Perú

Maromas de cuero y de cabuya se usaron para construir la fortaleza de Sacsahuamán en el Cuzco (Cieza, 1880, 192).

Basándose en datos de fray Blas Valera, Garcilaso describe el maguey o chuchau. Dice que se sacaba de las hojas secas bajeras una clase de fibra, y otra de las hojas frescas cortadas y majadas en agua (Garcilaso, 1945, II, 183-184; Valdizán y Maldonado, 1922, II, 123; Yacovleff y Herrera, 1934, 268).

Un autor menciona la cabuya pita sin agregar datos (Cabello Balboa, 1951, 234).

Otro confina a la parte templada de la sierra peruana la mayor abundancia de magueyes (Cabo, 1956, I, 211-212).

El botánico Ruiz enumera los usos que se daban en el Perú al maguey y a la cabulla: el agave o maguey mejicano se usaba de preferencia para setos; la cabuya para fibra (Ruiz, 1952, I, 149-150).

Otras datos sobre esta área se darán en el aparte sobre usos.

 

B) VARIEDADES

Cobo se refiere por lo menos a nueve variedades o especies diferentes del Perú y de Méjico (Cabo, loe. cit.).

Para la Nueva Granada un autor de la época de la guerra magna habla de tres clases de cabuya en Popayán (Cochrane, 1825, 11, 3851.

Posada Arango dice que Fourcroya cubense tiene hojas espinosas y flores pendientes; F. gigantea o cabuya hembra, llamada "pita" en Mariquita, es inerme y tiene flores fétidas; la cabuya azul o motua es Agave americana, de flores amarillas erguidas, mala y escasa fibra, y jugo dulce (Posada Arango, 1909, 240-242).

Eduardo André halló en la cuenca seca del Dagua la cabuya de hojas listadas de amarillo, que se ha convertido en planta ornamental (En Montaner y Simén, 1884, 704); Esta especie fue colectada por Wallis en 1867, y descrita por Jacobi en 1870 como F; Lindenii. En la actualidad se conoce como F; selloa marginata (Trelease, 1910, 913).

Se distinguen en el Ecuador interandino el PENCO NEGRO y el PENCO BLANCO (Vargas, 1957, 249). La "penca" del Perú es F. occidentalis Trol. (Macbride, 1936, 3: 666-667);

 

C) Usos

Aunque al estudiar la dispersión geográfica de la cabuya se han indicado algunos usos, conviene destacar este aspecto con más detalles. Algunos datos son aplicables tanto a Fourcroya como a Agave.

Nada mejor que transcribir lo que al respecto decía en 1896 el científico antioqueño Andrés Posada Arango: "Dichas fibras tíanen, según nuestras propias observaciones, cuarenta milésimos de milímetro de diámetro; Sirven ellas para hacer hisopos, con que encalen o blanqucn las paredes; escobas, para sacudir muebles, limpiar los muros, techos etc., etc.; hilos, cordeles, lazos o cables gruesos, trenzas, reatas, cinchas, enjalmas, mochilas, costales o sacos, redes o atarrayas, hamacas, tapiz para los suelos; alpargatas, cohetes y demás objetos de pólvora labrada; Las hojas de la planta, rajadas en tiras cuando están verdes y dejándolas secar después, se emplean mucho en las construcciones (con el nombre de FIQUE) para amarrar las latas o cañas, en los techos, entresuelos y tabiques; enteras, sirven de canales para conducir agua y para techos o cubiertas de causo, ranchos provisionales etc.. Sus cogollos sirven a los campesinos pare aplicar clísteres o lavativas a las vacas enfermas. Para eso buscan un cogollo que tenga todavía las hojas enrolladas; 1-o cortan por ambas extremidades y fe sacan las hojas de adentro; así queda un tubo, coma especie de embudo, que introducen a la res por la extremidad más angosta, y con una calabaza u otra vasija, se vierte el líquido medicinal. De su epidermis, que es blanca, transparente y apergaminada, hacen por acá hermosas flores artificiales; machacadas las hojas, sirven en vez de jabón, para lavar varios objetos, especialmente los sombreros de IRACA, que blanquean muy bien; Su zumo es detersivo y vulnerario. Las raíces son medicinales, al modo de la zarzaparrilla, lo mismo que las flores y bulbillos, con los que preparan tisanas y jarabes depurativos y alterantes; los últimos se comen también en encurtido; La cepa o tranco sirve para hacer bancos, hormas de sombrero, pequeños tambores y cosas semejantes. El MAGUEY a bohordo, que a la vez que resistente es muy liviano, sirve para hacer balsas, para fabricar escaleras portátiles, para emplearse como latas en las construcciones, para zarzos, para hacer sillas y parihuelas para transportar enfermos; hendido longitudinalmente sirve, por su parte interior o esponjosa, como excelente afilador de navajas; para hacer planchas en que clavan insectos los colectores, y para hacer magníficas tablillas para sujetar los huesos fracturados, y para tapas de botellas: medio quemado en un extremo, se vuelve inflamable por la chispa del eslabón, y se emplea en vez de yesca. La planta se usa mucho para setos o cercas, por las aguijones de que están armadas sus hojas" (Posada Arango, 1909, 240-241).

He aquí datos complementarios sistematizados.

 

a) Planta entera:

SETOS. Setos de cabuya o agave para dividir términos de heredades o enclaustrar casas y patios, han sido comunes en América intertropical, no sólo en 1-as Antillas sino en la parte andina; El uso de setos vivos implica necasariamente la siembra intencionada de plantas; Los datos sobre este aspecto se discutieron en la obra dedicada a la tecnología agrícola (Patiño, 1966, 318).

 

b) Partes de la planta:
1 -Estipe:
Asientos

En el Ecuador interandino entre la población indígena el tronco, cortado en trozos, sirve de asiento (Vargas, 1957, 74).

 

Bebidas

Lo relativo a la importancia del agave entre los pueblos mejicanos para la preparación de bebidas, y el carácter semimágico del pulque se han destacada en un libro reciente (Gonçalves de Lima, 1956, 8). Pero, como se demostró en el numeral 176, la extracción de bebidas a partir de las cepas de plantas del grupo en cuestión no fue desconocida en la parte ecuatorial, ni es privativa del género Agave. Aunque las referencias primeras que se han citado sobre este aspecto son de la segunda mitad del siglo XVI, cuando los españoles habían difundida muchos elementos culturales de un área a otra, bien por si mismos, bien por los indios de servicio que viajaban con sus amos, por lo manos en el caso de Barquisimeto parece una costumbre antigua; Hay que tener en cuenta que la parte de Venezuela donde se ha extraído tradicionalmente una bebida de estas plantas, es una región saca, muy semejante, desde el punto de visa climático, a las mesetas mejicanas donde el uso parece haberse originado; Lo que varían son las especies de plantas; pero el procedimiento es muy semejante.

Menos convincentes de autoctonismo son las informaciones sobre la sierra ecuatoriana; Puede ser que Salazar de Villasante, como letrado, hablara por influencia de las informaciones de origen mejicano, conocidas desde les tiempos de Hernán Cortés.

La destilación de aguardiente de contrabando se continúa haciendo en Colombia, en presencia de pencas de cabuya.

 

2 -Hojas

En pencas de pita dice un misionero haber enseñado a escribir a niños en Cochero, oriente del Perú en el siglo XVIII (Serra, 1956, 11, 425). Esta práctica ha sido tradicional, ne sólo en el Ecua dor interandino (Jaramillo Alvarado, 1955, 237), sino en otros lugares.

Las hojas enteras se usan en varias partes de clima medio para techos de ranchos. La relación de Carora, Venezuela, de 1768, admite que la mayor parte de las viviendas locales estaban techa das con pencas de cocuiza (Altolaguirre, 1908, 174). Uno de los patriotas de la Nueva Granada se refugió, durante los años de represión de Pablo Morillo y sus tenientes, en la región del Tequendama, morando en un rancho de pencas de fique (Groot, 1891, 111, 416). Tampoco ha sido desconocida la costumbre en el valle del Cauca, y así se señala para las montañas vecinas a Tulud a mediados del siglo XIX (Holton, 1857, 495).

Las hojas secas se usan como combustible, donde quiera que escasea la flora leñosa (Vargas, 1957, 74).

Para amarrar se usan a veces tiras de la hoja, con todo y epidermis y tejidos conjuntivos.

 

Pero lo más importante es la

2-a) Fibra
Extracción

No dan detalles las fuentes primitivas sobre la manera como hicieron la extracción de la fibra los pueblos americanos, aunque probablemente no sea muy diferente del que todavía se usa en los medios rurales. Vargas Machaca en sus instrucciones sobre matalotaje de un ejército (1599), dice: "...advierta que del maguey o cabuya se puede aprovechar para la cuerda machacándola bien y cociéndola con ceniza..." (Vargas Machuca, 1892, 1, 150).

En el occidente colombiano se conoció el sistema que pare^s haber sido más difundido, consistente en dividir la hoja cortccia en lacinias o tiras de no más de una pulgada de anchura, las cuales se aprisionan entre dos trozos de madera o de guadua unidos flojamente por un extremo, formando un artilugio angular cuyos dos extremos libres se sujetan con una mano para presionar entre ellos la lacinia, mientras que con la otra mano se hace deslizar la tira de cabuya para que suelte, en varios pasoncs, el tejido intersticial (Holton, 1857, 247; André: LTDM, 1879, XXXVII, 117118: Camacho Roldán, 1895, 111, 825; Parsons, 1949, 126).

Desde fines del siglo XIX empezaron a usarse en Colombia unas máquinas desfibradoras, que se han ido mejorando poco a peco. En la exposición industrial y agrícola habida en Bogotá en julio-agosto de 1907, con motivo de las fiestas patrias, se presentaron muestras de fique extraído en máquina, procedentes de la hacienda "La Palestina", de Camilo Castrillón, donde había un cultivo de 250.000 matas (Vespa y Avila, 1907, 771).

A continuación se presentan algunos usos que se le dan a la fibra suelta y a la torcida.

 

Fibra suelta:
a -Hisopos

Entre las tribus del Ariari se usaban hisopos ceremoniales de cabuya para dar aspersiorcs a los varones en ciertas ceremonias (Aguado, 1918, I, 189).

En el occidente de Colombia ha sido tradicional el empleo de hisopos de cabuya para enjalbegar las casas con cal.

 

Rapacejos

Dice un autor refiriendo las costumbres de los patangoros: "Las que son doncellas... no traen estas pampanillas [de manta] sino unos delantales de rapacejos, hechos de cabuya o de algodón, que les llegan por debajo de la pantorrilla..." (Aguado, 1917, 11, 131;-----, 1956, 11, 81).

 

Relleno de enjalmas

El alma o relleno de este arnés para carga se ha hecho en Colombia tradicionalmente de cabuya, a partir de la ocupación europea. Aun los arrieros se las arreglaban para montar en ellas, cosa que le resultó muy incómoda a un visitante extranjero bajando de Facatativá a Guaduas (Hamilton, 1955, II, 131).

 

Colchones.

No hay constancia de que se usase colchón en la época prehispánica. Por consiguiente, los de cabuya serían una innovación posterior a la conquista.

 

Estopa.

Cebo, a mediados del siglo XVII, da cuenta de un uso reciente en esa época para la fibra de la cabuya: "... en este reino del Perú, de poco tiempo a esta parte [16521, han dado en sacar del maguey estopa para calafatear navíos, que, echada debajo de la de cáñamo, es buena y no se pudre" (Cobo, 1956, I, 212).

 

Fibra torcida:
Cuerda; lazos.

En diversas ocaciones se ha mencionado el hecho de que los indígenas de 1a porción equinoccial, en sus encuera°.roe con los españoles, ]levaban cuerdas de cabuya para amarrar a los prisione ros que pensaban tomar a manos; Esto es aplicable a tribus aguerridos, y a las que, practicando el canibalismo ritual, consideraban más importante la captura de prisioneros vivos que la simple exterminación del enemiga en lucha; Así ocurrió con los grupos "caldenses" del norte, los muzocolimas, las bailadores y otros.

También los españoles, en las expediciones de descubrimiento y conquista, o en los asaltos para captura de esclavos indios, usaran ampliamente cuerdas de cabuya (Aguado, 1918, I, 165); Para que no huyeran, a los indios de servicio, especialmente a los cargueros, se les solía amarrar por el pescuezo con sogas de cabuya, pues ro siempre se disponía de hierro suficiente para hacer cadenas. Además, sa llevaba provisión de lazos para sujetar a los prisioneros que pudieran capturarse durante las marchas; De ellos se han dado atrás suficientes testimonios.

Este usa del lazo o cuerda de cabuya persistió en el período republicano; Durante el siglo pasado, y can en la última guerra de principios del presente, fue muy socorrido el lazo para conducir los conscriptos al servicio militar o los reclutas forzados, a quienes se llamaba voluntarios".

Claro que las cuerdas de cabuya no se usaron sólo con ese fin. Se cuenta que 6.000 trabajadores fueron ocupados en construír la imponente fortaleza del Cuzco, y que para tirar las enormes piedras se emplearon cuerdas de cabuya y sogas (Cieza, 1880, 192).

Se usaban cabuyas atadas a las orillas para pasar los ríos, y de allí el nombre de "cabuyas" dedo a los célebres puentes de criznejas de la época precolombina, que se siguieron usando en Colombia hasta hace poco. "Se hace [la crizneja] de maguey ques la planta de que se hace la pita" (Anónimo, 1958, 86-87).

En las guarras contra los indios, se recomendaba que en los vivaques, para evitar las sorpresas nocturnas, se hiciera un reparo de cuerdas de cabuya con mantas colgadas de ellas, rara detener el ímpetu de las flechas (Vargas Machuca, 1599, 70; 76 v.).

En la historia de la tecnología agropecuaria (Palmo, 1966, 36), se traen datos de algunos grupos indígenas del área equinoccial que usaban cuerdas de cabuya, con nudos a trechos, a modo de calendario, especialmente para calcular las épocas de sementeras (Aguado, 1917, II, 523; Ufeldre: Meléndez, 1682, III, 12).

 

Jarcia

Cuando se hizo la revisión geográfica de la distribución de la cabuya, se dieron datos sobre uno de los usos más importantes que adquirió a raíz de la dominación española, o sea para corda jes de navíos; En la historia del cáñamo (Cannabis saúvus L;) en el Nuevo Mundo, que aparece en otro volumen de esta obra, se verá cómo las tentativas para cultivarlo no tuvieron resultados halagadores; Se usó, pues, desde temprana época (quizá comienzos del siglo XVI), la fibra de cabuya (Cabo, 1956, I, 211). En un principio pudo ser de modo ocasional y aun fortuito, como durante el viaje de los marañones, que ya en el estuario amazónico se aprovisionaron de cabuya o sogas para jarcia (Aguado, 1919, 11, 399; -----, 1957, IV, 265);

Uno de los principales sectores productores de jarcia fue la porción ecuatorial, tanto costera como serrana; De Guayaquil y sus anexos; de Puná, así como de Riobamba y Quito, se exportaba gran cantidad de jarcia (J; de la Espada, 1881, I, 10, 17; 1897, lil, 16, 82, 85; 150; Torres de Mendoza, 1868, IX, 255, 263, 292; Vázquez de Espinosa, 1948, 349, 350); Manta era emporio manufacturero (Anónimo, 1953, 21). En cuatro atarazanas de Ambato se labraba jarcia de cabuya para exportar (Torres de Mendoza, op; cif;, 467). Sólo a fines del primer cuarto del siglo XVIII se empezó a utilizar para jarcia el henequén yucateco obtenido de diversas especies del género Agave (Irigoyen, 1951, I, 93-99; 96); mientras, como queda dicho, en la parte ecuatorial del continente la jarcia de cabuya se usó muy temprano; Se despachaba especialmente a Panamá (Garcés G;, 1946, II, 72, 121; Serrano y Sanz, 1908, 173), y al Perú (Vargas Machuca, 1599, 241); Entre las presas tomadas por Drake en Panamá en 1573 figura un navío cargado de jarcia, procedente de Guayaquil (Castellanos, 1955, IV, 33);

Nicaragua era otro centro de producción y exportación a Panamá. Andagoya constató que ''tienen los vecinos una granjería de hacer jarcia de un sieguen que hay que es como cerro de lino [.] hacese muy hermosa jarcia y más fuerte que la de España..." (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 96); El golfo de Nicoya era centro importante de esta actividad (Peralta, 1883, 643; Gage, 1946, 287288).

 

Fibra torcida y tejida
Arreos y arneses

Aun con la abundancia de cuero en muchas partes de América equinoccial a partir de la segunda mitad del siglo XVI, jáquimas, riendas, cinchas y otras piezas del arnés de montar se hicieron desde los primeros tiempos de la dominación española a base de cabuya. Este uso ha perdurado en los medios rurales para las bestias de carga de la gente pobre.

Sogas, cinchas, jáquimas y cabestros se hacían en el Ecuador interandino en la segunda mitad del siglo XVI, como se vio por las relaciones de Quito y del Perú debidas a Salinas Loyola y Solazar de Villasante (J. de la Espada, 1881, I, 17; 1897, 111, 95). El cabildo de Quito fijó el siguiente arancel para esos productos de la industria manual indígena, el 20 de mayo de 1549: 1 jáquima, 1 cabestro y 1 suelta [manea], a medio peso de oro (Rumazo González, 1934, 2o. 11, 219).

Cinchas, jáquimas, cabestros, eran parte del tributo de los quimbayas (Friede, 1963, 105, 107, 108; 119-120; 130-131).

Los coconucos, según la tasación de 1553, escasos veinte años después de la introduccián de los caballos, debían tributar anualmente 20 jáquimas y 20 cinchas de cabuya (Friede, 1961, JV, 228).

En Popayán, el visitador Inclán Valdés estableció el siguiente arancel en 1668:

Una enjalma de cabuya, nueva
4reales
Una jáquima de cabuya
2reales
Dos cinchas de cabuya
1real
Un cinchón de sobrecarga
1real

(Olano, 1910, Doc. 22).

Enjalmas, cinchas y cabuyas hacían los indios de Mérida para sus doctrineros (Gutiérrez de Arce: AEA, 1946, XV, 1184).

En la varias veces mencionada relación de Carora de la segunda mitad del siglo XVIII, se deja constancia de que la cocuiza se usaba para aparejos de arrias (Altolaguirre, 1908, 174).

 

Bolsas y sacos

Algunas tribus llevaban bolsas de cabuya para echar la carne de los prisioneros (Aguado, 1917, II, 592).

El uso de mochilas de cabuya, llamadas "guambías" en el valle de! Cauca, parece haber sido tradicional. Unas pequeñas de trama apretada servían para echar la semilla y para otros menesteres (Holton, 1857, 423), quizá semejantes a lo que llaman marusa en Venezuela (Alvarado, L., 1953, 250). Otras de trama reticular muy espaciada, conocidas como "jigras", "jícaras" o "jiquercs", se usan para sujetar objetos voluminosos (yucas, mazo.cas de maíz etc.). La variante venezolana es el yurure (Alvarado, op, cit., 364).

De allí a la confección y uso de sacos no hay sino un paso. No se ha conservado en las fuentes indicación de cuándo se empezó el uso de sacos rectangulares en grande escala para guardar o transportar sal, semillas o granos.

Todavía a fines del siglo XIX se consideraba que los sacos de fique de Cundinamarca no eran muy apropiados, por ser muy permeables, para empacar el café destinado a is exportación (Sáenz, 1892, 47). Lo mismo se pensaba como empaque para trigo en Pasto (Herrera, L., 1893, 20); aunque sí se exportaban sacos del actual territorio nariñense (Santander, 1896, 71). Asegura un autor que los ingleses, temerosos de la competencia que hacían los costales de cabuya de Colombia a la industria del yute de la India, dictaron medidas discriminatorias para no aceptar café colombiano si al costal de cabuya no se adicionaba uno de yute, que naturalmente había que importar (Michette, 1931, 80). No se ha podido confirmar esta referencia.

Con todo, en la Nueva Granada no sólo se confeccionaron sacos de cabuya para uso interno, que era de consideración (Camacho Roldán, 1895, 111, 823-827; 824; Ospina Vásquez, 1955, 311; 319-320; 321-322; 387; 407, 408), sino que se exportaron. En el período 1843-1844 las entradas por tal concepto fueron de $ 223 (Galindo, 1874, cuadro N° 19). Datos más elaborados sobre esto pueden verse en otro volumen, dedicado a los ciclos económicos.

 

Chinchorros y redes.

Cabe observar que el primer término se aplica en América equinoccial tanto a una hamaca de malla, como a un adminículo para la pesca.

Los indígenas darienitas, según un observador, pescaban con redes de majagua o cabuya (Water, 1888, 48).

Los pueblos de Huista y Burica, en la parte occidental del istmo de Panamá, usaban redes de henequén para capturar puercos de monte (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 89). Los dorases de más al norte confeccionaban hamacas do cabuya (Rocha: Meléndez, 1682, III, 357).

Se usaban la cabuya y el henequén "en especial para hacer los hicos o cuerdas de sus hamacas, o camas en que duermen, y encabuyallas para que estén colgadas en el arre..." (Oviedo y Valdás, 1959, 1, 237). También la relación de Carora do la segunda mitad del siglo XVIII dice que la cocuiza se usaba para los cabos de hamacas llamados jacos (Altolaguirre, 1908, 174). Asimismo Cobo habla de las hamacas de cabuya en forma de redes (Cobo, 1895, IV, 172; -----, 1956, 11, 244).

 

Hondas

Una derivación de la red sería la honda o a la inversa. Los peruanos hacían hondas de lana de auquénidos o de cabuya (Cobo, 1895, IV, l94; -----, 1956, 11, 254).

Este uso ha perseverado en el occidente de Colomb:a para alejar aves dañinas de los cultivos de maíz.

 

Vestimentas

Los pueblos indígenas americanos del intertrópico supieron sacar do la cabuya por lo menos dos clases distintas de fibra. "Alguno deste henequén, y también de la cabuya, es hilo blanco e muy gentil", decía el cronista mayor de las Indias (Oviedo y Valdés, 1959, 1, 237). El nequén se tenía como más suave y delgado que la cabuya (Casas, 1951, 11, 67). "De lo más delgado [del maguey hacían los indios de algunas provincias lienzo como angeo para su vestir" (Cobo, 1956, 1, 211).

Las mujeres de Sorca o San Cristóbal del Táchira usaban, como las de Mérida, vestimentas de cabuya, y lo mismo hacían hombres y mujeres en Quenagua y Sunesua (Aguado, 1917, 11, 519, 528).

En todas partes ha habido diferencias en el vestir, de acuerdo con las clases sociales. De los mejicanos dice un autor que los guerreros y principales podían vestir de algodón, mientras los plebeyos usaban nequén, "que es ropa basta' (Acoda, 1954, 205).

Más detalles sobre el asunto se acomodan meior a una historia de la cultura material.

 

Sudarios

Las momias de los primeros incas estaban protegidos por fuera con un tejido de cabuya (Cobo, 1895, IV, 240;-----, 1956, 11, 275).

 

Alfombras, tapices

No se ha podido averiguar qué tan antiguo sea el uso de alfombras de cabuya en América. En la última década del siglo XIX empezó en Pasto a desarrollarse una industria de tapices y alfombras para piso hechas de cabuya, en dos estilos: 1-cabuya teñida; y 2-cabuya estampada con cartulinas (Herrera, L., 1893, 44). Uno de los lugares donde se fabricaban tapices era Buesaco (Santander, 1896, 143).

Esta industria ha ido evolucionando y está abarcando otros objetos hechos a partir de la arpillera de cabuya.

 

Capas

En mallas de cabuya se entretejen los fajos de paja con que se hacen las tradicionales capas para agua de los páeces en la Cordillera Central de los Andes (Serra, 1956, 1, 120-121; Hamilton, 1955, 11, 11; Cuervo Márquez, 1956, 279).

 

Alpargates

El alpargate en su forma actual de una suela de cabuya con capellada de tela gruesa o lona, es un producto de influencias indígenos y españolas. Hasta donde puede saberse, la capellada no existió en el calzado de los pueblos indígenas americanos, sino que la suela se sujetaba al pie por medio de cuerdas o correas. Así, dice Cieza, refiriéndose a las tribus que vivían en jurisdicción de Quito en 1548: "Por zapatos traen unas ojotas de una raíz o yerba que llaman cabuya, que echa unas pencas grandes, de las cuales salen unas hebras blancas, como de cáñamo, muy recias y provechosas, y destas hacen sus ojotas o albarcas, que les sirven por zapatos..." (Cieza, 1924, l33;-----: Vedia, 1947, II, 393). Ojota es deturpación del quechua USUTA. La relación de Quito en 1573 confirma: "Los indios traen alpargates; solían traer OJOTAS, que es una cierta atadura sobre una suela de alpargate, de manera que sólo traían guardada la planta del pie" (J. de la Espada, 1897, 111, 92-93). Las ojotas que usaban los peruanos tenían suela hecha de cuero crudo del pescuezo de las llamas, que se consideraba como más resistente, y se sujetaba a talones y empeine con cordones de lana del grueso del dedo (Cobo, 1956, 11, 238).

Lo notable es que los españoles, al establecerse en América, se adaptaron en muchos casos al uso de alpargates. En los primeros tiempos, el calzado de cuero era difícil de obtener y costoso. No tanto porque para fabricarlo no hubiera en un principio ganado suficiente en América, pues el cuero de res se podía sustituir por cueros de animales americanos (venado, danta etc.). cuanto por la escasez de oficiales zapateros. Por ejemplo, en 1539 se dio pasaje gratis a un zapatero para viajar a Cartagena, por haber sólo uno en esa ciudad, donde entonces corría el oro a torrentes (Friede, 1957, V, 99). Pero aun habiendo calzado, la preferencia por los' alpargatas se justificaba sobradamente. Eran cómodos para andar en los malos caminos de América, sobre todo si había piedras. Se podían lavar y secar con suma facilidad. Su confección era fácil y rápida. Pesaban pote, y no siendo necesarios, se llevaban colgados a la cintura. Abundaba dondequiera la fibra para hacerlos. Un tratodista militar de fines del siglo XVI encarecía que en el avío para las expediciones se incluyeran alpargatas (Vargas Machuca, 1599, 47 Y.; -----, 1892, I, 150).

Relatando un autor las campañas de Ponce de León en Puerto Rico en 1511, dice:

"Los alpargatas eran las espuelas,
que no van en caballos ni trotones"

(Castellanos, 1955, I, 253). Otro habla de alpargates de maguey (Casas, 1909, 158). A los principios los españoles que los usaban en las Antillas padecían mucho por las niguas (Ibid., 44-45).

Entre las cosas que Vázquez do Coronado llevó a su expedición de Costa Rica como avío, figuran los alpargatas (Femández, 1883, 111, 55).

Cuando las fuerzas del pizarrista Hinojosa se encontraban en Panamá poco antes de la llegada de La Gasca, con motivo de la alarma que creó la ocupación de Portobelo por Melchor Verdugo, aquél general mandó a aderezar bizcocho y alpargatas para aviar a la gente con que pensaba oponerse al invasor (Cieza, 1909, 265). Alpargates están enumerados entre los géneros que pedía La Gasca a otras Audiencias desde aquélla ciudad en 1546, cuando organizaba su expedición contra Gonzalo Pizarro (Friede, 1962, VIII, 216). La mayor parte de los que se usaban en el istmo, provenían de Guayaquil y de Lima (Serrano y Sanz, 1908, 173, 196, 203-204). La gente pobre y aun muchos españolos se contentaban en el interior de Panamá con una hamaca y alpargatas, y no aspiraban a ganar para darse una vida mejor (Rocha: Meléndez, 1682, III, 384).

Para la expedición de Graciano y Bernal, que salieron de Cartagena en pos del licenciado Vadillo en 1539, se mandaron a ade rezar los necesarios alpargates (Friede, 1957, V, 150).

Los españoles de Santa Marta y los que andaban con los alemanes en Venezuela, se acusaban mutuamente de las entradas hechas al valle del Cesar, en detrimento de los indios, pues cada grupo pretendía que dicho valle quedaba en su jurisdicción. En uno de tales juicios (1533) los alpargatas viejos, junto con otros indicios de haber andado ciento de Santa Morta, son esgrimidos como pruebas (Friede, 1955, III, 92; Nectario María, 1959, 496).

Al llegar por primera vez a Coro los alemanes de Alfinger, se presentaron bien vestidos, en contraste con los moradores de la ciudad, quienes no usaban capas sino unas casacas de lienzo, y

"alpargata lijero por el suelo"

(Castellanos, 1955, II, 34-35). Esto fue común en Venezuela entre soldados (Oviedo y Baños, 1885, II, 73).

Cuando Jorge Robledo emprendió a principios de 1541 su marcha de penetración por la cuenca del Cauca abajo, al llegar a la provincia de Arma su gente halló mucha cabuya en madejas, que se empleó en la confección de alpargatas (Cieza, 1924, 68). La almoneda de los bienes de Cristóbal de Ayala, conquistador muerto por los putimaes de la primitiva Buga, fue puesta como ejemplo de los precios excesivos que tenían las cosas en el Cauca en los primeros años que siguieron a la entrada de españoles: "y aun yo --dice uno --he mercado unos alpargatas en ocho pesos de oro" (Cieza, 1924, 87). En 1568 el precio en Cartago oscilaba entre medio peso(s) (1 ducado) y 13 tomines (Friede, 1963, 120). A dos reales el par, o sea el doble que la cabuya hilada, los debían vender los indios de Popayán y de Cab, según el arancel del visitador Inclán Valdés en 1668 (Olano, 1910, Doc. 22; Arboleda, 1928, 147). A mediados del siglo XVI, figuraban entre los tributos que debían dar los indígenas de Coconuco, Arroyohondo (Cali) y Anserma (Friede, 1961, JV, 228, 232, 238).

Cáceres, en el bajo Cauca, llegó a ser para 1584 un importante centro manufacturero de alpargatas (Ibot León, 1933, 240). En Antioquía se han usado mucho (Uribe Angel, 1885, 477).

No menos temprano fue el uso en el Nuevo Reino de Granada. Cuando la avanzada de Jiménez de Quesada llegó al Opón, se halló cabuya, con la cual se hicieron alpargatas para continuar la marcha (Aguado, 1916, I, 212; Simón, 1953, I, 238). Aun parece que los españoles aprendieron a confeccionarlos, cuando la necesidad lo pidió (Piedrahita, 1942, II, 163). En los primeros años, mientras no llegó Lebrón con mercancías, los españoles del Nuevo Reino no usaron otro calzado que alpargatas (Groot, 1889, I, 77).

Durante la campaña que emprendió Quesada contra los gualíes y los marquetones dei Magdalena, su gente andaba en alpargates (Castellanos, 1955, IV, 564, 580).

Para mediados del siglo XVIII, los principales centros de elaboración estaban en la provincia de los Guanes, señaladamente en la localidad de Onzaga (Oviedo, 1930, 46).

A cada soldado de los empleados en entradas contra los andaquíes se le daban, como parte del matalotaje, ocho pares de alpargatas, que costaban en 1609 a dos reales el par (Friede, 1953, 206 nota).

También lo que hoy se conoce como departamento de Nariño fue productor de alpargatas. Estos figuran entre los géneros impuestos como contribución del sector para ayudar a la guerra contra los pijaos (treinta pares por cada soldado), a principios del siglo XVII (Sañudo, 1939, 11, 5).

Eran objeto de una importante industria en Pasto y en Buesaco en la última década del XIX (Herrera L., 1893, 41; Santander, 1896, 143).

En los documentos citados sobre Quito y el área interandina del Ecuador, correspondientes a la segunda mitad del siglo XVI, se ha destacado la importancia de la cabuya. La elaboración de jarcia para navíos y de alpargates, corría a cargo de los indios (1. de la Espada, 1881, I, 17; 1897, 111, 82, 95, 215; Ortiguera, 1909 373; Garcés G., 1935, I, 470-471; González Suárez, 1890, I, 162). El cabildo de la mencionada ciudad estableció en 1549 el arancel a que debía sujetarse la compraventa de dicha prenda: 3 tomines el par (Rumazo González, 1934, II, 219).

Asimismo se ha visto que el Ecuador era un proveedor Importante de alpargatas para Tierra Firme (Garcés G., 1935, I, 586). Alguna parte de la producción provenía de un obraje de Latacunga (Pérez, A. R., 1947, 179-184).

Las relaciones geográficas de varias localidades serranas del Perú consagran el uso tradicional de ojotas o calzado de cabuya, tales como Guamanga (Atunsora), Atunrucana y Pacages (J. de la Espada, 1881, I, 172, 189; 1885, 11, 82). Francisco Pizarro acostumbraba jugar a la pelota calzado con alpargate, "que entonces, y aun muchos años después, como yo lo alcancé, era gala y bravosidad usar en la milicia alpargates antes que zapatos" (Garcilaso, 1944, I, 265). En el capítulo de los agustinos del Perú celebrado el 19 de septiembre de 1551, se dispuso que los padres "traigan calzadas alpargatas". Las monjas descalzas de San José, en Lima, no usaban chapines, sino alpargates de lana (Culancha, 1639, 165; 449). Guancarama era el principal centro abastecedor de alpargates en el Perú en el primer cuarto del siglo XVII (Anonimo, 1958, 88). El hilo de pita se importaba del Nuevo Reino a Lima (Ibid., 23).

Papel no menos importante que en la conquista desempeñaron los alpargates en las guerras de independencia y en las civiles. En la batalla de Boyacá los oficiales patriotas calzaban alpargates; los soldados iban descalzos (Hamilton, 1955, 1, 122).

Algunos extranjeros que visitaron a Colombia alaban los al Parciales. Reclus los usó para regresar desde Atanques a la parte baja de la Sierra Nevada de Santa Marta (Reclus, E., 1881, 310).

Otro científico asegura, después de sus experiencias en Colombia en 1854, que si tuviera que caminar con frecuencia, usaría alpargates y no zapatos (Holton, 1857, 236).

Los alpargates fueron artículo de exportación en algunos períodos del siglo XIX. En el bienio 1854-1855 se llegaron a exportar 22.076 pares (Galindo, 1874, cuadro No. 19).

 

3 -Bohordo:
Material de construcción

El bohordo o escapo floral, llamado "maguey" en varios partes, se utiliza para construcciones ligeras. La descripción del licenciado Salazar de Villasante que en parte se copió atrás, menciona el uso en la sierra ecuatoriana: "Del cogollo desta yerba sale un palo largo de veinte pies y menores, según les dejan crecer, que hacen casas dellos los indios y les sirven de maderos, y encima los cubren con paja (...) Son fofos, como son de yerba, de la calidad de la cañaeja o junco marino, salvo que son gordos como un recio brazo de un hombre" (J. de la Espada, 1881, I, 17).

En el valle de Chuquipata, de la jurisdicción de Pueleusí, cerca de la actual Riobamba, se utilizaba en la forma indicada el bohordo hacia 1582 (Ibid., 1897, 111, 174-175).

Ha sido comunísimo el uso del maguey como viga en las construcciones ligeras requeridas por el clima seco del Perú (J. de la Espada, 1881, 1, 128; 1885, 11, 62; Cabo, 1956, 1, 211).

Idéntica cosa ocurría en el Nuevo Reino de Grar.ada. Dice el cronista Zamora en 1701: 'Cortados, y secos estos palos, aunque de muy poco peso, son fortissimos, y tan durables, que con ellos enmaderan los Indios sus casas pagizas" (Zamora, 1945, 1, 36). En el mismo parecer abunda Basilio Vicente de Oviedo: "También enmaderan las casas de paja con el maguey que sale del fique y de la motua, y es incorruptible; sólo los abejones lo taladran para hacer en ellos sus casitas, pero esto no le(s) basta para casas de teja; no tienen competente fuerza... tienen sus cáscaras gruesas, que es la que mantiene..." (Oviedo, 1930, 46; 39-40).

Con el escapo de la cocuiza se hacen en Venezuela escaleras de mano (Alvarado, L., 1953, 227). Esto ya lo había dicho Posada Arango (véase el principio del inciso D)).

En el río Chinchipe se usaba el bohordo para la construcción de balsas (J. de la Espada, 1897, IV, xlviii).

 

Yesca

El uso como yesca de la porción interna esponjosa del escapo, está registrado desde temprana época (Acosta, 1954, 117; Cabo, 1K5, 1, 211; Zamora, 1945, 1, 36; Poma de Ayolo, 1944, 591); "pero ha de estar quemada, que si no, no prendé' (Oviedo, 1930, 39-40).

Quizá debido a esto se le llama al escapo en el norte del Brasil "pau de mecha" (Corréa, 1919, 104).

Esta costumbre perduraba en la Nueva Granada a mediados del siglo pasado (Holton, 1857, 468), y sólo desapareció cuando se modificaron los constituyentes del "recado de sacar candela", que fue sustituido por los fósforos.

 

Material plástico

"El corazón es útil a los escultores, porque dél hacen imágenes de bulto muy perfectas y livianas..." (Cobo, loe. cit.).

Ciertas tribus brasileñas, según Martius, labraban de él pipas de fumar (Corréa, 1919, 105 nota).

La médula do buenos asentadores de navajas de afeitar (Alvarado, L., op. cit.; Posada Arango, loe. cit.; Hoehne, 1939, 91).

 

4 -Bulbillos

a) En el Nuevo Reino de Granada los indígenas lavaban su ropa utilizando en vez de jabón, los bulbillos que nacen en las ramas del ese^I:o (Zamora, loe. cit.). Sin embargo, lo que se usa ba en el Perú corno jabón no eran los bulbillos, sino las raícos según Garcilaso (Valdizán y Maldonado, 1922, 11, 123). En Méjico parece que se usan con el mismo propósito las cabezas o troncos de algunas especies (Martínez, 1928, 264).

b) Se usan como verdura los bulbillos tiernos o las flores de varias Amarilídeas (Patiño, 1964, 11, 189).

Los usos medicinales de la cabuya se estudiarán en el capítulo XVII.

 

Dispersión

Las Amarilídeas, especialmente del género Ágave, figuran entre las plantas americanas que fueron llevadas más tempranamente a Europa después del descubrimiento. Pronto se difundieron por la cuenca del Mediterráneo. No compete tratar aquí este aspecto.

 

MARANTACEAS

 

180 --Ischnosiphon spp?

Stromanthe spp?

Aticum; uagagan, ualoman (Breton (1666), 1900, 217); ualoman, solamá, solamán (Du Tertre, 1958, Il, 109130; 121; 359-360), en las Antillas francesas.

Arrumá (Barrere, 1743, 99, 157); arumá (Aublet, 1775, 1, 3), entre los caribes de la Guayana francesa.

Walumá, ualóman, ualúma, aruman, uarumané; uruú,

uruuí, en caribe y dialectos caliña, trío y cyana (Goeje, 1909, 55, 161, 211, 273); ahuman, aruma, en Trinidad (De Verteuil, 1884, 78; 414). Aruma, con calificativos según las especies, entre los kotos, tribu del Amazonas peruano (Espinosa Pérez, 1955, I, 448).

Guarumá, en tupí (Ibid., 55).

Pute, en río Lora, Zulia, Venezuela (Pittier, 1926, 352; Alvarado, L., 1953, 300).

Iterite, en la Guayana inglesa (im Thurn, 1883, 93, 229; 278, 279-280, 281, 282, 283, 295). Es también nombre de un río, afluente del Maruiwa o Whomana, este a su vez del lado derecho del Barima (Schomburgk, 1922, 1, 141, 164, 167). Probable variante es tirita, nombre de esta planta o similares en la Guayana venezolana (Williams, 1942, 31, 168;169; Pittier et al, 1945, 1, 189), y tirite en Trinidad (Hart, 1891, 21; Freeman et al, 1928, 93).

Tetera (algunas personas pronuncian tétera), en la costa colombiana del Pacífico. Nótese la semejanza de este nombre con itirite, tirita.

En la costa colombiana del Pacífico se acostumbra plantar cerca de las viviendas, en las orillas de los ríos, esta Marantácea de bellas flores anaranjadas, que crece entre uno y medio y cerca de tres metros de altura. Para la confección de sombreros se aprovecha la porción medular, de aspecto sedoso, de los tallos fistulosos enhiestos, que previamente se hienden a lo largo por un lado y se abren en forma de cinta, la cual se rasga en tiras de poco menos de 1 centímetro de ancho. También se pueden fabricar canastos y otros objetos que requieran fibras resistentes; aunque para este propósito se prefiere la porción cortical --no la medular --de los pecíolos, tanto de esta como de otra planta muy semejante, ella sí silvestre, llamada comúnmente "chocolatillo". Sobre ambas prepara el autor una monografía.

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FIG. 29. Un tallo de "tetera" obtenido de una planta cultivada en Bellavista, bajo Calima, Buenaventura, para la extracción de fibra. La especie ha sido Identificada como Stromanthe lutea (Jacq.) Eichl., por el botánico J. M. Idrobo, del Instituto de Ciencias Naturales de Bogotá.

Varias Maraniáceas se usan en muchas partes do América intertropical, especialmente entre grupos indígenas, para cestería. Por lo general se traía de plantas silvestres. Pero en la costa del Pacífico de Colombia la tetera se cultiva, aunque en escala reducida. Se prefieren para la propagación las sumidades hojosas, con su correspondiente nudo.

Una bien definida manufactura de sombreros existe en la cuenca del río Güisa, afluente del Mira, a lo largo de la carretera El Espino-Tumaco, en el sector comprendido entre Chucunés y Carrizal, y especialmente en el corregimiento de Ospina Pérez, municipio de Ricaurte, departamento de Nariño.

También se hacen sombreros del mismo material en el Zulia, según Pittier; pero él no da indicación de que la planta sea cultivada.

 

DICOTILEDONEAS

 

MORÁCEAS

 

181 --Castilla elastica Cerv..

C. fallax Cook..

Castilla spp..

Ulí, ulli, ule; olcagüite, ulcaguil; cuanchile, del náhuatl (Rebelo, 3a ed., 410, 411; 113, 118; 367, 376).

Mastate, del náhuatl maxtlatl, "bragas" (Rebelo, op. cit., 420, 428), parece haberse hecho traslaticio a la fibra usada para vestidos de corteza y a los árboles que las producen, entre ellos varios Ficus y Poulsenia armata (Miq.) Standl..

Tunu, tono, entre los miskitos y caribes negros de la costa de Honduras (véase adelante).

Kiki, kik-che, en maya (Roys, 1931, 319).

Ibudé, en katio (Uribe Angel, 1885, 527).

Caucho, caucho negro.

Las especies del género Castilla tienen como producto principal el caucho. Desde tal punto de vista se estudia en el capítulo XIX de este mismo volumen. Pero se le da cabida aquí, ya que se ha usado, al menos en un sector geográfico -con otros árboles de la misma familia de las Moráceas, y quizá con carácter de sustituto- por la fibra liberiana.

Los piratas del siglo XVII observaron que los indígenas de Gracias a Dios en la costa centroamericana, usaban delantales y taparrabos de tela de corteza (Esquemeling, 1945, 244; Lussan, 1693, 439-440). Otros viajeros de fines dei mismo siglo, constataron que los indígenas del río Wanks, costa de Honduras, de las tribus mískito y sumu, usaban pampanillas de tela de corteza, sacada del árbol Tono; las mejor elaboradas eran lucidas en los días de bebezones (W., M., (Churchill), 1732, 293; 294). Esta costumbre fue adoptada por los caribes trasplantados allí a fines del siglo XVIII (Wickham, 1872, 190), y persiste entre algunos grupos actuales. El árbol se llama TUNU o TIKAM; pero los indígenas del río Ulwa usan el verdadero C. elastica Cerv., llamado TAS (maya?), que da ;ala más fina (Conzemius, 1932, 47-48). El TUNU, especie de Castilla que no produce caucho comercial, sino una goma muy dura, ha sido descrito, aunque con cierta imprecisión, como C. fallax Cook (Pittier, 1910, 263-267; 265; 278).

Los bribrís, cabécares y tiliris usaban pampanillas de mastate, que podía ser de hule o de otro árbol. A veces se ponían camisa de lo mismo (Gobb: Fernández, 1883, 111, 375-376).

Entre los indígenas que quedaban en la cuenca del río Sarapiquí a fines del siglo XIX, se registra el uso de Castilla en varias formas: el látex, para el alumbrado, y la fibra liberiana para vestidos. El nombre local del árbol en esta área era QUIRRI, de donde se llamaba QUIRRILEN a la pampanilla (Carozo: Fernández, 1883, 111, 306-307 nota). El mencionado nombre es muy semejante al de PANEQUIRÍ, que daban los indígenas del Darién al pañete o pampanilla que les servía de única vestidura, según la relación de Andrés Baleato (Cuervo, 1892, lI, 358).

 

000 --Brosimum utile (H.B.K.) Pittier.

(Véase numeral 21, I, pp. 210-211).

Este árbol., cuyo fruto cocido se consume en algunas regiones de América, fue cultivado por varias tribus, como las de la Sierra Nevada de Santa Marta y del medio Magdalena. Sostiene un en tor que de su corteza sacaban los indígenas venezolanos fibra para vestir (Pittier, 1926, 325-326), y que, aunque no cultivado, se usa para el mismo propósito en Costa Rica (Pittier, 1957, 156).

 

MALVÁCEAS

 

182 --Gossypium spp..

Ichcatl, en náhuatl (Molina, 194-1, 32; Rebelo, 3a ed., 232). Tanam, tamam; chub; zooh, en maya a distintas variedades (Roys, 1931, 282; 239; 311; 321).

Sarobei, en taíno (Tejera, 1935, 414).

Iealletepoue; mánhulu, f. uámulu, en caribe (Bretón, 1900, 88). Maúru, maúlu, mau, manouou; mahourru; máulu, manoulou (Goeje, 1909, 53). Mulu, en taruma (Farabee, 1918, 278); mauru, en parakuta; mauru, en apalai (Farabee, 1924, 192; 234), todos dialectos caribes.

Máho, máuo, en motilón (Jahn, 1927, 344).

Tongesa (Jijón y Caamaño, 1940, 1, 106) ó tongenzaja en sibundoy (koche?) (Ortiz, S. E., 1954, 229).

Ubaiza, ubaisa, en yurumanguí (Jijón y Caamaño, 1943, 111, 510; Ortiz, S. E., 1954, 204).

Pudá, en chokó (Ortiz, S. E., op. cit., 303).

Yuimeá, en siona (Ortiz, S. E., op. cit., 444).

Uteu (Cobo, 1956, 1, 200); útku (Lira, 1945, 1061), en quechua.

Quela, en aymara (Cobo, lee. cit.).

Maniim, amini (Soares de Sousa (1587), 1938, 234-235; Marcgrave, 1942, 59); amandijju-b (Goeje, op. cit., 53), en tupí-guaraní; amanjo, en omagua-kokama (Espinosa, 1935, 46; 104).

Algodón

La importancia del tema requiere que se subdivida la exposición en los siguientes acápites: A) Hechos básicos; B) Especies y variedades; C) Dispersión geográfica; D) Usos; E) Textilss c industria textil; F) Aspectos socio-económicos y políticos. Algunas repeticiones serán inevitables.

 

A) HECHOS BÁSICOS

Antes de entrar en el estudio de la dispersión geográfica del algodón en América tropical, conviene revisar ciertos hechos fundamentales de la cultura indoeuropea que ayudarán a situar el problema en su verdadera perspectiva histórica y cultural.

1) Al igual que muchos elementos de cultura material, el algodón (G. herbaceum, G. arboreum) fue introducido al occidente de Europa, y naturalmente a España, por los árabes, quienes ha bían aprendido el cultivo quizá en Armenia o en otras provincias del Asia menor (Arias y Miranda, 1854, 134; Colmeiro, 1863, I, 185, 165), y entre quienes el uso y comercio de esa fibra alcanzó gran predicamento (Crawford, 1924, 4; 81; -----, 1948, 4; 81; Lamm, 1937, 3, 246-247).

2) Durante la dominación musulmana se cultivó algodón en España. Los sistemas de cultivo y beneficio eran tan nimios y escrupulosos, según los describe un insigne tratadista árabe de agri cultura del siglo XI (Abu Zacaría, 1802, II, 103-107), que ahora nadie se tomaría el trabajo de aplicarlos. Aun al finalizar la dominación mahometana, se hicieron tentativas de mantener el cultivo en el sur de España, y hasta los Reyes Católicos trataron de fomentarlo cerca de Orihuela (Colmeiro, 1863, 11, 83).

3) En la época del descubrimiento, no se usaba en España para vestidos, sino muy escasamente (Cappa, 1890, VI, 110-111).

4) Pasada la dominación árabe, el algodón como fibra industrial fue más importante fuera de España, especialmente en Inglaterra, y sólo por reflejo, ya en el siglo XVIII, el gobierno español se preocupó por el fomento del cultivo (Cappa, loe. cit.). Todavía en el primer cuarto del siglo XIX se producía algodón en algunos sectores meridionales, especialmente Motril (Arias y Miranda, op. cit., 90-91- Herrera, G. A., 1819, III, 187-227).

5) La importancia económica del algodón fue justipreciada desde el principio por los españoles que vinieron a América. La dificultad para las comunicaciones con la península en los prime ros tiempos, reveló el valor de una fibra que suministraba el traje más adecuado para el clima tropical. Por cédula de 1514 se autorizó que los colonos pudieran hacer suyo el algodón que recogieran en entradas y rescates (Serrano y Sanz, 1918, 1, cclxxi). Una de las prerrogativas concedidas a Pedro de Heredia en la capitulación para la conquisia de Cartagena, hecha el 5 de agosto de 1532, fue la de pagar a la hacienda real sólo el quinto del algodón que rescatase (Friede, 1955, 11, 279-280, 284). Igual merced se había otorgado a Antonio Sedeño el 12 de julio de 1530 (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 119).

6) La invención de la tejedora de Arkwright (1767-1775) y do la desmotadora de Eli Whitney (1794-1807), dieron gran impulso a la industria algodonera, y por consiguiente al cultivo (Lilley, 1957, 76; Camacho Roldán, 1892, I, 537-539; Bouvier, 1946, 200).

7) La guerra de secesión de los Estados Unidos, al paralizar el cultivo del algodón en el sur, permitió a otros países fomentarlo para proveer de materia prima a las fábricas europeas. A su vez el incremento del cultivo en el sur estadounidense fue estimulado por la introducción de las variedades del tipo upland. Este hecho trajo consigo otra consecuencia, que fue la intensificación de la esclavitud negra a causa de la demanda de brazos vara la cosecha (eras, 1946, 409-410; Carrier, 1923, 201, 203; Olmsted, 1953; Scherer, 1916), y la expansión territorial hacia el sur (Cué Cánovas, 1960, 390).

8) Sabido es que la principal industria textil algodonera tuvo su asienio en Inglaterra, donde alcanzó la plenitud en los siglos XVIII y XIX. Suspendidas las exportaciones durante la época de la guerra de secesión de los Estados Unidos, principales proveedores de los fábricas inglesas, se presentó el período llamado "hambre de algodón" (1861-1865), que indujo a buscarla fibra en otras partes. Durante este tiempo aumentaron la producción y la exportación en otros países, entre ellos los de la faja equinoccial de América; pero sobrevino la depresión cuando la producción norteamericana y la apertura del canal de Suez restablecieron el flujo interrumpido (Camacho Roldán, 1892, I, 657; Panday, 1959, 125; 188-189). También entonces aumentó la presión imuerialista de Inglaterra buscando regiones donde controlar la producción algodonera que tanto le importaba (Egipto etc.).

En cuanto a los pueblos indígenas americanos, otros hechos de no menor significación deben plantearse claramente.

a) El desplazamiento de los grupos aztecas hacia la parte meridional de Mesoamérica, tuvo como uno de los principales móviles la adquisición del algodón.

b) Llama la atención que, mientras en la actualidad el cultivo sólo se practica en regiones secas o de escasa precipitación, en la época prehispánica la gama de zonas climáticas era más

variada, e inclusive se cultivó algodón en regiones de selva pluvial (oriente del Ecuador, Omaguas etc.). Aunque había algodón silvestre o cultivado casi dondequiera en los climas cálidos, la intensidad del uso que se le dio por los pueblos amerindios varió considerablemente (véase el acápite D)).

c) La textilería del algodón se practicó no soiamente por pueblos de organización social avanzada, como los peruanos serranos y los chibchas, que habitaban regiones de clima benigno y obtenían la fibra por comercio en las tierras cálidas, sino por pueblos adelantados de habitat tropical que cultivaban ellos mismos la planta (pueblos costeños peruanos), y -lo que es más importante- el tejido alcanzó gran perfección técnica entre algunos de los grupos llamados "marginales" (darienes, omaguas etc.). Los textiles de algodón de ciertas regiones tropicales selváticas eran objeto de gran aprecio durante la dominación española, no obstante el bajo nivel cultural atribuido a varias de las tribus que los elaboraban. La perfección de la hilatura y los focos de industria textil obedecieron más a razones de índole cultural, que a solicitaciones del ambiente [véase acápite E)]

d) Aunque se ha atribuído a los caribe-arawaks la dispersión del cultivo y el uso del algodón, por lo menos en la parte oriental del subcontinente suramericono ["El elemento cultural más importante que los caribes llevaron a sus nuevos domicilios y que impusieron a las naciones que sometieron a su vasallaje, fue el cultivo del algodón y la industria de su tejido" (Jahn, 1927, 39, 50)], esto deja sin explicación el predicamento que el cultivo y beneficio de esa fibra tuvieron en otros pueblos a donde no parece haberse extendido la influencia caribe.

 

B) ESPECIES Y VARIEDADES

Los especialistas no se han puesto de acuerdo sobre la filogenia de los algodones cultivados en el Nuevo Mundo. Sin embargo, hay la tendencia a admitir que todas las especies comerciales americanas son tetraploides, con 52 cromosomos (n=26), mientras que las especies de otros continentes son haploides, con 26 cromosomas (n=13) (Cobley, 1956, 46; Hutchison, 1963, 497, 511).

En la porción continental de Sur América y en las Antillas de Jamaica hacia el sur, las especies G. barbadense y G. hirsutum estaban superpuestas (Hutchison, op. cit., 503).

Las dos principales especies comerciales de la actualidad son Gossypium hirsutum Lin. y G. barbadense Lin.. Pero desde el punto de vista histórico, para el área del presente estudio, deben mencionarse G. brasiliense Mactad. y G. peruvianum Cav.. Tienen semillas sin pelusa G. barbadense y G. brasiliense, mientras que están dotados de ella G. hirsutum, G. peruvianum y G. mexicanum Tod..

A la porción meridional de Estados Unidos se introdujeron tipos del Viejo Continente desde mediados del siglo XVIII (Carrier, 1923, 92; 201; 221).

Al promediar el siglo XVIII en Santo Domingo se conocían "blanco y de color de canela, más o monos subido, muy fino y fácil de hilar" (Sánchez Vaiverde, 1547, 62).

La América equinoccial fue un área de convergencia de algunas de las mencionadas especies. Hablando Oviedo y Valdés del algodón, hace notar que mientras en la isla Española se da ban poco los aborígenes a cultivarlo, lo hacían con cuidado los de la Tierra Firme. "Pero aquello [lo de la Tierra Firme] es bajo en comparación de lo de aquí [La Española], aunque también he visto allá destas matas altas..." (Oviedo y Valdés, 1959, II, 14). En otro pasaje, refiriéndose a Panamá, dice que hay algodón silvestre, pero que el que los indios quieren obtener blanco, "lo siembran a propósito cerca de sus casas" (Ibid: Vedia, 1946, I, 474; 481). De modo que en Panamá había un tipo de plantas altas y otro de mañas bajas- uno de fibra oscura y otro de fibra clara.

En las Indias por lo general, "hay uno basto y grosero; otro delicado y sutil" (Acosta, 1954, 118).

En la porción andina ecuatorial "el más común y general es blanco. Hay otro de color atabacado, y otro de morado algo oscuro; que es más raro" (Velasco, 1927, I, 44; -----, 1946, I, 55).

Los chimúes para propiciar su deidad lunar sacrificaban niños, sobre algodones de colores (Calancha, 1639, 235-237, 552).

A mediados del siglo XVII Bernabé Cobo, refiriéndose al Perú en sentido lato, o sea a todo el virreinato, dice que había "tres o cuatro suertes dello, y de todas se halla silvestre, el cual se dife rencia del doméstico y hortense en ser las matas más bajas y menores los capullos". Una de color leonado, a que llamaban TIPTI en la cesta, se usaba para envolver cadáveres al inhumarlos (Cobo, 1890, I, 440).

En Piura había una de color de musgo (Serra, 1956, I, 50- II, 346). Este tipo se usaba todavía en la sierra para los listados y mantas de Torapoto, a fines del siglo XIX (Spruce, 1864, 47-48).

En el territorio de Nueva Granada a fines de la época colonial, según Ignacio de Herrera, mientras el algodón cultivado en el Socorro, o sea en el sector oriental, era temporal, los algodones finos de Popayán (Valle del Cauca) eran perennes (Cuervo, 1894, IV, 66). En su informe sobre Antioquia, de 24 de diciembre de 1788, el visitador Mon y Velarde, dice haber hecho tentativas para fomentar la industria de tejidos de algodón, y que en los alrededores de la ciudad capital se cogía algodón "de diferentes clases", que no discrimina (Robledo, E., 1954, II, 353). A mediados del siglo XIX se habla de un "algodón de riñón" en el Carare (Morales Puerta, 1857, 343).

Relaciones del siglo XVII indican que en la cuenca dal lago de Tacarigua o Valencia, en Venezuela se conocían varias clases de algodón: el común; otro de color canela, algo más claro que "aunque se lave no pierde su color", y otro de color celeste que el informante no vio. También en Coro se distinguían el algodón espontáneo del cultivado, siendo el último de mejor calidad (Altolaguirre, 1908, 41, 42; 207). En la faja costera venezolana, de acuerdo con el mapa de Hutchinson (véase), sa superponen las áreas de G. barbadense, hacia el sur, y G. hirsutum, al norte.

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MAPA 13. Distribución de los algodones del Nuevo Mundo en la época de Colón. Reproducido de Hutehinson, 1963, 503. En el área del presente estudio predominaron como especies cultivadas, Gossypium barbadense y G. hirsutum, var. marie-galante.

Emiliano Restropo vio en los Llanos un algodón de copo abultado y fibra larga, que le pareció "de las buenas especies" (Restrepo, E., 1870, 218-220; -----, 1955, 177), lo que implícitamente presupone la existencia de otras que serían "malas" o menos buenas.

Durante el gobierno de Rafael Reyes, en los años de 19071908, llegaron semillas de algodón de distintas procedencias, solicitadas a los agentes diplomáticos en el exterior; se introdujo gran cantidad de semilla del Perú, y se hicieron ensayos de aclimatación en Apulo; en 1908 una plaga de langostas acabó con las plantaciones (Vesga Avila, 1907, 27-32; Reyes, 1908, 7). Quizá se volvió o introducir el tangüis, seleccionado poco antes (Ferrero, 1935, 4-5), pues la misión inglesa de 1926 lo señaló (véase edelante).

La misión rusa que visitó a Colombia en 1925 halló las variedades "pajarito", de fibra corta tipo Upland; las demás formas pertenecían al tipo Sea-island: "corriente" o "común", cultivado en Boyacá, Santander, Antioquia; "criollo', de inferior calidad, que podía crecer en regiones más templadas; "Cagueta", de la provincia de ese nombre, poco diferente del "común". En cuanto a calidad y longitud de fibra (1,6 cm.) la mejor variedad era "Boyacá" o "Lengupá", cultivada en Boyacá y Santander. El "Simacota", de la localidad santandereana de ese nombre, era muy distinto a la variedad anterior, a pesar de la vecindad geográfica, y más bien presentaba semejanzas con el "Durango'. El "riñón" es un tipo de G. peruvianum Cav.. Se conocía también un algodón "mono", de fibra castaña (Bukasov, 1930, 513).,

La comisión inglesa de algodoneros de Manchester que visitó a Colombia en 1926, halló el tipo perenne en la costa atlántica y el anual en Boyacá y Santander; en estos dos últimos departamentos había un algodón con fibra de color kaki, cuya eliminación se recomendó. Da cuenta de las malas consecuencias de haber introducido los tipos tangüis del Perú, peruano áspero y liso, egipcio y Sea Island, por las mezclas y degeneración consiguientes (Pearse, 1927, 95; 115; 96).

A raíz de la fundación de la Estación Agrícola de Palmira, recomendada por la misión de Manchester, se empezaron estudios el 23 de marzo de 1929 con los algodones Lengupa, boyacense y Vergas, cucuteño, éste último cultivado en el Valle del Cauca desde 1925 (Durán Castro: Molina Carees, 1930, 30-31). Otras variedades se fueron ensayando a partir de entonces. En 1935 estaban en observación Foster y Vergara, más las recién introducidas de Estados Unidos, Mebane, Missdel, Sea Island, Acala, Pima, Lone Siar, Stonville, Express y Cleveland (Villegas Duque: García Vásquez, 1936, 31). En 17 de octubre de 1947 se recibieron del Brasil las siguientes variedades de la especie G. barbadense: Serigí, Sihermini 624, H-105 especial, Pitaguarí. El 28 de julio de 194B llegaron otras variedades procedentes de la Argentina (Ramos Núñez: información personal, tomada del Registro de Introducción de Semillas). Después de un período de suspensión de experiencias algodoneras, se reiniciaron en 1951 (EAP, 1951, 83-85) y se continuaron en el año subsiguiente (EAP, 1952, 93-95).

En 1933 se fundó la Estación Agrícola de Armero, Tolima, donde durante 1934 y 1935 se adelantaron trabajos informales con las variedades Vergara, Lengupá y Foster (Contreras, 1957, carta informe). A partir de 1948 el Instituto de Fomento Algodonero se hizo cargo de las investigaciones. Allí se originó la expansión comercial del cultivo del algodón, de que ha resultado en los últimos años, a partir de 1960, el autoabastecimiento del país en fibra y aun la producción de excedentes para exportar.

 

C) DISPERSION GEOGRAFICA
Antillas

Colón encontró algodón entre los indígenas de San Salvador en su primer viaje; lo mantenían hilado con gran primor y formaban ovillos de más de 25 libras (Colón, H., 1947, 91-92, 93; Nava rrete, 1954, I, 95-96, 97, 100). En otra isla de las Bahamas sí usaban mantas o cobijas y pañizuelos pubianos; allí encuentra el Almirante las primeras hamacas (Colón, H., op. cit., 96; Navarrete, op. cit., 101, 104).

En Cuba se hilaba mucho algodón, en ovillos. Dice Colón haber encontrado en una sola casa más de 12.500 libras. Advierte que no era cultivado sino espontáneo (Ibid., 101), aunque quizá la observación fue deficiente. Sólo se usaba para hamacas y pañales (Ibid., 102; Anglería, 1944, 37; Navarrete, op. cit., 108, 109, 111, 129).

Al llegar a la isla Española, encuentra algodón fino en Samaná (Colón, H., op. cit., 120) y dondequiera (Anglería, op. cit., 9; Navarreto, op. cit., 138, 153). Fue en esta isla donde los indígenas empezaron a pagar tributo a los españoles en algodón, en los tiempos del Almirante y de su hermano Bartolomé (1495). Con excepción de la provincia central del Cibao, cuyos indígenas debían tributar un cascabel o dedal de oro en polvo, todos los demás de la isla tenían que dar 25 libras de algodón por cabeza (Colón, H., 1947, 182-183; Saco, 1932, II, 248). Mártir dice que esto se hizo por persuasión amistosa de Bartolomé al cacique Beirchío (Anglería, 1944, 53, 55, 57, 58); pero no faltaría también alguna coerción. Había mucho algodón en Yaquimo, costa sur (Casas, 1909, 12). Los padres jerónimos enviaron muestras a España en 1517 (Puente y Olea, 1900, 402, 403).

En el Sumario de 1526, Oviedo habla de la abundancia de algodón en la Española (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, I, 474). Años más tarde escribe: "Mucho algodón hay salvaje en eta isla Española; e asimesmo en los heredamientos hay algunas matas puestas a mano, y esto es mejor que lo que está por los ca pos, e más blanco e de más altas plantas, e alguno cresce estad e medio o dos, y encépase, e así se continúa en dar su algodón, sin que curen más dello. Pero como en esta isla no se dan lo labrar e cultivar, no se hace tanto como en el tiempo de los indios que tenían más cuidado dello. Los cristianos no se ocupan n esta granjería aunque es muy buena, e se aumentaría tanto cuanto quisiesen, así como en la Tierra Firme, donde hacen ordinar as hazas dello todos los años, e lo siembran e lo cogen..." (Oviedo y Valdés, 1959, II, 14). Según esto, no dieron resultado positivo las tentativas hechas hacia 1518 por el licenciado Suazo, quien mandó a hacer "ingenios" para limpiar el algodón de esa isla; según lo expresa él mismo en carta de 22 de enero de ese año (To res de Mendoza, 1880, XXXIV, 253). Esto parece que continuó por bastante tiempo: en la flota de 1587 se embarcaron para España sólo 64 arrobas (Acosta, 1954, 118). Luis Jerónimo de Alcocer, en su relación de 1650, dice que apenas se usaba para medias, ajas y escofietas de las negras esclavas (Rodríguez Demorizi, 1942, I, 208). Tampoco tenía mayor importancia en el siglo XVIII (Sánchez Valverde, 1947, 62-63).

La isla de Guadalupe también era algodonera. Allí se encontraron hamacas, y cuando Alonso de Ojeda fue enviado a reconocer el interior, halló algodón hilado y por hilar, lo mismoe telares (Colón, H., 1947, 145, 148; 208; Anglería, 1944, 15; Navarrete, 1954, 1, 185, 1861

En las pequeñas Antillas bajo dominación francesa se cultivó algodón en la primera época; pero la renuencia de los patrones de barcos a cargar esta mercancía voluminosa y fácilmente inflamable, desalentó la producción (Du Tertre, 1958, I, 37; II, 1421

En su último viaje, Colón encontró, al capturar una canoa en las islas Guanajas, probablemente de un comerciante mexicano o maya, camisetas y mantas coloradas (Colón, H., 1947, 274).

Jamaica tuvo en cambio desde el principio de la dominación española una vocación algodonera definida, ya que abundaba la planta en esa isla (Enciso, 1948, 213). Aquí los españoles, falta de oro, se dedicaron a la granjería del algodón (Casas, 1951, II, 390-391; Saco, 1932, 11, 274-275; -----, 1938, 1, 185). Los progresos del cultivo fueron visibles desde la administración de Esquivel (Morales Padrón, 1952, 93, 259). Se cultivaba en el siglo si siguiente y se confeccionaban mantas (Ibid., 278; Vázquez de Es mesa, 1948, 110). Con la caña de azúcar, era la principal producción de la isla (Morales Padrón, op. cit., 281, 286), puesto que conservaba a fines del período colonial, cuando ya Jamaica era una posesión inglesa (Bueno, 1933, 100).

En Abacoa o Providencia también se cultivaba su poco de algodón, aunque mucho más tardíamente que en las otras islas del Caribe. En San Andrés era el principal cultivo (1793) (Serrano y Sanz, 1908, 317). Alguno se exportó durante el gobierno de los puritanos. Los cultivos estaban de preferencia localizados al norte y al oriente. Llegó a convertirse en el producto principal, que adquirió en Inglaterra cotizaciones superiores al de Santo Domingo o del continente. A principios del siglo XIX las plantaciones sufrieron mucho por ataques de gusanos (Parsons, 1956, 7, 15, 16). Cuando estuvo allí hacia 1823 para obtener armamentos, el enviado del gobierno colombiano Joaquín Acosta, comprobó que se cultivaba algodón (Acosta de Samper, 1901, 47).

Desde mediados del XIX, empezó la conversión de cultivos que traería como consecuencia la sustitución del algodón por el cocotero en San Andrés (Parsons, op. cit., 28).

 

América ístmica

En el cuarto viaje de Colón por la costa centroamericana, encontró que los jefes indígenas al norte del Cabo de Gracias a Dios (Honduras), en vez de bonetes, se tocaban con pañetes de algo dón blancos y rojos. Algunos usaban mantas y camisetas (Colón, H., 1947, 278; 280).

Los indios de Nicaragua usaban jubones bastados de algodón en sus guerras (véase adelante), y vestían mantas de lo mismo (Cuervo, 1892, II, 61; 94). Una vez establecida la dominación española, se fabricaban allí excelentes lonas de algodón para navíos (Ibid., 96).

En la parte costera de Costa Rica se usaba algodón labrado cuando pasó por allí Colón (Navarrete, 1954, I, 227; 238).

La región. de la costa del Pacífico al sur de Nicoya era productora de fibra a la llegada de los españoles. Quepos era rico en algodón (Fernández, 1886, IV, 228; Peralta, 1883, 771-772). Los cotos de la misma región tenían abundancia de él y labraban mantas (Fernández, 1886, IV, 233, 255; Peralta, 1883, 236, 228). Se cultivaba en Cucurrique hacia 1591-1593 (Fernández, 1907, VII, 386, 388).

En general en toda Costa Rica se daba el algodón (1566) (Fernández, 1907, VII, 144). En la costa sur, donde se encuentra el caracol de tinte, se sacaba en el siglo XVIII algún hilo teñido de morado (Fernández, 1907, X, 293-294; Vázquez de Espinosa, 1948, 243). Para fines del período colonial, se cultivaba poco. Se cobraba almojarifazgo sobre las telas de algodón que se introducían de otros países americanos (Fernández, 1907, X, 304, 526).

En la parte más lluviosa de Costa Rica, o sea en Talamanca, hacia 1870-1875 los bribrís, tiribis y cabécares, usaban ropas de algodón y aun plantaban algunos pies siempre cerca de sus viviendas (Gabb: Fernández, 1883, III, 367).

 
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