I.-LOS MINERALES UTILES EN COLOMBIA


Colombia está admirablemente situada. Con sus costas extensas bañadas por dos grandes océanos, ella abre las puertas de la América meridional, a la vez que con su Istmo le brinda rápida comunicación.
El nudo que forma la gran cadena de los Andes al penetrar por el sur en nuestro territorio se desata para formar tres cordilleras, que lo dominan y llevan por todos sus ámbitos los ricos metales y preciosas gemas que cargan en sus entrañas. Abundantes manantiales de agua y caudalosos ríos brotan de sus flancos y van a regar los fértiles valles.
La cordillera occidental extiende hacia la costa del Pacífico un inmenso manto aluvial de oro y platino de inagotable riqueza, que cubre las regiones afamadas del Chocó y Barbacoas. Entre esta cordillera y la central sigue su curso el Cauca, arrastrándose sobre arenas de oro; ya pasa manso y apacible por en medio de los valles, ya se precipita formando cataratas. Al levante de la cordillera central, se hallan las ricas minas de plata de Santa-Ana. Esta cadena de los Andes penetra en la comarca antioqueña, dividiéndose y subdividiéndose; de entre sus ramales brotan ríos riquísimos en oro, como el Porce, el Nechí y otros ciento, y por sus collados asoman las crestas de innumerables filones en que está cuajado el precioso metal. El caudaloso río Magdalena separa las cordilleras central y oriental. Esta última es mucho menos rica que sus dos hermanas. Hay no obstante aluviones de oro en el sur y centro del Tolima y en Santander (Girón), donde existen los filones de oro y plata de Alta, Baja y Vetas. Se encuentran además en sus montañas las minas de Muzo, conocidas por ser las que producen las más hermosas esmeraldas del mundo por su color y su pureza. "El Nuevo Reino de Granada,"-escribía el Padre Gumilla en 1745,- "tan lleno de fecundas minas de oro, de plata y de esmeraldas, cuantas se conocen en las jurisdicciones de Pamplona, Mariquita, Muzo, Neiva, los Remedios, Antioquia, Anserma, Chocó, Barbacoas y otras muchas y muchas más, que aunque ocultas en las arenas de oro que por los ríos y arroyos desperdician, indican los deseos de que los desentrañen y salgan a luz sus caudales." "La providencia ha enriquecido con preferencia a las demás regiones esta preciosa porción de América", decía en 1783 el Arzobispo-Virrey.
El oro constituye la riqueza principal de nuestro suelo. Tenemos inmensos placeres y fecundos filones que pueden competir por su perfecta formación geológica y por su riqueza, con los de otros países. La plata es muchísimo menos abundante: la que se ha extraído de los veneros que se han explotado está, respecto del oro, apenas en la proporción de cinco a ciento, y sus vetas no pueden compararse con las de México, Perú y Chile: éstas son mucho más copiosas y ricas. El platino viene en último lugar.
Aquí tienen cabida los siguientes acertados juicios del doctor José Manuel Restrepo: "Las minas de oro de Antioquia y demás provincias de Colombia no exigen muchos capitales ni conocimientos metalúrgicos para la separación del metal. El oro se halla nativo, sin más trabajo que moler la piedra y lavar en el agua el metal que resulta. Por consiguiente se puede asegurar que cualesquiera capitales colombianos o extranjeros que se destinen a la explotación de nuestras numerosas minas de oro serán bien empleados y producirán un interés considerable, sobre todo si los trabajos subterráneos son dirigidos por extranjeros inteligentes en el arte de minas.
"En las minas de plata se necesitan por lo común trabajos de algunos años para que los capitales invertidos en ellas den utilidad, mas cuando comienzan a producirla en poco tiempo indemnizan completamente a los empresarios.
"La mayor parte de las mejores minas de Colombia se hallan situadas en buenos climas fríos y templados, con víveres suficientes para los trabajadores." (Noticias sobre las minas de Colombia, 1826. MS.)
"Introduciéndose capitales, y mineros europeos que dirijan los trabajos, las minas de Colombia, que en gran parte se hallan vírgenes, pueden producir una riqueza inmensa. Pero debe usarse de economía como en todas las empresas y no gastar tan locamente como se dice lo han hecho las compañías inglesas, que por este motivo es probable que por algún tiempo saquen poca utilidad de sus establecimientos mineros. En el país hay trabajadores que cuestan barato,... y sólo deberían traerse directores que enseñen a los colombianos las diferentes operaciones de la minería. Si trabajando nuestras minas como lo hicieron los indios, es decir, moliendo las piedras sobre otras piedras para sacar el oro, ellas han dado utilidad desde que se descubrió la América, ¿cuánto no excederán sus productos cuando se les apliquen molinos y los demás inventos de la industria europea? (Respuestas a algunas preguntas del caballero de Stuers. 1827, MS.)
Si Colombia ha sido ricamente dotada por la naturaleza en metales preciosos, no lo ha sido menos en metales útiles y en otros productos minerales. El hierro y el cobre abundan en nuestro suelo,1 y sus minas empiezan a explotarse, así como los ricos depósitos de hulla. El plomo, el antimonio, el zinc y el arsénico sólo esperan que la industria los necesite para salir de las vetas que los guardan. El cinabrio o sulfuro de mercurio se encuentra en muchos puntos del país, pero no se ha hallado hasta el presente en suficiente cantidad para que sea provechoso su laboreo.
Tenemos poderosos depósitos de sal gema, manantiales de agua salada y de aguas minerales, fuentes de petróleo, azufre, etc., etc.
En las arenas del río Platayaco, en el Caquetá, se encuentran en abundancia rubíes orientales y zafiros rodados, que se pueden pulir, y bellas amatistas en el distrito de la Plata.
En todos tiempos ha habido personas inteligentes que han intentado apartar a los colombianos del trabajo de las minas de metales preciosos, desconociendo así la principal fuente de riqueza con que nos dotó la Providencia. El buen sentido de las gentes ha desechado esas exageraciones, y dondequiera que se han podido explotar con facilidad los veneros de oro y plata, se ha hecho, en la escala en que los recursos y los conocimientos lo han permitido. Si el producto de nuestras minas es muy inferior a lo que debiera ser, cúlpese a nuestra escasa población, nuestra pobreza y nuestras malas vías de comunicación; cúlpese a nuestros gobiernos, que han descuidado este ramo de industria.
No obstante estas dificultades, la minería progresa notablemente en Colombia. Jamás se había hablado tanto de minas como en los últimos años. Antes era raro que se lograra formar en el extranjero una compañía explotadora, cosa que hoy es frecuente. Esas compañías nos traen, además de algunos hombres entendidos, capitales y máquinas; y cuando obtienen buen éxito en sus empresas, no poco del producto de ellas se queda en el país, pues a menudo se estipula en los contratos de venta o arrendamiento que una parte de las acciones quede a los primitivos dueños de las minas.
Para comprometernos a explotar nuestras riquezas minerales, ahí tenemos en nuestro continente el ejemplo de México, al que han hecho opulento sus minas de plata; del Brasil; del Perú y de Chile, a cuyo rápido engrandecimiento han contribuido poderosamente sus ricos veneros de metales; y en nuestro mismo país, del Departamento de Antioquia, que debe al oro que se extrae de su suelo, su riqueza y prosperidad actual.
Ahí tenemos, en fin, el ejemplo tan reciente de California. Aludiendo a ese país dice M. Simonin: "Se sabe lo que ha sido para el país del Dorado la explotación del oro, la causa de una colonización brillante, completa, de tal manera que más de un grande Estado de Europa hallaría hoy motivos de tenerle envidia. Los placeres se extienden por todas partes en la hoya del Sacramento y del San-Joaquín. Los filones cruzan todos los contrafuertes de la Sierra. El oro que se ha sacado de esos yacimientos, repartido en la comarca, ha permitido emprender en muy grande escala el cultivo de los campos, preludiar la apertura de caminos, de vías férreas y navegables, de líneas telegráficas. La canalización para el riego de los campos y la provisión de los placeres, se ha realizado por todas partes con una audacia inaudita. Las ciudades han salido del suelo como por encanto, formando al principio simples campamentos de mineros, hoy ciudades opulentas; y California se ha hecho, lejos de las miradas distraídas de Europa, que no ve aún en ese lejano Estado sino al país tan terriblemente agitado de la primitiva inmigración."

1
En el siglo pasado se explotaron minas de cobre en Moniquirá, Ibagué, Nocaima Y Villeta. El Arzobispo-Virrey escribía en 1782: "La abundancia de cobre la manifiesta bastantemente la ninguna necesidad que hasta aquí ha tenido el Reino de introducirlo de afuera para el crecido consumo de fondos que se gastan en los trapiches, el fuerte renglón de las estriberas que generalmente usan estas gentes y muchos otros utensilios domésticos..."
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