6 |de mayo. Al salir de La Garita atravesamos una sabana cubierta de limoneros; la tierra estaba llena de frutas y abrimos un sendero sobre una cuesta cubierta de vegetación espesa, para bajar del pico por una hondonada abierta en una capa de esquisto incrustada entre dos capas de arenisca casi verticales. Al pie de esta ruta singular nos encontramos en presencia de la Quebrada Honda, la cual no pudimos atravesar por su profundidad por no encontrar vado practicable. Había llovido todo el día y no pudimos hacer nada mejor que instalarnos bajo las minas de una cabaña cuyo propietario había muerto hacía poco a consecuencia de la mordedura de una serpiente; cocinamos en los utensilios del difunto. Nada más triste que encontrarse a la orilla de un río a la espera de que sus aguas bajen; sin embargo, tuvimos una diversión inesperada: ver desfilar una innumerable banda de monos araguatos que lanzaban gritos ensordecedores tan pronto nos veían y se balanceaban en una rama hasta que la amplitud de la oscilación los acercaba a las ramas de un árbol vecino. Todos imitaban esta gimnasia y recorrían así, en la selva, grandes distancias de árbol en árbol, no bajando al suelo sino rara vez; algunas veces los vi tratando de calentarse al fuego de una hoguera abandonada recientemente por algunos viajeros.

Hicimos mal en no matar algunos “araguatos” que habríamos comido como lo he hecho varias veces cuando ya me había convenido en un verdadero “indio” y ya no me molestaba la apariencia antropofágica de esta comida.

En nuestro aislamiento teníamos otra distracción: era un hormiguero que había desalojado un volumen de varios metros cúbicos de tierra; ¡qué actividad! Nuestros arrieros nos aseguraban que el cadáver del propietario de la cabaña en donde nos encontrábamos había sido devorado por las hormigas. ¡Una sepultura como cualquier otra!

|7de mayo. Nos apresuramos a atravesar la quebrada cuyas aguas habían bajado, pero a pesar de esto, fue difícil pues el torrente todavía muy alto llegaba a las cinchas de las mulas. Al subir a la explanada bañada por la quebrada encontramos bloques de arenisca y de caliza; a las 10 llegamos a la población de Chinácota, 2 días después de haber salido del Rosario de Cúcuta.

Altitud de Chinácota 1.253 | metros
Temperatura a la 1            24º

Al salir de Chinácota se pasa la quebrada Escala, se sigue un sendero sobre una meseta de arenisca y se encuentra una habitación aislada, “El Fiscal”, en donde nos detuvimos.  

Altitud del Fiscal del Correo 1.562 metros
Temperatura     16,1º

Sin lugar a dudas, estábamos ascendiendo en las cordilleras.

|8 de mayo. De “El Fiscal” bajamos al río Pamplonita, cuyo curso seguimos durante algún tiempo, andando dentro del agua. Este río se reúne con la quebrada Honda para formar el río San José que desemboca en el Táchira. Después de haber dejado el río Pamplonita porque se había convertido en rápido y profundo, seguimos un camino fangoso a lo largo del río que mucho más arriba pasamos por un puente para llegar a las 3 a Chopo.

Cerca de esa población habíamos reconocido en la arenisca varios afloramientos de capas de carbón.

Altitud de Chopo  1.738 metros
Temperatura a las 3    21º

9 |de mayo. Pésima noche en Chopo, no tanto por el frío (a las 7 de la mañana 13º) sino porque nos acostamos en el suelo con los vestidos que llevábamos, mojados desde hacía días.

Para llegar a la ciudad de Pamplona debíamos pasar un páramo temible, el Volador. Salimos a las 7 de Chopo y subimos una cuesta de fuerte pendiente; cerca del pueblo descubrimos una espesa capa de carbón, sin duda la arenisca de esta localidad contiene abundantes yacimientos de combustible; la subida continuaba; a las 8 hicimos una parada en un sitio llamado Laguna.

Altitud de Laguna     2.309 metros
Temperatura  16,7º

Media hora después habíamos llegado al punto más alto del páramo.

Altitud de Volador   3.419 metros
Temperatura            15º

No habíamos abandonado la arenisca, apenas habíamos comenzado a bajar cuando vimos a Pamplona en un asentamiento muy normal; la ciudad se halla en el centro de un círculo formado por montañas relativamente poco elevadas, donde nace el río Pamplonita. El temblor de tierra de 1812 se sintió fuertemente en Pamplona, sin que resultara ningún daño; parece que la trepidación del suelo disminuía de intensidad a medida que las localidades donde llegaban se hallaban a mayor distancia de Caracas. En santa Fe de Bogotá las sacudidas fueron menos pronunciadas. Nos demoramos algunos días en Pamplona para descansar, tanto hombres como bestias, de las fatigas que habíamos padecido; al fin pude vestirme con ropa seca. Nos hospedábamos en una casa bastante buena, siempre en estilo morisco. En el primer piso que daba a la calle, encontramos a dos oficiales ingleses, tal como el comandante Pinavera los concebía: levita y cabellos rojos. El coronel Mauby nos divirtió mucho, era un excelente compañero y así vivimos confortablemente a la inglesa.

Pamplona cuenta con 3.000 a 4.000 habitantes; su apariencia es monacal, como sucede en todas las ciudades localizadas a gran altura en las cordilleras. Las mujeres llevaban un rebozo (mantilla) de material azul, falda de bayeta que es una tela de tejido liviano, fabricada en el país y un sombrero de fieltro parecido a los de hombre. Las clases inferiores no usan calzado; las mujeres blancas y las mestizas tienen la tez de buen color, los ojos y los cabellos negros y son de una vivacidad constante, desconocida en las regiones cálidas, en donde el hombre no es sino momentáneamente activo, por una sobreexcitación, para caer enseguida en su indolencia habitual.

A Pamplona le falta espacio por no haber sido construida sobre una de esas grandes mesetas que le dan a Bogotá y a Quito un sello especial. ¿Cómo surgió la idea de fundar una ciudad con conventos e iglesias en medio de montañas tan encerradas? La respuesta está en la proximidad de las minas de oro muy productivas en cierta época y cuya explotación había cesado debido a la guerra.

En 1829 fui encargado de explorar las minas del distrito de Pamplona y creo mi deber dejar aquí mis informaciones.

Había escogido por residencia el pueblo de la Baja, habitado por algunos mineros indígenas. Bajo mis órdenes trabajaban obreros ingleses venidos de Cornouailles, quienes se habían distribuido por los alrededores.

Pamplona está edificada sobre arenisca que descansa sobre rocas cristalinas. Esta superposición se vuelve a encontrar yendo hacia la región minera, así que tan pronto se deja la ciudad en dirección a Vetas, la arenisca aparece sobre el granito. Antes de llegar al Alto de las Golondrinas, el esquisto micáceo reemplaza al granito y más arriba esta roca da un reflejo plateado porque contiene gran cantidad de cristales de turmalina negra. El esquisto micáceo brillaba al sol; al fin, sobre El Alto, se encuentra una grünstein porfírica, con matriz verde, afibólica que contiene cristales de feldespato anacarado.

Altitud del Alto de las Golondrinas 3.457 metros
Temperatura                

Al bajar hacia La Caldera se pueden ver alternativamente el esquisto micáceo y la grünstein.

Altitud hacienda de La Caldera   2.664 metros
Temperatura    12º

Se está entonces sobre capas de arenisca esquistosa y de caliza con que se extienden hasta el río Topón.

Altitud   2.641 metros
Temperatura       16.6º

El Topón desemboca en el río Tapagua. Al subir por su lecho se llega a un esquisto micáceo formado de láminas de mica blanca con reflejos metálicos y que presenta la particularidad de contener numerosos granates; estas capas granatíferas recuerdan algunos esquistos micáceos de la Cordillera del Litoral de Venezuela, pero aquí la roca granatífera tiene, con frecuencia, la estructura de un verdadero granito formado por pequeñas láminas de mica negra, por fragmentos de cuarzo, por cristales de feldespato y de granates. En este esquisto micáceo se encuentran capas de una caliza gris en láminas: en el contacto entre las dos rocas, la esquistosa se encuentra bastante impregnada de carbonato de calcio para producir una viva efervescencia, al ser tratada con ácidos a partir del río Topón, el camino que sigue el estrecho valle de Tapagua sube hasta el páramo de Santurbán a una altitud de 4.133 metros y temperatura de 1º. En las proximidades de la cima del páramo el esquisto micáceo cambia de aspecto y pasa a granito que contiene mica negra; es un granito particular que parece tener relación con la sienita. Se advierten en estas rocas fuentes saladas en analogía con algunos granitos de mica negra de Antioquia.

De lo alto de ese páramo vimos el del Almorzadero al ESE. Y desde Santurbán se baja a la población de Vetas con una altitud de 3.208 metros y una temperatura de 9º donde se encuentran antiguas obras de minería, situada encima de la mina de oro de Borero, donde comenzaban la construcción de una planta central para amalgamar el mineral por el método sajón, del cual yo no soy partidario, pues encuentro mejor el sistema americano por ser más sencillo que el ideado por el barón de Born; más adelante los hechos me dieron la razón,puesto que se ha regresado a la amalgamación inventada por Medina del Campo.

De la mina de Borero se baja hasta el río Vetas, con altitud de 2.353 metros y temperatura de 22º. Sobre la orilla derecha se ha tallado en la roca una rampa tan estrecha que es necesario estar habituado a las cordilleras para transitar en mula por ese camino, aun cuando es más prudente cerrar los ojos en caso de vértigo. El camino bordea por un lado un precipicio y por el otro un peñasco y conduce a Labaja, cuya altitud es de 2.353 metros, con temperatura de 15,7º; ésta es una población insignificante, conocida también con el nombre de La Montuosa. Allí vivió varios años don Celestino Mutis y emprendió, sin éxito, la explotación de las minas; fue en Labaja donde comenzó su “Flora de la Nueva Granada”. Mutis era un hombre perseverante: amaba la ciencia con pasión y no lo detenía ninguna dificultad. Llegó a América agregado a un virrey, en calidad de médico; tenía correspondencia con Linneo y con Adamson. Para publicar “La Flora”, montó en Bogotá una imprenta y formó excelentes dibujantes; más tarde ingresó al sacerdocio y fue director espiritual de las Hermanas del Convento de Santa Clara. A él se debe el Observatorio de Bogotá en donde tuve en mis manos, no sin emoción, instrumentos que habían sido traídos a América por académicos franceses enviados al Ecuador. Mutis había obtenido del gobierno español todo lo que consideró necesario para hacer las observaciones.

La revolución destruyó todo esto, pero tuve la suerte de salvar sus manuscritos; él publicó un buen trabajo sobre las quininas, “La Quinalogía”. Creo que murió en 1812, 3 o 4 | años antes del comienzo de la guerra de la Independencia. La bella colección de dibujos coloreados de las plantas de la Nueva Granada fue enviada a España cuando la expedición de Morillo, es decir, que se perdió para la ciencia. 

Yo viví en Labajaen casa de sobrinos nietos de Mutis. Al ESE de Labaja y por encima se halla La Alta, con una altitud de 3.343 metros y una temperatura de 17º.

El estado de descomposición de la roca cuyo feldespato pasa a caolín, no me permitió decidir si era un granito de mica negra o una sienita porfídica; la roca alterada encierra numerosos filones de cuarzo, reemplazados aquí y allá por venas de “pacos” (óxido de hierro hidratado). Todas las muestras de cuarzo o de “pacos” que hice pulverizar, dieron oro por medio de lavado.

Las antiguas galerías que recorrí en La Alta, son muy extensas y la población habría desaparecido después del abandono de los trabajos; estoy convencido de que tanto para La Alta como para todas las minas de filón de los alrededores de Pamplona, la cesación de los trabajos y la desaparición de la población, se deben a una misma causa: los indios dominados por los conquistadores murieron trabajando, lo mismo que en todos los sitios en donde fueron condenados a trabajos subterráneos demasiado rudos, además del efecto moral producido por la pérdida de la libertad, por el maltrato y por una alimentación insuficiente.

La mina de Angostura situada a media legua de Labaja, tenía varias galerías cuyos trabajos habían sido desarrollados sobre un filón de cuarzo en el cual se veía el oro. El techo del filón es feldespático, algunas veces impregnado de hierro oligisto.

Más arriba de los trabajos de Angostura está la mina de San Andrés establecida probablemente sobre el mismo filón, aun cuando la mena sea diferente. Independientemente del oro, encierra piritas de hierro y de cobre y sulfuro de cobre gris argentífero.

Monguero (altitud 2.352 metros, temperatura 17,7º) está en el vecindario de Labaja: es allí donde se debería establecer unaplanta central. Las minas de esta localidad son numerosas, aun cuando sus trabajos fueron poco importantes porque no se adelantaron mucho y me limitaré a mencionar a Borero y Bartolo, por la riqueza excepcional de sus minas.

En Borero se explotó un filón de cuarzo de 2 a 3 pies de espesor, pero estéril en su mayor espesor. La zona metálica no pasaba de algunas pulgadas y contenía galena, plata roja, pirita de hierro en concreciones, plata sulfurada, plata nativa, capilar y oro nativo; es raro encontrar en una vena una asociación de sustancias minerales de tanto valor, ¡pero qué trabajo cuesta extraerlos! Se debe volar con pólvora cerca de un metro de cuarzo extremadamente duro, en un país en donde el acero para floretes valía tanto como la plata, en donde la jornada de un minero europeo costaba 10 francos o más y la pólvora más de 6 francos el kilogramo.

Yo estimé como ingeniero, ya al corriente de las dificultades y con gran sorpresa de los mineros ingleses, que el oro extraído de Borero saldría a un precio 2 o 3 | veces más alto que el oro del comercio y no me equivoqué: ésta fue la situación que tuvimos que enfrentar.

En la mina de Borero encontré muestras de cuarzo gris a las que se adherían grupos de cristales de oro nativo, que pesaban entre 40 y 50 gramos. En las minas San Bartolo, muy cerca de Vetas, conseguí muestras similares. Entre otras menas auríferas, había oro nativo en bellas láminas tan delgadas y frágiles que fue imposible conservarlas enteras.

Las explotaciones vecinas a la población de Labaja han sido todas establecidas sobre filones de cuarzo en rocas parecidas o análogas a las del páramo de Santurbán.

A las minas ya mencionadas añadiría las de La Plata, en donde se encuentra sulfuro de antimonio argentífero, las de San Cristóbal, las de Machuca y las de San Antonio.

Para completar esa información sobre las riquezas minerales de Pamplona, resta mencionar el Páramo Rico que en alguna época, ya lejana, produjo grandes cantidades de oro. El páramo se encuentra al sur de la población de Labaja y se necesitaron 3 y media horas de viaje para llegar allí. La vista alcanzaba una parte del valle de Suratá, el páramo de Santurbán en lontananza, al SO la meseta de Bucaramanga y al NO una montaña muy elevada, el Alto del Salado, frecuentemente cubierta de nieve y cuya altitud debe ser de 4.500 a 4.800 metros.

El páramo está formado por una sienita dentro de la cual el esquisto micáceo tiende a subsituir al anfibol. La superficie del terreno es poco accidentada: tiene una sola saliente, más | bien angosta y de difícil acceso: el morro, en donde coloqué el barómetro. 

Altitud del Páramo Rico  3.808 metros
Temperatura     14,4º 

Llama la atención una gran cantidad de bloques de cuarzo blanco lechoso de diferentes tamaños, que cubren el suelo; probablemente provienen de filones lavados por la acción del agua sobre la sienita. Muchos de esos bloques habían servido de piedras para moler el mineral y cierta cantidad de ellas estaban montadas sobre una base ligeramente inclinada como es conveniente para que la materia triturada corra con el agua dentro de un recipiente. La superficie de esas piedras estaba excavada por la acción de la molienda. También vi varias galerías inclinadas, colocadas sobre afloraciones de filones de cuarzo, en el cual se apercibían nidos de óxido de hierro (paco); estos trabajos no llegaban sino a pocos metros de profundidad y es probable que fueran interrumpidos, tan pronto como el techo o el muro del filón opusiera una resistencia demasiado fuerte al cesar la alteración de la roca.

En la grava depositada en el fondo de un pequeño riachuelo, se distinguía un polvo amarillo azufre muy denso; el análisis que hice demostró que era una nueva variedad de plomo molibdatado.

Me sentí apesadumbrado en medio de esta soledad, en otras épocas animada por el trabajo. El mineral no había disminuido ni en cantidad, ni en riqueza y el cuarzo aún contenía oro. ¿Qué se habían hecho los indios que lo extraían, lo molían y lo sometían a lavado para retirar el precioso metal? Ya lo dije; murieron de fatiga, de miseria y de tristeza.

En las cordilleras casi todas las minas importantes tienen su leyenda. En La Quebrada, en el torrente de Labaja, se habían encontrado pedazos de oro nativo de los cuales uno solo pesaba 33 libras; esto no tiene nada de extraordinario y fue sin duda este hallazgo el que decidió a los españoles a buscar las minas en los alrededores del alto de Santurbán.

El descubrimiento de los importantes yacimientos del Páramo Rico se debe, de acuerdo con la tradición, a un curioso incidente: algunos hidalgos de Pamplona cazaban a caballo, sobre la meseta; al tomar un descanso para almorzar, vieron dirigirse a ellos a un pobre gallego, especie de vendedor ambulante; después de haber saludado con mucho respeto a la noble compañía, les preguntó si le podrían indicar un sitio en donde encontrara oro. Esta pregunta inocente puso de buen humor a los cazadores y le mostraron el morro, hacia el cual el gallego se dirigió con entusiasmo. Lo vieron escalar los bloques de roca y luego desaparecer; al poco tiempo regresó doblado por el peso del oro que contenía su morral. Agradeció efusivamente a los hidalgos que se encontraban bastante sorprendidos y tomó el camino de Pamplona, donde juzgó prudente no detenerse.

Del morro de Páramo Rico yo había visto una montaña cuya cima parecía formada por bloques de rocas superpuestas; el aspecto era curioso y resolví hacer allí una excursión.

Salimos de Labaja a las 5 de la mañana, pasamos por la mina de San Cristóbal y a las 8 y media subimos hasta un pequeño estanque, la Laguna de la Virgen; para llegar al Alto de la Piedras, seguimos la cuchilla de la montaña por un camino muy escabroso; un viento del E hacia difíciles la marcha y la respiración; varias veces caímos por esta causa y nos penetraba el frío. A las 11 llegamos al Alto de las Piedras cuyo nombre no nos pudo decir el guía, casi congelado; yo lo bauticé el Alto del Barómetro por un lamentable accidente que me aconteció cuando llegamos.

Altitud  4.176 metros
Temperatura     

Esta altura era la misma del Páramo de Santurbán y 300 o 400 metros más alto que el Páramo Rico. La situación estaba lejos de ser agradable; sentíamos vivamente la baja de la temperatura y nos costaba trabajo soportar el viento a 0º. El cielo estaba cubierto y para bajar más rápidamente resolvimos marchar en dirección a Labaja, es decir al oeste; nos fue mal porque tuvimos que salvar pasos muy peligrosos al atravesar lo que podríamos llamar “El Caos”, una acumulación de enormes bloques de roca diseminados por todas partes. Vicente, mi ayudante negro, a pesar de su seguridad cayó en una hendidura de más de 10 metros de profundidad. Felizmente para él, pero no así para nuestras observaciones, el barómetro que llevaba en bandolera, se atravesó y se rompió, suavizándole la caída; Vicente, quien era un minero profesional, salió a la superficie fácilmente y con muy pocas contusiones. Si alguna vez un viajero encuentra mercurio en esos parajes, ¡que no se imagine haber descubierto un yacimiento de este metal nativo!.

Los bloques del alto de las Piedras o del Barómetro pertenecen a una roca anfibólica que contiene cristales de feldespato. Estos bloques tienen ángulos agudos y todo indica que se encuentran allí desde la formación de la cordillera. En la Laguna de la Virgen se encuentra el visitante sobre sienita y luego, más abajo, sobre granito de mica negra; en una palabra, el alto del Barómetro está geológicamente constituido como el Páramo de Santurbán y el Páramo Rico.

Antes de dejar mi residencia de Labaja, visité la mina del Pico del Gallo, así nombrada porque el filón de cuarzo presenta venas de sulfuro gris de cobre que representan muy bien una pata de gallo.

La entrada de las galerías principales se había derrumbado desde hacia más de un siglo, por efecto de un temblor de tierra; los mineros debieron salir, advertidos, sin duda, por una primera sacudida; por lo menos al visitar estas antiguas galerías, muy desarrolladas, no encontré ningún esqueleto, sino más bien objetos: una maza de hierro con mango del mismo metal, cofias, palancas y velas, cuyo sebo todavía estaba blanco y duro. El sulfuro de cobre del Pico del Gallo contiene muy poca plata.

Los torrentes de las montañas que contienen venas auríferas, acarrean oro que el agua deposita en los valles con los aluviones que resultan de la desagregación de las rocas. El oro se presenta en polvo, mas fino a medida que ha recorrido más distancia. En los aluviones con cantos voluminosos acumulados al pie de las montañas, el oro se encuentra en granos bastante gruesos, algunas veces en cristales y frecuentemente adheridos aún a la greda.

Los mineros de aluvión en América designan al oro cristalino asociado a cuarzo u óxido de hierro con el nombre de oro de venero, expresión que se puede traducir por oro que acaba de ser desprendido del filón.

Yo no hubiera considerado completamente cumplida mi misión sin haber visitado los aluviones auríferos que tienen por origen los escombros de las montañas cuyos importantes yacimientos acababa de estudiar. En el valle de Suratá se encuentran lavaderos de oro que nunca han dejado de ser explotados y que sin duda los indios trabajaban antes de la Conquista. Los unos están establecidos cerca de Bucaramanga, bonita ciudad situada en el centro de una explanada; los otros, en proximidades de Girón. Los aluviones auríferos de Suratá están alrededor de 20 millas al S O de Labaja.

Para llegar allí, pasé por Cácota de Matanza, aldea grande en donde vive una población de cotudos y cretinos; el coto es por lo demás endémico en las cercanías de Pamplona y nuestros mineros europeos después de una estada de algunos meses en Labaja y en Vetas, mostraban casi todos síntomas de haberlo adquirido. En el valle de Suratá, el coto alcanza dimensiones considerables como pude comprobarlo en Cácota de Matanza, a donde llegué precisamente para asistir a un baile ofrecido por los estancieros (gente del campo). Todas las asistentes eran cotudas en el más alto grado y aparte de ello, bonitas y agradables cuando se callaban, porque el desarrollo anormal de la glándula tiroides, comunica a la voz un sonido ronco, lejano, como el timbre de voz de una pesadilla. Por todas partes se encontraban cretinos, producto de esa endemia; además, Cácota debe su nombre de Matanza al hecho de que allí, un día, un cretino de familia noble, le cortó el cuello a cinco de sus jóvenes hermanos menores.

El cretinismo produce accesos de furia que sobrevienen a la más mínima contrariedad; de ello doy fe |, pues me escapé de ser víctima de uno de estos infelices sujetos y creo que la historia merece ser contada.

Fue en el valle del río de La Magdalena: formábamos una numerosa cabalgata entre oficiales y asistentes; habíamos salido de Ibagué al amanecer. A mediodía nos detuvimos a la sombra de un árbol (guarumo) cuyas ramas se extendían en tal forma que yo me creía bajo el famoso zamani | | * (sic) de los valles de Aragua; bajo este árbol, verdadero coloso, se lleva a cabo el mercado de la población; los habitantes no tardaron en llegar para mirar a gentes que no estaban vestidas como todo el mundo y que, además, llevaban grandes sables y mostachos. Nos habíamos desmontado y fumábamos unos cigarros, cuando un bobo, mudo y cretino me tendió la mano a la espera de una limosna. Saqué un real de plata y después de haberlo acercado a la mano del bobo, lo retiré bruscamente; varias veces repetí esa chanza. Lo que me hacía prolongar ese juego de bastante mal gusto eran los cambios de fisonomía del pobre hombre, sus gestos amenazantes y la indignación que expresaba por medio de sonidos inarticulados, verdaderos rugidos. Al fin se retiró mostrándome el puño y yo boté a tierra la moneda indicándole que la recogiera, lo que él no quiso hacer. Media hora después de esta escena en la cual yo no había jugado el mejor papel y que ya estaba olvidada, charlaba con un camarada cuando de pronto oí un rumor, volteé a mirar y vi que el comandante Herrán tenía agarrado el brazo del cretino en el momento en que este inocente iba a clavarme en la espalda un simpático cuchillo, muy agudo; Herrán aseguraba que no había podido prevenir el ataque, sino por un segundo. Desarmar al infeliz, sin hacerle ningún daño, fue asunto de un instante: en primer lugar no era del todo culpable y además, a los ojos del pueblo, los pobres de espíritu son objeto de una especie de veneración.

Después de esta aventura y de esta lección, siempre he tenido infinidad de miramientos con los cretinos de toda especie, en donde los haya encontrado: en asambleas políticas, en las academias, en la corte y sobre todo en el mundo social.

Como pude convencerme en Jaboncillo, en Palmichal y en Chinácota, los aluviones auríferos están depositados sobre el esquisto micáceo, sobre la sienita y sobre el pórfido sienítico; en cuanto a los cantos que constituyen estos depósitos aluviales, puedo afirmar que allí están representadas todas las rocas de aluviones auríferos de las Golondrinas, Santurbán y de Páramo Rico.

Los lavaderos de Girón de Bucaramanga, suministran oro de Ley 920 a 980. Esa ley es superior a la de la Nueva Granada, así que cuando algunos falsarios fabricaron con el metal extraído de los lavaderos monedas falsas que sin embargo contenían más metal que las piezas acuñadas por el estado, sus ganancias resultaban de que no tenían que pagar al fisco “el quinto”, es decir, los derechos de fundición y de acuñamiento.

El promedio de observaciones barométricas indicó para Pamplona una altitud de 2.300 metros y el termómetro indicó una máxima de 18,5º y una mínima de 16,5º el higrómetro de Saussure se mantuvo entre 65º | y 69º durante un bonito día y entre 69º y 64º en tiempo cubierto.

|12 de mayo. Dejamos a Pamplona a las 12 del día; cerca de Paramito, se ve la superposición de la arenisca sobre el granito; en seguida bajamos hasta la población de Cácota.

Altitud  2.020 metros
Temperatura   18,5º
  
  

 

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Samán.(regresar *)
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