CAPÍTULO XV

FIBROSAS

 

MONOCOTILEDONEAS

 

GRAMINEAS

 

172 --Gynerium sagiltatum (Aubl.) Beauv..

U-ká-gru, u-kwá-gru, en cabécar; se-rór-gro, en tiribí; s-rógro, en térraba; bah-krá, en brunca, todos dialectos del sur de Costa Rica (Gabb: Fernández, 1883, III, 465).

Buléwa; mabúlu, mabúru, en caribe insular; mapuru epui, en galíbi (Hodge et al, 1957, 527-528).

Preu, en tamanaco (Gilii, 1965, 11, 281).

Takimile, en esmeraldeño (Jijón y Caamaño, 1941, 11, 456).

Nané, en colorado (Ibid., 259).

Kante, en siona (J. de la Espada, 1904, 33; Ortiz, S. E., 1954, 449).

Wíwa, en tupí (Spruce, 1908, 1, 106-107); uwiwa, uwaiwa, en omagua y kokama (Espinosa, 1935, 118).

Chuchio y charo, en el oriente boliviano (observacíón personal en Rurrenabaque).

Pintoc, en quechua. Píntokk, la caña; kúrkur, la planta (Lira, 1945, 754, 379). I.a forma pindo es antigua en el alto Amazonas (Uriarte, 1962, I, 155). Hay un río Pindo, pequeño afluente septentrional del Pastaza (Spruce, 1908, 11, 144-145; Karsten, 1035, 68, 69).

Caña blanca, en Costa Rica (Pittier, 1957, 80).

Cañaflecha, cañamenuda, cañabrava, en varios países de habla española.

Esta especie vive espontánea en zonas de clima caliente y medio, desde el nivel del mar hasta los 1.600 metros, poco más o menos, de toda la América tropical. Constituye elemento impor tante de las priseries de la vegetación en las orillas de ríos y quebradas, aspecto que se volverá a considerar en una obra sobre historia de la vegetación natural en aquella parte del mundo. Por su frecuencia y abundancia, y a causa de la solidez de su tallo, es material de construcción muy socorrido de amplio uso para partes de la vivienda no expuestas a la intemperie.

Gynerium se incluye aquí como planta cultivada, porque lo es en algunos lugares de su área de dispersión. En la costa atlántica de Colombia, con el fin de tener la hoja disponible para la confección de sombreros, se cultiva en los alrededores de Carreto (Gordon, 1957, 80-81) y en otros sitios. A fuer de material de construcción y para combustible, plántase en Son José de Suaita, Sontonder (Pérez Arbeláez, 1947, 127), y en el valle de Medellín. Se suele cultivar en el medio Amazonas, que los brasileños llaman Solimoes (Sompaio, 1934, 15; Ducke, 1946, 7), y en la Guayana inglesa por los indios hasta hace algunos años, para tener a la mano material- de flechas (Farabee, 1918, 66; Hodge et al, op. cit., 528), costumbre registrada entre las tribus orinoquesas desde el siglo XVIII (Gilii, 1965, 11, 281).

Parece tener poco asidero la sugestión de que los caribes de lo isla Dominica pudieran haber introducido desde el continente la planta en cuestión (Hodge et al, op. cit., 520), puesto que desde el viaje da descubrimiento la halló el Almirante Colón [véase inciso D) de este numeral] en la parte oriental de la Española. En las Antillas menores desde principios de la ocupación francesa se registra el uso del bohordo para flechas como cosa tradicional (Du Tertre, 1958, 11, 379).

Siendo inseparables la historia de lo planta y las de sus usos, se revisan sumariamente los que tiene cado parte de ella

 

A) Rizomas

Los rizomas blanquecinos de Gynerium sirvieron a los conquistadores españoles como alimento de emergencia. En la entrada de Gaspar de Espinosa (1519) a los dominios del cacique Chi racona, confinante de Quema e Isagaña, hoy territorio de Chiriqui, Panamá, las "raíces de caña" fueron por algunos días el único alimento disponible (Espinosa: Cuervo, 1892, II, 476). Todavía se consumen a modo de verdura o palmito en algunas regiones del departamento del Cauca (bajo el nombre de CHULQUÍN, cultivando la planta con ese fin: Cuatrecasas, información personal sobre Tacueyó, cerca del río Palo), y quizá en otras partes.

 

B) Tallo

a) El tallo entero, bien maduro, es material de construcción de primera importancia. La distribución geográfica del uso de la cañabrava para ese fin es muy amplia; pero hay sectores donde es predominanie, mientras que en otros es secundario. En la costa colombiana del Pacífico, por ejemplo, sólo se usa al sur de Guani y al norte del Baudó. Hé aquí uno sumaria agrupación de referencias: para la Nueva Granada, Zamora, 1945, 1, 151; Oviedo, 1930, 40; para Santa Marta y Guajira, Rosa, 1945, 311; para el Perú, Cobo 1890, I, 519-520; -----, 1956, 1, 233; Yccovleff y Herrera, 1934, 263; Spruce, 18C4, 41. Este aspecto se tratará coo mayor detenimiento en un libro en preparación, sobre la historia de la cultura material en América.

Las "tanganas", palancas para empujar las canoas en el alto Amazonas, se hacen de PINDO (Uriarte, 1962, I, 155).

b) El tallo, dividido en trozos o hendido, se ha usado de varias maneras:

1) Como combustible se conoce desde antiguo en el área de dispersión (Cobo, 1956, I, 233; Pérez Arbeláez, 1947, 127).

2) Armas defensivas, que algunas tribus amazónicas tenían a principios del siglo XVII eran unas rodelos livianas, "que hacen de cañas bravas, hendidas por medio y tegidas apretadamente unas con otras" (Acuña, 1942, Bog., 108). Quizá sean estas mismas las rodelas de "cañas y bejucos" que hacían los maneas (Figueroa, 1904, 255).

3) Astillas del tallo de la caña brava se usaron como instrumento cortante por tribus que carecían de hierro. Los habitantes del pueblo de las Peras (por Aguarotes), sobre la margen derecha del Cauca, abajo del río Arma, empleaban estas cañuelas a modo de cuchillos (Robledo J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 96; Cieza: Vedia, 1947, 11, 372). Los ponches practicaban la clitorectomía a las niñas recién nacidas, con una navaja de caña brava (Aguado, 1916, I, 578; -----, 1956, 1, 456); así como los piros del oriente peruano, "cortando con ese tosco instrumento el pedacito de carne de la infeliz peciente" (Saboté, 1877, 258). Del mismo material observaron cuchillos entre los naturales del Cáchira las fuerzas de Ambrosio Alfinger (Friede, 1961, W. 207), y varios españoles fueron decapitados con ellos (Nectario María, 1959, 505). Los choques del Ariari cortaban con este sencillo instrumento las cabezas de sus víctimas (Aguado, 1918, I, 188; -----, 1957, III, 136); y en el siglo pasado los macusis de Guayana seccionaban con una astilla el cordón umbilical de las niñas recién nacidas, al tiempo que el de los niños lo cortaban con una astilla de guadua (Schomburgk, 1923, 11, 249). Los achaguas entre el Meta y el Casanare en 1583 se rapaban las cabezas, "con unas cañuelas que crían para ello" (Oier, 1960, 184).

4) Tiras del tallo se han usado para confeccionar canastos, esteras etc. (Cobo, 1890 1, 519-520;-----, 1956, I, 233; Hodge et al, op. cit., 527). En las haciendas de Aroa, Venezuela, se usaban a mediados del siglo XVIII canastos de caña (Altolaguirre, 1908, 138), aunque quizá no de un tipo tan elaborado como las llamadas "guapas" (Alvarado L., 1953, 1, 184). Dos mil a tres mil petacas del mismo material se fabricaban en Tocuyo por aquella época, para empacar el tabaco de exportación (Arcila Farías, 1946, 177).

 

C) Hojas

a) Las hojas, a pesar de su aspereza y de su borde aserrado y cortante, se utilizaron como forraje de emergencia para los caballos en la época de la conquista. Así ocurrió en la entrada de Jiménez de Quesodo al Nuevo Reino (Castellanos, 1955, II, 485; Simón, 1953, 111, 103, 105), y en la de Pedro de Heredia al Atrato (Simón, cp. cit., V, 210). Se creyó en el medio Amazonas que estas hojas son el forraje preferido del manatí o pejebuey (Trichecus manatus Linné) (Ribeiro de Sampaio, 1825, 2).

b) La nervadura principal ha sido material socorrido en ciertas áreas para diversas confecciones. No de otro debieron ser las esteras de caña que los indios de Coconuco debían tributar, diez cada año, según la tasación hecha en 1551 por Juan del Valle, obispo de Popayán (Frigide, 1961, IV, 22,8).

La industria de sombreros parece haber tenido un desarrollo más tardío. En las sabanas de Bolívar ya se usaban corrientemente a mediados del siglo XIX (Striffler, 1958, Mont. 92). Estos sombreros de "paja de caña' eran comunes en Antioquia para fines del mismo siglo (Uribe Angel, 1885, 477). Los sombreros ordinarios, llamados "raspones" o "corroscas", se elaboraban en la provincia de Caldas de lo que es hoy el departamento de Nariño, en la misma época que se acaba de mencionar, para enviar a Popayán y al valle del Cauca. Cada unidad se vendía a cuarenta y cincuenta centavos de entonces (Herrera, L., 1893, 53). Los caribes de Dominica también confeccionan sombreros con el mismo material (Hedge et al, op. cit., 527).

 

D) Escapo

1) El 17 de diciembre de 1492 le mostraron a Cristóbal Colón los indígenas de la isla Española las flechas de espigas de cañas que usaban los caníbales. Cuando, el 15 de enero siguiente, se aprestaba el Almirante a regresar a Europa hallándose en el golfo de Somaná, extremo oriental de la mencionada isla, hizo reconocer la gente de allí, distinta de la encontrada hasta entonces. Los hombres llevaban arcos casi tan grandes como los usados en la época en Francia e Inglaterra; las flechas eran "de los vástagos que producen las cañas en la punta donde echan las semillas, los cuales son macizos y muy derechos en brazo y medio de largó". Por tal motivo llamó Colón a esta parte de la Española, Golfo de las Flechas (Colón, H., 1947, 118-120, 120; Navarrete, 1954, I, 131; 153; 163; 170; Casas, 1909, 3, 5, 9). De aquí el nombre tan difundido de "caña de flecha".

Este empleo de Gynerium parece haber sido general en toda la América intertropical, entre los indígenas que peleaban con arcos y flechas. Los térrabas y otras tribus de Talamanca en Cos ta Rica, consideran esta planta tan importante por esa causa, que la floración de ella en las estaciones secas, les sirve de calendario o manera de contar el tiempo (Gabb: Fernández, 1883, 111, 384; 410; Pittier, 1957, 80). El asta de la flecha se hizo de ella en el Amazonas (Ribeiro de Sampaio, 1825, 17; Wallace, 1939, 621), y en las Guayanas (Barrere, 1743, 169; Schomburgk, 1923, 11, 225; Farabee, 1918, 66). Los sionas llaman al escapo "kantiyo" (J. de la Espada, 1904, 33).

2) Una derivación de la flecha, es el arpón de pesca (Pérez Arbeldez, 1947, 127).

3) La panoja de flores aterciopeladas se usa a veces como ornamento.

 

PALMACEAS

 

173 --Astrocaryum spp..

Las palmas espinosas de este género están difundidas en la zona intertropical de América, usándose en muchas partes los cogollos para extraer fibras de gran resistencia y finura. Pero casi todas las especies usadas con ese fin son espontáneas, y por consiguiente, no tienen cabida en esta obra. Baste mencionar el CHINGALÉ del bajo Magdalena (Astrocaryum malibo Karst.), y la MOCORA de la costa ecuatoriana (A. trachycarpum Burret).

Sólo hay referencias de cultivo ocasional de una especie, cuando no se encuentra espontánea. Es el A. vulgare Mart., llamado en los llanos orientales de Colombia CUMARE; en el Río Negro (Brasil), TUCÚM (Wallace, 1853, 105-106; Ducke, 1946, 22-23); AOUARA, AOARÁ, AURÁ, AVOIRA [AVUARA], AWARRA, en las Guayanas[1] (Dahlgren, 1936, 34-35319, 321), y CHAMBIRA, en el Amazonas perú-ecuatoriano, aunque este nombre se da más propiamente a A. chombira Burret (Ibid., 26; 330; Macbride, 1960, I, 2: 398-399). Las fibras tienen múltiples usos: cuerdas de arcos (Wallace, 1939, 621); chinchorros (Ribeiro de Sampaio, 1825,67; Maroni, 1889, 516; Michelena, 1867, 357; Wallace, op. cit,. 654; Hardenburg, 19137 85, 156-157); tejidos para vestido (Figueroa, 1904, 397; Rivero, 1955, 107); látigos (Zawadzky, 1947, 192); brazaletes o fajas (Hardenburg, op. cit., 159), etcétera.

A. vulgare fue llevada por el autor en 1947 desde el Meta hasta Buenaventura. Hay unos pocos ejemplares en el bajo Calima.

Datos más amplios sobre ella quedan mejor en la obra sobre historia de la vegetación natural utilitaria.

 

CICLANTACEAS

 

000 --Carludovica palmata R. et P. (véase numeral 164, Patiño, 1964, 11, 225).

C. rotundifolia H. Wendl..

C. drudei Mast..

Chidra, palma de sombrero, en Costa Rica (Pittier, 1957, 103; Wagner, P. L., 1958, 245; Standley, 1937, 129).

Tuns, en bribrí (Costa Rica) (Pittier, op. cit., 249).

Iraca, hiraca [portorrico; jipijapa (Seemann, 1853-1857, 304)], en Panamá.

Iraca, en el Valle del Cauca.

Murrapo, en la cuenca del Magdalena.

Napa, en el Sinú (Cordon, 1957, 85).

Nacuma, en Nariño (parte alta).

Rampira, en la costa de Tumaco y Barbacoas, así como en Esmeraldas (Caldas, 1933, 363). También se dice rampile (Jijón y Caamaño, 1941, 11, 374). Los nombres beso, en colorado, y pichua, en cayapa, son equivalentes.

Lucateba, lucateva, en el occidente (le Venezuela (Alvarado, L., 1953, 221).

Toquilla, a la planta y a la paja, en el Ecuador (Toscano Mateus, 1953, 431).

Bombonaje, bombonasa, en la parte alta de la cuenca amazónica (Macbride, 1936, I: 425-426).

Orá, en siona (Ortiz, S. E., 1954, 456).

Apitara, en quechua (Lira, 1945, 55).

Palmicha, en el Tolima (Camacho Roldán, 1892, I, 625). Nombre español que se aplica también a géneros distintos.

Estas denominaciones regionales, y otras no registradas, evidencian la amplia dispersión geográfica del género Carludovica. Algunas, sin embargo, parecen trasplantadas de un área a otra en época reciente, coincidiendo con el auge de la industrialización de la fibra.

En Panamá hiraca era voz cueva, que se aplicaba a toda yerba (Oviedo y Valdés, 1959, 1, 238-239). En Santa Marta se usaba durante e1 siglo XVIII la forma palma girata (Rosa, 1945, 313-314). Se llamó Iraca un lugar de la cuenca del Cauca, no lejos de Buriticá; allí se quedaron durante dos meses en 1538 --a causa de la abundancia de mantenimientos -los expedicionarios que acompañaban a Juan de Vadillo (Castellanos, 1955, 111, 173, 175). El nombre iraca ha predominado en la parte alta de la cuenca del Cauca.

Si la iraca actual es la misma voz cueva señalada por el primer cronista de las Indias, la aplicación exclusiva a Carludovica en el noroaste de Sur América podría deberse a qué, durante al gunas expediciones de los españoles, el rizoma blanquecino y tierno fue utilizado como alimento de emergencia (Oviedo y Valdés, 1959, III, 169). La confirmación de esta sospecha se halla en la obra de Pedro Mártir de Anglería. Refiriendo el naufragio que padeció el bachiller Fernández de Enciso cuando llegaba en ayuda de los primeros colonos españoles asentados en la margen oriental del golfo de Urabá en 1509 dice que durante unos días se alimentaron los náufragos con frutos do palmas y unas raíces de palmillas (que se comen en lo Bélido interior y llaman palmitos, y de cuyas hojas son las escobas en Roma)..." En otro pasaje, enumerando las plantas útiles del mismo sector geográfico, apunta: '"Es cierto que se crían espontáneamente y en cualquier parle palmillas estériles, que, sin embargo, son ellas de comer y crían hojas para escobas" (Anglería 1944, 127, 182). La comparación de Carludovica con el palmito andaluz Chamaerops humilis L., no pudo menas de ocurriese a los españoles, por ser ambas plantas de hojas flabeladas y por tener usos similares (Font Quer, 1952, 955957).

RIZOMAS.

Todavía se come el rizoma de la planta en algunas partes, a modo de hortaliza.

PECIOLOS.

Sepárase en tiras la porción cuticular, desechándose la médula. Aquellas se usan en ciertas regiones para la confección de ccncstas y oros objetes que requieren abras no muy fle

xibles. En el siglo XVIII se hacían en Pozuzo, oriente del Perú de las as líes del pecíolo, unos junquillos delgados (Ruiz, 1952, 1, 304), y ahora en el Valle varillas para cohetes.

HOJAS.

Del citado pasaje de Mártir de Anglería se deduce que en el golfo de Urabá se usuban las frondes de Carludovica para hacer escobas. La costumbre perdura en muchos lugares (Bristol: BML, XIX, 9, 1961: 183-189).

Las frondes enteras, dejándoles un trozo del pecíolo, sirven para envolver. En ellas se suelen transportar aves de corral en el Valle del Cauca (Patiño, 1964, II, 225).

Sirven para coberturas de ranchos dondequiera que existe lo planta (Holion, 1857, 63; Harling, 1958, 117-118). Esta LUCATEBA la usaban así los motilones del Río de Oro, alto afluente del Zulia (Jahn, 1927, 85), y en Macas, oriente ecuatoriano (Tufiño-Alvarez, 1912, 45-46; 46). Más detalles sobre este particular se darán en la historia de la cultura material. Una hoja de iraca o palmicho forma parte de la parafernalia en las ceremonias de investidura de los jaibanás o brujos entre los katios del Urabá (Severino de Santa Teresa, 1959, 52).

Sombreros

Carludovica es más conocida por suministrar la fibra de que se tejen los sombreros llamados "jipijapas" o "de Panama", nombres comerciales ambos, pero el segundo evidentemente erróneo. La fibra se obtiene del cogollo. El sombrero de ;rata se teje a partir de la copa, en sentido divergente, como los de la antigüedad, mientras que los otros sombreros de paja se hacen preparando primero torzales o cintas delgadas, tejidas, que se van añadiendo por los bordes, en espiral, técnica esta última de desarrollo más tardío (siglo XVIII) (Dony, 1942, 15-16).

En su forma actual, la confección con carácter industrial del sombrero de iraca, parece haberse originado en alguna parte de la costa ecuatoriana, hacia el tercer cuarto del siglo XVIII, y difundídose de allí a otras áreas de América equinoccial. No hablan de esta industria o actividad las relaciones de Guayaquil y Puerto Viejo, de 1610, documentos pormenorizados en que se consignan todas las actividades económicas de ambas jurisdicciones; como tampoco Juan de Herrera y Montemayor, en el relato del viaje que hizo por la costa en 1618 apuntando todo. Vázquez de Espinosa, estante en Guayaquil en í6f9, menciona a Xipixapa entre los pueblos de aquella jurisdicción, "donde se saca mucha cabuya, y se labra cantidad de xarcia para los navíos de aquel mar..." (Vázquez de Espinosa, 1948, 350). Ni una palabra acerca de los sombreros. Silencian esto Dionisio de Alcedo y Herrera (1741) y otros documentos sobre Guayaquil correspondientes al mencionado siglo, corno el informe rendido en 1765 por el primer gobernador Juan Antonio Zelaya y Vergarci, en el cual se da cuenta circunstanciada de los productos de cada partido (Flores y Caamaño, 1925, 1-10; Castillo, 1931, nota 75).

Ya en 1778 se llevaban a Lima sombreros de jipijapa (Ruiz, 1952, I, 27). En una relación del decenio 17791788 consta que se exportaron de Guayaquil 97.620 unidades (Cappa, 1892, VIII, 213). Para entonces se llamaban, como se ve, sombreros de "jipijapa', quizá por la localidad de Manabí que pudo haber sido el principal centro de manufactura (Toscano Mateus, 1953, 431). Con ese nombre los menciona Vigna en su diario de navegación de la expedición de Alejandro Malaspina: las observaciones corresponden al lapso octubre 1° a 28 de 1790, cuando tocaron en Guayaquil las fragatas "Descubierta y Atrevida' (Vigna, 1849, 133). Sin producir el documento probatorio respectivo, sostiene Molestina: "La industria viene desde la época de la Colonia y se asegura que el primer sombrero fue tejido por el manabita Francisco Delgado, en 1630. Al principio sólo se tejía en Manabí y en la provincia del Guayas (Manglaralto), pero posteriormente los tejedores de la sierra adoptaron esta industria, y hoy en Canar,. Azuay, Imbabura, Carchi y Pichincha hay miles de tejedores de sombre-ros" (Molestina, 1956, 261).

Para 1835 y en el resto del siglo XIX, siguieron figurando, no sólo los sombreros, sino la paja sin elaborar, entre los principales artículos de exportación del comercio guayaquileño (Campos, 1894, 223, 226). La isla de Salango, Montecristi y Manta, así como otros puntos costeras eran centros manufactureros en 1840-1850 (Seemann, 1853, I, 213-215).

Se ha divagado mucho sobre la época en que empezó esta industria en la Nueva Granada. Si se admite que tuvo origen en el Ecuador, no habría dificultad en aceptar que se extendería pri mero a las regiones vecinas. En 1830 la industria era ya decadente en Pasto. Como punto de operaciones para escalar el Galeras, el científico francés Boussingault se alojó ese año en Genoy, en una casa cuyos dueños fabricaban sombreros (Boussingault, 1903, V, 105, 114). En la última década del siglo XIX los principales centros de manufactura de sombreros de NACUMA estaban localizados en La Unión y El Tambo, de la provincia de Pasto; San Pablo, en la de Caldos, y Samaniego y Guaitarilla, en la de Túquerres. Dicho artículo se exportaba al Ecuador (Herrera, L. 1893, 49-53; 50; 65). En aquella época El Tambo se destacaba por la finura de sus sombreros (Santander, 1896, 71, 148, 152).

En la cuenca del Cauca la industria parece haber sido tan antigua, aunque no tan importarte, como en el sur. En Buga se fabricaban sombreros de paja a fines de la guerra magna (Hamil ton, 1955, II, 87). La iraca se hallaba espontánea, especialmente hacia las orillas del río Cauca (Holton, 1857, 400). En 1854 se elaboraban en La Paila algunos sombreros de jipijapa (Ibid., 423). Por la misma época el Hato de Lemos era el principal centro de manufactura (Pombo, M., 1936, 100), y continuó destacándose por la calidad del producto durante el resto del siglo (Peña, 1892, 99 y nota). Pero no debió ser el único, pues los sombreros ocupaban lugar destacado entre las cosas que exportaba el gran Cauca (incluido el actual Nariño) (Pérez F., 1862, 211).

Por rivalidad con la naciente población de Pereira, en la sexta década del siglo XIX se prohibió en Cartago la extracción de iraca (Gutiérrez, 1921, II, 55).

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FIG. 27. Mata de iraca (Carludovica palmata R. et. P.) cultivada en Gorgona, Candelaria, Valle del Cauca.

En 1868 se manufacturaban dos tipos diferentes de sombreros en las poblaciones de Aguadas y Antioquia. En la exposición industrial hecha en Bogotá en 1881 se presentaren también muestras de Pácora (Camacho Roldán, 1892, I, 622; 1893, II 404; Uribe Angel, 1885, 477). Aguadas, cuya fundación sólo dato del primer cuarto del siglo XIX, continúa siendo el principal y casi único contro de producción en esta parte de Colombia.

La industria sombrerera de jipijapa era actividad corriente er. el cantón de Gorzón, alto Magdalena, hacia 1848, cuando el coronel Anselmo Pineda hizo un viaje por el Caquetá (Cuervo, 1894, IV, 459). En 1868 los principales núcleos manufactureros del área eran Guadulupe, Santa Librada Naranjal, Elias y Timaná, que suministraban el producto más afamado (Camacho Roldán, 1892, I, 621; 633). La Mesa era el punto a donde afluía el grueso de la producción exportable (Ibid., 577).

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FIG. 28. De derecha a izquierda: inflorescencia masculina; inflorescencia femenina recién abierta, y espádice femenino en plena madu rez, de Carludovica palmata R. et P. Material obtenido en Gorgona, Candelaria, Valle del Cauca.

En 1824 funcionaba en Guaduas una fábrica de sombreros de iraca (Hamilton, 1955, 1, 78). También se fabricaban "sombreros de paja" en El Espinal; pero en este caso no se sabe si se trata del mismo material (Ibid., 154), que es la llamada "murrapa"en el Tolima (Morales Puerta, 1857, 389; Posada Arango, 1909, 115). Las Piedras o Doma llegaron a ser importantes núcleos de producción.

Se atribuye al historiador José Manuel Restrepo haber intentado con mala fortuna, promover esta industria en Bogotá, a donde hizo llevar, en 1857 o 1858, paja y maestros desde Suaza, con el objeto de que aprendieran el arte los alumnos del Hospicio, cosa que no se logró (Camacho Roldán, 1892, I, 624; Marroquín: RHA, 1913, 427;-----: Restrepo, J. M., 1952, I, ix;-----: Mesa Ortiz, 1916, 1, 77).

Sobre la fe de Manuel Ancízar se ha venido repitiendo que en Girón y Bucaramanga la industria data de los años 1820 a 1822, merced a la iniciativa del cura de Girón, Felipe Salgar, quien habría persuadido a un pastuso de paso en el pueblo para que enseñara a algunas mujeres la técnica de confección (Ancízar, 1956, 366-368; Febres Cordero, L., 1950, 172-173; Herrera L., 1893, 51). La cosa tiene sabor de conseja. La confección de sombreros, aunque no fuera de Carludovica, era conocida y practicada desde el período colonial en algunas regiones de la Cordillera Oriental. Por ejemplo, los indios del curato de Tequia, actual Málaga, a mediados del siglo XVIII tenían esta como su actividad principal (Oviedo, 1930, 151). Por la misma época el alférez de la Rosa, al describir la "palma giraci" de Santa Marta, afirma: De esta [la hoja], beneficiada, hacen los indios sombreros, abanicos, escobas y otras manuables curiosidades" (Rosa, 1945, 313-314). Cierto Llano de Toquilla, en el antiguo camino de Sogamoso a Labranzagrande aparece en documento de 1782; el nombre debió ser mucho más antiguo (Torre Miranda, 1890, 79; Rivero y Ustáriz, 1857, I, 114).

Es evidente sí que el auge de los sombreros de iraca como objeto de comercio exterior en la tierra de los guanes, coincidió con la iniciación del período republicano neogranadino. Los primeros despachos cuya estadística se conoce, datan de 1834-1835, cuando se exportaron 2.586 sombreros por valor de $ 8.276 (Galindo, 1874, cuadro 19). Para 1865 salían por la aduana de Cúcuta --principal puerto de exportación --de 50 a 100.000 docenas de jipijapas al año, con valor de medio millón de pesos. Zapatoca y Girón eran entonces los más destacados centros de confección, y La Habana el principal mercado. En todo el país se ocupaban unas 60.000 personas (Camacho Roldán, 1892, I, 442, 623, 630; 1893, II, 403-404;-----, 1923 119). Las vicisitudes de este renglón de exportación en el mercado internacional, se estudiarán en la parte destinada a los ciclos económicos, en otra obra.

Un viajero encontró en el Orinoco, n mediados del siglo XIX, una embarcación que bajaba de Guoyabal, alto Meta, con sombreros de jipijapa (Michelena, 1867, 285).

El botánico Ruiz, quien describió la planta del oriente peruano (Ruiz, 1952, I, 304, 330, 339), no da indicios de que allá se fabricaran sombreros en su tiempo. Desde mediados del siglo XIX existía la industria en Moyobamba y Chachapoyas (Spruce, 1908, II, 75; Bates, 1962, 428). A principios de la actual centuria, se mantenía la industria en Moyobamba y en la vecina población de Rioja (Rocha, J: 1905, 164; Zegarra, 1945, 56, 66-67; Espinosa Pérez, 1955, I, 452). El nombre BOMBONAJE O BOMBONASA del oriente perú-ecuatoriano, es también el de un río, afluente del Pastaza, y éste a su vez del Marañón.

La introducción de la BOMBONAXA al Jardín Botánico de Río de Janeiro data de principios del siglo XIX. Por interés de don Juan IV se introdujo la planta y se estableció una fábrica de "chapeus do Chile"; pero no tuvo éxito (Barboso Rodrigues, Hortus, xiii). Esta fábrica se organizó en 1867 bajo la dirección de un administrador peruano, llamado José Asunción Rengifo (Ibid., xvii). Sin embargo, la industria no prosperó en el Brasil (Peckolt, 1890, 203204).

La Carludovica se ha cultivado como planta de adorno (Peckolt, loo. cit., Harling, 1958, 119; Pittier et al, 1945, I, 145); pero también con fines de aprovechar la fibra. Así se hace en la península de Nicoya, en Costa Rica (Wagner, P. L., 1958, 245); en Carreto, Sinú (Gordon, 1957, 85), y en varios lugares del Ecuador (Molestina 1956, 263). Los jíbaros del oriente ecuatoriano plantaban toquilla cerca de sus casas, aunque no para hacer sombreros, según observación de 1856 (Compte, 1885, II, 295; Tufiño-Alvarez, 1912, 45-46).

 

LILIACEAS

 

000 --Yucca elephantipes Regel.

Yucca spp..

Supuesto que las especies de este género, que se han introducido a América tropical, todas norte y centroamericanas, nunca se han utilizado aquí por la fibra, sino como plantas ornamentales y para setos, se estudiarán en el capítulo XIX.

 

AMARILIDEAS[2]

 

174 --Agave spp..

Metl. en náhuatl (Martínez, 1923, 262-266).

Ci. en maya (Pérez, J. P., 1877, h8; Roys, 193i, 224, 317).

Mutua, palabra al parecer muisca, en parte de la Cordillera Oriental de Colombia.

Penco, en el Ecuador.

 

175 --A. sisalana Perrine.

Yaax-ci [verde, azul], en maya (Pérez, J. P., op. cit., 402; Rovs, op. cit., 298, 317).

Sisal. Nombre comercial. Del puerto así llamado en Yucatán, por donde se exportaba gran parte de la producción, pasó a aplicarse a la fibra y a la planta que la produce (Corrëa, 1919, 25; Irigoyen, 1961, 1, 59-66; 8283; 93-99; 137-140).

A. fourcroydes Lemaire.

Zac-ci [blanco], en maya (Pérez, J. P., op. cil., 412; Roys, op. cil., 303, 317, 346).

Henequén. Este nombre parece se aplicaba en las Antillas a plantas fibrosas del género Fourcroya (Alvarado, L., 1953, 204). El médico Hernández no lo menciona en su "Historia de las plantas de la Nueva España". Algo tarde se generalizó en el sur de Méjico y en América Central para plantas fibrosas de varios géneros; en cambio, en Yucatan se aplicó a la especie de que se trata en este numeral, mientras que la nativa F. cahum Trel. ha conservado su nombre maya, cahum (Trelease, 1910, 906, 908; Roys, op. cil., 222, 321).

Maguey (véase adelante).

A. rigida Mill.

Zoz-ci ["cáñamo de la tierra, henequén raspado" Pérez, J. P., op. cil., 422], en maya (Roys, op. cil., 312, 317).

El género Agave, según Trelease, tiene su centro de origen en Méjico y sur de los Estados Unidos, mientras que Fourcroya (véanse numerales 177 178 y 179) sería de los Andes ecuatoriales, de donde se dispersó hasta el Brasil por el sur, y a Yucatán y las Anillas por el norte (Trelease, 1910, 909;-----, 1913, 8).

También existen Agaves en Centro y Sur América. Weberwauer cree que A. americana L. es introducido en el Perú, hasta el punto de que en la región altitudinal de 1700-2200 metros, los naturales lo llaman Méjico, "conociendo que no es planta originaria del Perú" (Weberwauer, 1945, 509, 621). Una cabuya de hoja más gruesa que la común, también llamada 'cabuya de Meiico", halló el botánico Holton en alturas del oriente de Tuluá en 1854, y --a pesar del nombre --la juzgó espontánea por el lugar confinado en que vivía (Hollan, 1857, 495). Poco antes se habían registrado Agaves nativos en el interir de Guayana (Schomburgk, 1922, 1, 307, 308, 343; 1923, 11, 31, 33; 39, 48, 49, 52, 82, 146, 207, 295, 307).

Es muy difícil saber si para todas las espe^íes ahora presentes en Sur América, la dispersión se operó después de la llegado de los españoles, o si algunas se conocieron allá desde la época prehispánica. Esto último es lo más probable.

No es posible saber ahora si el SIEGUEN (quizá una grafía equivocada o una transcripción defectuosa) que servía en Nicaragua para fabricar jarcia (Andagoya: Cuervo, 1892, 11, 96), era Agave, Fourcroya u otra planta fibrosa. Sabido es que la influencia majicana se había extendido antes de la llegada de los europeos, hasta el istmo de Panamá, y que sectores como Nicoya tenían una cultura típicamente mejicana. Los indios de Huista y Burica en Panamá usaban NEQUÉN para confeccionar redes con que cazcbon o atrapaban puercos de la tierra (Ibid., 89). Pero es probable que ese nombre se dio a plantas distintas: aun se ha sugerido que en Panamá, NEQUEN a HENEQUEN se aplicó a la Bromeliacea Pseudananas macrodontes (E. Morren) Harms (= Ananas macrodonles E. Morr.), de grandes hojas (Trelease, 1910, 906).

Oviedo, quien como Andagoya y al mismo tiempo que éste vivió en el istmo de Panamá, dice en el Sumario (1526), que "cabuya o henequén, todo es una cosa", y sugiere que la diferencia de nombre más se aplicaba o la clase de fibra que a la planta de donde ésta procedía (Oviedo y Valdés: Vedici, 1946, I, 485, 486). Pero diez años después, con mejor conocimiento, establece la siguiente diferencia: "Lo cabuya es una manera de hierba(...) El henequén es otra hierba..." (Oviedo, 1959, I, 237; 11, 25-26). Además habla del MAGUEY como planta separada (Ibid., 1, 238), quizá una Bromeliacea o una Liliacea. MAGUEY, que en algunas regicnes se aplica solamente al bohordo o escapo floral de Agave o Fourcroya, como en Venezuela (Alvarado, L., 1953, 227-228) y en Colombia, en otras se extiende a la planta misma. Que había alguna diferencia aunque fuera en el proceso de extracción, lo indica el hecho de que cuando en 1573 el gobernador de Costa Rica Perafán de Rivera tasó a los indios de Talamanca, les impuso de tributo 113 arrobas de henequén y 6 arrobas de cabuya (Fernández, 1882, II, 165).

Regularizado el comercio de cacao entre Venezuela y Méjico a partir de la segunda mitad del siglo XVII, se introducían a veces desde Veracruz a Maracaibo sacos para el empaque del grano (Arcila Farías, 1946, 454-455).

Los aspectos históricos de la industria en Yucatán a partir de mediados del siglo XVIII han sido estudiados recientemente (Irlgoyen, 1951, 1, 67-68; 93-99; 138-140; Benítez, 1956, 70, 71, 79-80, 81, 85, 86-87, 90).

En las postrimerías del siglo XIX se introdujo a Trinidad Agave rigida (Hart, 1889, 12; -----, 1890, grabado).

Parece que desde 1899 el gobierno venezolano introdujo el sisal; pero quizá por el precio elevado de la maquinaria desfibradora, el cultivo no halló acogida (Michotte, 1931, 80). Actualmente hay plantaciones entre Barquisimeto y Carora.

Henequén y sisal fueron introducidos a ]a Estación Agrícola de Palmira, después de 1930. Su cultivo no se ha difundido en Colombia, quizá a causa del uso universal de la cabuya Fourcroya.

 

176 --Agave cocui Trelease.

Cocuy o Cucuy, a la mata y a la bebida que de ella se labrica, en Venezuela (Alvarado, L., 1953, 105-106, 122; Pittier, 1926, 186).

Dispopo, a la fibra obtenida de una variedad de Cocuy (Alvarado, op. cit., 162).

Chacopati, gentilicio sinónimo de maguey, de la región costera de Venezuela (véase adelante).

Cocuiza, erróneo (véase adelante).

Esta planta, confundida a menudo con la COCUIZA (véase numeral 178) es notable porque, aunque tiene también fibra utilizable, se emplea especialmente para la obtención de una bebida báquica o partir del jugo de las cepas. Este uso es semejante al tradicional en Méjico para la extracción del mezcal y de la tequila, y sería otro de los rasgos culturales que refuerzan las sospechas de varios antropólogos, sobre una comunicación precolombina entre Méjico y Tierra Firme.

Había en el oriente de Venezuela por la costa, cerca de Araya [o de Píritu (Vega Bolaños, 1955, VI, 30)], unos indios llamados por los españoles MAGUEYES, y en su propia lengua, CHACOPATI, por abundar mucho en su tierra el Agave. "Aquella gente que así nombran los españoles magueyes, despencan esta hierba, e la cabeza o cepa della cuécenla, 6 hócese un manjar asaz bueno e de mucho mantenimiento. E de las hojas sacan el zumo, por sudor de fuego, a manera de destilallo, e de aquello beben aquella gente, e nunca beben agua", por no haberla (Oviedo y Valdés, 1959, 11, 25-26, 26).

Mucho antes había notado Vespucio que en cierto sector árido de la costa venezolana se recogía algo de agua de unas pencas verdes parecidas a orejas de asno (Navarrete, 1955, II, 156).

Como ha variado poco en el curso de los siglos el procedimiento seguido, vale la pena transcribir lo que dice sobre el particular la relación de Barquisimeto de 1578: "Susténtense [los in dígenas, que eran caquetíos, coyones, jiraras y aruacos] de unas pencas r, manera de cardo de España y las pencas son más gordas y mas anchas [.] hay gran cantidad dellas que los naturales le llaman Cocuy e nosotros le apropiamos al Cardo como dicho es [.] y córtenla y cortada aquella cabeza y pencas que le dejan arrimado a la cabeza como cinco dedos de largo e lo demas lo hechan por ahí y esto cuecen en un horno con mucha piedra caliente e debajo de tierra y allí se cuece y cuando lo sacan e comen da el zumo a manera de arrope dulce, comen de las pencas el zumo y la cabeza..." (Arellano Moreno, 1950, 116).

El comerciante Cisneros, refiriéndose al cucuy de la jurisdicción de Carora, dice en 1764 que se preparaba de él una "mistela muy medicinal" (Cisneros, 1950, 41; Alvarado, L., 1953, 105-106; 106). Una información del 7 de agosto de 1765, hecha por Juan de Salas sobre los indios gayones del pueblo de Bobare, asienta: "su cotidiano mantenimiento es vna ierua mala que llaman cuculo la que con el beneficio de jornearlo deja de ser venenosa, y es comida dulze, y de sustento..." (Altolaguirre, 1908, nota 114). Una relación de Carora de fines de 1768, enumerando los productos vegetales, incluye el "ISPOPO (especie de cocuiza) de que fabrican los naturales, Chinchorros, con que pagan sus tributos, es mui fuerte y compite con el cáñamo; las pencas de éste, cocido en horno, dan, una especie de conserva suave, y de mantenimiento de que vsan ordinariamente los indios, y los blancos no la desechan. Exprimidas estas pencas, dan caldo, mui fino aguardiente, y mui medicinal: Su fruta que asada es mui sana, sirve como pan, hócese gustosa pira [bledo, legumbre: Alvarado, L., 1953, 292] o ensalada, y conserva della, esta fruta adobada se llama xibe, y quasi, es tan buena como la alcaparra" (Ibid., 173). Las diferencias entre cocuiza y Cocuy las establece categóricamente la relación de Coro del mismo año de 1768: COCUISA, cuya fibra se utilizaba para chinchorros y hamacas de gente pobre; para pago de tributo, y para aperos de bestias y otras cosas; cocui, en cambio, tenía macollas que se usaban horneadas como alimento de indios y forraje de ganado, y para sacar el aguardiente que tomaba la gente común (Ibid., 208).

Más antiguas, aunque menos precisas, y referibles al género Agave, son las informaciones del licenciado Solazar de Villasante sobre el Ecuador interandino: "Desta yerba [cabuya) hacen un brebaje para beber, y de aquel brebaje se torna vinagre para comer; y aun hacen della como una agua miel, que comen" (J. de la Espada, 1881, 1, 17). Modernamente, sin embargo, la chicha se confecciona con guarapo de caña y se le adiciona jugo de cabuya (Pérez, A. R., 1947, 361).

Algo confuso es el dato de Zamora (1701) de que en el Nuevo Reino de Granada, de las flores de la motua, "se saca miel de qualidad calidissima" (Zamora, 1945, 1, 36), costumbre que perduraba hasta fines del siglo XIX (Ibáñez, 1884, 69).

Hay que advertir que la extracción de bebidas alcohólicas a partir del jugo dulce de Agave y Fourcroya, debió ser posterior a la conquista, ya que el procedimiento de la destilación era desconocido de los pueblos americanos.

 

177 --Fourcroya Ioetida (L.) How. (= F. gigantea Vent.)[3]

F. cubensis How.

Fourcroya spp..

Cabuya, aruaquismo, según unos (Tejera, 1935, 85; Henríquez Ureña, 1938, 112); tainismo, según otros (Cuervo, R. J., 1939, 686, 566), con las siguientes variantes en dialectos caribes: káboya, del calina o caribe insular (Breton (1666) 190), 57, 86); kabuia, en galibi o caribe de Cagona; kahuya, en mariquitare (Alvarado, L., 1953, 54). En niotilón cabulla equivale a "pita" (Jahn, 1927, 344). Aun se ha sugerido que la palabra es sólo deturpación de "cable" (Goeje, 1909, 160; Flórez: RCA, 1955, IV, 297).

Mulá, molan, en kaliña (Goeje, op. cit., 161).

Maguey, del taíno (Henríquez Ureña, op. cit., 12). En algunas partes, como en Venezuela (Alvarado, op. cit., 227. 228) y en el Valle del Cauca, se aplica sólo al escapo floral. En otras, indistintamente a él y a la planta entera.

El maguey haitiano de Oviedo se ha adscrito a la especie Agave antillarum Descourtilz, (Trelease, 1913, 20, 32, 23). Segngi, en cayapa (Jijón y Caamaño, 1941, 11, 300). Fique, usado en la Cordillera Oriental de Colombia y en la Occidental de Venezuela (Trujillo) (Alvarado, L., 1953, 165-166), y por consiguiente, de probable origen chibcha, aunque algunos creen que es un quechuismo (Flórez: RCA, 1955, IV, 300). En Antioquia se aplica a las tiras sacadas de la hoja para extraer la fibra, mientras que a ésta y a la planta se les dice cabuya (Posada Arango, 1909, 240). Tomarca, la planta; nunca, la fibra, en muzo (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 593).

Caruáta y variantes (Véase numeral siguiente).

Pákkpa; chúchau, en quechua (Lira, 1945, 727, 136).

En algunas partes se le dice al bohordo chuqui (chúki, lanza, estoque, alfange: Lira, op. cit., 138), por la semejanza con alguna de esas armas. Estos nombres se aplican especialmente a F. andina Trel. en el departamento peruano de Junín (Macbride, 1936, 3: 666).

Tauca, en aymara.

 

178 --Fourcroya humboldtiana Trelease.

Fourcroya spp..

Caruáta, en chaina; karuatá, en tamanaco; karúata, en cumanagoto (Gilii, 1965, 1, 175; 266-268; Alvarado, L., 1953, 89).

Caruatá o caraguatá se aplica en el oriente de Venezuela a varias plantas fibrosas. Así ocurre también con curagua y las formas dialectales curaua, kúlaua y kuláua (Alvarado, L., op. cit., 129).

Cocuiza, cuya forma primitiva sería cucuiza (Alvarado, op. cit., 106, 122), la trae Pittier como sinónimo de pita, caruata y maguey; y para que sea más complicado el cuadro de las denominaciones vernaculares, dice que a la fibra se le llama fique (Pittier, 1926, 186, 187).

 

179 --Fourcroya Ioetida (L.) How. (= F. gigantea Vent.).

F. commelyni Kunth.

Fourcroya spp..

Pita. Este sería nombre genérico de origen aparentemente caribe, que Drummond habría aplicado a una especie de: Orinoco (Trelease, 1910, 907). Aunque en algunas regiones se dio a plantas de este género, más frecuentemente lo fue a Aechmea ("pita floja"). Los tunebos del Sarare llaman pita a la Timeleácea Schocnobiblus cannabinus Cuatr., cuya fibra extraen.

Piteira, en el Brasil. La entreveración de nombres para plantas fibrosas es antigua en América. Entre las especies enviadas a Clusius por el médico Castañeda de Sevilla en 1600, figuran simultáneamente tres: la cabuya, "la verdadera pita", y maguey (Alvarez López: RI, 1945, VI, 275, 276). Esto da idea de las dificultades que hay que afrontar para hacer la historia de las plantas útiles en América.

 

A) DISPERSION

(Numerales 177 a 179).

Las referencias que se conocen sobre los usos medicinales del jugo de las Fourcroyas, algunos de los cuales todavía Perduran en varias regiones (y sobre esto se volverá en el capítulo dedicado a plantas medicinales), inducen a creer que el hombre primitivo americano prestó primero su atención a estas plantas a causa de aquellas virtudes curativas. No es menos importante el hecho de que se conociera la extracción de bebidas báquicas a partir del juge, en áreas separadas de América precolombina. El uso secundario por la fibra desplazaría gradualmente al primitivo, como ha sucedido en otras plantas.

Asimismo es difícil pronunciarse sobre el grado de domesticación que pudieron haber adquirido las Fourcroyas y los Agaves antes de la llegada de los europeas. Por lo menos está documen tado el hecho de que en las Antillas y en otras partes se plantoban come seto en las heredades. La enorme difusión geográfica, si no comprueba por sí sola, puede justificar la creencia de una intervención humana, aun indirecta. La facilidad de propagar estas plantas par división, utilizando hijueles o bulbillos, como en el caso de la piña Apanas comosus Merrill, es otro factor propicio para justificar la dispersión por agencia humana.

 

Antillas

Pese a que, según algunos, "cabuya" es nombre toino, se dispone de pocas noticias sobre la importancia que la planta pudo tener para los aborígenes antillanos. Las Casas, comentando las menciones de plantas que hace Cristóbal Colón en el Diario, dice que cuando habla del lino, "debe querer decir la cabuya... hay dos maneras dello, cabuya y neguén; la cabuya es más gruesa y áspera, y el neguén más suave y delgado; ambos sen vocablos desta isla Española" (Casas, 1951, II, 67).

Un río de las Cabullas (así) se menciona en el período colonial, cerca de la línea divisoria meridional con la parte francesa, en Santo Domingo (Sánchez Valverde, 1947, 46).

 

América ístmica

Había en el golfo de Nicoya mucha Pita y CABUYA para jarcias (Peralta, 1883, 643; Vargas Machuca, 1599, 236; Gage, 1946, 287, 288; Wagner, P. L., 1958, 245). En un principio, Nicaragua no diezmaba de henequén (Peralta, 1883, 172-174). Más al sur, en Quepo, sobre la misma costa occidental de Costa Rica, se sacaba hilo "como lo de Nicoya" (Peralta, op. cit., 228). Del mismo modo, en la costa atlántica de ese país, uno de los productos extractivos era la CABUYA. Algunos encomenderos obligaban a trabajar a los indios haciendo jarcia de esa fibra, mientras que otros eran tasados para tributar miel y petates (Fernández, 1886, V, 157; 1907, VII, 41.5; VIII, 17). Ya se dijo que desde 1573 Perafán de Rivera impuso a los indios Talamancas 113 arrobas de henequén y 6 arrobas de cabuya, como tributo anual (Fernández, 1882, II, 165).

Variados eran los usos de la cabuya en el istmo de Panamá. Cuando el Almirante Colón tocó en Verogucs, vio cómo los nativos se valían de un hilo de cabuya para cortar conchas de tor tuga (Colón, H., 1947, 298). Oviedo lleva más adelante la afirmación: "Con el henequén, que es lo más delgado de este hile, cortan si les dan lugar a los indios unes grillos e una barra de hierra, en esta manera: como quien siega a asierra mueven sobre el hierro que ha de ser cortado el hile del henequén, tirando y aflojando..." (Oviedo y Valdés, 1851, 1, 486:-----, 1959, I, 237-238).

En su relación de la entrada a Ics provincias de Paris y otras del occidente de Panamá, dice Gaspar de Espi^osa en 1519, que los cadáveres de los caciques eran envueltos en mantas amarradas sucesivamente de adentra hacia afuera con cabellos humanos, algodón y cabuya (Espinosa: Medina, 1913, Il, 280).

Redes de cabuya utilizaban los cuevas y otras tribus para atrapar la caza, así como para pescar (Oviedo y Valdés, 1853, III, 136). Los puercos d= monte rcn cogidos así con redes de neguén en Huista y Burica (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 89).

De cuerda de cabuya hacían hamacas los dorases (Rocha: Meléndez, 1682, III, 357). Este uso fue adop'ado por los europeos y sus mezclas (Ibid., 384).

A pesar de conocerse la cabuya en el istmo, la producción local era insuficiente para las necesidades domésticas, pu-es según la relación de la Audiencia de 1607, se importaban, tanto jarcia como alpargates, desde Guayaquil y del Perú (Serrano y Sanz, 1908, 173, 194, 243-204).

En el Darién la cabuya se utilizaba para redes. Las mujeres indígenas eran enseñadas desde pequeñas a tejerla (Wafer, 1888, 35, 48, 67).

 

Costa atlántica

Cuando Jiménez de Quesada inició su penetración al interior partiendo de Santa Marta por tierra, encontró crecido el río Chimila: pasolo con ayuda de sogas y cabuyas (Aguado, 1916, I, 165).

Como ejemplo de ambigúedad de vocablos, tan frecuente tratándose de plantas, está la referencia del alférez de la Rosa sobre Santa Marta, de mediados del siglo XVIII: "El MAGUEY es un vds lago que produce la mata del FIQUE (...) De las pencas de esta planta, que es lo que llaman fique, se saca el henequén de que se hacen sogas de todas suertes" (Rosa, 1945, 307-308).

Los arahuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta cultivaban la planta y sacaban, teñían y tejían cuerdas de cabuya, a mediados del sigla XIX (Reclus, Et, 1881, 306, 333).

Un fundador de pueblos costeños dice haber enseñado a la abigarrada población nativa a beneficiar entre otras fibras, la del fique (Torre Miranda, 1794, 17, 19).

Al finalizar !a época colonial, Pombo habla del valor que tenía la industria del figue (Pombo, J. I., 1810, 86-88).

 

Cuenca del Magdalena

Rapacejos o flecos de cabuya y de algodón usaban las vírgenes patangoras de la margen izquierda del Magdalena (Aguado 1917, 11, 131).

Hacia las cabeceras del río, la cabuya era extraída y beneficiada por los naturales (Frigide, 1953, 110, 111, 112). Cinco arrobas de fibra debían dar de tributo anual cada cien indios de Timaná, según la tasación hacha el 12 de febrero de 1559 por el oidor Tomás López Medel (Ibid. 271). Este es el hilo de pita de Timaná a que se refiere otro autor (Vázquez de Espinosa, 1948, 325, 330).

Los datos sobre la margen derecha del Magdalena quedan incorporados en el título siguiente.

 

Nuevo Reino de Granada

Los soldados de Céspedes y Lebrija, de la avanzadilla envíada por Jiménez de Quesada en la primera expedición de españoles al corazón del Nuevo Reino, aprovecharon fibra de cabuya del Opón para hacer alpargatas (Aguado, 1916, I, 212; Simón, 1953, I, 238).

Fique torcido hallaron los compañeros de Quesada al llegar a Cajicá (Groot, 1889, I, 44, 48).

Al infortunado Sagipa lo llevaron al suplicio los españoles amarrado, con una cuerda de cabuya al pescuezo (Aguado, 1916, 1, 344).

Esta fibra y toda la planta que la producía, tenían múltiples utilizaciones en la sabana de Bogotá (Vázquez de Espinosa, 1948, 299), así como en toda la confederación muisca (véase adelante).

Tan importante era, que en algunas partes los indios pagaban su tributo con cabuya (Aguado, 1916, I, 532). Tal fue la porción ocupada por los panches y los muzo-colimos (La Palma y Muzo), pues no otra que cabuya es la "pita" a que se refieren u:: documento de 1584 y varios autores (Ibot León, 1933, 241;-----, 1952, 324; Ordóñez de Ceballos, 1947; 303; Vázquez de Espinosa, 1948, 309). Entre los muzos de Trinidad, donde para 1582 se hilaba alguna pita, la planta recibía el nombre de TOMARCA (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 593, 614)

En la porción septentrional del Nuevo Reino, les principales sectores productores fueron los siguientes: Tunja, entendiéndose por tal no la ciudad sino el distrito, como se indica en la relación de 1610: "...hay magueyes, de cuya hoja, beneficiada como cáñamo, se hacen cinchas y sobrecargas, y lías y maromas, y las suelas de las alpargatas y otras cosas... (Torres de Mendoza, 1868, IX, 400): Leiva, donde las suenes de pan llevar se cercaban con fique (Vázquez de Espinosa, 1948, 301; Roics U., 1958, 7.97): Vélez, Guane y Curití, con el actual territorio de Santander (siglo XVIII) (Gilii, 1955, 374); y Pamplona (Vázquez de Espinosa, en. cit., 334).

A principios del siglo XVIII Fr. Alonso de Zamora hacía la siguiente descripción de la MOTUA por el detallo de las flores amarillas, deben aplicarse sus dabs a plantas del género Agave: Las grandes matas Ilamadas Motua se deben numerar entre los árboles. Es grande la multitud de sus ojos verdes con caireles de agudas espinas. Son de muy gruesso canto, y de mas de dos vares de !argo. De la que es mas fina se saca aquel hilo llamada Pitc. Tan asseado, y fuere, que del se hazen puntas de bolillo, y diferentes costuras; y aun de las gruessas cantidades que se llevan a Espora, vienen mixturados los texidos de seda. De el que no es tan fino se bazo el Fique, con que se forman las sogas gruessas, y delgadas que del cañamo se hacen en la Europa. Del medio destas matas salen arbolillos altissimos que producen (!ores amarillas..." (Zamora, 1945, 1, 36).

Oviedo sigue a Zamora, pero añade algunos detalles que en historia de plantas no se d ben dejar posar desapercibidos: "Las grandes matas que se producen a manara de cardares, pero son muy gruesas y anchas en Iodo su canto por ambos lados gruesas aunque aortas espinas, que las llaman motuas, se producen en todas las tierras templadas. De éstas se saca la pita, que a más de servir acá mucho, se lleva a España y vienen mixturados de ella algunos tejidos de seda. Otras muy semejantes a ellas, pero las mas no tienen espinas, llaman fique que sirve como el cáñamo en España para sogas y hacer suelas del calzado que usan los pobres, los indios y campesinos, y los llaman alpargates (...) En medio producen una vara muy larga que llaman maguey..." (Oviedo, 1930, 46). Aparte se volverá sobre otros pasajes de los das autores que acaban de citarse.

El fique ha sido cultivo importante en el sector entre Chipaque y Cáqueza (Holton, 1857, 246-247; Cuervo Márquez, 1956, 68).

 

Mérida

La cabuya también desempeñó destacado papel entre los jndígenas de la Slerra de Mérida y en todo el macizo al oriente del Táchira. Las mujeres de Corea y San Cristóbal, así como las de Mérida, usaban vestidos de cabuya (Aguado, 1917, II, 519); la mismo era para ambas sexos en Quenaga y Sunesua (Ibid., 528). Marcaban estas tribus el tiempo en cuerdas da cabuya a manera de calendario (Ibid., 523). Los bailadores llevaban sogas de ella, coma en otras pares, con propósito de amarrar a los prisioneros que esperaban coger (Ibid., 220, 227). Sogas y mochilas de lo mismo se mencionan en otra ocasión (Ibid., 592).

Los doctrineros de Marida son acusados en un documento oficial de 1620 de que ocupaban a las indios reservadas, en días de trabajo -so pretexta de doctrina- haciendo enjalmas, cinchas, cabuyas (Gutiérrez de Arce: AEA, 1946, 1184).

 

Venezuela

En una de las entradas de Jorge Spira hacia el interior, se hallaron una vez, en un pueblo indios labrando cabuya (Aguado, 1918, 1, 179).

Ya se transcribieron los datos sobre cocuy que trae la relación de Barquisimeto de 1579 (Arellano Moreno, 1950, 116). Otra de la misma ciudad de cerca de dos centurias después habla de COQUISA (Altolaguirre, 1908, 124). También se daba en Aron, en Carora y en Coro (Ibid., 137, 174, 208).

Las religiosas dominicanas de Trujillo se esneciolizaron en costuras y labores de pita (Oviedo y Baños, (1723) 1885, 1, 249).

La relación de Caracas de Juan de Pimentol (1578) habla del coroatá o maguey y de las distintas utilizaciones que se daban a la fibra (Latorre, 1919, 84; Arellano Moreno, 1950, 84). COCUIZA o CAROATÁ so exportaban de allí a Margarita y a otras partes (Latorre, op. cit., 89; Arellano Moreno, op. cit., 88). Cuatro arrobas de cocuiza, 0 18 recios cada una, se exportaron por La Guayra en 1599 (Arcila Farías, 1946, 68).

Durante las expediciones realizadas par los españoles en la parte oriental de Tierra Firme, se usaba amarrar con cabuyas por el pescuezo a las indios cautivos (Aguada, 1918, I, 165). De esta misma región son los datos siguientes, el primero de 1690: "Hay también cantidad de una especie coma pita, que llaman CARÚATA, de que se hacen sogas y otras diversas cosas; sácase con gran facilidad" (Ruiz Blanco, 1892, 23). "Críase con abundancia una especie de pita que los indios llaman caruata y los españoles cecuiza de que hay otra especie en Orinoco, llamada Curagua, o curaguaie; y de ambas se hacen cuerdas, sogas y otras muchas cosas" (Caulín, 1779, 15).

 

Orinoco

Entre los guayupes y choques, que ocupaban la zona al sur del río Ariari, se usaban hisopos de cabuya para asperjear a los hombres en ciertas ceremonias (Aguado, 1918, I, 189).

Al relatar la expedición de Ochagavia por el Apure, un autor menciona la COCUYZA (Carvajal, J., 1892, 156).

En los raudales del Orinoco usaban los indígenas cuerdas "que llaman cabuyas", para tirar las embarcaciones (Cuervo, 1893, III, 213; Torre Miranda, 1890, 88).

En su informe de 1775 sobre las misiones de capuchinos catalanes de los Llanos orinoquenses, dice Eugenio de Alvarado: "En algunos pueblos se trabajan cabuyas y cuerdas que tienen muchos usos, de curaguate, que es una especie de pita mejor que el cáñamo de España, y tan buena coma el lino. Hay otra especie que se llama Cuquiza que tiene las mismas aplicaciones, pero que no es tan fina como la primera, y unas y otras las tuercen los Yndios y venden como se les presenta la ocasión, pero por lo regular es preciso mandarlas hacer y cuestan a dos y tres reales cada uno" (Cuervo, 1894, IV, 223-224). El CURAGUATE de que habla Alvarado parece ser Brocchinia spp., Bromolidcea de que se tratará en otra obra.

Un viajero por el Orinoco habla de los chinchorros de curagua, y de cabuyas (Michelena, 1857, 357, 262). Otro habla de la cabuya del Meta (Restrepo, E., 1870, 145).

 

Amazonas

La provincia oriental del Ecuador llamada Quijos era productora de pita en la segunda mitad del siglo XVI; de allí la llevaban los indios coronados a la cuenca del Mira (J. de la Espada, 1881, I, ay; 1897, III, 129). En Archidona los indígenas pagaban el tributo en pita, por no haber algodón (Ibid., I, cxi). Dos siglos después -según el jesuita Maroni -las archidonas y tenas, seguían pagando su tributo en pita, "que es una especie de cabuya delgada, que suple en estas tierras las veces de lino y cáñamo" (J. de la Espada, 1889, Mar., 314). A la pita de Archidona se refiere un contemporáneo de Maroni (Magnin: RI, 1940, I, 171).

En la cuenca del Chinchipe se usaban balsas construidas con magueyes y palos livianos (J. de la Espada, 1897, IV, xlviii).

Se labraba pita en Chachapoyas a principios del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 379).

En la expedición de Ursúa-Aguirre por el Amazonas, figuran redes de cabuya en el pueblo de los caribes, según la relación de Pedro de Monguía (Cuervo, 1892, II, 497; Aguado, 1919, II, 399). Alguna pisa comerciaban los indígenas del bajo Amazonas con los holandeses en 1616. Entre los trapajosos (Tapajoz) había abundancia de pencas de que se hacía cabuya, en la expedición de Pedro de Teixeira (J. de la Espada, 1889, Teix., 118; 88).

Una autoridad en plantas del Brasil asegura que en el Amazonas propio la cabuya o piteira es escasa, y siempre se cultiva para cercos (Corrêa, 1919, 107).

 

Cuenca del Cauca

En 1584 los indios de Cáceres, bajo Cauca, se ocupaban en hacer alpargates y guascas: -allí se dicen cabuyas de donde se prouee destos generos todo el rreyno" (Ibot León, 1933, 240;-----, 1952, 324).

Cordeles encerados para amarrar la fragua improvisada que hizo ;orge Robledo en el actual territorio antioqueño en 1541 (Cuervo, 1892, II, 415), debieron ser de cabuya, pues era la fibra más asequible en la región interandina. Todos los conquistadores de esta parte de América ecuatorial se proveían de ella para amarrar a los prisioneros indios (véase adelante). Así figura entre los aprestos de Gaspar de Rodas (1576), cuerda de soga o cabuya para ahorcar a ciertos caciques comprometidos en un alzamiento (Restrepo Sáenz, 1944, 1, 24).

Para el último cuarto del siglo XIX había una industria incipienie de fique en Antioquia (Uribe Angel, 1885, 477). En los últimos lustros, la producción se ha ido concentrando en los municipios del oriente, como San Vicente y Guarne. La confección de sacos, cuya importancia aumentó con las exportaciones de café, tiene como centros mayores a Guarne, Rionegro y Estrella (Parsons, 1949, 126). Ahora hay una fábrica de gran envergadura en Medellín, que absorbe casi toda la fibra producida en el occidente colombiano.

La cabuya figura a cada paso durante la conquista de las tribus que demoraban en la cuenca media del Cauca. La que rapiñaron a los indios de Arma los compañeros de Jorge Robledo, s aprovechó para hacer alpargatas (véase) (Cieza, 1924, 68).

Los pozas llevaban cordeles (aunque no se especifica la fibra, poca duda cabe que era cabuya) para amarrar a los prisioneros que creían poder coger en los encuentors (Ibid., 74). Cerca del pueblo de las Peras, al norte del río Arma, cuando avanzaba Robledo, los indios tenían sus cordeles listos para atar a los españoles que pensaban tomar a manos (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 403). Con maromas de cabuya los compañeros de ese conquis,cdor rescataron las balsas de guadua naufragadas en los raudales abajo del Sopinga (Ibid., 395).

Cabuya en pelo y elaborada en distinlas formas figuraba entre Ics tributos de los indígenas de Arma, Cartago, Caramanta y Anserma en la tasa de López Medel y Juan Valle en 1559 (Friede, 1961, JV, 242, 240, 238; ------, 1963, 102, 104).

Cartago era abundante de magueyes (Campo y Rivas, 1303, 29).

La cabuya subespontánea debió ser mucho más frecuente antes en el flanco oriental de la Cordillera Occidental en el Valle de! Cauca; todavía se ven relictos en las lomas.

Según la tasación que el obispo de Popayán Juan de! Valle hizo en 1554 y 1559, los indios de la plana del Valle debían tributar entre otras cosas, cabuya en pelo y elaborada (Friede, 1961, IV, 109, 237-).

A un real la libra de cabuya debían, venderla los indios del valle, según el arancel dictado en 1668 por el visitador Diego de Inclán Valdés; los alpargatas al doble (Arboleda, 1928, 147). Ca buya era uno de los productos de Cali a fines del periodo colonial, dignos de registrarse (Ibid., 603). Confirmando la tradición, en 1809 se habla de lazos para amarrar presos (Ibid., 640). A fines de la guerra de independencia se producía cabuya en Buga (Mellet, 1823, 239).

El botánico Holton vio la planta en varios lugares del Valle, como en La Paila, donde se extraía la fibra para tejer bolsas, y en las alturas de Tiemblaculo, arriba de Tuluá (Holton, 1857, 423, 495).

Eduardo André describe también cómo se hilaba la cabuya en el norte del Valle en 1873, y dibuja el aparato usado con ese fin en Venta Quemada, entre Cartago y El Naranjo (hoy Obando) (André: LTDM, 1879, XXXVII, 117-118;-----, 1884, 690).

A fines del siglo XIX el pueblo de La Unión o Hato de Lemos era importante centro de manufactura de objetos de cabuya (Peña, 1892, 99 nota).

En la región de Palmira a causa de que los negros levantiscos, a raíz de la manumisión, quemaban los postes de las cercas, se apeló al expediente de plantar cabuya como seto (Schenck, 1953, 53). Pero este uso debió ser más antiguo (véase adelante), y la manifiesta parcialidad del viajero alemán en favor de las fuerzas reaccionarias, lo llevó a exagerar en este como en otros casos en que exterioriza antipatía por las gentes de color.

Aunque no forma parte de la cuenca del Cauca sino de la vertiente del Pacífico, fueron elementos de aquélla los que hicieran la Primera tentativa en grande para aprovechar la fibra del Dagua, donde abunda en estado espontáneo, en el bolsón de vegetación subxerófila vecino a la confluencia del ría Bitaco. La noticia la trae el historiador Arboleda: "El capitán Alvarez [Juan] fundó 115907J una empresa para beneficiar la cabuya, en una estancia que poseía en :caninos de Dagua y que en 1604 vendió a don Gaspar Fuanmayor, con sus edificios, atarazanas y aderezos y mil cincuenta arrobas de jarcia, que tenía hechas, en 250 pesos de ocho décimos. Dos años antes había enviado Alvarez a Panamá, al cuidado de don Alonso Ramírez de Oviedo, 600 arrobas del artículo, que contrató para que desde Buenaventura le transportara a cinco reales arroba el barco denominado "NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO" (Arboleda, 1928, 63). Quizá esa era la PITA que se llevaba a Panamá desde Buenaventura a principios del siglo XVII (Serrano y Sanz, 1908, 173).

Cabuya en madejas y elaborada debían tributar los indígenas de Coconuco y otros lugares de Popayán en 1558 (Friede, 1961, JV, 229).

El arancel hecho por el visitador Inclán Valdés para la jurisdicción de Popayán en 1668, demuestra el variado uso que se le daba a la fibra de cabuya. Se estudiará en detalle en el acápite C, ARREOS y ARNESES.

 

Patia

Quizá de cabuya eran las redes que utilizaron los indígenas de la cuenca del Patía para tratar de detener los caballos de los españoles, pertenecientes a la avanzada de Añasco y Ampudia en 1536:

"Gran número de redes dejan puestas
en los caminos y cañaverales,
con todos los avisos y recados
que suelen en las cazas de venados.
Porque si de sus manos escapase
o ya caballo, ya peón ligero,
allí se detuviese y ocupase
en los opuestos lozos del sendero..."

(Castellanos, 1955, 111, 348).

 

Pastos

En la última década del siglo XIX había en Pasto una importante actividad industrial que utilizaba la cabuya para alpargates, tapices, alfombras y otros objetos (Herrera, L., 1893, 41, 44). Buesaco y Florida eran los lugares principales de producción de la hoja y también centros manufactureros (Santander, 1896, 143, 154).

 

Ecuador

Parece que los puruhaes del altiplano intercambiaban productos de cabuya con los huancavilcas de la costa (Vargas, 1957, 13).

Cuando Cieza de León pasó por Quito en 1548, vio la planta de cabuya de que hacían los indios sus ojotas o alpargatas (Cieza: Vedi 1947, II, 393). En el siguiente año de 1549 el cabildo de Quita dictó un arancel para fijar el precio de los artículos que se fabricaban con esa fibra (véase acápite C).

Los naturales de Pimampiro tenían sobre el río Mira o Caenque hechos cuatro puentes de cabuya en 1582 (J. de la Espada, 1897, 111, 134).

En 1573 uno de los tratos de Quito consistía en "...alpargates y jarcia para navíos". En ese año "la jarcia se hace de CABUYA: vale a ocho pesos el quintal". Los indias manufacturaban con ella CHUMBAS[4], PILLOS[5] y ALPARGATAS, cinchas, jáquimas y cabestros" (J. de la Espada, 1897, 111, 82, 85, 95). En la relación que sobre la misma ciudad hicieron los oficiales reales en 1576 se afirma: "De la ciudad al desdesembarcadero de Guayaquil... se lleva ... jarcia de cabuya para navíos" (Ibid., 16).

El oidor Auncibay, célebre por su codicia, tenía atarazana de cabuya en jurisdicción de la Audiencia de Quito (Gercés G., 1935, I, 544). Un obraje importante hubo también en Latacunga (Pérez, A. R., 1947, 179-184).

Hablando de Riobamba en su relación general del Perú (1571-1572?), dice el licenciado Salazar de Villasante: "También en este asiento hacen los indios jarcia para navíos y muchas alpargatas y sogas y jáquimas y cabestros, y los envían a vender a Tierra Firme. Hacen esta jarcia de lo que se hace la que dije que se hacía en la isla de Pugna [así], que es de una yerba [véase adelante] que naturalmente nace en el campo sin beneficio, que se llama CABUYA; es a manera de un cardo de comer y de la raíz echa unas pescas [así, por pencas], salvo que son grandes como un brazo y anchas como cuatro dedos; estas pencas cortan y las curan, y después, sacudidas como el cáñamo quedan ni más ni menos que el cáñamo y tan recio. Esta yerba es provechosa para otras cosas, que della hacen hilo tan delgado como de lino, para coser, y tan recio. Desta yerba, de unas púas que tienen [así], hacen los indios agujas para coser, haciéndoles sus agujeros en que entra el hilo" (J. de la Espada, 1881, 1, 17).

Los indios de San Andrés Xunxi, jurisdicción de Cuenca, tenían sus heredades y casas cercadas con cabuya, de la cual se hacía jarcia para navíos: "Es la principal granjería que tienen y con ella van al embarcadero de Guayaquil ... la mayor riqueza que tienen es la cabuya, como está dicho..." (J. de la Espada, 1897, 111, 150, 151). Aunque disminuída, perduraba esta actividad en 1610 (Torres de Mendoza, 1868, IX, 471).

En Pueleusí había un valle llamado Chuquipata, por la mucha cabuya (en quechua se llama CHUQUI al bohordo o escapo floral) que allí se daba (J. de la Espada, 1897, 111, 174-175).

En Ambato funcionaban en 1610 cuatro atarazanas para labrar jarcia de cabuya. Penipe y Villardonpardo (Riobamba) producían fibra en la misma época (Torres de Mendoza, 1868, IX, 456, 467, 478, 491).

También en la costa ecuatoriana había cabuya y era objeto de importante actividad económica. No otro debió ser el ENEQUEN con el cual estaban amarradas las piezas de la balsa marina que encontró en la costa en 1527 el piloto Bartolomé Ruiz de Andrade (Navarrete, 1844, V, 196, 197).

Esto plantea un problema de identificación, si es cierto, como sostiene Pittier, que mientras Fourcroya se encuentra en los matorrales secos de la tierra templada y caliente, nunca vive --en lo cual se diferencia de Agave --en sabanas rasas (Pittier, 1926, 186, 187). Sería entonces Agave lo que Solazar de Villasante encontró explotado en la isla de Puná? "En esta isla se hace mucha jarcia que hace el cacique y sus indios para los navíos que por allí pasan y aun lo envían a vender a Tierra Firme y a la ciudad de los Reyes..." (J. de la Espada, 1881, I, 10).

La relación de Guayaquil de 1610, describiendo la ciudad propiamente dicha, asienta: "...tiene dos arrabales, en que hay aserraderos de madera y otras tiendas en que se labra jarcia para las naves, de madera [manera?] de cabuya" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 255). Jarcia, sin especificar la materia prima, era uno de los principales productos de exportación de esa ciudad a Lima, Panamá y Méjico (Ibid., 263). En Puerto Viejo sí se dice concretamente: "lábrase jarcia de cabuya para vender a los navíos que pasan" (Ibid., 292). Otras localidades productoras eran Picoazá (Ibid., 306) y Jipijapa (Vázquez de Espinosa, 1948, 349, 350).

A mediados del siglo XVIII una de las principales actividades de los habitantes de Yaquachi, frente a Guayaquil río de por medio, consistía en la confección de cuerdas y jarcia de cabuya (Alcedo y Herrera, 1946, 60). Hacia el norte, Chongón era también importante centro productor (Montúfar y Frasco, 1894, 155; -----: Rumazo, 1949, VI, 88).

 

[1]
Nombre genérico en los dialectos caribes, para palmas espinosas como son todas las Astrocaryum (Patino, 1963, 1, 111-112; Breton (1666), 1900, 272: yaouálla).
[2]
La creación sustitutiva de la familia Agaváceas no es aceptada por todos los autores.
[3]
Hace falta una revisión de especies y variedades de este género, especialmente en los Andes ecuatoriales, donde más intensamente se cultiva. Aunque muchos autores admiten la grafía Furcraea, especialmente entre los de habla inglesa (Correa, 1919, 107), aquí se mantiene la forma Fourcroya.
[4]
Chumbas, del quechua chúnpi: faja, franja, cinturón, correa, ceñidor, fajero (Lira, 1995, 143).
[5]
Pillos, del quechua píllu: corona, guirnalda (Lira, op. cit., 753)
 
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