Desde que salí de la bodega de Nóvita me pareció que el lecho del río es una grauvaca; de todas maneras es una roca esquistosa.
25 de febrero. A las 6 y media continuamos nuestro camino, río arriba.
Hora |
Dirección |
Observaciones |
7:00 |
E |
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7:15 |
ESE |
Entramos en las Mojarras, pasamos el primer rápido: La Mojarrita |
7:42 |
NE |
Sobre la orilla izquierda, entrada de la quebrada de La Mojarrita |
7:50 |
NE |
Llegamos al segundo rápido que es muy peligroso, donde nos salvamos de perecer: es la Mojarra; allí el San Juan corre en medio de numerosos obstáculos; la piragua que yo montaba fue lanzada vigorosamente y quedó aprisionada entre dos rocas; nuestros remeros no podían sacar la embarcación; el agua nos inundaba y amenazaba con voltearnos, pero afortunadamente John y yo no perdimos la cabeza y saltamos sobre una de las rocas. Tan pronto la piragua quedó aliviada, partió hacia abajo como una flecha; los indios nos hicieron señas de que traerían una embarcación más estrecha. La superficie de la roca donde estábamos era tan exigua que nos obligó a apretarnos el uno contra el otro; estábamos rodeados de espumas y el ruido era tan intenso que impedía oírnos: la situación era crítica, pues ni siquiera podíamos pensar en llegar a la orilla a nado, porque habríamos perecido. Agachándome con precaución, sostenido por John Lane, pude soltar un fragmento de la roca sobre la que estábamos trepados y la encontré descompuesta, gris, con láminas de mica; es probablemente un grünstein de grano fino lo que constituye el terreno de Mojarra; después de 20 minutos de espera vimos con una satisfacción fácil de entender, que llegaban nuestras embarcaciones: la piragua grande seguida de la canoa que llevaba mis hombres y en la cual se había trasbordado el equipaje. Así aliviada, gracias a la destreza de nuestros indios, la piragua atravesó el paso peligroso.
A las 8:50 habíamos atravesado las Mojarras. Por fuerza habíamos tenido que quedarnos a bordo porque las orillas muy escarpadas y llenas de vegetación, no presentaban facilidades para bajarnos.
Hora |
Direc. |
Observaciones |
9:00 |
NE |
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9:15 |
NO |
Sobre la orilla izquierda, entrada del río Profundo. Roca estratificada |
9:30 |
NNE |
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9:45 |
NNE |
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10:00 |
E |
Rápidos |
10:15 |
ENE |
Rápidos |
10:20 |
ENE |
Nos detuvimos para que nuestros remeros almorzaran; vi varias negras ocupadas en lavar la arena del río. En el oro en polvo que retiraban se veían granos de platino.
Hora |
Direc. |
Observaciones |
11:00 |
E |
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11:30 |
NE |
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11:45 |
NE |
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12:00 |
ONO |
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12:15 |
N |
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12:30 |
NE |
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12:45 |
ENE |
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1:00 |
NE |
Sobre la orilla izquierda, entrada del río Santa Lucía |
1:15 |
NE |
|
1:30 |
NE |
Llegamos a Tadó sobre la orilla izquierda del San Juan; ésta es una ciudad poco importante, situada en el punto de unión de los ríos de Mongorá y de La Platina, cuyo curso es NO. Su altitud es de 127 metros, temperatura 29,4°, es decir 27 metros más alto que la bodega de Nóvita, sobre un aluvión depositado sobre una diorita de un verde muy oscuro, rico en cristales de anfibol. Tomé en alquiler una tienda, verdadera celda. El cura a quien yo iba recomendado estaba ausente, pero fui recibido amablemente por su vicario, el padre Cerizo. Tan pronto me instalé tuve varios visitantes insoportables que me enloquecieron con preguntas imposibles.
Tadó es tal vez el punto central de la región platinífera; el padre Cerizo pretendía que las minas de oro de los alrededores podían producir grandes cantidades de platino y me aseguró que había algunas en las que se encontraba ese metal, mezclado en una proporción insignificante de oro. Como me permitiera dudarlo, ofreció mostrarme una de esas minas; no había necesidad de desplazarse para ir a verla: ¡estaba en la huerta de la casa cural! Se hizo que una negra lavara tierra vegetal en una batea y para mi sorpresa, sacó platino en granos que tenían solamente algunas partículas de oro. Existen, sin duda, en los alrededores de Tadó, lavaderos que dan mucho platino; pero en el jardín del cura, la tierra producía sólo ese metal; hice continuar el lavado y sucedió que en la batea se descubrió un anillo de oro con un rubí, junto a los granos de platino. El misterio fue explicado por un negro viejo que vigilaba el trabajo: el huerto estaba sembrado sobre un antiguo lavadero, explotado en una época cuando no se recogía el platino y por consiguiente se botaba el que se encontraba mezclado con el oro. Esta era la razón para que el platino se encontrase acumulado en la superficie.
De Tadó me embarqué para el Real de Minas de Santa Lucía, sobre el río que había pasado el día anterior; una vez en tierra, se necesitó cerca de 1 hora a pie, por terreno fangoso, para llegar al Real, cuyo terreno examiné con atención. La Barranca, donde se ejecutaban los trabajos, presentaba de arriba a abajo: 3 pies de tierra vegetal; 30 pies de sienita porfídica y de anfibolita, 7 a 8 pulgadas de una delgada capa de arcilla arenosa y la cinta de los mineros en donde se encuentran el oro y el platino. La cinta reposa ordinariamente sobre la roca; sin embargo no la cubre totalmente, hay puntos en donde no se encuentra. La roca que soporta el aluvión de Santa Lucía está tan alterada que es difícil definir su naturaleza, pero a alguna distancia es negra, de grano fino, granular, micácea y con estructura esquistosa.
Por medio del lavado de la cinta se obtiene una arenilla que contiene oro y platino mezclados con zircones, rubíes y piritas. Todo el valle de río San Juan es rico en esos metales preciosos. No se puede dudar que las aguas de ese gran río arrastren continuamente arenas auríferas y platiníferas a tal punto que no se oye hablar sino de proyectos para cambiar el curso del río para lograr explotar el fondo, obra que me parece imposible de llevar a cabo. Creo que sería menos costoso explotar la arena arrastrada por las aguas, que un aluvión; no se necesitaría retirar la enorme masa de escombros que cubre la cinta.
Me divertía mucho ver a las negras hundirse en el San Juan para sacar la arena; llevaban a la altura de sus riñones, sostenida por un cinturón que sujetaban con la mano izquierda, una gran piedra que ayudaban a soportar sus enormes nalgas; así lastradas entraban resueltamente en el agua hasta la mitad del cuerpo y con la mano derecha sacaban la arena sobre la batea y entonces dejaban caer la piedra de lastre aflojando el cinturón y se dirigían a la orilla derecha, donde lavaban la arena así recolectada.
Al final de la tarde estábamos de regreso a Tadó: un cielo despejado me permitió tomar una altura de Canopus (32°12) de latitud norte. La lluvia que sobrevino me dio una observación un tanto dudosa; sin embargo la estrella tenía que estar muy cerca del meridiano; el calor era excesivamente fuerte, 29,4°; una violenta tempestad estalló durante la noche, lo cual causó una creciente considerable en el río, la que me impidió embarcar por la mañana, como era mi intención. Utilicé el día en recoger varias informaciones, así supe que en el Chocó el trabajo de los aluviones lo hacen únicamente los esclavos; los indios chocós lavan por su cuenta la arena arrastrada por el río, porque son libres.
El 28 de febrero por la mañana continué remontando el San Juan y me dieron 2 remeros indios y una piragua de gran tamaño; sobre la orilla alcancé a ver, buzando hacia el norte, las capas bien estratificadas que creo son de grauvaca.
Hora |
Direc. |
Observaciones |
6:12 |
ENE |
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6:30 |
NNE |
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6:45 |
ENE |
Conglomerados de gravas |
7:00 |
E |
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7:15 |
ESE |
Rápidos; los indios saltan el agua y arrastras la piragua |
7:30 |
E |
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7:45 |
NE |
Sobre la orilla derecha entrada del río Tadocito |
8:00 |
EN |
Sobre la orilla izquierda entrada del río Solera |
8:15 |
NE |
Rocas estratificadas que se inclinan al SO |
Vemos varias negras trabajando en el San Juan, tal como lo he descrito anteriormente; constato que mantienen la cabeza bajo el agua durante 15 (segundos).
8:30 |
NE |
Sobre la orilla, entrada del río Turumba |
8:50 |
N |
Sobre la izquierda, entrada río Moya |
9:00 |
NNE |
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9:15 |
NNE |
Parada para desayunar. Nos embarcamos de nuevo a las 9:45.
9:55 |
NNO |
Sobre la izquierda, entrada río S. Bárbara |
10:00 |
N |
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10:10 |
NN |
Orilla derecha, entrada río Lecuro |
10:15 |
NE |
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10:25 |
E |
Orilla derecha, entrada río San Antonio |
10:30 |
NNE |
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10:42 |
NNE |
Orilla izquierda, entrada de El Palmito |
10:55 |
E |
Orilla derecha, quebrada Yaretín |
11:00 |
E |
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11:15 |
NE |
Orilla izquierda, quebrada Scoroto o de Guaduas |
11:30 |
NN |
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11:45 |
NNE |
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12:00 |
E |
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12:45 |
ENE |
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12:20 |
SE |
Orilla derecha, quebrada Chebadé |
12:30 |
SE |
El río San Juan va encajado entre rocas estratificadas que tiene una inclinación de 80 al NNO |
12:45 |
SE |
Orilla derecha, quebrada Honda |
