Panamá y Darién

Ovillos de algodón hilado "muy lindo", rescataban con la gente del Almirante las tribus que moraban al contorno de Portebolo (Colón, H., 1947, 286). Sabido es que esta costa es una de las regiones más lluviosas y húmedas de América. Crawford cree encontrar entre los indios cunas de San Blas en la costa panameña, la confirmación del relato de Colón, de que cerca de esa zona se tejían telas de algodón con plumas intercaladas (Crawford, 1924, 44). Los darienitas enseñaban a las mujeres desde niñas a hilarlo y tejerlo (Wafer, 1888, 67).

Los autores de la primera mitad del siglo XVI que visitaron el istmo, están de acuerdo en que en casi todo el territorio los indios usaban mantas de algodón; se destacaban las de la provincia de Paris hechas "con labores de tintas muy gayas" (caracol?) (Andagoya: Cuervo, 1892, JI, 93). En esta provincia, según Gaspar de Espinosa, los cadáveres de los caciques eran envueltos en varías mantas de algodón, liadas sucesivamente de afuera hacia adentro, con cuerdas de cabuya, de algodón y de cabellos humanos (Medina, 1913, II, 280).

Con la merma de la población nativa debió entrar en decadencia el arte del tejido de algodón, pues según el informe de la Audiencia de 1607, del Perú se traían sayal y lonas (Serrano y Sanz, 1908, 173). A fines del período colonial (1817), Andrés Baleato sostiene que había allí una modesta industria de tejidos (Cuervo, 1892, 11, 354).

En 1526 los indios de Tierra Firme pescaban con redes, "porque las tienen y saben hacer muy buenas de algodón, de lo cual natura los proveyó largamente, y hay muchos bosques y montes llenos; pero 1o que ellos quieren hacer más blanco y mejor, cúranlo y plántanlo en sus asientos y junto a sus casas o lugares donde viven" (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, 1, 481). Esto se refiere concretamente a los cuevas (Ibid., 1853, 111, 136; -----, 1959, 111, 313, 317; 321-322).

En el siglo XVII los paparos, grupo desaparecido que moraba en el Darién, eran los únicos de esa área que usaban camisetas de algodón (Ufeldre: Serrano y Sanz, 1908, 117).

 

Urabá y Atrato

En el sitio donde fue fundada Santa María la Antigua del Darién cerca de una de las bocas del río Atrato, encontraron y pillaron los primeros españoles que llegaron allí, algodón en rama e hilado (Anglería, 1944, 129; Simón, 1953, V, 57).

En Acla los indios usaban mantas y hamacas de algodón (Andagoya: Cuervo, 1892, 11, 82).

Se daba bien en el Urabá (Cuervo, 1892, 11, 252, 262).

Los cunacunas que ocupaban la región de Urabá, tenían algodón según una descripción del Zitará hecha hacia 1770 (Ibid., 11, 321). Pero se beneficiaba poco, pues para la región minera del alto Atrato se importaban telas confeccionadas (Ibid., 323-324). En el Chocó el algodón se vendía en ese tiempo a seis pesos la arroba (Ibid., 209, 223).

Ahora bien, asegura Cieza de León, testigo presencial, que las mantas y otros objetos de algodón en el Urabá, eran obtenidos por trueque de los pueblos de Abibe, a cambio de puercos de la tierra (Cieza, 1924, 37, 45). En el alto Riosucio. que como se sabe pertenece a la cuenca del Atrato, había provincias algodoneras espodalizadas: Chinunchú, hermano y súbdito de Nutibara, le tributaba a este mantas de algodón (Ibis., 46). Al pie de la sierra de Abreba (Abibe) se cultivaban algodonales, y se hacía ropa fina (Aguado, 1919, II, 53; Simón, 1953, V, 134). Cuando Francisco Cesar se aproximaba a los dominios de Nutibara, este le envió varios presentes, entre ellos mantas de algodón (Aguado, op. cit., 88-89). Los indios de Nori se vestían de lo mismo (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, 11, Doc. 79), así como los de Buriticá (Simón, 1953, V, 250, 254).

Un informe de 1671 debido a Antonio de Guzmán da cuenta que los indios de Bojayá, uno de los afluentes izquierdos del Atrato, "hacen hamacas que las he visto en el río Atrato, de las que les quitan los chocces en sus combates" (Ortega Ricaurte, 1954, 124). Si el algodón que beneficiaban los bojayaes era obtenido localmente, esta zona recibe una precipitación de no menos de 4.000 mm. anuales.

 

Sinú y Cartagena

Al descender Pedro de Heredia en Calamari en 1533, reforzó con el algodón que tenían los indígenas, las armas defensivas de hombres y caballos (Simón, 1953, V, 83-84). En sus excursiones tierra adentro, rescató ese capitán en ocasiones algodón y ropa (Friede, 1955, II, 284).

En el Sinú era común e1 uso de hamacas (Aguado, 1919, II, 45; -----, 1957, IV, 23). Las mujeres sinúes vestían túnicas (mantellinas) de algodón (Castellanos, 1955, III, 88).

Hamacas y tejidos de algodón constituían regalo de bodas entre los sinúes (Simón, 1953, V, 66). Las primeras les servían para trueque con tribus interioranas, a cambio de oro y otras co sas (Ibid., 69). En el templo del Sinú que encontraron los españoles, había depositadas ofrendas de oro y otras cosas en hamacas de algodón (Ibid., 124).

Cuando, a principios del tercer cuarto del siglo XVI, Gaspar de Redes anduvo por la parte norte de Antioquia, una de sus compañías que llegó hacia los lados del Sinú encontró mucho algodón (Castellanos, 1955, III, 584; Simón, 1953, VI, 35).

Era el algodón uno de los productos exportables a finos de la colonia (Pombo, J. I., 1810, 85-86).

 

Cuenca del Magdalena

La relación de Tamalameque de 1578 dice que en ese tiempo las indias empezaban a usar naguas de algodón traídas del Nuevo Reino (Latorre, 1919, 26).

Las mantas que encontraron los españoles de la expedición de Quesada por el Opón, arriba de Latora o Barrancabermeja, procedían del Nuevo Reino (Aguado, 1916, I, 200; Castellanos, 1955, II, 468; IV, 139; Simón, 1953, I, 203, 213). Los españoles de la avanzada de Quesada regresaron a Latora vestidos de mantas y con peinados indios (Simón, vol. cit., 216). Penetrando hacia la serranía, ranchearon mantas o algodón hilado en Opón y en Turca. El cacique de este último lugar, después de alguna renuencia inicial, obsequió a Quesada con mantas blancas y coloradas (Ibid., 1, 238; 270; 275; 279).

Jerónimo Lebrón, cuatro años después, volvió a encontrar mantas en los mismos lugares que sus predecesores (Castellanos, 1955, IV, 383; Simón, 1953, 111, 95); como casi todos sus hombres iban con los vestidos deshechos, les sirvieron muy bien. Se daba algodón en la zona ocupada por los yarigüíes donde fue fundada una efímera ciudad de León (Simón, 1953, IV, 79).

Uno de los centros de cultivo que parecen haber sido más antiguos en el medio Magdalena era la región ocupada por los muzocolimas. Aunque en las tierras del Magdalena por lo general esalgunas partes de los muzos. A pesar de eso, los varones no usaban vestido, sino que andaban con el un compañón retraído al cinto (Aguado, vol. cit., 705). Las mujeres de los muzos usaban pampanillas de algodón; aun para casarse, el novio daba a la novia dos mantas de lo mismo (Ibid., 497; -----, 1957, 11, 341). Las prostitutas colimas, en sus ratos de vagar, hilaban cabuya y algodón (Simón, 1953, IV, 218, 219).

Era creencia entre los primeros cronistas, que los colimas habían subido del bajo Magdalena y desplazado a pueblos muiscas anteriores ocupantes, que eran cultivadores de maíz, raíces y algodón (Simón, 1953, IV, 214-215).

La relación de La Palma de los Muzos de 1582 dice que ya los indios colimas sabían obrar telas de algodón; ellas constituían uno de los principcles artículos de comercio de esa localidad, que parece fue importante durante el primer siglo del dominio español (Latorre, 1919, 119). Tanto Muzo como La Palma producían telas, según un documento de fines del siglo XVI (Ibot León, 1933, 241; -----, 1952, 324). El lienzo de Muzo era muy usado a fines de ese siglo para camisas de esclavos, según se deduce de datos relativos a la vida de Juan de Castellanos (Rojas, U., 1958, 286287). En Trinidad de los Muzos también se cogía mucho algodón, que no lo usaban los indígenas por andar la mayor parte desnudos; pero era género de intercambio con los moscas para obtener sal, cuentas y aun mantas (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 614, 615).

En la otra banda del medio Magdalena, las vírgenes pantágoras usaban rapacejos de cabuya y algodón (Aguado, 1917, 11, 131).

En Remedios se fabricaban lienzos de algodón a mediados del siglo XVIII (Oviedo, 1930, 261).

En el alto Magdalena el cultivo de esta planta también parece ser antiguo. Que algunas tribus vivieran desnudas no quiere decir que no se cultivara algodón, pues se le podían dar usos dis tintos. A fines del primer cuarto del siglo XVII, los yalcones usaban largas camisetas blancas de algodón (Simón, 1953, VI, 21). Este cultivo era antiguo, como se deduce del hecho de que íigure entre las abras usuales (Friede, 1953, 111-112), y que cuando el oidor Tomás López hizo la primera tasación de tributos para los indios de Timaná en 1559, incluyó como género de pago, una manta por cabeza y 8 libras de algodón hilado cada cien tributarios (Ibid., 270-271). Allí mismo se labraba algún lienzo de alqodón años después (Vázquez de Espinosa, 1948, 330). Algodonales tenían los indios de San Miguel del Paso, cerca de El Hobo, en 1752 (Charry, 1922, 76). Todavía a fines de 7a guerra de independencia se fabricaban telas en la provincia de Neiva (Hamilton, 1955, 1, 154).

Los mismos pijaos cultivaban algodón (Aguado, 1916, 1, 653). Se ha dicho que cortaban el hierro con un hilo de algodón y eon arena (Simón, 1953, IX, 67).

"Advierto que desde Cartagena hasta La Plata hay muchísimo algodón, que sin sembrarlo por si se da en los montes. Y sin embargo la gente va casi desnuda y duermen en el suelo encima de un cuero. Ropas de la tierra de lana y algodón no se fabrican en toda esta tierra. Los lugares más cerca donde se fabrican son: en los llanos de Santa Fe, la ciudad de Tunja y en Quito..." (Serra, 1956, I, 107). El vestido usado por todos en Honda y en La Plata era de algodón (Ibid., 83, 119). Diez varas de lienzo para vestido y algodón para sayo de armas se daba con el avío, por un total de 19 patacones, a los soldados que en el siglo XVII se enviaban contra los andaquíes (Friede, 1953, 206, 285).

Pedro Martínez de Pinillos, en el siglo XVIII, enseñó a prensar y empacar el algodón de Girón para la exportación a Momp6s y otros puntos de la costa atlántica (Camacho: Caldas, 1942, II, 9-10- Febres Cordero, L., 1950, 171-172).

Se encontraba silvestre (quizá escapado (Bukasov, 1930, 512)] en el bajo Magdalena, entre Sabanalarga y Remolino (Hamilton, 1955, I, 41).

Otros datos relacionados con esta área se darán al estudiar lo relativo al Nuevo Reino.

 

Santa Marta y Guajira

Los indígenas de Santa Marta eran grandes cultivadores de algodón y tejedores de mantas. Así lo señalan los primitivos autores. En Santa Marta "se coge mucho algodón y labran los indios muchos paños de ello, que es cosa de ver, y hócenlos da muchos colores" (Enciso, 1948, 216). Redes de algodón usaban en Saturma (Anglería, 1944, 244); grandes ovillos de algodón limpio se encontraban en sus casas (Ibid., 247). Se ponían mantas de ello (Ibid., 244; Aguado, 1916, 1, 33; Castellanos, 1955, II, 296), aunque otros grupos del área no (Aguado, 1916, I, 152).

En el valle de Caldera, en la Sierra Nevada, había algodonales de los indios (Simón, 1953, VIII, 114). Cuando fueron allí en 1592 en expedición que dio por resultado la fundación de la Nue va Sevilla, los soldados españoles dormían en hamacas (Ibid., 103). En los rancheas hechos con motivo de esa campaña, hallaron mantas de varios colores (Ibid., 115). Mantas de algodón vestía el cacique de Atanques cuando estuvo allí el agustino Francisco Romero en 1691 (Romero, F., 1955, 82).

Para tiendas y para velas de sebo se usaba mucho en la segunda mitad del siglo XVIII (Julián, 1787, 102).

Tanto cultivado como silvestre, se daba el algodón en el territorio de Santa Marta (Rosa, 1945, 314). Los indígenas lo usaban para diversos tejidos. Se da cuenta en 1778 de haberse pedido a Barcelona 4 máquinas para despepitarlo e hilarlo (Cuervo, 1892, II, 178-180).

Barcos extranjeros lo cargaban en Bahía Honda, de contrabando (Julián, 1787, 241, 254), pues el cultivo era corriente entre los guajiros (Cuervo, 1891, I, 41 nota). Dice el virrey Guirior que los costeños, a falta de moneda, comerciaban con el algodón (Posada e Ibáñez, 1910, 145; Calderón, 1911, 348).

En Valledupar se daba mucho, y se exportaba por Santa Marta, en la época de la expedición marítima de Fidalgo (fines del XVIII) (Cuervo, 1891, I, 71 nota).

 

Venezuela

Colón, al descubrir a Paria en su tercer viaje de 1498, habla de "paños de algodón" (Colón, H., 1947, 225; Navarrete, 1954, I, 209). En las primeras arribadas de europeos a la costa venezolana al norte de la boca del Orinoco, se encontró algodón entre los nativos, lo mismo que mantas y hamacas ("camas de algodón') (Enciso, 1954, 204). En Cauchieto a seis días de navegación al peste de Cumaná se criaba abundante (Anglería, 1944, 84; Navarrete, 1955, II, 24). Hilado o tejido lo ofrecieron algunas tribus costeras a los exploradores que siguieron al Almirante. Así ocurrió en el segundo viaje de Ojeda (Navarrete, op. cit., 32; 134), y en el de Vicente Yáñez Pinzón (Anglería, op. cit., 173). Los primeros relatos hablan de "bosques de algodón" en Paria, y lo mismo entre la costa de Paria y Coro y en otras partes (Ibid., 48-49; Arcila Farías, 1946, 44). En el primer asalto que hizo Alonso de Ojoda, una vez que no consideró suficientemente fructífero el rescate o cambalache, tomó entre los despojos hamacas de algodón (Anglería, 1944, 49).

Pero no sólo había algodón en la parte costera, sino también en la montañosa. Para sistematizar la exposición en secuencia geográfica de donde quedó en el párrafo anterior, y en vista de la dificultad de separar 1o corresondiente a los actuales límites de Colombia y de Venezuela,- se procederá de occidente a oriente.

El río Carate o Algodonal, que es el mismo Catatumbo (Arcila Robledo, 1950, 194), figura desde época temprana como zona algodonera (Salazar de las Palmas fundado en 1583) (Simón, 1953, IV, 291).

Hilo de algodón como lima usaban los indígenas de Maracaibo (Castellanos, 1955, II, 17). Aniquiladas los indígenas de la parte norte y oriente del lago, poca actividad económica de este género hubo después del establecimiento de los españoles. Maracaibo servía como punto de comercio para introducir al Nuevo Reino, vía Pomniona, los tejidos de Tocuyo y otras partes de la Sierra, pues salía más barato entrarlos por allí que dar la vuelta por el Magdalena (Arellano Moreno, 1950, 195, 197). Sea como fuere, cuando en el siglo XVIII se fomentó en todas las posesiones españolas el cultivo del algodón, esto se hizo también en Maracaibo, lo mismo que la industria, pues llegó a haber hasta 200 tornos de hilar (Besson, 1943, I, 286, 294). Alguno se producía en la sierra de Perijá en 1779 (Ibid., 628). Maracaibo era puerto de exportación (Humboldt, 1942, V, 161).

Las tejidos de algodón de San Cristóbal aventajaban a los de Mérida (véase) (Aguado, 1917, II, 516).

Las primeros españoles que llagaron a la parte media de la cuenca del río Chama encontraron que los pueblos de esa región tenían algodón y usaban tejidos de lo mismo. Esto tanto en Lagu nillas o Zamu (Aguado, 1917, II, 227), como en el lugar donde se fundó a Mérida. Aquí las mujeres usaban zamalayetas o mantas de algodón (Ibid., 299).

Andando el tiempo, se desarrolló en Mérida la industria de tejidos. En 1620, en sus ordenanzas sobre tratamiento a los indios, el oidor Vázquez de Cisneros prescribió las obligaciones a que los dueños de obrajes debían someterse, tendientes a evitar abusos contra los indios hilanderos (Gutiérrez de Arce: AEA, 1946, 1170, 1181; Arcila Farías, 1957, 265, 266, 266-267; -----, 1946, 69-70, 70).

Los timoto-cuicas de lo que después fue la provincia de Trujillo cultivaban algodón, se vestían de mantas, y usaban el hilo con fines ceremoniales. Sus ídolos estaban hechos con hilo de algodón (Arellano Moreno, 1950 97; Aguado, 1918, I, 395; Castellanos, 1955, II, 231, 232-234; Piedrahita, 1942, IV, 177, 179; Oviedo y Baños, 1885, I, 29; Friede, 1961, W, 413). Con él pagaban tributo (Arellano Moreno, 1950, 99). Parece que en esta parte de la Sierra tuvo su máxima expresión el uso de ovillas de algodón como moneda, aunque esto también fue común a regiones vecinas (Arcila Ferias, 1946, 53). Hubo asimismo telares en la época colonial (Ibid., 69-70, 70; Oviedo y Baños, 1885, I, 249).

Tolosa manda de Coro a Acarigua en noviembre de 1546 por algodón para sayos y para vestir; regresan en mayo del año siguiente (Oviedo y Baños, 1885, I, 240).

Pero el principal centro, si no de producción algodonera, sí de manufactura en. el período colonial, fue Tocuyo. Aquí y en el vecino Barquisimeto, parece haber empezado la industria textil de algodón en Sur América, pues agotado el poco oro descubierto a mediados del siglo XVI, se dedicó la gente a la ganadería o a hilar en telares altos" (Aguado, 1918, I, 362). Los españoles no hilaban y tejían por sí mismos, sino que este trabajo descansaba sobre los indios, que suministraban además la lana y el algodón (Ibid., loa. cit.). Otros dicen que aquella industria empezó en Boconó (Oviedo y Baños (1723) 1885, I, 232, 243; Arcila Farías, 1946, 70).

Tocuyo llegó a ser sinónimo de "lienzo de algodón" (Aivarado, L., 1953, 337). Aun pervive en el lenguaje de algunos países suramericanos esta denominación (véase adelante). La relación de Tocuyo de 1578, da a entender que la siembra de algodón no era allí muy importante: "si se sembrase e beneficiase horque los que los siembran la cogen" (Arellano Moreno, 1950, 148). Pero sí dice que se elaboraban entonces jergas de algodón para uso doméstico y para comercio exterior (Ibid., 153); lo hilaban indios para los españoles (Ibid., 154; Arcila Farías, 1946, 69-70, 70). Los ovillos de hilo servían de moneda, por la escasez de numerario metálico (Arcila Farías, 1946, 53). Todavía en la segunda mitad del siglo XVIII los indígenas de Chabasquen y Sanare, en la jurisdicción de Tocuyo, labraban lienzo de dos clases (Altolaguirre, 1908, 160).

Las planicies de Barquisimeto eran más aptas para el cultivo. La relación de esa provincia de 1579 habla de que los indios hilaban allí hilos de colores, para hacer hamacas (Arellano More no, 1950, 129); y que los españoles usaban camisas y otras prendas de algodón, por la dificultad de importar ropas de la península (Ibid., 130; Arcila Farías, 1946, 69-70, 70). Dos siglos después en Carora había algodón, pero poco (Altolaguirre, 1908, 172).

La región de las minas, o sea las de Buria o San Felipe, también fue (1593) productora de algodón y de tejidos, que se llegaron a exportar a Margarita, Riohacha y aun Santo Domingo y el Nuevo Reino de Granada (Arellano Moreno, 1950, 193). (Véanse otros datos en el acápite E).

En resumen, para la parte occidental de Venezuela, había algodón cultivado dondequiera.

La región de Caracas o Venezuela propia era no menos algodonera que el resto de esta parte de Tierra Firme. Según la relación de Juan de Pimentel, había estancias de algodón en el río Guayre (Latorre, 1919, 83; Arellano Moreno, 1950, 82). Se sostenía un limitado comercio de telas con las islas de Margarita y Cubagua (Latorre, 1919, 89; Arellano Moreno, 1950, 88-89).

Los soldados que se enrolaron con Sedeño aderezaron para 1a campaña

"los gosipinos toldos y las tiendas"

(Castellanos, 1955, I, 513).

En la parte levantina de Venezuela, los mestizos de Cumaná vestían en 1569 lienzo de algodón (Arellano Moreno; 1950, 54). Los indios de Píritu regalaron a Lápez de Varillas caricuríes, ha macas y algodón hilado (Ibid., 58). En 1690, los indios de Barcelona vendían hilo, y cultivaban la planta, pero apenas para lo indispensable de su propio gasto (Ruiz Blanco, 1892, 18, 57). De idéntico modo pasaban las cosas entre los caribes de Guarapiche (Pelleprat, 1857, 107, 140). A fines del período colonial se distinguía Carúpano como productor de algodón en la región del golfo de Cariaco (Humboldt, 1941, II, 144-145; 1942, V, 161).

En Venezuela, donde no fue importante como en otras posesiones de América equinoccial la extracción de metales preciosos, la economía de intercámbio giró alrededor del algodón, del ca cao y del tabaco. En cuanto al primero, desempeñó durante largos períodos el papel de moneda. La mano de obra empleada en elaborarlo era numerosa (Arcila Farías, 1957, 243). Este era uno de los géneros y actividades en que los indios pagaban el tributo a sus encomenderos, quienes debían suministrar el algodón (10 libras y no más) para que aquellos lo hilaran (Ibid., 153); pero otros indios encomendados tenían a su cuidado la provisión de materia prima, como se deduce de las ordenanzas para el buen gobierno de los naturales, dadas en 1609 por Alquiza y Alcega (Ibid., 222, 223, 349). Las indias tenían entre sus principales actividades, la de hilar para las encomenderos de sus maridos; así aparece de documentos de 1660 (Ibid., 359). A veces los encomenderos, a pesar de estar prohibido, pues debían entregar el algodón en la casa de los indios para ser hilado allí, hacían trabaiar a las mujeres sembrando, y cosechando el algodón en los conucos (Ibid., 360).

De todos modo, cuando el tabaco y el cacao se convirtieron en los principales frutos de exportación, se redujo la importancia del algodón; esta decadencia fue particularmente visible a principios del siglo XVIII. En la segunda mitad del mismo, en virtud de las libertades de comercio, el cultivo y exportación del algodón cobraron nuevo impulso en Venezuela, a partir de 1767, lo mismo que en otras partes (Arcila Farías, 1946, 70, 176-177; Altolaguirre, 1908, xxxii). La Compañía Guipuzcoana, presionada por la corona para que diversificara la producción, ofreció pagar en 1769 el quintal de 100 libras de algodón desmotado, puesto en Caracas y en Puerto Cabello, a 18 pesos 6 reales. Puede apreciarse la importancia monetaria, si se tiene en cuenta que en la misma época el cacao se pagaba a 16 pesos (Arcila Farías, 1946, 265). A pesar de esto, parece que encontraron poco ambiente las medidas de fomento; pues el factor de la compañía José de Amenábar se quejaba de que la gente prefería de todos modos dedicarse al cacao (Ibid., 269; Amézaga Aresti, 1963, 221-222). Se dictaron exenciones a favor del algodón (1766, 1773) como de otros productos, en las ordenanzas sobre libre comercio (Arcila Farías, op. cit., 272), En 1786 se despacharon para España 57 quintales y dos años después otros 59 (Ibid., 333-334; Restrepo, J. M., 1943, III, 193, 285).

A principios del siglo XIX se exportaba algodón cultivado en Cura (Humboldt, 1941, III, 92-93), en Aragua, Maracaibo y Cariaco (Ibid., 1942, V, 161).

 

Cuenca del Orinoco

Según Jahn, la principal influencia cultural de los caribes fue el cultivo y el uso del algodón (Jahn, 1927, 50; Alvarado, L., 1945, 48-49). Aunque hay evidencias de ambos en varias partes de la cuenca del Orinoco, parece que a la llegada de los espanoles convivían en esa área tribus de muy desigual grado de cultura. De todos modos, el cultivo y el beneficio eran más extendidos hacia el piedemonte cordillerano. En las primeras expediciones realizadas por los alemanes flanqueando la cadena oriental, se encontró algodón entre los guayupes, localizados al sur del río Ariari (Aguado, 1916, I, 790; Castellanos, 1955, II, 202).

Las fuerzas de Jorge Spira, al mando de Juan de Villegas, hallaron mantas en un lugar de difícil ubicación, quizá al sur del Apure (Aguado, 1918, I, 155). Seria el Carabo, "río que nace ya de los Tunnuevas [Tunebos]" hacia Pauto (Castellanos, 1955, II, 132). En el pueblo que llamaron los españoles de Poca Verguenza, por haber querido desertar algunos de los soldados, había algodón y mantas (Aguado, 1918, I, 220).

Los indios de Caocao tenían mantas e hilos de colores (Agua do, 1918, I, 238). Los guashiguas de los Llanos usaban tiendas de algodón (Ibid., 242-243).

Las noticias sobre el Meta y la existencia allí de mantas de algodón, estaban muy difundidas por todos los Llanos hasta la costa, y ellas atrajeron diversas expediciones españolas, pues el comercio de sal y de mantas equivalía a encontrar pueblos de grar. desarrollo y riqueza (Aguado, 1918, I, 579). Que los caribes, si no eran por sí mismos cultivadores de algodón, por lo menos comerciaban con tejidos, lo demuestra el hecho de que la Primes expedición Orinoco arriba, la de Herrera, se hizo a muchas hamacas que los caribes dejaron al huir en un encuentro (Aguado, vol. cit., 605). A Raleigh le dieron informes también sobre la existencia de algodón y tabaco (Wlliamson, 1928, 26).

Aunque muy disminuídas las tribus llaneras después de las incursiones iniciales de alemanes y españoles Y del aparecimiento de epidemias, todavía en la segunda mitad del siglo XVI había alguna actividad basada en el cultivo Y beneficio del algodón. Se encontraba en Caboruco (Cabruta?) (Arellano Moreno 1950, 62). Por de contado que Guanaguanare, floreciente a causa del comercio del tabaco de Barinas, tenía también la granjería del algodón (Arellano Moreno, 1950, 210). Jujure, por la población de Sabaneta de Jujure, era el nombre comercial del que se cultivaba en la selva de Turén (Alvarado, L., 1953, 217), actual centro de una floreciente colonia agrícola.

Nadie creería ahora, si no estuviera comprobado en diversas fuentes históricas, que hubo una actividad industrial algodonera intensa en Santiago de los Atalayas Y otros lugares del Casanareen la época colonial. Estas hilanderías se establecieron a raíz de la entrada de misioneros Para aprovechar la mano de obra indígena -casi siempre esclava- Y funcionaron durante casi todo el siglo XVIII en Atalaya Y en Morcote (Rivero, 1956, 32, 55; Julián, 1787, 99-100; GiIii, 1955, 235; Posada e Ibáñez, 1910, 145).

Los indios de las misiones jesuíticas se contentaban con usar coleta Y angaripola para sus guayucos; y producían algunos hilados (Cuervo 1894, IV, 216, 217, 223). Cultivaban sólo pocas matas para su uso casero (Gilii, 1958, I, 199. Quizá el volumen era muy reducido, pues se llevaban a las misiones telas de otras partes, especialmente de Socorro (Posada e Ibáñez, 1910, 145 pero esto debió ser después de la expulsión de los jesuitas, pues el dato de los virreyes está repetido por Humboldt, que agrega San Gil a Socorro como lugares de fabricación (Humboldt, 1941, III, 389).

Variedad de copo abultado y libra larga recomendaba Para sembrar en los Llanos en 1870 Emiliano Restrepo (Restrepo, E., 1870, 218-220). Todavía en el siglo actual se cultivaba algodón en la cuenca del Rionegro, entre Chipaque Y Caqueza (Cuervo Márquez, 1956, 68).

En el Dorado o la Guayana, se fabricaban hamacas en la época de los Berríos (Arellano Moreno, op. cit., 200).

El algodón se cultivaba parcamente en la Guayana venezolana a principios del siglo XIX; con él se hacían los "guarales" o cuerdas de un dedo de grueso para pescar el valentón, pez corpulento del Orinoco (Bueno, 1933, 96, 25).

 

Guayanas

Al arribo de los europeos, los indígenas guayaneses tenían algodón, que usaban en pampanillas; en las fajas con que los caribes y otros grupos emparentados se apretaban por gala Pier nas y brazos; para sujetar los adornos de plumas lucidos en las grandes ocasiones para revestir las mazas de guerra Y Para tejer hamacas, usos que han perdurado hasta nuestros días (Berkel, 1942, 34; Schomburgk, 1922, 1, 160, 245-246, 269, 274-275 287, 316; 1923, II, 36, 71, 118, 189, 249, 288, 336, 342, 377; im Thurn 1883, 172, 191-193; 205, 272; 283; 285-286; 288; Farabee, 1918, 27-28; -----, 1924, 24-25). Hilo Y tejidos se convirtieron (con el urucu y el tabáco), en artículos de intercambio por herramientas cuentas de vidrio, anzuelos, licores espirituosos etc., suministrados por los europeos --medio piratas, medio colonos --ingleses, holandeses y franceses, que empezaron a visitar regularmente la "costa salvaje" desde principios del siglo XVII y quizá antes.

Con la colonización empezó el sistema de plantación, Y aunque el azúcar fue el renglón preferido, no dejaron de ensayarse otros, entre ellos el algodón. He aquí algunos datos sobre esta etapa avanzada.

 

a) Guayana inglesa.

Se empezó a cultivar algodón hacia 1752, cuando se exportó la primera paca; en 1761 fueron 28 Pacas, Y de allí hasta 1775 cantidades variables, aunque siempre modestas. Durante la tercera ocupación inglesa (pues la colonia cambió de manos varias veces con los holandeses se dio nuevo impulso a las lantaciones en 1796, con el resultado de que ya en P1803 se exportaron 46.435 parcas (Schomburgk, RH, 1840, 61). Los cultivos estaban en las tres colonias de Esequibo, Demerara y Berbice (Bueno, 1933, 99). En 1823 se exPortaron 9.587 pacas (Schomburgk, RH, oP. cit., 61-62). Al decretarse la manumisión de los esclavos negros poco después, fue imposible soportar la competencia norteamericana basada en trabajo esclavo; así que rápidamente se acabaron los algodonales. En 1843 las haciendas algodoneras habían siido convertidas en potreros; otreros; uno que otro pie de algodón crecía estaPado en los rastrojos (Schomburgk, 1922, I, 24, 35; 54).

 

b) Surinam.

Aunque desde 1706 6 se hablan despachado al exterior 706 libras de algodón (Anónimo, 1788, I, 71; II, 88; Panday, 1959, 17,18), el cultivo en firme sólo empezó hacia mediados del siglo XVIII (Fermin, 1769, II, 71-77). En 1799 se producían anualmente de 25 a 30.000 libras (Rodríguez Barata (1799) 1944, 93; 95). También declinó esta actividad por la competencia de los Estados Unidos y por la negativa inglesa a comprar los productos de países donde existiese todavía la esclavitud. De 31 plantaciones que existían en 1848, quedaban 15 en 1862. Después de la abolición, se mantuvo la producción relativamente estable en el período 1864-1872, aprovechándose como en todas partes el "hambre de algodón" [véase acápite A, 8)J; pasada la crisis, no se pudo soportar la competencia, y en 1888 sólo se produjeron 720 ka. (Panday, op. cit., 80, 81; 125, 188-189; Hiss, 1943, 143).

 

c) Guayana francesa.

Los primeros intercambios con los indígenas en el Oyapoc empezaron en la primera década del siglo XVII y continuaron hasta 1630 (Williamson, 1928, 34, 44; 121-122). Consolidada la colonia de Cayena, el algodón figuró entre los cuatro principales productos de exportación (La Barre, 1666, 32). Decayó luego, y para mediados del siglo siguiente apenas se producía lo necesario para el consumo doméstico (Barrère, 1743, 46; 114). Aumentó algo la producción en las siguientes décadas, convirtiéndose el algodón en el segundo renglón exportable, después del azúcar (Bajon, 1778, II, 376-387).

 

Nuevo Reino de Granada

Los primeros españoles que en la vanguardia de Jiménez de Quesada, por orden de éste subieron a explorar, partiendo de Latora, una vía de penetración a la Cordillera Oriental, encontraron panes de sal y mantas en un bohío del río Opón (Castellanos, 1955, IV, 139; Simón, 1953, I, 203-204). A medida quo los europeos se internaban por las planicies descombradas donde vivía la población sujeta al dominio de los chibchas, iban encontrando mantas de algodón (Simón, op. cit., I, 213, 216). Blancas y de color las recogieron en Guachetá cuando arribaron allí (Aguado, 1916, 1, 241; Simón, 1953, I, 270, 279); así como en Turca (Castellanos, 1955, IV, 184; Simón, op. cit., I, 275).

Una vez en la Sabana, es conocido el episodio del soldado Juan Gordo, quien sufrió por orden de Quesada la pena capital, por haber tomado unas mantas de un bohío indígena (Castellanos, 1955, IV, 186-187). Es de notar aunque sea de paso, que cuando el despojo era hecho colectivamente, no se consideraba como delito, y todos los españoles, de mayor a menor, lo practicaron durante la conquista; pero cuando lo hacía un individuo, como en este caso, sufría una pena. No fue, pues, el robo de unas mantas propiamente dicho, el quo ocasionó la muerte de Juan Gordo, sino el desobedecimiento a las órdenes del jefe de la expedición.

Las mantas de algodón, desde luego, eran el vestido usado por los habitantes de la altiplanicie, que no tenían lana (Aguado, 1916, I, 253, 255; J. de la Espada, 1889, Cast. 97; Cuervo, 1892, II, 211; Friede, 1960, NR., 265, 268). Fuera de esto, del mismo modo como lo hacían las tribus del istmo panameño y del Cauca, en mantas de algodón envolvían los cadáveres para enterrarlos (Aguado, 1916, I, 257; Friede, op. cit., 270; Cuervo, 1892, II, 215).

Otros lugares donde hallaron los españoles de Quesada telas finas, fueron Bojacá (Castellanos, 1955, IV, 215) y el cercado de Tisquesuza (Ibid., 255; Piedrahita, 1942, I, 74-75; Simón, 1953, II, 104-105).

A Suárez Rendón le tocaron 200 mantas en el reparto (García Samudio, 1952, 381).

Cuando se les agotaron a los indígenas situados en el peñón de Tena las galgas para arrojar contra los españoles, al mando de Pedro de Limpias, les arrojaban como proyectiles fardos de mantas (Aguado, 1916, 1, 373).

Uno de los lugares de producción de materia prima que surtían la industria de la parte fría era lo que se llamó el rincón de Vélez, donde a la llegada de los españoles había grandes algodonales y se labraban también mantas. Así lo dice Diez de Armendáriz, en una carta, escrita en 1547, en que da detalles sobre el cultivo allí y sobre el uso de mantas por la población chibcha (BHV, 1926, XV, 326-327; Friede, 1962, VIII, 307-308, 308; Aguado, 1917, II, 349; Simón, 1953, 111, 57; Vázquez de Espinosa, 1948, 302).

 

Tunja

En el asalto y toma del cercado de Tunja, capturaron los españoles mucha ropa fina de algodón (Aguado, 1916, I, 306; Castellanos, 1955, IV, 235). Más de 3.000 mantas se rapiñaron en el templo de Iguaque (Simón, 1953, II, 231).

Los límites de Funja eran muy extensos, y dentro de ellos quedaban enclavados varios de los principales centros de cultivo de la fibra de que se surtían los obradores del altiplano. Las mantas de algodón producidas en Tunja y en Leiva, aparecen mencionadas en documento de fines del siglo XVI (Ibot León, 1933, 240; -----, 1952, 323-324). Sin duda al corregimiento se refiere López de Velasco, cuando dice que había mucho algodón en Tunja y se fabricaba bastante lienzo (López de Velasco, 1894, 367; Torres de Mendoza, 1868, IX, 400). Los indios de tierra caliente "cogen algodón y lo venden a los de tierra fría, de que tejen mantas con que pagan sus tributos, porque muchos están tasados en mantas. Los españoles no lo cogen; cuando lo han menester lo compran a los indios, y así no se puede saber la cantidad de algodón que se coge cada año" (Torres de Mendoza, vol. cit., 427-428. £l tributo indígena era como se ve a base de mantas Ibid., 418. Al año se labraban 8.000 libras de algodón en Tunja (Ibid, 428; Zamora, 1945, 1, 288). Dábase en los términos de Villa de Leiva (Vázquez de Espinosa, 1948, 301).

El tocuyo fabricado en Tunja iba hasta la costa atlántica a mediados del siglo XVIII (Serra, 1956, I, 44).

A medida que avanzaban hacia el norte los españoles encontraban algodón cultivado. Otro de los centros importantes era la región de los guanes (Castellanos 1955, IV, 316; Simón 1953, III, 25; Piedrahita, 1942, IV, 67).

Con el tiempo, Socorro y San Gil se convirtieron en los centros más importantes de la manufactura algodonera en el Nuevo Reino. Este apogeo ocurrió ya avanzado el siglo XVII, y se fortaleció en el siguiente. Vélez Y Socorro, con Ocaña, eran a mediados del XVIII los principales centros de manufactura (Julián, 1787, 99-100). Una de las solicitudes que a las autoridades virreinales hicieron los comuneros del Socorro levantados en armas en 1781, fue que al algodón no se le gravara con el impuesto de alcabala, por ser cultivo de pobres (Cuervo 1894, IV, 25). En los informes virreinales de la segunda mitad del referido siglo, se menciona la actividad fabril de Socorro en esta especialidad (Posada e Ibañez, 1910, 145). De San Gil se empezaron a enviar en los anos anteriores a 1796 hacia Cartagena algunas mantas, bajando, por el río Sogamoso (Ibid. 354). Sólo se producían géneros bastos para consumo interno (Ibid., 738-739. A fines del período colonial se remitían telas de San Gil Y mantas del Socorro a los Llanos (Humboldt, 1941, III, 389).

Terminada la guerra de independencia eran objeto de gran aprecio los lienzos teñidos de añil del Socorro (Boussingault, 1900, III, 55). Se enviaban a través del paso del Quindio, a las provincias del sur de la Nueva Granada donde gozaban de alta estima (Ibid., 1903, IV 141).

En la época republicana se fue afirmando la actividad textil en Santander, y ara mediados d p el siglo XIX haba llegado a su plenitud. Las aspiraciones de los manufactureros de algodón de que se les protegiera con barreras aduanales contra la penetración de las telas extranjeras más baratas jugaron un papel muy importante en los acontecimientos políticos Y socioeconómicos de esa época, como se verá en otra obra.

 

Pamplona

Al norte del área guane, cultivaban Y tejían algodón los chitareros (Aguado, 1916, I, 589). En el pueblo de los Silos situado entre Chinácota y Pamplona, encontraron gente vestida de algodón los españoles quo llegaron allí primero con Alfinger (Castellanos, 1955, II, 110).

Se cultivaba algodón en Salazar de las Palmas a principios del siglo XVII (Simón, 1953, IV, 291).

Ocaña fue también centro manufacturero, aunque ya bien Adelante del período colonial. En tiempos de Julián eran afamadas las ruanas de ese lugar (Julián, 1787, 100, 101; Robledo E. 1954, II, 353).

Había, pues, algodón Y se beneficiaba en toda la jurisdicción del antiguo Nuevo Reino propio (Vázquez de Espinosa, 1948, 299); o sea la Cordillera oriental, desde la cuenca del Sumapaz hasta el Táchira y Ocaña. Los testimonios citados, Y otros que se verán adelante, demuestran que el beneficio del algodón había alcanzado un alto grado de perfección entro tales pueblos a la llegada de los españoles. Esto contradice la afirmación de Thompson (citado por Rodríguez Beteta, 1947, I, 218), de que desde la tierra de los mayas se llevaban telas de algodón hasta los chibchas, Porque las mujeres de estos no sabían tejer [véase acápite E)]. Mantas blancas, negras de color encontraron los españoles como cosas Y comunes y corrientes entre los pueblos moscas (Cuervo, 1892, II, 211) (Véase acápite D, inciso 17).

La fibra del algodón, a partir de mediados del siglo XVIII, se convirtió también en un producto exportable. Así se reconoce en las memorias de los virreyes. Para el último cuarto del siglo dicho, algodón cacao eran los dos principales productos de exportación del Nuevo Reino de Granada (Posada e Ibáñez 1910, 508509). En la é oca de la guerra de independencia (1818), ocupaba el primer lugar (Ibid., 608; Hamilton 1955, I, 139).

En otra obra destinada a la historia económica, se presenta la estadística de las exportaciones a partir de la disolución de la Gran Colombia.

El algodón para beneficio en las tierras de la altiplanicie cundiboyacense provenía, como es natural, de las partes cálidas, sola cordillera Simón 1953, II 271-272; Zamora, 1945, I, 164). Se llevaba de Sogamoso (Aguado 1916, I, 504), o sea del territorio limítrofe con los guanes. También el rincón de Vélez, en la arte alta de la cuenca del Saravita o Suárez, aparece mencionado como centro algodonero. La región Muzo-Colima-Panche tenía algodón, que se benefició al principio de la dominación española en La Palma y en Muzo (Vázquez de Espinosa, 1948, 309; Rojas, U., 1958, 286-287; Ibot León 1933, 241.

A mediados del siglo XVIII el panorama era este: "Donde se siembran más algodones es en los llanos Y en las jurisdicciones de las ciudades de Vélez, Girón Y Villa de San Gil, que también se producen en las otras jurisdicciones de Santafé Tunja, Muzo Y las demás" (Oviedo, 1930, 47-48). Centros de producción eran Charalá, San Gil y Simacota (Ibid., 177, 178, 180. Se mantenía la producción en La Palma Ibid. 270).

Por el oriente, aunque ya pertenezca propiamente a los Llanos, se menciona como algodonero el río Lengupá (Oviedo, op. cit., 150).

 

Antioquia

Es difícil separar los datos de Antioquia propia de los de Urabá Y del Sinú.

Cuando Francisco Cesar hizo la primera entrada a los reinos de Guaca y Nore, ubicados por Trimborn en 1a parte alta de la cuenca del Riosucio, pero en inmediata comunicación con el otro flanco de la Cordillera con aguas tributarias al Cauca, hallo gran cantidad de algodonales; los indios hacían roja fina (Aguado, 1919, II, 53). En Abibe eran comunes las manas (Cieza, 1924, 45).

El cacique Nutibara señor de Guaca, 1 envió e envío de regalo a Cesar, al principio, comida Y mantas de algodón (Aguado , 1919, II 8889). Estas mantas las obtenía Nutibara en calidad de tributo de su hermano Quinunchú (Cieza, 1924, 4, 46). Hasta el día de hoy, Uramita y Dabeiba son centros de cultivo de algodón, y parece que no lejos de allí deben ubicarse los reinos de Guaca y Nore. Las mujeres de este último usaban mantas desde los pechos hasta los pies, mientras los hombres se limitaban a los maures ,(Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 79). Los indígenas de Ebéjico según la misma fuente, vestían de algodón: los varones maures y mantas; las mujeres, naguas hasta los píes (Ibid. 75). Los de Caramanta rtama vestían como los de Nore (Ibid., 79).

En el valle de Aburrá habitado por los bitagüíes, tenían mantas de vara Y media de anchura, con las cuales se ahorcaban aquéllos por miedo a los españoles (Robledo, J.. Cuervo 1892, II, 406; Jijón y Caamaño, 1938, II Doc. 74; Simón, 1953, VI, 109).

Durante la expedición de Juan de Vadillo que fue continuación de la de Cesar, encontraron los españoles, al remontar la Cordillera, gente vestida de mantas, por causa de ser algo frío el lugar (Castellanos, 1955, 111, 162; Simón, 1953, V, 250). El cacique de Buriticá que fue capturado, vestía de mantas de algodón pintado (Castellanos, op. cit., 169; Simón, op. cit., 254).

Avanzando Jorge Robledo su marcha hacia el suroeste, en Tahamí, a 4 leguas de Jorvura, tomó mucha cantidad de ropa de algodón muy pintada y galana, de que había gran necesidad en el real para hacer de vestir (Robledo, J.: Cuervo, 1892, 11, 408). Fundada la ciudad de Antioquia, se hicieron varias expediciones a las regiones circunvecinas; en un asalto nocturno se tomó el pueblo del cacique Zuzabumuco y se cogió también mucha ropa (Ibid., 423). De las mantas capturadas en esa parte de Antioquia llevó Robledo consigo cuando partió hacia el Urabá, y gratificó con ellas a los indios que le ayudaron a salir y le trajeron comida, ya cerca del mar (Ibid., 431, 432).

Norisco era rico en telas de algodón (Simón, 1953, VII, 22). La importancia del territorio antioqueño, especialmente de la parte norteña habitada por catíos, nutabes y tahamíes, como área de cultivo y beneficio del algodón, aunque conocida por los primeros expedicionarios españoles a partir de 1536, se reveló en todo su valor con motivo de las campañas de Gaspar de Rodas y Andrés de Valdivia. En la de este último a Guarcama, se encontraron grandes algodonales irrigados y el uso de telas de algodón blancas y de colores (Castellanos, 1955, 111, 584, 635, 636; Simón, 1953, VII, 105). Al llegar al sector ocupado por los nutabes, retobaron los españoles sus sayos de algodón con el mucho que hallaron (Simón, vol. cit., 106).

La parte más septentrional, hacia donde se fundó San Juan de Rodas, los expedicionarios de Gaspar de Rodas encontraron que era fértil de ropas de algodón (Simón, 1953, VII, 35).

Con la vocación minera de Antioquia, se fue perdiendo la tradición algodonera, que en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando empezaban a producir su efecto las nuevas corrientes económicas, trató de revivir el oidor Mon y Velarde (Restrepo Sáenz, 1944, I, 232; Robledo, E., 1954, 11, 353-354), mediante medidas tales corno .siembras compulsivas en Santa Bárbara y San Jerónimo, y estímulos pecuniarios, como pagar 12 pesos por cada 100 árboles plantados (Ibid., 184; 304).

A principios del siglo actual (1906), recién establecida la fábrica de tejidos de Bello, compraba el algodón sin desmotar a $ 8 la libra (Posada Arango, 1909, 239). Se hizo promoción del cultivo en la zona de Ebéjico mediante el reparto de semilla, aunque los resultados no fueron buenos (Parsons, 1949, 125 y nota 200).

 

Cuenca del Cauca

Para seguir de norte a sur en el mismo sentido de la expedición de Juan de Vadillo, en 1538, y tomando como base el relato de Cieza de León que venía en ella, y a Robledo, que estuvo en la misma región pocos años después, al caer a la cuenca del Cauca, los primeros pueblos vestidos de algodón eran los de Cartama (Cieza, 1924, 58). Las mujeres en Ciricha, así como en otros pueblos situados al oeste de Anserma, con bastante aproximación en la cuenca del río Sopinga, vestían mantas de algodón muy galanas (Ibid., 61). En Anserma usaban esas mantas, tanto hombres como mujeres (Ibid., 61). Los umbras o ansermas se ponían maures de lienzo de algodón muy pintado: "cuélgales el rabo, que llega casi hasta el suelo" (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 66). Las mujeres de allí lucían mantas o naguas hasta las puntas de los píes (Ibid., 67). Al dormir, estos humbras se cubrían con mantas de algodón (Ibid., 68). En fin, cuando alguno moría, lo envolvían en muchas mantas, muy en orden cosidas, que formaban un bulto como tonel (Ibid., 69-70).

Una solución de continuidad se presentaba al llegar a la fosa o artesa central del Cauca, constituida por los chancos que usaban cortezas de árboles (Poulsenia) en vez de algodón, evidenciando una neta intrusión chocoana en la cuenca del Cauca. Pero los gorrones, que seguían hacía el sur, sí tenían algodón, y envolvían sus muertos en grandes mantas (Cieza, 1924, 90-91). En esta área quedaban ubicados los pueblos Grande y Palomino, en cuyo intermedio, cuando salió Robledo por la primera vez aguas abajo del Cauca a partir de Vijes, "con muchas partes del río, a la orilla, hallamos algunos líos de ropa de algodón muy galana y blanca" (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 393). A los indios de Bolo y Palo robaron los españoles de Belalcázar, según Palomino, comida, oro y mantas (Casas, 1828, II, 206).

Al sur de Cali, sobre la Cordillera occidental y volviendo al mar, los timbas andaban desnudos, y sólo después de la llegada de los españoles empezaron a usar mantas (Cieza, 1924, 95).

Por el otro lado del Cauca, y siguiendo la ruta de sur a norte, que fue la que tomaron las primeras expediciones, Cieza habla de las mantas entre los pueblos al este de Anserma, o sean los quimbayas (Cieza, 1924, 61). Robledo dice que estos usaban los mismos vestidos que los de Humbra (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 66, 71).

Los paucaras y los pozos casi todos se ponían los mismos maures y mantas (Ibid., 72). Banderas de algodón desplegaban los armas en sus combates (Cieza: Vedia, 1947, II, 371; Casas, 1909, 167; Simón, 1953, VI, 65). Pero en la parta alta de la cuenca del Arma, por ser fría y no producirse algodón, sólo las mujeres usaban unas pampanillas de él, mientras los hombres se contentaban con maures de corteza (Ficus) (Ibid., 72). Sobre el propio río, los de Moregia o Murgia, hombres y mujeres, vestían como en Quimbaya (Ibid., 74).

En este mismo sector, y concretamente en Sinufana, cuando llegó Robledo allí en 1541, a orillas del río Cauca por la margen derecha, cogió la avanzada de Juan de Frades mucha cantidad de algodón, que fue inmediatamente utilizado, tanto para hamacas como para armaduras o sayos (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 403; -----, Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 95; Simón, 1953, VI, 107; Piedrahita, 1942, III, 97). El mismo Robledo al bajar del Aburrá al Cauca saqueó un pueblo donde había ropa blanca y fina (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 423; Simón, 1953, VI, 109, Trimborn, 1949, 161-163).

Otras dos áreas, pertenecientes a la cuenca del Cauca, pero situadas a mayor altura sobre el mar que el valle propio, y por consiguiente, en el área marginal altitudinal del cultivo del algodón, figuran en el momento de la llegada de los españoles, ocupadas por pueblos que usaban esa fibra. Son las cuencas de los ríos La Vieja y Aburrá. Sobre esta última se trató en el parágrafo anterior concerniente a Antioquia.

El guaquero Arango dice que en los enterramientos del Quindío se encuentran muchos husos, y concluye que los indios tenían algodón (Arango C., 1927? 40; Parsons, 1949, 124). Da cuenta aquel autor del hallazgo en una tumba del sitio de Canceles, cerca del actual Pereira, de cinco esquilones de oro que contenían algodón (Arango, C., op. cit., 148); y en Buenos Aires, otro lugar del Quindío, pedazos de manta de algodón bien tejida (Ibid., 139).

Los naturales de la parte entre Cali y Popayán y en esta última ciudad vestían un a modo de manto corto de la misma fibra (Andagoya : Cuervo, 1892, II, 114).

La conquista de la cuenca del Cauca fue seguida por guerras encarnizadas con las tribus indómitas que no quisieron someterse. Para mediados del siglo la mitad de la población nativa se había reducido notablemente, en parte por ese motivo, en parte por las epidemias. Se perdió también aquí la tradición textil, y los lienzos y mantas para el vestido de la gente pobre y de los indios venían de otros lugares, sea del Nuevo Reino por el Quindío, sea del Perú (Trujillo) (Friede, 1960, VI, 179; 152, 178). Mantas del Nuevo Reino, tanto blancas como coloradas, se llevaban para el comercio de Cali (Arboleda, 1928, 64).

Pero se cultivaba algodón y alguna pequeña industria doméstica debió subsistir. Cierto número de mantas y cantidades variables de fibra hilada tenían que dar según la tasación de 1559 los indios de Coconuco, Arroyohondo, Gorrones, Cartago, Guacaya, Arma y Caramanta (Friede, 1961, LV, 228; 232; 243; 242; 238, 242, 240). Se da cuenta de tal actividad para fines del siglo XVI (López de Velasco, 1894, 408, 409). Hacia principios de la segunda mitad del siglo siguiente todavía se sostenía algo la actividad algodonera, ya que en sus ordenanzas de 1668 el visitador Inclán Valdés establece para Cali el arancel de dos reales por cada libra de fibra, en mota, a que debían sujetarse los indios (Arboleda, 1928, 147). Hilo de algodón era objeto de comercio entre Chocó y Cauca (Olano, 1910, 86).

El valle del Cauca no escapó al movimiento general de fomento a varios cultivos, entre ellos el del algodón, en la segunda mitad del siglo XVIII. El visitador Valera y Bermúdez dispuso en 1796 que se sembraran cien matas de algodón entre cada maizal (Arboleda, 1928, 574-575). El año siguiente el mismo funcionario ordenó igual cosa para Buga, y fue entonces cuando empezó el cultivo compulsoriamente en el ejido de esa ciudad (Tascón, T. E., 1939, 312). En 1798 se insistió en Cali sobre el fomento al cultivo del algodón (Arboleda, 1928, 589), que ya en 1808 figura entre los productos de la comarca (Ibid., 629). Cartago era a principios del siglo XIX abundante en algodón (Campo y Rivas, 1803, 29).

A diferencia del socorrano, del tipo herbáceo, el algodón del Cauca era perenne (Cuervo, 1894, IV, 66).

Al terminar la guerra de independencia, un viajero, que estuvo en el valle en 1819, constató que se daba algodón en Buga y en Cartago (Mellet, 1823, 239). Según otro viajero que recorrió el valle en 1824, el señor Arboleda, dueño de la hacienda de Japio, pretendió establecer una fábrica de textiles de algodón en Popayán, pero hubo de desmantelarla por órdenes del virrey (Hamilton, 1955, II, 68). En Quebrada Seca (cerca del río Palo?) había algodón silvestre (Ibid., 71). En Cartago funcionaba entonces otra pequeña fábrica de telas de algodón, y además una de encajes (Ibid., 100).

Disuelta la Gran Colombia, y libertados algunos cultivos de ciertas trabas que habían perdurado como resabios de la época colonial, se fue incrementando el cultivo y con él la exportación de fibra, que cobró empuje desde 1835 (Restrepo, J. M., 1952, I, 82). Aquélla fue particularmente notable entre 1864 y 1874, cuando los envíos al exterior excedieron anualmente del millón de kilogramos, con el punto tope de más de 2 millones de kg. en 1869-1870 (Nieto Arteta, 1942, 308-309).

Ya se habló de las tentativas del general Reyes en la primera década de este siglo para impulsar el cultivo (Arroyo, 1907, 325), cosa que no pasó a mayores. Durante la primera guerra mundial se trató de fomentar la producción (Ospina Vásquez, 1955, 370, 375).

Hacia 1925 visitó a Colombia la misión Pearse e hizo un estudio especial sobre la situación algodonera (Pearse, 1927).

Por la misma época se hicieron cultivos en el Valle, en la hacienda "El Cairo", de Pedro Pablo Caicedo. Higinio Paz escribió entonces un folleto (Paz, U.: POPAYAN, 1926, 121; 139-140).

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