Costa del Pacífico

Aquí las tribus primitivas usaron telas de damahagua (Poulsenia). A pesar de eso, no es desconocida la planta del algodón, aunque poco o nada se cultive.

En 1819 el viajero francés Julián Mellet, que estuvo de paso para el Chocó por la vía antigua del istmo de San Pablo, dice que la boca del Calima era fértil de algodón (Mellet, 1823, 250). En esa parte de Colombia la precipitación es mayor de 6.000 mm. anuales.

 

Pasto

Cieza de León, quien viajó por el territorio del actual departamento colombiano de Nariño en 1548, dice que, aunque casi todas las tribus usaban vestidos de yerbas y cortezas, algunas del sector más meridional de los Pastos, se vestían con mantas de algodón. Tal ocurría con los quillacingas, que tenían la planta (Cieza, 1924, 111).

El cabildo de Pasto dio en 1540 al fundador de la ciudad Lorenzo de Aldana, una estancia para sembrar algodón (Sañudo, 1938, I, 21). Debió ser en las partes abrigadas y templadas de la cuenca de los ríos Guditara y Juanambú, que es donde podía darse, o bien en el Patía.

En 1583 se hacían mantas de algodón en Pasto (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 153; López de Velasco, 1894, 425). Se llevaba algodón de Pasto a Quito para beneficiarlo (J. de la Espada, 1897, 111, 16).

A fines del siglo XVI y principios del siguiente, durante la guerra sostenida contra los pijaos, se pidió ayuda a todas las regiones situadas al norte del Ecuador. Pasto contribuyó entonces con mantas para escaupíles y con algodón (Sañudo, 1939, II, 5). A fines de la guerra de independencia, Pasto era uno de los centros más importantes de la industria textil, lugar que compartía con Quito (Hamilton, 1955, I, 141). Se elaboraban allí bayetillas (Ibid., 55). A pesar de lo cual, las mantas del Socorro, que venían al sur entonces por la vía del Quindío, eran muy apreciadas en estas provincias al sur de Popayán (Boussingault, 1903, IV, 141).

 

Ecuador

La altiplanicie ecuatoriana fue la zona de confluencia del uso de fibras vegetales y animales para vestidos en la época prehispánica (J. de la Espada, 1897, III, 56). Al estudiar la historia de la dispersión de los auquénidos, se vio que las llamas y guanacos existían hasta la región de los Pastos a la llegada de los españoles (Patiño, 1966, 189-200); pero que probablemente esta difusión era relativamente reciente: al norte de la línea quizá de menos de un siglo, y de un poco más, al sur (González Suárez, 1890, I, 161-162).

Había algodonales en el valle medio del río Mira, del partido de Otavalo. Era el principal producto económico del pueblo de Caranqui, habitado por indios del mismo nombre. Los rescates y la manufactura de la fibra representaban importante actividad económica (J. de la Espada, 1897, III, 116, 117, 122, 115; 125; 126, 129-130; Pérez, A., R., 1947, 47, 148). A los jesuítas los acusaron en 1631 de tener en Pimampiro algodonales que les rendían al año de 2.000 a 3.000 arrobas. En su defensa dicen (1633) que sólo producían con negros esclavos unas 800 arrobas anuales (Jouanen, 1941, I, 136; 139 y nota).

El 18 de abril de 1544 el cabildo de Quito le otorgó a Rodrigo de Ocampo una estancia para cultivar algodón en el río Cayambe, pasado el puente hacia Otavalo (Rumazo González, 1934, II, 44; Sañudo, 1938, 1, 28).

En las partes abrigadas de Quito se cultivaba algodón (Cieza, 1924, 1131). Tal ocurría desde tiempos remotos entre los yumbos del occidente (T. de la Espada, 1897, III, 56; ci; González Suárez, 1892, 111, 366).

Aunque el algodón puede prosperar en el Ecuador a mayor altura sobre el mar, que en lugares más alejados de la línea equinoccial, siempre el cultivo se hizo en los valles abrigados y cálidos, como los del Chota, Guayllabamba, Chanchán etc.. Esta circunstancia la debió tener en cuenta el legislador español al organizar la tributación indígena, pues se dispuso que cada región pagara en. los productos que podían darse, y entre ellos se incluye el algodón (Garcés, G., 1935, I, 67-68). Durante los siglos XVII y XVIII, con la creciente importancia manufacturera de las ciudades altiplánicas, hubo que dictar medidas para el fomento del cultivo, de modo que pudiera abastecer la demanda de fibra (González Suárez, 1892, III, 466).

Cuenca, Latacunga y Pasto eran las ciudades donde estaba concentrada la industria textil, que aprovechaba como es obvio la materia primera de las regiones cálidas. En 1582 había en Cuenca 8 obrajes (véase) (Ortiguera, 1909, 325).

En Loja, en cambio, apenas se cultivaba el algodón necesario para la elaboración casera por los indios (J. de la Espada, 1897, III, 207, 216) y para el tributo (Jaramillo Alvarado, 1955, 92-93). Cerca de la ciudad el cura ponía mozas a hilar algodón (Serra, 1956, II, 326).

En la segunda mitad de la décima-octava centuria el misionero Santa Gertrudis vio en Quito los telares de macana usados (Serra, op. cit., 11, 182), que son los mismos o poco distintos de los ilustrados al hablar de Guilielma gasipaes (Patiño, 1963, 1, 168).

Quito y Pasto eran fuertes productores de textiles al alborear el período republicano (Hamilton, 1955, 1, 14).

El algodón, si trajo como consecuencia la intensificación de la esclavitud en las colonias meridionales de Norte- América, no fue menos gravoso para los indios del Ecuador, que sufrieron en los obrajes la más inhumana explotación, peor que la esclavitud de los negros. (Véase acápite E, inciso 4, parágrafos a y b)". Este aspecto se tratará más detalladamente en otra obra.

La mayor parte de la fibra para los telares del altiplano procedía de la costa. Juan de Herrera y Montemayor, que en 1619 hizo un viaje azaroso por tierra desde Atacames hasta Guayaquil, encontró en Coaques que con el algodón cultivado localmente las indias labraban mantas de muchos colores para pagar su tributo (Herrera y Montemayor : Vargas Ugarte, 1947, 83). Era antigua en Guayaquil la producción de ropa de algodón (J. de la Espada, 1897, 111, 7). A principios del siglo XVII se cogían en jurisdicción de esa ciudad hasta 2.000 arrobas. Lugares destacados de producción y beneficio eran Solongo y Picoazá (Torres de Mendoza, 1868, IX, 248; 291, 306).

El algodón se enviaba de Guayaquil a la Sierra, para recibir en cambio productos elaborados, como bayetas, alfombras y lienzos de algodón llamados "tucuyos"; en Babahoyo se cosechaba bastante (Alcedo y Herrera, 1946,' 9, 60). Pero en Puerto Viejo, a más de producirse algodón, se beneficiaba localmente (Ibid., 60; Montúfar y Franco, 1894, 154; Flores y Caamaño, 1925, 2, 4).

Los tocuyos de algodón los utilizaba la gente pobre para toldos y para otros menesteres (Juan y Ulloa, 1748, I, 231).

En Esmeraldas-Manabí --pese al clima lluvioso --había por lo menos un núcleo de producción de algodón. Inclusive existía un centro a modo de feria, el pueblo grande de Císcola (?) de difícil ubicación, donde se comerciaba el producto elaborado (J. de la Espada, 1897, III, cxxxvi, cxxxix).

Otro centro algodonero era la isla de La Puná (Vázquez de Espinosa, 1948, 350).

 

Amazonas

El hecho de que de un siglo a esta parte el cultivo en grande del algodón se venga haciendo en regiones secas, a veces en condiciones casi desérticas, mediante el uso de variedades seleccionadas por su precocidad y por madurar sus frutos en el curso de pocas semanas, hace olvidar que esta planta se ha dado también en regiones lluviosas, y aun de selva pluvial.

Hasta donde alcanza la perspectiva histórica, los algodoneros que cultivaban los indígenas americanos eran plantas permanentes o semipermanentes, con frutos en todo tiempo. El 4 de noviembre de 1492, es decir 23 días después del descubrimiento, vio Cristóbal Colón e n Cuba mucho algodón en árboles grandes, y --dice él --"creo que en todo tiempo lo haya para coger, porque vi los cojugos abiertos y otros que se abrían y flores, todo en un árbol" (Navarrete, 1954, I, 109). Esta producción continúa y no estacional, aunque como es natural con períodos de producción más o menos marcada según el clima de cada lugar, es también característica en los Andes y en la cuenca amazónica; el único inconveniente es que en tiempo lluvioso muchas borras se dañan (Spruce, 1864, 70, 62). Pero esto significaba poco para los indígenas de la porción ecuatorial, cuyas mujeres iban cogiendo la fibra a medida que maduraban los frutos, para el continuo hilar y tejer característico de algunos grupos. De modo que no necesariamente hay que ir a zonas áridas para buscar ciertos tipos primitivos de algodón con los cuales se espera descifrar el origen de esta planta (Hutchison, 1963, 514). Las siguientes referencias, agrupadas por sectores geográficos de occidente a oriente, desde las cabeceras hasta el estuario amazónico, son suficientemente elocuentes para necesitar comentarios.

a) En Mocoa, en el primer cuarto del siglo XVII, se cogía mucho algodón (Vázquez de Espinosa, 1948, 334). Alguno se cosechaba en el sector Putumayo-Caquetá hacia 1770 (Zawadzky, 1947, 139). Tampoco era desconocido en la cuenca del Caquetá en 1782 (López Ruiz: AIP, 1883, V, 507-508).

El río Algodón es afluente derecho del alto Putumayo. A principios del presente siglo esa planta se cultivaba en Descanse, en la parte alta de la cuenca (Rocha, J., 1905, 134; 16-17).

b) Una vez que Gonzalo Pizarro en su expedición al país de los canelos llegó a las tierras bajas, adelante del punto llamado Guema, halló gentes de más policía que las visatas en la provincia de Cuca o Coca: comían pande maíz y la vestían ropa de algodón, a pesar de ser tierra de fuertes precipitaciones (Garcilaso, 1944, I, 247).

Por supuesto que no todo el territorio al oriente de los Andes es igualmente lluvioso y húmedo. En la vertiente oriental hay sectores más secos, aun de sabana. En una de ellos --justamente en el punto llamado de los Algodonales, por las muchas plantaciones que allí había --parece haber sido fundada la población de Archidona en 1563-1565 (J. de la Espada, 1881, I, 34; 1897, III, clxxii; IV, lxiii; González Suárez, 1901, VI, 52). En 1578 el licenciado Pedro de Ortegón hizo una visita a esas provincias orientales de Quito, e impuso sanciones a varios españoles encomenderos por el mal trato que daban a sus indios. Aquellos, para pagar las multas, obligaron a los indios de Ávila, Archidona y Baeza a hilar y tejer ropa de algodón (Ortiguera, 1909, 407; Compte, 1885, I, 50).

En Quijos se daba el algodón, como en Ávila: en esta última localidad se cogían 200 arrobas anuales en 1582 (J. de la Espada, 1881, I, ciii; cv; cxi; 1897, III, 12). También se producía en Sevilla dei Oro (Ibid., 1881, I, cxii; 1897, IV, 44).

Los cofanes pagaban su tributo sembrando algodón (Ordóñez de Ceballos, ? 947, 261).

Se ha hablado de una provincia situada al este de Quito, llamada de Tiaxiquí y Julico, a donde habría llegado Huayna-Cápac, que halló allí entre otros productos algodón cultivado (Ortiguera, op. cit., 419).

Los abijiras del Napo tenían algodón; de que hacían las fajas para apretarse brazos y piernas (Laureano de la Cruz, 1942, 13).

c) En el viaje de Orellana río abajo, en un punto difícil de localizar, pero en el sector que razonablemente se puede delimitar entre el Ucayali y el Ríonegro, se detuvieron los españoles para hacer un bergantín nuevo; con ayuda de los indios, que traían entre otros materiales, algodón para calafatear (Carvajal, G., 1894, 25; Ortiguera, 1909, 329, 330). Orellana encontró también buena ropa de algodón en un pueblo de la parte baja del río (Carvajal, G., 1894, 56; -----, 1942, 47).

Veinte años después que Orellana, los marañones de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre bajaron por el Huallaga, en cuyas cercanías vivían los motilones, en tierra rica de algodón (Vázquez F., 1945, 29).

Más abajo, los omaguas eran la gente cuya pericia en hilar y tejer algodón alaban todos (Zúñiga : Cuervo, 1892, II, 511; Aguado, 1957, IV, 161; Castellanos, 1955, I, 628 [Véase acápite E, inciso f) ]. En el pueblo de Cararies, en una de las innumerables islas del sector, había gente vestida con mantas pintadas (Ortiguera, 1909, 322; Vázquez de Espinosa, 1948, 382, 383). Venían indios con cargas de algodón por los caminos al empezar la provincia de Maricuri (Ibid., 324).

En Teffé o en alguna localidad no muy alejada de allí había también algodón (Ortiguera, op. cit., 356). Llegando ya a la parte baja del río, después de la muerte de Ursúa, para el bergantín nuevo hicieron. velas de algodón y ruan (Ibid., op. cit., 371; Vázquez de Espinosa, 1948, 392), y alpargatas, con hilo de algodón (Ortiguera, op. cit., 373). En esa parte baja fue donde encontraron hamacas de esta fibra (Vázquez F., 1945, 86).

Cerca de un siglo después que Orellana, recorrió el Amazonas aguas arriba Pedro de Teixeira En el regreso lo acompañó, por disposición de la Audiencia de Quito, el jesuíta Acuña. Este, en el rolato de su viaje, acaecido en 1639, da cuenta de la existencia y uso del algodón en la cuenca del gran río. Dice algo contradictoriamente que se coge en abundancia; que lo hay en la mayor parte de las provincias, pero que sólo algunas tribus lo aprovechan, y casi todos los indios andan desnudos (Acuña, 1942, Bog., 103, 110), destaca que los omaguas sí tejen algodón y tienen ropa de él (Ibid., 126). Al mismo tiempo, se refiere a la expedición de Hernán Pérez de Quesada al Dorado en 1541, quien habría llegado a la provincia del Algodonal, y no pudo pasar de allí (Ibid., 118; J. de la Espada, 1889, Mar., 72).

Desde el Cabo Norte hasta el Tapajoz, durante las tres primeras décadas dei siglo XVII hubo siembras de algodón hechas por los indígenas, a instigación de colonos o piratas ingleses y holandeses, que fueron expulsados por los portugueses una y otra vez. Eran notables los trapajosos (tapajozes) como productores y beneficiadores de la fibra (J. de la Espada, 1889, Teix., 118; 88; Williamson, 1928, 88). También se cultivaba en Belem (Heriarte, 1874, 23). Las autoridades locales del Pará dictaron bando en 1755 para prohibir la exportación de algodón por haber encarecido; pero el rey no aprobó esa medida (ABAPP, 1905, IV, 166-168; 177-179; 193-194).

d) En el sector cordillerano situado al sur del río SantiagoZamora, el cultivo y beneficio del algodón alcanzó notable grado de intensidad. Ropa de él y de lana constituía la principal contratación en Zamora (J. de la Espada, 1897, IV, 8). En el Yaguarzongo había mucho y lo empleaban los naturales para su vestido (Ibid., 36).

En la cuenca del río Chinchipe los indígenas se vestían de algodón y de lana de llama, en los sectores denominados Silla y Chapainga, Loma del Viento, Tomependa, Valle de Vagua (Ibid., xlviii, l, li); Valladolid, habitada por indios paltas (Ibid., lxvi, lxxviii, lxxix) y en los valles de Cunbinamá y Coraguana y provincia de Cungarapas (Ibid., lxvii, lxviii, lxx). Esto continuó hasta el siglo XVIII (Montúfar y Frasco, 1894, 170). Cuando La Condamine bajó por el Marañón, los indígenas usaban mosquiteros de algodón (La Condamine, 1778, 144).

Los jíbaros de esta área usan mantas (Villavicencio, 1858, 366).

Más notable, por ser en la parte baja del Marañón, entre el Pongo de Menseriche y la confluencia del Ucayali, y por consiguiente, en región lluviosa, es el hecho de que el cultivo del algodón y la confección de finas mantas hubieran alcanzado notable grado de desarrollo entre los maynas y relacionados motilones (J. de la Espada, 1897, IV, lxxi, lxxiii). Esta tradición fue aprovechada durante la dominación española, para utilizar mano de obra indígena en hilanderías, y para convertir los textiles en el principal artículo comercial (Ibid., cxliv, cxlv, cxlvi, cxlviii, cxlix; González Suárez, 1901, VI, 116). Se cultivaba algodón en Maynas y Roamaynas, aunque también lo había silvestre (Figueroa, 1904, 72, 151; 112-113). Los principales lugares de producción en las misiones jesuíticas eran Chayavitas, Paranapuras y Omaguas (Ibid., 406; J. de la Espada, 1889, Mar., 106, 130, 182; 213, 228; 424; 510, 511; I, Aagnin: RI, 1940, 169; 183; 1 ciureano de la Cruz, 1942, 49, 50; Monteiro de Noronha, 1862, 58).

Los cocamos se distinguieron por su consumada habilidad para tejer mantas pintadas (J. de la Espada, 1897, IV, lxxiii, lxxxii). Estas camisetas "muy pintadas y galanas" les servían como signo de cambio (Figueroa, 1904, 103).

Los indígenas de Pampahermosa y Lamas (Ucayali-Huallaga) traficaban con algodón todavía en la segunda mitad del siglo XVIII (Ruiz, 1952, I, 156; Uriarte, 1962, I, 216).

e) En la cuenca del Ríonegro, afluente septentrional del Amazonas, se cultivaba algodón después que se asentó la dominación portuguesa. En 1774 había en Serpa 100 sementeras pertenecientes a blancos, y en Silves, 660 de blancos y 110 de indios. Este algodón se extraía por Pará (Amoral, 1940, II, 207, 210-211; Monteiro de Noronha (1768) 1862, 2; J. de la Espada, 1889, Mar., 81).

En 1750 se dictaron medidas por el gobierno portugués para fomentar el cultivo de la fibra y su beneficio en Pará y Marañón; se prometían facilidades a los azorianos que quisieran viajar a dedicarse a esas actividades (Amoral, op. cit., 287).

 

Perú

Algodonales irrigados había en la costa norte del Perú, entre Piura y Trujillo (Cieza, 1924, 212; -----: Vedia, 1947, I I, 418). En esta última ciudad hubo al principio de la colonización española cierta actividad industrial algodonera. La ropa de algodón que se hacía allí llegaba hasta Cali (Friede, 1960, X, 97; -----; mss. 178). Quizá era de Lambayeque (Vázquez de Espinosa, 1948; 370; Anónimo, 1958, 24; 26). La importancia que tenía este cuItivo en la época prehispánica se deduce de que "como un natural [del Perú] tuviese maíz y algodón se tenía y estimaba por rico y bien fortunado" (Cabello Balboa, 1951, 234-235).

En la segunda mitad del siglo XVI el algodón era uno de los cuatro principales cultivos económicos (Borregán, 1948, 81).

Pero la actividad algodonera en escala industrial no podía ser en el Perú tan importante como en las colonias con puertos al Atlántico, debido al recargo de los fletes para pasar el istmo. Ni siquiera el hecho de que los algodones peruanos, a diferencia de los de Nueva Granada y Méjico, estaban exentos de impuestos, les permitía competir en el mercado europeo (Cappa, 1890, VI, 117-118). Una de las principales utilizaciones en el Perú era para pabilo, pues en las minas se gastaban muchas velas (Ibid., 287).

Cobo dice, al referirse a las plantas que eran comunes al Viejo y al Nuevo Mundo : "La planta deste género más útil y general que nace en toda esa tierra [las Indias], es la del algodón, que los indios del Perú llaman en la lengua Quichua UTCU, y en la Aymara QUELA. Hay tres o cuatro suertes dello, y de todas se halla silvestre, el cual se diferencia del doméstico y hortense en ser las matas más boj as y menores los capullos. El más fino algodón de cuanto yo he visto por acá, es una especie del que nace en la provincia de Chachapoyas, diócesis de Trujillo, el cual es tan blanco y delicado, que parece fino seda. Lábranse en todas las Indias gran cantidad de ropa y lienzo de algodón, porque lo más de los indios no se visten de otra cosa; y los españoles también se aprovechan dello en muchos usos..." (Cobo, 1890, I, 440).

 

D) Usos

Justipreciar las manifestaciones de la cultura material de los pueblos amerindios con la mentalidad actual, imbuía de los prejuicios de la llamada civilización occidental, y con los usos contemporáneos, conduce a no pocos errores de comprensión. Porque de siglo y medio para acá esta fibra se ha convertido en América en la fuente principal del vestido, se cree que el algodón no pudo ser usado por los pueblos indígenas sino con ese mismo propósito. Sin embargo, las ideas que sobre la protección de la piel, y en especial acerca de la moral sexual tenían los indios, eran distintas de las de los pueblos europeos conquistadores. Por lo menos más higiénicas.

Se cita a menudo por los cronistas el caso de tribus que, aun disponiendo de algodón, no lo usaban para vestidos (véase ooooo -Hilos y cuerdas). Un ejemplo son los nicaragüenses, a pesar de la influencia mejicana entre ellos (Oviedo y Valdés, 1 Q59, IV, 380). El uso de la fibra con fines ceremoniales o mágicos corría parejas con los de índole puramente utilitaria.

Se manejarán mejor los datos disponibles, subdividiendo este acápite en los siguientes párrafos

a) Hojas y caules

b) Fibra (epispermo):

I) Algodón despepitado:

1. -Ofrendas; uso mágico-ceremonial.
2. -Calafate
3. -Defensa de frutales
4. -Esponja
5. -Pelotas
6. -Sayos acolchados, escaupiles
7. -Rodelas
8. -Colchones

II) Algodón hilado

9. -Hilo

o -Idolos
oo -Ofrenda
ooo -Moneda
oooo -Lima
ooooo -Hilos y cuerdas
oooooo -Pabilo
ooooooo -Redes

III) Algodón tejido

10. -Mantas:

a) vestido
b) sudarios

11. -Banderas; pendones
12. -Velamen
13. -Hamacas
14. -Tiendas, toldos
15. -Cobijas
16. -Fajas
17. -Paños, toallas, varios
18. -Adornos varios
19. -Capellada

c) Semilla.

 

a) HOJAS Y CAULES.

Por tratarse de aplicaciones medicinales se remite el tema al capítulo XVII.

 

b) FIBRA (epispermo)
I) ALGODÓN DESPEPITADO:
1. Ofrendas; uso mágico-ceremonial.

Los suñis y o otros pueblos norteamericanos en sus ritos propiciadores de la lluvia, simulaban nubes con algodón y lo usaban también con otros fines mágicos en las ceremonias funerarias (Crawford, 1948, 37-40). Esto último ocurría también entre los peruanos de la costa y en los sacrificios humanos que hacían con fines propiciatorios de cosechas (Calancha, 1639, 236-237; 552). Todavía a mediados del siglo XIX, los maués y mandurucús del medio Amazonas colgaban como trofeos las cabezas momificadas de sus enemigos, poniéndoles copias o modelos de la masa encefálica, hechas con algodón coloreado (Martius, 1939, 216).

Los jíbaros actuales atribuyen virtudes mágicas protectoras al algodón (Karsten, 1935, 154; 473-476).

 

2. Calafate.

Cuando Orellana construyó su segundo navío en los dominios de Aparia, usó para calafatear el algodón suministrado por los indígenas (Carvajal, G., 1894, 25; -----, 1942, 21, 22).

 

3. Defensa de frutales.

En el oriente ecuatoriano el ilustre geógrafo e historiador Marcos Jiménez de la Espada observó la costumbre de proteger árboles frutales del ataque de hormigas arrieros (Atta) con borras de algodón o de lana de ceibo, amarradas alrededor del tronco (Cubo, 1891, II, nota p. 263; -----, 1956, I, nota p. 34I).

 

4. Esponja.

En la misma área del piedemonte oriental andino, el bálsamo se extrae por imbibición de una borra de algodón, que después se exprime en un recipiente (J. de la Espada, 1889, Mar., 110).

Conocido es el uso del algodón hidrófilo en terapéutica.

Los tecunas (ticunas) de San José del Javarí en el Amazonas, eran reputados a mediados del siglo XVIII por sus pájaros embalsamados que rellenaban con lana de ceibo o de algodón (Ribeiro de Sampaio (1774) 1825, 68).

5. Pelotas.

Los guajiros para jugar y afirmar la puntería, usaban una pelota hecha de un escroto de venado relleno de algodón prensado. La mantenían en el aire largo rato a flechazos entre varios individuos (Rosa, 1945, 283-284).

 

6. Sayos acolchados, escaupiles.

Se ha sostenido que las armaduras con algodón entretejido, se mencionan en Francia desde mediados del siglo XV (Crawford, 1924, 86). Si conocieron esta práctica los europeos antes de venir a América, es cuestión que no se debatirá aquí. Lo que hay que demostrar es que tan pronto como ellos arribaron al Nuevo Mundo encontraron, no en la porción insular sino en la continental, el uso de armaduras de algodón colchado, y lo adoptaron sin demora. Esta adopción fue más tardía en las colonias inglesas de Norteamérica. En la de Connecticut se autorizó en 1640 introducir algodón para utilizarlo en vestidos acolchados contra las flechas de los indios (Carrier, 1923, 186).

 

a) Uso indígena.

En su primer viaje por la costa centroamericana, cerca a la punta de Caxinas, en Honduras, el almirante Cristóbal Colón encontró gente que usaba petos de algodón colchados (Colón, H., 1947, 277). También los indígenas de Nicaragua usaban jubones bastados de algodón en las batallas, como lo comprobó Gil González Dávila (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 61) :' Llegaron a ser afamados los de esa procedencia, pues como circunstancia merecedora de mención se hizo notar que Alvaro -de' Ordaz, en su expedición al Orinoco llevaba un "jubón estofado de nudillo de los de Nicaragua" (Aguado, 1918, I, 678).

Cuando los primeros españoles al mando de Gaspar de Espinosa llegaron a la costa sur del istmo panameño, en 1517-1519, en la isla de Cebo, una de las cercanas al litoral, comprobaron que los guerreros indígenas "traían sus coseletes fechos de algodón, que les llegaban e abaxaban de las espaldas Bellos, e les llegaban a las rodillas e dende abaxo, e las mangas fasta los codos, é tan gruesos como un colchón de cama; son tan fuertes que una ballesta no los pasa..." (Espinosa : Cuervo, 1892, II, 484).

 

b) Uso español.

Pronto; a partir del contacto con las aguerridas tribus costeras de Tierra Firme, que usaban flechas envenenadas, se hizo evidente para los españoles que este anteparo usa do por algunos pueblos centroamericanos, era de gran eficacia, y lo adoptaron sin demora. Durante los preparativos minuciosos hechos en 1513-1514 para la expedición de Pedrarias, se discutió si las "ropas de algodón estofadas" o petos eran mejores que las defensas de concha de tortuga, y se optó por atenerse a la opinión del bachiller Enciso (Serrano y Sanz, 1918, I, cccxxii). Los escaupiles livianos tenían 6 libras y los pesados, 8 (Vargas Machuca, 1599, 45-45v).

En las naciones iberoamericanas se ha generalizado la tendencia de uniformar la vestimenta de los fundadores españoles de pueblos en las estatuas que se les han erigido, exhibiéndolos con las brillantes armaduras metálicas que se usaban en los siglos XV y XVI. Muy otro, más modesto y en algunos casos francamente ridículo, era el talante de los que tuvieron que guerrear con las indómitas tribus ecuatoriales (Salas, A., 1950, 252-253, Otero, 1942, 114; Friede, 1961, W, 240, 341-342). He aquí cómo fueron las cosas en realidad, según datos de la época en que el adelantado Lugo guerreaba contra las de Santa Marta: "De anjeo o de mantas delgadas de algodón se hacen unos sayos que llaman sayos de armas; éstos son largos, que llegan debajo de la rodilla o a la pantorrilla, estofados todos de alto abajo de algodón, de grueso dé tres dedos, puesto el algodón muy por su orden, entre dos lienzos que para cada cuarto del sayo se cortan, y luego, después de apuntarlo, lo colchan con cairos, que son unos torzales de hilos de algodón, y estas colchaduras van; para más fortaleza del sayo, anudadas de suerte que en cada puntada dan un nudo. Colchado cada cuarto del sayo por sí, lo juntan sin que en las costuras quede nada vacío, y de esta suerte y por esta orden hacen las mangas del sayo y su babera, de la propia suerte que se hacen la de los arneses o coseletes, y los morriones y celadas asimismo se hacen de algodón colchados, aunque otros o algunos los hacen de cuero de danta o de cuero de vaca, con su estofado debajo, y el que para la cabeza puede haber un morrión o celada de acero, no lo rehusa, por los macanazos que al entrar en algunos bohíos o casas se suelen dar. De este propio metal, que es el algodón o lienzo, en la forma dicha, se hace testera para el caballo, que le cubre rostro y pescuezo y pecho, que le ampara toda la delantera, y faldas, que desde el arzón delantero van ciñendo los lados y cubriendo las ancas y piernas del caballo. Puesto un hombre encima de un caballo, y armado con todas estas armas, parece cosa más disforme y monstruosa de lo que aquí se puede figurar, porque como va tan aumentado con la grosedad e hinchazón del algodón, Nácese de un jinete una torre o una cosa muy desproporcionada de suerte que a los indios pone muy grande espanto ver aquella grandeza y ostentación que un hombre armado encima de su caballo de la manera dicha hace. demás que si no es por la visera no le pueden herir por ninguna parte. Porque las piernas y estriberas van cubiertas con las faldas del caballo. las cuales el jinete lleva atadas o ceñidas al cuerpo..." (Aguado. 1956. I. 188; 194-195.

Otro autor los saca a relucir con motivo de las campañas de Pedro de Lerma, cuando eran el mejor reparo contra flechas envenenadas:

"Y ansí para las tales ocasiones
son más acomodados y lijeros
los sayos estofados de algodones
que usan baquianos compañeros,
y sirven en las noches de colchones:
Son defensa de grandes aguaceros;
si durmiendo rebato lo recuerda
vestida tiene ya la mano izquierda... "

(Castellanos, 1955. II. 341).

Descripciones semejantes hacen otros autores (Vargas Machuca, 1599. 45-45v.; Cobo, 1895. IV. 193; Romero. F.. 1955. 61).

Cuando Pedro de Heredia desembarcó en la isla de Carex en enero de 1533. protegió tos caballos con coracinas de algodón. y a sus propios hombres les hizo cambiar las armaduras de cuerno que traían desde Santo Domingo. por sayos de algodón. que eran más soportables para el clima (Castellanos. 1955. III. 25; Simón. 1953, V. 83-84).

En el asalto dado al Palenque del Peñol de Buriticá por la gente de Juan de Vadillo.

"guarnécense de pectos de algodones"

(Castellanos. 1955. III. 165; Simón. 1953. V. 252.).

Los hombres de Valdivia en la campaña contra los nutabes en el último cuarto del siglo XVI. retobaron sus sayos con el mucho algodón que hallaron en Guarcama (Castellanos. 1955, III. 636; Simón, 1953, VII, 106).

Al bajar Jorge Robledo por la cuenca del Cauca en 1541, la avanzada de Juan de Frades halló en Sinufana. a la orilla izquierda del río. mucho algodón que fue usado por los españoles en diversos menesteres. especialmente para escaupiles (Robledo. J. Jijón y Caamaño, 1938. II. Doc. 95; Simón. 1953. VI. 107).

Los aprestos de defensa hechos en Popayán en 1545 por el virrey Núñez Vela para ir contra Gonzalo Pizarro, incluyeron armaduras de curro de vaca colchadas con algodón (Cieza, 1909, 189).

En las guerras para someter a las indómitas tribus del Magdalena ocurrió lo mismo. Así. en la primera campaña de Juan de Céspedes contra los panches, hombres. caballos y perros fue ron protegidos de ese modo (Castellanos. 1955, IV. 203; Simón, 1953, II, 17; Groot, 1889, I, 49).

Los de López de Galarza cuando fueron a Ibagué llevaron armaduras de hierro y algodón (Aguado, 1916. I, 618). Hasta en la lejana Pasto todavía a principios del siglo XVII se contribuía con mantas y algodón para escaupiles destinados a la campaña contra los pijaos (Sañudo, 1939. II, 5).

A veces la protección era solo parcial y limitada a las piernas para amortiguar las púas envenenadas, como en las campañas contra los muzos y colimas (Aguado, 1917, II, 53-56; -----, 1956, I, 195).

El licenciado Tolosa, hallándose en Coro a fines de 1536, envió un destacamento a Acarigua a recoger algodón para escaupiles y vestidos; el regreso fue en marzo del año siguiente (Oviedo y Baños, 1855. II. 240). Aun bien avanzada la dominación española. sólo protegidos de escolta con escaupiles de algodón, podían aventurarse los transeúntes en las 24 leguas de Nirgua a Carora, ocupadas por los jiraharas (Vázquez de Espinosa, 1948, 91; Simón, 1965, I. li; 234).

Antonio de Berrio, en su primera expedición al Orinoco en 1584, hizo poner a sus hombres sayos acolchados de algodón. hasta la pantorrilla (Ojer, 1960. 50).

Para combatir a las tribus nativas de Loja, usaron también los españoles los mismos colchados de algodón cuyos buenos efectos se conocían en todas partes, aunque no dejase de anotárseles ciertos inconvenientes (J. de la Espada, 1897, III, 88; 211; Jaramillo Alvarado, 1955. 94).

 

7. Rodelas.

Aplicando el principio básico del sayo acolchado. algunos pueblos indígenas de América hicieron uso de armas defensivas no adheridas al cuerpo. Tales los peruanos, que "todos traían en las espaldas unas rodelas pequeñas tejidas de varas de palma y algodón; y de lo mismo traían otras algo mayores en las manos, no redondas. sino prolongadas como escudos. para amparar la cabeza de los palos y pedradas" (Cobo, 1895, IV, 193; -----, 1956. II. 254).

 

8. Colchones.

Por de contado que los sayos de armas hacían en las campañas el oficio de colchones (Castellanos, 1955, II, 341; Aguado, 1956, I, 195).

El colchón de algodón en los pueblos amerindios tropicales fue virtualmente inexistente, por causa de las hamacas. Sólo se ha registrado el uso entre los incas peruanos, y eso para el propio manco o monarca. y no para los plebeyos : "dormía en el suelo sobre un colchón grande de algodón y tenía sus frezadas de lana con que se cobijaba" (Cobo, 1892, III, 288; -----, 1956, II, I40).

La influencia de las costumbres españolas impuso en muchas partes el uso de colchones. La relación de Piura de Salinas Loyola (1571 ?) indícalo en esa localidad (J. de la Espada, 1885, II, 238.

El colchón de algodón parece ser elemento cultural originario del Asia suroriental (Pigafetta, 1954, 95).

 

II) ALGODÓN HILADO
9. Hilo.

Casi no hubo pueblo en América intertropical que no hilara algodón. El hilo obtenido de esa fibra. fuera de su valor tradicional utilitario (véase), se empleaba como ofrenda religiosa. Quizá esta fue la primitiva forma de uso.

 

o-Idolos.

Los cemíes, temes o ídolos de los habitantes de las grandes Antillas que describió fray Ramón Pané, estaban hechos de piedra o de madera. Pedro Mártir asegura, sin embargo, que eran "imágenes sedentes de algodón tejido y tupido por dentro" (Anglería, 1944, 96). Los indígenas de las pequeñas Antillas tenían idolillos de algodón que arrojaban al mar antes de viajar si flotaban. era augurio favorable, y nefasto en caso contrario. También en cuevas o adoratorios mantenían contrafiguras de sus deidades (Du Tertre, 1958, II. 248-249).

Este mismo elemento se encuentra en los Andes ecuatoriales del norte, concretamente en el área chibcha. Los cuitas teníamos de hilo de algodón (Castellanos, 1955, II, 233-234; Arellano Moreno, 1950. 97; Piedrahita, 1942. IV, 177. 179; Oviedo y Baños, 1885, I, 29).

El franciscano Pedro Simón confiesa haber deshecho y quebrado por sus propias manos ídolos de palo, algodón o metal de los pueblos muiscas (Simón, 1953, VI, 267). Caso muy frecuente de iconoclastas que son al mismo tiempo idólatras.

 

oo-Ofrenda.

Ovillos de hilo ofrendaban a sus dioses los timotocuicas de la Sierra de Mérida (Aguado, 1918. I, 395;-----, 1957, III, 265; Oviedo y Baños, 1885, I, 29; Jahn, 1927, 312; Acosta Saignes, 1961, 49). Cosa semejante ocurría entre algunas tribus norteamericanas (Crawford, 1948, 37, 38, 39-40).

 

ooo-Moneda.

Hilo en pelotas u ovillos corría en vez de moneda en varios lugares de América, en la época prehispánica (Colón, H.,1947, 286; Arcila Farías, 1946, 53). Aun durante la dominación española, no sólo en áreas sin minas, como Santa Cruz de la Sierra (Acosta, 1954, 91), sino aun en las auríferas, por la absurda política colonial escaseaba el numerario metálico, en cuyo caso algunos productos lo sustituían. En Charalá los feligreses pagaban al párroco sus estipendios "en hilos de algodón grueso". En La Palma, "corren pelotas de hilo por moneda, para comprar y vender" (Oviedo, 1930, 176; 270). Así en otras partes del Nuevo Reino (Calderón, 1911, 348). Lo mismo ocurrió con Venezuela (Arcila Farías, 1957, 349, 243).

 

oooo-Lima.

El hilo de algodón hizo las veces de lima entre algunos pueblos americanos. En la cuenca del lago de Maracaibo dividían en dos las hachas metálicas:

"Y esto hacen con hilos de algodones,
mediante sus prolijas dilaciones"

(Castellanos, 1955, II, 17).

Los pijaos sacaban partido de las piezas metálicas arrebatadas a los españoles. Se encontraron a veces cañones de arcabuces divididos por la mitad para convertirlos en. puntas de lanzas, lo que hacían "con una delgada hebra de algodón torcido con arena y agua, que es a todo lo que puede llegar el arte, pues parece imposible" (Simón, 1953, IX, 67).

 

ooooo-Hilos y cuerdas.

Desde el hilo sencillo para coser o hilvanar (Cuervo, 1892, II, 179), el algodón se usó en forma de cuerda para diversos menesteres.

Algunos grupos indígenas brasileños acostumbraban circundar sus cultivos con un hilo de algodón, marca suficiente para identificar la propiedad privada entre pueblos honrados (Martius. 1939, 244

Para pescar con anzuelo, se usaron de distintos diámetros de acuerdo con el tamaño de la presa. Los guacales (Alvarado. L., 1953, 186 para pescar el valentón (Bagrus reticulatus?) (Gilii, 1965, I, 94), en el Orinoco, eran del grueso del dedo chiquito (Bueno, 1933, 25).

Con cuerdas de algodón (o de otras fibras) se amarraban las mantas con que se envolvían los cadáveres entre varios pueblos americanos.

Los varones de algunas tribus usaban un hilo de algodón para sujetarse el pene a la cintura, rodeada a su vez por otro cordel. Así los muzos andaban "con el un compañón retraído... al cinto" (Aguado, 1917, II, 705; -----, 1957, II, 484; Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 614, 615. Idéntica costumbre existía en la cuenca del Chinchipe, afluente izquierdo del Marañón (J. de la Espada, 1897, IV, xlviii), y los maynas (Figueroa, 1904, 68). Para los guaraúnos que hacían lo mismo (Berkel, 1942, 69), no se indica la fibra de que elaboraban la cuerda sujetadora. Otras tribus orinoquesas usaban indistintamente algodón o palma muriche (Gilii, 1965, II, 65).

La vinculación mágica del algodón con la guerra entre los indígenas, puede apreciarse en el hecho de que --aun teniendo otras fibras a la disposición --siempre se utilizaba aquél para sujetar las puntas de las flechas al cuerpo o vara (Heriarte (1662 1874, 13; im Thurn, 1883, 288). Las tribus guayanesas ligan con algodón su maza de guerra (taiken), que sirve para la pelea cuerpo a cuerpo; fuera del revestimiento y adornos del arma, ésta se ataba a la muñeca de manera que no pudiera ser arrebatada por el enemigo, todo con algodón (Schomburgk, 1922, Ì, 274-275; Ribeiro de Sampaio, 1825, 55 - 56). Esta es costumbre de los caribes (Gilii, 1965, II, 281).

Varios hilos se pueden retorcer juntos, formando torzales de distinto diámetro según el uso requerido. Cuerda para arcabuces debía llevarse en ovillos en la época de la conquista (Vargas Machuca, 1599, 47v.; -----, 1892, 150.

 

oooooo-Pabilo.

El alumbrado nocturno casero a base de velas o bujías de cera c de sebo, fue una innovación introducida por los europeos. Además, la gran importancia que el culto religioso católico ha tenido en los dominios hispano-portugueses, presupone un gasto intenso de luminarias. El pabilo, que en Europa se hacía con lienzo de cáñamo especialmente, se hizo en América con algodón (Cuervo, 1892, II, 179; Julián, 1787, 102; Cobo, 1890, I, 440; Cappa, 1890, VI, 287), "y en todas las Indias se gasta grandísima cantidad en pábilos para velas da cera y sebo, el cual en esta tierra no se hace de otra cosa y es mucho mejor que de Lino y cáñamo" (Cobo, 1890, I, 440).

Velas se gastaban infinitas en las minas de plata y azogue del Perú (Cobo, 1891, II, 358-359; Cappa, 1890, VI, 287; Anónimo, 1958, 100). Lambayeque era centro de producción de pabilo (Vázquez de Espinosa, 1948, 370).

Las tribus guayanesas han usado también antorchas hechas con pabilo de algodón empapado en cera (Schomburgk, 1922, I, 160; 1923, 11, 336).

 

ooooooo -Redes.

Esta es una manes a más elaborada de usar el hilo, puesto que varios de ellos se aseguran en forma reticular. Donde no se alcanzaban fibras más resistentes a la acción del agua salada, se usó algodón. De los indígenas de Tierra Firme dice un autor: "... la forma como pescan es con redes, porque las tienen y saben hacer muy buenas de algodón... " (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, I, 481; -----, 1959, II, 56).

 

III) ALGODÓN TEJIDO:

Toda pieza de algodón tejido es en general una lámina cuadrilonga, de dimensiones, espesor y trama variable, según los usas a que se destine. Queda por saber si las telas de algodón` surgieron en América por motivos religiosos o utilitarios, aunque lo primero sea siempre también lo último. Por eso es difícil establecer una secuencia en la exposición de los diversos usos que daban los amerindios al algodón tejido.

 

10. Mantas.

La manta puede considerarse como el textil básico de los pueblos amerindios. Ella sola hacía las veces de bandera, o de hamaca o de vestido; agregada a otras, se convertía en vela de navío, toldo o mosquitero, cobija, etc...

Las mantas de algodón, en la ausencia de todo género de ropa europea de que podían disponer los españoles en la primera época de comunicaciones tan difíciles en el Nuevo Reino, jugaron un papel económico de no pequeña importancia, convirtiéndose en una de las principales granjerías. Por eso quedaron incluidas entre los géneros del tribute de los indios, dondequiera que el oro no existía o era escaso (Aguado, 1916, I, 502). Una de las primeras tasaciones que se hicieron, la de Briceño y Barios en 1550?, estipuló que los indios de Guatavita darían 240 mantas a su encomendero (Ibid., 528). En la retasa hecha para Tunja por el oidor Villafañe, se señaló como tributo a cada indio una manta al año (Ibid., 557); la Audiencia lo aligeró después, disponiendo que entre cada dos indios tributaran una (Ibid, 561). Para tener una idea aproximada del valor monetario do una manta, baste decir que el algodón (fibra) se obtenía a razón de una carga por manta (Ibid., 504), lo que se puede apreciar sabiendo que un producto tan costoso como la coca o hoyo se cambiaba a razón de una carga por cada dos mantas (Ibid., 505). Esto se oficializó, por así decir, en 1579 (Calderón, 1911, 304 nota). Hubo épocas en que las mantas de tributo abarrotaban los depósitos de los oficiales reales de Santa Fe (Calderón, 1911, 304 nota?; Ots, 1946, 173). Los indios de su encomienda de Icabuco le tributaban mantas a Suárez Rendón (García Samudio, 1952, 243-244). Este, en uno de esos tardíos escrúpulos de conciencia por las injusticias realizadas con los indios que fue tan común entre los conquistadores españoles, dispuso en su testamento ciertas mandas de mantas para algunos de sus servidores o tributarios indígenas (Ibid., 381, 39I).

Quo este no fue caso aislado, lo demuestra el hecho de que en 1573 se obligaba a los indios a obtener lejos las mantas para tributar, y se les compelía a dar mantas dobles, en vez de las comunes, cosa que se trató de remediar (Friede, Mss., VII, 316, 329-330).

En la ausencia de moneda acuñada, en un principio las mantas hicieron el papel de moneda entre los españoles. Estos se vestían con mantas de algodón en los primeros tiempos, para cambiar sus capas peninsulares por ganado, más escaso (Aguado, 1917, II, 445). Mantas coloradas del reino se trocaban por esmeraldas (Ibid., 453). Cuando se descubrieron y empezaron a explotar las minas de estas gemas en Muzo, la remesa de mantas desde la Sabana se convirtió en una granjería importante (Ibid., 486). En general, se despachaban para las tierras calientes (Simón, 1953, III, 206). Las mantas de algodón de Santa Fe figuran entre los productos comerciales a fines del siglo XVI (Ibot León, 1933, 239; -----, 1952, 323).

En mantas de "lienzo de la tierra' ` pintó Gregorio Vázquez sus cuadros (Giraldo Jaramillo, 1948, 76).

 

a) Vestido.

No compete a este lugar hacer la historia del vestido entre los indígenas americanos. Sería exagerado asimilar el uso más o meros intenso o cotidiano y la mayor o menor elaboración del vestido, al grado de cultura y refinamiento de los pueblos amerindios (Véase acápite F, I).

 

b) Sudarios.

Lo que se dijo antes, que el algodón pudo ser al principio una planta de uso ceremonial, ritual o religioso, igual que una fibra de carácter utilitario para los indígenas, puede deducirse, ya del uso de los cemíes o ídolos de esa fibra, corno do la práctica funeraria tan difundida en gran parte de América equinoccial, de enterrar los cadáveres --en algunos casos sólo los de los jefes a caciques --envueltos en una o varias mantas de algodón.

Nueva debía ser la que en tales circunstancias usaban los caribes insulares (Du Tertre, 1958, II, 387).

Los indígenas de la provincia de Paris, al oeste de Panamá, enterraban sus difuntos envueltos en varias mantas, amarradas de fuera hacia adentro, primero con una cuerda de cabuya (véase) después con otra de algodón, y finalmente con una de pelo humano (Espinosa: Medina, 1913, II, 280). Entre los humbras o ansermas, cuando alguno moría, "los envuelven en muchas mantas, muy en orden cosidas, que hacen un bulto como tonel" (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 69-70). Cosa semejante hacían los gorrones (Cieza, 1924, 90-91).

Las momias peruanas han solido estar envueltas en varias mantas y algodón (Calancha, 1639, 235?, 237?).

Cuando Quesada viajó al Valle del Magdalena, constató que los indígenas envolvían sus difuntos en mantas adornadas con prendas de oro (Serrano y Sanz, 1916, 124; Frigide, 1960, NR, 242). Costumbre similar predominaba en el Nuevo Reino de Granada (Aguado, 1916, I, 257; Frigide, 1960, NR, 270). El científico Rivero tenía en el Museo de Ciencias de Bogotá en 1824 una momia prehispánica envuelta en tela de algodón (Hamilton, 1955, I, 115).

 

11. Banderas; pendones.

Los armas o armados de la cuenca del Cauca, "en lar zas largas solían llevar banderas de gran valor" (Cieza : Vedia, 1947, II, 371; Casas, 1909, 167; Simón, 1953, VI, 65).

 

12. Velamen.

El uso de velas para navegar no era desconocido en América prehispánica. El piloto Bartolomé Ruiz capturó sobre la actual costa ecuatoriana en 1527 una balsa con "velas de algodón" (Sámano : Jerez, 196-197). Cabe la duda si para las velas no se usó más bien tela de damajagua (Poulsenia) u otra fibra liberiana.

Los indígenas de Calamar i usaban en sus piraguas dos velas, "de muy buenas telas de algodón" (Oviedo y Valdés, 1959, I, 289).

Los caribes insulares conocían la vela de algodón y la usaban en sus canoas.

"Lonas o velas de naos" se hicieron siempre de algodón en América desde los principios de la dominación española (Acosta, 1954, 118). Uno de los centros de producción de "lonas de algodón excelentes" era Nicaragua (Andagoya : Cuervo, 1892, II, 96).

El pirata inglés Ricardo Hawkins en el asalto a Valparaíso hecho en 1594, obtuvo velas de algodón de las usadas en el Pacífico (Hawkins, 1933, 102).

Para mediados del siglo XVII, "en está mar del Sur las velas de todos los navíos que navegan en él son de lona o lienzo de algodón" (Cobo, 1890, I, 440; -----, 1956, I, 200). Como se sabe, éstas eran de cáñamo en el Mediterráneo.

La gente de Lope de Aguirre improvisó velas cerca del. estuario amazónico, con las mantas que traían los indios de servicio (Vázquez de Espinosa, 1948, 391-392).

 

13. Hamacas.

Las primeras las vio Colón en la isla de las Bahamas que llamó Fernandina (Long Island actual?) (Colón, H., 1947, 96; Casas, 1951, I, 214; Navarrete, 1954, I, 101, 109). Otras observó en Guadalupe (Colón, H., op. cit., 145; Anglería, 1944, l 5). En el continente era lo mismo (Navarrete, 1955, II, 32, 134). El uso era universal en América a la llegada de los europeos (Enciso,1948, 204-205).

En los aprestos de la expedición de Pedro Arias de Ávila a Castilla de Oro, se ordenó que se llevaran de las islas mil hamacas (Serrano y Sanz, 1918; I, 333):

En Barquisimeto el hilo para hamacas era una granjería importante (Arellano Moreno, 1950, 129, 130, 144).

Pero no necesariamente las hamacas se hacían de algodón, aunque sí era la fibra predominante. En la mayoría de los casos, para las cuerdas terminales se empleaba otra fibra, como por ejemplo cabuya, mientras que los hicos o cordeles para atar ambos cabos directamente a postes o a árboles, sí eran de algodón (Oviedo y Valdés : Vedia, 1946, I, 485-486; -----, 1959, I, 117-118).

Las hamacas reticulares llamadas chinchorros se hicieron por lo general de cabuya en el occidente de Sur América, y de fibra de palmeras (especialmente de los géneros Astrocaryum y Mauritia) en la porción oriental (Véase numeral 173).

En la parte relativa a la dispersión geográfica del algodón se han mencionado las hamacas repetidas veces. Un estudio monográfico sobre la geografía y uso de esa prenda entre los aborígenes americanos, así como e1 de su adopción por los europeos, quedará mejor en una historia de la cultura material.

 

14. Tiendas, toldos.

Se carece de datos fehacientes sobre el posible uso del toldo o mosquitero entre los aborígenes americanos del área intertropical. Los otomacos y otros grupos de la costa oriental venezolana dormían enterrados en el suelo, no en hamacas (Acosta Saignes, 1961, 49, 50). Así también parece que se acostumbraba en la costa ecuatoriana (Acosta, 1954, 318). De todos modos, los europeos adoptaron de los indígenas este sistema de protegerse contra los mosquitos (Du Tertre, 1958, II, 269; Abbad Y L asierra (1788), 1959, 185).

Para mediados del siglo XVI, en la provincia Marien de Santo Domingo se usaban para protegerse de los jejenes, pabelloncitos de lienzo o de algodón de 12 a 15 varas (Casas, 1909, 50).

En la parte oriental de T fierra Firme, las fuerzas de Antonio Sedeño, después de haber devuelto al litoral a la gente del licenciado Frías, se prepararon a continuar su ruta tierra adentro, recogiendo el bagaje y

"los gosipinos toldos y las tiendas"

(Castellanos, 1955, I, 513).

Los indios guashiguas de los Llanos de Venezuela usaban tiendas de algodón (Aguado, 1918, I, 242-243).

Aunque no consta que se haya cumplido, es interesante consignar que en las ordenanzas sobre el tratamiento a los indios bogas del Magdalena, promulgadas en Mompós por Juan del Junco el 23 de julio de 1560, aparece esta prescripción: "...ninguna canoa que ayan de bogar yndios para arriba se despache ny consienta yr sin llevar toldo de veynte tiaras de cañamazo, el qual cada encomendero sea obligado a lo tener para que los yndios que la tal canoa bogaren, duerman las noches debajo dél; con el qual y sus esterillas que llevan, podran pasar sin tanto tormento como el que cada noche pasan de mosquitos..." (Ibot León, 1933, 158-159; -----, 1952, 244). El cañamazo podía sustituírse con algodón. Años después un autor consigna: "En el río de la Magdalena son tantos [los mosquitos] que, si no usaran los navegantes de unos toldos o pabellones de lienzo, no pudieran vivir" (Ruiz Blanco, 1892, 41), cosa confirmada por otros (Alcacer, 1959, 232; Holton, 1857, 55).

Para hacer tiendas era uno de los principales empleos del algodón en Santa Marta y Guaira (Julián, 1787, 102).

Toldo do algodón se halló en el cercado de Cajicá (Groot, 1889, I, 44).

El toldillo era imprescindible en el Darién; se requiere que no tenga la más pequeña rasgadura por donde puedan colarse los bichos (Reclus, A., 1958, 96).

El licenciado Salazar de Villasante completa del siguiente modo su apunte sobre los mosquitos del Embarcadero de Guayaquil: "Y ansí, para repararse destos, especial para haber de dormir allí una noche, se llevan unos toldos y dentro la cama se encierran, que no entren mosquitos; Y a los que no los llevan, so los alquila el ventero, que tiene muchos para este fin" (J. de la Espada, 1881, I, 15). La relación de Guayaquil de principios del siglo XVII, sobre la abundancia de mosquitos, establece: "no se puede pasar sin pabellón o toldo" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 254). La gente pobre usaba allí el tocuyo o lienzo de algodón con ese fin (Juan y Ulloa, 1748, I, 231).

La relación sobre la provincia de Maynas (1619) dice de los indígenas de ese sector : "duermen en barbacoas o cañizos con toldos" (J. de la Espada, 1897, IV, cxliv). Los omaguas y cocamos usaban toldos, dentro de los cuales metían las hamacas (J. de la Espada, 1889, Mar., 130; Figueroa, 1904, 226; 393; 397; Heriarte, 1874, 58). A veces se fabricaban con los desechos de mantas y camisetas (Laureano de la Cruz, 1942, 50). Un viajero generaliza la costumbre para todo el alto Amazonas (La Condomine, 1778, 144). En ciertos lugares, como en el Tocantins, todo el mundo, hasta los niños, necesita el toldillo (Bates, 1962, 427), como ocurre también en Yurimaguas, del oriente peruano (Spruce, 1908, II, i7).

En Lamas y Moyobamba se labraban en el siglo XVIII "vistosos pabellones de mantas pintadas" (Magasin : RI, 1940, I, 171).

 

15. Cobijas.

De algodón las usaban para dormir algunas tribus del Cauca medio, especialmente en el Sector de Umbra (Anserma) (Robledo, J. : Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 68).

Finas colchas se fabricaban en Nicoya, Costa Rica, a principios del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 243).

 

16. Fajas.

Rasgo característico de los pueblos caribes fueron las ligaduras, generalmente hechas con tiras, cuerdas o fajas de algodón que se ponían en pantorrillas y brazos, para promover la formación de protuberancias musculares (Navarrete, 1954, I, 186; Schomburgk, 1922, I, 245-246, 269, 316; im Thurn, 1883, 191193). Este adorno lo usaban las mujeres, con excepción de las esclavas; cuando se humedecía apretaba las carnes en forma molesta (Du Tertre, 1958, II, 371).

Así lo hacían los abijiras del Napo (Laureano de la Cruz, 1942, 13).

Las fajas o pañetes interfemorales llamadas guayucos o maures eran de uso muy amplio en América para ambos sexos. Unas veces se dejaban sueltas por delante las des puntas, colgando; otras voces un extremo se pasaba entre las piernas y se sujetaba atrás a la cuerda en la cintura.

 

17. Paños, toallas, varios.

El paño de manos, el "paño de narices" o pañuelo, y las toallas, parecen haber sido elementos que adquirieron su forma actual por influencia do los europeos.

Ponderando Castellanos la opulencia de la isla Margarita en la época de Lope de Aguirre, habla de las viviendas provistas de "ricas toballas, lúcida vajilla" (Castellanos, 1955, I, 597).

 

18. Adornos varios.

Aunque un autor considera típico de los caribes el uso de gorros de algodón (Jahn, 1927, 39), consta que esto no les era exclusivo. Cristóbal Colón en la costa de Orea, Honduras, halló que los señores principales, en vez de bonetes, usaban "ciertos pañetes de algodón blancos y rojos" (Colón, H., 1947, 278).

Los caonaos, tribu del valle del Magdalena al pie de la Cordillera Oriental, en la ruta seguida por Ambrosio Alfinger en 1532, usaban bonetes de algodón (Nectario María, 1959, 495).

De los muiscas dice un testigo presencial de la Conquista: "En las cabezas Traen comúnmente unas guirnaldas hechas de algodón, con unas rosas de diferentes colores de lo mismo, que les vienen a dar enderezo (aderezo?) de frente. Algunos caciques principales traen algunas veces bonetes, hechos allá de su algodón... " (J. de la Espada, 1889, Cast., 97; Cuervo, 1892, II, 211; Friede, 1960, NR., 265). El luto consistía en ponerse mantas y bonetes negros (Friede, op. cit., 235; Serrano y Sanz, 1916, 117)'.

En cuanto a las "flores de algodón", el dato está repetido en autores posteriores (Vázquez de Espinosa, 1948, 301).

Las tribus guayanesas usan también adornos de esta fibra (im Thurn, 1883, 288).

 

19. Capellada.

La puntera o capellada de los alpargates se hizo con lona d algodón (Ortiguera, 1909, 373) [véanse numerales 177, 178 y 179].

 

C) SEMILLA

En el Brasil los indígenas comían la semilla del algodón ["del tamaño y hechura de is cagarruta de los ratones"], machacada y luego cocida, hecha en una a modo de póleada que llamaban "mingáu" (Soares de Souza (1.587) 1938, 235). Esta semilla tiene un principio galactógeno, que la hace adecuada para vacas de leche (Véase capítulo XX).

 

E) TEXTILES E INDUSTRIA TEXTIL

Fue desigual la habilidad de los indígenas americanos para la manufactura textil. Esta desigualdad no sólo era evidente en las tribus que usaban el algodón para vestirse, en relación con las que no lo usaban; sino que entre los pueblos tejedores, unos tenían técnica o habilidad más evolucionadas que otros.

En general; la tejeduría era más una artesanía que una industria. La calidad y perfección de los tejidos no obedeció a mecanismos más o menos complicados, ni a instrumental más perfecto. Esto lo han destacado todos los tratadistas sobre cosas del Nuevo Mundo.

Durante la dominación española la industria textil se organizó como actividad mercantilista, con base en el trabajo del indígena; pero variaron poco los procedimientos tecnológicos, respecto de los de la época prehispánica.

Sobre todo esto se darán detalles a continuación.

 

1) Husos.

Las torteras de huso que se suelen sacar de las excavaciones arqueológicas o vandálicas, no parecen revelar grandes variaciones, sino al contrario simplicidad y uniformidad de diseño. La ornamentación sí varía; ella pudo tener en algunos casos sentido propiciatorio. En ciertas áreas se han desenterrado por millares las toreras de arcilla (Parsons, 1949, 124).

 

2) Telares.

No describe Colón los telares de los caribes de Guadalupe (Colón, H., 1947, I48; 208); pero debían ser algo diferentes de los que usaban los tainos de las grandes Antillas, ya que eran "de una manera nueva" (Casas, 1951, I, 354).

El pirata Water describe los telares usados por los darienes. El diseño no varió en siglos (Wafer, 1888, 67-68; 126). Usaban una regla de chonta para asentar la tela.

En Loja los indígenas hilaban todavía en la segunda mitad del siglo XVI en sus telares tradicionales, que aquéllos preferían r los introducidos (J. de la Espada, 1897, III, 216. Estos no debían ser muy diferentes a los "telares de macana" usados después en Quito, que un autor describe así: "Hay mucha fábrica de sobrecamas y pabellones de algodón, y todo esto se teje sin telar, sino con un espadajo de macana atado y preso con correa por tras la cintura del que lo teje, y en lugar de calzas [calces] para las labores una partida de cañas, las que entran y salen con la mano" (Serra, 1956, II, 182).

En Orinoco los telares indígenas eran simplicísimos y se tiraban después de terminada cada labor (Gilii, 1965, II, 256).

De los peruanos, cuya industria textil es probablemente la más adelantada y perfecta en América precolombina, decía un observador: '"Sus telares son pequeños y de tan poca costa y ruido, que con dos palos gruesos como el brazo y largos tres o cuatro codos está armado un telar" (Cobo, 1956, II, 258).

La geografía de la actividad textil prehispánica es difícil de hacer. Se dice que en el territorio ocupado parcialmente por los quimbayas, pueblo de cultura bastante avanzada, no se han hallado implementos para hilar en las excavaciones hechas hasta ahora (Arango C., 1927? 41). pero si los telares estaban hechos con madera perecedera, fácilmente destruida en climas húmedos y lluviosos, es muy arriesgado deducir consecuencias de estas evidencias negativas.

El diseño del telar indígena fue el mismo en todo el continente (Crawford, 1948, 23-29, 33).

30f_pad.jpg (35230 bytes)
FIG. 30. Telar de madera (guanga o huanga), usado en Pasto, Colombia, en 1876. La barra transversal superior se llama cumuel; la del medio, cinga, y la lanzadera, chonta, por la palma de chontaduro (Guilielma gasipaes (H.B.K.) Bailey), de cayo leño se obtiene. Según Eduardo André, en el relato de su viaje por Colombia, publicado en LE TOUR DU MONDE, XXXVIII, 2° sem., 1879, p. 343. Este es el mismo telar de macana mencionado en el texto

 

Comentarios (0) | Comente | Comparta