2.  Por las minas de plata                          51.352

       3.  Por la marga de Muela

             Total                                                  60.709  

Al terminar la misión especial a mi cargo, debía seguir hacia la Provincia de Antioquia; antes de partir fui a darle un abrazo al cura Bonafonte a quien le aseguré que regresaría. Vi en Río Sucio algunos indios chami trayendo “birotes” (flechas para cerbatanas) envenenadas para dárselas al doctor, quien tenía la manía de matar de esa manera las gallinas destinadas a su cocina; también pasé algunos días en La Vega de Supía; allí determiné la declinación de la aguja imantada y encontré:

  Por una determinación de Vega de la Lira      E. 6° 40’
  Por una determinación de Acarnas               E. 6° 33’
  Para la inclinación                                       27° 17’   | (1) 

Me hospedé en casa de la señora Margarita en cuya alcoba estaba suspendido un óleo que representaba un milagro: se la veía a ella tendida en su cama y a su marido, vestido a la francesa, de rodillas rezando para sacar un diablo que se alcanzaba a ver dentro de la alcoba con cuernos y garras magníficos. He aquí el hecho: una noche Margarita, entonces joven y bella, se había quedado dormida cuando de repente sintió que la vigorosa mano del diablo la estrangulaba; mientras que gritaba, se revolvía e invocaba a no sé cuál santo, el espíritu maligno desapareció; Margarita no sufrió sino una equimosis y de acuerdo con los informes que pude recoger, parece ser que el diablo no era otro que su mismo esposo, quien por interés o por celos, había resuelto estrangular a su mujer. El padre Bonafonte estaba de acuerdo con esta teoría.

Antioquia, capital de la provincia que iba a explorar, se halla sobre la ribera izquierda del Cauca y a una distancia en línea recta, de alrededor de 35 leguas de La Vega de Supía. Si el Cauca fuera navegable, la distancia se habría podido cubrir en pocas horas, pero este río corre en un lecho tan angosto a partir del paso de Velásquez, que aun en una balsa hubiera sido imprudente intentarlo. Únicamente los indios se atreven a navegarlo agarrándose fuertemente al tronco de un árbol, sin dirección alguna, que probablemente va a terminar su carrera en aguas que no se ven sino cuando se ha salido del aterrador desfiladero. Ya en Marmato, desde un punto donde se podía divisar el río cuyo rugido me aturdía, vi pasar, rauda como una flecha, una india a horcajadas sobre un tronco al que se aferraba rodeándolo con sus brazos; la embarcación desapareció bajo el agua, emergiendo en seguida y al cuarto de hora alcanzamos a ver un indio, viajando en la misma forma. El ribereño que me acompañaba me dijo que esta escena se reproducía con frecuencia y que nunca se había sabido de dónde venían, ni a dónde iban estos indios.

El 17 de octubre de 1825 salí en dirección a Antioquia, acompañado de Walker y nos alojamos en la hacienda de Maragá, en un gran cobertizo donde se podían amarrar las hamacas. Me había dormido a pesar del estruendo del río, pero había tenido la precaución de dejar una vela encendida para espantar las ratas. Hacia la medianoche —hora de las apariciones—, me despertó una fuerte sacudida: me encontré en presencia de una mujer a medio vestir y con la cabeza cubierta de una mantilla amarilla. Era una joven mulata de la hacienda que me proponía que le comprase oro; a pesar de mi negativa, me llevó a otro sitio y me dijo: “don Juan, no tema nada; he revisado todo y no hay serpientes”. Luego, colocando en tierra la luz que traía, me hizo una exhibición de sí misma: era una bella estatua, ¡Qué muslos! ¡Qué senos! y todo proporcionado a su estatura, 1,58 metros.

Al día siguiente a las 9 salimos de Maragá para costear la ribera izquierda por un camino muy accidentado. Después de haber atravesado el torrente del Arquía, que corre sobre un esquisto talcoso verdoso, pronto llegamos al Paso Real de Bufú (altitud 633 metros, temperatura 28°). Este paso se halla 3 leguas más abajo que el de Velásquez o sea a 1.668 metros, al adoptar la legua marina de 20 por grado. La diferencia de altitud entre Velásquez y Bufú es de 91 metros, y por lo tanto se tendría 0,005 m por metro como pendiente de este tramo del río Cauca.  

Después de habernos refrescado pasamos a la ribera derecha del Cauca, en una canoa hecha de un tronco de árbol. En el paso, el río corre pacíficamente para volver a tomar, un poco más abajo, una extraordinaria rapidez. Seguimos la ribera atravesando sucesivamente los torrentes Compana y Pácora. El Cauca hace grandes rodeos, pues allí toma la dirección este-oeste y abandona la norte-oeste que seguía. Caminamos tranquilamente admirando la vigorosa vegetación que nos rodeaba, sin suponer el peligro que nos amenazaba. Súbitamente se elevó del Norte un viento furioso y un árbol arrancado por el huracán, cayó a tres metros de mi mula; mis compañeros me creyeron perdido, pero felizmente salí sano y salvo de entre el ramaje; el viento continuaba soplando con una intensidad increíble, descuajando la selva; no había ningún medio de protegerse de su acción, pero afortunadamente, habiendo tomado la cuesta de Gaital, llegamos rápidamente a una elevación en donde la vegetación no se componía sino de arbustos. Estábamos en el Alto (altitud 1.519 metros, temperatura 21,5°) y a las 6 nos desmontábamos en Arma, en casa de un excelente cura que tuvo la perfidia de ofrecernos un baile con la participación de todas las bellezas del pueblo. Después de una buena cena dormí durante los fandangos que se bailaron hasta el amanecer. Al salir de Arma, se baja un río que va hacia el Cauca en dirección noroeste (altitud 658 metros, temperatura 27,7); del río Arma subimos al pueblo de Abejorral, pasando por el alto del Pantanillo (altitud 2.171 metros, temperatura 20°) y por el Cerro Pelado (altitud 1.514 metros, temperatura 22°). 

Abejorral tiene una población muy numerosa y se halla a una altitud de 2.198 metros, temperatura 14,5º. Allí nos alojamos en casa de un anciano de una increíble alegría, pero afortunadamente escapamos del baile. Por la noche vimos el cometa que había perdido todo su brillo. Para ir de Abejorral a Río Negro en donde debíamos dormir, pasamos el río del Buey (altitud 2.195 metros, temperatura 18°) desde donde se domina la explanada donde está edificada la ciudad. En el alto del Peladero ya no marchábamos sobre rocas esquistosas y el terreno estaba cubierto de una arcilla roja, tan sumamente resbalosa que nuestros caballos cayeron varias veces. El camino habría sido impracticable para jinetes menos acostumbrados que nosotros a las dificultades que presenta la marcha por las cordilleras en tiempo lluvioso; sin embargo, desde el caserío de la Bomitú, donde nos vimos forzados a pasar la noche, necesitamos siete horas para pasar la corta distancia que nos separaba de Río Negro.

Don Sinforoso García, rico negociante a quien yo estaba recomendado, puso a mi disposición una casa muy agradable. En Río Negro encontré una población de 12.000 almas y los recursos que no tuve a lo largo de los tres meses de permanencia en La Vega: había vidrios en las ventanas y me acostaba en una verdadera cama, sobre mi mesa se encontraban diarios franceses e ingleses y cada día me servían tres buenas comidas con vinos de Burdeos y de España. Las damas que pudimos ver caminaban por las calles sin afán y llevaban atuendos elegantes. Mi sirviente, un indio de Bogotá, veterano debido a una bala que le había roto la mano, consideró que era menester vestirse de uniforme; limpió con “paciencia” los botones de mi uniforme; pulió mi “aguja” que estaba sin brillo por la humedad y al fin logró quitar el moho de las botas de montar. Así de engalanado me dispuse a visitar a las autoridades y a los personajes importantes del lugar, al día siguiente de mi llegada. Una vez arregladas las obligaciones impuestas por la etiqueta, instalé mis instrumentos.

Río Negro, de acuerdo con una altura meridiana del Sol, está por 6°13’ a 1°16’ al oeste del meridiano de Bogotá. La altitud es de 2.125 metros sobre la plaza mayor; la temperatura promedio 17 durante la estación de lluvias con una inclinación de la aguja imantada de 28°12’.

La ciudad se halla en la extremidad de un extenso altiplano formada por un granito bastante singular, con granos pequeños, que pasa probablemente a sienita. Este granito es una mezcla de hojas de mica negro brillante, de fragmentos de cuarzo, de cristales de feldespato blanco vidrioso y de anfíbol de un verde intenso. La roca algunas veces toma un tinte Rosado, pero lo que ofrece de particular es su fácil disgregación, podría decirse instantánea, por la acción de los ácidos. Si se sumerge un pedazo de ese granito en ácido nítrico, se reduce a arena formada de todos los elementos constitutivos y sin que se vea un desprendimiento de gas como ocurre con todas las sienitas porfídicas que he podido examinar. Las fisuras horizontales, separadas una de otra por una distancia de 0,7 m, dan una apariencia de estratificación a las capas dirigidas este-oeste e inclinadas al norte de 50º. Dejo nota de esta observación mía , aun cuando nada asegure que existe esta estratificación.

Este granito sienítico se usa en pavimentación, de la siguiente forma: se prende un fuego de leña para calentar la roca y se le echa en seguida agua para resquebrajarla, con el fin de poder utilizar la barra.

Tuve que dejar las delicias de Río Negro para inspeccionar el norte de la provincia. Algunas recaídas de la fiebre que me había afectado desaparecieron, y por esa razón decidí salir por Envigado hacia Titiribí. Subí al alto de San Ignacio (altitud 2.730 metros), luego bajé al valle de Medellín, bonita ciudad en la que no me detuve, hasta llegar finalmente a Envigado (altitud 1.568 metros, temperatura 16°). Me alojé en la casa cural, en donde por necesidad tuve que asistir a un baile porque estaban en fiestas. Al salir de la población encontré el granito con granos más gruesos que en Río Negro; más arriba se podía ver el esquisto micáceo. A mediodía llegué a Amagá para alojarme, como siempre, en la casa cural (altitud 1.423 metros temperatura 23°). El presbiterio estaba lleno de los más grotescos penitentes.

Cerca de la población, en un torrente que corre sobre un sedimento análogo al de La Vega, existen bancos de lignito; allí me dieron un grueso trozo de resma copal, parecida al ámbar amarillo que había sido encontrado en los alrededores. La idea que me formé de la sucesión de los terrenos desde Amagá es la siguiente:

Llegué a Titiribí muy tarde en la noche, y ya me esperaba el capitán Walker a quien había enviado desde Río Negro con los equipajes. Esta es una pequeña aldea en donde viven unos 300 o 400 mineros, a lo sumo. El señor Sinforoso García había puesto a mi disposición una casa de teja (cubierta de tejas) y además había asegurado el servicio para mi subsistencia.

Algunos muebles traídos de Río Negro hacían que la residencia fuera agradable. Me acosté muy cansado, después de haber dado algunas órdenes para el día siguiente. En la mañana me despertó un ruido poco común; se oía a Walker perorar afuera, pronunciando mi nombre y gritando: “entren ciudadanos y ciudadanas y así podrán verlo. Es la primera vez que un francés de París ha llegado a estas regiones; entren, entren con su ofrenda”. La puerta se abrió y vi llegar el público; las señoras se sentaron familiarmente en mi cama y todos traían frutas y flores, el precio de la entrada. ¡Walker había resuelto hacer una exhibición de mi persona! El gravamen estaba bien puesto y no tenía forma de enojarme. El resultado fue una gran abundancia de piñas, mangos, chirimoyas, cebollas, ajo, yuca y tortas de maíz para la casa.  

 

Titiribí está a una altitud promedio de 1.596 metros. La temperatura es alrededor de 23°. Al tomar una altura meridiana de Fomahault obtuve su latitud norte. La longitud oeste desde el meridiano de Bogotá sería, según Restrepo, 1°36’.

 

(1)
En los primeros días del mes de octubre de 1825 se vio un cometa en el hemisferio austral; su cola era bastante extendida y muy brillante. (Regresar a 1)
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